[*ElPaso}– Cantos populares canarios / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez

Cantos populares canarios
(Arroyo y Apolo, febrero de 1931)

Los que aprendieron graves enseñanzas, observando las vidas sencillas y espontáneas de las gentes del pueblo, no pueden prescindir en ningún instante de buscar en las fuentes sagradas de los mismos los motivos de arte más originales y los secretos humanos —y por humanos, más impenetrables— que rigen las leyes sociológicas y naturales.

El pueblo ha creado las sentencias breves de los refranes, amamantó a las ciencias cuando éstas eran ignorantes, enriquece constantemente la Poesía, y es el Músico por excelencia. En el pueblo se bosquejan, con trazos vigorosos, todas las novedades del Progreso y todas las innovaciones de la Civilización. Mas, ni la Civilización, ni el Progreso, conservan en el devenir de sus adquisiciones ni la inspiración que les impele ardorosa hacia delante, ni el alma conmovida que les anima… El pueblo representa y comprende en sus creaciones, la dignidad humana por excelencia. La gloria más alta que puede apetecer un verdadero artista es que su obra sea la obra del pueblo, que se despersonalice, o desegolatrice, que se haga hechura y sentimiento de una multitud más o menos grande, pero que tenga una individualidad psicológica en el concierto de las naciones, o, mejor dicho, de las provincias o de los pueblos. Cuando oímos cantar en Canarias una folía…

Si quieres cantar canario
El himno a tu Patria un día,
acuérdate de tu madre
y surgirán las folías

Nadie sabrá decirnos quién es el autor de la música, ni quién es el de la letra. En esto consiste precisamente la suprema consagración de quienes la escribieron. Su autor ya, su único autor, es el pueblo. Cada ciudadano canario la canta como suya y nadie puede derrocarle sus derechos, porque la copla, al vibrar estremecida en sus labios, es vivida intensamente por él. La copla ya es de todos y, al mismo tiempo y por eso, no es de un autor determinado.

Otra de las grandezas de los cantos populares es que casi nunca se hacen universales. Son la personalidad bien deslindada de cierto pueblo, y, aunque tengan significación universal casi siempre, sólo llegan a ser populares en una localidad más o menos limitada. El mar o los montes le sirven de barreras la inmensa mayoría de las veces. Resumen y pregonan el perfume espiritual de un grupo de hombres que viven bajo el mismo cielo contemplando idénticos paisajes, y expresan con sus palpitaciones vibrantes, al ser libertados como suspiros en las resonancias abiertas del ambiente, las características psicológicas que dicen y definen una gran familia, o las inquietudes y tormentos incomprensibles de una raza que se aisló en aras de una creencia o por culto a sus tradiciones y necesidades morales. Todos los canarios podemos cantar como nuestra la siguiente copla:

Mi corazón es un niño
que siempre llorando está.
Si alguien le muestra cariño
más sentimiento le da.

Y nadie más que nosotros, porque la copla con su música, doliente y viril al mismo tiempo, es nuestra. Y es que esta copla, como todas las coplas populares, revela lo más íntimo de nuestros sentimientos, el pudor de ciertas ternezas que por vergüenza varonil ahogamos, y un dejo de melancolía infantil y buena que a veces se asoma a nuestros rostros. Ni las folías ni la isa son conocidas fuera de Canarias. Mejor. Eso revela que son plenamente nuestras, exclusiva y únicamente nuestras. Que sólo nosotros podemos crearlas todos los días, abrillantarlas y sentirlas, quererlas y perpetuarlas; y, lo que es más todavía, abrigarlas y protegerlas en el santuario impenetrable de nuestras almas.

Las canciones populares de Canarias, como todas las canciones genuinas del pueblo, son hondamente tristes, pero su tristeza desgarrada no es una súplica llena de pesadumbres y congojas, es tan sólo un lamento que se nos escapa…

Yo estoy solito en el mundo,
a mí no me quiere nadie.
Las madres son las que quieren,
¡y se me murió mi madre!

La música de las canciones populares tiene un marcado sello de tristeza, una modalidad de tristeza que las identifica y las perpetúa a través de las edades. Por eso hemos citado tan sólo letras que se ajusten por su significado a la expresión musical con que se cantan. Las canciones alegres, vanas, eróticas o picarescas se hacen más universales, pero con harta frecuencia se olvidan o mueren por carecer de valoración moral; o por ficticias y convencionales para deleitar o entretener, pasan fugaces por nuestras vidas sin decirnos nada duradero.

Cuando en la paz sacrosanta de la noche canaria hemos oído triunfar del aire estremecido las notas pletóricas y rotundas de las folías, se nos ensanchó el alma rebosante de felicidad, de una felicidad alegre que es al mismo tiempo triste, y que no se puede definir con palabras, pero que nos dejó la ilusión florecida dentro del alma, o nos despertó una enseñanza agridulce con que alumbrar nuestra experiencia.

Cementerio de Tegueste,
cuatro muros y un ciprés;
tan pequeño y, sin embargo,
¡cuánta gente duerme en él!

Esta copla es, sin duda, la mejor de cuantas ha producido la masa popular de Canarias. En ella se expresa, con dulzura incalculable, nuestro sentido de la muerte.

Teobaldo Power, en sus ”Cantos Canarios” que le dieron gloria imperecedera, compendió todos los ritmos populares de Canarias: Folías, Isa, Jota, Malagueña, Tajaraste, Divinos, y el inmortal “Arrorró”, inmortal porque nuestras madrea, al conjuro de sus besos, lo grabaron con amor en la naciente formación de nuestras almas, mientras mecieron con mimo nuestras cunas protegidas por sus desvelos…

Arrorró niño chiquito,
arrorró que viene el coco,
que dicen que anda buscando
los niños que duermen poco…
Cha-barra-barrás cha María
Cha-barra-barrás cho José

Cuando volvemos al pasado, prisioneros de añoranzas y heridos en lo más hondo por las incontables amarguras de la vida, nos encontramos con el sueño infantil de nuestra infancia desvanecido en el desconcierto del Tiempo, y escuchamos la voz paternal y cascada del abuelo que canta un romance antiguo, mientras nuestras madres siguen fieles, al pie de nuestras cunas, musitando desconsoladas la tonadilla eterna con que cerraban los ojos a sus pequeños…

Duerme, niño mío, duerme,
Duérmete que viene el coco…

Y quién sabe, madres canarias, si no es el “coco” quien os aparta de vuestros hijos… Aunque gozosos ellos se rieron un día de vuestras ingenuidades compasivas y de las mentiras piadosas con que engañasteis su inocencia, inquietas…

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Otra vez los almendros florecen

NotaCMP.- Un canto al precioso espectáculo de los almendros en flor, cuando en El Paso había muchos, como éstos de la foto:

OTRA VEZ LOS ALMENDROS FLORECEN

Primavera en invierno, amanecen
bajo el viento, la lluvia y el frío…
¡Otra vez los almendros florecen!
¡Luminaria del cielo, Dios mío!

Un mensaje celeste cuajaron
sus abiertas corolas de espuma,
y al crecer, por creyentes llamaron
con su fresca sonrisa de bruma.

En el blanco de un sueño encantado
—luz astral de un matiz increíble—
han abierto el milagro esperado
que florece en pureza indecible.

O en un rosa discreto de amores
con la sangre en la tierra vertida,
resucitan la muerte sus flores
derrochando fulgores de vida.

Su belleza esplendente atesora
el secreto del fuego escondido,
y el amor silencioso que aflora
en su beso de paz encendido

Nos devuelve otra vez la ventura
con su dulce y profunda fragancia,
despertando sutil la ternura
que embriagó nuestros sueños de infancia.

Y en perenne incentivo de alertas
con sus risas fugaces nos llaman,
y al lucir y al brillar tan abiertas,
sin decirlo lo dicen: nos aman.

Porque alumbran la noche, y al día
nuevas luces le dan sus colores,
Dios bendiga la casta alegría
con que al mundo esclarecen sus flores.

¡Otra vez los almendros florecen
bajo el viento, la lluvia y el frío,
y nevados de paz amanecen
en las noches del alma, Dios mío!

[*Opino}– Faceta artística del ‘Corpus 2007’ de Mazo (La Palma, Canarias)

En la Villa de Mazo, en el sureste de la isla de La Palma (Canarias), desde hace años y para la celebración del día de Corpus Christi (primer jueves de junio), se acostumbra engalanar el perímetro central urbano con motivos artísticos, elaborados a mano y con productos naturales, que son verdaderas filigranas exponentes de buen gusto y mejor habilidad.

Por la reputación que han ganado entre propios y extraños, se decidió que estos motivos artísticos, conectados por una estrecha alfombra que cubre el centro del empedrado camino entre ellos, se conserven hasta el domingo siguiente, o sea, hasta el primer domingo de junio, lo cual me dio la oportunidad de ver los de este año y tomarles algunas fotos que adjunto, como adjunto también, para cada motivo, el nombre de su autor, dimensiones del motivo y materiales con que fue confeccionado, todo lo cual hace innecesarias más explicaciones de mi parte.

Me atrevo a suponer, sin mucho riesgo de equivocarme, que los artífices de estas obras de arte —al igual que quienes hacen las de la fiesta del Sagrado Corazón, en El Paso (ya colgaré en el blog las fotos de lo hecho para la de este año)— no pasaron por una escuela de arte. Son autodidactas que con gran dedicación explotan una vena artística que les innata.

Aquí van las fotos del “Corpus” de Mazo de este año 2007, tomadas en un día nada típico de verano, pues estaba nublado y con algo de lluvia. A propósito las puse grandes para que los detalles puedan apreciarse mejor.

Juzgue usted por si mismo viendo en detalle la creación y leyendo luego de qué está hecha.

Vista general.

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Explicación

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Toma completa.

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Explicación de los dos anteriores.

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Tapiz. La obra principal, situada en lugar destacado.

Explicación.

[*Drog}– Cinco claves básicas para entender a las mujeres

04.07.07

NotaCMP.- Lo que hay bajo cada punto y en negrilla es mío.

Existen cosas que los hombres ignoran o que intentan evitar. Ya es hora de que conozcan los deseos de sus parejas y que actúen en consecuencia.

Las mujeres saben lo que quieren, pero sus parejas no siempre lo comprenden. Para colaborar con el diálogo y revelar las verdades fundamentales para el trato de ellas, el portal Terra ha confeccionado una lista con las cuestiones más delicadas.

1).- No intentes entenderla, sólo amarla. Es bien sabido que las mujeres son inestables e incoherentes. Una semana al mes se vuelven indescifrables e inquietas. Hay que aceptar esta premisa y seguir adelante. El amor debe ir más allá que el entendimiento.
Con razón pintan ciego a cupido. Lo quieren decir es que el drogamor —no así el amor— es ciego.

2).- Verse bien es una obligación. No la apures ni le pidas puntualidad. Si los hombres adoran tener a una belleza en sus brazos, deben aprender a esperar que esa imagen se construya frente al espejo, con cremas y maquillaje.
O sea, hay que aceptar como si fueran naturalmente bellas a las mujeres RPM.

3).- Hay que vencer la tentación. Basta de justificar las infidelidades con la excusa de los “instintos masculinos». Ellas también tienen momentos de debilidad, pero luchan contra ellos.
… y también comenten infidelidades.

4).- No hay labores femeninas. La cocina no es territorio exclusivo de las mujeres. Ellas también trabajan y estudian, por lo que se merecen ayuda en las cuestiones hogareñas.
De acuerdo, sólo si realmente estudian y/o trabajan.

5).- Nada de nenes de mamá. No es justo que las madres siempre tengan la razón o cocinen mejor. Hay que aprender a escuchar a la pareja y probar sus platos originales. ¡Basta de comparaciones!
Éste sí lo compro.

PD.

[*ElPaso}– Puertos Canarios / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
(Artículo publicado en “Tierra canaria”, La Habana, Cuba, el 8 de abril de 1930)

Puertos Canarios

Antes del advenimiento de la gran conflagración que convulsionó la mayor parte de Europa, los puertos de más auge y preponderancia marítima eran los puertos canarios de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. Después de la Gran Guerra que desbastó con sus furias el Viejo Continente, disminuyó grandemente el tráfico en nuestros puertos, sin que hayan podido volver a ocupar de nuevo el puesto de honor que les correspondía en el concierto de las rutas trasatlánticas. Se han quedado a la zaga de otros, mucho menos importantes, peor situados y escasamente conocidos hasta hace poco.

Las causas que motivaron esta decadencia en los privilegiados puertos de Canarias las encontramos en los funestos gobernantes españoles de estos últimos tiempos, que no supieron dotarlos de todos aquellos adelantos y adquisiciones innovadoras del progreso, con las que incorporarlos debidamente al nivel de otros puertos competidores.

Ojeando los presupuestos gubernamentales para atender las obras de los diferentes puertos españoles, observamos que el puerto más favorecido fue siempre el de Sevilla, quizás porque se asienta en las márgenes del glorioso Betis, y tal vez porque se baña en agua dulce. Ese puerto, escondido en el corazón de Andalucía, es inútil refugio para los enormes monstruos transmarinos, y últimamente, con motivo de la famosa Exposición Ibero Americana, hasta lo dotaron de un maravilloso puente levadizo.

No sólo los puertos canarios merecen que los gobernantes españoles los atiendan mejor que al de Sevilla, sino también el de Vigo —en cuya Ría, decían los ingleses, que de ser de ellos “harían muelles de plata”— y el de Barcelona, que es el de mayor importancia comercial de España. Todos éstos debían catalogarse antes que el puerto de la tierra de María Santísima.

Pero los gobernantes españoles se han caracterizado, en este sentido, por su protección desmedida a la bella capital andaluza y por su olvido injusto del Archipiélago canario. Este olvido queda bien patentizado con la siguiente anécdota, que citaré de paso, de la que fueron protagonistas, por una parte, mi ilustre amigo y compatriota Pérez Díaz —desaparecido, y para dolor de Canarias— y, por otra, cierto Ministro que no quiero nombrar porque no quiero.

Pérez Díaz, que abogaba en aquella época por la separación de Tazacorte, le dijo bromeando al ministro en cuestión que por qué no le daba el título de ciudad a Tazacorte —que entonces era un barrio de Los Llanos—, diciéndole que era uno de los pueblos más importantes de la Palma. El Ministro, deseando complacerle, dio acto seguido las órdenes oportunas, y el pueblo de Tazacorte recibió la sorprendente noticia de sentirse ciudad de la noche a la mañana, sin ser antes pueblo, que es lo que perseguía Pérez Díaz. Cuando el ministro se dio cuenta perfecta de su ignorancia político-geográfica, rectificó habilidosamente, diciendo que había confundido a Tazacorte con Tacoronte, el nombre más parecido que halló ojeando por primera vez el mapa de Canarias. Pero los que sabían los antecedentes se rieron de lo lindo al conocer el pomposo título que por carambola le cupo en suerte a Tacoronte.

Mientras los canarios vemos con dolor la impotencia de nuestros puertos para competir con el vecino de Dakar y otros, los gobernantes españoles siguen olvidándonos. Sírvales de ejemplo y estímulo la poderosa República Francesa, que no ya en una de sus provincias, sino en una de sus posesiones, ha hecho de Dakar un puerto de tal importancia que gracias a él nos ha venido restando gran parte del tráfico marítimo que nos corresponde debido a nuestra posición afortunada —¡en esto si que somos afortunados los canarios!— en el punto ideal de las más importantes travesías intercontinentales. Dakar, con sus muelles gigantescos, sus diques, sus arsenales, sus carboneras, y disponiendo del material preciso para reparar con prontitud averías a las más disímiles embarcaciones, ha venido ofreciendo hasta ayer mayores comodidades, rapidez en los servicios y seguridades, que nuestros puertos canarios, incapacitados por el abandono que sufrieron por parte de nuestros gobernantes. Y gracias que tuvimos un León y Castillo que nos consiguió el gran puerto de refugio.

Cuando pensamos que el anhelo más justificado y posible de nuestro pueblo ha sido luchar incesantemente por el logro de que sean nuestros puertos los más importantes del mundo —a lo que tienen derecho porque para ello les sobran posibilidades—, sentimos una tristeza infinita al recordar las amargas realidades que nos han vedado la consecución de nuestros fines.

Los canarios tenemos derecho a que se construyan en Canarias los mejores puertos españoles, por el hecho irrefutable de que serían los que más beneficios reportarían al Estado. Recordaré que, hace años, una compañía inglesa pidió permiso —que le fue negado— al Gobierno español para construir el puerto de Tazacorte, extrañándonos sobremanera a todos los canarios esta petición, pues para realizarse dicha obra sería antes necesario canalizar un caudaloso barranco que desemboca en él, lo que haría aumentar grandemente su costo, y sabíamos que los ingleses, dado su carácter, avizoraban una preciosa utilidad.

Un español acérrimo podrá decir que España no ha comerciado nunca con Canarias, y un espectador desapasionado exclamaría que los gobernantes españoles han dejado de la mano de Dios a los canarios en sus islas viviendo a su libre arbitrio y cumpliendo los sabios designios de aquella frase bíblica “creced y multiplicaos”.

Nosotros agradeceríamos que España se fijase más en nuestros problemas de solución urgente, aunque fuese para comerciar, pues así podríamos serle más beneficiosos, siendo nosotros los primeros en beneficiarnos.

La vida de Canarias sufre las altas y las bajas que padece el flujo y reflujo de sus puertos. No olvidemos esto, canarios.

[*ElPaso}– La ‘perdida’ (que no ‘pérdida’) de Lucio Montes

01-07-2007

Carlos M. Padrón

Aquella noche del 1 de diciembre de 1960, más que decembrina parecía una primaveral: clara y apenas un tanto fresca, pero, eso sí, oscura por la Luna nueva y con un cielo despejado y tachonado de estrellas.

Pasada la 1 de la madrugada ya los vecinos habían dejado atrás su primer sueño, cuando el silencio de la noche fue roto por unos gritos de mujer que clamaba “¡Mi hijo! ¿¡Dónde está mi hijo!?”. Y eso, a esa hora y en un pueblo como era entonces El Paso, ponía carne de gallina al más pintado.

Mi madre (q.e.p.d.), siempre de vena melodramática, de inmediato entró en histeria, y mi padre, mucho más pragmático y ecuánime que ella, sabiendo que no debía dejarla sola pero queriendo ayudar, si ése era el caso, me pidió que me vistiera y que, guiándome por los gritos, fuera hasta la casa de donde provenían éstos y averiguara qué diablos pasaba.

Así lo hice, y a poco di con la casa en cuestión. Entré a su patio y allí encontré, ya reunidos, a varios vecinos, todos hombres mayores, que no habiendo podido calmar a doña Lucía Montes —que así se llamaba la dueña de la casa y emisora de los gritos—, pasaron a preguntarse el por qué de su actitud, pues el hijo por el que ella clamaba tenía ya más de 30 años y, por tanto, estaba en edad de llegar tarde a la casa, si quería hacerlo, o de no llegar durante toda la noche, si le venía en gana.

Yo, el único muchacho en el grupo, guardaba prudente distancia y discreto silencio.

De pronto, y como venido de la nada, apareció en el patio Lucio Montes, el hijo “perdido”, y con su característico andar lento y calmado, pasó, sin decir palabra, frente a todos los allí reunidos, y también frente a su madre, se metió en su casa, y fue tal la prisa por darnos con la puerta en las narices que a punto estuvo de dejar fuera a su ya repentinamente calmada progenitora.

Todos nos quedamos perplejos y boquiabiertos, y con la sensación de haber hecho el papel de idiotas. Y todos nos retiramos, yo al final del grupo y escuchando las maldiciones e improperios de los mayores y las conjeturas que hacían acerca de lo ocurrido.

Al día siguiente, los detalles del suceso eran la comidilla de todo el pueblo, y, para variar, las C3 analizaron el caso y tomaron buena nota de la fecha y hora en que ocurrió.

Unos tres meses después, Lucio Montes contrajo matrimonio, y, pasados seis meses de la boda, su esposa dio a luz un saludable bebé. Los registros “acásicos” de las C3 fueron activados e, inclementes, pusieron en evidencia que el bebé había nacido exactamente nueve después de la noche de la “perdida” de Lucio Montes. “Aclarado el misterio”, dijeron todos.

A sólo días de diferencia nació también en el vecindario el nieto de Florentino, cuyo hijo se había casado cuando su novia mostraba ya evidentes indicaciones físicas de embarazo –que nadie trató de ocultar—, y dio a luz cinco meses después de la boda.

Cuando los dos natalicios eran el tema del día en el pueblo, en una de las ventas que ya he mencionado antes coincidieron, con muchos otros parroquianos, don Florentino y doña Lucía, y ésta, tal vez porque sabía de los comentarios que a sus espaldas se hacían, dijo, sin ton ni son, que ella creía que a su nieto tendrían que ponerlo en incubadora porque era lo que ameritaba una criatura que había nacido a sólo seis meses de su gestación, a lo cual, con evidente sarcasmo y para regocijo de todos en la venta, respondió don Florentino:

—¡Qué va, doña Lucía; nada de eso! Los muchachos de hoy ya no son así. Fíjese usted que el de casa nació con sólo cinco meses, ¡¡y está que da gusto verlo!!

Todo el incidente no fue óbice para que la “seismesina” criatura Montes creciera saludable y sin problemas, pero sí lo fue para que los tuvieran, y por mucho tiempo, unos vecinos de los Montes, pues religiosos como eran acostumbraban a rezar el Rosario cada noche antes de irse a la cama, y cada vez que les tocaba mencionar el Misterio de “El Niño perdido y hallado en el templo” no podían evitar soltar la carcajada, que se contagiaba a todos en el grupo, y ahí terminaba el sagrado rezo de esa noche.

[*ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: A la Madre del Pino

Poema dedicado a la Virgen del Pino, cuya ermita fue construida en las estribaciones del lado Este de El Paso junto a un pino milenario en cuyo tronco apareció hace siglos una pequeña imagen de esta virgen, imagen que aún se conserva en esa ermita.

Una réplica en grande de la pequeña imagen es el motivo central de una fiesta anual, que se hace mayor y más extensa cada tres años, cuando esa imagen grande es bajada en romería desde su ermita a la iglesia del pueblo.

Esta foto de la imagen grande de la Virgen del Pino fue tomada por mí durante las fiestas del año 2006, cuando en romería bajaba hacia la iglesia del pueblo.

Carlos M. Padrón

***

A LA MADRE DE EL PINO

Providencial Señora Providente,
en la entraña del pino aparecida
para guía y amparo del creyente
desde los altos cielos descendida.

Por donde alumbra al Valle el sol naciente
lo alumbras tú también, sol de la vida,
pero tu luz alumbra eternamente
en lámparas celestes encendida.

Tú vives y tú estás en las alturas
entre los pinos que te dan altares,
bendiciendo este valle de amarguras.

Tu casa es templo forestal de El Pino,
del pino que compendia los pinares,
¡centinela de Dios en el camino!

[*ElPaso}– Nuestro deporte, agilidad y destreza / Antonio Pino Pérez

Antonio Pino Pérez
Cabaiguán, (Cuba), 13 de julio de 1930

Nuestro deporte, agilidad y destreza

Se ha escrito tan poco sobre el más típico y característico de nuestros deportes que podríamos decir, sin temor a equivocarnos mucho, que ha sido víctima de un olvido injusto o desdeñado inmerecidamente. La prensa canaria nos habla ahora, con relativa frecuencia, del resurgir de nuestro deporte: se lucha en todas las islas con gran asistencia de público, aparece un campeón, se preparan los jóvenes. ¡Al fin! La lucha canaria, apenas conocida fuera del Archipiélago, ha perdurado a través de los tiempos en el solar fraccionado de la Patria Chica como herencia preciosa de nuestros antepasados los guanches.

Parece que a medida que nos vamos acercando más a ellos, por el contacto con la misma Naturaleza y bajo el mismo cielo y disfrutando de las delicias del mismo clima, ha brotado en nosotros espontáneamente, como consecuencia de una identidad psicológica bien acusada, hasta la característica secundaria del mismo deporte.

Podemos afirmar que los guanches, los salvajes más civilizados que han poblado una porción de tierra, practicaron ya este deporte, único en su clase, desde sus más remotos orígenes.

Los canarios posteriores a la conquista de las islas por Fernández de Lugo, seguimos practicando dicho deporte hasta hoy, como un juego más o menos divertido, o como entrenamiento más o menos bello. El elogio más relevante que podemos hacer de nuestra lucha es el hecho elocuente de que haya subsistido a través de los tiempos, sin haber servido de lucro a ninguna empresa, ni haber contado con profesionales en ningún momento. La lucha canaria ha perdurado y perdurará por siempre, porque nuestra lucha —más nuestra porque sólo nosotros la practicamos— es pura y simplemente artística.

Podríamos hacer la comparación de la lucha canaria con otros deportes que se practican en lugares públicos y por profesionales, pero sólo pretendemos describir, a la ligera, las bellezas de nuestra lucha, y dejar a juicio del lector los comentarios comparativos.

Se me podrá objetar, y con razón aparente. Si la lucha canaria es uno de los deportes más bellos y el menos brutal de todos, ¿por qué no se ha popularizado más? La lucha canaria no despierta pasiones brutales en las multitudes, ni satisface su contemplación a la fiera encadenada en el fondo de nuestras naturalezas. Además, y esto es importante, la lucha canaria no ha sido comprendida en toda su grandeza por la inmensa mayoría de los canarios. Le ha sucedido igual a nuestra lucha que a la música clásica, que por incomprensión, es menos popular que los copules; igual ha sucedido con los grandes poetas en comparación con los rimadores vulgares, y lo mismo ha sucedido con los retratos formidables realizados por los grandes pintores y las fotografías ordinarias.

Nuestra lucha, que corrientemente se practica al aire libre, en un campo improvisado que se llama “terrero”, es de los pocos deportes que llena la finalidad natural y lógica de los mismos: ejercitar los músculos, satisfaciendo así una necesidad corporal, y deleitar y hacer sentir una emoción artística.

Describiremos a continuación una de las grandes luchadas que presenciamos, para poner de relieve algunas bellezas de nuestra lucha y hacer resaltar sus virtudes.

“Hoy es día de fiesta en el pueblecito. Se ha improvisado un terrero en las afueras, trayendo arena de una playa vecina. Se le ha rodeado de algunos bancos, pero la mayor parte de los espectadores permanecerán de pie. Luce esplendoroso nuestro sol, ¡tan africano!, anegando de luz el “terreno”. De un momento a otro va a empezar la gran luchada. En este pueblecito, los aficionados a la lucha han desafiado a los luchadores de un pueblecito cercano. Los unos y los otros —con las extremidades desnudas, luciendo la belleza viril de sus músculos y medio vestidos con un fuerte calzón de lino, producto regional— se pasean, haciendo comentarios, por el terreno. Al fin un mozo garrido haciendo alarde de la elasticidad de sus músculos salta hasta la mitad del campo. El contrario no se hace esperar: un hombre de edad madura, de estatura pequeña, y de poco desarrollo muscular, es su contrario. Se saludan con una sonrisa y se agarran, se inclina el uno hacia el otro hasta tocarse con sus hombros, se curvan más y más…

El pequeño lleva la de perder, dice a mi lado un profano. “A la una”, dice el árbitro de la contienda. El silencio se hace. “A las dos”, los luchadores abren sus piernas, contraen sus músculos, y se agarran más y mejor. “A las tres”…¡ha empezado la lucha!.

El joven hace esfuerzos inauditos, cambia de posición sus manos, se endereza, se inclina, pero todo en vano, su adversario no cae. Su contrario es ágil y es diestro, se estira y se encoge como si fuera de goma esquivando con habilidad increíble los esfuerzos terribles de su enemigo momentáneo. Todo dura un instante. El más pequeño, aprovechando un momento en que su contrario se emplea más a fondo, se agacha veloz como un rayo, mientras la fortaleza del más fuerte, perdiendo el apoyo que su cuerpo le prestaba, cae más allá, a sus espaldas. Se le ovaciona.

Lo tumbó por la “agachadilla”, dijo alguien. El vencido se levanta y le da la mano al vencedor.

A esta lucha, sucede otra y otra, quedando siempre en el terrero el vencedor hasta ser vencido. Se han tumbado ya más de cuarenta hombres de ambas partes y ninguno ha sido ni ligeramente lesionado.

Al fin, sale “El zurdo”, que podríamos también llamar “El temido” (por los luchadores) y “El esperado” (por el público).

“El Zurdo” empieza a tumbar hombres y acaba por quedarse dueño del terrero, por lo que fue proclamado campeón. Ganó seis luchas por “desvíao”, cinco por “levantada”, cuatro por “garabato”, tres por “palmada” y cuatro por “agachadilla”.

—¡Que tío!—, decían unos chiquillos como comentario.

Y todos los asistentes a la gran luchada decían a coro.

—Con “El Zurdo” no hay quien pueda. Es bobería…

“El Zurdo” es un hombre de regular estatura, de mediana constitución física, pero ágil como el que más, y hábil como pocos. Aquella tarde afortunada, y gracias a sus habilidades, derribó a varios hombres superiores a él en fuerza y en estatura. Veintidós hombres no se tumban como los tumba el “zurdo” que es un formidable luchador, lo que equivale a decir que es un gran artista.

La lucha canaria —poco defendida por los canarios, cuando no ha sido injustamente criticada por los mismos— es uno de los deportes más nobles y artísticos que hemos contemplado. Agilidad y destreza son sus características esenciales. El ingenio puede conducir al triunfo a un luchador determinado. Nuestros luchadores no tienen, además, necesidad de hipertrofiar sus músculos, hasta los dominios de la patología, para aspirar a campeones. La fuerza, lo brutal, es secundario. Lo importante es el ingenio, rapidez, oportunidad, y saber del contrario. El pueblo es el público de juez para anular con posiciones adecuadas los esfuerzos tras luchadas, y los luchadores se improvisan de este público heterogéneo.