[*ElPaso}– Mujer importada

13-08-2006

Carlos M. Padrón

Antonio, un muchacho de El Paso, emigró a Venezuela a comienzos de los 50, y Nieves, su novia, una muchacha también de El Paso, espigada y de buen ver sin ser una belleza, quedó esperando a que Antonio regresara a casarse con ella, o a que se casaran por poder y fuera ella a Venezuela a reunirse con él, según un trámite que fue bastante usado durante las décadas de los 50 y 60.

Por años, y como hicieron muchas otras muchachas, Nieves le “guardó la ausencia” a Antonio, o sea, se alejó de la vida social y sólo iba a misa, a funerales y a la boda de algún familiar cercano, pero nada de bailes, cine ni diversiones de ningún tipo.

Pero como el amor y la distancia no suelen hacer buenas migas, Antonio se casó en Venezuela con una mujer que poco tenía que agradecer a Dios por su físico, pues pequeña, regordeta y hasta con algo de joroba, no tenía ninguno de los atributos que hacen atractiva a una fémina. Y Nieves quedó para vestir santos, lo cual Doña Andrea, la madre de Nieves, nunca le perdonó a Antonio.

Pasaron los años, y un buen día Antonio regresó a El Paso trayendo consigo a su mujer «importada».

Como con cualquier otro “indiano” (así llamaban a los que venían de Venezuela, como llamaron antes a los que venían de Cuba), la noticia de su llegada corrió por todo el pueblo, que se hizo planes para asistir a la misa mayor del domingo inmediato siguiente a la llegada de Antonio, ya que era ley no escrita que él y su mujer debían ir a esa misa y, a la salida, saludar a todos los que allí iban a reunirse para ese fin, aunque fingiendo que no.

Y así ocurrió. Antonio y su mujer fueron a la misa mayor del domingo, y terminada la misa pasaron algún tiempo saludando, aún dentro de la iglesia, a los parientes y más conocidos, que por serlo se acercaron a ellos de inmediato.

El tiempo que dedicaron a esto lo aprovechó el resto de la gente para tomar posiciones afuera, frente a la puerta de la iglesia, y en particular lo aprovechó el “Consejo de Ancianas” cuya misión, implícitamente aceptada pero jamás declarada, era evaluar a la mujer de Antonio ya que ella no era de El Paso.

Un miembro distinguido de ese consejo era Doña Andrea.

Cuando por fin salieron Antonio y su mujer, comenzaron a saludar a unos y a otros hasta que dieron con la fila cerrada que formaban las ancianas del Consejo. Antonio fue presentando a su mujer a cada una de ellas, y al llegar a Doña Andrea —momento que todos esperaban con ansia—, ésta dio un paso atrás, con ojo crítico escaneó de arriba a abajo a la mujer de Antonio y, mirándolo luego a él directamente a los ojos, le dijo bien alto, para que todos pudieran oír:

—Pues para conseguir algo como esto no había que ir tan lejos.

[*Opino}– La guerra de los sexos: 9 – Travestidas para triunfar

Carlos M. Padrón

Acerca del artículo que copio abajo.

¿Quién las obliga a invertir importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo? Nadie.

¿Quién a tratar de alargar la esclavitud derivada de eso? Nadie.
¿Alguien sería capaz de decir que no les gusta hacerlo? No lo creo; lo hacen porque les gusta hacerlo.

No estoy de acuerdo en que “sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales”, pero sí he visto que muchas de las tales travestidas creen que con sólo disfrazarse así ya tienen los requisitos para la posición; o sea, creen que el hábito hace al monje.

Mi experiencia al respecto es que, salvo excepciones, las mujeres que han avanzado en posiciones dentro de un empresa lo han hecho porque, sin dejar de ser mujeres ni esconder su feminidad, han sabido enseriarse y dejar de lado los típicos mohines, los gestos de mimo y coqueteo, el tono de niña desvalida y mimada, y un sinnúmero de otros ardides que usados en el ambiente empresarial sólo producen desconfianza y crean la impresión de que ocultan una grave incompetencia.

En una gran mayoría de mujeres existen manifestaciones de coquetería y vanidad, deseos de lucirse, de ostentar, de llamar la atención y de causar envidia en sus congéneres, pues, salvo en casos puntuales de caza del varón, ellas no se maquillan, trajean, enjoyan, se hacen cirugía estética, etc. para gustar a los hombres sino para ver de deslumbrar y “darle casquillo” a otras mujeres. Esa pelea que la autora se empeña en montar entre mujeres y hombres es en realidad entre sólo mujeres, y tal vez por ello es por lo que, en general, una mujer siempre preferirá tener por jefe a un hombre que no tener por jefe a otra una mujer. Con eso se ahrra muchas intrigas y competencias extenuantes.

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F. Gavilán

Decía Aristóteles que «la belleza es la mejor carta de presentación». No parece faltarle razón al filósofo a juzgar por los millones de personas, especialmente mujeres, preocupadas por la apariencia física. Ésta juega un importante papel en nuestras vidas y ofrece múltiples ventajas. Sin embargo, el atractivo femenino se convierte en una clara desventaja cuando las mujeres aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos.

Deslumbrados por la belleza de la nueva secretaria, dos ejecutivos decidieron ponerla al tanto del funcionamiento de la empresa. «Tú enséñale lo que está bien, y yo le enseñaré lo que está mal», apuntó el más osado. Tan célere y lujuriosa predisposición tiene su explicación. Si se le pregunta a la gente qué es lo que más le atrae de los demás en un primer encuentro, la mayoría responderá que la inteligencia, la personalidad o el sentido del humor.

Pero, seguramente, se engaña a sí misma, pues la característica que más impresiona es el atractivo físico. La célebre cantante Madonna lo expresa así de claro: «Lo que más me gusta del hombre es la inteligencia, el sentido del humor y un cuerpo fantástico. ¡pero si tiene un cuerpo fantástico, puedo olvidar lo demás!».

El influjo de la belleza se observa, prácticamente, en todos los ámbitos y todas las situaciones. Desde las más intranscendentes —permitir, por ejemplo, que alguien atractivo se salte la cola de hacer fotocopias— hasta las más importantes: optar a puestos de trabajo, elegir amigos, parejas o amantes. Incluso puede afectar positivamente los resultados de exámenes o el veredicto de un jurado, por poner más ejemplos. Esto puede parecer injusto e irracional. pero a menudo es así. Las personas atractivas son, por lo general, más preferidas que las menos agraciadas.

Y es que, según muchos experimentos, la gente percibe a los atractivos como más felices, más sensibles, más cálidos, más sociables. En suma: más interesantes. La belleza vende. No en balde los fabricantes de automóviles (al igual que otros) tratan de seducir a sus potenciales compradores ¡más por las líneas femeninas que por las del propio auto!.

La apariencia física juega, pues, un importante papel. No sólo en los juicios que la gente hace de los demás, sino porque también ofrece muchas ventajas en la vida. Así, no es de extrañar que millones de personas —principalmente mujeres— inviertan importantes sumas de dinero en vestidos, cosméticos, gimnasios, dietas y otros calvarios, para conseguir un mayor atractivo.

Decía Sócrates que «la belleza es una tiranía de corta duración», pero la mayoría de las mujeres trata de alargar esta esclavitud por todos los medios posibles. Alguna, incluso tiene la suerte de heredar los atractivos físicos del padre ¡cuando éste es cirujano plástico!

Pero, en contra de lo que pudiera parecer, no siempre es una ventaja para las mujeres su atractivo físico, especialmente en el entorno laboral, donde los estereotipos sexuales pueden entrar en conflicto. Ahí las mujeres bellas tienen una clara desventaja cuando aspiran a ocupar puestos directivos tradicionalmente masculinos. Ésos en los que los perfiles requeridos se basan en la energía, la independencia y la agresividad por vía genital para imponerse a los demás. Los hombres que poseen estos atributos no tienen que preocuparse ni por los buitres. ¡No se comen a los colegas!.

El atractivo de los hombres, en cambio, siempre es una ventaja, tanto para ocupar puestos de dirección como de subordinación. El de las mujeres, por contra, sólo es ventajoso cuando aspiran a cargos no directivos (secretaria, relaciones públicas, etc.). Son precisamente las mujeres menos agraciadas las que gozan de mayores posibilidades de asumir altas responsabilidades desempeñadas históricamente por hombres. Mucho más aún si, por naturaleza, ya poseen rasgos de personalidad masculinos. como la energía o la dominación antes citados. Como los de esa esposa cuyo marido comentaba a un amigo: «Estábamos con el psicólogo para ver si mi mujer es dominante o no. Primero, ella contó su parte de la historia. ¡y, después, contó mi parte de la historia!».

Con el propósito de paliar el grave inconveniente que la belleza supone para la mujer ambiciosa, ésta se ha visto obligada a practicar lo que podría denominarse «travestismo laboral». Este fenómeno consiste en camuflar su propia imagen para parecer menos atractiva, menos femenina y algo más masculina. Sólo mediante este transformismo teatrero las mujeres han conseguido avanzar en sus carreras profesionales hasta alcanzar las posiciones de poder que ahora ostentan. Pero las más miméticas han cosechado, a veces, hasta reproches maritales, como el de ese directivo que, al contemplar la varonil guisa de su mujer, le espeta: «¡Yo no me casé para acostarme con otro ejecutivo!».

Y es que la forma en que una mujer hermosa se arregla afecta de manera determinante su posibilidad de emplearse en puestos de mando. A priori, casi ningún seleccionador de personal admitiría que mujeres con vestidos típicamente femeninos —ésos que responden al «deseo de revelar y la necesidad de ocultar»—, enjoyadas, maquilladas, con largas uñas pintadas y peinadas con estilo profesional, pudieran ser potenciales directivos de empresa.

Diversos estudios psicológicos han demostrado que las candidatas al más puro estilo femenino son percibidas con menor aptitud de mando, menos interesadas en el trabajo, dependientes de los otros, más sexys —por tanto, proclives al flirteo—, menos asertivas y seguras que las que se travistieron. Con sus prejuicios machistas, muchos hombres no sólo parecen querer tumbar la autoestima de las bellas mujeres sino también sus cuerpos,… sobre el diván de cualquier solitario despacho.

Pero si estas mismas mujeres practican el «travestismo laboral», la percepción que se tiene de ellas es completamente diferente. Si visten trajes de chaqueta impersonales, con corbata o pañuelo, sin apenas maquillaje, con peinados nada sofisticados o con melena corta, serán elegidas posibles candidatas para cargos directivos. La realidad sugiere, pues, que las mujeres con apariencia menos femenina o más masculina son consideradas más competentes y con mayores opciones para triunfar en altos niveles del organigrama empresarial. También alcanzan mejores salarios, mayor aceptación y credibilidad social que las que se presentan acicaladas al modo tradicional femenino. Desgraciadamente, los hechos confirman lo que toda mujer hace tiempo sospecha: si quiere tener éxito en el mundo de los negocios, ha de travestirse para no mostrarse «demasiado femenina». Las bellas, además, a diferencia de las que tienen en la cara una verruga como rasgo más hermoso, sienten inseguridad y desconfianza ante los hombres. No en vano su atractivo puede invitar a indeseados acosos sexuales. Incluso simples secretarias se defienden de ellos practicando también el travestismo.

Es curioso comprobar cómo muchas personas —hombres y mujeres— que se ofenden por las actitudes sexistas de nuestra sociedad, nunca se cuestionan la injusticia de la fórmula del «travestismo laboral». Porque, como se ve, la mentalidad empresarial sigue manteniendo diferentes patrones para hombres y mujeres. Es cierto que los hombres deben seguir también ciertas normas formales de vestir, pero ninguna respecto a su masculinidad. Nadie espera de él que se peine de una forma en la oficina y de otra distinta para acudir a la cita de una cena, por poner un ejemplo. Es lamentable que las mujeres hayan de imitar detestables patrones masculinos para escalar puestos de mayor responsabilidad, en vez de intentar crear otras pautas de relación.

Pero parece que los prejuicios machistas son más difíciles de eliminar que un chicle pegado a un suéter de angora. Tanto, que uno justifica el travestismo y se pregunta: ¿cómo se las hubieran apañado las mujeres si no?

Fuente

[*Drog}– Sufrir por amor

En el plano fisiológico, el enamoramiento implica, a menudo, sufrimiento. Aumenta los ritmos respiratorios y cardíacos, descarga azúcar en la sangre, produce palpitaciones, insomnio, pérdida de apetito, cambios de humor, etcétera. y, aún siendo esta sintomatología importante, lo más preocupante ocurre en el plano psicológico: el enamoramiento transforma por completo el campo perceptivo, de asociaciones, de la vida interior. La persona enamorada se vuelve sorda, ciega e imbécil (hay grados). No comprende nada que no se refiera al objeto de su pasión. Cumple la paradoja de Trischman, ésa que asegura que una pipa da tiempo a un hombre sabio para pensar. y a un tonto algo que ponerse en la boca. La persona amada no es diferente a las demás; tampoco lo es la enamorada. Es el tipo de relación que se establece entre ambos lo que la hace diferente. Los que no conocen esta enfermedad ven a los enamorados fuera de lugar, ¡como asnos en una subasta de purasangres!

No es de extrañar, pues, que muchos psicólogos consideren el enamoramiento como una forma de locura. Esta teoría está sustentada por el hecho de que la gente enamorada hace cosas irracionales, auténticas locuras (como las que hacen los cuerdos, pero éstos sin coartada). Los enamorados parecen estar dominados por fuerzas que no reconocen como suyas, que no pueden controlar, que los arrastran a actuar estúpidamente; incluso los pueden volver violentos.

Son bien conocidos los casos en que algunos enamorados son capaces hasta de matar al objeto de su deseo, especialmente si éste no les corresponde, o incluso suicidarse. A este estado de demencia e insensatez —pues no se puede estar enamorado y ser sensato al mismo tiempo— se llega, a veces, simplemente, por enamorarse de unos ojos o unos labios. ¡pero el enamorado comete el error de desear a la persona entera!.

***

NotaCMP.- En esto si estoy totalmente de acuerdo con la autora —pues creo que a estas alturas ya estarán de acuerdo en que se trata de una mujer—, y lo que me asombra cada vez más es que la sociedad de hoy, que tanto dice preocuparse por la salud física y emocional del ser humano, no haya hecho nada en este sentido. Tampoco lo ha hecho la educación, pues no sé de ninguna escuela, colegio o universidad en la que se expliquen los perniciosos efectos del drogamor y se enseñe cómo combatirlos.

[*Drog}– ¿Perjudica la salud enamorarse?

¡Ah!, el amor, el amor con mayúsculas. cuántos contradictorios sentimientos encierran estas cuatro letras. de la pasión a la decepción, del éxtasis a la desesperación. y, sin embargo, todos se empeñan en probar el dulce veneno, aunque de amor también se muere, y se mate por amor.

Enamorarse es un misterioso fenómeno que sume a las personas que lo atraviesan en un estado extraordinariamente explosivo, eufórico, efervescente e… inconsciente. Los enamorados viven casi en éxtasis. Como en una nube. por encima de las obligaciones y miserias cotidianas. Es una maravillosa sensación que muchos anhelan experimentar, pero pocos son conscientes de que enamorarse es también vivir una extraña mezcla de placer y dolor.

No es coincidencia que el día de los enamorados lo patrocine San Valentín, un tipo apaleado y decapitado por los antiguos romanos, que no se andaban con romanticismos. ¿Qué mejor patrón para los enamorados que un hombre íntimamente familiarizado con el dolor?. Porque aunque el enamoramiento es lo más fantástico que se conoce, también es, ¡ay!, una enfermedad que amenaza desequilibrarnos física y emocionalmente. y que no tiene antídoto ni tratamiento: el que la padece es como el que viaja en un avión en plena tormenta: ¡No puede hacer nada!

NotaCMP.- Viven drogados.

[FP}– 45 años de mi primera foto en y de Venezuela

Carlos M. Padrón

Ésta, la primera foto que tomé en Venezuela y de Venezuela, la hice en la mañana del 26/07/1961, hace hoy 45 años, cuando el ‘Bianca C’, el barco que nos trajo desde Tenerife, atracaba en el muelle de La Guaira.

Aún recuerdo la mala impresión que nos causó la vista general, pues habiendo salido del puerto de Santa Cruz de Tenerife, considerado entonces el más bello de España y uno de lo más ellos de Europa, el shock fue duro.

[*ElPaso}– Miguel el de Angelina

26-07-2006

Carlos M. Padrón

A decir de mi hija Elena, la psicóloga, en El Paso pocos tienen identidad propia, pues la mayoría de las personas “son” de alguien, ya que abundan los nombres como Pancho el de Tajuya, Pepe el de la Exclusiva, Luisa la del Morro, Fernando el de Avelina, Toto el de Carmelina, Juan José el de Benigno, etc.

Creo que la explicación a esta curiosa costumbre nominativa es que, por muchos años, El Paso fue un pueblo de unos 4 mil habitantes, y ubicado, por no decir que aislado, en todo el centro de la mitad del medio de la isla de La Palma. Por lógica, la mayoría de los matrimonios eran entre vecinos del pueblo (lo cual podría servir tal vez para explicar el origen y alto índice de cierto tipo de mortalidad que viene ocurriendo allí desde hace años).

Por igual motivo, los pocos apellidos se multiplicaron y se tornaron repetitivos haciendo que su uso sirviera de poco para identificar a quienes los llevaban, y así, decir Antonio Martín resultaba mucho menos preciso que decir Toto el de Carmelina, pues éste era sólo uno mientras que Antonio Martín había varios.

Ese aislamiento contribuyó también a la formación de un léxico muy particular que ha caído en desuso y resulta ininteligible para los miembros de la generación actual, razón por la cual he decidido rescatarlo en lo posible y tal vez lo publique algún día.

También podría yo publicar algo de la biografía de Don Pedro Castillo —considerado el maestro por excelencia de El Paso— y del proceso de obtención de la seda natural, proceso que casi cae en el campo de lo fascinante. En uno de los pasos de tal proceso aparece una pequeña mariposa a la que, al igual que a las llamadas “de luz”, a los abejorros o a todo animalito volador de pequeño tamaño con cuerpo en forma de fuselaje de avión y con dos alas, los “magos” —léase campesinos incultos— llamaban ‘barboleto’.

El lector se preguntará cuál es la relación entre los nombres con “de”, Don Pedro Castillo y las pequeñas mariposas llamadas barboletos en léxico pasense. Allá voy.

En la escuela de Don Pedro Castillo, única existente para la época, se enseñaba a leer usando un silabario, o sea, un libro o cartilla en la que aparecía, por ejemplo, la figura de un martillo y debajo de ella su nombre descompuesto en sílabas, así:

(Figura de un martillo)
M-A-R: Mar
T-I….. : ti
L-L-O.: llo
MARTILLO

En presencia del profesor, en un caso como el del ejemplo el alumno debía mirar primero la figura y leer luego las cuatro líneas asegurándose de pronunciar correctamente la palabra de la línea final que correspondía al nombre de la figura que encabezaba la página.

Miguel el de Angelina, siendo apenas un muchacho, asistía a la escuela de Don Pedro Castillo y estaba aprendiendo a leer, pero entre las virtudes de Don Pedro no estaba la paciencia, y entre las de Miguel no estaba la lucidez mental, y este cóctel hizo explosión el día que Don Pedro le puso a Miguel, ante toda la clase, un examen personal de lectura.

Le presentó una página del silabario en la que se veía muy clara la figura de una hermosa mariposa, y debajo,

M-A: Ma
R-I..: ri
P-O.: po
S-A.: sa
MARIPOSA

Miguel leyó correctamente las cuatro primeras líneas, pero al llegar a la final, y a pesar de que en ella estaba escrito Mariposa, dijo BARBOLETO, pues ése era, para él, el nombre del animal que representaba la figura en la cabeza de la página.

La explosión de Don Pedro, maestro de los que aplicaba la regla de que “la letra, con sangre entra”, fue, como diríamos hoy, “de película”.

***

Estando ya Miguel en sus veintes, pasó por su casa Ramón, un vecino, que iba camino a otro barrio, y fue abordado por Angelina, la madre de Miguel, mientras éste, armado de unas largas tenazas de madera, arrancaba los tunos maduros que había en una tunera frente a la casa, y que era cuidada con mucho mimo. (Para quienes no sepan a qué llamamos en Canarias tunera y tunos —los frutos de la tunera—, adjunto foto).

Angelina le preguntó a Ramón si por fin había asistido a las fiestas de la Bajada de la Virgen, celebradas la semana anterior en Santa Cruz de La Palma y a las que Ramón había ido a pie atravesando la llamada Cumbre Nueva. A la respuesta afirmativa de Ramón siguió la pregunta de qué había encontrado de nuevo, a lo que, con toda segunda intención, Ramón respondió que muchas “flores de camino”, un eufemismo para excremento por deposiciones humanas, pues, a falta de baños, los caminantes hacían sus necesidades a la orilla del camino.

La carcajada de Angelina no se hizo esperar, y eso desató la curiosidad de Miguel que, haciendo un alto en su tarea, pregunto intrigado: “¿Qué son flores de camino?”.

Ante tal pregunta, tonta por demás en opinión de Angelina, ésta se rió aún más y le respondió “Mierda, Miguel”, lo cual desató las iras de Miguel, que se consideró insultado —pues ‘mierda’ era una respuesta grosera habitual a preguntas indiscretas a las que uno no quería contestar—, y enarbolando las tenazas la emprendió a golpes contra las tuneras llenas de frutos mientras gritaba “¡O me dices qué son flores de camino o te destrozo las tuneras!”.

Desesperada, Angelina gritaba una y otra vez, “¡¡Mierda, Miguel, mieeeerda!!” pero sólo conseguía que Miguel, como un Don Quijote contra los molinos de viento, arremetiera cada vez con más denuedo contra las preciadas tuneras.

***

Creo que fue el año 1989 cuando, de regreso a Venezuela después de terminar un trabajo en Londres, hice escala en Canarias y me fui a El Paso unos días. En mi obligado —y por demás agradable— tour de visitas incluí una a Angelina y Miguel, para entonces ya sesentón.

Cuando llegué a la puerta de su casa eran las 2 de la tarde de un día tan radiante que la luz casi hería los ojos, y el sol simplemente quemaba.

A esa hora y bajo tales condiciones, los más de los vecinos estaban haciendo siesta. Con el puño di tres golpes en la puerta, a medias entreabierta, de la casa de Angelina, y al rato oí ruido de pasos que se acercaban. Una mano abrió completamente la puerta y ante mí apareció Miguel —torso desnudo, descalzo y con una toalla al hombro— que se quedó mirándome con cara de póquer y sin decir palabra.

Yo, parado frente a la puerta en actitud muy formal, adrede guardé silencio por unos segundos enfrentando su mirada, y luego, con tono muy seco, le dije:

—¡Buenas noches!

Miguel no se inmutó. Siguió allí parado, mirándome inexpresivo, mudo y sin siquiera pestañear.

Angelina, que sí estaba haciendo la siesta, lógicamente preocupada porque después de escuchar los golpes en su puerta no oyó nada más, gritó desde su cama:

—¡Migueeel, ¿quién está ahí?!

Y Miguel, sin dejar de mirarme ni alterar su posición ni su actitud, contestó:

—Aquí hay un hombre que dice ‘buenas noches’.

—¿¡Cómo que buenas noches, Miguel, si son las dos de la tarde!?—fue la airada respuesta de Angelina, dicha con retintín de fastidio.

De inmediato escuché unos pasos apresurados y a los pocos segundos se presentó Angelina, que al verme puso cara de pascuas, me dio un gran abrazo y luego, volviéndose a Miguel, que había contemplado la escena sin acusar cambio alguno, le dijo en tono de reprimenda:

—Pero, ¿¡tú eres bobo!? ¿¡No ves que éste es Carlos Padrón!?

Y como si eso fuera el desenlace decepcionante de algún enigma, Miguel giró sobre sus talones y con un sonoro «¡Déjame ir a lavarme las patas!» se alejó y dio por cerrada la sesión, acabando así con mis esperanzas de una amena visita.

[*ElPaso}– La Palma, mi isla

23-07-2006

Carlos M. Padrón

Un breve vistazo a la isla de La Palma (Canarias).

Desde un satélite, la isla de La Palma se ve así,

y puede apreciarse que, como dije en el artículo Agonía en La Caldera – Cincuenta aniversario de una excursión que pudo ser mortal, la Isla es prácticamente el cráter de La Caldera, ese enorme hueco bordeado por altas montañas que se ve en el centro de la mitad norte.

En esta foto, una vista parcial del interior de La Caldera,

que, por su forma, resulta imposible fotografiar desde tierra en su totalidad, y una foto aérea no mostraría la perspectiva de las alturas y los precipicios.

En el tope del borde noroeste de La Caldera, a 2.426 metros de altura, en el punto conocido como Roque de Los Muchachos, está enclavado el observatorio astronómico del mismo nombre, pues el cielo de La Palma se cuenta entre los más despejados del hemisferio norte.

El sitio es uno de los lugares más privilegiados para la observación en la Tierra. Las edificaciones que muestra esta foto

son, de izquierda a derecha, el telescopio Carlsberg Meridian; el telescopio, de 4.2-metros, William Herschel; el telescopio Dutch Open; el Swedish Solar Tower; el telescopio, de 2.5 metros, Isaac Newton; y el telescopio, de 1 metro, Jacobus Kapteyn.

Aquí, otra vista del observatorio.

A fin de reducir las interferencias a los telescopios en sus observaciones nocturnas, el alumbrado público de la Isla es de color amarillento.

***

Después de la erupción del Cumbre Vieja, en 1949 (ver El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular), en 1971 hizo erupción el volcán Teneguía, en el municipio de Fuencaliente, en el extremo sur de la Isla. El cráter, ilustrado en la foto que sigue,

está tan cerca de la carretera principal, la de circunvalación, que el turismo se dio banquete tomando fotos y películas desde esa carretera, que está más alta que el cráter. De hecho, esta foto fue tomada desde esa carretera.

Esta otra foto, que corresponde a la erupción del Teneguía,

es imagen común en pasajes que han aparecido en muchas películas, de corto y largo metraje, como erupción atribuida a algún volcán de ficción. Y es lógico que así sea porque no creo que nunca haya conseguido Hollywood que un volcán de verdad se le presente en tan buenas condiciones para ser filmado.

***

Pero además de lava y fuego, también en La Palma tenemos nieve y frío.

Los bordes norte y noreste de La Caldera —y parte de la cordillera, llamada Cumbre Nueva, que es la prolongación del borde Este— se cubren de nieve en invierno. Cumbre Nueva, límite Este de El Paso, es la cordillera que se ve al fondo de esta foto

que muestra el Valle de Aridane, cuyo extremo más alto está En El Paso, en el centro de la Isla, y el más bajo en el mar, al oeste.

En ese valle hay tres pueblos: Tazacorte, en la costa (no aparece en la foto); Los Llanos, al centro y en la parte más plana más plana del valle (una vista parcial en el primer plano); y El Paso, en la parte más alta y más montañosa (parte de él se ve al fondo, pegado a la Cumbre Nueva). Los vacíos de caseríos que por siglos hubo entre estos tres pueblos, ya están casi poblados.

Creo haber dicho que el castigo de El Paso es el clima, pues tenemos un fenómeno meteorológico, al que alguien de humor macabro bautizó como “La brisa”, que se presenta cuando le da la real gana, no importa la estación del año. Es un banco corrido de nube densa y muy blanca que aparece por detrás de la Cumbre Nueva, y en un efecto sin fin cae constantemente por su frente hacia El Paso como si fuera cascada interminable de agua.

En esta foto puede verse cómo ha cubierto toda la Cumbre Nueva y está a caballo sobre ella.

Si bien es una belleza para la vista, “La brisa” no hace honor a su nombre, pues el común de los mortales entiende que brisa es un aire suave y acariciante que resulta casi siempre agradable, pero nuestra “brisa” trae consigo un ventarrón infernal y anárquico que no deja títere con cabeza, y puede llegar a derribar árboles, arruinar plantaciones de plátanos (cambures), hacer volar muy lejos los techos de los invernaderos, y acabar con sembradíos como el que se ve en esta foto

de una vieja casa típica, de las que había muchas en toda la Isla, y, al lado, las huertas en las que se cultivaban papas, maíz, tabaco, tomates, cebollas, etc.

Si “La brisa” aparece en primavera o invierno hace que la temperatura baje varios grados y causa un frío que, empujado por el viento, se cuela por debajo de puertas y resquicios de ventanas, y de poco valen los abrigos.

Pero, eso sí, cuando cae por Cumbre Nueva esa espesa cascada de nube y aún no comienza a soplar el viento que trae consigo, proporciona un espectáculo bellísimo, en particular a la puesta del sol, pues la cascada, blanca de día, se tiñe entonces de diferentes tonos entre rojo y anaranjado.

***

Ubicada al centro del borde Este de la Isla, al fondo de una ensenada que forma la costa y que se aprecia bien en la foto tomada desde el satélite, está la capital, Santa Cruz de La Palma,

que fue por siglos la ciudad más importante de Canarias, en cuyo puerto, que hoy luce así,

hacían escala, a la ida y a la vuelta, los barcos que cubrían la ruta entre Europa y América.

En mis tiempos, el puerto era sólo la parte ancha que se ve en la foto. La parte más estrecha es reciente y debe haber sido hecha con alguna técnica de ingeniería muy especial, porque todas las varias veces que por años se intentó prolongar el muelle, el mar se llevó la prolongación, incluso antes de que fuera completada.

La pared montañosa de color rojizo que se ve a la izquierda es la del Risco de La Concepción. Entra al mar en forma perpendicular, así como muestra la foto, y por ello ese punto sirvió para que durante la Segunda Guerra Mundial se acercaran a él submarinos alemanes cuyos tripulantes o pasajeros necesitaban reunirse.

Los submarinos salían a la superficie muy cerca del risco, los tripulantes bajaban a tierra, iban a la central eléctrica que estaba a pocos metros, “bajaban las cuchillas” —o sea, cortaban la electricidad a toda la Isla—, hacían su reunión, conectaban de nuevo la electricidad, dejaban de regalo cajas de cigarrillos, botellas de licor y otras cosas difíciles de conseguir en tiempos de guerra, abordaban sus naves, se sumergían y se iban,… hasta la próxima visita, muy ansiada por quienes trabajaban en la central eléctrica.

***

Quiera Dios que La Palma, apodada La Isla Bonita, la más verde y rica en agua de todas las Canarias, nos dure mucho y haga quedar mal a los profetas de su hundimiento. Alguien la esquematizó en este bello logo:

representando fuego y lava incandescente en la cumbre, verde en los valles, y lava sólida y oscura, como la arena de sus pocas playas, al llegar al mar.

En pocos días espero pisar su querido suelo.

(Fotos enviadas desde El Paso por María del Carmen Taño Padrón)

[*FP}– La Palma, mi isla

Carlos M. Padrón

Un breve vistazo a la isla de La Palma (Canarias).

Desde un satélite, la isla de La Palma se ve así,

y puede apreciarse que, como dije en el artículo Agonía en La Caldera – Cincuenta aniversario de una excursión que pudo ser mortal, la Isla es prácticamente el cráter de La Caldera, ese enorme hueco bordeado por altas montañas que se ve en el centro de la mitad norte.

En esta foto, una vista parcial del interior de La Caldera,

que, por su forma, resulta imposible fotografiar desde tierra en su totalidad, y una foto aérea no mostraría la perspectiva de las alturas y los precipicios.

En el tope del borde noroeste de La Caldera, a 2.426 metros de altura, en el punto conocido como Roque de Los Muchachos, está enclavado el observatorio astronómico del mismo nombre, pues el cielo de La Palma se cuenta entre los más despejados del hemisferio norte.

El sitio es uno de los lugares más privilegiados para la observación en la Tierra. Las edificaciones que muestra esta foto

son, de izquierda a derecha, el telescopio Carlsberg Meridian; el telescopio, de 4.2-metros, William Herschel; el telescopio Dutch Open; el Swedish Solar Tower; el telescopio, de 2.5 metros, Isaac Newton; y el telescopio, de 1 metro, Jacobus Kapteyn.

Aquí, otra vista del observatorio.

A fin de reducir las interferencias a los telescopios en sus observaciones nocturnas, el alumbrado público de la Isla es de color amarillento.

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Después de la erupción del Cumbre Vieja, en 1949 (ver El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular), en 1971 hizo erupción el volcán Teneguía, en el municipio de Fuencaliente, en el extremo sur de la Isla. El cráter, ilustrado en la foto que sigue,

 

 

 

 

 

 

 

 

está tan cerca de la carretera principal, la de circunvalación, que el turismo se dio banquete tomando fotos y películas desde esa carretera, que está más alta que el cráter. De hecho, esta foto fue tomada desde esa carretera.

Esta otra foto, que corresponde a la erupción del Teneguía,

es imagen común en pasajes que han aparecido en muchas películas, de corto y largo metraje, como erupción atribuida a algún volcán de ficción. Y es lógico que así sea porque no creo que nunca haya conseguido Hollywood que un volcán de verdad se le presente en tan buenas condiciones para ser filmado.

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Pero además de lava y fuego, también en La Palma tenemos nieve y frío.

Los bordes norte y noreste de La Caldera —y parte de la cordillera, llamada Cumbre Nueva, que es la prolongación del borde Este— se cubren de nieve en invierno. Cumbre Nueva, límite Este de El Paso, es la cordillera que se ve al fondo de esta foto

que muestra el Valle de Aridane, cuyo extremo más alto está En El Paso, en el centro de la Isla, y el más bajo en el mar, al oeste.

En ese valle hay tres pueblos: Tazacorte, en la costa (no aparece en la foto); Los Llanos, al centro y en la parte más plana más plana del valle (una vista parcial en el primer plano); y El Paso, en la parte más alta y más montañosa (parte de él se ve al fondo, pegado a la Cumbre Nueva). Los vacíos de caseríos que por siglos hubo entre estos tres pueblos, ya están casi poblados.

Creo haber dicho que el castigo de El Paso es el clima, pues tenemos un fenómeno meteorológico, al que alguien de humor macabro bautizó como “La brisa”, que se presenta cuando le da la real gana, no importa la estación del año. Es un banco corrido de nube densa y muy blanca que aparece por detrás de la Cumbre Nueva, y en un efecto sin fin cae constantemente por su frente hacia El Paso como si fuera cascada interminable de agua.

En esta foto puede verse cómo ha cubierto toda la Cumbre Nueva y está a caballo sobre ella.

Si bien es una belleza para la vista, “La brisa” no hace honor a su nombre, pues el común de los mortales entiende que brisa es un aire suave y acariciante que resulta casi siempre agradable, pero nuestra “brisa” trae consigo un ventarrón infernal y anárquico que no deja títere con cabeza, y puede llegar a derribar árboles, arruinar plantaciones de plátanos (cambures), hacer volar muy lejos los techos de los invernaderos, y acabar con sembradíos como el que se ve en esta foto

de una vieja casa típica, de las que había muchas en toda la Isla, y, al lado, las huertas en las que se cultivaban papas, maíz, tabaco, tomates, cebollas, etc.

Si “La brisa” aparece en primavera o invierno hace que la temperatura baje varios grados y causa un frío que, empujado por el viento, se cuela por debajo de puertas y resquicios de ventanas, y de poco valen los abrigos.

Pero, eso sí, cuando cae por Cumbre Nueva esa espesa cascada de nube y aún no comienza a soplar el viento que trae consigo, proporciona un espectáculo bellísimo, en particular a la puesta del sol, pues la cascada, blanca de día, se tiñe entonces de diferentes tonos entre rojo y anaranjado.

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Ubicada al centro del borde Este de la Isla, al fondo de una ensenada que forma la costa y que se aprecia bien en la foto tomada desde el satélite, está la capital, Santa Cruz de La Palma,

que fue por siglos la ciudad más importante de Canarias, en cuyo puerto, que hoy luce así,

hacían escala, a la ida y a la vuelta, los barcos que cubrían la ruta entre Europa y América.

En mis tiempos, el puerto era sólo la parte ancha que se ve en la foto. La parte más estrecha es reciente y debe haber sido hecha con alguna técnica de ingeniería muy especial, porque todas las varias veces que por años se intentó prolongar el muelle, el mar se llevó la prolongación, incluso antes de que fuera completada.

La pared montañosa de color rojizo que se ve a la izquierda es la del Risco de La Concepción. Entra al mar en forma perpendicular, así como muestra la foto, y por ello ese punto sirvió para que durante la Segunda Guerra Mundial se acercaran a él submarinos alemanes cuyos tripulantes o pasajeros necesitaban reunirse.

Los submarinos salían a la superficie muy cerca del risco, los tripulantes bajaban a tierra, iban a la central eléctrica que estaba a pocos metros, “bajaban las cuchillas” —o sea, cortaban la electricidad a toda la Isla—, hacían su reunión, conectaban de nuevo la electricidad, dejaban de regalo cajas de cigarrillos, botellas de licor y otras cosas difíciles de conseguir en tiempos de guerra, abordaban sus naves, se sumergían y se iban,… hasta la próxima visita, muy ansiada por quienes trabajaban en la central eléctrica.

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Quiera Dios que La Palma, apodada La Isla Bonita, la más verde y rica en agua de todas las Canarias, nos dure mucho y haga quedar mal a los profetas de su hundimiento. Alguien la esquematizó en este bello logo:

representando fuego y lava incandescente en la cumbre, verde en los valles, y lava sólida y oscura, como la arena de sus pocas playas, al llegar al mar.

En pocos días espero pisar su querido suelo.

(Fotos enviadas desde El Paso por María del Carmen Taño Padrón)

[*Opino}– La guerra de los sexos: Introducción.

Los expertos aseguran que los graves conflictos por los que atraviesa la pareja se han acentuado desde que la mujer ha accedido al mercado de trabajo y ha tomado conciencia de su nuevo papel en la sociedad. Incluso, las feministas se apoyan en algunos datos científicos para asegurar que la mujer está más evolucionada que el hombre y debe relegar a éste a la condición de ser inferior.

Las armas están afiladas y ya se está elucubrando sobre dónde se desarrollará la próxima batalla.

NotaCMP.- En las próximas 9 entregas, una cadena de argumentos, y con sólo leer un par de entregas ya sabrán de qué sexo es la persona que las escribió y en qué bando milita. Con ella sí estoy de acuerdo en algo: en que eso que llama amor, y yo llamo drogamor, es una drogadicción, de ahí el hombre que le di. No estoy de acuerdo en que no tenga antídoto ni tratamiento, pero en su momento ya trataré más sobre esto.