[*Opino}– ‘Amour’, ¿es sólo Hollywood quien no la entendió?

10-03-13

Carlos M. Padrón

«’Amour’, la película que Hollywood no entendió» es el título de un artículo publicado en Libertad Digital (España) el 25-02-2013 con la firma de Andrés Arconada, quien añade que «Nos da pena que la mejor película del año, Amour, se vaya con un sólo premio, el de mejor película de habla no inglesa, quizás porque los académicos no se han atrevido con un film que yo creo que no han entendido«.

El pasado domingo, 10 de los corrientes, vi esa película, y, habida cuenta de que del cine se dice que es el séptimo arte, recordé lo que, allá por 1994 y en el programa «La radio de Julia» (España), escuché en boca de Fernando Sánchez Dragó lo que creo y sigo creyendo que es una gran verdad: «El arte que necesita explicación, no es arte«.

En este caso, no es raro que yo, que ni soy cinéfilo ni especialista cine, no entendiera esa película, pero así será de enredadita ella que, si es cierto que los académicos de Hollywood —que son varios y muy versados en cine— tampoco la entendieron, es porque necesita ser explicada, en cuyo caso no es arte y no amerita premio alguno.

Además de enredada, en ella destaca esto, que, si mal no recuerdo, era común en el cine de hace décadas:

  • Es oscura y demasiado lenta.
  • Abusa de la cámara fija.
  • Abusa del corte brusco de escenas, sin que éste se suavice con transiciones que faciliten y hagan más agradable el visionado.
  • Abusa del largo de las escenas, a veces en silencio absoluto.
  • Hay intercalación misteriosa de pasajes que, de verdad, sí necesitan de una aceptable y detallada explicación, como la presentación —bastante larga, por cierto— de unas pinturas.
  • En conjunto, parece esforzarse por obligar al espectador a deducir y adivinar, como si se tratara de una película policiaca.
  • Lo abrupto de su final, de difícil relación con el principio, es casi un alivio porque con él termina también la especie de tortura que es ver esa película.

Sí, acepto que el tema es impactante por lo dramático y duro, pero pienso que tal vez porque «Mar adentro» —cuyo tema conozco, pero que es película que nunca vi porque mi hija me recomendó que no la viera— se llevó el Oscar, los que hicieron «Amour» pensaron que también podrían llevárselo si se iban por un camino igualmente dramático, pero se equivocaron.

[*Opino}– Acerca del español escrito

19-02-13

Carlos M. Padrón

Según el artículo que sigue, la preparación que en España tienen los estudiantes en cuanto a ortografía, prosodia y demás, es un desastre.

Ante esto, me atrevo a aventurar que la preparación que en cuanto a eso tienen los profesores que no son de Lengua deja también mucho que desear, lo que indica que la cosa viene de viejo, de al menos una generación.

Recuerdo que, allá por los años ’80s, recibí, escrito por una profesora de Ciencias del colegio de mi hija, un informe que contenía cualquier cantidad de faltas de todo tipo.

Era tal desastre que me tomé la molestia de resaltar en amarillo todos los errores que contenía, y devolvérselo a la profesora en sobre cerrado que entregué a mi hija.

Para mi sorpresa, me contestó, por el mismo medio y forma, que ella era profesora de Biología y no de Lengua.

Si antes de contratarla, el colegio le hubiera hecho un examen escrito, posiblemente no habría obtenido el trabajo; o sea, que es el colegio el primer responsable porque, tal vez, sus directores tampoco saben escribir.

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19 Feb 2013

Para el profesorado, incluido el de la enseñanza superior, la mala ortografía es un quebradero de cabeza.

Los alumnos de hoy tienen una preparación que es la envidia de sus mayores: saben —más o menos— idiomas, ven mundo y acceden a altos títulos universitarios. Les falta, sin embargo, aquel afán por la caligrafía y la ortografía que los viejos maestros colmaban a base de reglas y dictados.

Ahora, dicen los profesores, el panorama es desolador, y el que está a punto de licenciarse es capaz de rellenar un examen con errores que hacen daño a la vista: vailar, habrir o derrepente.

La sospecha más generalizada es que los docentes han ido bajando el listón paulatinamente frente a las crecientes incorrecciones ortográficas de los exámenes de sus estudiantes; y éstos no acaban de ver la utilidad de poner una ‘h’ en su sitio, o eliminar una tilde allá donde las normas dicen que no debe de estar.

Así, se da la paradoja de que, en un país como España, que ha superado con creces sus viejos índices de analfabetismo y que lee más que nunca, las faltas de ortografía se hayan convertido en una lacra contra la que los profesores se sienten incapaces de luchar, si bien hay quien sueña con la pequeña transformación que promete una de las reformas del ministro de Educación, José Ignacio Wert: aumentar el número de clases de Lengua en secundaria.

Algunos ya se están adelantando, como la Comunidad Valenciana, que prevé penalizar a los alumnos con faltas en los exámenes de acceso a la universidad.

Paradójicamente también, esta despreocupación por la ortografía tiene relación con el uso de las nuevas tecnologías, las mismas que ponen los mejores textos y diccionarios a tiro de clic. Porque si lo importante es comunicarse, ¿por qué no ahorrarse tiempo con unas letras y tildes de menos?

Como pescadilla que se muerde la cola, habría que señalar el aumento del índice de lectura: el 92% de los españoles dice leer “algo”, y ello incluye mensajes instantáneos, de celular, donde los códigos no son los del viejo dictado.

Y ahí hay mucho que leer. Un dato: por el sistema gratuito WhatsApp circulan cada día mil millones de mensajes. Demasiado trabajo para los correctores.

Fuente: El País

[*Drog}– Acertadamente declarado como ‘imbecilidad transitoria’

14-02-13

Carlos M. Padrón

En el artículo que sigue —que en realidad se refiere al drogamor y no al amor, y amerita una felicitación a su autor, Manuel Cruz— quedan muy claros los pros y contras de ese sentimiento.

Acertadamente se le llama «intolerable espejismo engañoso» y «territorio privilegiado de la estupidez humana*«, además de «imbecilidad transitoria», pero no nos hagamos muchas ilusiones sobre la condición de transitoriedad, pues transitorio es también un huracán pero destruye todo a su paso.

Y si, como dice el autor, uno se enamora una sola vez en la vida, sólo que de diferentes personas,

  • ¿Cómo es posible que después de haber padecido una vez las consecuencias del drogamor, alguien caiga de nuevo en él sin darse cuenta de que busca un espejismo, de que no sirve de consuelo para el espíritu, ni de bálsamo para el corazón, tener que aceptar que esa persona de la que se estuvo drogamorado ya no es la que uno «amó» tiempo atrás, sino que ha pasado a ser otra distinta?
  • ¿Cómo creer, en tiempos de disolución del sujeto —añado que nunca esa disolución ha sido tan grave como ahora—, que una determinada persona, y sólo ella, está predestinada a ser el hombre o la mujer de nuestra entera vida?

La conclusión es tajante y muy cierta: el drogamor no pasa de ser, como así mismo se ha dicho más de una vez, una variante particular de imbecilidad transitoria, y su abrumadora generalización no resultaría un argumento en contra, sino a favor, de la necesidad de combatir decididamente lo que en última instancia no ha resultado ser otra cosa que una formidable arma de idiotización** masiva.

Y es aquí donde la sociedad debería intervenir para minimizar tan letales efectos.

No se crea que esta ilustración, hecha como chiste pero que encierra una gran verdad, mitiga lo de idiota al usar, en cambio, el término inocente. Nada de eso, lo de inocente es sólo por la fecha, y no desmerece en nada lo de idiota.

Con el sentimiento de drogamor, nada tiene en común esta definición que del amor da el autor japonés Teitaro Suzuki:

“El amor confía, es siempre afirmativo y omniabarcante. El amor es vida y, por tanto, creación. Todo lo que toca es vivificado y potenciado por un nuevo impulso de crecimiento. Cuando se ama a un animal, éste crece más inteligente; cuando se ama a una planta, se conocen todas sus necesidades. El amor nunca es ciego; es una reserva de luz infinita”.

en la que destaco como clave la afirmación de que el amor nunca es ciego. El amor de que habla Manuel Cruz, y ése que la gente cree una guía segura, se caracteriza —entre muchas otras cosas ya explicadas en esta sección—, porque de él se dice que es ciego y, efectivamente, lo es en el sentido de que causa ceguera en quien lo profesa.

NotasCMP.

(*) Según el DRAE, estupidez es «Torpeza notable en comprender las cosas».

(**) Según el DRAE, viene de idiocia, que es «Trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en las primeras edades de la vida».

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08 Sep 2012

Manuel Cruz

En nuestra sociedad, cuando uno es requerido a hablar del amor, se diría que resulta poco menos que obligado hacerlo en términos elogiosos, cuando no abiertamente entusiastas. Parece como si constituyera una contradicción conceptual —que colocaría, además, en el lugar de un antipático aguafiestas al que se atreviera a sostenerla— referirse a dicho sentimiento de manera crítica, señalando sus limitaciones, sus contradicciones, y ya no digamos la función oscurecedora o directamente engañosa que a menudo cumple, en el mundo actual, la apelación a lo amoroso.

No resulta difícil comprender tan generalizada prevención: ¿cómo hablar en clave negativa de una de las experiencias que mejor ha representado en nuestra cultura el ideal de felicidad, con la que incluso se ha asociado en múltiples ocasiones a la misma bondad?

Pero de una tal constatación cabe extraer conclusiones de diverso tipo. Una —que puede contar, sin duda, con buenas razones a su favor— es la de que la consideración inequívocamente positiva del amor constituye una de las columnas básicas sobre las que, en nuestra sociedad, se sostiene la visión del mundo hegemónica.

Cumple dicha función precisamente porque se imbrica con un conjunto de convencimientos fuertemente arraigados en la mente de los individuos, de manera que mucha gente barrunta, o intuye, que cuestionar la importancia de aquél arrastraría en su caída a éstos, dejándonos en una situación de incertidumbre y desamparo extremos.

Además, cabría añadir, en nombre de un presunto sentido común bastante extendido, ¿para qué tocar aquello que funciona? ¿No parece mayoritariamente aceptado que un gran amor constituye el ideal de la plenitud de sentido para una vida? ¿O que, entretanto éste no se alcanza, los diversos grados de la felicidad o el bienestar imaginables vienen indisolublemente ligados a una proporcional presencia de lo amoroso?

Dicho de una forma extremadamente simplificadora, por la que me disculpo de antemano, ¿acaso alguien, cuando fantasea unas maravillosas vacaciones, se representa unos días en un paraje idílico, pero en estricta y rigurosa soledad?

Sin embargo, la conclusión anterior no es la única, como ya anticipábamos. A partir de idénticas premisas, también los ha habido que han extraído una conclusión, de signo bien distinto, acerca de la urgente necesidad de combatir la forma dominante de entender el amor a la que nos venimos refiriendo.

En efecto, lo arraigado y difundido de la misma, lejos de constituir un argumento incontestable para aceptarla, estaría informando precisamente de la gravedad de nuestra situación. Porque si un tal amor no pasa de ser, como así mismo se ha dicho más de una vez, una variante particular de imbecilidad transitoria, su abrumadora generalización no resultaría un argumento en contra, sino a favor, de la necesidad de combatir decididamente lo que en última instancia no habría resultado ser otra cosa que una formidable arma de idiotización masiva.

Acerca de la primera conclusión no hay mucho que añadir. Para ella, el amor ya está bien como está o, lo que viene a ser lo mismo, alcanzarlo representa una aspiración válida, cuando no directamente deseable, como horizonte regulador para nuestras vidas.

La segunda, en cambio, en la medida en que impugna el imaginario colectivo dominante en uno de sus aspectos vertebrales, implica toda una invitación no sólo a la crítica, sino también a la elaboración de una alternativa existencial adecuada, … excepto para quienes pudieran considerar que vivir sin amor ya constituye, por sí sola, la alternativa.

¿De qué rasgos, según esto, debería desprenderse nuestra idea de amor para empezar a resultar, como mínimo, aceptable? ¿Qué nuevas determinaciones debería asumir para que empezara a abandonar su condición de intolerable espejismo engañoso?

Para algunos, que dicen saber de la cosa, el hecho de que la beatitud alcanzada por los enamorados sea, de acuerdo con la estadística y el cálculo de probabilidades, perecedera y volátil, pero que, a pesar de tan abrumadora evidencia, sea considerada por sus protagonistas como imperecedera y eterna, representa la prueba más concluyente de hasta qué punto el amor constituye el territorio privilegiado de la estupidez humana.

Siguiendo con el razonamiento, una perspectiva adecuada (¿o deberíamos decir, directamente, postmoderna?) del amor sería aquélla en la que los amantes asumieran, sin conflicto ni desgarro alguno, la condición efímera de su pasión, abandonando tópicos que corresponderían a una concepción anacrónica de la misma, como el tópico de la irrepetibilidad de la persona amada (canónicamente expresada en el verso nerudiano “a nadie te pareces desde que yo te amo”).

En su lugar, lo procedente sería interiorizar sin complejos (sobre todo de culpa) la actitud descrita por la cantautora británica Adele en su éxito Someone like you, en el que, dirigiéndose a un antiguo amante, le manifiesta su convencimiento de que encontrará a alguien que ocupe su lugar, esto es, alguien en cierto sentido intercambiable.

No puede decirse que en esta perspectiva se esté renunciando por completo a la idea del amor, sino más bien que se la está adaptando convenientemente a la liquidez de los tiempos, hasta el punto de que uno de estos enamorados de nuevo cuño podría hacer suya la vieja retórica amorosa, sólo que introduciendo un pequeño matiz diferencial, y afirmar “uno se enamora una sola vez en la vida, sólo que de diferentes personas”.

En el fondo, a poco que se piense, la expuesta resulta una actitud bastante acorde con la época que nos ha tocado vivir. En efecto, ¿cómo creer, en tiempos de disolución del sujeto, que una determinada persona, y sólo ella, está predestinada a ser el hombre o la mujer de nuestra entera vida?

Aunque tal vez, pensándolo mejor, el problema no sea tanto de la otra persona como de uno mismo. Encuentro en el libro de Miquel Bassols Tu yo no es tuyo una frase del escritor Julián Ríos que tal vez proporcione la clave de la dificultad. Frente a la máxima bíblica “yo soy el que soy”, acaso lo único que en el presente podamos afirmar acerca de nosotros mismos sea “yo soy el que es hoy”.

Escaso bagaje, ciertamente, para andar en búsqueda de un otro del que es de suponer que no estamos en condiciones de esperar mayor entidad que la nuestra, tan liviana ella. Probablemente la única pregunta posible, llegados a tal punto, sea la siguiente: ¿consideramos que éste es un lugar para quedarse a vivir?

Porque la propia Adele —alguno opinará que la estoy citando como si se tratara del mismísimo Hegel: secuelas del verano, que reblandece las neuronas— señala en otros pasajes de su canción algo particularmente relevante. Encontraré a alguien como tú, proclama, pero eso significa que ese amor perdido ha pasado a convertirse en un punto de referencia y, curioso, no sirve de consuelo para el espíritu, ni de bálsamo para el corazón, pensar que esa persona ya no es ahora la que uno amó tiempo atrás, y que ha pasado a ser otra distinta (tan volátil como uno mismo).

Acaso esté revelando algo mucho más importante que una mera debilidad el hecho de que, cuando se pierde a la persona amada —a ese hombre o a esa mujer que pudieron llegar a ser percibidos en un determinado momento como un auténtico destino— luego ya sólo queda, o darse por muerto en vida, o añorarla para los restos, y errar como alma en pena, buscándola, en vano, en otras personas.

Muy probablemente lo que todo lo anterior esté mostrando es que, en materia amorosa, no hemos conseguido escapar de los territorios del posibilismo, más allá de unos cuantos aditamentos ocasionales.

Me atrevería a afirmar, con escaso temor a equivocarme, que si hiciéramos una encuesta preguntando a la gente acerca de su opinión sobre ese tópico ideal de relación amorosa, en el que una persona colma, por completo y para siempre, las expectativas de todo orden que cualquiera pudiera plantearse, la inmensa mayoría declararía su radical escepticismo respecto a la probabilidad de dar con dicha persona.

Pero si, pertinaces, perseveráramos en la pregunta inicial añadiéndole la puntualización: “en el caso de que Vd. tuviera la insólita fortuna de encontrarla, ¿suscribiría el modelo heredado de relación amorosa?”, albergo pocas dudas de que la inmensa mayoría respondería afirmativamente. Lo cual, por si no ha quedado claro, en modo alguno pretende constituir un elogio indirecto de dicho modelo, sino una constatación de nuestra incapacidad —hasta el momento— para elaborar otro mejor.

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Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Premio Jovellanos de Ensayo 2012 por el libro Adiós, historia, adiós.

Cortesía de Carmen O’Dogherty

[*Drog}– Acerca de un perfume para buscar pareja

31-01-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo anuncia que unos científicos alemanes han creado un perfume que sirve al propósito que he puesto en el título: buscar pareja.

Esto me hace recordar el dicho «Éramos pocos en casa, y parió la abuela», pues si hasta ahora esa búsqueda se ha basado en la fatal atracción romántica, en el llamado «amor a primera vista», ahora se añade, como para meter más la pata, el olor corporal, algo de corte instintivo, con lo cual la razón queda un paso más atrás de lo que hasta ahora estaba.

No faltará quien diga que eso del olor corporal es un factor natural. Por favor, no olvidemos que a la Naturaleza le importa un pito la felicidad humana; sólo se ocupa de la reproducción de la especie y de que se imponga el mejor —eso que llamamos justicia es un invento de la sociedad— y, por tanto, no toma en cuenta la relación de pareja.

La tarea de velar por la reproducción de la especie incluye la mejora de ésta, y por eso en el artículo se dice que los hijos procreados por una pareja que se haya sentido atraída por sus olores corporales, serían más resistentes a las enfermedades.

Arguyen que los animales también se guían por el olor corporal, pero me temo que los perros no han leído sobre este descubrimiento, o los descubridores no se han fijado mucho en cómo proceden los perros, pero es el caso que para los perros machos cualquier perra en celo, así le doble el tamaño o sea una enana a su lado, es un imán más poderoso que la comida o el apego a su dueño.

Lo peor de todo esto es que el tal perfume busca facilitar una elección inconsciente; o sea, que la razón no pinta nada en esa elección, a menos que lo que la pareja así formada busque sea sólo placer olfativo (trampa de la Naturaleza) e hijos potencialmente resistentes a las enfermedades (objetivo de la Naturaleza).

Lo de la calidad de la relación de pareja, repito, no cuenta aquí para nada.

La parte anecdótica es que uno no puede dejar de preguntarse qué pasaría si se pusiera de moda el uso masivo de ese perfume, y en una reunión social nos sentaran junto a alguien cuyo olor corporal nos resulte simplemente apestoso.

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23/01/2013

Científicos alemanes han desarrollado un perfume para ayudar a buscar pareja, y cuyo aroma resalta el olor corporal individual.

La fragancia sintética ayuda a desvelar la composición de los genes inmunológicos que los potenciales amantes pueden reconocer inconscientemente como los apropiados para combinar con los suyos, y así tener hijos más resistentes a las enfermedades.

La investigación aparece publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Según el director del Instituto Max Planck de Inmunología y Epigenética, en Friburgo, y el jefe del estudio, Thomas Boehm, el olor corporal desempeña un papel decisivo en la elección de pareja.

La fragancia sintética, en la que los científicos han trabajado durante diez años, resalta precisamente el olor corporal de una persona. «El estudio se mueve en los límites entre la inmunología y el comportamiento», señaló el experto en declaraciones a la prensa alemana.

Según Boehm, los animales (y los perros?) indican, a través de su olor corporal, los genes inmunológicos que portan. «Del olor de las potenciales parejas se desprende si son el complemento óptimo a los propios genes inmunológicos. Los descendientes son así resistentes a un amplio espectro de gérmenes patógenos», explicó.

Este hecho ha sido demostrado ya hace décadas en animales, pero la constatación de que esto ocurre también en los humanos constituye una novedad. Los genes inmunológicos y el olor ligado a ellos es diferente en cada individuo, y la elección de pareja a través de la fragancia es un acto inconsciente, subrayó.

«Aunque en las personas existen a nivel general varios cientos de tipos diferentes de los llamados genes inmunológicos HLA (antígenos leucocitarios humanos), cada individuo posee únicamente unas pocas variantes, y éstas son las que determinan el típico olor corporal», precisó el científico Manfred Milinski.

Los expertos decodificaron estos olores, lo que les ha permitido ahora crearlos artificialmente.

Listo para salir al mercado

Al final del estudio, los científicos ofrecieron a alrededor de 30 estudiantes universitarias diferentes perfumes, de los cuales las participantes eligieron aquél que se corresponde a su propio olor corporal, generalmente percibido como positivo y agradable, según los resultados de la investigación.

«Estas conclusiones abren la posibilidad de crear nuevos tipos de fragancia que, al resaltar el olor corporal, indiquen a las potenciales parejas la composición de los genes inmunológicos HLA de la persona que lo usa», indicó Milinski.

En este sentido, subrayó que «los perfumes con una eficacia biológica absoluta pueden ser producidos sintéticamente sin tener que recurrir a productos animales».

La fragancia para la búsqueda de pareja está, en principio, lista para salir al mercado, aunque por el momento no existen planes concretos para una fabricación en serie, puntualizó.

Fuente: ABC

[*Opino}– A vueltas con el uso de singular o plural en ciertos sustantivos.

29-01-13

Carlos M. Padrón

En los casos en que el sustantivo, aunque singular, se refiera a algo numeroso, me parece más lógico usar el plural, como ya expliqué en el post Uso de singular o plural en caso de cantidades, donde puse un buen ejemplo.

Pero este titular —publicado en ABC.es del 29/01/13— contiene uno tal vez mejor:

«Casi nueve de cada diez canadienses está gobernado por mujeres en su territorio».

«Casi 9 de cada 10» son más que uno, por tanto suena mucho mejor, porque es más lógico, decir : «Casi nueve de cada diez canadienses están gobernados por mujeres».

Lo de «en su territorio» me deja perplejo porque ignoro si se refiere al territorio de esos 9 de cada 10 canadienses, o al territorio de las mujeres que los gobiernan.

Espero que no sea que los 9 de cada 10 son hombres, y lo de «su territorio» se refiere a las mujeres que los gobiernan en las casas en que con ellos viven, casas que, como ocurre en esos países de por allá arriba, son de ellas.

OJO: asumo que una pareja por casa; tampoco es que pienso en poliandria. 🙂

[*FP}– Orgullo de padre: ‘Los Ositos Cumpleañeros’, otro libro ilustrado por mi hija Alicia

23-01-13

Carlos M. Padrón

Ya salió a la venta. Lleva por título “El osito cumpleañero», y está orientado a niños/as desde 1 a 5 años. Por eso consta de cinco (5) páginas dobles, cada una dedicada a un cumpleaños, desde el 1 al 5.

Hay versión en español y en francés, publicadas por Catapulta Editores (Argentina), y Novelty Ediciones (México).

  • La versión en español puede comprarse AQUÍ.
  • Y la versión en francés, AQUÍ.

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Portada

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Mitad derecha de la doble página 5

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Al oprimir el botón rojo señalado arriba por la flecha negra, comenzará a sonar la melodía «Cumpleaños feliz», y en la parte baja se encenderán 1, 2, 3.. ó 5 velas, dependiendo de la doble página que se escoja. Esto debe hacerse en la oscuridad, como generalmente se hace en la realidad.

Para que se apaguen las velas el niño deberá soplarlas, y al apagarse cesará también la música.

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Cubierta trasera

Tapa trasera

En la esquina inferior izquierda, el compartimento de la batería.

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Artículos relacionados:

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2. Mini-vídeos de mi hija Alicia
3. Uno de los libros ilustrados por mi hija Alicia llega a Zambia
4. Un vídeo de mi hija Alicia Padrón
5. A la venta otro libro ilustrado por mi hija Alicia
6. Libros ilustrados hasta ahora por mi hija Alicia
7. Vídeo explicativo de cómo trabaja mi hija Alicia
8. Salió a la venta en UK otro libro ilustrado por mi hija Alicia
9. Mi hija Alicia ya tiene libro a la venta en España
10. Un beso antes de dormir
11. Vídeo acerca del libro “ABC, baby me”

 

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COMENTARIOS

 

CMP
Gracias, Antonieta.

Antonieta
No los conozco “en persona”, ¡pero son muy fotogénicos!
Felicitaciones a Alicia y al padre orgulloso.
Saludos,
Antonieta

CMP
En respuesta a Olga Mazza.

Gracias, Olga.

Olga Mazza
FELICITACIONES PARA ALICIA POR SU CREATIVIDAD. Y AL PAPA ORGULLOSO POR PERMITIRNOS CONOCER ESTA MARAVILLA DE LIBRO CUMPLEAÑERO PARA LOS PEQUES.

CMP
En respuesta a Charo.

Gracias, Charo.

Y de seguro que los niños se pasarán el tiempo apretando el botón para escuchar la musiquita,… ¡y soplando luego las velas!

Charo
Mis felicitaciones tanto al padre cómo a la hija. El libro se ve precioso, y estoy segura de que será todo un éxito pues este tipo de libros les gusta mucho a los niños.

CMP
En respuesta a Juan Antonio Pino Capote.

Gracias, Juan Antonio.

Juan Antonio Pino Capote
Una vez más, felicidades al orgulloso padre de una creadora infatigable y también a la creadora imaginativa

CMP
En respuesta a Estela.

Gracias, Estela.

Estela
Felicidades de nuevo. ¡Qué original y bello libro infantil de cumpleaños!

[*Opino}– Sidi Ifni: la guerra que España libró con Marruecos a sangre y fuego

20-01-13

Carlos M. Padrón

Tal parece que es cierto el dicho de que tarde o temprano aparece la verdad.

Cuando ocurrió la guerra a que se refiere el artículo que copio abajo estaba yo aún en Canarias y, como conté en este post, allá no sólo supimos de la tal guerra —y se nos dijo que era por petróleo, cosa que parece que no es cierta— sino que hasta conocí muy de cerca a uno de los soldados que en ella luchó: un paisano —hijo de El Paso, como yo— de quien escuchamos narraciones de ese conflicto que luego fueron confirmadas por otros también naturales de La Palma que en él combatieron.

Es más, ese pasense fue condecorado por un acto considerado de heroísmo, y, de ser ciertas las versiones que al respecto circulaban, recibía por ello una especie de pensión.

Por eso me extraña que, según el artículo que sigue, se diga ahora que no hubo tales reconocimientos.

Hay en todo esto algo que no encaja, pero sí encaja el peligro que para Canarias representa la proximidad a Marruecos y las ambiciones territoriales de este país.

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18/01/2013

Esteban Villarejo/Manuel Villatoro

Ifni sería sinónimo de «guerra olvidada» si no fuera porque en España hemos olvidado todas excepto la contienda Civil. De otras (como Afganistán) hasta hay reparo mentarla como tal.

Sin embargo, la guerra de Sidi Ifni está tan presente en la Historia reciente de España que hasta un diputado de CiU, Jordi Xuclà, defendió a finales del año pasado en el Congreso de los Diputados que el Ministerio de Defensa otorgue un reconocimiento a «estos viejos soldados» que combatieron en la última guerra colonial que afrontó España.

¿El enemigo? El recién independizado Reino de Marruecos, que anhelaba controlar la zona norte del Sáhara Occidental. 23 de noviembre de 1957-30 de junio de 1958.

Antes de adentrarnos en la contienda, recordemos que aquellos territorios de Ifni fueron concedidos a España por el sultán de Marruecos Mohamed IV en 1860, en virtud del Tratado de Wad-Ras, para colmo francés.

No fue hasta el Gobierno de la II República cuando, entre abril y mayo de 1934, la fuerza expedicionaria española hizo efectiva esa presencia en la que era «la última aventura colonial española», tal y como relató el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales cuando acompañó a las tropas en su entrada en aquellos territorios.

 

«¿Ves aquella montaña abrupta? Es de los españoles. ¿Ves aquel valle fértil? Es de los franceses», simplificaban los «moros del Norte» al periodista español su visión de la ocupación europea del norte de África, un relato que, a modo de crónicas, recoge el libro «Ifni, la última aventura colonial española» (Ed. Almuzara).

Aquéllos eran tiempos de paz.

Sin embargo, tras obtener Marruecos la independencia (1956) la relación balsámica se rompió, llegando los primeros sucesos graves y disturbios en la primavera de 1957 con asesinatos de leales locales a España.

Para adentrarnos en el foco de uno de los conflictos malditos de la Historia de España (Franco ya era jefe de Estado), acudimos al escritor y coronel retirado de artillería José María Manrique, autor del libro «Ifni, 1958. Sangriento combate en Edchera», de la editorial vallisoletana Galland Books.

Un relato que precisamente da cuenta del combate más sangriento que los legionarios españoles tuvieron que afrontar durante una jornada llegando a perder la vida 48 hombres (de los 198 totales durante la guerra olvidada), todos ellos de la I agrupación formada por la XIII Bandera de la Legión.

Por aquella batalla se concedieron las últimas Laureadas individuales. Precisamente el pasado 13 de enero se cumplió su 55º aniversario.

Pero, ¿por qué se originó la guerra de Sidi Ifni?

«Tras la Independencia de Marruecos, forzada por Francia, el reino alauita se lanzó a una campaña de recuperación de territorios dentro de la idea del mítico Gran Marruecos. Campaña, por otra parte, que a Mohamed V le venía muy bien para desviar hacia el exterior los ardores de las fuerzas comunistas que lideraban gran parte del «Ejército de Liberación»; estos combatientes se habían alzado, fundamentalmente, contra los franceses».

Dentro del Protectorado de Marruecos no estaba el territorio de Ifni (cedido por el tratado de 1860), aunque sí la franja norte de la denominada África Occidental Española: zona sur del Protectorado que incluía Tarfaya o Cabo Juby, al Norte del Sáhara y lindante con él por encima del paralelo 27º 40′ límite de la frontera Norte de España en aquellas tierras africanas.

«Es decir, Marruecos se lanzó a expansionarse a expensas de España (en Ifni y el Sáhara) y, luego, de Argelia, además de a neutralizar el veneno del socialismo inoculado en muchos de los que habían combatido contra Francia».

Por esto último también contó desde el principio con el apoyo de EE.UU. tanto en materiales supuestamente abandonados en las bases useñas, como en el campo diplomático.

Hay que recordar que «Mr. Marshall» no pasó finalmente por España, y el presidente Dwight D. Eisenhower no lo hizo hasta diciembre de 1959, precisamente un año después de la guerra de Sidi Ifni, tras la cual España comprendió que no podía mantenerse aislada.

En octubre de 1957 la situación estaba cada vez más tensa en Sidi Ifni. El día 23 las tropas marroquíes ocuparían dos pueblos en los alrededores: Goulimine y Bou Izarguem. El cerco a Ifni comenzó.

El 23 de noviembre Marruecos se decidió a lanzar un ataque sobre Sidi Ifni que fue rechazado por las tropas españolas, lo que obligó a Marruecos a centrarse en el asedio de las cercanas poblaciones de Tiliuin, Telata y Tagragra.

Hasta la primera semana de diciembre fuerzas paracaidistas españoles no rompen el cerco sobre estas poblaciones, y trasladan a su población civil y militar hacia Ifni.

Comienzan a producirse las primeras bajas, y nombres como el del soldado Joaquín Fandos Martínez, el teniente Ortiz de Zárate o el capitán Niceto Llorente Sanz actúan con valentía. Sidi Ifni se convierte en el fortín español. El asedio final espera.

«La guerra, apenas encubierta, sorprendió al mando militar español en general. Y aún peor fue que los useños negaron el empleo del Material de Ayuda (AYAN), por lo que la mayor parte de los materiales de la Aviación, la Marina y el Ejército de Tierra quedaban inutilizados de un plumazo. El veto dejó maniatado a los Ejércitos Españoles»,

esgrime el escritor José María Manrique.

Sidi Ifni es abastecida por mar por tres buques de la Marina, y rápidamente los marroquíes también comprenden que será un fortín inexpugnable protegido por posiciones defensivas en un perímetro de unos 30 kilómetros y a unos diez kilómetros del centro de la capital.

7.500 defensores españoles resistieron a las fuerzas marroquíes. El asedio duraría hasta junio de 1958, pero antes los escenarios de la guerra se centrarían en Edchera y el Sáhara español.

«Hasta la acumulación de los necesarios refuerzos, las guarniciones en la zona lo pasaron bastante mal. Posteriormente, con gran esfuerzo, se barrió al enemigo (en el Sáhara con la colaboración francesa). No se le pudo destruir porque, tanto Francia como EE.UU. se opusieron a que nuestras fuerzas entraran en Marruecos»,

explica el autor del libro «Ifni 1958. Sangriento combate en Edchera».

«El apresurado tratado de paz supuso un mal precedente con Marruecos, además de la ignominia de no obligar a esta nación a que devolviera los prisioneros españoles que las «bandas» habían hecho, liberación que tuvo que esperar su tiempo», recuerda el coronel retirado. La paz está firmada, no obstante volvamos a la guerra… ¿Y Edchera?

En Edchera se pagó la supresión del escuadrón de caballería de Tiradores de Ifni, consecuencia de la desmovilización de la mayoría del personal nativo tras la independencia de Marruecos. Aquel escuadrón, incluso dotado de achacosas autoametralladoras cañón («Chevrolet» del Ejército Popular) hubiera hecho, con mejores resultados, las misiones de exploración que hizo la Bandera de la Legión y que le costaron aquella derrota. También hubo falta de información y, sobre todo, exceso de confianza y desprecio del enemigo. Se tuvo prisa por lograr una victoria sin esperar a que terminaran de desembarcar los refuerzos expedicionarios. Incluso se inició la operación sin prever el apoyo aéreo», sentencia el experto en ese desastre militar olvidado de nuestra Historia».

¿Qué sucedió aquel 13 de enero de 1958? ¿Por qué?

El día antes una columna de las fuerzas irregulares del autodenominado Ejército de Liberación Sahariano, muy leal al futuro rey Hassan II, atacó sin éxito el El Aaiún español. Retirados se centraron en el cercano paso de Edchera donde dos compañías de la XIII Bandera de la Legión llevaban a cabo una misión de reconocimiento.

La emboscada aconteció el día siguiente. El primer pelotón aguantó lo indecible hasta que las numerosas bajas mermaron su fuerza, aunque esa brava acción evitó una masacre mayor. Cayeron en tal acción el vallisoletano brigada caballero legionario Fadrique Castromonte, y el vizcaíno caballero legionario Maderal Oleaga. Los últimos caballeros laureados del Ejército español.

En 1969, y acorde a la resolución 2072 de Naciones Unidas, España descolonizó Sidi Ifni y el Sáhara Occidental, este último territorio en poder español hasta la «Marcha Verde» de 1975.

«La entrega de Sidi Ifni a Marruecos fue un acto de realismo político. Sin el apoyo useño y francés, aquel enclave era antieconómico defenderlo, salvo que se fuera a la guerra abierta con Marruecos. Y ya se había visto que ello sería sin el material useño. Puede que por ello se lanzara nuestra Patria a continuar y ampliar la política de ser lo más autárquicos en medios militares de todo tipo, incluidos los nucleares y sus vectores de lanzamiento. Y, hablando de enclaves antieconómicos, Ifni lo era y Gibraltar lo fue, como bien saben los ingleses, mientras estuvo cerrada la Verja»,

apunta el escritor.

Volvemos al maestro periodista Chaves Nogales y su paso por el Ifni del 34:

«Aquí en Ifni, como en el norte, también nos ha tocado el hueso. Los moros, sin temor a equivocarse, podrán seguir atribuyendo a España las inhospitalarias montañas, y a Francia las fértiles campiñas».

Un hecho orográfico que no fue excusa para que los soldados españoles defendieran aquel trozo de España en el hoy Marruecos.

P.D.- He aquí el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (ver página 14) de la Comisión de Defensa, del 27-12-2012, en la que el diputado de CiU, Jordi Xuclà, reivindicó el reconocimiento para aquellos militares españoles. A continuación el extracto de interés:

«Termino ahora sí, señor presidente, con una muy breve referencia. Hemos hablado de los soldados en el extranjero, y quiero pedirle, señor ministro, que preste atención a unos soldados que casi todos tienen ya más de ochenta años: los soldados españoles que participaron en la guerra de Sidi Ifni, 1957-1958. Existe una asociación de expedicionarios de la guerra de Sidi Ifni, presidida por el señor Josep Riatós, que pide un mínimo reconocimiento moral o económico. Han sido varias las resoluciones de este Parlamento, e incluso los compromisos presupuestarios de este Parlamento…

El señor PRESIDENTE: Debe terminar, señor Xuclà.

El señor XUCLÀ I COSTA: Termino, señor presidente.

…y creo que sería el momento oportuno del reconocimiento para estos viejos soldados».

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¿Qué valor estratégico tenía Sidi Ifni para España?

Lo tenía y lo sigue teniendo. Las Islas Canarias está muy amenazada sin una nación amiga en la cercanísima costa. Y no sólo militarmente, porque quien la posea extenderá sus aguas jurisdiccionales hasta casi las playas canarias, con lo que supone eso para la pesca, las explotaciones petrolíferas e incluso el turismo.

Y es eso lo que está haciendo Marruecos, contra todo derecho internacional, pero con el apoyo franco-anglosajón, a pesar de no ser siquiera «potencia administradora» del Sáhara (legalmente lo sigue siendo España). Por supuesto, la explotación de los recursos saharauis, y nuestras inversiones allí, se perdieron también.

¿Por qué cree que hoy se desconocen los hechos de la guerra de Ifni?

Porque desde la Transición, y mucho más desde la ley de la Memoria Histórica, se ha trabajado mucho para hacer que las nuevas generaciones desconozcan la verdadera historia de España, sea la de la Reconquista, el Siglo de Oro o la más reciente.

Fuente: ABC

[*Opino}– El 38% de los españoles renunciarían al sexo un año por aprender inglés de ‘forma mágica’

16-01-12

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo es otro más del ya gastado tema de los españoles y el idioma inglés, pero en este caso veo una relación entre ese tema y el de los españoles y su aversión al sacrificio, esfuerzo o trabajo, pues, ¿cómo es posible que siendo tan alto los porcentajes de españoles que desean saber inglés, sea tan bajo —apenas 30%— el porcentaje de los que están estudiando para aprenderlo?

¿Tan grande es esa aversión que preferirían estar un año sin sexo antes que ponerse a estudiar seriamente ese idioma?

Tal vez en tales estudios gastarían los 10.000 euros que estarían dispuestos a pagar con tal de aprender inglés de la noche a la mañana con sólo tomarse una píldora, pero, claro, en este caso no habría de por medio esfuerzo ni trabajo.

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16/01/2013

El 38% de los españoles renunciarían al sexo durante un año a cambio de tener un nivel de inglés perfecto.

Y el 64% estarían dispuestos a pagar diez mil euros por una pastilla que los hiciera bilingües. La región más pro píldora es Extremadura (uno de cada siete).

La opción de renunciar al sexo durante un año consigue más adeptos entre los valencianos y los castellano-leoneses, un 47% en ambos casos. A los gallegos, catalanes y madrileños les gusta menos esa solución, y se mueven en porcentajes entre el 30 y el 35%.

Son datos del informe elaborado por Cambridge University Press, la rama editorial de la universidad inglesa. Analiza los resultados de una encuesta realizada a 1.700 personas de las 17 comunidades autónomas. Han sido más de 100 preguntas online.

Otros datos destacados: el 63% de los españoles creen que un mejor nivel de inglés nos sacaría antes de la crisis. El 93% de españoles están convencidos de que el inglés es nuestra asignatura pendiente, y un 85% piensan que subiendo nuestro nivel se incrementarían las exportaciones.

Muchos españoles, 6 de cada 10, no se atreven a marcharse a trabajar fuera debido a su bajo nivel de inglés, a pesar de las oportunidades profesionales y mejores condiciones laborales. Pero un 75% de los jóvenes (18-25 años) se están planteando salir de España para mejorar el idioma.

Para un 81% de los encuestados, saber inglés es fundamental a la hora de encontrar trabajo.

Casi todos los españoles piensan que teniendo un buen nivel de inglés es más fácil alcanzar un puesto directivo en las empresas, y un 91% confían en los títulos para abrirse oportunidades profesionales.

Actualmente menos del 30% de los españoles estudian inglés. El índice de insatisfacción con el nivel de inglés alcanza el 71%, el mismo porcentaje que el de aquéllos que afirman no tener capacidad para desenvolverse en una reunión de trabajo.

El 87% de las personas encuestadas afirman que no mienten en su currículum sobre su nivel de inglés. Pero el 85% creen que el resto sí lo hace.

A la hora de elegir destinos vacacionales, el 64% renuncian a viajar al extranjero por miedo a no poder comunicarse, y entre los que sí que cruzan la frontera, más de la mitad se han sentido perdidos.

El informe destaca que, por el desconocimiento del idioma, el 47% de los españoles se sienten inseguros a la hora de realizar compras en la «web».

Finalmente, una gran mayoría, el 82%, opinan que el nivel de inglés de nuestros políticos es bajo o muy bajo. Y, en el mundo de la televisión, sólo Eduardo Punset parece tener un nivel de inglés superior al de la mayoría de los españoles.

La encuesta se realizó en noviembre de 2012. El error muestral es de 2,38.

Fuente: ABC

[*Opino}– Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco

03-01-13

Carlos M. Padrón

Excelentes reflexiones de alguien que, seguramente pertenece, como yo, a la llamada tercera edad, esa edad bastante malentendida pero que puede ser disfrutada si se acepta y aprovecha lo que expresa Ángeles Caso, con lo cual estoy en total acuerdo.

Sus casi completas listas de ‘rechazo’ y de ‘quiero’, que contienen más de lo esencial, no sólo son dignas de admiración sino de ser aplicadas a la vida de todos los que lleguen a esa edad, y respetada a cabalidad por todos ellos.

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03-01-13

Ángeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas.

O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido, y cada día aprendo de él algo valioso.

O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.

Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí…

El caso es que tengo la sensación —al menos la sensación— de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.

Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.

Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos.

Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina, y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada.

Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales, y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas.

Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo, mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar.

Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor, y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.

Sólo quiero eso; casi nada o todo.

Cortesía de Carmen O’Dogherty