[*Opino}– Cuarenta años después

Creo que el poema que sigue debe haber sido escrito pensando en la época en que a los 50 años de edad se era anciano.

Dependiendo del estado de ánimo del lector, el poema puede resultar jocoso o muy triste, pero es real,… cuando todo va bien.

Carlos M. Padrón

***

 

¡Qué rico hueles, mi vida!
¡Qué perfumada, mi amor!

Cuando era recién casada
fueron frases de rigor;
Después del baño, él olía
a Yardley, o a qué sé yo,
mientras yo me perfumaba
con frascos de Christian Dior.

Pero hoy, ¡qué diferencia!
El huele a ungüentos,… y yo,
a la Pomada del Tigre
que me pongo al por mayor.

¡Cómo han cambiado los tiempos
de cuando él me conoció!

Él me ayuda a friccionarme:
«Más abajo, ¡por favor!»
Y luego entro yo a sobarle
corvas, codos y esternón.

¡Qué distintos camisones!
Y las pijamas, ¡qué horror!
Ahora ya son de franela
porque ésas si dan calor.

A él sus zapatos de estambre
que su nieta le tejió
porque sus pies se le enfrían
y le duele el corazón.

¡Cómo han cambiado los tiempos
de cuando él me conoció!

Antiguamente lucían
encima de mi buró,
una rosa, un retrato,
un perfume y un reloj.

Ahora, un frasco de aspirinas,
el ungüento de rigor,
unas vendas, mis anteojos,
las píldoras de alcanfor,
la jeringa, la ampolleta,
el algodón y el alcohol.

Y en su buró, amontonados,
para que quepan mejor,
el vaso para sus “puentes”,
el frasco con la fricción,
un libro abierto, sus lentes,
jarabe para la tos
y agua para la aspirina
por si nos viene un dolor.

¡Cómo han cambiado los tiempos
de cuando él me conoció!

Sin embargo, recordamos
“lo que el viento se llevó”
Saboreamos lo que fuimos
y vivimos nuestro hoy.

En las mañanas, sin prisa,
siempre la misma canción.
«¿Cómo dormiste, mi cielo?»
«Un dolor me despertó».
«¿Y qué te duele, mi vida?»
«Hoy tengo un nuevo dolor».

Y por las noches, acaso
recordando algo mejor,
oliendo a salicilato,
a pomadas y a fricción,
repetimos lo de siempre;
lo mismo de ayer y hoy:
«Ojalá duermas, mi vida».
«Ojalá duermas, mi amor».

Rezamos un Padrenuestro
y damos gracias a Dios.

Mercedes Eroza

Cortesía de Leonardo Masina

[*Opino}– La determinante importancia de olfato y olores

Carlos M. Padrón

Totalmente de acuerdo con la base del artículo que sigue.

Para mí, la foto es muy apropiada al caso, pues no puedo evitar relacionar lo erótico con el olor que despida quien me produce ese sentimiento; y si es en relación con sexo, más fuerte es el peso del olor: puede promover una excitación o arruinarla por completo.

Es más, si algún tipo físico de mujer —en particular la delgada y huesuda— me olió mal en algún momento de mi adolescencia, cada vez que veo un tipo igual recuerdo aquel olor y enseguida me surge un sentimiento de rechazo.

En cuanto al olor que tienen ciertas tiendas, los supermercados Central Madeirense, al menos los que hay en Caracas, huelen todos igual de mal independientemente de la zona en que estén.

***

03/11/2011

El ser humano recuerda hasta el 35% de lo que huele frente al 5% de lo que ve

Esto según un estudio de la marca Ambi Pur bajo el nombre de «Las olores y las emociones» que tiene como objetivo conocer la importancia del sentido del olfato y su relación con los recuerdos y las emociones de las personas.

 

En el estudio han participado mil hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 25 y los 45 años, de los cuales.

  • El 45% de los mil piensan que su sentido más desarrollado es el olfato, seguido de la vista (21%) y el oído (17%).
  • La mayoría, un 70%, consideran que el olfato es igual de importante que el resto de los sentidos.
  • El 28% lo califican como el más importante, y sólo un 3% creen que es el menos fundamental.

Un olor se registra en nuestro cerebro como una emoción relacionada íntimamente con las situaciones en las cuales se percibió por primera vez, han informado los autores del estudio.

La memoria puede retener hasta 10.000 aromas distintos, mientras que únicamente es capaz de reconocer 200 olores.

Los datos del estudio confirman esto, pues el 83% de los entrevistados aseguran que evocan momentos felices asociados con ciertos olores.

Concretamente, un 46,3% de la muestra reconocen que volver a oler algo familiar les influye más que volver a verlo o escucharlo.

Por ejemplo, un 67,3% de los encuestados asocian el olor del material escolar a la infancia, o el olor de crema solar a las vacaciones pasadas.

Se afirma que el olor estimula el sistema límbico. Un 51,3% de los participantes del estudio piensan que el olor de los ambientes se vincula a la memoria, y sólo el 7% niegan esta relación.

Además, los olores repercuten en el estado anímico de las personas.

Los resultados del estudio muestran que el 48,7% de los encuestados se animan con el olor a flores y naturaleza. Otros (37%), con el olor a mar y salitre, o con el olor a dulce (29,4%).

El estudio también recoge las opiniones de los encuestados en relación a los olores en el hogar y los lugares públicos. Destaca que el 76,4% creen que el olor de un dormitorio influye en los sueños, a pesar de que no hay estudios que lo demuestren.

Casi un 67% afirman que el aroma del hogar es clave y ayuda a definir la personalidad de quien lo habita. Un 58,1% declaran que se preocupan de que su casa huela bien. De hecho, un 38% prestan atención primero al aroma cuando entran en casas de terceros.

La basura es el olor que la mayoría considera más desagradable (45%), seguido del tabaco (26%).

Por otro lado, en los lugares públicos, el sudor (63,2%) o la comida en mal estado (31,6%). De hecho, el 84,2% opinan que les influye el olor de una tienda a la hora de entrar o no.

Fuente: ABC

[*Opino}– A vueltas con ordenador vs. computador

Carlos M. Padrón

Esto ya roza lo patético, aunque tal vez sea un signo esperanzador el que a veces usen el término ordenador y otras, muchas más que antes, computador.

En el artículo que sigue resalté en rojo las veces que se usa el para mí ridículo, y hasta ofensivo, ordenador, y en azul las veces que se usa el para mí correcto: computador.

Sigo preguntándome si no les da vergüenza que cuando tienen que hablar de supercomputación, fieles a su ridículo ‘ordenador’ tendrían que decir ‘superordenación’, lo cual nada tiene que ver con computación.

Pero en este caso —y es aquí donde encaja lo de la falta de vergüenza— sí dicen ‘supercomputación’.

Entonces, ¿en qué quedamos? El tal ‘ordenador’ ¿computa u ordena?

***

04/11/2011

El superordenador más grande de España

El superordenador con más capacidad de cómputo de España estará en junio en Tenerife.

Se trata de una máquina que, con una suficiencia de 1.0 petaflops —un millón de veces más rápido que un ordenador normal— superará a los dos ubicados en el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, con 183 y 94 teraflops, respectivamente.

Con un costo de ocho millones de euros, de tecnología Intel, con 3.120 microprocesadores y con un total de 24.960 núcleos y 30 bastidores, el superordenador TEiDE 1.0 se ubicará en el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), concretamente en su centro de proceso de datos del NAP (Neutral Acces Point), ha anunciado hoy el gerente del ITER, Manuel Cendagorta.

Un petaflop es una medida de rendimiento, mientras que el núcleo procesa los datos por medio de operaciones matemáticas, un microprocesador define la velocidad del ordenador y el número de operaciones que puede realizar, y un bastidor es un armario en el que se ubican los equipos informáticos.

Análisis climático

Predicciones metereológicas y análisis climático, simulaciones aerodinámicas, modelos geológicos, análisis de ADN, y el modelado de interacción de moléculas en fármacos, son algunas de las aplicaciones de las que dispone este equipamiento, que se pondrá al servicio de empresas privadas y de la Universidad de La Laguna.

Según el responsable del ITER, el superordenador de Tenerife, además de ser el primero en España en cuanto a capacidad de cómputo, es el número dos en Europa, y está dentro de los diez primeros en todo el mundo.

El costo total del proyecto, que es de ocho millones de euros, ha sido financiado por la convocatoria Innplanta del Ministerio de Innovación y Ciencia, a los que habrá que devolver seis millones de euros antes de octubre de 2017.

Fuente: ABC

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-X

X

¿Recuerdas aquel baile, hermosa impía,
en que al compas de música armoniosa,
te admiraba y amores te ofrecía,
y en el cual tú juraste ser mi esposa?

¿Y aquél en que de blanco ibas vestida,
de rosas y azahares adornada,
celebrando gozosa y decidida,
con otro joven el estar casada?

¿Recuerdas aquel baile, hermosa impía?
Aquél en que ostentabas tus proezas?
Pues desde entonces hizo tu falsía,
que del mundo no crea en las promesas.

[*Opino}– Con motivo de Halloween, nada mejor que «La negra historia de ‘Raska-yú’, una canción de difuntos»

Carlos M. Padrón

Hacía años de años que no recordaba yo esta canción que tan popular fue en las fiestas de Carnaval que se celebraron en El Paso en los años ’50s.

Tampoco sabía que su título se escribe Raska-yú; aunque nunca lo vi escrito, supuse que se escribiría Rascayú.

Lo que acerca de ella se cuenta en el artículo que sigue me resulta interesante, y es casi paradójico que nadie de los que entonces la cantábamos sospechara lo bizarro de sus orígenes.

Me extraña que fuera prohibida por el régimen franquista, pues, repito, en mi pueblo se cantaba abiertamente, y en lugares públicos,…. a menos que la letra que allá teníamos no fuera la que motivó la prohibición.

Si sé que al cura no le gustaba porque, decía él, la canción era irreverente con la sacrosanta muerte y tenía tintes de superchería.

Y sé también que fueron muchas las veces que el grupo de muchachos y muchachas —adolescentes que nos íbamos al espacio que había detrás del telón de fondo que en el escenario del Teatro Monterrey enmarcaba el área destinada a la orquesta— nos ocultamos en aquel estrecho pasillo, para estar a salvo de la vista de las «brujas» que se apostaban en los palcos a chismorrear y vigilar, y bailamos a placer el Rascayú mientras cantábamos su letra, de la cual sólo recuerdo el estribillo y una de las estrofas:

Rascayú, cuando mueras, ¿qué harás tú?
Tú serás un cadáver nada más.

Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa,
y la gente se decía en el misterio
«Es un muerto escapado de la fosa».

Rascayú, cuando mueras, ¿qué harás tú?
Tú serás un cadáver nada más.

Tiempos, tiempos,…

***

31-10-11

David Bizarro

En 1943 Bonet de San Pedro cosechó un notable éxito en España con un polémico fox-trot titulado Raska-Yú.

Prohibido por la censura del Régimen por supuestas alusiones al Caudillo, su letra abordaba la necrofilia con insólitas dosis de humor negro en una época poco dada a semejantes irreverencias.

 

Una cancioncilla aparentemente banal y de cuestionable buen gusto que resultará entrañablemente familiar a varias generaciones de españoles, desconocedores de su auténtico significado. Porque, a pasar de que se recuerde como un chascarrillo recurrente para el Día de Difuntos, detrás de sus macabros versos se esconde una historia trágica y siniestra.

Ya con la mosca detrás de la oreja, el curioso hallazgo de un antiguo cortometraje animado de Betty Boop pone sobre la mesa la hipótesis del plagio. Se trata de «I’ll be glad when you’re dead, Rascal you» dirigido por Dave Fleischer en 1932, una de las primeras apariciones cinematográficas de Louis Amstrong.

Estereotipos racistas aparte, la cinta posee un encanto indudable y ofrece la oportunidad de disfrutar con la rudimentaria mezcla de imagen real y animada en el momento en que el gran Satchmo persigue a dos de los protagonistas (Bimbo y Koko) mientras interpreta el tema titular.

El innegable paralelismo instrumental no es la única prueba que confirma el conocimiento previo de Bonet del original de Amstrong: el propio título, Raska-Yú, se revela como una transcripción fonética del Rascal you al que hacía referencia el genio de Nueva Orleans.

Resulta paradójico que sea precisamente Bonet, uno de los fundadores de la SGAE, quien incurra en un delito contra la propiedad intelectual; así que concedamos el beneficio de la duda: ¿Es una flagrante copia o un velado homenaje?

Rastreando otros posibles antecedentes apócrifos, los pasos de Raska-Yú llevan a Cuba, patria natal del maestro Alberto Villalón, a quien se atribuye la autoría de Boda Negra.

Popularizado por Julio Jaramillo, Ana Gabriel, el Trío Los Condes, Óscar Chávez y Lydia Mendoza entre otros, la letra del viejo bolero guarda un parecido, más allá de toda duda razonable, con la versión de Bonet.

Las pesquisas toman nuevamente un rumbo inesperado al constatarse que el propio Villarón tomó como punto de partida un poema homónimo sobre el que todavía se cierne la controversia.

Incluido en una recopilación póstuma del poeta colombiano Julio Flórez, hay quien se remonta a finales del siglo XIX para otorgarle el mérito del mismo al sacerdote venezolano Carlos Borges. Pero si en algo coinciden los estudiosos de la materia, es en la naturaleza supuestamente verídica de los acontecimientos.

Para dar fe de ello, hay que remontarse a los albores del siglo XX en La Habana, en el preciso instante en que Francisco Caamaño de Cárdenas —un joven aspirante a poeta y colaborador ocasional de prensa de la época— sufrió la pérdida de su prometida (Irene Gay, de apenas 18 años) víctima de la tuberculosis.

Respetando la última voluntad de la muchacha, es enterrada con su traje de novia y cubierta bajo un manto de flores blancas en el llamado «tramo de los pobres» de la Necrópolis de Colón.

Sus restos serían exhumados a los tres años para pasar a engrosar el osario común del camposanto, una práctica común entre las familias más humildes, incapacitadas para sufragar las cuantiosas tarifas funerarias.

Francisco intentó en vano recaudar fondos para cubrir las cuotas. En un último y desesperado intento por preservar el descanso eterno de su amada, recurrió a un amigo cirujano para reclamar el esqueleto de Irene, alegando que sería donado para un supuesto estudio anatómico.

Sin embargo, cuando Francisco se presentó ante los sepultureros éstos le comunicaron que el permiso del médico no tenía validez ya que, al ser la causa de la muerte una enfermedad infecciosa, los despojos no podían salir del recinto para evitar contagios.

Aún así, Francisco consiguió finalmente eludir los obstáculos burocráticos mediante el soborno. Una vez en su casa, decidió poner a buen recaudo los restos de Irene; de ese modo, llegado el momento de su muerte, los dos podrían al fin descansar juntos.

Es en este punto donde la realidad difiere de la ficción: Francisco, lejos de «celebrar sus bodas con la muerta», conservó lo que quedaba de ella con auténtica devoción e infinito respeto.

Por desgracia, los rumores de su pasión necrófila comenzaron a circular por la villa. El miedo de sus vecinos a un posible brote tuberculoso y el temor ante las posibles represalias policiales, obligaron al joven a poner tierra de por medio.

Para cuando Francisco regresó a La Habana varios años después, el bolero de Villalón ya corría de boca en boca. Al visitar la barbería del barrio, regentada por su amigo Guillermo Muñiz, éste le confesó a Francisco que fue él quien relató los hechos al mismísimo Julio Flórez; y que fue allí mismo, en el propio sillón de la barbería, donde el colombiano escribió de un tirón el poema.

Al empeñarnos en seguir el hilo, corremos el riesgo de perdernos en la madeja. Tal vez por eso, al final de nuestro recorrido el Raska-Yú de Bonet de San Pedro adquiere las dimensiones de un Pierre Menard posmoderno, prestándose a cuestionar el papel del autor y los límites de la propia obra.

Como todo en la vida, es una simple cuestión de perspectiva. Elijan ustedes.

Fuente: El País

[*FP}– Del baúl de los recuerdos: También yo tuve mi aventura con una perforista

31-10-2011

Carlos M. Padrón

Al leer lo que en estos dos posts,

  1. Del baúl de los recuerdos de IBM: Perfovericadoras (máquinas y mujeres) – Rel. 1 / L. Masina, M. A. Gutiérrez, y A. Lalaguna

  2. Del baúl de los recuerdos de IBM: Perfovericadoras (máquinas y clientes) – Rel. 2 / Alberto López, y Leonardo Masina

lo que acerca de las máquinas perfoverificadoras y de las damas que las operaban —comúnmente llamadas perforistas— han escrito para este «baúl» varios exIBMistas, me ha venido a la memoria la «aventura» que viví junto a una perforista.

En 1971, mi primer año en ventas en IBM de Venezuela, a los vendedores nos asignaron cuota de data center, lo cual era un verdadero dolor de cabeza, por decir lo menos, no sólo por lo difícil de vender sino por lo difícil de conseguir que el Data Center, que operaba en el Edf. Mene Grande (o Edf. 360) y cuyo gerente era Adolfo Fuenmayor, cumpliera con las fechas de entrega de los trabajos.

Yo confiaba en hacer mi cuota con un contrato de servicio que le había vendido al Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV), que para entonces estaba en el centro de Caracas, cerca de la catedral.

Pero entre las demoras del Banco en entregar los datos, la inconsistencia de éstos y los retrasos del Data Center, la relación BTV-IBM era cada vez peor, y yo veía cada vez más lejos mis posibilidades de hacer la cuota.

Así las cosas, en una reunión que con un tal Sr. Huizi, del BTV, sostuvimos Agustín Mogollón (q.e.p.d.) y yo, el Sr. Huizi, que se negaba a reconocer culpa alguna por parte del Banco, nos emplazó a entregar para el día siguiente un cierto trabajo y, si no lo hacíamos, cancelaría el contrato.

Mogollón aceptó y me dejó el muerto a mí.

Terminada la reunión salí en carrera al Mene Grande a hablar con Adolfo Fuenmayor.

Le conté los detalles del caso, y él se comprometió a hacer todo lo posible para sacar el trabajo para el día siguiente, pero a condición de que las cuatro damas perforistas que para eso se necesitaban se quedaran a trabajar esa noche.

Conseguí la autorización de sobretiempo y se la llevé a Mene Grande como a las 4:00 pm.

Cuando se la entregué a Fuenmayor, éste me dio la mala noticia de que el trabajo no saldría a tiempo porque una de las perforistas que había dicho que sí se quedaría, no podría hacerlo porque la persona con quien ella contaba para que viniera a buscarla en la noche, no podría venir.

Ante esto, salí de asomado y dije que yo la llevaría, así que, cuando terminé esa tarde en IBM-Capriles me fui para Mene Grande y me fajé a trabajar ordenando los documentos que las perforistas debían transcribir, y supervisando y revisando todo, pues allí sólo estábamos ellas, Adolfo Fuenmayor y yo.

El trabajo de perforación terminó a las 02:30 de la madrugada, así que a esa hora me dispuse a llevar a su casa a la dama perforista, según lo prometido.

Ya los dos en mi carro —un Ford Fairlane 1966— le pregunté dónde vivía. Me miró de una forma bastante rara y me dijo:

—Si le explico, seguro que usted no va a saber, pero tome hacia la Av. San Martín que yo lo guío.

Así que tomé ese rumbo, que me venía bien porque yo vivía en Vista Alegre, también al oeste de la ciudad.

Cuando llegamos como a mitad de la Av. San Martín, la muchacha me dijo que doblara a la derecha, y comenzamos una subida serpenteante que cada vez era más pronunciada y más estrecha.

Después de ‘n’ curvas yo ya no sabía dónde estaba, pero sí reparé en que la ciudad iba quedando cada vez más abajo, y cada vez se divisaba más y más de ella.

Como la noche estaba despejada, la vista era impresionante, pero mi ánimo no estaba para esos deleites porque, a medida que subíamos como por una trocha bastante estrecha e irregular, nos íbamos acercando, en un silencio total, a una especie de barrio de sólo ranchos, y, apenas entrar a él, de la nada salieron dos tipos blandiendo machetes y se pararon delante de mi carro.

Frené en seco y pensé: “¡Bueno, hasta aquí me trajo el río! ¡¿Qué será de mi hija de cuatro años?!”.

La reacción de la muchacha fue inmediata. Sacando la cabeza por la ventanilla gritó un nombre que no recuerdo: “Fulano, ¡soy yo!”.

Mientras uno de los tipos se quedó en todo el centro de la vía, frente a mi carro y con el machete en ristre, el otro, el «Fulano», se acercó a la muchacha.

Ella le explicó lo que había pasado, y que yo le estaba haciendo el favor de darle la cola, y le pidió que “avisara” para cuando siguiéramos subiendo los dos, y para cuando luego bajara yo solo.

Al escuchar eso de la bajada solo, un escalofrío me recorrió la espalda.

El tipo metió la cabeza dentro del carro y me dedicó una mirada que a las claras fue para ver de cerca al loco que hacía lo que yo estaba haciendo.

Se retiró, le dijo algo al que estaba parado frente al carro, que arrancó a correr hacia arriba, y, echándose a un lado, me hizo señas de que continuara.

Todavía no entiendo cómo conservé la calma, porque por dentro estaba que reventaba.

Sin decir palabra seguí subiendo en continuo zigzag hasta que llegamos como al punto más alto de una colina desde donde vi una Caracas que jamás he vuelto a ver.

La muchacha me dijo que la dejara allí y que avanzara un poco más para que pudiera dar la vuelta, que ella me esperaría.

Así lo hice, la saludé con la mano al pasar, me gritó las gracias, y comencé a descender,… absolutamente agarrotado de miedo y preguntándome si yo podría llegar con vida a la Av. San Martín, y por qué vía, pues no estaba seguro de no perderme.

Dado lo estrecho de la trocha tenía que ir a paso de entierro, rogando que no viniera un carro en sentido contrario, y cuidando de no rozar siquiera alguno de los ranchos, porque, de hacerlo, seguro que le causaría daño y los dueños o inquilinos me lincharían.

La poca velocidad me permitió darme cuenta de que casi cada 50 metros había un tipo escondido en algún callejoncito transversal, pero ninguno se movió ni hizo amago sospechoso alguno.

A medida que yo bajaba había menos ranchos y la vía era menos estrecha, hasta que, de pronto, después de una eternidad y al doblar una curva, vi abajo la Av. San Martín.

Aunque sentí ganas de pisar el acelerador, me contuve porque había muchos huecos en la vía y corría el riesgo de quedarme accidentado si caía en uno de ellos, así que, poco a poco, con el corazón que se me salía por la boca, alcancé la bendita avenida.

Nunca, ni antes ni después, me ha parecido tan bella la Av. San Martín. Apenas entrar en ella y doblar a la derecha, pisé a fondo el acelerador y llegué a mi casa en tiempo récord.

La sensación de alivio que me invadió cuando cerré tras de mí la puerta de mi apartamento es de las que tampoco se olvidan.

Por años traté de no revivir ese mal trago, hasta que la curiosidad pudo más, y un domingo, acompañado por un amigo, decidí averiguar dónde había estado yo aquella memorable noche.

No lo conseguí, pues o no logré dar con la entrada donde se originaba la subida al cerro, o ya ésta había sido totalmente cambiada o clausurada. Y claro, para esa fecha ya nadie sabía de la perforista, pues ella sí habría podido dar detalles.

Sólo sé que, acompañando a una mujer que yo no conocía y que nunca más volví a ver, estuve a las 3:00 de la madrugada al norte de la Av. San Martín, en la parte más alta de un cerro lleno de ranchos, y con mi vida a merced de unos tipos armados con machetes.

Como dije en un relato anterior, éste es uno de esos casos de personas que se cruzan fugazmente en la vida de uno y pueden cambiarla.

Esta perforista se cruzó en mi vida y estuvo a punto de hacérmela perder.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-IX

IX

Empezando a escribir
de mi pecho el sentir,
a la imprenta de un pueblo conocido
un escrito entregué,
el cual me devolvieron corregido
sin saber el por qué;
pues que más tarde, en culta capital,
un diario lo insertó,
idéntico al primer original.
¿Allí también me conocían? ¡No!

[*Opino}– España: Más del 70% de los jóvenes prefieren un ingreso fijo a crear su empresa

Carlos M. Padrón

Creo que lo que denuncia este artículo, que copio más abajo, tiene mucho que ver con lo que ya dije acerca del funcionariato y de la aversión al trabajo.

Me llama mucho la atención, sin embargo, que de los españoles que he conocido en Venezuela, un porcentaje mucho más alto que el 5.1% son emprendedores, o sea, tienen negocio propio. ¿Será porque, en su mayoría, salieron de España durante la dictadura de franquista?

El origen de la tendencia actual apunta al bendito «estado de bienestar» o a la «cultura del maná«.

***

28/10/2011

Almudena Martínez-Fornés

Los españoles no han sido educados para emprender

Además, si un emprendedor fracasa en un primer intento, se le estigmatiza, y si a pesar de todo persiste y tiene éxito, no se le valora más que a un funcionario, pues los que de verdad están reconocidos en nuestro país son los profesionales independientes, los científicos y los artistas.

Esto es lo que se desprende del Libro Blanco de la Iniciativa Emprendedora en España, un trabajo que la Fundación Príncipe de Girona encargó en mayo de 2010 a expertos de Esade y que sus autores entregaron ayer en persona a los Príncipes de Asturias.

Con este panorama, no es de extrañar que sólo el 5,1% de los españoles sean emprendedores, en comparación con el 8,5% de los noruegos o el 8% de los estadounidenses. Además, la crisis está haciendo que la cifra disminuya.

El libro, que recoge una encuesta en la que han participado más de 7.000 jóvenes españoles, hace una radiografía del emprendimiento en nuestro país, cuyos resultados dejan bastante que desear.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que los principales partidos políticos haciendo énfasis por la emprendeduría para ayudar a salir de la crisis.

Una juventud «acomodada»

Uno de los datos más inquietantes es que los jóvenes españoles no emprenden porque están «acomodados» y prefieren la estabilidad (77%) y los ingresos fijos (70%) del trabajo asalariado, antes que crear su propia empresa.

El otro dato inquietante del Libro Blanco indica que el 10,9% de los jóvenes españoles que tienen entre 15 y 19 años son «ni-ni», es decir, que ni estudian ni trabajan. Esta cifra sitúa a España a la cabeza de otros países europeos y de Estados Unidos, incluso por delante de Portugal, en porcentaje de jóvenes ociosos.

Además, la situación no se corrige a medida que van cumpliendo años, sino todo lo contrario, pues los «ni-ni» aumentan al 17,2% entre los jóvenes de 20 a 24 años, tramo de edad en el que sólo nos supera Italia, con el 22,6%.

Pero el Libro Blanco no se limita a describir la lamentable situación de la iniciativa emprendedora en España, sino que también aporta recomendaciones para ayudarla a despegar.

Entre otras, afirma que la iniciativa emprendedora puede aprenderse en la escuela y debería potenciarse para que los jóvenes desarrollen competencias, como la autonomía, la confianza en uno mismo y la toma de decisiones en entornos de riesgo.

También recomienda mejorar la financiación de los nuevos proyectos empresariales, especialmente en forma de capital riesgo en sus primeras etapas.

Fuente: ABC