[*FP}– Abuela Celia

Carlos M. Padrón

Durante los 18 años que viví a diario junto a mi padre, sólo lo vi llorar abiertamente una vez: cuando le anunciaron que Pedro, su hermano menor, había muerto asesinado en México. Pero sus ojos se llenaban de lágrimas y se le quebraba la voz cada vez quec contaba la forma horrible en que había muerto su madre mientras él estaba en Cuba, país al que había emigrado desde El Paso.

Abuela Celia, que así se llamaba mi abuela paterna, nació en Cuba en 1870. Creo que sus padres eran canarios y que, de regreso en El Paso, trajeron a sus hijos que, hasta donde recuerdo, fueron tres: Celia (mi abuela), Luz (la llamábamos tía Luz) y Juan (lo llamábamos tío Juan, el de El silbido). En El Paso (sigo suponiendo), mi abuela Celia se casó con mi abuelo Luis, y se establecieron en la que luego fue mi casa natal, donde nacieron sus tres hijos varones —mi padre era el mayor— y una niña, que vino después de mi padre pero que murió con apenas un año de edad.

Sobre los 44 años de edad, mi abuela Celia fue víctima de lo que hoy sabemos que era cáncer de útero, y cuando los médicos a que hubo entonces acceso no pudieron hacer nada por vía de la administración de medicamentos, y la agonía que mi abuela sufría ya había durado años, decidieron intervenirla quirúrgicamente,… pero de una manera salvaje, y de ahí el dolor de mi padre, pues la ataron a una armazón en forma de ‘Y’, la pusieron cabeza abajo y con las piernas abiertas, y, sin anestesia efectiva, procedieron a abrirla para extirparle el tumor.

Quienes estuvieron cerca en ese momento contaron que los gritos de mi abuela Celia fueron desgarradores,… hasta que perdió el sentido.

No sé cuándo comenzó su enfermedad, cuándo fue la salvaje intervención quirúrgica y cuánto vivió luego mi abuela —si es que sobrevivió a esa cruel operación—, pero sí sé que murió el 02/02/1917, y que todas las personas a las que tuve acceso de entre las que la conocieron en vida me dijeron que era una mujer de carácter extremadamente afable, sufrida, bondadosa, y dada por entero a su familia; “una santa” era la expresión más usada cuando estas personas se referían ella.

Con motivo de su muerte, un poeta más en la familia, y hermano de tío Pedro —Pedro Martín Hernández y Castillo, el poeta mayor, de quien ya he hablado en La Danza “de Manuel González”, y pienso hablar bastante más— le dedicó este soneto, fechado el 03/02/1917, que publico hoy en memoria de mi abuela Celia, a quien nunca conocí, en el 90 aniversario de su muerte, y como tributo a mi padre que tanto sufrió por ella.

ANTE EL CADÁVER DE MI MUY QUERIDA
Y VIRTUOSA PRIMA, CELIA SOSA SÁNCHEZ
.

Si existe purgatorio en esta vida,
por él pasaste, Celia, hasta que airada,
la muerte, tenebrosa y despiadada,
arrancó tu existencia tan querida.

Si eterna en ultratumba es tu partida,
eterno es el dolor que en tu jornada
has dejado en el alma, hoy enlutada,
de aquél que tu recuerdo nunca olvida.

Descansa en paz, y por la gran pureza
con que siempre adornaste tu persona,
quiera el Cielo que en premio a tu grandeza

luzcas entre querubes la corona
que tejerte supiste santamente
aquí donde te lloro eternamente.

Miguel Martín Hernández
Febrero 3 de 1917.

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