[*Opino}– Al menos en algo acerté con Steve Jobs

18-12-11

En Steve Jobs: Murió el hombre,… y nació el mito ya dije que para este hombre, como para casi todos los de su clase, no encontraba yo un lugar en la lista de los que de verdad me merecen admiración.

El saber ahora, por el artículo que copio más abajo, lo que le hizo a su socio, excede con creces mis motivos para no sólo no ponerlo en esa lista si ponerlo en la de los que se mueven por dinero.

Pero ya sé que lo que le hizo a Steve Wozniak no evitará que bajen a Jobs ni siquiera un escalón del pedestal en que lo han puesto, y sigan llenándolo de loas.

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15/12/2011

Wozniak lloró cuando se enteró de que Jobs le timó con la versión de Pong

Más de dos meses han pasado desde que el cofundador de Apple, Steve Jobs, falleciera tras luchar contra un cáncer que finalmente acabó con su vida a los 56 años.

La biografía oficial que se publicó posteriormente sacó a la luz algunos datos curiosos, como que Steve Jobs engañó a Steve Wozniak cuando éste le ayudó a escribir una versión de Pong. El ingeniero Wozniak ha reconocido que lloró cuando se enteró.

Wozniak y Jobs, cofundadores de Apple y socios desde 1976 —al igual que el ingeniero Ronald Wayne, quién se marchó del proyecto— siempre tuvieron objetivos diferentes en este sector de la tecnología. Por un lado, Wozniak pretendía centrarse más en la ingeniería y, por otro, Jobs en el diseño. Sin embargo, y a pesar de las diferencias que pudieran tener, dieron lugar a productos de éxito.

Un documental sobre Jobs presentado en la televisión en Reino Unido ha ahondado en su imagen «despiadada».

Sin ir más lejos, Jobs engañó a un joven Wozniak en la escritura de un código para una versión de Pong que le encargó Atari.

Le dijo que le habían pagado una cantidad determinada, pero, sin embargo, se embolsó la mayor parte del pago a sí mismo.

En ese sentido, Wozniak admitió que lloró cuando, tras la publicación de su biografía de Jobs, se enteró de esta estafa de su socio.

Del mismo modo, Wozniak ha explicado que Jobs «siempre había querido dirigirse a la gente, ser un pensador importante y desarrollar un camino como el que se ha dado en Apple».

Igualmente, este cofundador ha dicho que «estaba tan cerca de Steve Jobs, que nunca pudo ver esta transición», ya que, «sólo quería dedicarse a la ingeniería, nunca quiso dirigir una compañía».

No obstante, «Jobs muy claramente lo hizo y quiso ser un alto ejecutivo y un importante pensador en el mundo», añadió.

«Jobs siempre se centró en si podía construir cosas y venderlas». De esta forma, tener una compañía era «la manera de hacer dinero», afirma Woznaik.

Aunque Jobs también «levantó un negocio cercano» y lo enlazó con la psicología de «cómo hacer las cosas bien con la gente», porque, aunque no lo parezca, él no «solo quería dinero», explicó Wozniak.

Además, Wozniak afirmó que «cualquier empresa, cuando se hace pública y llega a ser más grande, se hace diferente».

Primero, «el objetivo de Apple no era cambiar el mundo, sino incrementar el valor de las acciones», tal y cómo señalan en el documental.

Sin embargo, este cofundador también ha reconocido que Apple tiene «muchas cosas conservadoras» y la compañía tiene «muy poca tolerancia».

Fuente: ABC

[*Opino}– A vueltas con un par de buenas piernas femeninas. ¡Y luego dicen que yo!

 11-12-11

Carlos M. Padrón

En algunos comentarios puestos en el artículo El (supuesto) atractivo de las piernas largas, varias mujeres me han tildado de machista, cerdo, acomplejado, etc. Son mujeres que, seguramente, tienen piernas que en nada se parecen a las que describí como bellas.

Me pregunto qué dirán estas mujeres al leer el artículo que sigue, en el que, en cierto modo, se ratifica mi apreciación sobre el valor de unas buenas piernas, que no son precisamente las que califico de caprinas.

¿Y qué dirían de mí las que cuentan con un par de buenas piernas y las usan, como describe el tal artículo, como «capital erótico»?

¿Son machistas los que dan valor a ese capital, o es la envidia de otras mujeres lo que incrementa ese valor?

Si es que esos hombres son machistas, ¿despotricarán de ellos las mujeres que haciendo uso de su capital erótico lograron encandilarlos?

Si así fuera, ¿es malo el machismo? ¿O es que el machismo es como el colesterol, que lo hay malo y bueno?

La conclusión subyacente al artículo que sigue es que «La mujer debe invertir bien el capital erótico que le dio la Madre Naturaleza, antes de que se lo devalúe el Padre Tiempo».

P.D.: La piernas de la foto no son muy bonitas que se diga; están ligeramente torcidas.

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11/12/2011

Silvia Hinojosa

El capital erótico sirve a la mujer como atajo al éxito

Un par de buenas piernas pueden ayudar a llegar lejos. Y no sólo en la pasarela, en cualquier profesión.

Ocurre en las mejores oficinas: un par de buenas piernas pueden ser de utilidad para dar la zancada; sin mala conciencia, sin reparos, sin temor a que debiliten la inteligencia.

Distintos académicos y expertos del ámbito de la sociología defienden, no sin polémica, que la mujer puede usar su capital erótico en el trabajo Xavier Cervera

¿Revolucionario? La polémica está servida. Una parte de la sociedad estaría dispuesta a admitir que una mujer puede ser femenina, usar maquillaje, llevar un vestido bonito y zapatos de tacón sin que se cuestione su talento, sin tener que hacer esfuerzos adicionales para demostrar que además de guapa es eficiente.

Pero que una chica utilice su atractivo físico como parte de su estrategia para prosperar en la vida, para subir peldaños en la empresa, suena tan machista, superficial y anticuado que no parece el mejor consejo que una madre daría a su hija.

Una madre diría que es mejor una titulación académica, mejor trabajar duro y dejarse de frivolidades. De acuerdo. Pero usar el encanto personal para triunfar puede ser una estrategia más moderna de lo que parece, y su eficacia ya está siendo defendida desde tribunas de prestigio. Con gran controversia, lógicamente.

La pionera en el estudio de una disciplina que puede cambiar las relaciones personales es la socióloga británica Catherine Hakim, de la London School of Economics, que ha acuñado el término capital erótico para referirse a una combinación de atractivo estético, social y sexual que las personas ejercen sobre el resto de la sociedad y, de forma especial, sobre el otro sexo.

Y defiende que ese atractivo —construido a partir de una inversión inteligente en la propia imagen, en la forma como uno se mueve, habla y se comporta— debe ser utilizado en beneficio propio.

La tesis de Hakim es una extensión del análisis del sociólogo francés Pierre Bourdieu sobre las diferencias sociales y el éxito.

Bourdieu clasificó en tres grupos los recursos que cada persona pone en juego:

  • El capital económico: lo que se tiene, dinero.
  • El capital cultural: lo que se sabe, titulaciones; y,
  • El capital social: la red de relaciones, a quién se conoce.

Y planteó un cuarto tipo de recurso, que llamó simbólico porque no es inherente a cada uno sino que existe en la medida en que los demás se lo reconocen, y que incluiría la autoridad, el prestigio, la reputación, y el talento.

Pero Catherine Hakim sostiene que al capital económico, cultural y social hay que añadir el capital erótico, que puede ser un activo innato pero también se puede adquirir, acumular y sacarle provecho.

Ser atractivo incluye la elegancia en el vestir, las habilidades interpersonales e incluso el sentido del humor, añade.

Esta socióloga, experta en teorías sobre el posicionamiento de la mujer en la sociedad, explica que durante años se ha tejido una ideología moral que impide que las mujeres aprovechen su capital erótico para lograr beneficios económicos y sociales.

Pero, en lugar de ignorarlo, debería ser tenido en cuenta y trabajar en él, como se potencia el patrimonio económico, académico o social. Según sus cifras, «la gente guapa puede ganar de un 10% a un 15% más que las personas de aspecto normal».

Y añade: «Dado que funciona, debería usarse sin sentimiento de culpa, y es un potencial que no depende de la clase social».

A las tesis de Catherine Hakim se suma el profesor de la Universidad de Texas, Daniel Hamermesh, en su libro «Beauty pays» (= La belleza paga), en el que sostiene que ser atractivo ayuda a ganar más dinero, a encontrar una pareja mejor, y a conseguir mejores negocios.

Los trabajadores atractivos, asegura, ganan más que los que no lo son; los profesores guapos obtienen mejores valoraciones, y algo parecido ocurre con los políticos.

«Al principio me sorprendió lo útil que podía resultar medir el impacto económico de la belleza en diversos ámbitos, pero no tiene por qué sorprender ya que la belleza es algo escaso, y la economía se ocupa de medir el impacto de la escasez», señala.

Hamermesh concluye también que «las diferencias salariales motivadas por la imagen son mayores entre los hombres que entre las mujeres».

Los hombres

Catherine Hakim opina que el capital erótico no es una ventaja de género, pero «dado que, en general, las mujeres poseen más que los hombres, éstos niegan su existencia o que tenga algún valor. Y han tomado medidas para que las mujeres no se aprovechen legítimamente de esta ventaja», señala.

El patriarcado, dice Hakim, pone trabas a que las mujeres utilicen su capital erótico, les infunde mala conciencia. Pero hay otros culpables: «El feminismo puritano anglosajón condena el capital erótico, con estrechez de miras, mientras que los feminismos mediterráneos jamás criticarían a una mujer por vestir con elegancia o utilizar su encanto; no condenan la sensualidad», señala.

La psicóloga Carme Freixa lo analiza desde otra perspectiva. Piensa que en una sociedad con una competitividad feroz, a hombres y mujeres les han impelido a pensar que si utilizan su atractivo físico tendrán más éxito social.

«Es la profecía autocumplida —señala—, si crees algo desarrollarás conductas que acabarán haciéndolo realidad. Si piensas que tu físico es una parte de tu atractivo, desarrollarás las conductas de seducción más diversas, y harás que se cumpla la profecía. En cambio, si tienes una autoestima baja en lo referente a tu físico, no lo harás».

Freixa señala que «la sociedad actual hace que esto sea posible, que creas que el físico es una parte mucho más importante de lo que lo es para una relación de éxito, ya sea laboral o de pareja».

Su teoría es que los hombres alcanzan el éxito por el «circuito de los campos de golf», y las relaciones sociales, mientras que las mujeres deben saltar vallas y no tienen tiempo para el golf.

«El patriarcado las ha hecho pensar así. No estoy de acuerdo con Catherine Hakim en que el patriarcado condene que la mujer utilice su capital erótico, es al revés, ha promovido que la mujer sea reconocida por su valía física más que por la intelectual», defiende.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– Más sobre el doblaje de películas

11-12-11

Carlos M. Padrón

Me temo que el Sr. Lucea Deltoro, autor del artículo que copio más abajo, podrá mondarse todo lo que quiera, pero creo no ha visto muchas películas subtituladas, pues ¿de dónde saca él —por sólo mencionar uno de sus ejemplos— que el beneficio de ver versiones originales subtituladas es que los niños, al alcanzar la mayoría de edad, hablan varios idiomas?

No, señor, en referencia a los niños, el beneficio está en que no sólo aprenden a leer rápido, sino que hacen el oído a pronunciaciones para las cuales, según dicen algunos, no está preparado el aparato fonador de los españoles y, en consecuencia, esos niños tienen luego mucha más facilidad para aprender un idioma extranjero.

Lo del aparato fonador da vergüenza ajena.

En un programa de «Españoles en el mundo» cuya mayor parte trascurrió en San Petersburgo (Rusia) entrevistaron a varios españoles que habían residido allí entre 4 y 17 años.

Es increíble, pero ni uno solo de ellos logró pronunciar bien el nombre de esa ciudad en la que por tanto tiempo habían vivido.

Unos decían «peteSburgo» y otros «peteRburgo», pero ninguno «peteRSburgo». Por lo visto su aparato fonador —¿o su oído?— no puede con el sonido RS, como no puede con la P de Mapfre.

Es muy cierto que parte importante de la actuación es la declamación; se le atribuye nada menos que el 60% de importancia, de aquí que el solo hecho de doblar la voz es una flagrante adulteración, cuando no una arrogancia.

En 1994 ó 95 vi en la TV española una película protagonizada por Maribel Verdú (española) y Orlando Urdaneta (venezolano), y me quedé de piedra al comprobar que allá, en España, habían doblado la voz de Orlando para que éste hablara castizo. ¿No es esto algo arrogante y peyorativo?

Y los dobladores podrán ser todo lo actores que quieran, pero sólo logran engañar a quienes no han probado las bondades de las versiones originales.

Sus risas, lloros, gemidos y gritos son, las más de las veces, patéticos por lo poco convincentes. Y no digamos cuando tratan de imitar un acento de Brooklyn, caribeño, etc. Sólo engañan a quienes no hayan tenido contacto real con gentes de esos lugares.

Precisamente porque los subtítulos son un extracto es por lo que el espectador termina complementándolos con lo hablado en el otro idioma y, aunque alguien no lo crea, así se aprende también la que es tal vez la parte más importante de ese otro idioma: la básica, la del habla de la calle, la más común.

Cuando tuve que entrevistar a jóvenes, varones y hembras, que aspiraban a un puesto de trabajo en el que hablar inglés era requisito obligatorio, me sorprendí al dar con varios que lo hablaban bien porque, según me dijeron, esa parte básica e inicial la habían aprendido escuchando canciones en ese idioma.

Confieso que al primero que me lo dijo no le creí, aunque no había motivos para que me diera tal explicación. Pero cuando fueron varios los que, sin conocerse entre ellos, me dijeron lo mismo, tuve que cambiar mi opinión, que luego validé con profesores de inglés.

A veces sospecho que el motivo por el que en España se doblan las películas y series de TV es porque el doblaje resulta tremendo negocio para alguien o para muchos.

Artículos relacionados:

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11/12/2011

Víctor Lucea Deltoro

El doblaje

El doblaje de las películas es un asunto recurrente. Me refiero a las opiniones a favor y en contra. Tarde o temprano aparece en algún debate.

El pasado día 5 de diciembre del 2011, La Contra de este diario, recogía la opinión del señor Augusto M. Torres que recomienda la visión de películas en versión original subtitulada.

No es nuevo. Le doy toda la razón cuando dice que nos perdemos las voces de los actores. Es una parte importantísima de su actuación. Los dobladores también son actores. No son traductores. Ríen, lloran, gimen, gritan de pánico si toca…

Pero creo yo que hay un problema. Las críticas al doblaje incluyen indefectiblemente un argumento que me llama la atención. Es el de la cultura. El de que en otros países europeos, en los que los niños se acostumbran a las versiones originales subtituladas, resulta que al alcanzar la mayoría de edad hablan no se sabe cuantos idiomas.

Y perdónenme pero eso no me lo trago. Los subtítulos son un extracto, una síntesis de las conversaciones que cruzan los actores en la escena de turno. A lo largo de una película subtitulada se pierden cientos de palabras del idioma original. Es imposible asociar una palabra traducida a otra pronunciada, puesto que no sabemos dónde encajan.

Si se tradujeran todas las frases sería imposible seguir el hilo de la narración; no nos daría tiempo a acabar de leer; la escena ya sería otra.

Dice el señor Augusto M. Torres que los jóvenes, con los subtítulos, aparte de mejorar la ortografía, también aprenderían idiomas, como por ejemplo el inglés.

Y aquí, con todos mis respetos, me mondo. ¿Alguna alma cándida puede creer que tras ver quinientas películas suecas subtituladas acabará hablando sueco?

Fuente: La Vanguardia

[*FP}— Del baúl de los recuerdos de IBM: 1979 – Un seminario para el Banco Provincial. Los peligros de generalizar

11-12-11

Carlos M. Padrón

Al igual que otras anécdotas del «Baúl de los recuerdo de IBM» publicadas en esta sección y en la de Colaboraciones, la que sigue la distribuí en 2003 entre los IBMistas y exIBMistas cuyas direcciones tenía yo entonces en mi libreta.

Y justo lo hice el día 1° de ese mes, cuando se cumplían 34 años de mi entrada en IBM de Venezuela.

Nota previa: Tanto en Cuba como en Venezuela a los Canarios se nos suele llamar isleños. De ahí que, en esos países, decir ‘isleño’ es sinónimo de Canario.

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01-10-2003

Carlos M. Padrón

El estigma que basado en generalizaciones pesa sobre los gentilicios —sobre unos más que otros— suele dar lugar a situaciones jocosas que a veces resultan aleccionadoras.

En 1979, a poco de iniciarme en primeras nupcias como Gerente de la Sucursal Finanzas, me llamó un día el presidente del Banco Provincial, y me fui a verlo.

El Sr. Remigio Elías Pérez, que así se llamaba, era hijo de isleños, y al menos su hermano mayor había nacido en Canarias. No sé si él nació allá o aquí, pero si nació allá había llegado aquí muy pequeño.

Le gustaba que lo llamaran “El Capitán” porque había sido capitán de la Marina Mercante, y así lo llamaban.

Lo que El Capitán quería de mí era saber si yo podía armar algo que sirviera para que los ejecutivos de su Banco le perdieran el miedo a la computación, pues él se había propuesto hacer del Provincial el primer Banco del país, y estaba convencido de que la computación era elemento indispensable para lograr su propósito.

Pero, según él, los ejecutivos del Banco, elementos también indispensables para el mismo fin, le tenían miedo a esta herramienta clave y no se decidían a usarla en la forma debida.

En varias reuniones sucesivas dimos forma al programa y al menú de un seminario que, debidamente actualizado, se dictaría una vez cada año, con duración desde la mañana de un viernes hasta el mediodía del siguiente domingo, y al que, por decreto suyo, deberían asistir los ejecutivos a los que él invitara personalmente.

 

Si algún ejecutivo no era invitado a asistir al seminario de determinado año, debería entender que estaba fuera de los planes del Banco.

Una vez establecido el programa de temas a exponer y la lista de asistentes, montamos en el Centro de Educación IBM del Macuto Sheraton (Caraballeda) el primero de la serie de esos seminarios.

Por la estructura y temas a exponer en el primero de ellos, me tocó hablar 18 horas durante esos dos días y medio. (Fue en repetidas burradas como ésta donde estropeé mi garganta).

A primera hora del viernes, después del desayuno, El Capitán abrió el seminario, y en su charla repitió las “reglas de juego” que mencioné más arriba, dejando bien claro a todos los miembros de su equipo la importancia que él concedía a este entrenamiento, y la atención, participación e interacción que de ellos esperaba a la teoría del seminario y, una vez de vuelta en el Banco, a la aplicación práctica de lo que durante el mismo hubieran aprendido.

Luego tomé yo la palabra e inicié mi primera presentación.

A poco de estar en ella noté cuchicheos entre la audiencia, hasta con pase de papelitos, y durante el coffee-break, que vino después de mi segunda presentación, se me acercó un grupo encabezado por uno de los ejecutivos que destacaba por lo extrovertido, y éste me preguntó directamente:

—Carlos, ¿de dónde eres tú?

Una pregunta que, antes y después, me han hecho muchas veces y en diferentes países.

Le contesté con otra pregunta:

—¿De dónde crees que soy?

—Hemos tratado de ubicarte, pero ni modo.

—Pues sigan tratando a ver si la pegan—, fue mi respuesta, y los dejé en el suspense.

Terminó el coffee-break, entramos al salón, y cuando ya terminé mi tercera charla e iba a dar paso a otro expositor, el mismo ejecutivo me detuvo y me dijo:

—Un momento, un momento, Carlos. No hemos podido ubicarte. Por favor, dinos de dónde eres.

—¿De dónde creen ustedes que soy? A ver quién adivina.

Unos dijeron que mexicano, otros que chileno, varios que cubano, etc.. Miré de reojo a El Capitán y vi que sonreía con socarronería.

—Pues nada de eso. Soy Canario—, les dije.

Y, sin poder evitarlo, el portavoz del grupo, con tono de total incredulidad marcada por un acento claramente despectivo, exclamó:

¿¡Isleño!? ¡No jodas, chico!

Error garrafal que debe haberle pesado mucho, pues al oír esa respuesta se hizo un repentino y extraño silencio en el salón. El Capitán se puso un tanto rojo y con cara de pocos amigos miró de frente al indiscreto empleado y le dijo:

Yo soy isleño también, ¿algún problema?

Entonces el silencio prácticamente se materializó, podía casi tocarse.

Tomado por sorpresa, no pude reaccionar con la celeridad con que debí hacerlo, pero después de unos milisegundos, en tono de chiste dije algo así como que era lógico que la mayoría me hubiera tomado por cubano porque, de mis hermanos, los tres mayores que yo habían nacido en Cuba y, mal que bien, hablaban, al igual que mis padres y como casi todos los hombres mayores de mi pueblo natal, con un cierto acento cubano que se me pegó en mi niñez.

Algunos de los ejecutivos de mayor jerarquía quisieron bajar la presión haciendo bromas acerca de lo que iban a decir los muchos empleados Canarios que para entonces tenía el Provincial.

Entre risas un tanto forzadas le di paso al otro expositor, y no se habló más del asunto; no al menos en mi presencia.

Nunca quise mencionarle el tema a nadie del Banco, por lo que nunca supe el nombre ni la posición del autor de la desafortunada indiscreción, y no recuerdo haberlo visto en los seminarios de los años posteriores.

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Foto tomada el 15-Marzo-1980, al final del seminario correspondiente a ese año.

De delante hacia atrás (4 filas), y de izquierda a derecha.

  • FILA 1 (la delantera):  1, José Manuel Montes (también Canario);  2, Capitán Remigio Elías Pérez (q.e.p.d.);  3, Bertha Mola de Rincón (era entonces mi secretaria en IBM);  4? (francés, creo que de apellido Lafayette, que representaba los intereses que entonces tenía el Crédit Lyonnais en el Banco Provincial);  5, X. Bethencourt (también Canario).
  • FILA 2:  1?;  2, Arturo Gantaume;  3?;  4?;  5, José María Nogueroles;  6, Ramón Lander (q.e.p.d.)
  • FILA 3:  1, Jaime Puig Miret;  2?;  3?;  4?;  5, Douglas Reina Vizcarrondo (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)
  • FILA 4 (la trasera):  1, Carlos M. Padrón (apenas se me ve la cara);  2? (se me parece a Antonio Parra, de IBM, quien también trabajaba conmigo en Suc. Finanzas, pero no estoy seguro);  3?;  4?;  5?;  6, Carlos Fernández Landa (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)

P.D.: Espero que no extrañe la gran cantidad de ‘?’, pero si a veces no recuerdo los nombres de exIBMistas con los que, por años, me crucé casi a diario, ¿cómo voy a recordar los de funcionarios del Banco Provincial a quienes pocas veces vi?

Si alguien me ayuda al menos con una de las muchas ‘?‘, vayan desde ya mis gracias anticipadas.

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a Jose María Nogueroles.

Gracias, José María. Ya hice las adiciones y correcciones.

Puedo asegurar que el de bigote que está a tu izquierda es Douglas Reina.

Jose María Nogueroles
Fila 1: 1, José Manuel Montes †; 2, Cap. Remigio ELÍAS †; 4, Robert Laffaille †; 5, Juan Betancourt.

Fila 2: 1, Aníbal Moreán; 2, Arturo Ganteaume; 3, Miguel Prato; 4, Alberto Báez; 5, José María Nogueroles; 6, Pablo Silva.

Fila 3: 1, Jaime Puig; 2, Eliu Monasterios; 3, Germán Parada; 4, Charles Roccia.

Fila 4: 5, Ricardo Díaz Zuloaga (detrás de Charles Roccia)

Hasta ahí llega mi visión.
Un abrazo

Pedro Fernández
¡Qué recuerdos del Provincial! Una institución de la cual me arrepentiré siempre de haberme retirado.

Estuve en ella hasta finales de los años ’70s, siendo apenas un simple empleado de cuentas corrientes. En ese digno Banco, quien tenía tesón, fe y ganas, progresaba.

Yo tomé otro rumbo, pero siempre guardaré mis gratos recuerdos.

Saludos.

CMP
En respuesta a David Riddick.

Tranquilo, David, que yo he hecho y hago lo mismo: primero fue Equal y luego Splenda. Y también los he usado para el café después del postre y por la misma razón: el sabor.

Esto que cuentan tú y Javier me hace recordar que yo pude participar en ese tour, en el gran negocio del Mercantil ?que dejé ya en marcha?, y muchos más,… pero alguien tuvo la “brillante” udea de sacarme de la gerencia de la Suc. Finanzas y mandarme a la más ingrata posición que tuve en IBM.

Como no hay mal que por bien no venga, de no haber sido así tal vez Chepina y yo no habríamos trabajado nunca juntos, y hoy no sería ella mi pareja.

David Riddick
Hola, Javier. ¡Qué buena memoria, caramba!

Claro que yo sabía que estuviste con nosotros ya que estabas allí asignado en TP CTr, ¿no?

También comimos en el tope del edificio más alto de Tampa, viendo al río, con el VP del Banco, ¿no? ¿Era ése el lugar del famoso restaurante que mencionas?

Carlos, la verdad es que, desde que probé el Equal , siempre lo usé. Y hoy igual con el Splenda. Per es verdad: después de postres y hartadas, usarlo es como “oximoron”, y más el sabor que otra vaina.

Cerrando capítulo, es que con El Capitán teníamos que andar por lo alto en todas las atenciones, más comidas y bebidas. Y el Freddy Winckelman maravillado ya que ¡sin límite en la cuenta de gastos! Smile

Buenos tiempos. Un saludo a Javier y a los allegados.
David

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Javier: NPI. No recuerdo de nada al tal Marcia; ni cara ni nombre. Y lo pero es que, por lo que dices, trabajó en la Suc. Finanzas

Javier Palacios
El que aparece en la fila 3, entre El Capitán y tu guapa secretaria, se me parece mucho a Marcia (no recuerdo su primer nombre; ¿Rolando quizá?), un centroamericano, especialista en Assembler y en el Paquete en Línea, recomendado de Mario Esquivel, por paisanismo, a Jaime Puig.

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

De esto me quedan en claro dos cosas:
1) Que Javier es goloso, y que,
2) David quiso “jalarle” un poco a El Capitán

¡Qué horror! Sólo un goloso recuerda, a ese nivel de detalle, un evento de comida; y sólo un “jalete gordo” como David, pide Equal después del postre.

¡De lo que uno se entera en este “programa”! -:)

Javier Palacios
David, yo también guardo recuerdos de ese tour por Tampa de personeros del Banco Provincial e IBM, y del Equal.

Fue por la cena en el que entonces era —y creo que aún es— el mejor steak restaurant de aquí: Bern’s Steak house.

Después de comer opíparamente (i.e. como obispos), y de saborear de la carreta de desserts, por la cual es famoso este sitio, al pedir un cafecito cubano para acompañar los Marlboros, David pidió Equal, en vez de azúcar, para su “negrito”.

Casi 30 años después, ¡todavía me hace gracia aquello!

David Riddick
Carlos, se me olvidó comentar una anécdota.

Cuando yo estaba en Suc. Finanzas como gerente de marketing le propusimos a El Capitán, y logramos que aceptara, un viaje de executive briefing —a un Banco en Tampa, al centro de TP-IBM, y a Carolina del Norte (4700)—, con este servidor y Freddy Winckelman.

El Capitán, que conocía a mi padre, me pidió si podíamos pasar a ver unos barcos veleros grandes (de 45 pies+) a un lugar en el que él iba a comprar uno o a ver repuestos.

Y así pasamos varias horas juntos, luego almorzamos al fresco… y nos “introdujo” al edulcorante Equal, que entonces estaba aún en beta.

Lo que sí sabemos es que el viaje sirvió para luego remplazar los famosos terminales 2970, vender unos nuevos CPUs, … y gozar.

Salud, a las memorias y detalles, ¡y que pasen una Feliz Navidad!

CMP
En respuesta a David Riddick.

David, conocí a Alberto Báez Duarte cuando, en segundas nupcias (1987 a 1989), estuve de Gerente de la Suc. Finanzas, y el que dices que en esta foto de 1980 es él no se me parece en nada con el que, 7 a 9 años después, conocí en el Mercantil.

A ver si alguien aclara esto.

David Riddick
Carlos, estoy casi seguro de que el que está antes de Nogueroles es Alberto Báez Duarte, quien luego se fue al Mercantil y a quien tuve el placer de atender luego, post ustedes, en ese Banco siendo yo Gerente de Marketing de la Suc. Finanzas.

CMP
En respuesta a Oscar De León.

Cierto, Oscar, ¡ése es el nombre! Ya lo puse. Gracias.

Oscar De León
El #2 de la Fila 2 se parece a Arturo Gantaume.

CMP
En respuesta a Jaime Villalta Lladó.

Gracias, Jaime.

Cuando acerca de Antonio Parra mencionaste hechos de los años ’60s pensé que hablábamos de personas diferentes, pero al mencionar que lo encontraste en Margarita me convencí de que hablamos de la misma persona, pues lo último que otro exIBMista me dijo de él, hace ya varios años, es que lo había visto en Margarita. Otros exIBMista han tratado de localizarlo en esa isla, pero sin suerte.

Lo vi por última vez cuando, reportando a mí, aceptó el SOP de 1982 y dejó IBM. Cuando alguien me dio para él una dirección electrónica, le escribí varias veces pero no obtuve respuesta. Y lo siento, pues creo haber dicho cuánto me gusta mantener el contacto con las personas que se han cruzado en mi vida, y las vidas de Antonio Parra y la mía entraron en contacto desde que en 1971 debuté como vendedor en la Sucursal Financas y él era allí analista de sistemas. El contacto duró once años.

Y sí, Jaime Tejeiro no está en la foto. Tal vez porque para entonces no era gerente y —y esto es seguro— porque no necesitaba recibir los conocimientos que el seminario pretendía impartir.

José Padrón (El Técnico)
Banco Provincial: Sinónimo de presión, especialmente en lo referente a servicio.

Jaime Puig, y la Sra. Pacheco, en operaciones del Centro de Computación, eran personas extremadamente exigentes; hay algunas anécdotas, no muy afortunadas y no “contables”.

Jaime Villalta Lladó
Carlos, buenos días.

El personaje de la última fila sí es Antonio Parra, compañero mío de juventud en el Club Casablanca y en el centro Catalán, en los ’60s. No sabía que también era IBMista. Me lo encontré hace un año en Margarita como gerente de dos tiendas de ropa de caballero en la 4 de Mayo.

Me figuro que aparte de Jaime Puig y José Ma. Nogueroles (paisanos míos también y que, como buenos catalanes, todavía siguen trabajando), en la foto también debe estar Jaime Tejeiro de, el Provincial.

[*Opino}– ‘Lost in translation’, o lo perdido al adulterar (doblar) las series y películas

Carlos M. Padrón

En el artículo así titulado, y que copio más abajo, ‘Lost in translation‘ —que es el título original de una película protagonizada por Billy Murray y Scarlett Johansson— viene a significar «Perdido en la traducción», y nunca mejor usado porque el tal artículo se refiere a lo que le ocurre en España a la series de TV o a las películas cuando las doblan al castizo.

Como ya en un artículo previo hablé al respecto, no voy a repetir lo que en él dije, pero sí enfatizar que, en relación a series y películas extranjeras, todavía veo en la prensa digital española reseñas de crítica basadas no en la versión original sino en la versión ADULTERADA, doblada al castizo en España.

Hay que tener guáramo —falta de profesionalismo, o tal vez ignorancia o cara dura— para hacer algo así, o sea, ¡atentar contra la serie o película cargándosela, como se dice más abajo, y estafar al público!

Del artículo ‘Lost in translation’ debo celebrar que ya haya voces que se alzan contra la aberración del doblaje. Una buena prueba está, además de en el texto del artículo, en este comentario hecho a él, comentario que respaldo totalmente.

Comentario a ‘Lost in translation’ por un lector de El País

Con gente de muchos países del mundo he tenido conversaciones sobre el doblaje de películas. Para los que no lo sepáis, el fenómeno de doblaje que sufrimos en España, y que nos parece normal hasta que salimos fuera, existe en poquísimos países del mundo: Alemania, Italia, Francia, y creo que en muy pocos más.

Para el resto, incluida toda Europa y toda América (también Latinoamérica) es unánimemente una aberración. Nunca he encontrado a nadie de un país libre de doblaje que estuviera a favor de cargarse las películas doblándolas.

Gentes de cualquier clase social, edad o nivel cultural siempre afirman que les parece increíble la aberración de doblar películas en España, Alemania, Francia e Italia.

He llegado a la conclusión de que el bajísimo nivel de inglés, y otras lenguas extranjeras, que hay en España, Italia y Francia, está directamente ligado a la burrada de ver desde pequeños series y películas dobladas, y no ver las versiones normales. como se hace en todos los otros países.

Deberíamos cambiar eso cuanto antes. Tras unos pocos años para acostumbrarnos ya nunca querríamos ver películas dobladas. Os lo digo por experiencia; yo ya nunca veo nada doblado, es simplemente una estafa.

En lo que sigue, los resaltes en rojo los puse yo para destacar en qué aspectos se concentran las mayores pérdidas.

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07-12-11

Natalia Marcos

‘Lost in translation’

¿Qué pasos se dan desde que se graba un capítulo de una serie en un idioma que no es el castellano hasta que los espectadores españoles ven el episodio doblado?

Es un proceso en el que intervienen varios profesionales cuya actividad es fundamental para que las series lleguen a nuestra televisión.

Dejamos a un lado el debate entre series dobladas o en versión original, y nos centramos en la complicada labor de los traductores de series, el paso previo al doblaje. Un trabajo que en ocasiones se lleva a cabo contrarreloj y que presenta grandes dificultades.

El traductor, redactor y presentador Xosé Castro describe al traductor audiovisual como «el responsable de adaptar los diálogos al público español, tanto para doblaje como para subtitulación. Crea la versión española a partir de la extranjera».

Una vez traducido, se manda al estudio de doblaje, donde puede sufrir modificaciones por «el ajuste (adaptar el texto al movimiento labial de los actores), preferencias del cliente, pequeñas improvisaciones de los actores…».

Las dificultades de la traducción

Uno de los problemas actuales de la traducción de series es el tiempo de entrega del trabajo.

Xosé Castro explica que, aunque el tiempo que se tarda en traducir un episodio depende mucho del contenido del mismo, «un capítulo de una serie de unos 20 minutos suele traducirse en uno o dos días. Una serie de unos 45-50 minutos, en 2-4 días».

María José Aguirre de Cárcer fue la encargada de traducir «Perdidos».

Esta serie, y en especial su última temporada, es un ejemplo claro del escaso margen de tiempo entre su emisión en Estados Unidos y en España, lo que añade dificultad al proceso de traducción.

«A lo largo de toda la última temporada, para que la emisión de cada episodio coincidiera con su estreno en Estados Unidos, trabajé con versiones preliminares y, a veces, incluso tuve que traducir directamente de imagen, sin un guion escrito».

Esta forma de trabajar le permitió ver la serie desde otro punto de vista: «Como fan de la serie, me divertían mucho las imágenes preliminares sin retoques de 3D, ni efectos especiales de posproducción. Ver a Sawyer sujeto por un arnés, colgando de un acantilado de cartón piedra con una colchoneta en el suelo me resultaba tan emocionante como si fuera un acantilado de verdad».

Otra dificultad con la que se encuentran los traductores de series es mantener la coherencia a lo largo de las temporadas que tiene una serie.

«Para ello, creo glosarios con frases recurrentes, latiguillos, nombres de personajes, etc. También procuro conservar todos los guiones originales, y mis traducciones para posteriores consultas», explica por correo electrónico Aguirre de Cárcer, que en este momento está concentrada en la traducción de «Futurama», «Glee», «El cuerpo del delito», y acaba de terminar la tercera temporada de «Bored to death» y la película de !Los Muppets».

Precisamente «Glee» es una de las series en la que se está encontrando más dificultades.

«Aparte de que contiene mucho diálogo, y algunos de los personajes hablan como metralletas, cada uno de ellos tiene su propia forma de hablar, lo que llamamos idiolecto. Rachel, por ejemplo, es muy refinada y directa, mientras que Santana es mordaz, sarcástica, emplea motes y frases rebuscadas. Por otra parte, hay que traducir las canciones para su subtitulado y, en ocasiones, como en el caso de muchos temas de música rap, presentan una dificultad añadida«.

Diferencias culturales

Sin embargo, a la hora de hablar de los escollos con los que se encuentran los traductores, Xosé Castro no duda en destacar las referencias culturales.

«En las series se hace referencia a cuestiones culturales, humorísticas, de actualidad, a modas, personas y tendencias que son conocidas en el país de origen, pero puede que no lo sean aquí».

Para hacer frente a esta dificultad, Castro recuerda que «el objetivo de un traductor de series no es traducir diálogos, sino emociones. Si en una escena, los espectadores estadounidenses se ríen a carcajadas o lloran, los espectadores españoles también deben reír o llorar. Esto implica reinventar chistes o hacer referencia a personajes más conocidos para el público español«.

Los giros verbales y las frases hechas son muchas veces imposibles de traducir. Imaginemos por un momento que la serie española Aida se exportara tal cual a un país de habla no española.

La dificultad es extrema a la hora de traducir guiones en los que buena parte de la comicidad viene por confusiones con el lenguaje, dobles sentidos o por las expresiones propias de un personaje. ¿Cómo afronta un traductor estos problemas?

Xosé Castro explica estas dificultades poniendo algunos ejemplos de expresiones propias de la cultura estadounidense.

Traducir literalmente I am in a Spring Break mood (‘Estoy con humor de Spring Break’) no tiene sentido si se desconoce que esas vacaciones escolares de primavera eran sinónimo, en este caso, de playa, sexo y alcohol.

O la frase Beaches in Europe are a non-stop Mardi Gras, but without the necklaces (literalmente, ‘Las playas en Europa son como un Mardi Gras constante, pero sin los collares’) carece de lógica si no se sabe que una de las tradiciones del carnaval del Mardi Gras es que las mujeres enseñan el pecho a los desconocidos que les regalan collares.

En este sentido, Castro destaca a la versión estadounidense de «The Office» como uno de sus trabajos más complicados.

«Prácticamente todas las escenas tienen algún juego de palabras o referencia a la cultura, el deporte o el mundo del espectáculo en los Estados Unidos».

El uso cada vez mayor del español en las series estadounidenses está produciendo también muchas dificultades a la hora de traducir y adaptar los guiones a la emisión doblada.

¿Cómo traducir momentos en los que un personaje no entiende lo que dice el otro porque utiliza el español? Inevitablemente, en el proceso se pierden detalles y rasgos esenciales de los personajes.

El caso de Los Simpson

Una de las series más veteranas, más traducidas y que más dificultades ofrece es Los Simpson.

Cada traducción de Los Simpson es un mundo. Y al comparar las versiones dobladas con la versión original siempre se encuentran detalles que cambian ligeramente.

En el blog Simpsonitos sus autores y los comentaristas del blog se dedican a señalar las diferencias entre la versión estadounidense de la serie y su traducción al español neutro*.

En España, también es María José Aguirre de Cárcer la encargada de traducir la serie de la familia más famosa de Springfield.

Muchos de sus chistes se apoyan en la imagen, «lo cual te limita mucho. Se puede decir que, en algunos casos, más que traductores somos adaptadores porque, al no poder traducir literalmente un chiste, un juego de palabras o una frase hecha, tenemos que basarnos en el gag original para crear uno nuevo».

Sin embargo, procura siempre ser lo más fiel posible y, «al mismo tiempo, acercar los diálogos al espectador español sin recurrir a referentes exclusivos de nuestra cultura. Creo que el espectador debe sentir que está viendo una obra extranjera. Por ejemplo, si aparece el nombre de un personaje público desconocido en España, lo sustituyo por otro, también estadounidense, pero conocido por el espectador español».

Traductores ‘amateur’

¿Y su opinión sobre la proliferación de subtítulos elaborados por aficionados a las series en Internet?

Xosé Castro destaca la generalizada baja calidad de estas traducciones, aunque «he visto traducciones que son bastante decentes».

Le sorprende que haya quien dedica a esta labor «mucho tiempo personal, sin reparar en que hay personas o empresas que se lucran cómodamente gracias a su trabajo regalado».

«De todos modos, como predecía Nicholas Negroponte en 1995, ‘la gente no quiere ver mejor la televisión; quiere ver mejor televisión’, y eso significa ver lo que uno quiere cuando uno quiere. Las productoras, distribuidoras y emisoras están tardando en adaptarse a este cambio, que ya hace tiempo que está en marcha», concluye.

Fuente: El País

(*) NotaCMP.- ¿¡Neutro!? Espero que no este adjetivo no se refieran al español de la series traducidas en España, porque ése de neutro no tiene nada: es castizo puro.

[*ElPaso}– Ejemplo de «profunda» vocación docente

07-12-2011

Carlos M. Padrón

La Guerra Civil Española dejó maltrecho el tejido social de todo el país, y como en los ’40s no había suficientes maestros de enseñanza primaria, el régimen de Franco buscó a muchos ciudadanos que supuestamente estaban bien, o no tan bien, preparados y, a dedo, le dijo a cada uno: «Tú te vas de maestro nacional de primaria al pueblo tal».

Que yo recuerde, producto de este «decreto», a El Paso llegaron por lo menos tres maestros, todos desde la Península. Y si bien todos llegaron solteros, todos terminaron casados con mujeres lugareñas, pero no todos compartían la misma vocación docente aunque sí algunos rasgos de verdadero «amor» por el alumnado.

Uno tenía por costumbre castigar a sus alumnos raspándoles el cuero cabelludo, desde la coronilla hasta el cuello, con la parte no afilada de un lápiz,cuando aún éstos no traían ahí una goma de borrar.

Sin que el alumno lo esperara, el maestro se le acercaba por detrás, y ¡zas!: tremendo surco en la cabeza.

Otro mandaba al alumno a un rincón del salón de clase, le hacía ponerse de rodillas con sus brazos en cruz, y entre cada antebrazo y el correspondiente costado del tórax le colocaba un lápiz bien afilado, con la punta hincada en el antebrazo.

Y para que no le fuera fácil levantar los brazos y librarse de la punzante punta de los lápices, le colocaba en cada mano una piedra que con su peso hacía que, aunque el pobre muchacho luchara por evitarlo, los brazos, carentes ya de fuerza para mantener la posición horizontal, comenzarán a bajar e hicieran que los lápices penetraran más y más en los antebrazos de la víctima.

Por decir lo menos malo, creo que está claro que estos maestros eran bastante imaginativos.

Sin embargo, de entre todo lo que de ellos me contaron y lo poco que vi, el para mí más folclórico era el que recibió como destino la escuela pública de Las Manchas, lugar que es, de entre los barrios de El Paso, el más alejado del centro urbano.

Este maestro —al que llamaré Salomón Lladró— tenía siempre exacerbado su ya de por sí irascible carácter.

Tal vez el motivo era que cada día laborable usaba la desvencijada guagua para ir a Las Manchas y regresar luego, ya en la tarde, al centro del pueblo, para subir después a pie las cuestas hasta su casa,.

Él y su mujer —a quien llamaré Yaya— vivían en una casa de dos pisos cuya área social estaba en la planta alta, a la que se llegaba por una escalera que nacía a nivel de la calle.

Frente a esa casa había uno de los muchos estanques que abundaban en el pueblo: un embalse de aguas de regadío en el que solía haber peces y, además, porque el agua que contenían permanecía mucho tiempo estancada, también larvas, criaderos de mosquitos, gusanos y ranas.

Tan explosivo era el temperamento de Salomón que, no pudiendo soportar que el croar de las ranas turbara su sueño, una noche se hizo de una escopeta, abrió la ventana de su dormitorio, que daba justo frente al estanque, y la emprendió a tiros,… supongo que contra el agua, pues era imposible que pudiera ver dónde estaba siquiera uno solo de los batracios cantarines.

El sobresalto entre los vecinos fue mayúsculo, pues escuchar que, en plena dictadura, sonaran a medianoche disparos de armas de fuego en zona urbana estando aún recientes las heridas de una guerra, no fue cosa de broma.

Sin embargo, aunque no recuerdo la cara de Salomón Lladró —yo era entonces muy pequeño—, una de las anécdotas que de él me contaron me parece exponente fiel y patético del estrés de un hombre que se veía obligado a hacer, día tras día, algo para lo que no había sido preparado, que él no había escogido, que no le gustaba, y que, por lo visto, no sabía hacer: lidiar con niños y no tan niños, y tratar de enseñarles lo que en primaria se enseñaba entonces.

Esto lo hacía sentirse tan mal que, a veces, cuando en la tarde regresaba de dar clase en Las Manchas y subía caminando desde la parada de la guagua, en el centro de El Paso, hasta su casa, se detenía en la base de la escalera de entrada y comenzaba a gritar:

—¡Yaya! ¡Yayaaaa!

Alarmada, Yaya abría la puerta de entrada a la casa, en lo alto de la escalera, y preguntaba asustada:

—Pero, ¿qué pasa, Salomón? ¿¡Qué pasa!?

Por toda respuesta, Salomón alzaba al cielo sus brazos, como implorando ayuda divina o para echar fuera los demonios de su ira, y gritaba:

—Yaya, ¡deseo que vuelva el reinado de Herodes!

[*Opino}– Más sobre la cultura

En el artículo que sigue, Amando de Miguel aporta algunas guías de lo que al respecto entiende él por cultura.

Como me parecieron interesantes, me permití resumirlas en una única definición:

«Lo propio de una persona culta es no pegarse a los dogmas de ninguna especie, la capacidad de relacionar conocimientos, el gusto por éstos y por el aprendizaje.

En tal sentido, la cultura es un almacén de lo valioso, que puede corresponder a un individuo o a un pueblo. La civilización, en cambio, la entiendo más como los elementos históricos de poder que se añaden a una cultura».

Repito lo que dije en el artículo arriba ya citado:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros: uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

***

06-12-11

A. de Miguel

Buena la hice al tratar de definir lo que puede ser la cultura.

Está visto que se trata de una voz polisémica. Yo tomaba sólo la parte que corresponde a la definición de una persona culta. Es una idea corriente, nada metafísica ni historicista. Simplemente, para mí una persona culta es la que viaja, lee y escribe (o pinta, o cualquier otra actividad artística) con una inquietud curiosa de aprender.

Un poco en broma, Hug Banyeres me regala estos axiomas o silogismos: «(1) Si culto es quien viaja y lee, entonces son cultos todos los transportistas. (2) Si cultura es disposición, usted tiene una mala disposición. (3) La curiosidad es el vicio opuesto a la estudiosidad».

Disiento de los tres. Es claro que los transportistas no tienen por qué ser cultos, ni las azafatas de avión, ni los antiguos viajantes. De ahí lo central que es para mí el hábito de la curiosidad, que es una virtud, no un vicio. No sé si mi disposición a aprender es mala, como sugiere el mosén; simplemente, va conmigo.

Antonio Gayo considera que la cultura es «lo que se ha de hacer», esto es, «expresa una posibilidad de hacer algo», frente a la Ciencia, que es lo que se ha hecho.

Otra vez disiento. Para mí la cultura es más bien una especie de gusto por el aprendizaje y el conocimiento. La Ciencia es algo más formalizado, pero no lo que está hecho, sino lo que está en camino de hacerse.

Continúa diciendo don Antonio que, siguiendo a Manuel Giménez Fernández, la cultura es lo que queda por hacer, frente a la civilización que es lo hecho.

Nuevamente siento disentir. Para mí la cultura es una especie de almacén de lo valioso, que puede corresponder a un individuo o a un pueblo. La civilización la entiendo más como los elementos históricos de poder que se añaden a una cultura. Pero, en fin, yo tampoco soy un filósofo. Si me meto en estos dibujos es porque el debate me ha llevado a ellos.

Mi pretensión era muy sencilla. Trataba de identificar los rasgos que trazan la biografía de un hombre culto. Era a propósito del denuesto que recibía Federico Jiménez Losantos de «inculto». Para mí, al contrario, estamos ante una de las figuras públicas actuales más cultas. Podría añadir otra más que conozco bien. Por ejemplo, Virgilio Oñate, Álvaro Delgado-Gal, José Antonio Gómez Marín, Agapito Maestre, Julio Iglesias de Ussel, Antonio Lamela, Jesús Laínz, Juan J. Linz, Octavio Uña, Pedro Schwartz, Gregorio Salvador, entre otros muchos. Cito solo nombres de personas que conozco bien, que me salen a voleo, de las que he aprendido mucho. Hay otras muchas, pero tampoco es el lugar para hacer un centón de ellas.

Félix Rodrigo sostiene que la curiosidad en sí no lleva a la cultura, sino más bien la capacidad de comprensión. Para don Félix lo propio de una persona culta es no pegarse a los dogmas de ninguna especie, la capacidad de relacionar conocimientos. Estoy muy de acuerdo. Quizá yo he exagerado lo de la curiosidad que, por cierto, no se corresponde con el sentido que le da el DRAE, más cercano al chismorreo, a las preguntas de los niños.

No, la curiosidad es lo propio del científico y, en general, de la persona culta. La curiosidad es la búsqueda de la respuesta a los porqués fundamentales. El curioso pertinente es el que no se satisface con las explicaciones usuales.

Fuente: Libertad Digital

[*Opino}– Acerca de la Crisis del Euro. Imagen ilustrativa y poema acorde

Carlos M. Padrón

La imagen —de humor negro pero muy realista— que incluyo aquí, y que me llegó por cortesía del amigo Rafael García Sánchez, trajo a la memoria de mis también amigos —y, además, paisanos y primos hermanos dobles— Juan Antonio Pino Capote y Tomás Capote Pino, un poemita que encaja muy bien con la tal imagen y que ambos me enviaron por separado

Ellos no saben quién es el autor del poema, pero por lo de la palabra ‘guanajo’ y la índole sarcástica, Juan Antonio sospecha que pueda ser Domingo Acosta Guión, un poeta palmero de quien dije y publiqué algo en el post Acerca de “Repartir Canarios”.

Sin embargo, repasé las «obras completas» de Domingo Acosta Guión —un grueso legajo de folios mecanografiados que en 1980 me diera Wifredo Ramos, otro amigo y paisano mío, entonces profesor de Bellas Artes en el Instituto de Santa Cruz de La Palma, y desde hace muchos años Cronista Oficial de El Paso— y no encontré ese poema, por lo que me inclino a creer que sea cubano, pues la palabra ‘guanajo’ llegó a Canarias procedente de Cuba.

Y al repasar esas «obras completas», me quedé pensando, una vez más, si podría yo publicar algo de ellas sin ofender castos oídos, pudorosos ojos, puritanos espíritus, mentes feministas, etc., pues Domingo Acosta se caracteriza por el lenguaje soez y grosero, carente de noñismos y eufemismos, y enmarcado en el sarcasmo.

Lo pensaré con la almohada, pero también escucharé opiniones. 🙂

Por ahora, aquí queda este magnífico maridaje entre imagen y poema acorde:

Este mundo es un relajo
en forma de gallinero,
que los que suben primero
se cagan en los de abajo.

Mas, si sube algún guanajo
de peso no muy ligero,
puede que se parta el gajo
y se vayan pa’l carajo
los que subieron primero.

¡Gracias a todos esos buenos amigos!

[Opino}– Acerca de la emigración y del cuento ‘Canarios de Santa Lucía’

14-11-2011

Carlos M. Padrón

Creo que al lector de este para mí bello cuento no se le haya escapado que Eulogio, el protagonista masculino, no volvió a ver a sus padres; murió en Uruguay sin haber vuelto a Canarias y sin haber hablado más con ellos, pues en aquel tiempo no había facilidades de comunicación como ahora las tenemos desde hace muchos años.

Cuando sus padres lo despidieron en el muelle ya habían asumido que no verían de nuevo a su hijo, pues eso estaba entonces implícito en la condición de emigrante: salir sin nada, y dispuesto a todo tipo de esfuerzos y sacrificios, incluyendo el no volver, con tal de labrarse un mejor porvenir.

Viniendo, como vengo, de una familia que por siglos fue emigrante, y siendo yo también emigrante, no puedo menos que asombrarme y preocuparme al recordar ese detalle de separación definitiva entre padres e hijos, y, sobre todo, de renuncias y sacrificios, y ver que ahora los hijos que emigran quieren comunicarse con sus padres a diario, y los padres se preocupan muchísimo cuando eso no sucede.

Como ejemplo real y que me toca de cerca, el cabeza de la segunda generación del árbol genealógico de la familia Padrón de El Paso, mi bisabuelo, tuvo, además de dos hembras, seis (6) hijos varones, y creo que todos ellos emigraron a Cuba a temprana edad, al igual que lo habían hecho su padre, su abuelo, su tatarabuelo, etc.

Los tres de los que estoy seguro de que sí emigraron a Cuba, nunca regresaron. Y desde 1956, cuando comencé a armar ese árbol, de ellos no sabe nada ninguna de las personas, principalmente parientes, con las que al respecto pude hablar desde entonces.

En ese árbol tengo al momento 1.396 personas, un número que podría ser el doble de haber podido yo dar con la descendencia de esos tres hermanos de mi bisabuelo que «se perdieron» en Cuba.

Pero todos mis esfuerzos al respecto, a pesar del poder de internet, de haber puesto yo lo del árbol en este blog, y de haber yo enviado e-mails a cuanto Padrón he encontrado en Cuba, México y USA, han sido en vano: o no obtengo respuestas, o los pocos que me responden dicen no ser descendientes de tales Padrón o, lo que es peor, no saber si sus antepasados, tan cercanos como abuelos, vinieron de Canarias.

Creo que esto da una buena idea de lo que entonces conllevaba emigrar y de la cultura que a este respecto heredé y se infiltró en mí, como por ósmosis, desde pequeño.

Y explica también el motivo de la diferencia que en el cuento en cuestión establecía Dorotea entre Canarios de las Islas y Canarios de Uruguay, pues resulta triste que si bien los nacidos en América de padres Canarios, o cuyos abuelos fueron Canarios, muy poco se ocuparon por saber sobre sus ancestros, y hasta algunos se referían —y aún se refieren— a ellos con cierto desprecio (caso de los montevideanos con respecto a los que ellos llaman Canarios, que equivale a campesinos), ahora, porque les interesa por motivos económicos, andan desaforados pidiendo ayuda para conseguir la partida de nacimiento, o fe de bautismo, de esos ancestros, y las más de las veces no saben no sólo en qué pueblo de Canarias nacieron sino ni siquiera en qué isla.

Aunque dejé Canarias en 1961, la única llamada telefónica que en 6 años crucé con mi familia —padres y hermanas— que estaban en Canarias fue la que desde El Paso me hizo mi hermana mayor para decirme que nuestro padre había sufrido un ACV.

La comunicación fue siempre por cartas que, en el mejor de los casos, tardaban una semana en llegar a destino.

Es la ausencia de tal cultura lo que explica que muchos jóvenes venezolanos que han emigrado, han regresado a Venezuela porque, al no ser éste un país de tradición migratoria sino de recepción de emigrantes, el venezolano no ha asumido desde su niñez, como sí lo hicimos los Canarios, que emigrar significa separación y, sobre todo, sacrificios y privaciones.

Y como, para colmo, estos emigrantes venezolanos crecieron en la Venezuela «saudita», llena de comodidades y rodeados de parientes, no consiguen acostumbrarse a la ausencia del calor parental y mucho menos a las estrecheces a las que deben enfrentarse, ya que en el país al que emigraron no logran ganar lo que necesitarían para pagarse las comodidades a que Venezuela los tenía acostumbrados, y no parece que estuvieran dispuestos a soportar esa condición por el tiempo necesario para alcanzar el nivel económico que les permita al menos la igualdad.

Es éste un gran hándicap y una dependencia que, como casi todas ellas, no es buena. Cuando este fenómeno se daba en El Paso, lo cual era una verdadera rareza, salía a baleo lo de «No es fácil pasar de silla para albarda» y «A quien no está acostumbrado a bragas, en el culo le salen llagas».

Seguro estoy de que Eulogio y Dorotea —al igual que muchos otros emigrantes que he conocido, y al igual que yo— no pudieron hacer entender a sus hijos, y mucho menos transferirles, las vivencias de su juventud y lo trascendental y traumático del desarraigo, del viaje a Uruguay y del trasplante a un mundo nuevo habiendo dejado por detrás TODO lo que su tierra y su familia les daba.

Esta imposibilidad es para el emigrante un gran motivo de frustración porque tiene que presenciar, impotente, como se pierden las tradiciones y los valores con que se crió. Como no permea en sus hijos el sentido de lo frugal, del ahorro, de lo práctico y funcional por encima de lo «bonito», del fondo sobre la forma, de que primero está el deber y luego el placer, etc.

Al emigrante forjado en esos valores sólo le queda pedir que ojalá nunca su descendencia los necesite o tenga que arrepentirse de no haberlos asimilado y puesto en práctica.