[*Opino}– Más divagaciones sobre la cultura y el arte

15-12-11

Tal parece que no hay quórum sobre el tema de la cultura. Y ahora, para colmo, se sumó el del arte.

Acera del primero ya di mi opinión, que mantengo, en particular porque, en cierto modo, está implícita en casi todas las otras que se han dado.

Acerca del segundo reitero lo que una vez, allá por 1994 ó 95, escuché decir, creo que a Sánchez Dragó, en el programa La Radio de Julia: «El arte que necesita explicación no es arte».

Según esto, que me parece muy acertado, para mí no son arte la mayoría de las obras llamadas de arte moderno, en particular esculturas y pinturas.

Carlos M. Padrón

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2011-12-14

Amando de Miguel

Los comentarios sobre la cultura y el arte desbordan mi disco duro, o como se llame.

Miguel Higueras señala algo muy original: que cultura es lo que no necesita mediación genética. No lo había pensado yo. No sé si se puede separar lo genético de las obras humanas. Insisto en que, para mí, la cultura es lo valioso, la obra admirable.

Por tanto, esa apreciación es relativa al tiempo en el que se hace. En los museos arqueológicos hay piezas que han sido encontradas en los basureros de la antigüedad. El artefacto se ha realizado siempre por alguna mano humana. Realmente, el hombre es el único animal que tiene manos, es decir, inteligencia.

Puesto que las piezas de cultura son producto de una interacción entre el autor y el observador, es fundamental la voz «interactuar».

Íñigo Benjumea me dice que no le gusta mucho ese verbo, cuando podríamos decir «relacionarse con» o expresiones análogas. Siempre es mejor una palabra que dos.

Pero lo fundamental es que «interactuar» —o mejor, «interaccionar»— indica cierta reciprocidad, un camino de ida y vuelta. Así pues, son palabras necesarias, por mucho que parezcan barbarismos.

Precisamente la cultura es la misteriosa comunicación recíproca entre el autor de la obra (aunque sea anónimo) y el observador. Es el caso de un libro, de un objeto artístico, de una pieza musical.

José María Navia-Osorio está de acuerdo conmigo en que «para ser culto hay que ser curioso», pero añade que «hay que saber estructurar mentalmente y relacionar lo que se ha ido descubriendo». Estoy conforme; todavía más cuando el de Oviedo sintetiza que la cultura es «buscar cosas nuevas para aprender». Sí, señor. Él lo dice a propósito de los museos que ha visitado en este puente.

Hug Banyeres insiste en que «la curiosidad es un vicio, opuesto a la estudiosidad y padre de otros desórdenes». En apoyo de su opinión cita a Santo Tomás.

No me parece que Santo Tomás vaya a dilucidar nuestras dudas en todo. En latín la curiositas tenía el sentido ponderativo que se le da hoy en inglés y que yo asimilo. En latín el curiosus podía ser también algo así como un inspector de Hacienda.

En cambio, en el español clásico (que todavía pervive en la primera acepción del DRAE), la curiosidad es algo desdeñoso. Habría que superar esa idea de curiosidad como vicio. Es más bien una virtud, la base de la Ciencia, de la disposición a aprender y, sobre todo, de la actitud del aprendizaje como placer.

No otra cosa me lleva a escribir en este rincón de Libertad Digital.

La actitud curiosa nos lleva a comprender y asimilar el carácter cambiante de la lengua.

Agustín Fuentes me envía una larga y enjundiosa disertación sobre el arte como producto cultural excelso.

Distingue entre el arte tradicional (en el que se sabe el significado) y el arte contemporáneo (él dice moderno), en el que se ha roto esa comprensión.

Creo que don Agustín exagera la dicotomía. Muchos coetáneos del Greco no entendían bien sus cuadros; ahora nos parecen clásicos. Me imagino que algo así como cuando los romanos descubrieron el arco, que es casi lo único que añaden a la arquitectura griega.

Cuando contemplamos las pinturas de Altamira no sabemos bien lo que significan, pero nos resultan admirables.

Sostiene don Agustín que en el arte contemporáneo nos tienen que explicar las piezas. Es cierto en muchos casos, pero también merecen una explicación las obras de arte antiguas.

Igualmente sostiene don Agustín que las obras de arte clásicas están hechas para durar, y las contemporáneas son efímeras. No estoy muy de acuerdo.

La Torre Eiffel se hizo para desmontarla después de la exposición de París, y ahí está. Muchos artefactos de los museos arqueológicos los admiramos como obras de arte, y en su día se fabricaron como algo efímero.

Habrá que seguir razonando y discutiendo.

Fuente: Libertad Digital

[*Opino}– «La ciencia de los milagros», por Gregg Braden. Para meditar. (Reedición con texto completo)

Carlos M. Padrón

El vídeo que AQUÍ puede verse —pero, lamentablemente, no bajarse— dura una hora, está hablado en inglés y tiene subtítulos en español, aunque con bastantes errores, muchos de ortografía y algunos de traducción, que he corregido en esta reedición.

Sin embargo, el mensaje que quiere transmitir se entiende y, a pesar de que es largo, creo que vale la pena verlo, con mucha atención y más de una vez, hasta entenderlo bien.

Se podrá creer, o no, todo o parte de lo que en él se dice, pero a mí me dio una posible explicación a los hechos reales que me ocurrieron y que conté en los artículos Una experiencia ESP personal y Las Palomas de la Virgen, lo cual es ya bastante.

Apenas unos años atrás habría resultado menos creíble lo que en ese vídeo dice Gregg Braden, por lo que sospecho y deseo que, pasados otros pocos años, resultará más creíble todavía, aunque tal vez con algunos cambios y matices.

Ni nuestros ancestros eran idiotas ni nuestros científicos entienden y pueden explicar todo lo que nos ocurre. De ahí que conviene adoptar una posición de crítica apertura y no de negación a priori.

Cortesía de Elsa Padrón

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NotaCMP en relación a la reedición

En vista de lo entrecortado  y un tanto errático de los subtítulos en español que tiene el vídeo en referencia, la misma persona que me envió el link al vídeo me ha enviado una recopilación de sus subtítulos, que he corregido y editado en el texto que sigue, cuya lectura no debe ser motivo para dejar de ver el vídeo, sin duda parte importantísima y clave de este tema.

De una reciente entrevista hecha a un premio Nobel me llamó la atención que éste haya dicho que “Si algo hemos aprendido los físicos es que en la Naturaleza está todo conectado”.

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LA CIENCIA DE LOS MILAGROS

por Gregg Braden

Prólogo

Casi todos los textos universales y antiguos de las tradiciones espirituales sugieren que todo en nuestro mundo está conectado en formas, como campos de energía, que quizás recién estamos comenzando a entender.

De hecho, estos campos de energía, y algunos otros, ya han sido descritos por los científicos occidentales como una malla, o una red, que forman lo que llamamos la tela subyacente a toda la Creación. Han estado aquí desde el comienzo, son inteligentes y responden profundamente a las emociones humanas.

Si nos concentrarnos en sentir como si nuestras plegarias ya hubieran sido atendidas, en ese sentir nos comunicamos con las fuerzas de la Creación, permitiéndole al mundo que nos responda, permitiéndole a uno de esos, a ese holograma cuántico o mente de Dios campos —tal vez el campo principal o el que reúne a todos—, que nos responda en concordancia con lo que sentimos en nuestros corazones.

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El lenguaje cuántico de sanación, de paz, de sentir y creer.

¿Cómo sería descubrir que en cada momento de nuestras vidas hay una conversación, un constante dialogo con el Universo que nos rodea, y que si todo lo que en ellas nos ocurre, desde la cura de nuestros cuerpos hasta nuestros romances, nuestros divorcios, etc., todas las cosas que vemos en nuestra vida y que percibimos cada día, son reflejos de esta inteligencia, del campo de energía que los antiguos describieron en sus propios lenguajes, y que la Ciencia occidental está empezando a describir en un lenguaje que podemos reconocer?

Hay una creciente evidencia científica que sugiere que así es precisamente como funciona nuestro mundo.

El mundo es, en esencia, nada más y nada menos que el reflejo de nuestras emociones y pensamientos, de nuestras creencias y oraciones.

El físico Jhon Wheeler sugiere precisamente este concepto en una reciente entrevista. Lo que dijo es que vivimos en lo que él llamó un “Universo participatorio”.

En vez de pensar que el Universo es algo que ya estaba creado y que nosotros caímos en medio de él para vivir nuestras experiencias, lo que el Dr. Wheeler sugiere es que el universo es el resultado de lo que nosotros hacemos en nuestras vidas. Dice que somos pequeños parches del Universo que se miran a sí mismos y que se crean a sí mismos a lo largo del tiempo.

Éste es un concepto radical porque sugiere que, mientras buscamos dentro del mundo del átomo cuántico lo que conocemos como la partícula definitiva, puede que nunca la encontremos porque, cada vez que miramos, el acto de observar con nuestra conciencia se ejecuta, y crea y construye algo más que lo que buscamos, al más que podamos ver.

Y cuando miramos en el vasto y extenso espacio de Universo buscando el límite de la Creación misma, nunca lo encontraremos porque la acción de la conciencia que busca es la fuerza creadora que pone algo en el lugar en que buscamos.

Hay cada vez más evidencia científica que sugiere que es así precisamente como funciona nuestro mundo, y lo que descubrimos mediante estos experimentos recientes del siglo XX es que los antiguos han estado muy acertados al describir con precisión, en su propio lenguaje y tiempo, el funcionamiento del mundo.

Entre 1993 y 2000 se realizaron varios experimentos en instituciones académicas y científicas acreditadas que dan soporte a los conceptos que los antiguos tan claramente manifestaron en el lenguaje de su tiempo.

Tres de estos experimentos sacuden las bases fundamentales de todo lo que creíamos saber sobre la Física y el funcionamiento del mundo, y todos sugieren que estamos conectados a través de un campo de energía.

La idea de que hay tal vez una esencia permeable que lo conecta todo, realmente no es tan nueva en el mundo científico.

A fines de 1800 una tremenda revolución espiritual recorrió la Tierra, y en ese entonces tuvo lugar un gran debate sobre la existencia o no de este campo, al que en ese tiempo se le llamaba “Campo etéreo”.

En 1887 se realizó un famoso experimento para demostrar la existencia o no de tal campo, y, basándose en el resultado, la Ciencia occidental, específicamente la Física occidental, empezó a creer que todo lo que pasa en nuestro mundo es discrecional, no relacionado y aislado, y que las cosas que parecen ocurrir al mismo tiempo serían simples coincidencias.

Un experimento, muy famoso, de Michael Saemorlie, que es equivalente al que se realizó en ese entonces, se basa en lo siguiente: “Si sales a la calle ahora y levantas un dedo, y en ese momento no sientes el viento contra tu dedo, podrías concluir que no existe aire a tu alrededor”. Ése es el basamento equivalente al del experimento que se llevó a cabo en 1887.

Entonces creían que si este campo existía debía tener movimiento, y cuando no encontraron movimiento concluyeron que el campo no existía.

Desde 1887 hasta inicios de 1990 toda la Ciencia occidental se basaba en el principio de que lo que ocurre en un lugar no tiene efecto sobre lo que ocurre en otro. Y ahora sabemos que esto es incorrecto.

Paso a relatar los tres experimentos que estremecieron absolutamente las supuestas bases fundacionales de la Física occidental.

Primero

Fue llevado a cabo, a comienzos de los ‘90s, por el físico Vladimir Poponin, quien se trasladó a EEUU para concluir la serie de experimentos.

Poponin quería investigar la relación entre el ADN humano y las cosas que conforman nuestro mundo: estos paquetes de energía a los que llamamos fotones o pequeñas partículas de luz, si desean imaginarlas de esa manera.

El experimento consistía en vaciar completamente un tubo de vidrio, sacando todo el aire de él hasta crear lo que, en teoría, llamamos el vacío, o sea, hasta dejar el tubo sin ningún contenido.

Algo que es relativo porque sabemos que dentro de él quedarán las pequeñas partículas de luz (fotones).

Poponin analizó cómo estaban distribuidos los fotones dentro del tubo, si flotaban por todo el interior de él, dónde se acumulaban, o qué pasaba en realidad con ellos.

El resultado de esta etapa del experimento no presentó sorpresas, porque las pequeñas partículas, los fotones, se comportaron de manera aleatoria dentro del tubo, como era de esperarse.

Pero la siguiente etapa fue realmente muy interesante. Poponin colocó ADN humano dentro del tubo, y, cuando volvieron a medir los fotones, éstos aparecían alineados con la cadena de ADN humano, como si el ADN tuviera efecto sobre las partículas que componen nuestro mundo.

Esto es exactamente lo que el espíritu de las tradiciones antiguas nos dice. Algo dentro de nosotros tiene efecto en el mundo que nos rodea, y el experimento de Poponin verificaba esto por primera vez en un laboratorio.

La siguiente etapa del experimento fue más interesante aún porque, cuando sacaron el ADN del tubo, esperaban que los fotones volvieran a esparcirse aleatoriamente de la manera en que estuvieron antes. Pero esto no pasó; lo que ocurrió es que, aunque el ADN no estuvo más en el tubo, los fotones permanecieron alineados como cuando el ADN estuvo allí.

La pregunta es: ¿Por qué? ¿Qué causa ese efecto? Nada conocido en nuestra Física occidental explica por qué estos fotones mantuvieron la posición en la que estaban cuando el ADN que causó su alineamiento no estaba ya dentro del tubo.

A éste se le llamó el experimento del “ADN fantasma” porque los efectos duraron aún cuando el ADN no estaba presente.

Y lo que este experimento nos dice, en primer lugar, es que el ADN humano se comunica con las partículas que conforman nuestro mundo.

Estos paquetes de energía que subyacen a toda la materia se comunican por medio del campo que previamente no habíamos reconocido y al que Ciencia llama “Campo nuevo” aunque siempre estuvo ahí pero no teníamos forma de comprobarlo.

Llamamos a esto una forma de energía previa no reconocida.

Segundo

Fue un experimento militar fascinante.

Lo que se hizo fue tomar ADN humano de un trocito de piel de la boca de un donante y ponerlo en un dispositivo que permitía medir los efectos desde una habitación del edificio, mientras el donante del ADN usado estaba en otra habitación del mismo edificio.

Así que tenemos el ADN del donante en una habitación, y el donante en otra habitación diferente y separada de la primera.

Luego los científicos expusieron al donante a estimulación emocional para que tuviera genuinas emociones de alegría, tristeza, miedo, ira, etc., e inmediatamente analizaron el registro del ADN para ver si éste había sido afectado por las emociones del donante.

¿Por qué habría de serlo? La Física occidental sugiere que no hay nada que conecte este ADN con el donante, pero el resultado de este experimento fue exactamente lo opuesto.

Lo que los científicos encontraron fue que, mientras el monitor conectado al donante registraba los picos y valles emocionales de éste, en el otro monitor, ubicado en la otra habitación, se veía cómo el ADN mostraba los mismos valores y al mismo tiempo.

En este tipo de experimentos pensamos que la energía se transmite desde un punto A a un punto B, y si la energía se traslada de un punto a otro uno espera que haya un pequeño retraso de tiempo entre el donante que tiene estas emociones y el ADN que responde. Pero eso no es lo que sucedió.

Lo que sucedió en estos experimentos —y ésa es la clave para entender el verdadero poder de la plegaria— es que el efecto es simultáneo, sin retraso de tiempo. En el mismo instante en que el donante experimentaba una emoción, el ADN respondía como si no hubiese un tiempo de transición entre donante y ADN, entre una habitación y la otra.

Este experimento se realizó por primera vez teniendo, entre el ADN y el donante, una separación de 4,57 metros. Luego se realizó con una separación de cientos de kilómetros, ¡cientos!

Conocí al Dr. Clive Baxter, el diseñador de uno de estos experimentos, y me comentó que en uno de ellos el donante estaba en Los Ángeles, mientras que su ADN estaba en Phoenix, Arizona, a 700 km de distancia, y el efecto fue el mismo, fue instantáneo.

Esto abre una puerta a toda clase de posibilidades sobre cómo el ADN permanece conectado a su donante, y lo que esto nos dice es, de nuevo, que estamos conectados con nuestro ADN a través de nuestras emociones, y el efecto es igual tanto si ese ADN está en nuestro cuerpo como si está separado de él por cientos de kilómetros,

A esto se le llama “Energía no-local”, o que está presente en todo momento y lugar, porque esta energía no tiene que viajar del punto A al B.

Tercero

Lo realizaron a principio de los ‘90s científicos del Instituto Heartmath, una organización localizada en California.

Analizaron el corazón humano como algo más que una simple bomba física que impulsa la sangre por nuestro cuerpo. Exploraron lo que nuestros corazones hacen en el área emocional, que es quizá lo más importante que hacen, y descubrieron que el corazón humano es el campo magnético más grande del cuerpo, y el campo electromagnético que produce se extiende más allá de nuestro cuerpo físico.

Anteriormente habían descubierto que alrededor de cada corazón humano hay un campo energético con forma de tubo llamado “tubo toro” que se extiende entre 180 y 240 cm fuera de ese órgano.

La pregunta es si en este cuerpo ya conocido podría haber otra forma de energía que es llevada por este campo más allá de nuestro cuerpo, e hicieron un experimento para probar esta posibilidad.

Tomaron ADN humano, lo aislaron, y solicitaron a sus dueños, que fueron voluntariamente entrenados, que expresaran lo que se denomina emociones humanas coherentes —o sea, emociones muy claras de amor, odio, compasión, desprecio, etc.— que generasen esos sentimientos.

En este proceso se medía el ADN para ver cómo respondía, y encontraron que, frente a emociones de amor, aprecio, compasión, o perdón, el ADN se volvía muy “relajado” o “expandido”, y lo que sabemos por otros experimentos es que este estado de relajación del ADN fortalece nuestro sistema inmunológico.

Cuando se preguntó a entendidos por qué estos sentimientos de amor y compasión nos dan una mejor respuesta inmunitaria, respondieron que tal vez eso puede explicar por qué, ya que, al estar relajado, el ADN permite que se activen más secciones de él —como si fueran “interruptores”, si se quiere imaginarlo así—, y éstas se vuelven capaces de conectarse.

Y ocurre lo opuesto en presencia de sentimientos como odio, temor, celos, etc.: cuando el ADN se “comprime”, al no permitir nuestro cuerpo que estos “interruptores” se fortalezcan, se debilita el sistema inmunológico.

Ya hoy sabemos que cuando las personas viven en un estado de celos, ira, u odio, se debilitan esas zonas de sus cuerpos, y que ocurre lo opuesto con un estado de amor, perdón, o compasión, que son emociones que mejoran al cuerpo inmunológicamente.

Ahora, tal vez por primera vez, estos experimentos nos puedan ayudar a entender por qué el efecto de las emociones humanas produce en nuestros cuerpos lo que se llama la conformación de la silueta del ADN.

Lo que los experimentos nos demuestran en los resultados de laboratorio publicados y descritos es que hay una clase muy específica de emociones humanas que tienen el poder de cambiar la forma del ADN en nuestro cuerpo, lo cual es algo asombroso porque nos dice que, por nuestra voluntad, cuando nos concentramos en prestar atención a una muy específica clase de estados emocionales dentro de nuestro cuerpo adquirimos el poder para modificar el funcionamiento del ADN que hay en él, nuestro ADN.

Esto es el principio de una tecnología interna, probablemente muy antigua, que fue descrita en los lenguajes del pasado y que ahora comenzamos a entender.

Algo interesante de estos tres experimentos es que ninguno de los científicos investigadores sabía que los otros experimentos se estaban llevando a cabo en otros laboratorios.

Y estos tres sólo son algunos de los efectuados en la misma área y que, en líneas generales, han dado los mismos resultados finales.

Aunque hayan sido experimentos aislados, al juntarlos todos es interesante cómo comienzan a contarnos una historia, una que dice algo así:

  • El primero, el de Lionel Poppe, nos dice que el ADN de nuestros cuerpos tiene, a un nivel energético, un efecto directo en nuestro mundo, en los objetos físicos que lo componen.
  • El tercero nos demuestra que las emociones humanas tienen la capacidad de cambiar nuestro ADN, afectando así al mundo que nos rodea. Y,
  • El segundo, que fue conducido por la armada de USA, nos muestra que, aunque estemos en el mismo edificio o a 700 Km, los resultados son los mismos. No estamos atados por el tiempo y el espacio. Y no sólo eso, también enseña que los resultados de los experimentos son tan contundentes que permiten afirmar que tú y yo tenemos un poder en nuestros cuerpos que no está sujeto a las leyes de la Física en la forma en que las entendemos en la actualidad, sino que algo dentro de nosotros —como nuestras emociones, pensamientos, creencias y plegarias— trascienden los límites del tiempo y el espacio, tal como hoy los conocemos.

Sabiduría ancestral

Todas las tradiciones ancestrales nos cuentan en sus antiguas lenguas que estamos conectados al mundo que nos rodea, tal como actualmente lo está demostrando la Ciencia occidental.

Nuestros ancestros nos invitan a dar un paso adelante y nos dicen: así es cómo deben proceder en sus vidas. Nos dejaron instrucciones muy, pero muy claras de cómo debemos utilizar este poder, esta tecnología interior, para cambiar el mundo, para curar nuestro cuerpo, y para agruparte a ti, a tu familia, y tu comunidad colectivamente.

Cuantas más personas adopten estos principios, más personas trabajarán en paz, y esa paz se extenderá a todas las naciones.

Quiero compartir con Uds. un estudio que hemos realizado y que describe precisamente cómo comenzó esto a trabajar.

Una de las preguntas que con más frecuencia nos hacemos es si existe esta relación, y, si realmente existe, por qué no es del conocimiento público.

¿Por qué la Ciencia occidental no comprende estos principios? ¿Por qué estamos recién descubriéndolos?

La respuesta a esas preguntas empieza por aceptar que la forma en la que vemos el mundo hoy, nuestro conocimiento actual de él, es parte de un compendio de sabiduría integral que nos conecta con nuestro pasado. Y sabemos que esta cadena, este lazo que nos ataba con el conocimiento anterior, se ha roto al menos en dos momentos en nuestra historia oficial.

Algo pasó dos veces en la historia reciente cuando ocurrieron eventos en los que perdimos información del conocimiento antiguo, y parte de ese conocimiento tiene que ver con lo que estamos debatiendo ahora mismo.

El primero de esos episodios fue la quema de la Biblioteca de Alejandría, en el siglo IV. Aunque no sabemos exactamente lo que había dentro de esa biblioteca sí sabemos que existían volúmenes y más volúmenes de información almacenados en rollos que fueron escritos en esa época.

El historiador romano Calamatro, por ejemplo, catalogó más de 536.000 rollos en Alejandría antes de la quema, y muchos de ellos eran ya antiguos en el siglo IV.

Y sabemos que había rollos que contenían algunos de los más antiguos documentos sobre las antiguas tradiciones hebreas, sobre el conocimiento astronómico de los Egipcios, sobre conocimientos médicos, o sobre mucha de la sabiduría que había sido reunida por miles de años y que describía las relaciones humanas con nuestro mundo y con otros, o tal vez con algo más grande.

Sí, es cierto: cuando esta biblioteca fue quemada tenía una valiosa y grandísima cantidad de información.

El segundo acontecimiento está relacionado con la edición de los primeros textos bíblicos en su versión occidental, allá por en el siglo IV, año 329 d.C., en los primeros años del Cristianismo.

Por esta época, Constantino convocó un concilio. Entonces no había un texto bíblico compilado, como lo hay hoy en día, sino que había varios escritos, algunos con mucha simbología y otros muy pobres, y muy poca gente tenía acceso a ellos.

Así que Constantino, en un esfuerzo por hacerlos más accesibles al público en general, convocó ese concilio con la Iglesia, y pidió a ésta algunas recomendaciones sobre qué libros dejar, cuáles sacar, qué se debía modificar en ellos, etc.

El resultado es lo que actualmente llamamos la Biblia occidental, la tradición bíblica.

Sabemos que al menos 20 libros fueron removidos completamente, y que otros 20 ó 25, que tenían textos preciosamente editados, lo fueron en parte, pues fueron condensados y reorganizado su contenido hasta quedar tal cual los conocemos hoy día como nuestro texto bíblico.

Así que, por buena que sea nuestra Biblia de hoy, en su mejor versión, abierta y libremente admitida, sigue siendo incompleta. Y lo sabemos porque hemos encontrado estos documentos en lugares como la biblioteca de los rollos del Mar Muerto que, por este motivo, son tan controversiales.

Cuando encontramos los rollos del Mar Muerto pudimos ver algunos textos en su forma original. Algunos de los rollos tenían más de 1.700 años, y lo más interesante es que muchos de sus textos, que fueron reeditados o eliminados en su totalidad, son exactamente los documentos que describen nuestra relación con el Universo y con las creaciones a nuestro alrededor, mediante el poder de nuestras emociones humanas.

Pensamientos, sentimientos, emociones y creencias

La Ciencia está ahora comenzando a decirnos, en su lenguaje, lo que las antiguas tradiciones espirituales nos mostraron a su manera, inclusive en textos y documentos que tomamos como referencia para conocer cómo funcionan estos principios.

La pregunta es cómo aplicarlos en nuestras vidas, y cómo volverlos funcionales en la relación que dentro de nuestros cuerpos existe entre pensamientos, sentimientos y emociones, y lo que sucede en el mundo a nuestro alrededor.

Tal vez deberíamos empezar definiendo qué son los pensamientos, emociones y sentimientos.

Recuerdo haber tenido muchas veces una conversación con mi madre en la que ella siempre me decía que creía que emociones y sentimientos eran la misma cosa. Pero aunque estén muy relacionados entre sí, hay una diferencia.

Si miramos una lámina antigua que ilustre los centros de energía en nuestros cuerpos —los chacras—, vemos que los tres centros inferiores están asociados a lo que llamamos el poder de las emociones humanas, y en la Antigüedad decían que sólo podemos percibir dos emociones primarias, que son el amor y lo que creamos que es su opuesto, cualquiera que éste sea; pensamos que puede ser el miedo o el odio.

Y cuando seguimos investigando en las tradiciones encontramos que, en realidad, éstas son los dos polos de una misma fuerza.

Así que en estos centros inferiores del poder de la emoción tenemos dos experiencias primarias: el amor y lo que creamos que es lo opuesto al amor.

El poder de las emociones es una fuerza que nos guía, que derriba las barreras y los muros que existen entre nosotros y los asuntos presentes en nuestras vidas.

Sin embargo, las emociones deben ser controladas y enfocadas. Si optamos por adoptar el poder que motiva a la gente cuando vive estrictamente de sus emociones, nuestras vidas podrían ser ligeramente caóticas.

Las emociones necesitan ser controladas, y ahí es cuando el poder del pensamiento lógico aparece, asociado a los centros energéticos superiores del cuerpo, pues el pensamiento es el que enfoca o da dirección a las emociones.

Por ejemplo, tenemos un pensamiento sobre algo, como un día lluvioso, y en ese pensamiento volcamos, sentimos, el poder de la emoción, ya sea de amor por ese día lluvioso o de miedo a lo que la lluvia pueda traer.

Y al conectar el poder de la emoción con la dirección del pensamiento, virtualmente creamos un sentimiento. Por tanto, un sentimiento es, por definición, la unión entre la emoción y el pensamiento.

Un centro energético lo suficientemente interesante, al que no hemos hecho referencia dentro de todos los otros sistemas, y que ha permanecido sin uso en estos sistemas antiguos, es el centro del corazón. Un centro dedicado al poder del sentimiento, pues sentimos en nuestros corazones.

Lo que sentimos en nuestro corazón es el lenguaje que le habla al campo al que nos hemos referido desde principio. Un lenguaje que la Ciencia occidental está comenzando a comprender mediante estos experimentos. Es el poder del sentimiento humano que se convierte en el lenguaje que abre la puerta a las posibilidades de lo que creamos en nuestro mundo.

Los científicos de nuestros días piensan que este campo es tan nuevo, que la idea de él es tan nueva, que no se ponen de acuerdo en usar un único nombre. Algunos lo llaman “El holograma cuántico”, otros “La mente de la Naturaleza” como lo nombró el Dr. Ed Mitchel, astronauta de la NASA, que pisó la Luna.

Científicos como Stephen Hopkings lo llaman “La mente de Dios”, y por más variados que parecieran ser los nombres, todos hablan del mismo campo, al que describen como una red que existe y subyace en la tela del Universo y conecta toda la existencia.

Y desde esa tela, desde esa red, nos comunicamos mediante sentimientos en nuestros cuerpos y mediante los sentimientos en nuestros corazones.

Existen tradiciones antiguas que no sólo reconocen esta relación sino que van un paso más allá y nos dejan instrucciones precisas acerca de cómo aplicar este conocimiento en nuestras vidas.

A finales de los ‘80s yo era un ingeniero que trabajaba en defensa para una corporación aeroespacial, y, como ingeniero, comencé a explorar en estos conceptos por la vía de mirar al mundo que me rodeaba para comprender la historia de los que nos precedieron.

Esta búsqueda me llevó a los más fantásticos viajes. Me llevó a varios de los lugares más maravillosos del mundo, desde los templos de Egipto a los Andes Bolivianos, por Perú, India, Nepal, Tíbet, la China Central, y a todos los desiertos del suroeste norteamericano, buscando información que me ayudara a entender cómo nos relacionamos con el mundo, cómo podemos usar este poder de los sentimientos para comunicarnos en este lenguaje con el mundo que nos rodea.

Entonces, y siempre como ingeniero, comencé a estudiar a los principales antecesores, la información que ellos dejaron y que nos dice cómo entender nuestra relación con el mundo que nos rodea.

Me refiero a una “tecnología antigua” que hoy llamamos plegarias o rezos.

Mi creencia fue que esta clase de información se preservó mejor en los lugares menos perturbados por la civilización occidental, y esto me llevó a una travesía, por primera vez en 1998, a las alturas de la China Central, al Tíbet, donde tuve la oportunidad de visitar doce monasterios y de poder hablar, mediante un traductor, con aquéllos que actualmente viven allí sus vidas mediante estos principios.

Esto es lo valioso de ir al Tíbet, una cultura viviente. Podemos ir a los templos en Egipto o a los templos mayas, y, por fascinantes que sean, las culturas que dejaron esa información ya no están allí físicamente, lo que nos lleva a especular sobre lo que nos querían decir con la información que dejaron.

Pero al ir a un monasterio en Tíbet podemos hablar con la gente que está allí, podemos preguntarles qué ocurre dentro de ellos cuando exteriorizan sus plegarias, qué pasa en su cuerpo, qué sienten, qué piensan, qué notan,..

Fue en el Tíbet donde, en particular, fui a uno de los templos y, mediante un traductor, le pregunté a un abate de un monasterio lo mismo que le había preguntado a todos los monjes. Sus respuestas fueron muy claras.

Pregunté:

—Cuando veo tus plegarias durante 12, 14, 16 horas diarias, cuando exteriormente te veo hacer estos mudras y mantras, tocar el gong y las campanas, y cantar tus oraciones durante tanto tiempo, ¿qué haces en tu interior? ¿qué pasa dentro de ti?

El abate me miró, y me gustaría pensar que se reía conmigo y no de mí, porque me contestó, usando de nuevo al traductor:

—Nunca ves nuestro rezo porque las plegarias no pueden observarse. Lo que ves son las cosas que nosotros hacemos para crear el sentimiento en nuestros cuerpos, y el sentimiento es la plegaria.

Entonces me preguntó:

—¿Cómo lo hacen en tu cultura?

Y me puse a pensar sobre la forma de nuestras plegarias hoy día.

Perdimos los textos que describen cómo el poder de las emociones y de los sentimientos es realmente el lenguaje que nos conecta con el Universo y con la Creación que nos rodea.

Hemos creído que las palabras eran las plegarias, que si repetimos las palabras correctas, el número correcto de veces, el día correcto del año, el momento justo del día, estamos rezando,.. aunque sin tener en cuenta la intención que debería haber en la plegaria.

Pero ahora sabemos que hay una modalidad en la plegaria que está más allá de la mera y simple ofrenda de palabras que repetimos.

Las cinco formas de la plegaria

Los investigadores de la plegaria occidental en nuestros días han identificado cuatro modalidades de oración. Dicen que, en occidente, cuando oramos usamos una o más combinaciones de estos cuatro modos de oración:

  1. El primero es llamado “Oración coloquial o informal”. Tengo un amigo en el área de la Bahía de San Francisco que cada viernes, en la ruta de vuelta a casa desde su trabajo, dice una oración informal: “Amado Dios, si me dejas llegar a la estación de servicio antes de que se me acabe la gasolina, nunca más dejaré que mi tanque se vacíe”. Esto sería una plegaria informal para Dios.
  2. El segundo modo de rezar es el llamado “Oración peticionaria”, en la que efectuamos un pedido a los poderes, una petición a Dios o a los Ángeles: ”Querido Dios, te pido el derecho de sanar y ser sanado, ahora y en cualquier manifestación en el presente, pasado o futuro”. Ésa sería una clase de oración peticionaria.
  3. El tercer modo de oración es la “Oración ritualista”, llena de alabanzas: ”Dios es grande, Dios es bueno…”.
  4. Y el cuarto es la oración en la que no hay palabras, sólo una meditación en la que tomamos conciencia del momento presente y del silencio.

Algunos disienten sobre si éste, el cuarto, es o no un modo típico de oración, y si los investigadores occidentales piensan que ésta es una plegaria típica en el mundo de hoy.

Si bien estos cuatro métodos definen casi todas nuestros métodos de oración, hay otro, un quinto, que no está incluido en la lista anterior y que es precisamente el método que el abate me describió en el Tíbet.

Es el modo de oración basado en el sentimiento, un modo en el que debemos “sentir el sentimiento” como si la oración ya hubiera sido respondida, y en ese sentimiento le hablamos a las fuerzas de la Creación permitiéndole al mundo respondernos, permitiéndole a este campo holográfico, a esta mente de Dios, respondernos en sintonía con el sentimiento que hay en nuestros corazones.

Este modo de oración, a diferencia de una petición donde nos sentimos impotentes en una situación —“Por favor, Dios, danos paz en el mundo”— nos invita a que nos sintamos como si participásemos de esa paz, tal como lo sugiriera John Wheeler: si somos parte de lo que vemos, si sentimos paz en nuestro mundo o salud en nuestros seres queridos, estamos dándole poder al sentimiento para que nos responda como un espejo, dando vida a esos cambios en nuestras vidas y en nuestro mundo.

Esto es precisamente lo que el abate me dijo en el monasterio del Tíbet.

A principio de los ‘90s tuve la oportunidad de presenciar este modo de orar, este modo de oración basado en el sentir.

Compartir con Uds. esta historia tal vez sea la mejor forma de describir y aclarar este concepto nebuloso que explica precisamente cómo funciona en nuestras vidas la oración basada en los sentimientos.

Durante los ‘90s, el desierto al suroeste de EEUU sufrió la mayor sequia de su historia, y un nativo americano, amigo mío, me invitó a que lo acompañara a un lugar en el desierto alto, cerca de Nuevo México, para compartir con él una plegaria destinada a que lloviera.

No tuvo que pedírmelo dos veces, pues le dije que me encantaría participar y ver de qué se trataban esas plegarias.

Así que nos encontramos en una zona de más de 40.500 bellísimas hectáreas en las montañas del desierto, y de ahí fuimos a un lugar tan antiguo que los habitantes de hoy día no saben quien lo construyó.

Era esencialmente un círculo de piedras donde cada una de ellas parecía haber estado allí desde los orígenes, puestas por las manos de los ancestros de hace muchísimo tiempo.

En ese lugar comenzó mi amigo su plegaria, y lo que hizo fue sacarse los zapatos, entrar en el círculo con los pies descalzos, y comenzar a llamar a todos sus ancestros: “A todos mis ancestros,… a todos mis ancestros…”, decía, voceando hacia los cuatro puntos cardinales.

Luego, durante unos pocos segundos me dio la espalda manteniendo sus manos en pose de oración, y, volviéndose luego hacía mí, me dijo:

—Tengo hambre, vamos a comer algo.

Le respondí:

—Creí que íbamos a compartir esta plegaria, que íbamos a rezar para que lloviera.

Me miró y me dijo:

—No, porque si rezamos PARA que llueva, no va a llover, porque en el momento en que rezas PARA que algo ocurra, estás manifestando tu creencia de que ese algo no existe.

Me quedé pensando en eso porque tuvo mucho sentido. Si yo digo “Dios, que haya paz en el mundo” lo que estoy sintiendo es que en ese momento la paz no está ahí, y lo que estoy haciendo es proyectando justo lo contrario a lo que mi plegaria trata de cambiar.

Así que le pregunté a mi amigo:

—Si no pediste por lluvia, ¿qué fue lo que hiciste? ¿Qué ocurrió cuando cerraste los ojos?

Me miró por unos segundos y me respondió:

—Cuando cierro los ojos comienzo a evocar ese sentimiento de cómo se siente la lluvia en nuestro pueblo, y recuerdo cómo huele, recuerdo el olor del aire, de la tierra mojada en las paredes de nuestras casas, y logro sentir cómo mis pies se mojan y se entierran en el lodo, pues hay mucho lodo porque está lloviendo mucho. De esa manera abro la puerta a la posibilidad de traer lluvia a nuestro mundo.

Me quedé pensando mucho en el mecanismo de esta plegaria, y esa tarde ocurrió algo increíble.

Yo estaba mirando el pronóstico meteorológico que había permanecido sin nubes por mucho tiempo y, de pronto, éste cambió.

Vi que los sistemas de alta presión se movían por Utah y, repentinamente, una depresión por Colorado y el norte de Nuevo México giró en U para volver a subir, y esa noche comenzó una lluvia que siguió por varios días, así que llamé a mi amigo y le dije:

—Ha llovido un montón y los ríos están desbordados y los caminos anegados, ¿qué ocurrió?

Él guardó silencio por un segundo y me contestó:

—Eso es parte de la plegaria. No puedo explicar con certeza qué es lo que sucede.

Así que no tengo manera de validar científicamente que mi amigo o su plegaria tuvieran que ver con la lluvia, pero la correlación es muy alta, y hemos visto tantas veces esta correlación que sabemos que hay un efecto.

En 1972, en 24 ciudades de EEUU se condujo un experimento en el que las personas fueron entrenadas para, de manera muy específica y en lugares estratégicos de estas ciudades, con población de unos 10.000 cada una, evocar un sentimiento de paz.

Esto quedó documentado en varios estudios registrados y bien conocidos a principio de los ‘70s.

Lo que ocurrió es que, durante el tiempo en que esta gente se encontraba experimentando sentimientos de paz, en la misma ciudad y más allá del edificio donde se efectuaba el experimento, empezó a dar un descenso en la cantidad de delitos cometidos en la comunidad, en crímenes violentos y en accidentes de tráfico. En algunas ciudades, como Chicago, el mercado de acciones subió cuando se realizaba este experimento.

En el momento en que se detuvieron las plegarias todas las estadísticas se revirtieron.

Realizaron este experimento una y otra vez, a tal punto que el efecto pudo ser medido y aplicado en otros experimentos mayores documentados en el “Journal Conflict Resolution” en 1988.

Hubo otro experimento llamado el “Proyecto Internacional de Paz en Medio Oriente”.

Durante la guerra entre Israel y el Líbano, a principio de los ‘80s, como resultado de estos estudios previos se entrenó a personas para que, en diferentes localidades de esos dos países, experimentaran ese sentimiento de paz durante el tiempo que los investigadores llamaron “La Ventana”, que era la ventana de la plegaria.

Mientras estas personas evocaban en sus corazones ese sentimiento de paz, las actividades terroristas bajaron a cero, los crímenes contra otras personas bajaron, y la actividad en los hospitales también bajó.

Realizaron este experimento en diferentes momentos del día, y en diferentes días de la semana, para asegurarse de que no se debía a un factor de determinada semana, a los fines de semana, o a los días festivos.

Incluso lo hicieron en diferentes días del mes y en diferentes meses para verificar que no tuviera que ver con el ciclo lunar.

Y cuando culminó la serie de experimentos —aunque los científicos no supieran precisamente por qué ocurrió o la forma en que ocurrió— se supo que las correlaciones eran tan altas, pero tan altas, que quedó claro que cuando un cierto número de personas comienzan a sentir esta paz, o el sentimiento de sanación en sus cuerpos, el efecto se desplaza dentro de la comunidad más allá del lugar físico donde se encuentran estas personas.

Y es tan preciso lo que sabemos que las estadísticas nos ayudaron a determinar el número exacto de personas que se requiere para disparar esta clase de efecto y que se ponga en movimiento.

Diré la fórmula obtenida y describiré su significado.

El efecto se comienza a notar cuando un cierto número de gente participa, y la cantidad mínima de personas que se requiere es la raíz cuadrada del 1% del total de la comunidad.

O sea, sii se tiene una ciudad de un millón de habitantes, se calcula el 1% de un millón, se calcula la raíz cuadrada de ese 1%, y el resultado nos dirá cuántas personas se necesitan para generar el efecto.

Obviamente, cuanto mayor sea el número de tales personas, el número de participantes, mayor será el efecto.

Para una ciudad de un millón de habitantes la cantidad mínima es de sólo 100.

En un mundo de 6.000 millones de habitantes, el resultado de la raíz cuadrada del 1% es sólo 8.000 personas.

De acuerdo con estos estudios, 8.000 personas son las que hace falta que experimenten simultáneamente este sentimiento de paz en sus corazones para generar o disparar ese movimiento de conciencia simultánea dentro de este campo como lo conocemos hoy en día, para que así, a través de él, la paz se sienta en todo el mundo.

El lenguaje cuántico de la sanación, paz y milagros

Generalmente, las discusiones en base a este modo de oración basada en el sentimiento de la plegaria se tornan en polémicas más que académicas, hasta el momento en que podemos aplicarlas en nuestras vidas.

En los primeros años de los ‘90s tuve la oportunidad de ver un testimonio que documenté: la curación, usando estas técnicas que estamos discutiendo, de un caso de vida o muerte por un severo tumor maligno en el cuerpo de una mujer.

Para mí fue este tipo de información lo que, más allá de los debates académicos, me llevó al tema de este tipo de plegarias, para mostrar que es algo muy real que podemos aplicar en nuestras vidas.

En esa época tuve la oportunidad de ver un vídeo sobre la sanación de un cáncer de 7 cm de diámetro que estaba dentro de la vejiga de una mujer, cáncer que los médicos occidentales habían diagnosticado como inoperable.

El llamado Qi Gong es un empleado en hospitales medicinales en Beijing (China) y es en estos hospitales donde los Qi Gong comienzan a dirigir al paciente afirmaciones con el mensaje de que puede cambiar su forma de vida, enseñándole a respirar, y a nutrir su cuerpo con movimientos especiales para estimular los centros energéticos del cuerpo.

Mientras hacen eso para fortalecer el cuerpo paciente, este punto adquiere sentido para poder llevar a cabo el proceso.

Comparto esto con ustedes porque lo que sigue es un gran ejemplo de cómo el sentimiento dentro de nosotros tiene un impacto directo —y, en este caso, muy gráfico— en nuestras vidas.

En el film se ve a la paciente recostada en la habitación del hospital, completamente despierta y consciente, y se sabe que ella cree en el proceso que tendrá lugar de inmediato.

Delante de ella está el técnico que hace, sobre el bajo vientre de la paciente, el ultrasonido que puede verse en el monitor dividido en dos partes.

En la parte izquierda del monitor se congela la imagen de este ultrasonido para tenerla como referencia, o sea, para poder ver cuál era en ese momento la condición del tumor canceroso.

Y en la parte derecha puede verse, en movimiento, el vídeo del ultrasonido en tiempo real, mientras tres participantes se colocan detrás de la paciente y trabajan con la energía de su cuerpo, y con sus propios sentimientos en sus propios cuerpos.

Lo que hacen es comenzar a pronunciar palabras destinadas a realimentar el sentimiento que refuerza dentro de ellos la convicción de que ella ya está curada.

El canto dice esencialmente “Ya está curada, ya está hecho”, y mientras ellos dicen estas palabras y experimentan este sentimiento, en la parte derecha de la pantalla de TV puede verse, en tiempo real, cómo el tumor canceroso desaparece en menos de 3 minutos, también de tiempo real.

En esta proyección la desaparición ocurre en 30 segundos porque se aceleró la velocidad, pero en realidad ocurrió en menos de 3 minutos.

El cuerpo de la paciente respondió a los sentimientos que los practicantes estaban entrenados a crear para esa clase de curación, y todo lo que ellos experimentaban era el sentimiento asociado a estar en presencia de una mujer que está completamente sana y totalmente rehabilitada en todas sus capacidades. Ellos no la ven como una mujer enferma ni ven el cáncer yéndose de ella.

Ésta es una manera muy distinta de pensar, y es precisamente un ejemplo muy grafico de cómo funciona este principio.

Tuve la oportunidad de hablar con el Sr. Lu Cheng, que fue quien realizó la filmación, y le pregunté qué habría ocurrido si los tres practicantes no hubieran estado allí. ¿No se hubiera logrado lo que se logró? ¿Cualquiera de nosotros lo lograría?

Su respuesta fue que había una gran probabilidad de que ella lo hubiera logrado por sus propios medios; sin embargo, hay una particularidad en el ser humano, y es que nos sentimos muy poderosos y fuertes cuando vos vemos apoyados por otros en cualquier cosa en la que creamos, y en cualquier meta que nos propongamos alcanzar.

Así que, probablemente, la paciente mantuvo este sentimiento y se curó a sí misma con la ayuda de los tres practicantes que proporcionaron el empuje energético para que su cuerpo respondiera.

Lo que los participantes hicieron fue mantener y reforzar el sentimiento de que la paciente ya estaba sana, y en menos de tres minutos el cuerpo de ella respondió.

La Física occidental nos dice que el campo, o energía, que permitió que se curase esta mujer es el mismo que dirige la paz entre las naciones; a diferente escala, pero el mismo principio.

Estuve involucrado en otro experimento en el que cientos de miles de personas se juntaron a través de internet.

Se coordinó, para un determinado día y hora, una pequeña ventana de tiempo durante la cual los participantes, que habían sido previamente entrenados para mantener un sentimiento de paz interior en sus cuerpos, pusieron manos a la obra.

Cuando hicimos esto, lo que sucedía estadísticamente en eventos en el mundo era que había varios conflictos bélicos en el planeta —como áreas a ser bombardeadas en Irak— cuya programación resultó postergada como resultado del lapso de tiempo que duró esta plegaria, y los crímenes se redujeron, al igual que las emergencias en los hospitales.

Un proyecto de investigación con computadoras hecho en la Universidad de Princeton pudo documentar el campo de conciencia a nivel global mientras estas plegarias se efectuaban, y los investigadores vieron en la pantalla un pico que indicaba que esta conciencia estaba respondiendo a los sentimientos de paz experimentados por cientos de miles de personas en ese instante.

Esto nos dice que la actividad de este campo puede ser medida y registrada en la pantalla de la computadora, lo cual fue parte del proyecto de la Universidad de Princeton llamado ”Proyecto conciencia global”.

Así que el campo es real, está aquí, y nos responde en modos que recién comenzamos a comprender.

Aún más. Recientemente se ha realizado una investigación a cargo de Masaru Emoto acerca de la relación entre las emociones humanas y las gotas de agua, la cual logró demostrar muy puntualmente esta relación.

Lo que la investigación descubrió es que las gotas de agua —el elemento que conforma el 70% de nuestro mundo y el 70 % de nuestros cuerpos— respondían a las emociones humanas en los casos en que una persona expresaba un sentimiento directamente hacia el agua al colocar etiquetas a los envases que la contenían, etiquetas en las que se impregnaron las emociones que sentía el investigador en el momento de escribirlas.

Los frascos en los que se colocaban las etiquetas eran luego congelados por un específico período de tiempo. Después los extraían del freezer y allí veían la cristalización del agua, que es lo que nos cuenta cómo responde el agua a las diferentes emociones.

Por ejemplo, de uno de los lugares más contaminados del centro de Japón se tomó agua muy contaminada. Esta agua nunca llegó a cristalizarse; al mirarla por el microscopio se alcanzaba a ver una forma nebulosa sin simetría, sin estructuras de cristales, que es la imagen del agua antes de que se le proyectaran emociones.

Pero después de que las emociones se hicieron presentes —por ejemplo, después de que 500 personas rezaron sobre esta misma agua contaminada— pudo compararse la fotografía del agua anterior, que la muestra en su estado tóxico, con la fotografía posterior de la misma que muestra una cristalización muy hermosa y en perfecta simetría, cristalización que se genera por la simple interacción entre las emociones humanas y el agua.

Otras investigaciones muestran a familias en las que los niños y sus padres rodean un recipiente con agua en una habitación, agua que no llegaba a cristalizarse porque estaba altamente contaminada.

Lo que hicieron fue jugar un juego en el que los niños transmitían amor al agua, diciéndole algo así como: “Te amamos, agua. Gracias por todo lo que brindas a nuestras vidas”.

Con su inocencia, los niños expresaban un genuino estado emocional, y fue así cómo los investigadores notaron que el agua recibió la energía de esta familia a través de las emociones de sus miembros, en la forma que los antiguos llamaban plegaria, y que el agua comenzó a cristalizarse en hermosas figuras simétricas muy claras.

Aquí volvemos a ver otro efecto directo entre los sentimientos en nuestro cuerpo y lo que sucede más allá de él, en el mundo que nos rodea.

Un ejemplo bellísimo y muy puntual de cómo cada uno de nosotros tiene la oportunidad de participar —no de controlar o manipular, sino de participar— en los eventos de nuestro mundo, de nuestras vidas, de las de nuestras familias, y de nuestros cuerpos, a través del campo que conecta todo en la creación.

El campo como un holograma

Uno de los principios más poderosos que se deducen del comportamiento de este campo es el hecho de que parece ser de naturaleza holográfica.

Un holograma es, por definición, un patrón que, no importa cuánto se divida, el todo sigue estando contenido en las partes por más pequeñas que éstas sean.

Por ejemplo, hace algunos años había unas tarjetas que cuando uno las miraba a la luz se veía la imagen de una rosa, de la Virgen María o de delfines saltando de una pirámide.

Estas imágenes eran hologramas, y cuando uno cortaba la tarjeta en varios y diferentes pedazos y miraba el más pequeño de ellos, o volvía a cortar ése y lo miraba magnificado, el patrón entero —la rosa, la Virgen, el delfín, etc.— se veía completo en todos y cada uno de los pedazos, incluso en el más pequeño.

Comparto este principio con ustedes porque parece ser que la conciencia, a través del campo, funciona de la misma manera, lo cual significa que todos nosotros, como pequeñas partes de un patrón más grande, estamos conectados, y que, inclusive, las más pequeñas cosas que hacemos a diario —la forma en que nos hablamos unos a otros, las cenas familiares, lo que sentimos cuando vemos el noticiero, la forma en que le contestamos al taxista que nos bloqueó la salida de la autopista, etc.— en cada aparentemente insignificante momento de nuestras vidas, tenemos una comunicación directa con este campo, con este holograma cuántico o la mente de Dios, individualmente.

Y cuando ponemos juntas todas nuestras conversaciones, éstas se convierten en nuestra respuesta colectiva, en nuestro espejo retrovisor, en nuestro amor colectivo, en nuestro afecto colectivo o ingratitud, nuestro odio colectivo, nuestro miedo y temor, etc.

Así que cuando observamos los eventos de nuestras vidas y nuestro mundo, y nos preguntamos cómo y por qué suceden estas cosas en la forma en que las vemos, quizá deberíamos mantener presentes estos principios, y preguntarnos si de verdad creemos, cuando vemos cómo éstos se desarrollan en el mundo de nuestro alrededor, que el principio trabaja tanto en una dirección como en la otra.

Cuando experimentemos los sentimientos de las vivencias que elijamos tener en nuestra vida y en nuestro mundo, por definición el holograma nos va a reflejar eso en nuestra vida real.

He escuchado a mucha gente decir que cuando ofrecemos una plegaria desde nuestros cuerpos, ésta debe ser enviada al destinatario de nuestro ruego.

Por ejemplo, si queremos enviar una plegaria a Medio Oriente debemos enviar energía allí, o si elevamos una plegaria para curar a otra persona, de algún modo debemos transmitirla desde nuestro cuerpo a donde esté físicamente esa otra persona.

Pero lo que sabemos por estos principios y las intenciones a ellos asociadas, es que el holograma nos dice que no debemos enviar o transmitir nada a ningún lado.

Nos dice que cuando experimentamos el sentimiento dentro de nuestro cuerpo, éste ya existe en todos lados, porque somos parte del todo.

Así como el patrón holográfico esta completo sin importar cuán pequeños sean los pedazos de la tarjeta, nosotros somos pequeños pedazos de este holograma, de esta conciencia, y por la virtud de simplemente sentir y usar esta energía para crear lo que elijamos desde nuestro interior, el efecto ya existe en todos lados, todo el tiempo.

¿Nunca ha tomado usted el teléfono para llamar a alguien con quien tiene afinidad, y apenas levantar el auricular ese alguien está al otro lado de la línea?

Mi madre y yo hemos tenido esta experiencia porque yo la llamo al menos una vez a la semana, desde dondequiera que yo esté.

No es inusual para mí levantar el teléfono y encontrar que ella ya está allí, o que la línea me da ocupada porque ella me está llamando al mismo tiempo.

¿Qué ocurre en esos casos? ¿Cómo es que la información viaja de donde estoy yo a donde está ella si la conexión es simultánea?

A casi todo el mundo le ha pasado esto alguna vez, y el holograma cuántico, y tal vez el principio holográfico, sea la respuesta a esta pregunta, porque cuando sentimos algo en un lugar, en cierto grado ese sentimiento está existiendo al mismo tiempo en todos lados y, en cierto grado, podemos enfocar estos sentimientos y adquirir la habilidad de experimentarlos claramente en nuestro corazones y hacernos conscientes de ellos y que no sean sólo pensamientos en nuestras mentes.

Y en ese grado tendremos la oportunidad de realizar curaciones como las que vemos en los hospitales, y los efectos que sintamos dentro de nosotros se proyectaran más allá de nosotros mismos y del mundo a nuestro alrededor.

¿Qué nos dice esta información acerca de la forma en la que vivimos nuestras vidas y sobre lo que está ocurriendo en nuestro mundo?

Bueno, al menos nos dice que hay algo ahí afuera, que hay un campo, una inteligencia viva que conecta todo en la Creación sin excluir nada.

Cualquier cosa que veamos en nuestro mundo, o lo que sea que le ocurra a nuestro cuerpo, sabemos, por virtud de este principio, que es parte de todo lo demás.

Sabemos que estamos conectados a este campo a través de lo que llamamos los sentimientos, las emociones y, específicamente, lo que sentimos en nuestros corazones es el lenguaje que le habla al campo, y es el lenguaje que el campo reconoce.

El campo puede no reconocer el idioma de los procesos mentales cuando decimos “Dios, que haya paz en el mundo”. Sin embargo, el campo definitivamente reconoce el lenguaje de los sentimientos, y cuando experimentamos la paz dentro de nuestros corazones es como si esa paz ya estuviera allí.

Éstos son algunos de los más sutiles y poderosos principios que nos dejaron los antiguos en el lenguaje de su tiempo.

Hoy, a 400 años del nacimiento de la Ciencia occidental, recién estamos comenzando a entender estos mismos principios, y aunque no lleguemos a comprender totalmente todo lo que les concierne, de donde viene el campo o por qué está ahí, sabemos lo suficiente como para poder aplicar a nuestras vidas los principios que vimos funcionar en condiciones de laboratorio y que los antiguos nos dejaron como legado.

Desde mi perspectiva, ésta es una fuerza muy poderosa porque toma la idea de la plegaria, la lleva más allá de cualquier religión o tradición espiritual, y la hace una tecnología interior disponible para todo el mundo más allá de nuestras creencias, más allá de nuestro estilo de vida, de nuestro linaje o de cómo o donde elijamos vivir nuestras vidas.

En cada momento de nuestras vidas estamos experimentando un sentimiento, y por virtud del mismo nos comunicamos con el mundo que nos rodea.

Así que, en vez de ver la plegaria como algo que hacemos de vez en cuando con la intención de cambiar nuestro mundo por un momento, detengamos la plegaria, levantémonos y caminemos.

Tal vez podríamos redefinir la plegaria como la forma en que sentimos en nuestra vida, y la forma en que, en todo momento, expresamos sentimientos en ella. Entonces nuestra vida se convertiría en una plegaria, en una plegaria viviente.

Siempre podemos mantener en nuestros corazones el sentimiento de paz. Ya sea que estemos manejando o estudiando en una clase o en el aeropuerto o en un centro comercial, en cierto grado podemos mantener ese sentimiento de paz y así la vida se convierte en una plegaria.

Hoy día podemos notar cambios acelerados en muchas personas en todo el mundo.

Algunos sienten que su mundo está fuera de control y que no tienen el poder de hacer nada al respecto.

Pero estos principios nos recuerdan que somos parte de todo lo que vemos, que el mundo que nos rodea es, nada más y nada menos, que un reflejo de aquello en que nos hemos convertido internamente.

Y en el lenguaje de quienes nos precedieron y a los que recordamos, debemos convertirnos en las experiencias que elegimos vivir en nuestras vidas. Debemos volvernos a la paz, curación, cooperación, compasión, amor, cuidado. Debemos elegir experimentar estos sentimientos en nuestras vidas, convertirnos en esas cosas para que el campo pueda reflejarlas hacia nosotros.

De esta manera obtendremos una guía que nos puede ayudar a convertirnos en mejores personas.

Al menos eso espero, porque al ser mejores personas formaremos un mundo mejor.

[*FP}– Mi descubrimiento de la Psicología, y sus consecuencias

18-12-11

Carlos M. Padrón

En esta sección he contado que desde niño me llamaban raro, protestón, etc. porque yo objetaba lo que la gente tomaba por cierto sin preguntarse nada al respecto, como si fuera un dogma de fe.

Tal vez porque yo quería encontrar alguna explicación a esas objeciones, y porque mi inclinación siempre fue por Letras y no por Ciencias, mi encuentro en bachillerato con la asignatura de Psicología fue de amor a primera vista.

También he mencionado más de una vez mi «pasión» por las piernas femeninas, algo que luego, y sin casi darme cuenta, comencé a extender a la relación entre el físico y el carácter de sus propietarias sin entender mucho por qué lo hacía,… hasta que en la biblioteca del médico del pueblo, casado con una tía mía, encontré un libro que, basándose en los rasgos faciales de las personas, las dividía en tres tipos, C, M y F.

Según el autor de ese libro, los tipos C tienen, entre otras características, rasgos redondeados, labios más bien carnosos, nariz ancha y expresión generalmente risueña; son de carácter afable y condescendientes. Como ejemplo, de todos conocido, Juan XXIII.

Los tipos F, en cambio, tienen rasgos alargados, labios delgados, nariz también larga y delgada y expresión adusta; son de carácter más bien frío y autoritarios. Como ejemplo, Pío XII o Abraham Lincoln.

Los M son los que tienen rasgos de ambos. Tipos intermedios que, por cierto, son difíciles de distinguir.

Un C puede hacer buenas migas con otro C, pero no un F con otro F. Un M podría hacer buenas migas con cualquiera de los otros dos.

De ahí pasé a estudiar los rasgos de las parejas de matrimonios que había en el pueblo, y descubrí que las más de las veces uno de los cónyuges era F y el otro C, aunque también había algunos C-C y unos pocos F-F.

Como en un pueblo pequeño se sabe la vida y milagros de todo el mundo, seguí investigando en base a mis observaciones y descubrí que algunas parejas F-F habían llegado a serlo por conveniencia y, lo que es peor, tenían hijos que no destacaban precisamente por su inteligencia.

Me di a la tarea de, entre algunos de mis amigos, adivinar cuáles muchachas les gustaban y cuáles no, y anticipar los problemas que posiblemente tendrían los tipos C que iniciaran una relación con una muchacha F, o viceversa.

Recuerdo que durante la campaña electoral entre John Kennedy y Richard Nixon busqué las fotos de los presidentes anteriores y noté una curiosa alternabilidad entre tipos F y C, lo cual me llevó a pronosticar que ganaría Kennedy, un tipo C, no sólo porque su contrincante, Richard Nixon, era F sino porque su predecesor, Eisenhower, también lo era.

Y así, casi sin darme cuenta, seguí aplicando en mi vida lo que luego descubrí que era una habilidad innata que tengo para la Psicología, aunque mi gusto por esta disciplina casi se había desvanecido cuando en 1958, viviendo yo, ya por mi cuenta, en Santa Cruz de Tenerife, me enfermé seriamente porque no conseguía dormir —pues además de trabajar las horas reglamentarias desde las 9 de la mañana, estudiaba en las noches hasta las 4 de la madrugada—, y mi familia me llevó a consulta con el psiquiatra Carlos Pinto Grote.

Menos mal que, como el psiquiatra es también médico, el Dr. Pinto pudo curarme, como tal, de una alteración de mi sistema neurovegetativo causada por el esfuerzo antes dicho, pero me quedé sin saber por qué me llevaron a él, pues muy pronto descubrí que, aunque el tratamiento dio resultado, la gente creía a pie juntillas que sólo los locos iban a ese doctor.

Por tanto, había que ocultar cualquier visita a un psiquiatra.

Mi «graduación en Psicología» ocurrió cuando en 1984 IBM me asignó la tarea de reclutar personal para marketing (vendedores) y sistemas (ingenieros en informática).

Aquello me gustó tanto que durante 15 días laborables comenzaba yo a las 08:00, interrumpía a mediodía para almorzar, y continuaba luego hasta las 09:00 de la noche, hora en la que, aunque parezca mentira, en la sala de espera fuera de mi oficina había aún candidatos para ser entrevistados.

Diseñé un método de preguntas —algunas muy capciosas ideadas para, además de causar respuesta verbal, causar una reacción gestual que me decía mucho— y, según la alta gerencia de la compañía, mis aciertos fueron tales que, en serio, me asignaron esa tarea cada vez que había que entrevistar gente, y, en broma, me llamaban «El psicólogo».

Por motivos de formación profesional tuve que entrar en relación con varios psicólogos o psiquiatras que trabajaban en o para IBM; y por motivos personales entré en tratos con otros más.

Así supe de los diferentes métodos, como la Gestalt  o el cuándo convenía o no aplicar, por ejemplo, Psicoanálisis, etc., pero lo mejor que de todo eso obtuve fue la comprobación de su innegable utilidad.

Es cierto que una terapia toma tiempo, pero, las más de las veces, funciona.

Eso sí, no todos los terapeutas sirven para un determinado paciente, pues si, por el motivo que fuere, a éste no le gusta el terapeuta, mejor que se busque otro hasta que dé con uno con el que se sienta cómodo.

Ante todo este background no es de extrañar que Elena, la menor de mis hijas, escogiera Psicología como carrera universitaria, que concluyó en Berkeley y culminó en Minnesota con un doctorado (Ph.D.) en Attachment (= apego), rama de la Psicología Infantil que se ocupa de la relación entre un niño y sus padres, sean éstos biológicos o adoptivos.

De hecho, al momento Elena lidera en San Francisco un proyecto de investigación, ideado por ella, enmarcado en el attachment.

Debido a la profesión de mi hija no sólo he tenido contacto con más profesionales de esa disciplina sino que me he beneficiado con las aclaratorias, explicaciones y enseñanzas que la propia Elena me ha dado, todo lo cual viene a ratificar lo ya dicho antes sobre lo equivocado del mal concepto que mucha gente tiene acerca de los terapeutas, y sobre la realidad de los beneficios que ellos pueden brindar.

He comprobado que quien más se niega a ir a terapia es quien más la necesita.

[*Opino}– Al menos en algo acerté con Steve Jobs

18-12-11

En Steve Jobs: Murió el hombre,… y nació el mito ya dije que para este hombre, como para casi todos los de su clase, no encontraba yo un lugar en la lista de los que de verdad me merecen admiración.

El saber ahora, por el artículo que copio más abajo, lo que le hizo a su socio, excede con creces mis motivos para no sólo no ponerlo en esa lista si ponerlo en la de los que se mueven por dinero.

Pero ya sé que lo que le hizo a Steve Wozniak no evitará que bajen a Jobs ni siquiera un escalón del pedestal en que lo han puesto, y sigan llenándolo de loas.

***

15/12/2011

Wozniak lloró cuando se enteró de que Jobs le timó con la versión de Pong

Más de dos meses han pasado desde que el cofundador de Apple, Steve Jobs, falleciera tras luchar contra un cáncer que finalmente acabó con su vida a los 56 años.

La biografía oficial que se publicó posteriormente sacó a la luz algunos datos curiosos, como que Steve Jobs engañó a Steve Wozniak cuando éste le ayudó a escribir una versión de Pong. El ingeniero Wozniak ha reconocido que lloró cuando se enteró.

Wozniak y Jobs, cofundadores de Apple y socios desde 1976 —al igual que el ingeniero Ronald Wayne, quién se marchó del proyecto— siempre tuvieron objetivos diferentes en este sector de la tecnología. Por un lado, Wozniak pretendía centrarse más en la ingeniería y, por otro, Jobs en el diseño. Sin embargo, y a pesar de las diferencias que pudieran tener, dieron lugar a productos de éxito.

Un documental sobre Jobs presentado en la televisión en Reino Unido ha ahondado en su imagen «despiadada».

Sin ir más lejos, Jobs engañó a un joven Wozniak en la escritura de un código para una versión de Pong que le encargó Atari.

Le dijo que le habían pagado una cantidad determinada, pero, sin embargo, se embolsó la mayor parte del pago a sí mismo.

En ese sentido, Wozniak admitió que lloró cuando, tras la publicación de su biografía de Jobs, se enteró de esta estafa de su socio.

Del mismo modo, Wozniak ha explicado que Jobs «siempre había querido dirigirse a la gente, ser un pensador importante y desarrollar un camino como el que se ha dado en Apple».

Igualmente, este cofundador ha dicho que «estaba tan cerca de Steve Jobs, que nunca pudo ver esta transición», ya que, «sólo quería dedicarse a la ingeniería, nunca quiso dirigir una compañía».

No obstante, «Jobs muy claramente lo hizo y quiso ser un alto ejecutivo y un importante pensador en el mundo», añadió.

«Jobs siempre se centró en si podía construir cosas y venderlas». De esta forma, tener una compañía era «la manera de hacer dinero», afirma Woznaik.

Aunque Jobs también «levantó un negocio cercano» y lo enlazó con la psicología de «cómo hacer las cosas bien con la gente», porque, aunque no lo parezca, él no «solo quería dinero», explicó Wozniak.

Además, Wozniak afirmó que «cualquier empresa, cuando se hace pública y llega a ser más grande, se hace diferente».

Primero, «el objetivo de Apple no era cambiar el mundo, sino incrementar el valor de las acciones», tal y cómo señalan en el documental.

Sin embargo, este cofundador también ha reconocido que Apple tiene «muchas cosas conservadoras» y la compañía tiene «muy poca tolerancia».

Fuente: ABC

[*Opino}– A vueltas con un par de buenas piernas femeninas. ¡Y luego dicen que yo!

 11-12-11

Carlos M. Padrón

En algunos comentarios puestos en el artículo El (supuesto) atractivo de las piernas largas, varias mujeres me han tildado de machista, cerdo, acomplejado, etc. Son mujeres que, seguramente, tienen piernas que en nada se parecen a las que describí como bellas.

Me pregunto qué dirán estas mujeres al leer el artículo que sigue, en el que, en cierto modo, se ratifica mi apreciación sobre el valor de unas buenas piernas, que no son precisamente las que califico de caprinas.

¿Y qué dirían de mí las que cuentan con un par de buenas piernas y las usan, como describe el tal artículo, como «capital erótico»?

¿Son machistas los que dan valor a ese capital, o es la envidia de otras mujeres lo que incrementa ese valor?

Si es que esos hombres son machistas, ¿despotricarán de ellos las mujeres que haciendo uso de su capital erótico lograron encandilarlos?

Si así fuera, ¿es malo el machismo? ¿O es que el machismo es como el colesterol, que lo hay malo y bueno?

La conclusión subyacente al artículo que sigue es que «La mujer debe invertir bien el capital erótico que le dio la Madre Naturaleza, antes de que se lo devalúe el Padre Tiempo».

P.D.: La piernas de la foto no son muy bonitas que se diga; están ligeramente torcidas.

 ***

11/12/2011

Silvia Hinojosa

El capital erótico sirve a la mujer como atajo al éxito

Un par de buenas piernas pueden ayudar a llegar lejos. Y no sólo en la pasarela, en cualquier profesión.

Ocurre en las mejores oficinas: un par de buenas piernas pueden ser de utilidad para dar la zancada; sin mala conciencia, sin reparos, sin temor a que debiliten la inteligencia.

Distintos académicos y expertos del ámbito de la sociología defienden, no sin polémica, que la mujer puede usar su capital erótico en el trabajo Xavier Cervera

¿Revolucionario? La polémica está servida. Una parte de la sociedad estaría dispuesta a admitir que una mujer puede ser femenina, usar maquillaje, llevar un vestido bonito y zapatos de tacón sin que se cuestione su talento, sin tener que hacer esfuerzos adicionales para demostrar que además de guapa es eficiente.

Pero que una chica utilice su atractivo físico como parte de su estrategia para prosperar en la vida, para subir peldaños en la empresa, suena tan machista, superficial y anticuado que no parece el mejor consejo que una madre daría a su hija.

Una madre diría que es mejor una titulación académica, mejor trabajar duro y dejarse de frivolidades. De acuerdo. Pero usar el encanto personal para triunfar puede ser una estrategia más moderna de lo que parece, y su eficacia ya está siendo defendida desde tribunas de prestigio. Con gran controversia, lógicamente.

La pionera en el estudio de una disciplina que puede cambiar las relaciones personales es la socióloga británica Catherine Hakim, de la London School of Economics, que ha acuñado el término capital erótico para referirse a una combinación de atractivo estético, social y sexual que las personas ejercen sobre el resto de la sociedad y, de forma especial, sobre el otro sexo.

Y defiende que ese atractivo —construido a partir de una inversión inteligente en la propia imagen, en la forma como uno se mueve, habla y se comporta— debe ser utilizado en beneficio propio.

La tesis de Hakim es una extensión del análisis del sociólogo francés Pierre Bourdieu sobre las diferencias sociales y el éxito.

Bourdieu clasificó en tres grupos los recursos que cada persona pone en juego:

  • El capital económico: lo que se tiene, dinero.
  • El capital cultural: lo que se sabe, titulaciones; y,
  • El capital social: la red de relaciones, a quién se conoce.

Y planteó un cuarto tipo de recurso, que llamó simbólico porque no es inherente a cada uno sino que existe en la medida en que los demás se lo reconocen, y que incluiría la autoridad, el prestigio, la reputación, y el talento.

Pero Catherine Hakim sostiene que al capital económico, cultural y social hay que añadir el capital erótico, que puede ser un activo innato pero también se puede adquirir, acumular y sacarle provecho.

Ser atractivo incluye la elegancia en el vestir, las habilidades interpersonales e incluso el sentido del humor, añade.

Esta socióloga, experta en teorías sobre el posicionamiento de la mujer en la sociedad, explica que durante años se ha tejido una ideología moral que impide que las mujeres aprovechen su capital erótico para lograr beneficios económicos y sociales.

Pero, en lugar de ignorarlo, debería ser tenido en cuenta y trabajar en él, como se potencia el patrimonio económico, académico o social. Según sus cifras, «la gente guapa puede ganar de un 10% a un 15% más que las personas de aspecto normal».

Y añade: «Dado que funciona, debería usarse sin sentimiento de culpa, y es un potencial que no depende de la clase social».

A las tesis de Catherine Hakim se suma el profesor de la Universidad de Texas, Daniel Hamermesh, en su libro «Beauty pays» (= La belleza paga), en el que sostiene que ser atractivo ayuda a ganar más dinero, a encontrar una pareja mejor, y a conseguir mejores negocios.

Los trabajadores atractivos, asegura, ganan más que los que no lo son; los profesores guapos obtienen mejores valoraciones, y algo parecido ocurre con los políticos.

«Al principio me sorprendió lo útil que podía resultar medir el impacto económico de la belleza en diversos ámbitos, pero no tiene por qué sorprender ya que la belleza es algo escaso, y la economía se ocupa de medir el impacto de la escasez», señala.

Hamermesh concluye también que «las diferencias salariales motivadas por la imagen son mayores entre los hombres que entre las mujeres».

Los hombres

Catherine Hakim opina que el capital erótico no es una ventaja de género, pero «dado que, en general, las mujeres poseen más que los hombres, éstos niegan su existencia o que tenga algún valor. Y han tomado medidas para que las mujeres no se aprovechen legítimamente de esta ventaja», señala.

El patriarcado, dice Hakim, pone trabas a que las mujeres utilicen su capital erótico, les infunde mala conciencia. Pero hay otros culpables: «El feminismo puritano anglosajón condena el capital erótico, con estrechez de miras, mientras que los feminismos mediterráneos jamás criticarían a una mujer por vestir con elegancia o utilizar su encanto; no condenan la sensualidad», señala.

La psicóloga Carme Freixa lo analiza desde otra perspectiva. Piensa que en una sociedad con una competitividad feroz, a hombres y mujeres les han impelido a pensar que si utilizan su atractivo físico tendrán más éxito social.

«Es la profecía autocumplida —señala—, si crees algo desarrollarás conductas que acabarán haciéndolo realidad. Si piensas que tu físico es una parte de tu atractivo, desarrollarás las conductas de seducción más diversas, y harás que se cumpla la profecía. En cambio, si tienes una autoestima baja en lo referente a tu físico, no lo harás».

Freixa señala que «la sociedad actual hace que esto sea posible, que creas que el físico es una parte mucho más importante de lo que lo es para una relación de éxito, ya sea laboral o de pareja».

Su teoría es que los hombres alcanzan el éxito por el «circuito de los campos de golf», y las relaciones sociales, mientras que las mujeres deben saltar vallas y no tienen tiempo para el golf.

«El patriarcado las ha hecho pensar así. No estoy de acuerdo con Catherine Hakim en que el patriarcado condene que la mujer utilice su capital erótico, es al revés, ha promovido que la mujer sea reconocida por su valía física más que por la intelectual», defiende.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– Más sobre el doblaje de películas

11-12-11

Carlos M. Padrón

Me temo que el Sr. Lucea Deltoro, autor del artículo que copio más abajo, podrá mondarse todo lo que quiera, pero creo no ha visto muchas películas subtituladas, pues ¿de dónde saca él —por sólo mencionar uno de sus ejemplos— que el beneficio de ver versiones originales subtituladas es que los niños, al alcanzar la mayoría de edad, hablan varios idiomas?

No, señor, en referencia a los niños, el beneficio está en que no sólo aprenden a leer rápido, sino que hacen el oído a pronunciaciones para las cuales, según dicen algunos, no está preparado el aparato fonador de los españoles y, en consecuencia, esos niños tienen luego mucha más facilidad para aprender un idioma extranjero.

Lo del aparato fonador da vergüenza ajena.

En un programa de «Españoles en el mundo» cuya mayor parte trascurrió en San Petersburgo (Rusia) entrevistaron a varios españoles que habían residido allí entre 4 y 17 años.

Es increíble, pero ni uno solo de ellos logró pronunciar bien el nombre de esa ciudad en la que por tanto tiempo habían vivido.

Unos decían «peteSburgo» y otros «peteRburgo», pero ninguno «peteRSburgo». Por lo visto su aparato fonador —¿o su oído?— no puede con el sonido RS, como no puede con la P de Mapfre.

Es muy cierto que parte importante de la actuación es la declamación; se le atribuye nada menos que el 60% de importancia, de aquí que el solo hecho de doblar la voz es una flagrante adulteración, cuando no una arrogancia.

En 1994 ó 95 vi en la TV española una película protagonizada por Maribel Verdú (española) y Orlando Urdaneta (venezolano), y me quedé de piedra al comprobar que allá, en España, habían doblado la voz de Orlando para que éste hablara castizo. ¿No es esto algo arrogante y peyorativo?

Y los dobladores podrán ser todo lo actores que quieran, pero sólo logran engañar a quienes no han probado las bondades de las versiones originales.

Sus risas, lloros, gemidos y gritos son, las más de las veces, patéticos por lo poco convincentes. Y no digamos cuando tratan de imitar un acento de Brooklyn, caribeño, etc. Sólo engañan a quienes no hayan tenido contacto real con gentes de esos lugares.

Precisamente porque los subtítulos son un extracto es por lo que el espectador termina complementándolos con lo hablado en el otro idioma y, aunque alguien no lo crea, así se aprende también la que es tal vez la parte más importante de ese otro idioma: la básica, la del habla de la calle, la más común.

Cuando tuve que entrevistar a jóvenes, varones y hembras, que aspiraban a un puesto de trabajo en el que hablar inglés era requisito obligatorio, me sorprendí al dar con varios que lo hablaban bien porque, según me dijeron, esa parte básica e inicial la habían aprendido escuchando canciones en ese idioma.

Confieso que al primero que me lo dijo no le creí, aunque no había motivos para que me diera tal explicación. Pero cuando fueron varios los que, sin conocerse entre ellos, me dijeron lo mismo, tuve que cambiar mi opinión, que luego validé con profesores de inglés.

A veces sospecho que el motivo por el que en España se doblan las películas y series de TV es porque el doblaje resulta tremendo negocio para alguien o para muchos.

Artículos relacionados:

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11/12/2011

Víctor Lucea Deltoro

El doblaje

El doblaje de las películas es un asunto recurrente. Me refiero a las opiniones a favor y en contra. Tarde o temprano aparece en algún debate.

El pasado día 5 de diciembre del 2011, La Contra de este diario, recogía la opinión del señor Augusto M. Torres que recomienda la visión de películas en versión original subtitulada.

No es nuevo. Le doy toda la razón cuando dice que nos perdemos las voces de los actores. Es una parte importantísima de su actuación. Los dobladores también son actores. No son traductores. Ríen, lloran, gimen, gritan de pánico si toca…

Pero creo yo que hay un problema. Las críticas al doblaje incluyen indefectiblemente un argumento que me llama la atención. Es el de la cultura. El de que en otros países europeos, en los que los niños se acostumbran a las versiones originales subtituladas, resulta que al alcanzar la mayoría de edad hablan no se sabe cuantos idiomas.

Y perdónenme pero eso no me lo trago. Los subtítulos son un extracto, una síntesis de las conversaciones que cruzan los actores en la escena de turno. A lo largo de una película subtitulada se pierden cientos de palabras del idioma original. Es imposible asociar una palabra traducida a otra pronunciada, puesto que no sabemos dónde encajan.

Si se tradujeran todas las frases sería imposible seguir el hilo de la narración; no nos daría tiempo a acabar de leer; la escena ya sería otra.

Dice el señor Augusto M. Torres que los jóvenes, con los subtítulos, aparte de mejorar la ortografía, también aprenderían idiomas, como por ejemplo el inglés.

Y aquí, con todos mis respetos, me mondo. ¿Alguna alma cándida puede creer que tras ver quinientas películas suecas subtituladas acabará hablando sueco?

Fuente: La Vanguardia

[*FP}— Del baúl de los recuerdos de IBM: 1979 – Un seminario para el Banco Provincial. Los peligros de generalizar

11-12-11

Carlos M. Padrón

Al igual que otras anécdotas del «Baúl de los recuerdo de IBM» publicadas en esta sección y en la de Colaboraciones, la que sigue la distribuí en 2003 entre los IBMistas y exIBMistas cuyas direcciones tenía yo entonces en mi libreta.

Y justo lo hice el día 1° de ese mes, cuando se cumplían 34 años de mi entrada en IBM de Venezuela.

Nota previa: Tanto en Cuba como en Venezuela a los Canarios se nos suele llamar isleños. De ahí que, en esos países, decir ‘isleño’ es sinónimo de Canario.

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01-10-2003

Carlos M. Padrón

El estigma que basado en generalizaciones pesa sobre los gentilicios —sobre unos más que otros— suele dar lugar a situaciones jocosas que a veces resultan aleccionadoras.

En 1979, a poco de iniciarme en primeras nupcias como Gerente de la Sucursal Finanzas, me llamó un día el presidente del Banco Provincial, y me fui a verlo.

El Sr. Remigio Elías Pérez, que así se llamaba, era hijo de isleños, y al menos su hermano mayor había nacido en Canarias. No sé si él nació allá o aquí, pero si nació allá había llegado aquí muy pequeño.

Le gustaba que lo llamaran “El Capitán” porque había sido capitán de la Marina Mercante, y así lo llamaban.

Lo que El Capitán quería de mí era saber si yo podía armar algo que sirviera para que los ejecutivos de su Banco le perdieran el miedo a la computación, pues él se había propuesto hacer del Provincial el primer Banco del país, y estaba convencido de que la computación era elemento indispensable para lograr su propósito.

Pero, según él, los ejecutivos del Banco, elementos también indispensables para el mismo fin, le tenían miedo a esta herramienta clave y no se decidían a usarla en la forma debida.

En varias reuniones sucesivas dimos forma al programa y al menú de un seminario que, debidamente actualizado, se dictaría una vez cada año, con duración desde la mañana de un viernes hasta el mediodía del siguiente domingo, y al que, por decreto suyo, deberían asistir los ejecutivos a los que él invitara personalmente.

 

Si algún ejecutivo no era invitado a asistir al seminario de determinado año, debería entender que estaba fuera de los planes del Banco.

Una vez establecido el programa de temas a exponer y la lista de asistentes, montamos en el Centro de Educación IBM del Macuto Sheraton (Caraballeda) el primero de la serie de esos seminarios.

Por la estructura y temas a exponer en el primero de ellos, me tocó hablar 18 horas durante esos dos días y medio. (Fue en repetidas burradas como ésta donde estropeé mi garganta).

A primera hora del viernes, después del desayuno, El Capitán abrió el seminario, y en su charla repitió las “reglas de juego” que mencioné más arriba, dejando bien claro a todos los miembros de su equipo la importancia que él concedía a este entrenamiento, y la atención, participación e interacción que de ellos esperaba a la teoría del seminario y, una vez de vuelta en el Banco, a la aplicación práctica de lo que durante el mismo hubieran aprendido.

Luego tomé yo la palabra e inicié mi primera presentación.

A poco de estar en ella noté cuchicheos entre la audiencia, hasta con pase de papelitos, y durante el coffee-break, que vino después de mi segunda presentación, se me acercó un grupo encabezado por uno de los ejecutivos que destacaba por lo extrovertido, y éste me preguntó directamente:

—Carlos, ¿de dónde eres tú?

Una pregunta que, antes y después, me han hecho muchas veces y en diferentes países.

Le contesté con otra pregunta:

—¿De dónde crees que soy?

—Hemos tratado de ubicarte, pero ni modo.

—Pues sigan tratando a ver si la pegan—, fue mi respuesta, y los dejé en el suspense.

Terminó el coffee-break, entramos al salón, y cuando ya terminé mi tercera charla e iba a dar paso a otro expositor, el mismo ejecutivo me detuvo y me dijo:

—Un momento, un momento, Carlos. No hemos podido ubicarte. Por favor, dinos de dónde eres.

—¿De dónde creen ustedes que soy? A ver quién adivina.

Unos dijeron que mexicano, otros que chileno, varios que cubano, etc.. Miré de reojo a El Capitán y vi que sonreía con socarronería.

—Pues nada de eso. Soy Canario—, les dije.

Y, sin poder evitarlo, el portavoz del grupo, con tono de total incredulidad marcada por un acento claramente despectivo, exclamó:

¿¡Isleño!? ¡No jodas, chico!

Error garrafal que debe haberle pesado mucho, pues al oír esa respuesta se hizo un repentino y extraño silencio en el salón. El Capitán se puso un tanto rojo y con cara de pocos amigos miró de frente al indiscreto empleado y le dijo:

Yo soy isleño también, ¿algún problema?

Entonces el silencio prácticamente se materializó, podía casi tocarse.

Tomado por sorpresa, no pude reaccionar con la celeridad con que debí hacerlo, pero después de unos milisegundos, en tono de chiste dije algo así como que era lógico que la mayoría me hubiera tomado por cubano porque, de mis hermanos, los tres mayores que yo habían nacido en Cuba y, mal que bien, hablaban, al igual que mis padres y como casi todos los hombres mayores de mi pueblo natal, con un cierto acento cubano que se me pegó en mi niñez.

Algunos de los ejecutivos de mayor jerarquía quisieron bajar la presión haciendo bromas acerca de lo que iban a decir los muchos empleados Canarios que para entonces tenía el Provincial.

Entre risas un tanto forzadas le di paso al otro expositor, y no se habló más del asunto; no al menos en mi presencia.

Nunca quise mencionarle el tema a nadie del Banco, por lo que nunca supe el nombre ni la posición del autor de la desafortunada indiscreción, y no recuerdo haberlo visto en los seminarios de los años posteriores.

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Foto tomada el 15-Marzo-1980, al final del seminario correspondiente a ese año.

De delante hacia atrás (4 filas), y de izquierda a derecha.

  • FILA 1 (la delantera):  1, José Manuel Montes (también Canario);  2, Capitán Remigio Elías Pérez (q.e.p.d.);  3, Bertha Mola de Rincón (era entonces mi secretaria en IBM);  4? (francés, creo que de apellido Lafayette, que representaba los intereses que entonces tenía el Crédit Lyonnais en el Banco Provincial);  5, X. Bethencourt (también Canario).
  • FILA 2:  1?;  2, Arturo Gantaume;  3?;  4?;  5, José María Nogueroles;  6, Ramón Lander (q.e.p.d.)
  • FILA 3:  1, Jaime Puig Miret;  2?;  3?;  4?;  5, Douglas Reina Vizcarrondo (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)
  • FILA 4 (la trasera):  1, Carlos M. Padrón (apenas se me ve la cara);  2? (se me parece a Antonio Parra, de IBM, quien también trabajaba conmigo en Suc. Finanzas, pero no estoy seguro);  3?;  4?;  5?;  6, Carlos Fernández Landa (de IBM. Trabajaba conmigo en la Suc. Finanzas)

P.D.: Espero que no extrañe la gran cantidad de ‘?’, pero si a veces no recuerdo los nombres de exIBMistas con los que, por años, me crucé casi a diario, ¿cómo voy a recordar los de funcionarios del Banco Provincial a quienes pocas veces vi?

Si alguien me ayuda al menos con una de las muchas ‘?‘, vayan desde ya mis gracias anticipadas.

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a Jose María Nogueroles.

Gracias, José María. Ya hice las adiciones y correcciones.

Puedo asegurar que el de bigote que está a tu izquierda es Douglas Reina.

Jose María Nogueroles
Fila 1: 1, José Manuel Montes †; 2, Cap. Remigio ELÍAS †; 4, Robert Laffaille †; 5, Juan Betancourt.

Fila 2: 1, Aníbal Moreán; 2, Arturo Ganteaume; 3, Miguel Prato; 4, Alberto Báez; 5, José María Nogueroles; 6, Pablo Silva.

Fila 3: 1, Jaime Puig; 2, Eliu Monasterios; 3, Germán Parada; 4, Charles Roccia.

Fila 4: 5, Ricardo Díaz Zuloaga (detrás de Charles Roccia)

Hasta ahí llega mi visión.
Un abrazo

Pedro Fernández
¡Qué recuerdos del Provincial! Una institución de la cual me arrepentiré siempre de haberme retirado.

Estuve en ella hasta finales de los años ’70s, siendo apenas un simple empleado de cuentas corrientes. En ese digno Banco, quien tenía tesón, fe y ganas, progresaba.

Yo tomé otro rumbo, pero siempre guardaré mis gratos recuerdos.

Saludos.

CMP
En respuesta a David Riddick.

Tranquilo, David, que yo he hecho y hago lo mismo: primero fue Equal y luego Splenda. Y también los he usado para el café después del postre y por la misma razón: el sabor.

Esto que cuentan tú y Javier me hace recordar que yo pude participar en ese tour, en el gran negocio del Mercantil ?que dejé ya en marcha?, y muchos más,… pero alguien tuvo la “brillante” udea de sacarme de la gerencia de la Suc. Finanzas y mandarme a la más ingrata posición que tuve en IBM.

Como no hay mal que por bien no venga, de no haber sido así tal vez Chepina y yo no habríamos trabajado nunca juntos, y hoy no sería ella mi pareja.

David Riddick
Hola, Javier. ¡Qué buena memoria, caramba!

Claro que yo sabía que estuviste con nosotros ya que estabas allí asignado en TP CTr, ¿no?

También comimos en el tope del edificio más alto de Tampa, viendo al río, con el VP del Banco, ¿no? ¿Era ése el lugar del famoso restaurante que mencionas?

Carlos, la verdad es que, desde que probé el Equal , siempre lo usé. Y hoy igual con el Splenda. Per es verdad: después de postres y hartadas, usarlo es como “oximoron”, y más el sabor que otra vaina.

Cerrando capítulo, es que con El Capitán teníamos que andar por lo alto en todas las atenciones, más comidas y bebidas. Y el Freddy Winckelman maravillado ya que ¡sin límite en la cuenta de gastos! Smile

Buenos tiempos. Un saludo a Javier y a los allegados.
David

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

Javier: NPI. No recuerdo de nada al tal Marcia; ni cara ni nombre. Y lo pero es que, por lo que dices, trabajó en la Suc. Finanzas

Javier Palacios
El que aparece en la fila 3, entre El Capitán y tu guapa secretaria, se me parece mucho a Marcia (no recuerdo su primer nombre; ¿Rolando quizá?), un centroamericano, especialista en Assembler y en el Paquete en Línea, recomendado de Mario Esquivel, por paisanismo, a Jaime Puig.

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

De esto me quedan en claro dos cosas:
1) Que Javier es goloso, y que,
2) David quiso “jalarle” un poco a El Capitán

¡Qué horror! Sólo un goloso recuerda, a ese nivel de detalle, un evento de comida; y sólo un “jalete gordo” como David, pide Equal después del postre.

¡De lo que uno se entera en este “programa”! -:)

Javier Palacios
David, yo también guardo recuerdos de ese tour por Tampa de personeros del Banco Provincial e IBM, y del Equal.

Fue por la cena en el que entonces era —y creo que aún es— el mejor steak restaurant de aquí: Bern’s Steak house.

Después de comer opíparamente (i.e. como obispos), y de saborear de la carreta de desserts, por la cual es famoso este sitio, al pedir un cafecito cubano para acompañar los Marlboros, David pidió Equal, en vez de azúcar, para su “negrito”.

Casi 30 años después, ¡todavía me hace gracia aquello!

David Riddick
Carlos, se me olvidó comentar una anécdota.

Cuando yo estaba en Suc. Finanzas como gerente de marketing le propusimos a El Capitán, y logramos que aceptara, un viaje de executive briefing —a un Banco en Tampa, al centro de TP-IBM, y a Carolina del Norte (4700)—, con este servidor y Freddy Winckelman.

El Capitán, que conocía a mi padre, me pidió si podíamos pasar a ver unos barcos veleros grandes (de 45 pies+) a un lugar en el que él iba a comprar uno o a ver repuestos.

Y así pasamos varias horas juntos, luego almorzamos al fresco… y nos “introdujo” al edulcorante Equal, que entonces estaba aún en beta.

Lo que sí sabemos es que el viaje sirvió para luego remplazar los famosos terminales 2970, vender unos nuevos CPUs, … y gozar.

Salud, a las memorias y detalles, ¡y que pasen una Feliz Navidad!

CMP
En respuesta a David Riddick.

David, conocí a Alberto Báez Duarte cuando, en segundas nupcias (1987 a 1989), estuve de Gerente de la Suc. Finanzas, y el que dices que en esta foto de 1980 es él no se me parece en nada con el que, 7 a 9 años después, conocí en el Mercantil.

A ver si alguien aclara esto.

David Riddick
Carlos, estoy casi seguro de que el que está antes de Nogueroles es Alberto Báez Duarte, quien luego se fue al Mercantil y a quien tuve el placer de atender luego, post ustedes, en ese Banco siendo yo Gerente de Marketing de la Suc. Finanzas.

CMP
En respuesta a Oscar De León.

Cierto, Oscar, ¡ése es el nombre! Ya lo puse. Gracias.

Oscar De León
El #2 de la Fila 2 se parece a Arturo Gantaume.

CMP
En respuesta a Jaime Villalta Lladó.

Gracias, Jaime.

Cuando acerca de Antonio Parra mencionaste hechos de los años ’60s pensé que hablábamos de personas diferentes, pero al mencionar que lo encontraste en Margarita me convencí de que hablamos de la misma persona, pues lo último que otro exIBMista me dijo de él, hace ya varios años, es que lo había visto en Margarita. Otros exIBMista han tratado de localizarlo en esa isla, pero sin suerte.

Lo vi por última vez cuando, reportando a mí, aceptó el SOP de 1982 y dejó IBM. Cuando alguien me dio para él una dirección electrónica, le escribí varias veces pero no obtuve respuesta. Y lo siento, pues creo haber dicho cuánto me gusta mantener el contacto con las personas que se han cruzado en mi vida, y las vidas de Antonio Parra y la mía entraron en contacto desde que en 1971 debuté como vendedor en la Sucursal Financas y él era allí analista de sistemas. El contacto duró once años.

Y sí, Jaime Tejeiro no está en la foto. Tal vez porque para entonces no era gerente y —y esto es seguro— porque no necesitaba recibir los conocimientos que el seminario pretendía impartir.

José Padrón (El Técnico)
Banco Provincial: Sinónimo de presión, especialmente en lo referente a servicio.

Jaime Puig, y la Sra. Pacheco, en operaciones del Centro de Computación, eran personas extremadamente exigentes; hay algunas anécdotas, no muy afortunadas y no “contables”.

Jaime Villalta Lladó
Carlos, buenos días.

El personaje de la última fila sí es Antonio Parra, compañero mío de juventud en el Club Casablanca y en el centro Catalán, en los ’60s. No sabía que también era IBMista. Me lo encontré hace un año en Margarita como gerente de dos tiendas de ropa de caballero en la 4 de Mayo.

Me figuro que aparte de Jaime Puig y José Ma. Nogueroles (paisanos míos también y que, como buenos catalanes, todavía siguen trabajando), en la foto también debe estar Jaime Tejeiro de, el Provincial.

[*Opino}– ‘Lost in translation’, o lo perdido al adulterar (doblar) las series y películas

Carlos M. Padrón

En el artículo así titulado, y que copio más abajo, ‘Lost in translation‘ —que es el título original de una película protagonizada por Billy Murray y Scarlett Johansson— viene a significar «Perdido en la traducción», y nunca mejor usado porque el tal artículo se refiere a lo que le ocurre en España a la series de TV o a las películas cuando las doblan al castizo.

Como ya en un artículo previo hablé al respecto, no voy a repetir lo que en él dije, pero sí enfatizar que, en relación a series y películas extranjeras, todavía veo en la prensa digital española reseñas de crítica basadas no en la versión original sino en la versión ADULTERADA, doblada al castizo en España.

Hay que tener guáramo —falta de profesionalismo, o tal vez ignorancia o cara dura— para hacer algo así, o sea, ¡atentar contra la serie o película cargándosela, como se dice más abajo, y estafar al público!

Del artículo ‘Lost in translation’ debo celebrar que ya haya voces que se alzan contra la aberración del doblaje. Una buena prueba está, además de en el texto del artículo, en este comentario hecho a él, comentario que respaldo totalmente.

Comentario a ‘Lost in translation’ por un lector de El País

Con gente de muchos países del mundo he tenido conversaciones sobre el doblaje de películas. Para los que no lo sepáis, el fenómeno de doblaje que sufrimos en España, y que nos parece normal hasta que salimos fuera, existe en poquísimos países del mundo: Alemania, Italia, Francia, y creo que en muy pocos más.

Para el resto, incluida toda Europa y toda América (también Latinoamérica) es unánimemente una aberración. Nunca he encontrado a nadie de un país libre de doblaje que estuviera a favor de cargarse las películas doblándolas.

Gentes de cualquier clase social, edad o nivel cultural siempre afirman que les parece increíble la aberración de doblar películas en España, Alemania, Francia e Italia.

He llegado a la conclusión de que el bajísimo nivel de inglés, y otras lenguas extranjeras, que hay en España, Italia y Francia, está directamente ligado a la burrada de ver desde pequeños series y películas dobladas, y no ver las versiones normales. como se hace en todos los otros países.

Deberíamos cambiar eso cuanto antes. Tras unos pocos años para acostumbrarnos ya nunca querríamos ver películas dobladas. Os lo digo por experiencia; yo ya nunca veo nada doblado, es simplemente una estafa.

En lo que sigue, los resaltes en rojo los puse yo para destacar en qué aspectos se concentran las mayores pérdidas.

***

07-12-11

Natalia Marcos

‘Lost in translation’

¿Qué pasos se dan desde que se graba un capítulo de una serie en un idioma que no es el castellano hasta que los espectadores españoles ven el episodio doblado?

Es un proceso en el que intervienen varios profesionales cuya actividad es fundamental para que las series lleguen a nuestra televisión.

Dejamos a un lado el debate entre series dobladas o en versión original, y nos centramos en la complicada labor de los traductores de series, el paso previo al doblaje. Un trabajo que en ocasiones se lleva a cabo contrarreloj y que presenta grandes dificultades.

El traductor, redactor y presentador Xosé Castro describe al traductor audiovisual como «el responsable de adaptar los diálogos al público español, tanto para doblaje como para subtitulación. Crea la versión española a partir de la extranjera».

Una vez traducido, se manda al estudio de doblaje, donde puede sufrir modificaciones por «el ajuste (adaptar el texto al movimiento labial de los actores), preferencias del cliente, pequeñas improvisaciones de los actores…».

Las dificultades de la traducción

Uno de los problemas actuales de la traducción de series es el tiempo de entrega del trabajo.

Xosé Castro explica que, aunque el tiempo que se tarda en traducir un episodio depende mucho del contenido del mismo, «un capítulo de una serie de unos 20 minutos suele traducirse en uno o dos días. Una serie de unos 45-50 minutos, en 2-4 días».

María José Aguirre de Cárcer fue la encargada de traducir «Perdidos».

Esta serie, y en especial su última temporada, es un ejemplo claro del escaso margen de tiempo entre su emisión en Estados Unidos y en España, lo que añade dificultad al proceso de traducción.

«A lo largo de toda la última temporada, para que la emisión de cada episodio coincidiera con su estreno en Estados Unidos, trabajé con versiones preliminares y, a veces, incluso tuve que traducir directamente de imagen, sin un guion escrito».

Esta forma de trabajar le permitió ver la serie desde otro punto de vista: «Como fan de la serie, me divertían mucho las imágenes preliminares sin retoques de 3D, ni efectos especiales de posproducción. Ver a Sawyer sujeto por un arnés, colgando de un acantilado de cartón piedra con una colchoneta en el suelo me resultaba tan emocionante como si fuera un acantilado de verdad».

Otra dificultad con la que se encuentran los traductores de series es mantener la coherencia a lo largo de las temporadas que tiene una serie.

«Para ello, creo glosarios con frases recurrentes, latiguillos, nombres de personajes, etc. También procuro conservar todos los guiones originales, y mis traducciones para posteriores consultas», explica por correo electrónico Aguirre de Cárcer, que en este momento está concentrada en la traducción de «Futurama», «Glee», «El cuerpo del delito», y acaba de terminar la tercera temporada de «Bored to death» y la película de !Los Muppets».

Precisamente «Glee» es una de las series en la que se está encontrando más dificultades.

«Aparte de que contiene mucho diálogo, y algunos de los personajes hablan como metralletas, cada uno de ellos tiene su propia forma de hablar, lo que llamamos idiolecto. Rachel, por ejemplo, es muy refinada y directa, mientras que Santana es mordaz, sarcástica, emplea motes y frases rebuscadas. Por otra parte, hay que traducir las canciones para su subtitulado y, en ocasiones, como en el caso de muchos temas de música rap, presentan una dificultad añadida«.

Diferencias culturales

Sin embargo, a la hora de hablar de los escollos con los que se encuentran los traductores, Xosé Castro no duda en destacar las referencias culturales.

«En las series se hace referencia a cuestiones culturales, humorísticas, de actualidad, a modas, personas y tendencias que son conocidas en el país de origen, pero puede que no lo sean aquí».

Para hacer frente a esta dificultad, Castro recuerda que «el objetivo de un traductor de series no es traducir diálogos, sino emociones. Si en una escena, los espectadores estadounidenses se ríen a carcajadas o lloran, los espectadores españoles también deben reír o llorar. Esto implica reinventar chistes o hacer referencia a personajes más conocidos para el público español«.

Los giros verbales y las frases hechas son muchas veces imposibles de traducir. Imaginemos por un momento que la serie española Aida se exportara tal cual a un país de habla no española.

La dificultad es extrema a la hora de traducir guiones en los que buena parte de la comicidad viene por confusiones con el lenguaje, dobles sentidos o por las expresiones propias de un personaje. ¿Cómo afronta un traductor estos problemas?

Xosé Castro explica estas dificultades poniendo algunos ejemplos de expresiones propias de la cultura estadounidense.

Traducir literalmente I am in a Spring Break mood (‘Estoy con humor de Spring Break’) no tiene sentido si se desconoce que esas vacaciones escolares de primavera eran sinónimo, en este caso, de playa, sexo y alcohol.

O la frase Beaches in Europe are a non-stop Mardi Gras, but without the necklaces (literalmente, ‘Las playas en Europa son como un Mardi Gras constante, pero sin los collares’) carece de lógica si no se sabe que una de las tradiciones del carnaval del Mardi Gras es que las mujeres enseñan el pecho a los desconocidos que les regalan collares.

En este sentido, Castro destaca a la versión estadounidense de «The Office» como uno de sus trabajos más complicados.

«Prácticamente todas las escenas tienen algún juego de palabras o referencia a la cultura, el deporte o el mundo del espectáculo en los Estados Unidos».

El uso cada vez mayor del español en las series estadounidenses está produciendo también muchas dificultades a la hora de traducir y adaptar los guiones a la emisión doblada.

¿Cómo traducir momentos en los que un personaje no entiende lo que dice el otro porque utiliza el español? Inevitablemente, en el proceso se pierden detalles y rasgos esenciales de los personajes.

El caso de Los Simpson

Una de las series más veteranas, más traducidas y que más dificultades ofrece es Los Simpson.

Cada traducción de Los Simpson es un mundo. Y al comparar las versiones dobladas con la versión original siempre se encuentran detalles que cambian ligeramente.

En el blog Simpsonitos sus autores y los comentaristas del blog se dedican a señalar las diferencias entre la versión estadounidense de la serie y su traducción al español neutro*.

En España, también es María José Aguirre de Cárcer la encargada de traducir la serie de la familia más famosa de Springfield.

Muchos de sus chistes se apoyan en la imagen, «lo cual te limita mucho. Se puede decir que, en algunos casos, más que traductores somos adaptadores porque, al no poder traducir literalmente un chiste, un juego de palabras o una frase hecha, tenemos que basarnos en el gag original para crear uno nuevo».

Sin embargo, procura siempre ser lo más fiel posible y, «al mismo tiempo, acercar los diálogos al espectador español sin recurrir a referentes exclusivos de nuestra cultura. Creo que el espectador debe sentir que está viendo una obra extranjera. Por ejemplo, si aparece el nombre de un personaje público desconocido en España, lo sustituyo por otro, también estadounidense, pero conocido por el espectador español».

Traductores ‘amateur’

¿Y su opinión sobre la proliferación de subtítulos elaborados por aficionados a las series en Internet?

Xosé Castro destaca la generalizada baja calidad de estas traducciones, aunque «he visto traducciones que son bastante decentes».

Le sorprende que haya quien dedica a esta labor «mucho tiempo personal, sin reparar en que hay personas o empresas que se lucran cómodamente gracias a su trabajo regalado».

«De todos modos, como predecía Nicholas Negroponte en 1995, ‘la gente no quiere ver mejor la televisión; quiere ver mejor televisión’, y eso significa ver lo que uno quiere cuando uno quiere. Las productoras, distribuidoras y emisoras están tardando en adaptarse a este cambio, que ya hace tiempo que está en marcha», concluye.

Fuente: El País

(*) NotaCMP.- ¿¡Neutro!? Espero que no este adjetivo no se refieran al español de la series traducidas en España, porque ése de neutro no tiene nada: es castizo puro.

[*ElPaso}– Ejemplo de «profunda» vocación docente

07-12-2011

Carlos M. Padrón

La Guerra Civil Española dejó maltrecho el tejido social de todo el país, y como en los ’40s no había suficientes maestros de enseñanza primaria, el régimen de Franco buscó a muchos ciudadanos que supuestamente estaban bien, o no tan bien, preparados y, a dedo, le dijo a cada uno: «Tú te vas de maestro nacional de primaria al pueblo tal».

Que yo recuerde, producto de este «decreto», a El Paso llegaron por lo menos tres maestros, todos desde la Península. Y si bien todos llegaron solteros, todos terminaron casados con mujeres lugareñas, pero no todos compartían la misma vocación docente aunque sí algunos rasgos de verdadero «amor» por el alumnado.

Uno tenía por costumbre castigar a sus alumnos raspándoles el cuero cabelludo, desde la coronilla hasta el cuello, con la parte no afilada de un lápiz,cuando aún éstos no traían ahí una goma de borrar.

Sin que el alumno lo esperara, el maestro se le acercaba por detrás, y ¡zas!: tremendo surco en la cabeza.

Otro mandaba al alumno a un rincón del salón de clase, le hacía ponerse de rodillas con sus brazos en cruz, y entre cada antebrazo y el correspondiente costado del tórax le colocaba un lápiz bien afilado, con la punta hincada en el antebrazo.

Y para que no le fuera fácil levantar los brazos y librarse de la punzante punta de los lápices, le colocaba en cada mano una piedra que con su peso hacía que, aunque el pobre muchacho luchara por evitarlo, los brazos, carentes ya de fuerza para mantener la posición horizontal, comenzarán a bajar e hicieran que los lápices penetraran más y más en los antebrazos de la víctima.

Por decir lo menos malo, creo que está claro que estos maestros eran bastante imaginativos.

Sin embargo, de entre todo lo que de ellos me contaron y lo poco que vi, el para mí más folclórico era el que recibió como destino la escuela pública de Las Manchas, lugar que es, de entre los barrios de El Paso, el más alejado del centro urbano.

Este maestro —al que llamaré Salomón Lladró— tenía siempre exacerbado su ya de por sí irascible carácter.

Tal vez el motivo era que cada día laborable usaba la desvencijada guagua para ir a Las Manchas y regresar luego, ya en la tarde, al centro del pueblo, para subir después a pie las cuestas hasta su casa,.

Él y su mujer —a quien llamaré Yaya— vivían en una casa de dos pisos cuya área social estaba en la planta alta, a la que se llegaba por una escalera que nacía a nivel de la calle.

Frente a esa casa había uno de los muchos estanques que abundaban en el pueblo: un embalse de aguas de regadío en el que solía haber peces y, además, porque el agua que contenían permanecía mucho tiempo estancada, también larvas, criaderos de mosquitos, gusanos y ranas.

Tan explosivo era el temperamento de Salomón que, no pudiendo soportar que el croar de las ranas turbara su sueño, una noche se hizo de una escopeta, abrió la ventana de su dormitorio, que daba justo frente al estanque, y la emprendió a tiros,… supongo que contra el agua, pues era imposible que pudiera ver dónde estaba siquiera uno solo de los batracios cantarines.

El sobresalto entre los vecinos fue mayúsculo, pues escuchar que, en plena dictadura, sonaran a medianoche disparos de armas de fuego en zona urbana estando aún recientes las heridas de una guerra, no fue cosa de broma.

Sin embargo, aunque no recuerdo la cara de Salomón Lladró —yo era entonces muy pequeño—, una de las anécdotas que de él me contaron me parece exponente fiel y patético del estrés de un hombre que se veía obligado a hacer, día tras día, algo para lo que no había sido preparado, que él no había escogido, que no le gustaba, y que, por lo visto, no sabía hacer: lidiar con niños y no tan niños, y tratar de enseñarles lo que en primaria se enseñaba entonces.

Esto lo hacía sentirse tan mal que, a veces, cuando en la tarde regresaba de dar clase en Las Manchas y subía caminando desde la parada de la guagua, en el centro de El Paso, hasta su casa, se detenía en la base de la escalera de entrada y comenzaba a gritar:

—¡Yaya! ¡Yayaaaa!

Alarmada, Yaya abría la puerta de entrada a la casa, en lo alto de la escalera, y preguntaba asustada:

—Pero, ¿qué pasa, Salomón? ¿¡Qué pasa!?

Por toda respuesta, Salomón alzaba al cielo sus brazos, como implorando ayuda divina o para echar fuera los demonios de su ira, y gritaba:

—Yaya, ¡deseo que vuelva el reinado de Herodes!