[*Opino}– Plastaforma vs. Caracas y El Paso

24/05/12

Carlos M. Padrón

Florida toda, y en particular Miami, es un lugar liso que parece una plasta sobre el mar. Un lugar tan plano que en él no se consigue ni un solo montículo que sirva de referencia topográfica para uno orientarse.

Como ya conté en este blog, me parece una plataforma artificial colocada en órbita de algún cuerpo sideral, y destinada a que las naves hagan escala en ella antes de continuar viaje hacia un lugar o ciudad que sean reales. De aquí que para ese lugar haya yo escogido el nombre de Plastaforma, que, según parece, ha disgustado a algunas personas.

Con ánimo de mitigar esa molestia, aquí va mi explicación.

A mí, que nací, me crié y he vivido siempre en lugares montañosos, Miami, esa planicie desde la que ni siquiera en el horizonte se divisa aunque sea un pequeño promontorio, me resulta asfixiante y casi antinatural.

Mi madre (q.e.p.d.) vivió en Bolondrón (Cuba) durante ocho años, y, desde niño yo, ella me contaba que de Cuba le había gustado todo excepto una cosa: la zona donde ella vivió no tenía montañas, y eso le causaba dificultad para respirar.

Siempre creí que esto se trataba de una manía de parte de mi madre,… hasta que fui a Miami la primera vez, de pronto sentí dificultad para respirar,… y me acordé de mi madre en Cuba. Al rato, ya tenía yo trastornos en la presión arterial.

He estado en Miami muchas veces, pero casi siempre llegué un viernes por la noche, hice compras el sábado, y me fui, o en el último vuelo del sábado, si mi destino era Europa, o en uno de la mañana del domingo, si mi destino era Caracas. Si llegaba desde Europa, continuaba viaje ese mismo día.

O sea, que las más de las veces que he estado en Miami han sido en tránsito, pues estar más tiempo en ese lugar no es bueno para mi salud, como no lo es bajar de Caracas al litoral y subir el mismo día. El nivel del mar más el calor son un cóctel que me cae muy mal: me causa hiperventilación.

Tal vez esto tenga algo que ver con que El Paso, mi pueblo natal, es un lugar rodeado de montañas por el norte, este y sur, y a bastante altura sobre el nivel del mar (en promedio, 644 metros). Y Caracas, la ciudad en la que he pasado la mayor parte de mi vida, está también a bastante altura sobre el nivel del mar (en promedio, 900 metros) y en un valle cuyo norte es, además de majestuoso, inconfundible: el cerro Ávila.

Desde una casa ubicada en Colinas de Bello Monte (Caracas) tomé el sábado 19/05/12 estas dos fotos, porque al contemplar tan espectacular vista de una parte de Caracas no pude menos que, después de extasiarme, acordarme de Plastaforma. ¡Qué contraste!

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Aquí no hay problema para orientarse, pues todos sabemos que el cerro Ávila, visible desde cualquier lado, es el norte.

Y salvando la gran distancia, las montañas acunan también a El Paso.

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Este pico, llamado Bejenao, es nuestro norte. Detrás, está La Caldera de Taburiente.

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Y las «paredes» del imponente cráter de La Caldera de Taburiente son, a escala, el equivalente pasense del cerro Ávila caraqueño.

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COMENTARIOS

 

[*Opino}– El atrofiante uso de algunas tecnologías – Padronel
[…] aquí, que fue en 2012, quise comprar una tarjeta SIM apenas llegar en tránsito al aeropuerto de Plastaforma, pero me dijeron que en los aeropuertos no las vendían, así que la compré en AT&T al llegar […]

[*Opino}– El problemático futuro de Plastaforma (aka Miami)… o de casi toda Florida – Padronel
[…] el artículo que copio abajo, pues si bauticé ese lugar como Plastaforma fue porque, como dije AQUÍ, desde el aire puede constatarse que es una plasta o plataforma, sin pinta de tierra realmente […]

Estela
Gracias por darme la oportunidad de conocer un poco más de El Paso, lugar donde nacieron mis abuelos.

¡Bellísimo!

Estela

[*ElPaso}– Descubren un nuevo mecanismo clave en la división celular, un descubrimiento que tiene vinculaciones con El Paso

24-05-12

Carlos M. Padrón

José Antonio Rodríguez Rodríguez

Publico este artículo en la sección Otros porque José Antonio Rodríguez Rodríguez, miembro del equipo que ha alcanzado este notable logro, y tercer firmante del estudio, es nieto e hijo de pasenses, pues su padre, José Antonio Rodríguez, médico, y sus abuelos —que por línea paterna fueron Antonio Rodríguez Pino, y Nora Perera Capote— y bisabuelos, son todos de El Paso; y él, que nació en Vilaflor (Tenerife) es también Canario.

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18 mayo 2012

Publicado en el ‘Journal of Cell Science’

 

(La investigadora Ethel Queralt)

Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) han identificado el mecanismo que permite a la proteína Zds1 regular un proceso clave en la mitosis, que ocurre inmediatamente antes de la división celular. El resultado abre la puerta al desarrollo de terapias específicas y directas contra el cáncer.

La transmisión de la información genética (ADN) de padres a hijos (o, lo que es equivalente, de unas células a otras) es una cuestión fundamental en la Biología.

La aneuploidia, la falta o el exceso de cromosomas, es una característica presente en casi todos los tipos de cáncer humano, y promueve el desarrollo de tumores.

(Células de levadura. Imagen: UV)

La regulación de la mitosis es particularmente importante para mantener la estabilidad cromosómica. Por ejemplo, las células tumorales aneuploides aparecen como consecuencia de defectos en la segregación de cromosomas, los cuales originan células con mayor o menor material genético del normal.

Sin embargo, a pesar de su importancia, se conoce muy poco de la regulación de la salida de mitosis. En el artículo publicado en el Journal of Cell Science, el grupo de investigación de ciclo celular del IDIBELL, coordinado por Ethel Queralt, descubre un nuevo mecanismo de regulación de la salida de mitosis.

La proteína separasa es un componente clave para la correcta segregación de los cromosomas y para la regulación de la mitosis. En trabajos previos, el grupo de la doctora Queralt describió por primera vez la participación de la proteína Zds1 en la mitosis. Esta proteína coopera con la separasa para asegurar la correcta herencia genética de unas células a otras.

En el estudio se profundiza en el mecanismo molecular por el cual esta proteína Zds1 regula la mitosis y contribuye a que la segregación de los cromosomas sea la correcta. En este trabajo se ha utilizado la levadura Saccharomyces cerevisiae (levadura de cerveza) como organismo modelo.

La levadura es uno de los organismos modelo más utilizado para estudiar los procesos básicos en la célula, que ha permitido identificar mecanismos moleculares complejos como el estudio del ciclo celular en organismos superiores.

La aplicación de dichos conocimientos básicos ayudará a desarrollar tratamientos más específicos y directos contra los diferentes tipos de cáncer.

“Los mecanismos de regulación de la mitosis son muy complejos, y el hecho de conocerlos bien abre la puerta a fármacos específicos que permitan inhibir o corregir este proceso en diversas enfermedades, especialmente el cáncer”, destaca la doctora Queralt.

Su investigación es un paso importante para poder elaborar terapias que impidan que las células tumorales se repliquen.

La investigadora explica que la mayoría de fármacos anticancerígenos se empiezan a aplicar sin conocer de manera exacta cómo actúan: “Se trata de compuestos que muchas veces no sabemos cómo funcionan, pero lo hacen. Si seguimos un proceso inverso, es decir, si empezamos por conocer bien la actividad de una determinada proteína, o de una parte de la proteína, podremos diseñar fármacos específicos minimizando los efectos secundarios”.

Sobre el ciclo celular

Las células crecen en todos los organismos, y se dividen en dos células hijas mediante una sucesión ordenada de eventos que se denomina “ciclo celular”.

Las células tienen que completar cuatro procesos principales durante el ciclo celular:

  1. Crecer (Fases de G1 y G2)
  2. Duplicar el DNA (Fase S)
  3. Segregar los cromosomas (Fase M, mitosis), y
  4. Dividirse (citocinesis).

En la fase 2, fase S o de replicación del DNA, se duplica el material genético y, posteriormente durante la fase M, o mitosis, las células separan los cromosomas duplicados entre las dos células hijas. De esta forma se asegura la correcta herencia de la información genética de una generación de células a la siguiente.

El Idibell, localizado en Cataluña, forma parte del «Health Universitat de Barcelona Campus» (HUBc), una alianza que engloba a treinta entidades dedicadas a la formación, la investigación y la transferencia de conocimiento en el terreno de las ciencias de la salud.

Referencia del artículo
Calabria I; Baro B; Rodríguez-Rodríguez José Antonio; Russiñol N; Queralt E. «Zds1 regulates PP2ACdc55 activity and Cdc14 activation during mitotic exit via its Zds_C motif». Journal of Cell Science. 2012 PMID: 22427694 [Epub ahead of print].

Fuentes: Agencia Sinc, ABC, El Día, Idibell, Ideal.es

[*FP}– Mi encuentro con las lentillas, o lentes de contacto

21-05-12

Carlos M. Padrón

Otro de los encuentros, éste memorable por el impacto que causó en mi vida, fue el que tuve con las lentillas —llamadas así en España— o con los lentes de contacto, como se les llama generalmente en el otro lado del charco.

Siguiendo con mi costumbre de aplicar la economía, usaré el término ‘lentillas’ porque es más corto.

Como ya conté aquí, desde la tierna edad de 10 años me pusieron lentes (gafas) porque un examen oftalmológico detectó que yo padecía de miopía y astigmatismo, lo cual, excepto por mi corta edad, no asombró mucho a nadie en la familia porque mi padre y dos de mis hermanos también usaban gafas, pero no desde edad tan temprana como yo.

Para la época, la situación económica de mi familia podría haber sido mejor, y por ello mi padre me advirtió de que si yo rompía las gafas no habría dinero para comprarme otras, así que dejé de jugar fútbol, el único deporte que algunas vez practiqué y el único que me gusta, y me concentré en mis estudios, pues con las gafas se me hacía la lectura más placentera.

Pero, como dicen los useños There’s no free lunch(= «No hay almuerzo gratis» o, usando el sentido de la frase y no apegándose a su texto, «Todo tiene su precio»), y el precio que por usar gafas tuve que pagar —además de tener que renovar la fórmula cada dos años y tener que comprar, por tanto, cristales nuevos y a veces hasta montura también nueva— es que mis ojos fueron hundiéndose paulatinamente, en las sienes se me hicieron hendiduras causadas por las patas de las gafas, y los vidrios de ellas se empañaban cuando yo sudaba o cuando se mojaban si me alcanzaba la lluvia, dificultando así la visión.

Pero en los sucesivos 22 años ni siquiera pasó por mi mente que hubiera para mi vista otra solución diferente a las benditas gafas, hasta que, ya en Venezuela, alguien me habló de lentillas. Pero cuando me dieron detalles al respecto deseché la idea porque hasta me pareció un tanto masoquista.

Un buen día, al notar que ya las gafas que yo usaba no me permitían ver tan bien como antes, fui al oftalmólogo, y éste encontró que yo necesitaba una fórmula nueva, pero cuando la materializaron en nuevos cristales, mi visión empeoró.

Varias veces volví al mismo oftalmólogo a quejarme al respecto, hasta que, ya molesto el hombre, me dijo que mi problema era psicológico y que la fórmula que él me había dado era la indicada para mí y, por tanto, tenía yo que adaptarme a ella.

Casi un año después de tener que vivir con una visión defectuosa, pues volví a usar las gafas que usaba cuando fui a ese oftalmólogo, en una reunión social con una prima hermana mía y varios de sus amigos, le conté de mi caso a uno de los invitados que dijo que trabajaba para un mayorista de productos ópticos. Él se interesó y me puso en contacto con el oftalmólogo jefe de taller de ese mayorista.

Este señor, de nombre Eddy Lehrer (q.e.p.d.), me examinó un día, examinó luego las gafas que no me habían servido, y concluyó que mi problema estaba en que, si bien la fórmula que me había dado el oftalmólogo era la correcta, éste no había tomado en cuenta que no era posible materializarla exactamente en vidrios, a menos que la compañía que fuera a hacerlo —una como en la que él trabajaba— estuviera dispuesta a perder muchos de ellos porque en el intento se romperían.

Por tanto, las gafas que yo estaba usando no respondían a la fórmula correctiva que mi vista necesitaba, sino que se acercaban a esa fórmula sólo hasta el punto en que el vidrio podía tolerarla sin romperse.

Entre molesto y asustado, pregunté a Eddy qué diablos iba yo a hacer. Su respuesta fue que yo tenía dos opciones, a saber,

  1. Pagar a una óptica por el trabajo completo, o sea, por los vidrios correctos más todos los que el taller rompiera en su intento por materializar en ellos la fórmula correcta,… si es que lo lograba, o,
  2. Pasar a usar lentillas.

Como estaba yo ante un experto, le pregunté qué debería hacer para probar con lentillas, a lo cual me dijo que él era también contactólogo y que podía atenderme en su óptica privada.

Allí mismo me dio cita para dos días después, a la que asistí puntualmente.

Una vez en su consultorio, el bueno de Eddy me explicó que me pondría unas lentillas de prueba, que, por supuesto, no habían sido hechas según la fórmula correctiva que yo necesitaba, y que eso me pondría a llorar porque la parte interna del párpado superior, que es muy sensible, rozaría con la superficie de la lentilla, que entonces eran duras —y bastante gruesas, por cierto—, y eso provocaría abundante lagrimeo.

Para superar esta etapa, yo debería ir a la óptica de Eddy durante 15 días hábiles seguidos a pasar por el calvario de llorar como una magdalena —y con ganas locas de frotarme los ojos, lo cual no debía hacer— comenzando con 15 minutos el primer día e incrementando luego la duración hasta que, con buena suerte, ya las lentillas duras no me molestarían.

Creo que fue en la tercera de esas sesiones de abundantes lágrimas cuando abrumé a Eddy con tantas preguntas y objeciones, que él —muy sabiamente, según comprendí después— me sacó las lentillas y me dijo «Carlos, sólo estoy dispuesto a seguir con esto cuando vengas aquí a ponerte lentillas por bolas», o sea, «por huevos», como se diría en España; a lo macho, no importando las molestias.

Frustrado y medio ofendido me fui de la óptica y seguí aguantando mi visión defectuosa.

Un día, yendo yo en mi automóvil en camino a visitar a un cliente, comenzó de repente una lluvia torrencial —100% del tipo tropical, de ésas que dan la impresión de que el mundo se viene abajo— que, comoquiera que mi auto carecía de aire acondicionado, me obligó a subir al tope el vidrio de la ventanilla de mi lado, el único que yo llevaba abierto.

El resultado fue que los vidrios de mis gafas se empañaron, dificultándome mucho la visión, lo cual, añadido a que la cortina de la densa lluvia era casi impenetrable, no me dejaba ver nada más allá del capot del vehículo.

Asustado intenté detener la marcha, pero los autos que venían detrás del mío comenzaron a protestar haciendo sonar el claxon, ante lo cual decidí reiniciar la marcha.

Apenas arrancar, desde delante de mi auto sonó un alarido horrible, y vi, muy difuso, un bulto que se movía. Alarmado frené en seco y, a pesar de la lluvia, me bajé para saber el motivo…. y me quedé petrificado al comprobar que a escasos centímetros del parachoques de mi auto había una mujer con un niño en brazos, y ambos empapados por la lluvia.

¿Qué había pasado? Que la mujer, vaya usted a saber por qué, decidió cruzar la avenida a pesar de la intensa lluvia, y, confiada decidió pasar frente a mi auto porque lo vio detenido. Pero justo en ese momento fue cuando yo reinicié la marcha, y estuve a punto de atropellarla a ella y al niño que llevaba en brazos.

Convencido de que eso no habría ocurrido si los malditos cristales de mis gafas no se hubieran empañado, olvidé la visita al cliente y, mojándome porque entreabrí el vidrio de mi lado del auto, me fui directamente a la óptica de Eddy.

Cuando éste me vio entrar, mojado y aún pálido por el susto, me preguntó qué me había ocurrido. Por toda respuesta, sin invitación me senté en el sillón destinado a los pacientes y, mirando a Eddy, le dije sin más: «¡Vengo a ponerme lentillas por bolas!». Y le conté lo ocurrido.

Con cara de satisfacción se dio él a la tarea, y después de unas 16 sesiones diarias ya mis párpados se habían encallecido y no me provocaban lagrimeo; por tanto, ya estaba yo listo para abandonar mis gafas.

Como los prejuicios contra las lentillas eran entonces muchos, era 100% seguro que si de pronto me presentaba en la oficina sin llevar gafas, no faltarían quienes, al saber que me había puesto lentillas, comenzarían a presagiarme las siete plagas de Egipto, así que pedí a Eddy que en las monturas que yo tenía me montara unos vidrios neutros que yo podría usar cuando tuviera las lentillas, y así nadie sabría de éstas porque todos me verían con las mismas gafas de siempre.

Y así estuve, usando las lentillas 3 horas el primer día, 4 el segundo, etc., o sea, incrementando 1 hora diaria de uso hasta que pude usarlas sin molestias cada día desde las 6:00 hasta las 23:00.

Cuando logré esto dejé de lado las gafas —¡por fin, después de 22 años!— y, efectivamente, al presentarme en la oficina sin ellas comenzaron las profecías siniestras que sólo duraron hasta que a los «profetas» les dije que ya hacía más de 15 días que estaba yo usando lentillas, aunque ellos me hubieran visto con gafas, y que no sólo no me había pasado nada malo sino que con las lentillas mi visón era mucho mejor que la que por años había yo tenido.

Cuando por el uso aparecían rayas en las lentillas duras era hora de cambiarlas, y, para mi sorpresa, cada nueva fórmula indicaba menos miopía y sin avance del astigmatismo.

Un día comencé a ver mal, y la solución fueron las lentillas tóricas, cuya curva externa no es concéntrica con la interna. Además, también con el tiempo las lentillas fueron reduciendo su grosor y algo de su diámetro, pero aumentando la permeabilidad, o sea, dejando pasar a la córnea más aire que sus predecesoras.

Allá por 1979 mi visión de cerca no era tan buena como había sido, y entonces la solución fue que, previo examen, la lentilla a usar en el ojo izquierdo me la adaptaron para ver muy bien de lejos, y la a usar en el ojo derecho, para ver muy bien de cerca, y, ¡oh, maravilla!, el cerebro se las arregló, y se las sigue arreglando, para hacerme ver bien tanto de lejos como de cerca. Es lo que en optometría llaman monovisión.

Y hoy, 42 años después, así sigo,… a pesar de los muchos malos presagios que acerca del uso de lentillas me hicieron en los años ’70s y que desde hace mucho ya no se escuchan más porque la contactología ha progresado tanto que hace años que, además de tóricas, pueden hacerlas también bifocales, y quienes quieran pasar a usar lentillas no tienen ya que caer necesariamente en las duras sino que pueden optar por las blandas —desechables, de uso variable (semanal, quincenal, etc.)— que hoy en día son baratas.

Aunque me gustaría usar las blandas, no puedo hacerlo porque mi astigmatismo es corneal, o sea, que como la superficie exterior de mi córnea es irregular, ponerle encima una lentilla dura es como si yo tuviera una córnea perfecta, pero si se le pone una lentilla blanda, ésta se adaptaría en parte a las irregularidades de mi córnea, y la corrección no sería buena.

Lamentablemente, mi encuentro con las lentillas ocurrió muy tarde, y para entonces ya mis ojos se habían hundido tanto que habían perdido el sex appeal cautivador que antes tuvieron. ¡Una verdadera desgracia! 🙂

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXIX

XXIX – 

Que me importa la crítica mordaz
que me puedas hacer,
cuando ven de lo que eres tú capaz
y de ambos el valer?

La crítica es a veces una gloria
que alienta al criticado;
por eso no me importa que mi historia
tú la hayas hojeado.

En ella encontrarás los pensamientos
que surgen en mi mente;
en ella tú verás los sentimientos
del que ama locamente.

Pensares y sentires hermanados
por nobles ideales;
pensares y sentires inspirados
del mundo en los mortales.

En ]a vida tan sólo hay ilusiones
que mueren con los años;
en la vida las míseras pasiones
dan sólo desengaños.

Yo sigo por la senda que he emprendido,
en pos de la verdad;
buscando en mis anhelos, decidido,
amor y caridad.

El Arte solamente me extasía,
y mi nido de amores,
y del Orbe la rítmica armonía
y el matiz de las flores.

Prosigue el pensamiento en raudo vuelo,
sujeto a la razón,
y, tras dispersos mundos, en el cielo
encuentro mi ilusión.

—————————

¿Qué me importa tu critica, atrevido?
¿Qué importa tu maldad?
Yo sigo par la senda que he emprendido,
en pos de la Verdad.

[*Opino}– Vargas Llosa: ‘La vieja idea de cultura ha estallado en pedazos’

08/05/2012

Carlos M. Padrón

Lo que hoy llaman ‘cultura’ se me sigue atragantando.

Varias veces en este blog he dicho qué fue lo que acerca de cultura me enseñaron en mis estudios allá por mediados de la década de los ’50s, y aún recuerdo el excelente ejemplo que al respecto encontré años después:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros:

  1. Uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y,
  2. Otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

Pero desde hace ya tiempo he visto en varias ciudades las llamadas «Casa de la cultura» que, en su gran mayoría, sirven para tocar música bailable, y montar bailes y otro tipo de reuniones sociales en las que, generalmente, no escasea el alcohol.

Aunque las definiciones que ofrece el DRAE con son muy claras,

  • Idiosincrasia. (Del gr. ?????????????, temperamento particular). 1. f. Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.
  • Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Me temo que, al igual que se ha hecho con términos como obsceno, en español se ha copiado la acepción que de cultura tienen los gringos, acepción que en nuestro idioma no es realmente cultura sino idiosincrasia o civilización, y lo que hoy día se llama, por ejemplo, «cultura maya» es en realidad «civilización maya».

No acepto, por ejemplo, que un grupo de personas moviendo el culo al compás de los tambores de Barlovento (Venezuela) sea cultura, aunque lo hagan el una «Casa de la cultura», como tampoco acepto que lo sea un grupo de personas vestidas de «magos» y bailando tajaraste en Canarias. Ambas son manifestaciones tradicionales de la idiosincrasia de esos pueblos.

La cultura está reñida con la vulgaridad, concepto éste que es subjetivo, pues lo que es vulgar para un pueblo no lo es para otro. Pero lo que sí es seguro es que las genuinas manifestaciones culturales (composiciones de músicos como Beethoven, Verdi, Handel, etc.; los poemas recogidos en «Las mil mejores poesías de la lengua aastellana»; obras como «Doña Bárbara» y, en general, lo que resulta de estudios universitarios) no tienen nada de vulgares.

Unos hermanos, jóvenes ellos y nacidos en Venezuela, que se fueron a Canarias, me dijeron que la música folclórica Canaria era monótona y aburrida. Añado que aburridísima, pero, ¿cuál música folclórica no lo es?

Toda ella sigue igual después de siglos, lo cual, porque ha sobrevivido, la hace una tradición que, por patriota o patriotero, uno llega a celebrar durante ciertos eventos, pero no más. Esa música es la manifestación de la idiosincrasia de un pueblo, una manifestación que tiende a ser menos aceptada cada día, cosa que no ocurre con las manifestaciones culturales genuinas.

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08/05/2012

Mario Vargas Llosa considera absolutamente evidente que la vieja idea de cultura, la que había hace cincuenta o sesenta años, no es válida, ya que hay una realidad que la ha hecho estallar en pedazos, y no está claro qué la ha reemplazado.

«Vivimos en un período de gran confusión», aseguraba Vargas Llosa en un debate sobre su ensayo «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), que tuvo lugar durante la entrega de los premios NH de relatos que llevan el nombre del gran escritor peruano.

 

Rodeado de escritores, como Jordi Gracia, Fernando Aramburu, Ángeles Caso, Luisgé Martín, Gonzalo Hidalgo Bayal, y José Luis Martín Nogales, entre otros, Vargas Llosa insistió en que la cultura hoy día es más diversión y entretenimiento que reflexión o indagación sobre aspectos fundamentales de la existencia humana.

Y no es que el autor de novelas tan esenciales como «Conversación en la Catedral», «La casa verde» o «La fiesta del Chivo» esté en contra del entretenimiento ni del cine, por ejemplo. «Me encanta el cine, y puedo ver películas malas, como las de Schwarzenegger», dijo el escritor entre las risas de los asistentes.

«Me gusta mucho el fútbol, y me exalto mucho en las tribunas, pero creo que, por mi formación, afortunadamente puedo establecer categorías entre lo que son las películas de Schwarzenegger y las de Visconti», añadió.

Pero aseguró que actualmente hay un público que no está en condiciones de hacer ese tipo de discriminación.

Algunos celebran los cambios que se están produciendo y que, por fin, la cultura llegue a todo el mundo y se haya democratizado de verdad. Pero otros, entre los cuales se encuentra el escritor, ven con preocupación la desaparición de ciertos órdenes de prelación, de ciertos valores y cánones estéticos, y también éticos, que hasta no hace mucho constituían unas guías que permitían orientarse entre las diversas propuestas culturales, señaló.

Vargas Llosa cree que la globalización es una de las buenas cosas de este tiempo, porque va a servir para acabar con prejuicios y lugares comunes que antes separaban a las razas, a las culturas, por el extraordinario aislamiento en que vivíamos.

También, la gran revolución de las comunicaciones hace difícil establecer sistemas de control y de censura del pensamiento, y ésa es otra de las ventajas de los cambios que se viven. Pero, en el campo de la cultura, esa revolución ha tenido un efecto negativo porque los grandes medios de comunicación apuntan por lo general hacia lo más bajo para alcanzar la mayor audiencia, en especial la televisión, agregó.

En todo este proceso, agregó el premio nobel de literatura, sí hay una cierta responsabilidad por parte de los artistas, escritores e intelectuales por haber dado la espalda en muchos casos al gran público en razón de una moral intransigente, y por negarse a hacer más asequible el producto cultural a fin de que pudiera llegar al gran público sin sacrificar el rigor creativo.

En ese sentido, el siglo XIX fue ejemplar porque produjo una literatura de gran calidad y, al mismo tiempo, llegó al gran público, como sucedió con Víctor Hugo, Dickens o Tolstoi. Luego, a comienzos del siglo XX, eso se comienza a perder, y la literatura que se hacía se fue encerrando en un mundo al que gran público le vuelve la espalda.

Ese público, afirmó Vargas Llosa, se va alimentando cada vez más de una literatura de poca calidad, y es el que es ganado por la cultura de la imagen.

El escritor dejó claro que hay excepciones, como el caso de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, que ha sido leído por millones de personas, y es un libro de altísima calidad.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– España. El triunfo de los mediocres

14-05-12

Carlos M. Padrón

Por vía de e-mail, Mary Carmen Barbuzano, una paisana asidua de este blog, me ha hecho llegar, como obra de un anónimo que supuestamente se hace llamar ‘Bloguero’. el artículo que copio más abajo.

Como reúne todas los puntos —y más— que acerca de la mediocridad de España he visto en la propia prensa digital española, y que varias veces he publicado aquí (ver más abajo ‘Artículos relacionados’), busqué en Google y encontré que su autor es un señor de nombre David Jiménez, quien lo publicó en su blog personal.

Lo que me ha impactado más de este artículo es la frase «porque son de los nuestros«. En mi opinión, es ahí donde radica la causa del evidente deterioro de muchos países, EEUU entre ellos, porque en todos ha aumentado, y sigue aumentando, la cantidad de mediocres y, peor aún, la cantidad de chusma, y tanto los de una clase como los de la otra, que tienen derecho a voto, sólo se sienten felices cuando en los puestos de mando ven a uno como ellos.

Los chusma son mayormente acomplejados sociales que creen que el hábito hace al monje, que, yendo siempre por la vía del mínimo esfuerzo, cambian o destruyen todo lo que haya sido hecho por otros, ya que en eso no pueden ver reflejada su chabacanería sino algo que, además, les ofende porque funciona, pues lo de ellos es, en su afán de cambiar todo, improvisar, sin lógica ni fundamento, medidas que más pronto que tarde demuestran su ineficacia.

Me temo que la única salida a esto, si es que la hay, es que un día, que podría ser muy duro, el péndulo de la política se vaya abruptamente al otro extremo.

No se me ocurre añadir nada más a la ya deplorable lista armada por el Sr. Jiménez y que me llegó con estas fotos a título de ejemplos de mediocres muy conocidos —y, por supuesto, populares y hasta admirados— en España.

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Mis felicitaciones a David Jiménez.

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Febrero 28, 2012

El triunfo de los mediocres

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Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, que va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o de la prima de riesgo.

Que ha llegado la hora de asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general, de reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel, y de admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana; tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación, y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan,… porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

  • Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
  • Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
  • Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
  • Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
  • Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo, y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
  • Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que, sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
  • Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada —cuando no robada impunemente— y la independencia sancionada.
  • Mediocre es un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
  • Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse, o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Fuente: Blog de David Jiménez

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano

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COMENTARIOS

 

Leonardo Masina
MEDIOCRE es un país donde, como sucede en España, los aumentos de sueldo son colectivos, pactados entre la patronal y los sindicatos, o sea, todos en la misma fecha y todos con el mismo porcentaje.

Cuando uno, trabajando por IBM, a España desde un país “supuestamente” tercermundista en el que los aumentos de sueldo que hacía IBM eran por mérito, basados en el resultado de una evaluación personal y en unos “baremos” que motivaban al empelado, y al llegar a España y seguir trabajando de igual manera se encuentra con que los compañeros le dicen: “¿Y tú por qué trabajas así si te van a pagar lo mismo que al que no da golpe”.

Por ese motivo, en España no saben ni entienden lo que significa PRODUCTIVIDAD, EFICIENCIA o RENDIMIENTO sino que sólo se fijan en cuántas horas uno está presente en el trabajo, y de ahí se deduce si el empleado es o no un BUEN TRABAJADOR.

Los que no lo habían entendido, ya saben por qué España va mal, y es porque cada cual está mirando a ver quién se pone “manos a la obra” y agacha el lomo. Así pasa entre trabajadores, estudiantes, Ayuntamientos, diputaciones, Comunidades Autónomas y, sobre todo, Gobierno y SINDICATOS.

Y, para los que no lo supiesen, existen además los “liberados sindicales” que son unos PARÁSITOS que, con la excusa de que representan al sindicato, cobran pero no trabajan.

Como extranjero que vive en España, esto es lo que he logrado entender hasta ahora, y me imagino cuantas cosas más habrá de las que ni sé ni me he enterado.

P.D.1

Aunque “supuestamente” estamos viviendo en un país libre, el modo o forma de trabajar en él es más parecido al de un país COMUNISTA: “¿Para qué trabajar si sólo engordamos al dueño?”.

¡Y así jodemos al país y nos hundimos todos!

P.D. 2

Me ha venido a la mente otro detalle: ¿Dónde se ha visto, como ocurre en España, que sea el gobierno quien pague y mantenga a los sindicatos?

Pues se ve en España, donde, aunque la cuota de afiliados a los sindicatos no representa ni un 10% de los trabajadores, el gobierno subvenciona a los sindicatos,… para que le monten las huelgas. ¡Increíble, pero cierto!

¿Saben quiénes son los que más cobran para dar cursos de formación a los parados/desempleados?

Si han dicho los sindicatos han acertado. Por tanto, cuantos más parados haya, más cobran los sindicatos.

Asíque sólo si fuesen pendejos se pondrían a crear empleo, pues si lo hicieran se les acabaría el chollo.

Adolfo Blanco
Mediocre es un país repleto de “indignados” que sólo saben reclamar supuestos derechos ganados con esfuerzo ajeno, pero que se olvidan de que la vida y el éxito se labran a base de deberes.

Mediocre es un país que piensa que son los sindicatos y las marchas los que les van a sacar de abajo, y no el esfuerzo personal de cada uno de sus ciudadanos.

[*ElPaso}– Recuerdos de la década de los ’50s (4): Grupo navideño y excursiones

27-04-12

Carlos M. Padrón

Para la Navidad de 1949, el año del volcán Cumbre Vieja, de San Juan o Nambroque —todos esos nombres se le han dado—, alguien en El Paso tuvo la idea, aprobada por el párroco Don Salvador Miralles, de conformar un grupo de niños y niñas para que, luciendo los trajes típicos de La Palma —o sea, vestidos de ‘magos’, como se decía allá— amenizaran, con villancicos y bailes típicos, los diferentes actos navideños, entre los que estaba el subir al enorme «nacimiento», que así llamábamos al belén, que se construyó frente al altar mayor de la Iglesia Nueva.

Hubo frecuentes ensayos que, si mal no recuerdo, comenzaron desde septiembre de ese año 1949, pues en esa fecha, ya conseguida mi ropa de «mago», en el patio de mi casa tomaron esta foto en la que aparezco junto a María del Carmen, mi hermana menor:

 

Carlos M. Padrón, y María del Carmen Padrón, mi hermana menor

La casa que se ve al fondo no es la nuestra sino la de nuestro tío-abuelo Juan Sosa, hermano de nuestra abuela Celia Sosa. Esa casa ya no luce así hoy.

Esta otra foto fue tomada el mismo día y en el mismo lugar.

María Celia Padrón, mi hermana mayor, Carlos M. Padrón, y María del Carmen Padrón, mi hermana menor

Para enseñarnos cómo bailar algunos bailes típicos —entre ellos el llamado Aires de Lima— nos trajeron como maestro a don Antonio Ramos, un señor pasense de avanzada edad que conocía muy bien los pasos y figuras de los Aires de Lima porque él los había bailado mucho en sus años jóvenes, cuando estuvieron de moda.

Mi compañera en ése, y en otros bailes que «pusimos en escena», fue Rosa María Rodríguez Pérez (Rosita la de Calixto), una niña del Paso de Abajo que tenía más o menos mi edad: 10 años.

Como testimonio para la historia, al mencionado grupo de niños/as nos tomaron esta foto —tal vez al borde de la lava de Las Mancha— que me ha llegado por cortesía de Carlos Pino Hernández, hijo de la pasense —y también mi amiga, vecina y compañera de estudios— Luz María Hernández; una foto que ahora, 62 años después, tengo el gusto de poner en este blog.

 

(Para ver la foto ampliada, clicar AQUÍ)

Espero que mis paisanos/as y amigos/as me perdonen, pero no son muchos los nombres que recuerdo, y varios de los que recuerdo no son los oficiales sino los apodos con que a algunos de los que aparecen en la foto se les conocía en El Paso.

Si alguien me da más nombres los añadiré, tomando como referencia los números que ya he puesto.

El de sotana es, por supuesto, el cura, Don Salvador Miralles (q.e.p.d.).

1, Carmina Llamas
2, Jesús Capote, «Suso el de La Corrala»
3, Gloria Isabel Rodríguez, hija de Don Calixto, de El Paso de Abajo
4, Susana Miralles, hermana menor del párroco
5, Marisol «la de Corina»
6, Carmen María Capote
7, Nievitas Pestana (q.e.p.d.), mi hermana de leche porque a mí y a ella nos amamantó su madre, Doña Maruca Pestana (q.e.p.d.)
8, Manolo Pino (q.e.p.d.)
9, Teresa Calero, hija de Juan Calero, primo de mi madre
10, Celina Pérez Padrón, prima mía por doble vía, por la de su padre y por la de su madre
11, Argelia Miralles, hermana mayor del párroco
12, Chicha Miralles, también hermana del párroco
13, Juanito «el de Caruncho»
14, Álvaro González, («Gonzalito, el de la viuda de Zoilo». También lo llamaban «Manchitas» porque era de Las Manchas)
15, Eridania
16, Pili Kadi
17, Rosa María Rodríguez, «Rosita la de Calixto»

Mirando la foto, la que está a la derecha de Carmina, la #1, es Ana Gloria, hija de Elena García.

Y entre el 14 y el 15, medio escondido detrás de Argelia Miralles, aparezco yo, Carlitos Padrón, como allá me llamaban de niño.

Para entonces ya usaba yo lentes (gafas) que, si mal no recuerdo, hicieron de mí el primer niño que en El Paso de ese entonces usó lentes correctivos, pues, como ya conté, en mayo de 1950 me mandaron a Santa Cruz de Tenerife a consulta con un oftalmólogo, y éste me prescribió lentes correctivos porque, a pesar de mi corta edad, ya padecía yo de miopía y astigmatismo.

Como recuerdo de ese viaje —que fue mi primera salida de La Palma, mi isla natal—, en el estudio de Benítez, entonces un reputado fotógrafo de Santa Cruz de Tenerife, me tomaron esta foto, que guardo en mis archivos:

 

Y durante esa estadía en Tenerife escribí la primera carta que en mi vida envié a una dama: a mi compañera de baile, Rosita «la de Calixto». de quien podría decir, por cuanto ella la contestó, que fue mi primera «noviecita», del tipo de las que, a esa edad y en ese entonces, podía uno tener. 🙂

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Como una especie de premio por lo bien que los niños lo hicimos en esos actos navideños, en enero de 1951 nos llevaron en excursión a Fuencaliente, pueblo del que Don Salvador Miralles había sido párroco antes de serlo de El Paso.

Creo que fueron varios los vehículos usados para transportarnos a todos, pero yo sólo recuerdo la entonces llamada «Guagua de Miguel el chófer», pues en ése en el que viajé.

De los lugares que en Fuencaliente visitamos sólo recuerdo la vinícola, y también recuerdo la preocupación de nuestras chaperonas por que en la cata de vinos fuéramos a beber más de la cuenta.

Creo que, ellas no obstante, algunos/as se «animaron» con apenas beber sólo una vez, o se las ingeniaron para beber más de una. 🙂

También para la historia, en Fuencaliente nos tomaron esta foto, de hace 61 años y que guardo en mis archivos:

(Para ver la foto ampliada, clicar AQUÍ)

Para ella vale lo mismo dicho en la anterior acerca de los nombres.

1, Ana María Herrera
2, Gloria Isabel Rodríguez
2a, Carmen María Capote
3, Marisol «la de Corina»
4, Párroco de Fuencaliente
5, Alcalde de Fuencaliente
6, Don Salvador Miralles
7, Carlos M. Padrón
8, José Antonio Martín
9, Fernando Pino (q.e.p.d.)
10, Manolo Pino (q.e.p.d.)
11, Celina Pérez Padrón
12, Marusa Martín
13, Érika de Paz.
14, Eridania
15, Gloria Sosa.
16, Teresa Calero
17, Pili Kadi
18, Nievitas Pestana (q.e.p.d.)
19, Carmina Llamas.
20, María del Carmen Morera
21, Nievitas «la de Lila»
22, Rosa María Rodríguez («Rosita la de Calixto»)
23, Jesús Capote («Suso el de la Corrala»)
24, Álvaro González, («Gonzalito, el de la viuda de Zoilo»
25, Juanito «el de Caruncho»
26, Rodrigo González, «Rodrigo el de la Central»
27, Santiago González, «Santiago el de la Central»

La que, en sentido vertical, está entre el 18 y el 27 es Ana Gloria, hija de Elena García.

Por favor, si me he equivocado en algún nombre, que alguien me corrija,

[*Opino}– España. La banca, el fraude fiscal, y el New York Times

08-05-12

Carlos M. Padrón

Como no leo el New York Times, ignoro si lo que sigue es o no cierto, pero no me extraña que lo sea porque encaja muy bien dentro del cuadro que acerca de España describe César Vidal en su serie de artículos titulados «España. Las razones de una diferencia», especialmente en los titulados así:

  • (24) ¿Hay salida? (XII): El nepotismo, entre la familia y la ‘famiglia’
  • (25) ¿Hay salida? (XIII): Sagrado localismo
  • (26) ¿Hay salida? (XIV): La secta
  • (27) ¿Hay salida? (XV): La secta II o el imperio del monopolio

En ellos se habla de algo que puede explicar lo que cuenta el artículo que copio abajo y que me hizo recordar lo que una vez escuché decir a un personaje político y exguerrillero. Cuando un periodista le preguntó su opinión sobre una fuga de presos ocurrida el día anterior, este personaje contestó. «El deber de todo preso es fugarse».

Si aplicamos esto a la materia impositiva, el deber de todo ciudadano es no pagar impuestos. Como esto es algo que hoy día resulta casi irrealizable, entonces los ciudadanos se las arreglan para pagar la menor cantidad posible, cosa que, hasta donde sé, hace todo el mundo.

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21-10-2011

La banca, el fraude fiscal, y el New York Times

El New York Times ha ido publicando una serie de artículos sobre Emilio Botín, presentado por tal rotativo como el banquero más influyente de España, y Presidente del Banco de Santander, que tienen inversiones financieras de gran peso en Brasil, en Gran Bretaña y en Estados Unidos, además de en España.

En EEUU, el Banco de Santander es propietario de Sovereign Bank.

Lo que le interesa al rotativo estadounidense no es, sin embargo, el comportamiento bancario del Santander, sino el de su presidente y el de su familia, así como su enorme influencia política y mediática en España.

Un indicador de esto último es que ninguno de los cinco rotativos más importantes de España ha citado o hecho comentarios sobre esta serie de artículos publicados en el diario más influyente de EEUU, y uno de los más influyentes del mundo. Es de suponer que, si se escribieran artículos semejantes, por ejemplo, sobre el Presidente Zapatero, tales reportajes serían noticia. No así en el caso de Emilio Botín.

Una discusión importante de tales artículos es el ocultamiento, por parte de Emilio Botín y de su familia, de unas cuentas secretas establecidas desde la Guerra Civil en la Banca suiza HSBC.

Por lo visto, en las cuentas de tal Banco había 2.000 millones de euros que nunca se habían declarado a las autoridades tributarias del Estado español. Pero, un empleado del HSBC, despechado por el maltrato recibido por ese Banco, decidió publicar los nombres de las personas que depositaban allí su dinero sin nunca declararlo en sus propios países. Entre esas personas había nada menos que 569 españoles, incluyendo a Emilio Botín y su familia, más grandes nombres de la vida política y empresarial.

Según el New York Times, esta práctica es muy común entre las grandes familias, las grandes empresas y la gran Banca. El fraude fiscal en estos sectores es enorme. Según la propia Agencia Tributaria española, el 74% del fraude fiscal se centra en estos grupos, con un total de 44.000 millones de euros que el Estado español (incluido el central y los autonómicos) no ingresa.

Esta cantidad, por cierto, casi alcanza la cifra del déficit de gasto público social de España respecto la media de la UE-15 (66.000 millones de euros), es decir, lo que España debería gastarse en su Estado del Bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios a personas con dependencia, y otros) por el nivel de desarrollo económico que tiene, y que no se gasta porque el Estado no recoge tales fondos.

Y una de las causas de que no se recojan es precisamente el fraude fiscal realizado por estos colectivos citados en el New York Times. El resultado de su influencia es que el Estado no se atreve a recogerlos. En realidad, la gran mayoría de investigaciones de fraude fiscal de la Agencia Tributaria se centra en los autónomos y profesionales liberales, cuyo fraude fiscal representa —según los técnicos de la Agencia Tributaria del Estado español— sólo el 8% del total.

Es también conocida la intervención de autoridades públicas para proteger al Sr. Emilio Botín de las pesquisas de la propia Agencia Tributaria.

El caso más conocido es la gestión realizada por la exvicepresidenta del Gobierno español, la Sra. De la Vega, para interrumpir una de tales investigaciones.

Pero el Sr. Botín no es el único. Como señala el New York Times, hace dos años, César Alierta, presidente de Telefónica, que estaba siendo investigado, dejó de estarlo. Como escribe el New York Times con cierta ironía, “el Tribunal desistió de continuar estudiando el caso porque, según el juez, ya había pasado demasiado tiempo entre el momento de los hechos y su presentación al tribunal”.

Una medida que juega a favor de los fraudulentos es la ineficacia del Estado, así como su temor a realizar la investigación. Fue nada menos que el Presidente del Gobierno español, el Sr. José Mª Aznar, quien en un momento de franqueza admitió que “los ricos no pagan impuestos en España”.

Tal tolerancia por parte del Estado con el fraude fiscal de los súper ricos se justifica con el argumento de que, aún cuando no pagan impuestos, las consecuencias de ello son limitadas porque son pocos. El Presidente de la Generalitat de Catalunya, el Sr. Artur Mas, ha indicado que la subida de impuestos de los ricos y súper ricos tiene más un valor testimonial que práctico, pues su número es escaso.

La solidez de tal argumento, sin embargo, es nula; en realidad, alcanza niveles de frivolidad, pues ignora la enorme concentración de las rentas y de la propiedad existente en España (y en Cataluña), uno de los países donde las desigualdades sociales son mayores y el impacto redistributivo del Estado es menor.

Los 44.000 millones de euros al año que no se recaudan de los súper ricos por parte del Estado hubieran evitado los enormes recortes de gasto público social que el Estado español está hoy realizando.

Pero otra observación que hace el New York Times sobre el fraude fiscal y la Banca es el silencio que sobre ello existe en los medios de información.

Tal rotativo cita a Salvador Arancibia, un periodista de temas financieros en Madrid, que trabajó para el Banco Santander, que señala como causas de este silencio el hecho de que el Banco Santander gasta mucho dinero en anuncios comerciales, siendo la Banca uno de los sectores más importantes en la financiación de los medios, no sólo comprando espacio de anuncios comerciales, sino también proveyendo créditos. Aclara el Sr. Salvador Arancibia que éstas son “….medidas de enorme importancia en un momento como el actual, donde los medios están en una situación financiera muy delicada”.

De ahí que tenga que agradecer al diario que se atreva a publicarlo, porque hoy, artículos como los que publica el New York Times y el mío propio, no tienen fácil publicación en nuestro país. Es lo que llaman “libertad de prensa”.

Fuente: Sott.net

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano