[El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: A La Caldera

Un Dionisio Ridruejo, cantor del Teide. Un aspirante a cantor de La Caldera.

Este abismo de fuego desmedido
es la entraña salvaje de mi tierra,
donde el silencio imperturbable encierra
la grandeza de Echeyde en el olvido.

De su gloria materna fue vertido
—materias ígneas en fecunda guerra—,
la llamada del vértigo que aterra
sólo invocando a Dios tiene sentido.

En la nave encallada de Canarias
el Padre Teide, grímpola de alturas,
es el palo mayor de las plegarias.

y Aceró,… Tanausú,… fraguas benditas.
¡Sagrario de una raza que perdura
purificando ofrendas benahoaritas!

La Nueva Psicología del Amor (7/7): Conclusiones

“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

CONCLUSIONES

• Ningún matrimonio puede juzgarse verdaderamente sano si marido y mujer no son cada uno los mejores críticos del otro. Lo mismo cabe decir de la amistad. No llamaría amigos a mis amigos si no tuvieran la honestidad de manifestarme su desaprobación en ciertas cosas, o su amoroso interés sobre la manera en que dirijo mi vida. ¿No puedo crecer más rápidamente con su ayuda que sin ella? Toda relación genuinamente amorosa es una relación de psicoterapia mutua.

• Si nuestra meta es evitar el dolor y eludir los sufrimientos, no sería aconsejable que tratáramos de llegar a niveles superiores de conciencia o de evolución espiritual.

• Si uno puede afirmar que ha constituido relaciones de genuino amor con su pareja y con sus hijos, ha logrado realizar más de lo que consigue realizar la mayor parte de la gente.

• El matrimonio es una institución cooperativa que exige contribuciones y cuidados mutuos, tiempo y energía, pero que existe con la finalidad primaria de promover el progreso de cada uno de los miembros de la pareja en su peregrinación personal hacia las cimas individuales del crecimiento espiritual.

• La primera obligación de una persona que ama genuinamente será siempre su relación conyugal y su relación parental.

• Procurar amar a alguien que no puede beneficiarse con nuestro amor desarrollándose espiritualmente es malgastar energías, sembrar en tierra árida.

***

NotaCMP

M. Scott Peck es de origen judío y psiquiatra de profesión. A los quince años de ejercerla escribió “The Road Less Traveled” que de inmediato se ubicó en el grupo de los ‘best sellers’ del New York Times y ahí permaneció por muchos años.

En 1986 compré y leí por primera vez la versión original de este libro, y en 1987 la versión en español. Y desde entonces lo he recomendado a decenas de personas, algunas de las cuales, me consta, lo compraron y lo leyeron. De otras no estoy tan seguro.

Creo que el título de la edición en inglés,

es el correcto habida cuenta del contenido del libro. Y la única explicación que encuentro a que a la edición en español

no le hayan puesto el título de “La ruta menos transitada”, o “El camino menos transitado”, que serían traducción exacta del original “The Road Less Traveled”, es que —supongo— alguien creyó que si en el título aparecía la palabra ‘amor’ los hispanoparlantes nos sentiríamos más inclinados a comprar el libro.

La primera de las ediciones en español que llegó a mis manos tenía tapas verdes; a la segunda le pusieron un para mí ridículo color rosado, supongo —vuelvo a suponer— que por el mismo motivo del título, pues así podrían hacer creer —erróneamente, desde luego— que se trataba de algo romántico, tipo “novelita rosa”. Nada más lejos de la realidad.

[*ElPaso}– El enemigo del matrimonio / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
(Artículo publicado en “Tierra canaria”, La Habana, Cuba, el 8 de abril de 1930)

Me consta que huyó de la realización de unos amores honrados, aquel solterón empedernido que sufrió la desventura de no poder casarse y el desconsuelo infinito de no tener hijos. Si transcribo aquí sus dolorosas reflexiones es porque encierran una enseñanza y describen con rasgos vigorosos su tragedia íntima y silenciosa que, por verdadera y honrada, acabó por convertirlo en misántropo y melancólico.

«Jamás he pensado seriamente en casarme, y es muy posible que en lo venidero siga pensando igual. Antes, se explicaba que no tuviese tales ideas, pues era demasiado joven, bastante banal y divertido, y optimista hasta la exageración de este vocablo. Ahora, que ya me voy sintiendo viejo, y en mis insomnios he meditado largamente sobre las tristezas de mi soledad y abandono; ahora, que me voy haciendo pesimista frente al espectáculo desconsolador de la vida; ahora, que no tengo una voz familiar que me consuele con dulzura y sepa engañarme con amor, sigo a pesar de todo rebelándome ante el matrimonio. Y no es porque me desagrade el matrimonio en sí, es por las consecuencias fatales del mismo. No es porque tema no hacer feliz a una mujer determinada que me fascina, ni porque me asusten los celos propios y los ajenos, ni porque sea exigente en el momento de elegir compañera: es sencillamente por los hijos. Esos hijos tan queridos y tan idolatrados por mí, qué aún sin haberme nacido ya me prohíben que los traiga a la vida, ya que me vedan que busque la compañera que necesito para descansar en ella mis dolores, para consolarme de mis tristezas y desventuras, para que comparta con dulzura mis alegrías, y qué sé yo para cuantas cosas más.

Los que tenemos la certeza de ser buenos padres, los que examinados serenamente, fríamente, no tenemos la certidumbre de poder dar a nuestros hijos, no tan sólo aquello que se merecen sino aquello que les es necesario y, bajo todos los aspectos, imprescindible, no podemos ni debemos casarnos; pecaríamos al traer hijos al mundo, y nos envileceríamos y nos depreciaríamos ante nosotros mismos al contemplar los pedazos palpitantes y puros de nuestras entrañas, consumiéndose lentamente por el hambre y tiritando inconsolables por el fío.

El matrimonio es santo; lo sé. La paternidad es sublime; no lo dudo. Pero yo no quiero ni ser santo ni ser sublime. No quiero que mis hijos me puedan decir algún día, sin palabras o con odio y desesperación reconcentrada: “Te casaste por egoísmo, me trajiste al mundo por placer, y luego, como consecuencia de tus pasiones, me condenaste a la miseria que me devora y a un dolor incurable que me mata”.

El matrimonio dicen que padece una crisis terrible en todas partes. Esto nos dice que los hombres se han vuelto más juiciosos, tal vez las mujeres, o ellos y ellas a la vez. Casarnos ¿para qué? Como no sea para tener hijos desgraciados y ser infelices contemplando impotentes y descorazonados su desgracia. Que se casen los ricos y los poderosos y los vencedores, aunque no tengan la preparación bastante para ser padres y la personalidad debida para tener hijos; ellos, por lo menos, podrán darles con qué cubrir sus necesidades materiales, y dinero con que se perviertan. Los desheredados, los vencidos, los parias, los que ganamos fortuitamente el pan que nos alimente y desconocemos el techo que nos cubrirá mañana, ésos no debemos casarnos, aunque podamos darle a nuestros hijos todo lo que espiritualmente necesiten. La sociedad que condena a centenares de hombres honrados a vivir de un salario miserable, o los castiga indiferente con el paro forzoso, no puede exigirnos que le demos hijos, ni puede pedirnos que dignifiquemos debidamente a nuestras mujeres.

Que se queden ellas solteronas, trabajando en las oficinas y en los talleres, y nosotros adustos y esquivos, apartados de ellas aunque piensen y digan que las odiamos o tememos que disminuya la población y que se desmorone el poderío de la Patria; a los ciudadanos conscientes, ¿qué nos importa todo esto? Tenemos hamb, y los gobiernos no escuchan nuestros ayes; buscamos trabajo. y no existe en ninguna parte. Con las privaciones a que se nos condena, se fabrican tuberculosos y se crean enfermedades. ¡Menos mal que por caridad vienen luego a consolarnos y a enseñarnos a morir con resignación!

Nosotros preferimos que aumenten los conventos y las congregaciones religiosas, a que lloren las madres inconsolables. Ya es hora de que de una vez se cierren los hospicios, y de que se acaben por siempre los cuadros desconsoladores que forman por esas calles los niños hambrientos. ¡Antes que vivir muriendo, es preferible no haber nacido!

Desgraciadamente, no piensan así todos los hombres. Sé que una inmensa mayoría sigue aventurándose al matrimonio, fascinados por una ilusión placentera o impelidos por sus pasiones, para más tarde llorar impotentes en medio del frío de una sociedad inmoral. De mí puedo afirmar honradamente que antes de aventurarme a tener unos hijos desgraciados —que me exigirían robar y quién sabe si cometer algún crimen ignominioso, juzgado por mis semejantes— preferiré convertirme voluntariamente en eunuco o hacer voto perpetuo de castidad.

Si la sociedad está desorganizada y los gobiernos no aciertan desconcertados a gobernar con justicia, y los pensadores no han sabido sino dar fórmulas estériles para cambiar el ritmo triste de la sociedad, y cada vez la lucha por la vida va siendo más cruel, y haciendo depender más del azar nuestro posible bienestar, eso no justifica que los hombres conscientes nos abalancemos al matrimonio para correr el riesgo de ser malos padres, esposos injustos, malos hombres condenados por la humanidad, fieras enjauladas, e inútiles para satisfacer el hambre de unas bocas inocentes que piden siempre con llanto.

Los hombres que piensan no se casan en este siglo inquietante; ya sabéis por qué. Las mujeres que les correspondan por esposas, que se hagan Hermanitas de la Caridad o de los Pobres, para que cuando sean viejos, vengan a celebrar sus bodas consolándolos. De seguro tendrán entonces mucho de que ser consolados. Antes que deshojar flores y pisotear alegrías y desvanecer ilusiones, es preferible verlas marchitarse; y antes que lamentar las desventuras de aquéllas que podríamos encadenar a nuestra suerte por amor, preferimos llorar inconsolables en la tragedia increíble de nuestras soledades, el abandono por sacrificio de los más caros ideales y la pesadumbre adusta de nuestras almas por haber huido de lo que buscábamos febriscentes, impelidos por nuestra naturaleza viril y paternal. Así, por lo menos tendremos algo de que vanagloriarnos en las postrimerías de nuestras existencia, y así mis hijos, incorpóreos e informes, me bendecirán desde lo incierto del caos donde moran».

Así me habló un día aquel amigo triste que murió solo, mientras brillaba en sus ojos una chispa de luz, y vigorizaba con sus palabras un fervor creciente.

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: San Miguel de La Palma

San Miguel de La Palma

Isla, roca del mar con vocación de alturas,
grito, el más atrevido de la Atlántida muerta,
explosión submarina y maravilla abierta,
camino de los cielos a todas la aventuras.

Navegas por los mares con regias vestiduras,
centinela de España, siempre firme y alerta,
con tus ígneos volcanes, de montañas cubierta
donde alumbran las nieves celestiales blancuras.

Tus entrañas de fuego rebosando erupciones
tatuaron en tus carnes los ríos de la muerte
en un salvaje rito de purificaciones.

Y, desde entonces, Isla, por fuego redimida,
creces como atalaya, como el bastión más fuerte,
buscando los eternos caminos de la vida.

La Nueva Psicología del Amor (6/7): Condiciones para el amor genuino

El que los miembros de la pareja se presten atención el uno al otro, según se menciona en el subcapítulo Escuchar, es parte fundamental del pilar que llamo comunicación. Y en el subcapítulo Individualidad se menciona otro de los pilares: el respeto. Y luego el compromiso y la disciplina.

La relación en que falten uno o más de estos pilares no tiene buen futuro.

La disciplina es algo que a un drogamorado le sonará a blasfemia, pues en el drogamor no hay que esforzarse para nada; todo es perfecto y se da con deliciosa espontaneidad.

Pero si el drogamorado tiene conciencia de la gravedad del hueco en que ha caído, sabrá que el drogamor es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina, porque, si no, abrirá la puerta a la catexia que es inherente a ese sentimiento —y que tiene que ver con que alguien se vuelva importante para nosotros, para lo cual la trampa de la Naturaleza hace que lo relativo a ese alguien, ya sea algo bueno, regular o malo, lo veamos e internalicemos como bueno, espectacular u óptimo—, y con ello sólo nos hundiremos más y más en el hueco, y estaremos así trabajando para que cuando el drogamoramiento se desvanezca, cosa que de seguro ocurrirá, nos sintamos mucho peor y quedemos más maltrechos que si hubiéramos luchado contra la catexia.

En la catexia se dan dos acciones contrarias entre sí: catectizar y decatectizar. Si cedo al impulso de la trampa de la Naturaleza y doy curso a la convicción de que el objeto de mi drogamor es perfecto, y todo lo suyo, ya sea algo bueno, regular o malo, lo internalizo como bueno, espectacular u óptimo, estoy catectizando al objeto de mi drogamor.

Pero sí, por el contrario, cobro conciencia de que caí en un hueco y comienzo a esforzarme por encontrar y hasta magnificar lo que de malo tiene ese objeto, estaré decatectizándolo. Ésta es una tarea que requiere disciplina y toma tiempo pero que, doy fe, funciona.

Detectar que se está drogamorado es fácil en cuanto se acepte la posibilidad de estarlo y la gravedad que ello implica.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

CONDICIONES PARA EL AMOR GENUINO

Somos incapaces de amar a otra persona si no nos amamos a nosotros mismos, así como somos incapaces de enseñar autodisciplina a nuestros hijos si nosotros mismos no somos disciplinados.

Escuchar

La dedicación significa que el terapeuta escucha al paciente, le guste o no le guste. Y en un matrimonio las cosas no son diferentes. En un matrimonio constructivo, los cónyuges deben, de un modo rutinario y programado, prestarse atención el uno al otro, y prestar atención a su relación. Como ya dijimos, las parejas, tarde o temprano, dejan de estar enamoradas, y es en ese memento cuando comienza a surgir la oportunidad de un verdadero amor.

El “amor” romántico no requiere esfuerzos, y las parejas con frecuencia se muestran reacias a realizar el esfuerzo y a someterse a la disciplina del amor verdadero, y escuchar.

El escuchar verdaderamente, y el concentrarse por entero en la otra persona, es siempre una manifestación de amor. [Por tanto], en ninguna parte resulta más apropiada que en el matrimonio.

Es imposible comprender realmente a otra persona sin darle cabida dentro de uno mismo. Este proceso, que supone ejercitar la disciplina de poner entre paréntesis [aislar] las propias preocupaciones, requiere una extensión del yo y, por tanto, un cambio de éste.

Ese poner entre paréntesis y esa extensión de nosotros mismos está implícita en el acto de escuchar a nuestros hijos. Para responder a sus sanas necesidades debemos cambiar nosotros mismos. Sólo cuando estamos dispuestos a sufrir el cambio podemos llegar a ser los padres que nuestros hijos necesitan. Y como los niños están en constante crecimiento y sus necesidades son cambiantes, estamos obligados a cambiar y a crecer con ellos.

Todo el mundo conoce, por ejemplo, a padres que obran eficazmente con sus hijos hasta que éstos son adolescentes, pero luego resultan padres totalmente ineficaces porque no son capaces de cambiar ni ajustarse a sus hijos, ahora mayores y diferentes.

Y sería incorrecto —como en otros casos de amor— considerar el sufrimiento y el cambio que exige una buena paternidad como una especie de autosacrificio o martirio; por el contrario, los padres tienen que ganar más que sus hijos de este proceso. Los padres que no quieren correr el riesgo de sufrir en virtud del cambio, el crecimiento y la enseñanza que pueden obtener de sus hijos, echan a andar por la senda de la senilidad, lo sepan a no lo sepan, y sus hijos y el mundo los dejarán atrás.

Aprender de los hijos es la mejor oportunidad que la gente tiene para asegurarse una edad madura con sentido. Es una lástima que la mayor parte de las personas no aprovechen esta oportunidad [que está ayudada por el hecho de que] la necesidad de ser escuchados por los padres nunca pasa con la edad.

Individualidad

Aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual es la única base sobre la que puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor.

Una característica importante del genuino amor es la de mantener y preservar la distinción entre uno mismo y el otro. El que ama genuinamente siempre percibe a la persona amada como alguien que posee una identidad enteramente separada. Además el que ama genuinamente siempre respeta y hasta alienta ese carácter separado y esa individualidad única de la personalidad.

La mujer liberada tiene razón al desconfiar del hombre que con afecto la llama “su gatita», [pues posiblemente sea] un hombre a quien le falte la capacidad de respetar la fuerza, la independencia y la individualidad [de esa mujer].

La gran mayoría de los padres no logra reconocer adecuadamente, o apreciar plenamente, la individualidad única de sus hijos, sino que los miran como extensiones de si mismos.

Lo que enriquece la unión es la individualidad separada de los miembros de la pareja. Los individuos que están asustados de su soledad y buscan por ello unirse con alguien para una vida en pareja no pueden construir grandes matrimonios. El genuino amor no sólo respeta la individualidad del otro sino que tiende a cultivarla, aún corriendo el riesgo de la separación o de la pérdida. La meta última de la vida es siempre el crecimiento espiritual del individuo, esa peregrinación solitaria hacia los picos a los que únicamente se puede llegar si uno está solo.

Compromiso

Sea o no superficial, el compromiso es el fundamento, la roca firme de toda relación genuina de amor. Comprometerse profundamente no garantiza el éxito de la relación, pero ayuda más que cualquier otro factor a asegurarlo.

Asumir compromisos es algo inherente a la genuina relación de amor. Quien está verdaderamente interesado en el crecimiento espiritual del otro sabe, consciente o instintivamente, que puede fomentar ese crecimiento sólo en virtud de una relación constante.

Los individuos con trastornos de carácter no comprenden de ninguna manera lo que es fundamentalmente un compromiso.

Disciplina

El amor no esta exento de esfuerzos, por el contrario supone esfuerzos.

La autodisciplina es generalmente amor traducido en acción. Quien ama genuinamente se comporta con autodisciplina; además, toda relación de genuina de amor es una relación disciplinada.

El hecho de que un sentimiento sea incontrolado no indica que sea más profundo que un sentimiento disciplinado. [Y] no debemos suponer que no es una persona apasionada aquélla cuyos sentimientos están modulados o controlados.

Si bien uno no debe ser esclavo de sus sentimientos, la autodiscipima no significa que debamos ahogarlos hasta el punto de anularlos, pues los sentimientos son nuestros esclavos, y el arte de la autodisciplina es como el arte de manejar a los esclavos.

El sentimiento amoroso es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina. Como ya dije, este sentimiento no es en sí mismo amor genuino sino que es el sentimiento que tiene que ver con hacer que alguien se vuelva importante para nosotros (catexia).

Libertad y disciplina son criadas que están a nuestro servicio; sin la disciplina del genuino amor, la libertad es invariablemente destructiva. Y el genuino amor, con toda la disciplina que requiere, es la única senda de esta vida que lleva a una alegría sustancial.

Crecimiento Espiritual

De los millares y acaso millones de riesgos que podemos correr en la vida, el mayor de todos es el de crecer. Crecer es el acto de pasar de la niñez a la edad adulta, [y, como todo] crecimiento en cualquier dirección, supone tanto dolor como alegría. Una vida plena estará colmada de dolor, pero la única alternativa es no vivir plenamente o no vivir en modo alguno.

El matrimonio es una institución cooperativa que exige contribuciones y cuidados mutuos, tiempo y energía, pero que existe con la finalidad primaria de promover el progreso de cada uno de los participantes en su peregrinación personal hacia las cimas individuales del crecimiento espiritual.

Una de las tesis de este libro es que el verdadero crecimiento espiritual puede alcanzarse sólo en virtud del persistente ejercicio del amor real.

El amor es tanto egoísta como altruista. No es el egoísmo ni el altruismo lo que distingue al amor del no amor, es su meta. En el caso del genuino amor, la meta es siempre el crecimiento espiritual; en el caso del no amor, la meta es siempre otra cosa.

[En un grupo conformado por seis parejas a quienes yo trataba, todos los miembros] estuvieron de acuerdo en que la finalidad y función de la mujer en el matrimonio era “mantener la casa en orden y al marido bien alimentado».

Todos definían la finalidad y funciones de sus maridos o mujeres con referencia a sí mismos; ninguno de ellos se daba cuenta de que su consorte podría tener una existencia fundamentalmente separada de la suya propia, o un destino aparte del de su matrimonio.

[Ante tal error les dije que no me sorprendía que todos ellos tuvieran dificultades en sus matrimonios. Se sintieron no sólo maltratados sino profundamente confundidos por mi declaración, y me pidieron que definiera la finalidad y función de mi mujer. «Es —respondí— desarrollarse y crecer lo más que pueda, no para provecho mío, sino para el de ella misma y para gloria de Dios».

[Asimismo,] la misión y finalidad de un padre es ser útil al hijo, y no usarlo para su satisfacción personal. La tarea de un padre es alentar al hijo por la senda de la independencia.

[El Paso}– El Paso, arte e historia / Gerardo Fuentes

(Artículo publicado en El Día [Santa Cruz de Tenerife] el 15 de noviembre de 1987).

El Paso —que según real decreto firmado por el Rey Alfonso XIII, el día 20 de septiembre de 1910, recibió el titulo de ciudad, y que debe su nombre, probablemente, al camino que unía Los Llanos de Aridane con la cumbre— hoy es un núcleo de verdes parajes donde su bella campiña poblada de almendros se funde con los pinares que descienden desde las cimas del lado pasense de la Caldera de Taburiente.

Sus orígenes se remontan a la propia conquista por don Alonso Fernández de Lugo que, después de haber sometido a todos los jefes indígenas, se propuso capturar al valiente Tanausú, oculto en la agreste Caldera [1].

La vecindad dependió administrativamente del municipio de Los Llanos de Aridane hasta 1837, año en que El Paso empezó a contar con Ayuntamiento propio gracias a la labor desempeñada por don Manuel Taño [2]. Pero desde el siglo XVIII, para celebrar sus cultos la pequeña feligresía acudía a la ermita dedicada a Nuestra Señora de Bonanza.


La Iglesia Vieja, el 17/06/2005. Foto cortesía de Luis Centeno.

Este recinto, de líneas armónicas, fue erigido con el beneplácito del alférez don Salvador Fernández, favoreciéndola con una capellanía. Hay que destacar en esta ermita su hermoso artesonado de raigambre mudéjar, considerado como uno de los mejores de la isla de La Palma. Actualmente la ermita se halla cerrada al público y en fechas próximas se someterá a una esmerada restauración.


Un rayo de sol naciente se filtra por el campanario de la Iglesia Vieja. 24/26/1995. Foto de mi colección.

Convertida en parroquia en 1885, siendo obispo de la diócesis don Jacinto María Cervera y Cervera, y dado el aumento poblacional y la importancia que en años sucesivos adquirió el municipio de El Paso, se creyó conveniente construir un nuevo templo cercano a la citada ermita.

Las obras del nuevo templo fueron comenzadas con gran rapidez, y el templo fue inaugurado el 27 de julio de 1934, en plena República, por el obispo Fray Albino González. Pero los trabajos se reanudaron en 1963 [3], momento en que el arquitecto Juan Julio Fernández procede a la terminación de la torre y de la fachada principal.

Todo el conjunto, compuesto por tres naves, está inspirado en el estilo gótico, y, según se desprende de los planos originales, debía ser techado con armaduras de impronta mudéjar. Por diversas circunstancias, esta armadura quedó reducida a un plano horizontal que no obedece en absoluto a los esquemas indicados por ese estilo [4].

Interiormente se completa con un grupo de altares, que siguen las pautas góticas, realizados por el artista valenciano Francisco Arnau, que era profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de La Palma.

El retablo del presbiterio fue costeado por don Justo Triana Remedios. La madera con que se hizo este retablo procedía de un tronco de tea encontrado en el camino forestal al Refugio del Pilar y generosamente donado por don Pedro Capote Lorenzo que, además, puso su serrería a disposición de la junta constructora. Y con una caja de cedro que hubo de comprarse para el manifestador [5], y una peana de viñátigo rojo, se dio término felizmente al altar mayor que fue bendecido solemnemente el 9 de enero de 1949.

Es quizás el púlpito, bellamente decorado con las figuras de los cuatro evangelistas, la pieza lígnea [6] que mejor refleja el arte de Arnau,


Fachada principal de la Iglesia Nueva. Foto de mi colección, tomada en julio/1974.

El apartado escultórico se reduce a un número de piezas de reciente ejecución, algunas de ellas donadas por la familia Capote. Las de mayor interés artístico son las de Nuestra Señora de Bonanza, patrona de El Paso, imagen del siglo XVIII, y que se alberga en una de las dependencias parroquiales en espera de su pronta restauración.

Cuenta la tradición que por el viejo camino de Tacande a Las Manchas, esa imagen era llevada en procesión de rogativas de súplica de lluvia, y que hizo el prodigio de cerrar cielo y tierra en El Paso con una tormenta borrascosa, hasta el extremo de oírse el grito unánime de los acompañantes que repetían. “Virgen Santísima, ¡haz la bonanza en nuestra tierra!”. Esto ocurrió en torno al año 1857.

La imagen de El Nazareno,


Foto cortesía de Mari Carmen Taño Padrón, tomada el 06/04/07

que se halla en el altar de su nombre, parece una talla de principios del siglo XVIII. Su procedencia se cree del ex convento de San Francisco, de la capital palmera. Se veneró también en la iglesia de El Salvador (Santa Cruz de La Palma) hasta 1906, año en que el arcipreste Puig Codina la hace trasladar a la anterior parroquia de El Paso, junto con la imagen de La Dolorosa,


Foto cortesía de Mari Carmen Taño Padrón, tomada el 06/04/07

que actualmente se halla en el altar de El Calvario, imagen atribuida al escultor palmero Aurelio Carmona (1826-1901), quien también talló El Cristo Yacente, depositado en la parte baja del mencionado altar.


Foto cortesía de Mari Carmen Taño Padrón, tomada el 06/04/07

Por último, un pequeño crucifijo de marfil, magistralmente tallado y quizás del siglo XVIII, aparece expuesto en el tabernáculo del retablo mayor.

El resto de las edificaciones religiosas traducidas a ermitas ponen una nota de encanto en medio de la naturaleza, como sucede con la de Nuestra Señora de El Pino. Pero la de mayor valor artístico se halla en el barrio de Las Manchas, dedicada a San Nicolás de Bari, que sigue las pautas de las ermitas canarias, techada por un modesto artesonado.

En arquitectura civil, El Paso cuenta con interesante ejemplos, ofreciendo un tipo de vivienda urbana de cuidadas líneas dentro de la corriente clasicista; así lo manifiesta el domicilio de la familia Capote, en la calle de General Mola, en cuyo remate se alzan elegantes jarrones que descansan sobre plintos. Otros, en cambio, presentan alargadas fachadas, con o sin balcones, molduras, cornisas y, a veces, con sencillas columnas de gusto clásico que engalanan la entrada principal.

Más allá, y adentrándonos en sus campos, aparece la casa tradicional que muestra ventanas de guillotina y airosas chimeneas, sin olvidarnos del atractivo efecto de sus blancas paredes y la piedra gris de las esquineras.

Deseamos, desde aquí, agradecer a don Braulio Martín, prócer de esta ciudad de El Paso, los valiosos datos históricos que gentilmente nos ha ofrecido de la misma.

***

NotasCMP.

[1] Que es parte del municipio de El Paso.

[2] Más información sobre don Manuel Taño y la creación del municipio de El Paso, aquí.

[3] Me temo que la reanudación de los trabajos la marca el inicio de la construcción de la torre, que tuvo lugar en la segunda mitad de los años 50. Esta foto, de mi colección, tomada el 05/09/1958 (soy yo quien aparece en ella), demuestra que para esa fecha la torre no había sido terminada aún.

En cuanto a su inauguración, Wifredo Ramos, cronista oficial de El Paso, en su artículo “Don Salvador Miralles Pérez. In Memoriam – Homenaje póstumo en El Paso“.

dice: “A finales de agosto llegó a El Paso, acompañado de su esposa, el hijo de esta ciudad y rico hacendado en Venezuela, Don Antonio Duque Herrera, quien acogió con agrado la idea de la terminación de la torre parroquial, según el proyecto del arquitecto tinerfeño D. Tomás Machado y Méndez de Lugo. La torre se finalizó en el mes de marzo de 1960. Su altura alcanza 35 metros y tiene un reloj de cuatro esferas”.

[4] Entiendo que en este párrafo se dice que, según los planos originales, las tres naves debían ser techadas con armaduras de impronta mudéjar, pero, por diversas circunstancias, lo fueron con una armadura que quedó reducida a un plano horizontal. Sin embargo, el techo horizontal es el de las dos naves laterales de la iglesia, no el de la nave central, aunque no sabría yo decir si éste es o no mudéjar.

[5] Manifestador: Dosel o templete donde se expone el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles.

[6] Lígneo: Supuestamente, es adjetivo relativo a la madera, aunque no está en el DRAE.

La Nueva Psicología del Amor (5/7): Enfermedades mentales (Cont.)

Lo que aquí trata del autosacrifico se refiere mayormente a las relaciones en el seno de la familia y no solamente entre los miembros de la pareja. Pero en las relaciones de pareja también es válido porque fomentar la independencia del otro es más señal de amor que sacrificarse en cuidar a ese otro que bien puede cuidarse por sí mismo, además de que tiene el deber de hacerlo.

Esto, por supuesto, choca con la actitud de alguno de los miembros de la pareja que opta por “hacerse el muerto para que lo carguen”, que exige mimos, y que espera, como si de un derecho adquirido se tratara, que el otro haga ciertas tareas que él/ella está no sólo en capacidad de hacer sino en el deber de hacerlas si es que quiere cooperar, obrar con dignidad, dejar de “hacerse el vivo”, y mejorar como persona.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

ENFERMEDADES MENTALES (Cont.)

Autosacrificio

Otra concepción terriblemente errónea del amor es la de que el amor es autosacrificio.

El amor no es sencillamente dar, es dar atinadamente, juiciosamente, y también negar juiciosamente. Amar significa alabar juiciosamente y criticar juiciosamente. Significa discutir, luchar, exhortar, apretar y aflojar juiciosamente, además de reconfortar. Amar es guiar. La palabra “juiciosamente” indica que se requiere juicio, y el juicio es algo más que el instinto, pues requiere tomar decisiones reflexivas y a menudo penosas.

No reprender cuando es necesaria la censura a fin de promover el crecimiento espiritual es una falta de amor, así como lo son la crítica y la condena absolutas, y otras formas de no brindar activos cuidados.

No dar en el momento oportuno revela más cariño que dar en el momento inoportuno. Y fomentar la independencia de los demás es más señal de amor [que sacrificarse en] cuidar a personas que pueden cuidarse ellas mismas. Aprender a expresar las propias necesidades, enojos y esperanzas es tan necesario para la salud mental como el autosacrificio, y, por tanto, el amor debe manifestarse no sólo en una beatifica aceptación sino también en enfrentamiento.

Pero [a veces, al proceder sin este autosacrificio en el seno de la propia familia] se corre el riesgo de parecer «malo». [Aún así, el amor requiere enfrentar y criticar], pero hay dos formas de enfrentar y criticar a otro ser humano: con la certeza instintiva y espontánea de que uno tiene razón, o con la creencia de que uno probablemente tiene razón, después de haberlo dudado escrupulosamente y de haberse examinado con todo rigor.

El primero es el modo de la arrogancia. Es el modo más común de padres, cónyuges, maestros, y de la gente en general, en sus tratos cotidianos. Por lo común, es un modo que no da resultados positivos, pues produce enojo y otros efectos no esperados. El segundo es el modo de la humildad. No es común, y su ejercicio exige una genuina extensión de la personalidad. Es probable que dé resultados positivos y, según mi experiencia, nunca es destructivo.

Sadomasoquismo

Un fenómeno mas común [que el del autosacrificio] y, en última instancia, más grave, es el fenómeno de sadomasoquismo social en el cual la persona desea inconscientemente herir y ser herida por obra de sus relaciones interpersonales.

Cuando se examinan mujeres de esta clase generalmente se comprueba que cuando eran niñas sufrieron humillaciones. En consecuencia, buscan desquitarse valiéndose de su sensación de superioridad moral, que exige repetidas humillaciones y males tratos.

Neurosis y Trastornos del Carácter

La mayor parte de las personas sufren de lo que se llama una neurosis o un desorden de carácter. Estas afecciones son desórdenes de responsabilidad y, como tales, son dos modos opuestos de estar en relación con el mundo y sus problemas: el neurótico asume demasiada responsabilidad; la persona que presenta trastornos de carácter no la asume lo suficiente.

Los neuróticos, comparados con los que exhiben desórdenes de carácter, son fáciles de tratar con psicoterapia porque asumen la responsabilidad de sus dificultades, y, por tanto, comprenden que tienen problemas.

Los que presentan trastornos de carácter son mucho más difíciles de tratar, si no ya imposible, porque no se ven a sí mismos como la fuente de sus problemas; antes bien, consideran que el mundo, y no ellos, es lo que debe cambiar, de manera que no llegan a reconocer la necesidad de autoexamen.

El problema de distinguir aquello de que somos responsables y aquello de que no somos responsables en esta vida es uno de los máximos problemas de la existencia humana.

[*Opino}– A los 98 años consigue casarse tras vivir con su novia 70 años

Raúl Leoni ganó las elecciones presidenciales de Venezuela para el período 1964-1969, y a poco de haber tomado posesión como Presidente de la República, su esposa, cariñosamente llamada Doña Menca de Leoni, tuvo la idea de legalizar la relación de 200 parejas que habían vivido en concubinato por al menos 25 años.

Una vez elegidas las parejas que dieron su acuerdo, la boda y consiguiente legalización matrimonial ante notario se efectuó en un emotivo acto celebrado en un estadio deportivo repleto de público.

Muy bello todo, según algunos, pero lo que sucedió después no lo fue tanto porque las más de esas parejas que habían vivido aparentemente en paz durante 25 años o más, y que algunas tenían ya bisnietos, se divorciaron dos años después de haber firmado el “papel maldito”.

En el artículo que sigue se dice lo que, en mi opinión, es una gran verdad: «El secreto del eterno enamoramiento de la pareja es que siempre fueron novios». Me atrevería a apostar que si Francisco y Candelaria vivieran lo suficiente —tal vez de 3 a 5 años más, cosa poco probalbe dada la edad del «novio»— habría divorcio, como lo hubo en el caso venezolano.

Carlos M. Padrón

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03.06.07

MÉXICO (AFP) – Después de confesarle que sigue enamorada, una anciana mexicana de 91 años le dio el «sí» a su novio, de 98 años, con el que ha vivido 70 años y tiene 42 tataranietos, y el sábado finalmente se casaron en Guanajuato, en el centro de México.

«Siempre le pedí que se casara, pero no quería; ahora me dijo que sí porque me confesó que está enamorada de mí, que siempre me ha amado», dijo satisfecho Francisco Uribe después de la ceremonia civil, reportó el diario Reforma. «Ahora sí, juntos para toda la vida», añadió emocionado hasta las lágrimas tras recibir el acta de matrimonio, dejando atrás el recuerdo del primer «no» que le dio Candelaria Álvarez en diciembre de 1937.

«La quiero mucho; durante 70 años me dijo que no se casaba y ahora estoy muy feliz; por fin dio su brazo a torcer», comentó el anciano.

Francisco y Candelaria, que vivieron en unión libre durante siete décadas, tienen 10 hijos (siete mujeres y tres varones), 31 nietos, 29 bisnietos y 42 tataranietos.

«Para poder tener hijos y tenerla a mi lado me la robé, la saqué de su casa y la llevé a vivir conmigo», recordó entre risas el feliz novio. «Era dura, difícil, apenas le podía tocar la mano, cuando la abrazaba me empujaba» relató Francisco, que pudo besar a Candelaria después de cinco años de noviazgo.

Para convencerla, Francisco «le cantaba al oído». «Pero no se dejaba, todavía hace unas semanas le canté para que me dijera que sí se casaba», narró.

A pesar de la casi perpetua negativa de Candelaria, Francisco siempre le compró rosas rojas en los aniversarios de noviazgo.

El secreto del eterno enamoramiento de la pareja, según Francisco, es que «siempre» fueron novios. «Eso mantuvo nuestro amor hasta ahora y somos felices, gracias a Dios».

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