[*Opino}– Canarios y sudacas

Carlos M. Padrón

Cuando Jorge Valdano era entrenador del Real Madrid, parte de la prensa escrita y televisada de España, amén de algunos comentaristas deportivos, hicieron escarnio público de este hombre porque en unas declaraciones usó la expresión “sentir mariposas en el estómago”, una expresión que, en mi opinión, es acertadamente gráfica.

Hoy acabo de ver que en Periodista Digital aparece la frase “¿Sientes mariposas en el estómago?” como reclamo de lo que parece ser una campaña publicitaria.

¿Qué pasó? ¿Es que antes las mariposas no llegaban al estómago de los españoles y ahora sí? ¿O será que la xenofobia ya no tiene a los sudacas como principal objetivo?

Por cierto que, aunque nací en Canarias, dejé esa tierra e loa 22 años y tengo pasaporte y DNI de España, para muchos españoles, mesetarios los más, yo era sudaca, porque según me dijeron (1993 a 1996), desafiante y despectivamente, algunos de éstos y en propia cara, “Tanto monta”, o sea, que canarios y sudacas éramos la misma basura.

“Dándole vueltas al viento” / [El Paso}– Poemas de Antonio Pino Pérez: Aquella piedra

AQUELLA PIEDRA

Aquella piedra por la mar bañada
que exacta un corazón reproducía,
por ver si palpitaba todavía
la arranqué de la espuma nacarada.

La saqué con mi mano emocionada
y en su calor de nido la tenía.
La apreté y la ausculté por si vivía
convenciéndome, al fin, que no era nada.

Una piedra, juguete de las olas,
que un corazón humano repetía
en las furias del mar por siempre solas.

Un pedazo de muerte desolado
que el mar piadoso por piedad mecía
meciendo un corazón petrificado.

1940

[*ElPaso}– Concurso clandestino e insólito de una C3

29-05-2007

Carlos M. Padrón

Retomando el tópico de los comentarios que se hacían en las C3 y que solían ir subiendo progresivamente de tono en la escala moral, en una de ellas ocurrió una vez que el tópico de conversación recaló en las dimensiones de la vulva de la hembra humana, y derivó en bravuconadas de varias de las damas presentes acerca de las dimensiones de la propia.

Los ánimos de algunas de las féminas más arrojadas que allí había se caldearon al punto que, armadas de cintas métricas —de las flexibles, que usan sastres y costureras—, se fueron al Barranco de Las Laderitas, al borde norte del pueblo, se refugiaron en una de las muchas cuevas que en ese barranco hay y procedieron a medirse sus vulvas entre ellas: la dueña del órgano a medir se despojaba de sus bragas (pantaletas), se sentaba en una piedra, se abría de piernas, se echaba hacia atrás, y una de sus compañeras, bajo la vigilancia del resto, procedía a tomar las medidas, que eran anotadas por otra de las muchachas en una de las libretas usadas en la C3 para registrar las medidas de las prendas a confeccionar.

Posiblemente porque las dimensiones de la parte íntima de una de las muchachas resultaron vergonzosamente inferiores a las de todas las demás, ésta se sintió molesta, y tal vez buscando justificación comparativa, contó —bajo condición de “confidencialidad”, por supuesto, ¡faltaría más!— los detalles del clandestino concurso “vulvístico” —o “chochístico”, como alguien lo llamó—, usándolos como pretexto para decir cuáles fueron las medidas de la ganadora, y que se viera que eran, a todas luces, anormales por excesivas.

En aquella época y en aquel pueblo, hasta los pequeños sabían qué se podía difundir y qué no. Y por la índole de tal concurso y el respeto a las familias de las concursantes, el incidente “pasó bajo la mesa”: pocas personas supieron de él, y las más de las que sí supieron, callaron.

Pero, fuera por lo que fuere, cada vez que durante los años siguientes vi a la “campeona” no pude evitar que mi imaginación alzara vuelo, llegando hasta recordar mis incursiones en espeleología. Y por años me ha torturado la incertidumbre de no saber qué pasó con las cintas usadas para tomar las medidas.

• ¿Fueron devueltas sin más a la C3 de donde salieron, a pesar del aroma delator que, por supuesto, adquirieron durante la medición?
• ¿Las bañaron antes en soda cáustica, arriesgándose a que quedaran ilegibles?
• ¿Las botaron, y en la C3 dijeron que se habían perdido?

o no tener respuestas ciertas a dudas tan importantes como,

• ¿Estuvo involucrada en el concurso, tal vez como árbitro imparcial, la directora de la C3?
• ¿Y qué suerte corrió la libreta con los resultados de las mediciones, libreta que desde ese preciso momento cobró incalculable valor histórico? ¿Fue destruida? La hoja u hojas con las medidas, ¿fue arrancada? ¿La conservó alguna de las féminas, tal vez como base y referencia para un posible futuro concurso?
• ¿…?

En fin, todas estas preguntas, y otras muchas de igual calibre filosófico y nivel de insondable profundidad espiritual, me han generado desde entonces grandes dudas existenciales.

La Nueva Psicología del Amor (4/7): Enfermedades mentales

Mi comentario a este capítulo lo dejo a cargo del artículo “La conexión padre-hija” que copio al final y que llegó a mis manos en un claro caso de serendipity porque, al igual que el libro que nos ocupa, me resultó muy esclarecedor y de gran ayuda.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

ENFERMEDADES MENTALES

En su mayor parte, las enfermedades mentales están causadas por una falta o defecto de amor que un determinado niño necesitaba de sus padres para lograr una maduración apropiada y crecimiento espiritual.

Dependencia

La segunda concepción falsa, sumamente común, del amor es la idea de que la dependencia es amor. Es ésta una concepción errónea, pues la dependencia es una cuestión de necesidades antes que de amor. El amor es el libre ejercicio de la facultad de elegir. Dos personas se aman únicamente cuando son capaces de vivir la una sin la otra, pero deciden vivir juntas.

Las personas dependientes pasivas están tan atareadas tratando de que se las ame que no les queda energía alguna para amar. Nunca se sienten plenamente colmadas ni tienen el sentido de ser personas completas. Sienten siempre que «algo les falta». Toleran muy mal la soledad. No tienen verdadero sentido de la identidad propia, y se definen tan sólo por sus relaciones.

La dependencia pasiva tiene su origen en la falta de amor. La sensación de vacío interno que experimenta el dependiente pasivo es el resultado directo de una falla de sus padres que no satisficieron las necesidades de afecto, de atención y de cuidado durante la niñez del individuo.

Se emplea la palabra «pasiva» en conjunción con la palabra «dependiente» porque a estos individuos les interesa lo que otras personas puedan hacer por ellos sin considerar lo que ellos mismos pueden hacer. [A un grupo de personas así] les dije: «Si lo que pretenden es ser amados, nunca alcanzarán esa meta, pues la única manera de asegurarse de que uno será amado es ser una persona digna de amor, y ustedes no pueden ser personas dignas de amor porque la meta primaria que consideran es la de ser amados pasivamente».

[Por obra de una conducta amañada], los matrimonios dependientes pasivos pueden llegar a ser seguros y duraderos pero no puede considerárseles saludables ni resultado del amor, porque la seguridad es adquirida al precio de la libertad, de manera que la relación tiende a retrasar o impedir el crecimiento espiritual de los miembros de la pareja. Un buen matrimonio sólo existe entre dos personas fuertes e independientes.

A los dependientes pasivos les falta autodisciplina. Son incapaces de posponer la gratificación de su sed de atención y amor. En su desesperación por formar y conservar vínculos afectivos, prescinden de toda honestidad. Se aferran a relaciones ya gastadas cuando deberían renunciar a ellas. Y, lo que es sumamente importante, les falta el sentido de la responsabilidad. Pasivamente miran a los demás, con frecuencia hasta a sus propios hijos, como la fuente de su felicidad y plena realización, de suerte que, cuando no se sienten felices ni realizados, consideran a los demás culpables de ello.

En consecuencia, están permanentemente airados porque permanentemente se sienten dejados en la estacada por los otros que, en realidad, nunca pueden satisfacer todas sus necesidades ni hacerlos felices. Si alguien espera que otra persona lo haga feliz, quedará continuamente decepcionado.

En suma, la dependencia puede parecer amor, pero, en realidad, no es amor sino una forma de antiamor. Tiene su origen en una falla parental que se perpetúa. El dependiente pasivo trata de recibir en lugar de dar. La dependencia fomenta el infantilismo, no el crecimiento espiritual. Atrapa y oprime en lugar de liberar. En definitiva, destruye las relaciones en lugar de construirlas, así como destruye a las personas.

Las personas dependientes están interesadas en su propio bienestar y nada más. Desean llenar su vacío interior, desean ser felices, pero no desean desarrollarse ni crecer, ni están dispuestas a tolerar el sufrimiento y la soledad que supone el crecimiento. Las personas dependientes tampoco se preocupan por el crecimiento espiritual del otro, del objeto de su dependencia; sólo les importa que el otro esté presente para satisfacerlas.

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Dr. William S. Appleton

LA CONEXIÓN PADRE-HIJA

Él fue el primer amor de su vida, y la persona más importante en su desarrollo como mujer. La relación entre un padre y su hija, desde la infancia hasta la edad adulta de ésta, es el factor que determina si ella podrá amar verdaderamente a un hombre.

Respecto a las mujeres hay tres realidades que verdaderamente me inquietan. La primera es el gran número de mujeres que no están contentas con sus carreras y con sus vidas privadas. La segunda es que la mayoría cree que entiende lo que representa su padre en su vida adulta, pero en realidad no lo comprende. Y la tercera es ver cuán difícil les resulta a las mujeres reconocer sus patrones de conducta improductivos, en lo personal y profesional, y cambiarlos.

Mientras más entienda una mujer el enorme efecto que su padre tiene en su vida, más capacitada estará para disfrutar, emocional e intelectualmente, de una relación sana y duradera con su esposo o pareja, y más libre se sentirá para avanzar en su trabajo. También será mejor madre y tendrá una vida más plena.

Dos ciclos de vida. He creado el método “ciclo doble de vida” para poner en orden los años de confusión, complejidad e interacción emocional entre un padre y su hija. Así la hija puede darse cuenta de cómo, desde un principio, ellos se han amado, herido y ayudado el uno al otro, y de los efectos que ha tenido todo esto en la vida romántica de ella.

En esta forma, he dividido en tres etapas los primeros treinta años de interacción entre el padre y la hija, cada una de ellas con diez años de duración.

• La primera etapa la llamo OASIS, y empieza en el momento en que la niña nace. Generalmente el padre está al comienzo de su vida familiar, cuando tiene veinte o tal vez treinta años de edad.

• La segunda etapa es la del CONFLICTO, y abarca la adolescencia de ella y la década de los cuarenta de él.

• La tercera etapa es la de SEPARACIÓN, que comienza cuando ella tiene veinte años y el papá está en los cincuenta.

Para aplicar este método a su vida personal, comience por recordar cómo era su comunicación con su padre cuando usted era una niña, una adolescente, y en su vida adulta. Así pondrá en perspectiva las distintas etapas y, al final, se dará cuenta de que sus sentimientos han reducido al mínimo sus problemas. Por ejemplo, las reacciones tempestuosas de la adolescencia pueden ser suavizadas por el recuerdo del oasis de la infancia. Al final, si usted tiene sentimientos encontrados, se calmará y podrá ver sus relaciones desde una perspectiva más amplia hasta tener una imagen más realista de su padre, desprovista de sentimiento y de enojo. Esta comprensión equilibrada de cómo la ha afectado la actitud de su padre la ayudará a mejorar su vida presente y futura.

El oasis: una niña y su padre

La primera etapa comprende la infancia de la niña y la década de los treinta años de su padre. Ahora que se sabe que los niños desarrollan apego(1) por ambos padres durante los primeros nueve meses de su vida, se ha determinado que la importancia de las relaciones entre padre e hija es, desde el principio, mayor de lo que creíamos.

El apego que sentimos hacia ciertas personas cuando somos adultos tiene mucho que ver con las experiencias que en la infancia tuvimos con figuras similares. Existe una gran relación causal entre las experiencias de un individuo con sus padres y la capacidad que ese individuo tendrá después para crear lazos afectivos. Y, según lo que se sabe ahora, el padre es quien tiene mayor influencia en la mujer.

El padre. Casi siempre el padre se encuentra en la tercera década de su vida cuando su hija está en la primera. Generalmente, él está tan ocupado en su carrera que, por perseguir sus metas profesionales, sacrifica en parte su matrimonio, sus diversiones, sus amistades, sus relaciones íntimas y sus momentos de esparcimiento. El padre de esta etapa puede ser un hombre sin deseos físicos, una máquina de trabajo; y, en este sentido, está en un período latente semejante al que atraviesa un niño entre los seis años y el comienzo de la pubertad. Este período latente, caracterizado por una gran quietud emocional, sucede entre el torbellino de la niñez y el de la adolescencia, y está asociado con la adquisición de habilidades. Entre los 30 y los 39 años, el padre busca la posición que quiere alcanzar a los cuarenta o cincuenta. Mientras su hija adquiere conocimientos, él asciende en su carrera.

Durante esta etapa de sus vidas, es usual que una hija no vea mucho a su padre, y ésta es una de las razones por las que la importancia del padre ha sido pasada por alto por investigadores y teóricos. Lo que sí se ha notado recientemente es que, en muchos casos, la hija lo ve lo suficiente como para apegarse a él en la infancia, aunque no se ha determinado qué número de horas de “estar juntos” es necesario para que se cree este vínculo. Frecuentemente se presume que ya que la madre está con el niño más horas, esta relación de apego sólo se establece con ella, pero una madre puede estar en la misma casa con un bebé y tener poco contacto con éste. Además, lo que cuenta no es la cantidad sino la calidad del tiempo que pasan juntos padres e hijos. Separarse de la madre diariamente para ir al colegio no daña la relación madre-hija, y lo mismo se aplica a la separación de un padre que trabaja.

En vez de destruir el impacto de él en el desarrollo de su hija, la cantidad de trabajo que agobia al padre durante la tercera década de su vida puede contribuir a mejorar la calidad del tiempo que ellos pasan juntos. Por lo general, en esta etapa el padre sólo cuenta con su trabajo y su familia, y no tiene diversiones que lo mantenga alejado de ésta. El tiempo que pasan juntos padre e hija lo disfrutan mucho, y eso da pie a un intenso intercambio emocional entre ambos. Por esta compañía tan placentera que encuentra el uno en el otro, denomino esta etapa oasis. La hija aleja al padre de la lucha diaria por triunfar y sobresalir. El tiempo que el padre pasa con ella es de puro deleite y de profundo apego emocional para él, y, consecuentemente, también para ella.

Por supuesto, este oasis no es siempre tan romántico como parece. A menudo, un padre cansado llega a su casa y encuentra que su esposa, igualmente cansada, le pide que la ayude con el cuidado del bebé. En este caso, estar con su hija se convierte en trabajo en vez de placer. No obstante, como quiere tanto a su pequeña niña, el resultado global de la interacción es positivo.

La hija. No pasa mucho tiempo antes de que la bebita se convierta en niña. Hasta los primeros seis años de su vida, la hija y el padre tienen una relación muy alegre: ella lo aleja de los rigores de su vida diaria, y él la aleja a ella de la disciplina que le impone la madre. Estas “vacaciones de las responsabilidades” que constituye el tiempo que pasan juntos continúan formando parte del apego entre ambos durante todas sus vidas. El padre es casi siempre más estricto con sus hijos varones, y la madre lo es con las hembras. Y desde que la niña cumple seis años hasta la pubertad, él se interesa cada vez más por su desarrollo intelectual.

La importancia del oasis

La forma en que un padre trata a su hija en la etapa de oasis deja una huella indeleble en ella. Para algunas mujeres, el deleite del oasis está tan arraigado que a veces llega a interferir con los romances de su vida adulta, pues ella siente que ningún hombre la cuida y mima tanto como lo hizo su padre. Por el contrario, si durante esa etapa hubo poca felicidad con papá, la feminidad de la hija sufre.

La primera década que ambos pasan juntos no sólo cumple la necesidad de ella de desarrollar un apego infantil sino que, además, si el padre está disgustado y la rechaza, la niña queda completamente desanimada en sus primeros esfuerzos por ganarse el interés de un hombre. De ahí la importancia que para una niña representa un padre afectuoso que no se sienta acobardado por la feminidad de su hija. Saber que él disfruta de su belleza, su sonrisa, su vestido bonito, y sus primeros esfuerzos por maquillarse y arreglarse, la ayuda a ganar confianza en su capacidad de atraer la simpatía y el amor de un hombre.

En cambio, un padre que ridiculice o se muestre nervioso ante las demostraciones de feminidad de su hija, que siempre está cansado o de mal genio para atenderla, o que se ausente demasiado, puede hacer que ella se sienta insegura de sí misma.

No haber tenido una relación estrecha con el padre durante la infancia puede dejarle muchas cicatrices emocionales a la mujer, de las cuales la inseguridad es la más grave. Otra es la incapacidad de formar vínculos duraderos: ella no sabe cómo acercarse a un hombre, y se siente rechazada. No es que tenga temor, es que, sencillamente, no espera recibir de un hombre ni amor, ni calor humano, ni verdadera comunicación.

Asimismo, la ira es otra de las desdichadas herencias que la hija puede obtener de la etapa de oasis. Si su padre, el hombre más importante de su vida, no le dio el amor y la atención que ella necesitaba, queda profundamente resentida, Más tarde, al casarse, descarga esa ira sobre su esposo: critica sus actividades sociales, sus hábitos y expresiones, ¡todo!, como una represalia al rechazo paterno. Finalmente, la hostilidad de ella logra que los hombres le huyan, y “castiga” a cualquiera de ellos que se arriesgue a quedarse a su lado.

La ausencia y el rechazo paternos también pueden hacer que una mujer tenga una excesiva ansiedad por la atención de un hombre, y por ello le exija a su enamorado que le dedique toda su atención. Si él no lo hace, ella tendría una rabieta tan grande que preferirá no volver a verlo. Otra consecuencia de la ausencia paterna es la adicción a todo el glamour del comienzo de un romance. Estas mujeres quieren que le envíen flores y las llamen por teléfono diariamente; buscan la emoción que les proporciona un hombre nuevo, pero se aburren y se deprimen tan pronto el entusiasmo inicial ha pasado.

Por otra parte, en la misma forma en que la ausencia paterna puede ser dañina, también es peligroso tener un padre sobre protector. Los padres que le dedican una excesiva atención a sus hijas o les exigen adoración, casi siempre se aferran a ellas por demasiado tiempo y tratan de interferir con el desarrollo de su independencia. El resultado es a menudo una mujer incapaz de amar. Algunas de mis entrevistadas fueron muy francas al confesar que no encuentran un hombre que sea tan inteligente, tan considerado ni tan buena compañía como sus padres.

Conflicto: Los cuarenta de él y la adolescencia de ella

Los cuarenta años tienen en sí mucho parecido con la adolescencia. Tanto para el padre como para la hija, éste es un período lleno de interrogantes. Mientras ella se pregunta “Quién soy yo”, él se pregunta “Quién continuaré siendo yo”. Ella se rebela contra la autoridad y los convencionalismos, y él no sabe si tendrá la paciencia necesaria para seguir llevando el ritmo de trabajo diario. Cada uno está ocupado con sus propias preguntas sobre la vida y la muerte, el tiempo tan corto para vivirla y la vejez inevitable. En esta etapa, ambos se sienten atormentados y descontentos.

En sus cuarenta, el padre reevalúa su existencia, pues de pronto se ha dado cuenta de que ya no le queda mucho tiempo. Se pregunta si continuará con su carera y su vida privada como hasta ahora lo ha hecho. ¿No sería mejor que cambiara de empleo? ¿Todavía siente amor por su esposa? ¿Disfruta realmente de su vida, o le parece vacía?

Pero el padre no tiene tiempo para reflexionar. Tiene presiones económicas y se da cuenta de la gran cantidad de hombres jóvenes que vienen subiendo la cuesta detrás de él. Tiene miedo de perder su empleo o un buen ascenso Empieza a preocuparse por la edad y la vejez y, para completar el oscuro panorama, ¡su niñita empieza a independizarse y a prepararse para dejarlo!

La hija adolescente, en cambio, sí tiene tiempo para pensar. Ve a su padre de forma diferente, por dos razones: primero, porque ella ya ha dejado de ser la niñita que tanto lo adoraba; y segundo, porque, en realidad, él ha cambiado. Entre los 30 y los 39 años él trabajaba sin descanso para progresar en su carrera, y emocionalmente parecía un niño en etapa latente. Ahora, en sus cuarenta, parece un adolescente: se fija en las mujeres, bebe más licor, tiene un carácter más inestable, y está propenso a entrar en conflicto en su trabajo o con su esposa y sus hijos.

Aunque la adolescente típica se entristece y rebela al descubrir los defectos de su padre, a la larga esta decepción resulta beneficiosa para ella. Ve que, al igual que todo el mundo, su padre no es perfecto. Este descubrimiento puede hacer que la hija tumbe al padre del pedestal en que lo tenía, y si la caída es violenta, ella quedará afectada. Pero si el proceso se lleva a cabo de una manera razonable y no muy severa, y si el padre acepta la ira y las críticas que esta desilusión provoca en su hija, la ayudará a separase saludablemente de él ya desarrollar su capacidad para tener relaciones maduras y realistas con los futuros hombres en su vida.

La mayoría de los padres luchan por conservar ante sus hijas una imagen de héroes y evitar revelar su fragilidad humana. Esta actitud es semejante al deseo de la hija de permanecer pura y virginal ante los ojos de él. Para no enfrentarse con la realidad de la vida, cada uno quiere aferrarse a los felices días de la infancia de ella.

En esta etapa, es frecuente que al reunirse con sus hijas los padres lo hagan más con la intención de pelear que de divertirse. Las relaciones de ambos se convierten en una lucha permanente entre lo que ella quiere hacer y las restricciones que el padre le impone. Ella pelea por su independencia, mientras que el padre trata de protegerla de su inexperiencia. Y ella lucha por huir pero también quiere seguir complaciéndolo para que él siga amándola y preocupándose por ella.

Esta segunda década también puede dejar huellas que afectan las relaciones de la hija con otros hombres. Al sentirse, cuando tiene una relación amorosa, incapaz de funcionar como una mujer individual y completa, añorará el oasis de la infancia Pero si el padre se siente orgulloso de su hija adolescente y conversa con ella temas filosóficos, estéticos o materiales, compartiendo la sensibilidad y la inteligencia de su juventud, esta etapa puede convertirse en algo maravilloso. Los recuerdos agradables de largas conversaciones y caminatas durante esta época ayudarán a la mujer a disfrutar del afecto y compañía del hombre que ama, y a perdonar sus faltas aceptando que él es un ser humano.

La separación no significa el fin

Al llegar a los veinte años, si ha tenido un desarrollo satisfactorio a través de su niñez y adolescencia, la mujer está lista, física y emocionalmente, para dejar a su familia. Sin embargo, el paso físico de mudarse de casa es más fácil que el psicológico, pues dentro de todo adulto existe un niño temeroso de estar solo. Por lo tanto, la separación siempre crea un estado de ansiedad.

En el proceso de separación, la hija aparta de su padre los sentimientos que hacia él tenía. Al verlo menos a menudo, la fuerza de su apego psicológico a él va disminuyendo. A esto contribuye el hecho de que, en su vida privada y su trabajo, ella comienza a relacionarse con un número mayor de personas. Sin embargo, este proceso no es siempre fácil ni gradual. A veces el padre y la hija pelean en el momento de la separación, y ésta se convierte en una etapa de gran angustia para ambas partes. Cuando el dolor se vuelve intolerable, puede que discutan, se alejen aún más o se acerquen buscando el oasis de la niñez. Pero una vez que pasa la tristeza, la hija puede tomar los sentimientos que tiene puestos en su padre e invertirlos en otras personas, y entonces estará libre para buscar una vida y hombre propios.

Durante la segunda década de su vida la mujer modifica sus necesidades y emociones. Los cambios de humor, tan frecuentes en la adolescencia, se hacen menos intensos; se siente menos afligida por lo que acontece y más deseosa de buscar soluciones. En este proceso aprende a controlar sus sentimientos, y su ira se vuelve más madura. Dejando atrás a la niñita de dos años que no puede soportar las frustraciones, y a la adolescente que batalla fieramente contra el padre que la restringe, se ha convertido en una mujer capaz de sentir el enojo del adulto, controlando su ira para expresarla en el momento apropiado.

La determinación que tiene la mujer en sus veinte años, y el deterioro de la imagen del padre la ayudan a asumir el control de su vida. Al sobrepasar el enojo de la adolescencia y aprender a perdonar y a aceptar a su padre con todos sus defectos, se le hace más fácil dejar atrás su vida hogareña para comenzar una independiente.

El padre y la separación. Una mujer en sus veinte años sabe que sus padres ya no son imprescindibles para su supervivencia y, sin embargo, no siempre se siente segura. Tiene temor de enfrentarse sola a la vida y de separarse del padre que la protege. Su propósito de marcharse puede estar minado de una ansiedad que la paraliza completamente, o puede suceder que ella escoja pelear con su padre y, enojada, partir después.

Una vez que está físicamente lejos de su padre, debe hacer un esfuerzo por separarse emocionalmente también. Si depende demasiado de él y le consulta cada pequeño problema, no podrá romper los lazos de apego, como le hace falta para desarrollar su independencia.

Algunas mujeres van al extremo opuesto y evitan todo contacto con sus padres porque presumen que buscarlo es un acto de rendición, y por ello no le hacen caso a sus deseos de dependencia y así no se ven obligadas a experimentar la tristeza de perder a papá, pero con eso dañan el proceso correcto de separación. Al no poder relacionarse en un plano adulto con sus padres, también quedan incapacitadas para hacerlo con los demás.

La mujer que logra tolerar y aceptar la separación de su padre, se convierte en una verdadera adulta que disfruta de la compañía de éste sin temor a verse atrapada de nuevo en una relación de dependencia total hacia él. Al sentirse independiente y madura puede compartir generosamente su vida con él, una actitud que proporciona gran alegría para ambos.

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(1): El apego es la preferencia que se siente por una persona específica considerada generalmente más fuerte o más madura que uno.

[*Opino}– Hugh Laurie, el Dr. House, nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico

Además de a Hugh Laurie, creo que deberían premiar también a David Shore, quien, entiendo, es el creador y guionista de la serie, pues nunca antes vi en TV un guión tan bueno.

Lo de la alta sintonía en España es para valorar aún más el guión porque allá la serie la presentan doblada al castellano —que no al español— con voces castizas que a quienes como yo estamos acostumbrados a escuchar la voz propia de cada actor, que vale por el 60% de su actuación, nos deja dos opciones: o montar en ira y apagar el televisor, o echarse reír por lo patético que resulta, por ejemplo, escuchar a un negro del Bronx hablar como madrileño. (Lo de la adulteración que del guión hacen a veces aprovechando el doblaje, merece consideración aparte).

Yo escojo siempre la primera opción, pues ni siquiera después de vivir en España casi tres años seguidos logré “tragar” semejante exabrupto.

Carlos M. Padrón

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25/05/2007

Londres. (OTR/PRESS).- El actor Hugh Laurie, que da vida al sarcástico y antipático doctor House, ha sido distinguido caballero de la Orden del Imperio Británico. La Reina Isabel II concedió ayer el honor a Laurie en una audiencia celebrada el palacio de Buckingham.

Aunque la fama mundial le ha llegado ahora, el actor, de 47 años, ha sido una figura constante de la interpretación británica en las dos últimas décadas.

El actor es miembro de la Cambridge Footlighst Comedy Group, a la que también pertenecen otros actores como Emma Tompson y Stephen Fry. De hecho, junto a éste último Laurie protagonizó en 1987 su propio programa de sketches de humor, ‘Un poco de Fry y Laurie’ -A Bit of Fry and Laurie-. También en televisión, protagonizó la serie ‘Jeeves and Wooster’, muy popular en el reino unido, y llegó a hacer un ‘cameo’ en la conocida serie estadounidense ‘Friends’.

En el cine, Laurie ha interpretado papeles en ‘Sentido y sensibilidad’, ‘Peter’s friends’, ‘Stuart Little’ o ‘Mayby Baby’. Pero su papel como protagonista en ‘House’ (Fox) ha sido el que le ha concedido la fama y el reconocimiento internacional, no sólo del público, sino también de la crítica, que le ha concedido por su interpretación de Gregory House dos Globos de Oro.

Cuatro emite la serie en nuestro país con un éxito de audiencia espectacular que siempre sobrepasa el 20% de ‘share’, más del doble de la media de la cadena.

La Orden del Imperio Británico es una orden de caballería británica instituida en 1917. La Reina es la encargada de conceder el honor a los nuevos miembros de la orden, que son elegidos por haber contribuido de forma positiva al Imperio británico. También les ha sido concedido el título, entre otros, al ex-beattle John Lennon, el actor Roger Moore, el líder de U2, Bono, y el cantante Elton John.

PD.

[El Paso}– La ruinosa iglesia de mi pueblo / Antonio Pino Pérez

Además de obra en verso, don Antonio Pino Pérez tiene mucha en prosa. Su hijo, Juan Antonio Pino Capote, amigo mío desde que ambos éramos adolescentes, me ha hecho llegar varios de esos artículos en prosa, y aquí va el primero de ellos, precedido de una pequeña biografía que de su padre hace Juan Antonio.

Carlos M. Padrón

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Mi padre, Antonio Pino Pérez, nació en El Paso el 16 de julio de 1904. Estudió bachillerato en el instituto “De Canarias” (entonces el único del archipiélago, y hoy “Cabrera Pinto”) de La Laguna, Tenerife. Desde joven sintió inclinación a estudiar Letras, pero un mecenas familiar, que era quién le podía costear los estudios, lo hacía condicionándolo a que estudiara Medicina en Madrid, donde se podría relacionar con los líderes liberales, que era la tendencia política de su mecenas, y supeditando así sus estudios a la militancia liberal.

Con el pretexto de que algunas asignaturas del tercer curso de Medicina se le habían atravesado en Madrid, se trasladó a Galicia para terminarlo, y así fue. En cuanto pudo meterse en un barco hacia Cuba se escapó en 1928 de las redes políticas y de la Medicina para irse a ese país con la intención de trabajar y estudiar la carrera de su verdadera elección: Filosofía.

En Cuba fue acogido por paisanos suyos de la Quinta Canaria, donde, ayudado por sus tres años de Medicina, trabajó como enfermero mientras estudiaba Letras, y colaborando además, como redactor, con el cuerpo de redacción de “Tierra Canaria”, que es la revista en la que publicó los artículos que te he mandado.


Cuerpo de redacción de Tierra Canaria, 1930/31, donde aparece mi padre, ampliado en la foto que sigue.


Antonio Pino Pérez en Cuba. Foto de 1930/31.

Por su participación activa en las revueltas estudiantiles de los universitarios, debió huir de La Habana y se fue a Cabaiguán, pero como también allí lo buscaban, sus amigos le aconsejaron que regresara a Canarias, y le ayudaron a hacerlo.

Regresó a La Palma en 1932 y, precisamente trabajando en las ruinas de la Iglesia Nueva —“La ruinosa iglesia de mi pueblo”—, se enamoró de mi madre, que también trabajaba allí.

Pero mi madre era de familia afiliada al Partido Conservador, y, como ya dicho, el mecenas familiar de mi padre era Liberal y, por ello no estuvo conforme con ese noviazgo y no ayudó a mi padre para que se hiciera dentista, que era la carrera que, convalidando sus tres años de Medicina, podía él terminar en menos tiempo.

Sin embargo, de otros familiares consiguió dinero suficiente para hacerse dentista y casarse con la conservadora.

Tras largos años de ejercicio profesional, político y literario (Hijo Predilecto de su pueblo), murió en Santa Cruz de Tenerife el 24/08/1970. Al día siguiente sus restos fueron trasladados a su pueblo natal, El Paso,


El cortejo fúnebre llegando al Ayuntamiento de El Paso.


El cortejo fúnebre frente al edificio del Ayuntamiento de El Paso. Al fondo, paradójicamente, la torre de la que en 1930 era ruinosa iglesia.

que le tributó una calurosa y multitudinaria acogida, y fueron inhumados en el cementerio de su pueblo.

Juan Antonio Pino Capote

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Antonio Pino Pérez

La ruinosa iglesia de mi pueblo
(Artículo publicado en “Tierra Canaria”, La Habana, Cuba, en agosto de 1930)

Hace ya más de 20 años que estas cuatro paredes desnudas y sin amparo esperan ser terminadas debidamente, para ser convertidas en el Templo Parroquial de la ciudad de El Paso.

Desde hace tiempo, crecían, en la libertad de su abandono, las ortigas y los cardos, y a sus alrededores jugaban alborozados los chiquillos, lo pueril de sus travesuras y lo inconsciente de sus ingenuidades, mientras que en su interior, desierto, lloraba en silencio el más desconsolador de sus mutismos. Recuerdo que, en los días de fiesta política, los caciques del pueblo mandaban escupir sobre estas paredes desoladas la salva biliosa de un cañonazo, con el que celebraban sus triunfos fatales. En esta inocencia sentimental de mis pocos años, aquellos cañonazos se me antojaban como una maldición profana a lo que, tal vez, había de ser un día, o como un insulto belicoso a lo que ya in mentis era.

Hoy, como una ironía terrible a estas ruinas sin gloria y sin recuerdos, han rodeado sus paredes de una bella plaza donde en los días festivos lucen sus encantos y su lujo las mocitas casaderas, y los indianos pasean en triunfo sus fanfarronas arrogancias.

Pasan los años, y esta enorme mole de granito, que respira arte por sus pétreas formas y expande grandezas desde sus majestuosas magnitudes, yace abandonada al sol y a las lluvias, y confiada a la obra implacable del tiempo.

Contemplando sus piedras renegridas por la lluvia, y su vejez tan prematura que ni siquiera llegó a tener ni juventud, no he podido menos de compararla a la vida rota de un soñador de imposibles que se empeñó, en la vida de los hombres, en plasmar de realidades el ideal de un sueño superior a sus fuerzas.

La casa que había de albergar los misterios del catolicismo y servir de sedante a los anhelos gigantescos de la fe, postrada en el más doloroso de los olvidos y a medio hacer, como el esqueleto de una religión que languidece o como el fantasma temido de un enigma que no hemos sabido penetrar, perece hablarnos en su desgracia de la indiferencia desalentadora de los creyentes y de lo inconstante y tornadizo de los esfuerzos de los hombres.

Estas ruinas, edificadas expresamente para ruinas, inspiran mayor desaliento que las de Itálica y que las de Pompeya. No tendrán un cantor que las redima, porque no tienen historia, ni vendrá nadie a recordar entre sus escombros. Serán como un orgullo soberbio que se nutrió de sí mismo e, impotente, un día sin haber sido, se sepultó bajo la fantasía de sus grandezas, desdeñosa y despectivamente.

***

NotaCMP.- Las ruinas cobraron forma, y el 27 de julio de 1934 fue inaugurada la que desde entonces se conoce en El Paso como “La iglesia nueva”, cuyo frente luce ahora como se ve en esta foto, tomada por mí en julio de 1974

[Opino}– Mi discrepancia con don Amando de Miguel

Carlos M. Padrón

El día 4 del corriente mes de mayo envié a Amando de Miguel este e-mail:

From: Carlos M. Padrón [mailto:madgri@padronel.net]
Sent: Friday, May 04, 2007 10:12 PM
To: Amando de Miguel
Subject: ¿Tiempo atmosférico en televisión?

En Lengua Viva del 05/05/2007 usted escribió: “Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión”.

¿Cómo es ‘el tiempo atmosférico en televisión’? ¿Tiene la televisión atmósfera propia?

Todo lector que no quiera adivinar tiene derecho a formularse preguntas como éstas, y por eso vuelvo a lo del respeto por el lector, que usted ignoró en mi argumentación en favor del acento en el adverbio ‘sólo’.

Creo que lo que usted quiso decir —y, por tanto, lo que debió escribir— es: “Así lo dice en televisión, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico”, o, mejor aún, “Por ejemplo, así lo dice en televisión un famoso presentador del tiempo atmosférico”.

En marzo de 2005 le pregunté a usted cómo se llamaba este error, y usted me dijo
que hipérbaton. Y dijo también que “El manejo del hipérbaton requiere una sutilísima habilidad poética”. Tal vez en poesía pueda permitirse, como licencia, el hipérbaton, pero en prosa escrita es exponente de falta de lógica.

En su columna Lengua Viva de hoy, 24/05, me ha respondido así:

Carlos M. Padrón apunta esta frase mía: «Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión». Don Carlos me corrige: la frase debe escribirse así: «Por ejemplo, así lo dice en televisión un famoso presentador del tiempo atmosférico». Don Carlos opina que «tal vez en poesía pueda permitirse, como licencia, el hipérbaton, pero en prosa escrita es exponente de falta de lógica».

No estoy de acuerdo con esa última afirmación. El hipérbaton (alteración del orden en el que habitualmente van las palabras) es una figura del lenguaje que puede resultar aceptable. La prueba es que la misma frase de don Carlos contiene ya un hipérbaton: «Tal vez en poesía puede permitirse, como licencia, el hipérbaton…». ¿No sería más correcto y ordenado decir «El hipérbaton quizá pueda permitirse, como licencia, en poesía»? De todas formas, la enmienda que hace don Carlos a mi frase mejora la claridad expositiva. Aun así, insisto en que el hipérbaton puede ser una figura lícita. Recordemos: «Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, campos de soledad…». No es meramente una licencia. En ese caso el hipérbaton resulta bellísimo.

Don Amando no reconoce que mi enmienda corrige un error sino que “mejora la claridad expositiva” de lo que él dijo.

Parodiándolo, digo que no estoy de acuerdo. Cuando en la revisión de la cuenta del restaurante encontramos que 2.000 + 1.500 = 4.000, y llamamos al camarero y le hacemos ver que el total no es 4.000 sino 3.500, ¿le decimos que en la suma hay un error o que queremos mejorar la claridad con que él maneja la aritmética?

En mi e-mail del 04/05 puede constatarse que la mención al hipérbaton no es el meollo del asunto. Lo es que la aseveración que don Amando hizo contiene un error de lógica, llámese hipérbaton o no, porque siembra la duda en el lector —al quien el escritor le debe respeto— y da lugar a que éste interprete algo diferente a lo que don Amando quiso decir.

El hipérbaton, o cualquier otra figura, puede resultar aceptable siempre que no atente contra la claridad, o sea, que no cree duda o confusión; un tipo de confusión que en poesía podría ser admisible, pero creo que en prosa escrita no lo es.

En otra parte del mismo artículo en que don Amando me contesta, leo esto: “Algunas veces hablamos o escribimos para confundir al adversario, para no aclarar demasiado al contrincante, para despistar al opositor, para disimular ante el prójimo. En esos y otros casos parecidos no nos debe preocupar mucho el peligro de confusión”.

En esto sí estamos de acuerdo, pues creo que cuando lo que se persigue es confundir, no aclarar, etc. sí me parece aceptable que se escriba lo de que «Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión», pues con tal maniobra, alguien podría argüir que lo que quiso decir fue,… Y tendrá varias posibles salidas.

Lo que rechazo es la discrepancia entre lo dicho y lo que se quiso decir.

Primer aniversario de PADRONEL

22 de mayo de 2007: Padronel cumple UN AÑO,


Creación y obsequio de mi hija, Alicia Padrón.

y Google Analytics dice que al cierre del domingo 20/05 había recibido 110.018 visitas, que se pasearon por 184.975 páginas,

aunque el contador del blog indique unas 25.000 visitas menos.

Éstos son los 10 países con mayor número de visitas:

GRACIAS A TODOS, Y ESPERO PODER SALUDARLES OTRA VEZ CON MOTIVO DE UN NUEVO ANIVERSARIO.

[*Drog}– La Nueva Psicología del Amor (3/7): Qué NO es amor

El enamoramiento, o drogamor, siempre pasa, es transitorio (ver artículo copiado al final), y lo peor es que a veces deja una secuela de ruina moral, de frustración, y hasta de bancarrota, pues uno cae en cuenta de que no sólo ha perdido tiempo y autoestima sino también hasta dinero.

Si el enamoramiento suministra a los enamorados una capa mágica de omnipotencia que los enceguece a los riesgos que están asumiendo cuando deciden casarse, y es un ardid que nuestros genes usan con nosotros para nublar nuestro espíritu, que de otra manera seria perceptivo, y engatusarnos y hacernos caer en la trampa del matrimonio, ¿no es cierto que se trata de una droga? De ahí el término drogamor.

Esto no obstante, no hay indicios de que a nivel de colectivo social se intente siquiera hacer algo para combatir esa droga, a pesar de que todas las víctima del drogamor saben que se trata de un mito que causa enorme confusión y profundos sufrimientos.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

QUÉ NO ES AMOR

Lo que parece amor no es con frecuencia en modo alguno amor. El amor no es un sentimiento.

Es obvio que la actividad sexual y el amor, si bien pueden darse simultáneamente, con frecuencia están disociados porque son fenómenos fundamentalmente separados. En sí mismo, el acto de hacer el amor no es un acto de amor.

Enamoramiento

De todas las falsas concepciones del amor, la más vigorosa y difundida es la creencia de que «enamorarse» es amar, o, por lo menos, que ésta es una de las manifestaciones del amor.

La falsa concepción de que enamorarse es un tipo de amor está tan difundida precisamente porque contiene algo de verdad, [pues] una de las funciones que cumple el fenómeno instintivo de enamorarse consiste en suministrar a los enamorados una capa mágica de omnipotencia que los enceguece a los riesgos que están asumiendo cuando deciden casarse.

La experiencia del enamoramiento es invariablemente transitoria. Cualquiera sea la persona de la que nos hayamos enamorado, tarde o temprano dejaremos de estar enamorados si la relación continúa por tiempo suficiente.

Esto no quiere decir que invariablemente dejemos de amar a la persona de la que nos hemos enamorado. Quiere decir que la sensación de éxtasis que caracteriza la experiencia de enamorarse siempre pasa. La luna de miel siempre termina. La lozanía del idilio siempre se marchita, [pues] la persona amada tiene y continuará teniendo sus propios deseos, gustos y prejuicios diferentes de los de la otra persona; poco a poco, o súbitamente, los miembros de la pareja dejan de estar enamorados y de nuevo son dos individuos separados.

En este punto comienzan a disolverse los lazos de su relación, o bien se inicia la obra del verdadero amor. [En este mismo punto hay que ser capaz] de aceptar que [uno] ya no está enamorado de su [pareja], y que esto no significa que se haya cometido un horrible error. [De lo contrario podría ocurrir como al] señor y la señora X [que] reconocen que han dejado de estar enamorados [el uno del otro, pero no advierten] que ese reconocimiento mismo podría marcar el comienzo de su matrimonio en lugar de marcar su fin.

Enamorarse no es no acto de voluntad, no es una decisión consciente.

El verdadero amor es una experiencia de permanente extensión de la [propia] personalidad, pero enamorarse tiene poco que ver con la finalidad de promover el desarrollo espiritual. Enamorarse no supone una extensión de las fronteras de uno mismo, sino que, por el contrario, es un derrumbe parcial y transitorio de esas fronteras. Enamorarse no supone ningún esfuerzo.

El enamorarse es un ardid que nuestros genes usan con nosotros para nublar nuestro espíritu, que de otra manera seria perceptivo, y engatusarnos y hacernos caer en la trampa del matrimonio. Si ese ardid, muchos de nosotros que hoy estamos feliz o infelizmente casados, nos habríamos arredrado ante el realismo de los votos matrimoniales.

En resumen, el mito del amor romántico es una tremenda mentira. Quizá sea una mentira necesaria por cuanto asegura la supervivencia de la especie al alentar y aparentemente validar la experiencia de enamorados que [nos lleva] al matrimonio. Pero como psiquiatra debo lamentar en lo profundo de mi corazón, y casi todos los días, la enorme confusión y los profundos sufrimientos que engendra este mito. Millones de personas malgastan grandes cantidades de energía en un intento fútil y desesperado de hacer que la realidad de sus vidas se ajuste a la realidad del mito.

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26.04.07

Si la pasión amorosa sólo dura dos años, las hormonas tienen la culpa, según un estudio publicado en el último número de la revista «Chemistry World», de la Real Sociedad de Química del Reino Unido.

Un equipo de científicos de la universidad de Pisa (Italia) ha estudiado el comportamiento de las hormonas en una relación amorosa y ha comprobado que el deseo desaparece a los dos años por los cambios biológicos experimentados en el cuerpo de los amantes.

Para el bioquímico Michael Gross, «mientras los amantes se prometen amor verdadero, las hormonas dan a entender otra cosa».

«Esta investigación demuestra la presencia en la sangre de ciertas hormonas al principio de la relación, pero no hay pruebas de que prevalezcan en los individuos que tienen una relación desde hace años», señaló el bioquímico.

Según el estudio, mientras que en los primeros momentos del enamoramiento abunda un elemento químico llamado neurotrofina, que provoca el deseo, con el paso del tiempo esa sustancia se desvanece y deja lugar a una hormona denominada oxitocina.

«La neurotrofina es el equivalente científico en el mundo real de lo que serían las flechas de Cupido», apuntó Gross.

Con la oxitocina se consolidan sentimientos más duraderos de amor y de compromiso, según informa DERF.

NotaCMP.- La pregunta es si necesariamente la neurotrofina da paso a la oxitocina, y la respuesta es NO.

P.Digital

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02.05.07

La vida del hombre está siempre llena de dudas. Sobre todo en esos momentos en que debe decidir algo que la sociedad determina que tiene que ser supuestamente «para toda la vida».

Por eso, y para ayudar a tomar decisiones, Infobae.com ha hecho un pequeño resumen de ítems destinados a facilitar y ahorrar energías a la hora de buscar excusas para no casarse.

Llegado determinado momento del noviazgo, las mujeres insisten con su teoría de casarse “para vivir felices para toda la vida”. Y los hombres, que a veces no saben decir que no, se ven encerrados por la cantidad de argumentos favorables que sus chicas les dictan en forma de catarata dialéctica, según recoge DERF.

Aunque algunas son más crueles y extremistas que otras, servirán para el propio balance. Si las palabras le parecen inapropiadas, busque las que mejor puedan llegar a caerle a su pareja.

1 – Separarse es más complicado. Aunque al principio todo es color de rosa, la realidad indica que un alto porcentaje de parejas se divorcian. En su gran mayoría, las separaciones suelen ser más conflictivas y complicadas que iniciar una convivencia firmada.

2 – Es difícil mantener la monogamia. Aunque es un argumento algo extremo, puede servir mostrado desde ambas partes. Después de un tiempo de convivencia, uno puede llegar a verse tentado en buscar a otra persona que nutra de aventura la relación.

3 – La familia de mi novia. Si bien uno contrae matrimonio con una sola persona, la realidad indica que el círculo más cercano de ella también formará parte de nuestro entorno íntimo. El tema es que uno sí elige a su pareja, pero no a sus hermanos, su madre, su padre, sus tías…

4 – Los gastos de la fiesta. Emprender los preparativos para celebrar el enlace es uno de los puntos más conflictivos y críticos a la hora de poner a prueba una relación. Pero los costos son tales que después la economía de la pareja podría comenzar con un duro traspiés.

5 – La maldita rutina. Hay días que hasta uno mismo no se soporta con la vida que lleva. ¿Por qué debería hacerlo multiplicado por dos? Verle la cara los 365 días del año a una misma persona es sumamente desgastador para cualquier pareja, por más amor que ésta se tenga.

6 – Pérdida de la libertad. Menos espacio, más compromisos asumidos. En definitiva, la convivencia no haría más que acortarnos la posibilidad de hacer lo que se le antoje a cada uno. Se vivió la infancia y la adolescencia dando cuentas a los padres por las acciones. ¿Ahora también?

7 – El amor no es eterno. Lo que nace como una pasión irrefrenable, se convierte en una insulsa rutina. Y eso es lo que va sembrando dudas en la cabeza de cada integrante de la pareja, para trasladarla irremediablemente al corazón. Lo que nació como un «amor eterno» se convertirá en una «excelente amistad».

8 – Soportar sus hábitos, resignar los míos. Ver sus pantaletas (bragas, bombachas) colgando de la canilla del baño puede convertirse en una de las imágenes más apocalípticas para un hombre, por la que inevitablemente pasará si se decide a casarse. Lamentablemente, es sólo un detalle de entre los muchos que podría encontrarse en su convivencia.

9 – Puede frenar el avance profesional. La falta de libertad de movimientos y de tiempos, las mayores responsabilidades, el estar pensando en mantener una familia, a veces atenta contra los propios planes del hombre para desarrollarse como quisiera en su profesión.

10 – Es la propia experiencia. Cada pareja conoce bien sus propias realidades. El último argumento queda a criterio de cada «damnificado», quien sabrá cómo salir del paso ante la pregunta del millón: «¿Te casarías conmigo?».

P.Digital