[*Opino}– La Inquisicón y las redes sociales

06-05-15

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ratifica —aún más, si cabe— mi decisión, tomada hace años, de no participar en ninguna red social.

Para mí, Facebook es un centro de chismorreo, ostentación y hasta narcisismo. Y, por lo que leo abajo, Twitter tampoco se presta a nada muy bueno.

Por otra parte, de no ser jóvenes que no tienen mejor cosas que hacer, ¿qué puede uno opinar de adultos que dedican tiempo a ese «deporte»?

Según el contenido del artículo que sigue, ¿qué esperaba ganar la chica del primer ejemplo cuando contó que había ido a la biblioteca? ¿qué esperaba David Bisbal cuando dio su opinión sobre las pirámides? ¿qué esperaba la que contó que iba a África, mencionó el sida y dijo que era blanca? ¿No son éstos ejemplos de una exposición innecesaria, de creerse tan importante (¿narcisismo?) como para pensar que al mundo le interesa la vida de uno o la opinión que nadie le ha pedido?

Para colmo, con ese censurable proceder sólo se consigue, como muy bien dice el artículo, «dejar a Google cientos de miles de dólares de beneficio» porque «cada vez que se enciende la pira de los ‘Inquisidores 2.0’, hay en Silicon Valley una cuenta de beneficios creciendo al calor de las llamas.

En modo alguno defiendo el ciberlinchamiento, pero me temo que las víctimas de él —al menos las mencionadas abajo— se lo buscaron al usar las redes sociales para informar sobre algo banal, o dar opiniones que nadie le había pedido, pero que, repito, quien las dio pensó que, como eran suyas —y, por tanto, muy importantes (¿narcisismo?— interesarían al mundo.

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27 ABR 2015

Javier Salas 

El 19 de agosto de 2014, una joven periodista y escritora se decidió a publicar en Twitter sus impresiones sobre el machismo vigente en la sociedad española.

Y empezó a enumerar situaciones de su «día a día» que le parecían sexistas. Arrancó: «He ido a la biblioteca a estudiar como todas las mañanas y el chico de enfrente me ha dicho que si quería tomar un café».

La shitstorm («tormenta de mierda», como la denominan los expertos) que provocó es de las más agobiantes que se recuerdan. «Eres demasiado fea para invitarte a café», «Menos biblioteca y más médicos para tratar tu retraso», «Tranquila, a ti nadie te va a violar», «Invitarte a un café no lo sé, pero tirarte cacahuetes seguro», «¿Cómo se conocieron tus padres? La única hipótesis que barajo es que sean hermanos»…

Son sólo algunos de los ejemplos menos ofensivos de entre las barbaridades que le dijeron durante los siguientes días: millares de tuits, algunos con imágenes desagradables y de sexo explícito. Ella borró su publicación pasados unos días, pero en su lugar seguiría circulando el pantallazo de sus palabras, para poder mantener la orgía de chascarrillos aunque ella no quisiera permanecer en el ojo de ese huracán.

Al margen de si su percepción era exagerada o no, se desató una violencia verbal contra esta joven que todavía no se ha diluido. Ella ya no quiere ni hablar del tema. Aquel tuit significó convertirse en el pimpampum de los más cutres y pertinaces machistas de la Red; días, semanas y meses de chistes sexistas.

No es casual que estos linchamientos tengan un sesgo claramente machista: aunque las mujeres representaban el 53% de los usuarios de Twitter a comienzos de 2013, estudios posteriores muestran un declive de esa proporción en favor de los hombres, quizá porque el ecosistema de internet sigue rezumando demasiada testosterona.

El 72,5% de los casos de ciberacoso los sufren mujeres, según la organización Trabajando para Detener el Abuso Online (WHOA, por sus siglas en inglés). Las periodistas reciben el triple de mensajes abusivos que sus colegas hombres, según Demos, y hasta la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se mostró «alarmada» en febrero por el creciente número de amenazas hacia mujeres periodistas en entornos digitales.

Como explicaba recientemente un artículo en el Washington Post, son muchas las voces feministas que están dando un paso atrás en internet para huir del clima irrespirable. La mayor shitstorm de la historia probablemente sea el Gamergate, que estalló también en agosto pasado, en el que los hombres de la comunidad de videojuegos cargaron salvajemente contra las mujeres que criticaban el sexismo del sector.

Cuando Twitter empezó a tener éxito en España, comenzaron a darse razias en las que el traspiés de un famoso congregaba a una multitud que se abalanzaba sobre él y, tras disfrutar de un rato de vapuleo entre chanzas, insultos y hashtags, la manada se disolvía tan fugazmente como había caído sobre la presa.

Un caso de libro fue cuando David Bisbal escribió durante la Primavera Árabe: «Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta». El cachondeo que desató todavía resuena en los confines de la galaxia internetera.

Esos mismos días, unos tuits parodiando el antisemitismo dejarían al director de cine Nacho Vigalondo sin su blog en este periódico. Los medios empezaron a colocar entre las noticias más vistas estos tropezones que incendiaban las redes sociales, generando un ciclo de retroalimentación con los usuarios.

Pero, de un tiempo a esta parte, el fenómeno se está haciendo cada vez más indiscriminado: no importa que seas un político, un personaje popular o un don nadie. No estamos dispuestos a tolerar un desliz; ni siquiera se tolera el arrepentimiento. Hacemos un pantallazo de todo para que no puedas esconder tu error borrándolo, aunque este gesto equivalga a reconocer de forma bastante explícita la equivocación.

Es algo que está pasando en todo el mundo, y quizá el ejemplo más paradigmático sea el que sufrió Justine Sacco. Su vida descarriló para siempre por culpa de un tuit estúpido, un mal chiste fuera de lugar que provocó una de las mayores escenas de linchamiento digital que se recuerdan. En apenas unas horas, esta joven de relaciones públicas con una exitosa carrera en Nueva York, pasó del más apacible de los anonimatos al estrés postraumático, a noches de pesadillas y porqués.

Sólo fueron 65 caracteres, no hizo falta usar los 140 que permite Twitter. Sacco publicó estas palabras justo antes de embarcar hacia Sudáfrica para pasar la Navidad junto a su familia: «De camino a África. Espero no coger el sida. Es broma. ¡Si soy blanca!». Era el último tuit de una ristra de chascarrillos malos y poco correctos. Durante media hora, hasta que apagó su celular dentro del avión, estuvo refrescando su pantalla, pero nadie hizo ni caso.

Tampoco le extrañó que su tuit pasara tan desapercibido como los anteriores; sólo tenía 170 seguidores, garantía de escaso impacto. Por lo general, un tuit que no ha recibido ninguna interacción en ese tiempo, caerá en el pozo del olvido para siempre.

No fue así. Nada más aterrizar, al encender el celular tenía un mensaje de alguien a quien no veía desde el colegio: «Siento muchísimo ver lo que está pasando». El tuit no sólo no había pasado desapercibido sino que se convirtió en la diana de cientos de miles de mensajes indignados por el racismo que destilaba.

El asunto fue el más comentado en esta red social durante horas, y su autora fue de inmediato juzgada, condenada y sentenciada mientras dormía una siesta a 10.000 metros de altura: Sacco era una «pija blanca racista que se burlaba del sufrimiento en África». Numerosos tuits pedían su muerte, le deseaban violaciones que le contagiaran el sida, y exigían que su empresa la despidiera.

Este último objetivo se cumplió de inmediato, después de que todas las cabeceras informativas contaran cómo las redes sociales habían descubierto el racismo de la relaciones públicas de una importante compañía editorial.

Todo esto pasó durante las 11 horas del vuelo de Sacco, sin que la joven pudiera explicarse o disculparse, borrar su tuit o eliminar sus perfiles de otras redes sociales que fueron convenientemente destripados por la jauría. Nadie se puso de su parte, nadie publicó que quizá se estaba exagerando.

El fenómeno fue tal que incluso hubo quien se acercó al aeropuerto de Ciudad del Cabo para fotografiar el momento en que Sacco llegaba, para informar al mundo.

«Y entonces mi teléfono empezó a explotar», recuerda la propia Sacco en el libro que el periodista Jon Ronson acaba de publicar («So you’ve been publicly shamed, Pilcador») y que es el resultado de tres años dedicados a descubrir lo que queda de las personas que, como Sacco, han pasado por este terrible proceso de deshonra y vejación, una especie de lapidación en la plaza pública global que deja cicatrices en forma de resultados en Google. 

Sacco le explica a Ronson que su tuit sólo pretendía parodiar esa mentalidad tan de estadounidense blanco que cree vivir en una burbuja que le protege. Pero ya da igual. Una vez la jauría digital se desata es imposible frenarla y la sentencia te acompaña para siempre: cada vez que alguien te busque en internet, tu imagen devolverá ese retrato deforme y monstruoso creado con retales de titulares sensacionalistas, frases sacadas de contexto y fotos de tu pasado rescatadas para humillarte.

«Justine Sacco es la primera persona que entrevistaba que había sido destruida por nosotros», escribe Ronson. También se puso en contacto con Lindsey Stone, una joven que compartía con una compañera una afición bobalicona: fotografiarse desafiando carteles. Fumando delante de carteles de «Prohibido fumar», por ejemplo.

Hasta que en un viaje de trabajo fueron a visitar al célebre cementerio de Arlington, en Washington DC, en el que descansan los caídos por EEUU. Allí, junto a un cartel que pedía «Silencio y Respeto», Stone se fotografió haciendo una peineta con el dedo y fingiendo gritar. Y su amiga la subió a su muro de Facebook.

Un amigo veterano de guerra les dijo que la foto era desagradable, pero Lindsey le explicó que se trataba de un chiste habitual y que no pretendía ser ofensiva. La foto cayó en el olvido hasta que, cuatro semanas después, comenzó a recorrer foros y redes a lomos de la indignación de los más patriotas.

De nuevo, amenazas de muerte y de violación, a las que se sumaron los insultos vejatorios por su sobrepeso. Y de nuevo, un deseo cumplido de inmediato: que la joven perdiera su trabajo. El buzón de Life, la ONG para cuidar adultos con discapacidad intelectual en la que trabajaba Lindsey Stone, se inundó de rabia contra su empleada.

«Literalmente, de la noche a la mañana perdí todo lo que conocía y amaba», explicaba tiempo después la joven, que pasó un año sin salir de casa, sumida en una depresión, con noches truncadas por pesadillas. La turba nace en las redes pero puede convertirse en algo muy real.

En mayo del año pasado, una tragedia sacudió Colombia cuando 33 niños murieron abrasados en un accidente de autobús. Antes de entrar en clase en su facultad, Jorge Alejandro Pérez Monroy comenzó a tuitear chistes muy desagradables sobre la desgracia. Cuando salió de clase, una multitud pedía su cabeza frente a su aulario, dispuesta a lincharle. Sólo pudo salir de allí después de que los antidisturbios cargaran contra la muchedumbre y vistiendo como uno de ellos. Tuvo que cambiar de celular, de facultad, de carrera y hasta de nombre.

«En estos casos se activa un componente de supuesta justicia, en el que los linchadores se agarran con rabia a algún elemento moral que lo justifique», explica el sociólogo Javier de Rivera, especialista en redes sociales, coincidiendo con las conclusiones que el propio Ronson alcanza en su relato. Los justicieros de la Red creen estar haciendo el bien, poniendo las cosas en su sitio, y la única forma de hacerlo es mediante esa humillación pública.

Ronson recuerda que en 1787 se inició un movimiento cívico en EEUU para acabar con el castigo de la deshonra pública, considerado más cruel que los castigos físicos, más ajustados y que debían infligirse en privado. De Rivera considera que se reproducen las normas de agresión básicas de la antropología: deshumanizar y justificar.

En Twitter, con sus 140 caracteres y sus pequeñas fotos de perfil, es fácil ignorar la empatía si no queremos estropear el espectáculo, porque en todos estos casos, fueron pocos los aguafiestas que se atrevieron a decir: «Nos estamos pasando».

Funciona el linchamiento como espectáculo, como lo fue siempre. Pero, además, se suman otras dinámicas digitales: «Quizás lo diferente sea que en redes sociales debemos de ser conscientes de que lo que hagamos puede acabar siendo criticado en cualquier parte del mundo y por mucha gente. Mucha más de la que nos esperamos. Por eso el linchamiento digital tiene una dimensión, alcance y velocidad que no esperamos», explica Esteban

Moro, experto en redes sociales de la Universidad Carlos III.

En cualquier caso, el ecosistema digital español parece menos propicio para una terrible tormenta perfecta contra un usuario porque está tan polarizado que cualquier tuit ofensivo para muchos es rápidamente defendible por otros tantos. Para los que se enzarzan más habitualmente en estas riñas las reglas de la turba y sus peligros son bien conocidos, al contrario de lo que ocurrió con las incautas de los casos anteriores. Todos los tuiteros peleones son bastante conscientes de lo que hacen cuando retuitean barbaridades de otros y cuando desean que quede constancia en Google de su error, para perjudicar tanto ahora como en el futuro.

Quizá todo este clima de acecho haya provocado la aparición de una espiral de silencio en las redes sociales, como mostraba un reciente estudio de Pew Research: los internautas temen abordar determinados temas o posturas porque saben que pueden generar una respuesta negativa en su contra. Y ya no es sólo una mala contestación de un amigo o conocido, pueden ser miles de personas desde cualquier punto del globo quienes te afeen una opinión.

El problema es tan grave que, incluso el propio jefe de Twitter, Dick Costolo, reconoció abiertamente en un informe interno filtrado a la prensa: «No es ningún secreto, y todo el mundo habla de ello: perdemos usuario tras usuario por no afrontar el tema de los acosadores. Apestamos en nuestra forma de afrontar los abusos, y hemos apestado durante años».

En marzo, la plataforma incluyó nuevas opciones para que los usuarios puedan denunciar con más facilidad los abusos. Sin embargo, como señala una de las víctimas del Gamergate: «Tal y como está actualmente diseñado, Twitter gana durante las campañas de acoso y nosotras perdemos».

¿Y después? Los buscadores se convierten en una cicatriz monstruosa en el currículum de las víctimas de los linchamientos digitales. Sacco y Stone generan cientos de miles de resultados en Google (la primera fue objeto de 1,2 millones de googleos en aquellos días). Personas corrientes se ven obligadas a hacer un máster apresurado de gestión de crisis y de defensa de su imagen pública.

«En el momento, lo mejor es no hacer nada. Cualquier intento va a ser visto con malos ojos, como un acto de censura, y va a generar más problemas», explica el abogado Samuel Parra, de un despacho especializado en solucionar estos problemas. Estas personas anónimas deben asistir silentes a su descuartizamiento público y, después de semanas o meses, tratar de recomponer discretamente los pedazos.

Aquí, como en el caso de los políticos corruptos, no aplica el tan de moda «derecho al olvido», torpedeado por Google y que en realidad sólo se concede en contadísimos hechos, poco noticiosos y que ocurrieron hace décadas.

La única forma de rescatar tu imagen de las arenas movedizas de Google es tratar de cambiar personalmente los resultados, un «derecho al olvido» de pago para los que se lo puedan permitir: recurrir a especialistas que eviten que lo más horrible aparezca entre las primeras respuestas del buscador.

Parra, por ejemplo, consiguió años después que todas las webs que publicaron un topless de Interviú lo borraran de sus servidores, logrando que desapareciera del buscador. «Somos dueños de nuestra imagen, nadie puede hacer circular una foto nuestra sin nuestro consentimiento», explica. A veces, la mejor estrategia es crear contenido para empujar hacia abajo los malos resultados —el 90% no mira más que los primeros enlaces que devuelve Google—, como hacen en Eliminalia: «La gente puede llegar a traumatizarse por el miedo a que su imagen online les impida encontrar trabajo», explica su presidente, Didac Sánchez.

Esta empresa, según Sánchez, ha ayudado a un hombre que fue acosado tras declararse antiaborto en redes sociales, y a un joven perseguido después de subir a YouTube un vídeo de denuncia de brutalidad policial en Cataluña.

No obstante, Parra no ve que seamos más conscientes de este peligro: «La gente se preocupa únicamente cuando llega la catástrofe, no hay prevención». Los internautas deberían aprender a manejarse con cuidado, a conocer las opciones de privacidad de cada plataforma, pero ¿es una responsabilidad exclusiva de los usuarios? Twitter reconoce que «apesta» a la hora de hacer frente a los acosos. En el caso de Lindsey Stone, la joven admite que no sabía cómo estaban configuradas sus opciones de Facebook: la foto era pública, porque así lo había dispuesto por defecto la plataforma, pero ni ella ni su amiga eran conscientes.

«He pensado mucho en eso estos meses. Facebook funciona mejor y gana más dinero cuando todo el mundo comparte», dice en el libro de Ronson, que calculó que las búsquedas relacionadas con Justine Sacco proporcionaron a Google cientos de miles de dólares de beneficio. Todos sumamos nuestro granito de arena en cada humillación pública, pero sin duda hay una responsabilidad compartida por estas empresas que son el ruedo en el que se suceden estos linchamientos. Cada vez que se enciende la pira de los inquisidores 2.0, hay una cuenta de beneficios creciendo al calor de las llamas en Silicon Valley.

Monica Lewinsky lo resume perfectamente, ahora que acaba de romper un largo silencio que ha durado 17 años, en los que estuvo luchando por recuperar las riendas de su vida, tras cometer un error de juventud: enamorarse de la persona equivocada, tener una aventura con el presidente Bill Clinton mientras era becaria en la Casa Blanca.

El 19 de marzo realizó una charla conmovedora y combativa en la que relató el infierno que casi la empujó a quitarse la vida mientras los demás bromeábamos con vestidos manchados. Para ella, el horror se desató antes de la era de las redes sociales, pero gracias a foros e emails fue víctima del ciberbulllying antes incluso de que el concepto se hubiera inventado.

Lewinsky habla porque quiere luchar contra esta «cultura de la humillación» que se ha instalado en la sociedad. «La humillación pública es una mercancía, y el oprobio una actividad económica. ¿Cómo se hace el dinero? Clics: a mayor humillación, más clics. Cuantos más clics, más ingresos por publicidad. Estamos en un ciclo alarmante (…) y alguien está ganando dinero con el sufrimiento de otras personas». Para que la «humillación como deporte» desaparezca, Lewinsky —licenciada en psicología social por la London School of Economics— propone compasión y empatía, ponerse en el lugar de la persona que recibe tuits y titulares.

«Hay que fomentar el aprendizaje digital, integrar su manejo en nuestros valores, para generar otras dinámicas menos destructivas», sugiere el sociólogo De Rivera. Los usuarios de las redes sociales deben ser conscientes de que detrás de cada perfil hay una persona que, por muy grave que sea su error, puede sufrir las consecuencias mucho más allá del entorno digital y mucho más allá del aquí y ahora.

Una demostración ejemplar de empatía la realizó la historiadora británica Mary Beard, acosada online por sus charlas feministas. Al principio, sometía a sus acosadores a la ignominia para darles una lección, aprovechando sus muchos seguidores en las redes. Pero más tarde comprendió que esto les podría perjudicar personalmente, y comenzó a entablar conversaciones privadas con ellos e incluso a escribirles cartas de recomendación.

«Aunque era muy tonto, imprudente y en ese momento no muy agradable, no creo que un tuit deba arruinar sus perspectivas de empleo», explicaba Beard sobre su acosador. Una verdadera lección vital.

Después de hablar con una docena de personas que pasaron por este tormento, el periodista Jon Ronson compara su impresiones, después de haber mirado a los ojos de los linchados, con las que le llevaron a hacerse vegetariano: «Echaba de menos los filetes, pero no podía olvidar el matadero».

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[*Opino}– El ‘phablet’ se come a la tableta

05-05-15

Carlos M. Padrón

Esto ni me extraña ni me disgusta. Y hasta celebro que Steve Jobs se haya equivocado.

Como ya he dicho muchas veces, soy alérgico a las miniaturas, por lo que mi celular —un clone del Samsung Note— tiene una pantalla de 5.5 pulgadas que no sólo me permite ver mejor iconos y textos, sino también escribir un poco mejor —pero nunca realmente bien— en esos ridículos y odiosos teclados que tienen los celulares.

Llevar siempre conmigo una tableta es algo realmente engorroso, pero llevar un «phablet» que tenga una pantalla de hasta, por ejemplo, 7 pulgadas, no sólo lo veo factible sino conveniente, en especial si con él puede hacerse lo mismo que con una tableta.

Además, para mantener mi celular bien alejado de la zona púbica y evitar un nuevo episodio de horribles vibraciones, lo llevo colgado al cuello, como se dice que los perros San Bernardo llevan el barrilito de brandy, y poco me importa que tenga esas dimensiones; con sólo una bolsa mayor resuelvo el problema.http://padronel.net/2010/07/22/misc-salud-alerta-personal-y-seria-sobre-la-modalidad-de-vibracin-de-los-celulares/

Sin embargo, a la hora de escribir, nada es comparable a un teclado de PC de escritorio, de ésos que tienen 43 cm de largo y con los que uno puede usar las dos manos. Curiosamente, los mejores de esos teclados siguen siendo los que salieron con las primeras PCs de IBM.

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05/05/2015

J. M. Sánchez

Pareciera que un celular de grandes dimensiones (por encima de las 5.5 pulgadas) iba a ser un armatoste innecesario y cuyo manejo, engorroso para algunos usuarios, iba a fracasar estrepitosamente.

Según las previsiones de gurús tecnológicos y otros expertos en la materia, como el insigne Steve Jobs, los teléfonos que superaran las 4 pulgadas estaban condenados al desastre. Craso error.

El formato ««phablet»» ha llegado para quedarse, y lo ha hecho rompiendo récords de ventas. Su crecimiento ha sido muy superior de lo estimado previamente, y ha dibujado un panorama en el que la tableta, con el iPad como principal exponente, va perdiendo interés.

Si en enero del pasado año, los ««phablet»s» representaban únicamente el 6% de los dispositivos utilizados, bien entrados en el presente año su uso se ha triplicado, según la firma de análisis de datos móviles Flurry, propiedad de Yahoo.

«Parece que los consumidores de todo el mundo han sido seducidos por la pantalla de gran tamaño. De hecho, en algunos de los primeros mercados, como Taiwán y Hong Kong, el porcentaje de usuarios activos en «phablet»s es del 50%. Seis meses después del lanzamiento del iPhone 6 Plus, los «phablets» son ahora el segundo dispositivo más utilizado, después de los teléfonos medianos (como el iPhone 6)», asegura Jarah Euston, vicepresidente de la firma de análisis.

Los datos del informe destacan que un tercio de los «phablet»s activados fueron sobre el sistema operativo Android, el de mayor penetración del mundo actualmente. De esta manera, y pese a la irrupción de Apple el pasado año con el iPhone 6 Plus, que supuso un cambio de rumbo dentro de una compañía que en temporadas anteriores había estigmatizado este formato, Android continúa como el rey de esta categoría, a caballo entre el celular y la tableta tradicional.

Estos datos refrendan los ofrecidos por otras firmas de análisis, como DisplaySearch, que desde el pasado año ha observado cómo la categoría del ««phablet»» está robándole terreno a las tabletas, otrora tecnología llamada a sustituir a las laptops (computadoras portátiles tradicionales) y que, a efectos prácticos, no ha sido así.

También la situación obligó a la firma de análisis International Data Corporation (IDC) a replantearse las previsiones para vaticinar que para 2019 la mitad de los dispositivos celulares vendidos serán «phablets».

Y es que el mercado de las tabletas se ha contraído por segundo trimestre consecutivo. Los envíos generales de las tabletas y dispositivos llamados «2-en-1» se redujo a 47.1 millones en el primer trimestre del 2015, lo que representa un descenso del 5,9% respecto al mismo trimestre del año anterior, según los datos preliminares de IDC.

«La desaceleración del mercado de que fuimos testigos en el último trimestre continúa para impactar en el segmento de la tableta, pero vemos algunas áreas de crecimiento que están empezando a materializarse», asegura Jean Philippe Bouchard, analista.

Con todo, y pese a registrar un retroceso, Apple sigue dominando la categoría de ventas de la tableta con el iPad como principal exponente. Cinco trimestres consecutivos de bajada han activado las alarmas. La compañía useña vendió 12.6 millones de unidades en el primer trimestre (cuota de mercado de 26.8%) pero este dato supuso una reducción del 22.9% en comparación al mismo periodo de 2014.

Los datos de Apple contrastan con un nuevo récord gracias a los iPhone 6 y iPhone 6 Plus, que han vendido 61.7 millones de unidades en todo el mundo.

Por su parte, Samsung (19.1% de cuota) mantuvo su segundo lugar en el mercado a pesar de una disminución de 16.5% en los envíos con respecto al mismo período del año pasado. Sin embargo, su ingenio con la gama Note le ha salido bien. Con todo, Lenovo (5.3% de cuota) es el tercero en discordia, seguido de Asus (3.8%) y LG (3.1%).

Entre las principales razones que esgrimen los analistas para justificar la reducción de las tabletas se encuentra la escasa renovación de estos productos. La falta de una gran evolución de los mismos (pese a ligeras mejoras en cada temporada) unido al uso que realizan los usuarios (navegar por internet, consumir contenidos audiovisuales) ha provocado que su crecimiento se ralentice.

Además, muchos de los consumidores siguen optando por los PC de escritorio y laptops para el entorno laboral. Ahí es donde algunas marcas están haciendo énfasis, y ya surgen aplicaciones y dispositivos pensados para la productividad.

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[*ElPaso}– El Museo de la Seda, reducto de una cultura milenaria única en Europa

04/04/2015

El Museo de la Seda, de El Paso, es reducto de una cultura milenaria que tiene sus orígenes en China.

Las artesanas que integran Las Hilanderas, empresa que gestiona en la actualidad este espacio museístico, único en Europa, muestran al visitante el proceso de elaboración de un tejido que se confecciona siguiendo las mismas técnicas que en el siglo XVI.

La web http://www.palmerosenelmundo.com, que administra Fernando Rodríguez, ha elaborado un reportaje sobre estas singulares instalaciones que comparte con los lectores de LA PALMA AHORA.

Las artesanas del Museo de la Seda hacen funciones de guía, y también muestran al público en vivo el laborioso proceso que hay que seguir para elaborar esta preciada tela. Esta actividad ancestral ha sido incorporada recientemente por el Gobierno regional al catálogo del Patrimonio Histórico de Canarias como Bien de Interés Cultural (BIC).

El Museo de la Seda mantiene vivo este relevante valor patrimonial, que se ha convertido, además, en un importante reclamo turístico. Las instalaciones abren sus puertas de lunes a viernes, en horario de 10.00 a 14.00 horas, y los fines de semana y festivos atienden visitas concertadas de grupos de turistas.

En las salas de este espacio se pueden contemplar diferentes piezas confeccionadas con seda, y hasta dos pares de estilizados zapatos donados por el palmero Manolo Blahnik, el zapatero más famoso del mundo, que dan aún más prestancia al museo.

El número de artesanos dedicados a la elaboración de la seda es cada día menor por la ausencia de relevo generacional, y en la actualidad esta cifra se reduce a menos de 15 personas. La sericicultura, en épocas pretéritas, dio trabajo a muchos palmeros, especialmente de la zona Este, donde esta labor tenía un mayor arraigo.

El Museo de la Seda de El Paso, que se recomienda visitar con tranquilidad, custodia una cultura milenaria que, en Europa, sólo pervive en La Palma.

Estas instalaciones merecen todo el respaldo institucional para evitar que muera un legado en el que muchos palmeros han puesto alma y sentimiento.

Mantener este espacio supone una muestra de respeto a los artesanos que, con denodado esfuerzo e infinita paciencia, han logrado mantener hasta el siglo XXI una actividad ancestral.

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Cortesía de Roberto González Rodríguez

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[*Opino}– Palabras agudas que deberían llevar tilde, pero que es ‘incorrecto’ ponérselo

17-03-2015

Carlos M. Padrón

Ahora resulta que hay que ser adivino para saber pronunciar con el acento adecuado palabras que en español deberían acentuarse pero que, por una norma muy difícil de tragar, está prohibido ponérselo. La norma es: «porque se trata de una marca que no se adapta al español».

Además, ¿qué significa que no se adapta? Entiendo que algo sea difícil de pronunciar en español, como Shakespeare, pero petrobras podría ser muy bien una palabra española.

¿Cómo puede saber el ciudadano de a pie que Petrobras es la grafía correcta pero que, aunque no tiene tilde en la ‘a’, debe pronunciarse Petrobrás?

Una prioridad del idioma escrito es evitarle al lector dudas o confusiones, y en este caso se las crea. Además, ¿a quién haría daño esa tilde?

Todavía recuerdo cuando hace muchos años se decía que los nombres y apellidos de personas no llevaban tilde.

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17/03/2015

Petrobras se escribe sin tilde

El nombre de la empresa estatal brasileña de petróleo es Petrobras, sin tilde, pues se trata de una marca que no se adapta al español.

En los medios de comunicación, sin embargo, aparece ocasionalmente escrito Petrobrás, como en

«Un policía monta guardia frente a la sede de Petrobrás»,

«La Fiscalía General de Brasil investigará a 34 legisladores por el escándalo de Petrobrás».

La propia empresa escribió antiguamente Petrobrás, pero a principios de los años 90 decidió suprimirle el acento gráfico, por lo que actualmente es preferible la forma Petrobras, aunque su pronunciación sigue siendo aguda.

Además, al ser una marca de procedencia extranjera no se hispaniza, sino que se respeta su grafía original.

Por todo ello, en los ejemplos anteriores habría sido mejor 

«Un policía monta guardia frente a la sede de Petrobras»,

«La Fiscalía General de Brasil investigará a 34 legisladores por el escándalo de Petrobras».

[*Opino}– Dicen que la cerveza es muy popular y muy antigua, pero yo paso

12-03-15

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo me ha dejado un tanto preocupado.

Y es porque, después de muchos años de intentar que me guste la cerveza, al menos de forma parecida a como gusta a una mayoría, no lo he logrado.

Recuerdo que la probé en Santa Cruz de Tenerife cuando tenía yo 18 años, pues antes viví en El Paso y allí imperaba el vino que, además, lo cosechábamos y no teníamos que comprarlo, pero la cerveza sí había que comprarla.

Desde que la probé me resultó extremadamente amarga e imposible de tragar sin más, así que, a fin de poder beberla, necesitaba yo comer algo seco, pescado o, mejor aún, mariscos.

Viviendo ya en un país tropical, como es Venezuela, me surgió otro problema con esa bebida, pues la beben casi helada; cuanto más fría, mejor, pero si la tomo así siento —sobre todo si, además de fría, contiene gas— como si me quemara la garganta, y no soporto más de un trago a la vez; tengo que beberla a sorbos.

El paliativo que he encontrado —ante el asombro de los camareros— es pedir que me traigan un vaso que no esté frío, verter en él la cerveza —que, por supuesto, vino en una botella helada—, y esperar a que se «desenfríe» para así poder beberla sin mayor problema, pero, eso sí, comiendo algo como lo dicho arriba, pues si yo no como, no bebo.

En Alemania nunca he tenido el problema de la cerveza fría, pues allá la sirven a temperatura ambiente… como debe ser, digo yo.

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12/03/2015

Ocho increíbles avances históricos que debemos a la cerveza

La cerveza es una de las bebidas más populares y antiguas del mundo. Se dice que sus orígenes se remontan al Neolítico, cuando el ser humano comenzó a cultivar sus propios cereales y aprendió a fabricarla. Hablamos de miles y miles de años de historia, en los que este líquido ha sido testigo de todo tipo de cambios, evoluciones y avances.

Lo que desconocíamos es que, además de acompañar el curso de los acontecimientos, la cerveza había sido protagonista directa de algún que otro episodio; pero en Listverse nos descubren una lista de importantes progresos que debemos agradecer al popular «zumo de cebada».

¿Tienes un frigorífico en casa? ¿Te imaginas vivir sin él? Pues quizá podrías verte obligado a hacerlo de no ser por la cerveza. Carl von Linde trabajaba para la compañía Spaten cuando lo inventó, con el objetivo de que la bebida, ya embotellada, pudiera aislarse del calor de las máquinas que continuaban fabricando más y más litros.

Su invento acabaría resultando útil para muchas cosas más. Lo mismo ocurrió con las propias botellas de vidrio: el estadounidense Michael Joseph Owens ideó la primera máquina capaz de fabricar en serie estos envases, con el objetivo inicial de dedicarlos a la comercialización de cerveza.

Pero con tantos años de historia regados por este «oro líquido», podemos irnos mucho más atrás.

¿Habría sido viable sin cerveza la era de los descubrimientos? Es más que probable que la respuesta sea negativa. Se sabe que los grandes exploradores, como Cristóbal Colón, no zarpaban sin proveerse de varias decenas de barriles, dado que en las largas travesías el agua terminaba por estropearse.

La «birra» también colaboró activamente en la posterior colonización de América, dado que muchos europeos caían enfermos allí al no estar acostumbrados al agua del Nuevo Mundo. La cifra de mortalidad descendió cuando pudieron empezar a fabricar su bebida favorita.

En el siglo XVIII, el inglés Joseph Priestley descubrió el dióxido de carbono… y sí, también lo hizo gracias a la cerveza. Lo que despertó su curiosidad no fue otra cosa que observar, en una cervecera próxima a su casa, cómo había gases que «caían» al suelo durante el proceso de fermentación, de modo que tenían que pesar más que el aire y ser «otra cosa».

Por cierto, fue también analizando la fermentación como se inventó la escala de PH. Con ella resolvieron en Carlsberg sus problemas para medir con total exactitud los niveles de acidez de sus bebidas.

Trabajando en una cervecera, James Joule creó los precisos y todavía utilizados termómetros de mercurio. Incluso se dice que Louis Pasteur estaba intentando averiguar por qué se estropeaba la cerveza, cuando inventó el proceso de pasteurización.

Como puede verse, además de refrescante y sabroso, el contenido de las ‘cañas’ es un elemento trascendental en la historia de la Humanidad.

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[*ElPaso}– Ya mi pueblo tiene su himno

El sábado 27/12/2014 tuvo lugar en El Paso (La Palma, Canarias) la presentación del himno oficial de ése, mi pueblo natal.

Medalla de Oro a la Banda de Música

Letra del himno oficial de El Paso

Himno oficial de El Paso

Banda Municipal de el  Paso

El acto fue filmado por el pasense Orestes Díaz Perera, y el vídeo resultante puede verse/bajarse clicando AQUÍ. Si esto no resultara, entonces AQUÍ.

Cortesía de Juan Antonio Pino Capote

 

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[*Opino}– El inglés en España. Por fin encuentro en un medio algo que me da la razón

04-03-15

Carlos M. Padrón

Después de ller el artículo que copio abajo, tengo que agradecer a Cristina Reglero el que en éste y en otros artículos que ha publicado haya ratificado por su cuenta lo que en este blog he escrito varias veces acerca del inglés en España, de cómo lo manipulan, cómo lo pronuncian, y cómo parecen convencidos de que con tomar una palabra española —como puente— y añadirle la terminación -ing, ya creen que puenting es una palabra inglesa.

Cristina lo explica tan bien que no tengo nada que añadir, excepto que en el inglés que se habla en EEUU, sí se usa parking.

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03-03-15

Cristina Reglero

Footing, friki y otras palabras que usamos todo el tiempo… incorrectamente

El “Spanglish” está cada vez más metido en nuestro vocabulario cotidiano.

  • “Mi amiga se ha hecho un lifting”,
  • “Tiene un piercing nuevo en el ombligo”,
  • “Se ha atrevido a hacer puenting”,
  • “Hago footing todos los días”.

Son algunas de las palabras en «inglés» que usamos continuamente en nuestras expresiones cotidianas, y… nos las hemos inventado.

Ya se han hecho tan comunes —incluso se potencian en medios de comunicación— que nadie se para a pensar que, realmente, pueden no ser correctas. Sólo nos damos cuenta de que algo va mal cuando en nuestro fin de semana en Londres alguien nos mira con cara de póker al preguntarle dónde está el “parking”.

Y es que cuando te haces un lifting es realmente un facelift. Si tu amiga se ha puesto un pendiente en el ombligo, lo que diríamos es que “she has a pierced belly button”. Hemos convertido a los raritos en frikis, cuando en realidad la palabra correcta es freak. En este caso se ha tomado el camino fácil de escribirlo como suena.

¿Puenting?

Una de las más comunes es quizá el sustantivo fashion (moda), que usamos como adjetivo para decir, por ejemplo, que nuestra amiga va a la moda, cuando en realidad queremos decir que es fashionable.

Pero si hay un ejemplo claro de spanglish ése es la palabra puenting: los valientes que se lanzan desde un puente sujetados únicamente por una cuerda elástica lo que hacen es bungee jumping, no la unión de “puente” (lugar desde donde se lanzan) con el sufijo –ing. Algo parecido sucede con la unión de la palabra inglesa foot con el sufijo –ing, footing, para denominar lo que en realidad es hacer jogging.

También resulta misterioso el uso extendido (aunque poco fino) de water para referirnos al bathroom o toilet. Será porque alguien vio que aquello implicaba agua y lo popularizó como tal.

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[*Drog}– Otra recopilación de verdades sobre el (drog)amor

27-02-15

Carlos M. Padrón

Como dije en el post Otra voz que denuncia el drogamor, cada vez son más las pruebas científicas que ratifican lo, lamentablemente, es aún para muchos casi una blasfemia.

El artículo que copio abajo menciona varias de tales pruebas, y deja bien claro lo del interés que en esto del drogamor mueve a las mujeres, que no es otro que el conseguir un buen proveedor que asegure la manutención de ella y, sobre todo, de sus crías, y por eso tardan más en enamorarse, o sea, son menos románticas.

Lo de que actúa como una droga ya es un lugar común que sólo un ciego querría ignorar, pero, claro, como la juventud es cada vez más dada a las drogas, ¿qué importa una más?

Y es por eso que si Helen Fisher llama al enamoramiento amor romántico, yo lo llamo drogamor.

Y eso de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde —mencionado en el artículo de abajo— me hace recordar una gran verdad que publiqué en este blog el 18-10-2006: «Si quieres saber cómo es realmente la mujer con la que has estado casado, divórciate de ella«.

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26/02/2015

María Rosa Verdejo

15 verdades sobre el amor demostradas científicamente

Que el amor es ciego, que las mujeres son más enamoradizas, que el hombre es infiel por naturaleza…son algunas de las afirmaciones más comunes sobre el amor.

Pero, ¿qué hay de cierto en todas ellas? ¿Es verdad que el amor a primera vista existe? ¿Y que la llama se apaga con los años? Estudios científicos tienen las respuestas a éstas y otras cuestiones del corazón.

1. El amor es un impulso.

«El amor no es una emoción, sino un impulso, una necesidad fisiológica para el ser humano», afirma Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey) que lleva dedicándose a la investigación del amor más de 30 años.

Ese impulso llamado amor surge cuando el cerebro se inunda de feniletilamina (anfetamina que segrega el cuerpo) a lo que responde liberando neurotrasmisores como dopamina, norepinefrina y oxitocina. También bajan los niveles de serotonina y se libera adrenalina, que inunda el torrente sanguíneo haciendo que aumente el ritmo cardiaco.

La mezcla de estas sustancias hace que se creen vínculos emocionales con la otra persona y aparezcan los típicos síntomas del enamoramiento: se acelera el corazón, empiecen los nervios y lleguen las mariposas al estómago.

2. El amor crea adicción, es como una droga.

Todos conocemos a alguien que es incapaz de estar solo, que solapa una relación con otra. ¿Por qué pasa eso?

Hay una explicación científica: cuando se está enamorado, la dopamina que se libera empieza a desplegar sus efectos. La euforia, el deseo, la satisfacción, el placer y la plenitud son consecuencia de la acción de esta hormona o neurotransmisor, que activa las mismas áreas cerebrales que el alcohol, el tabaco y otras sustancias adictivas.

Según un estudio realizado por la antropóloga Hellen Fisher en 2010, tanto la droga como el amor provocan los mismos sentimientos placenteros. Por eso, cuando ya no está esa sustancia (la dopamina), aparece el mismo síndrome de abstinencia, como ocurre con las drogas.

3. El amor a primera vista existe.

Estás en un bar, en el Metro o vas por la calle y, de pronto, te cruzas a alguien y piensas: «Me acabo de enamorar». Si eres hombre posiblemente tengas razón, pero si eres mujer las cosas cambian.

La antropóloga Helen Fisher ha comprobado que las mujeres cuando se enamoran empiezan a segregar dopamina y activan partes del cerebro encargadas de la memoria y la rememoración. Por eso, ellas tardan más en enamorarse, porque necesitan más interacción con la otra persona. En cambio, los hombres activan las zonas del cerebro que responden a los estímulos visuales. Para ellos el aspecto físico desencadena la liberación de esa sustancia, y por eso suelen enamorarse más rápidamente que las mujeres.

A esto se sumaría la teoría evolucionista según la cual los hombres buscan una persona con la que sea efectivo tener descendencia sana y así asegurar que su información genética pasará a la siguiente generación, como explica Brenda Eskenazi, directora del Center for Children’s Environmental Health Research de la School of Public Health, en la Universidad de California, Berkeley.

Las mujeres, por el contrario, intentan buscar que sea un buen compañero para la crianza de los descendientes.

4. Nos atraen las personas guapas y misteriosas.

Que te cruces con esa persona puede ser casualidad, pero que te fijes en ella, no. Que te parezca guapa y atractiva también depende de la Ciencia. Como dijo Helen Fisher en una entrevista con el divulgador Eduard Punset, «nos enamoramos de personas que resultan misteriosas».

Esto se debe a que el misterio está asociado con la novedad, y ésta a su vez con la dopamina. A ello hay que unir que, según un estudio realizado por la Universidad de Nuevo México en 2011, los seres humanos nos sentimos atraídos por la simetría. Esto quiere decir que las caras simétricas activan las áreas cerebrales implicadas en el enamoramiento.

Ignacio Morgado, catedrático en Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, defiende otro aspecto relacionado con la simetría, o más bien con las proporciones. «Los varones de prácticamente todas las culturas se sienten especialmente atraídos por la figura femenina cuya relación entre el diámetro de la cintura y el de la cadera es 0,7. Poco importa el peso del cuerpo si esa proporción se mantiene. El 0,7 es el modelo ideal desde la perspectiva masculina», explicaba en la revista Quo.

El especialista señala que hay datos que indican que las mujeres con esas proporciones [se calcula dividiendo los centímetros de cintura entre los de la cadera] tienen en general menos prevalencia de enfermedades, aunque hábitos como el tabaquismo o la polución y el estrés hayan modificado y oculten esa posible realidad. «Al elegir la forma parece que los varones estamos también inconscientemente eligiendo potencial reproductivo», añade Morgado,

5. Nos obsesionamos con la otra persona.

Sí, es amor, pero también un poco de obsesión. Que no puedas sacarte de la cabeza a la otra persona y que te acuerdes del más mínimo detalle de la primera cita, a priori puede parecer una locura, pero tiene su explicación. «El colocón del enamorado lo producen las sustancias que fabrica su cerebro: el alto nivel de norepinefrina produce euforia y pérdida del apetito, mientras que el bajo nivel de serotonina tiene que ver con la obsesión de estar con el amado», explicaba Helen Fisher.

6. El amor es ciego.

Y esta frase tan popular, es cierta. La razón es que «la pasión inicial se caracteriza por las desactivación de regiones del cerebro como la corteza frontal, implicada en la lógica y el razonamiento», afirma Morgado. De ahí que se diga que el amor es ciego.

7. Amores prohibidos son los más queridos.

Cuántas historias habremos escuchado de amores imposibles, frustrados, en los que los protagonistas sufren por no estar con la otra persona. ¿Por qué no pasan página y les cuesta superarlo? Pues parece ser que no es porque no quieran, sino que porque no pueden.

La dopamina, la sustancia que se libera al enamorarse, también se asocia con la motivación y las conductas para alcanzar un objetivo concreto. Percibir el impedimento aumenta los niveles de dopamina. Si surgen obstáculos, aumenta la necesidad de conseguir el objetivo, y los sentimientos se intensifican. Por eso, cuanto más se prohíbe ese objetivo, más atractivo resulta.

Prueba de ello son Romeo y Julieta, que dan nombre a este efecto, el «Efecto Romeo y Julieta». Como explicó Carolina Bayo: «No es de extrañar, por tanto, que los amantes crucen continentes para abrazarse unos pocos días, o que cambien de trabajo o incluso mueran el uno por el otro. Cuando el sistema se activa, poco podemos hacer»

8. La llama se apaga.

«Ya no es como antes», «hemos caído en la rutina», «la ilusión no es la misma»… Son frases que suelen oírse en parejas consolidadas y no les falta razón.

Según recogía una entrevista a Eduardo Calixto, jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, en National Geographic, el paso del tiempo hace que los receptores de dopamina empiecen a perder sensibilidad.

En un periodo de tres años dejarán de responder al estímulo, y desaparece esa sensación placentera de enamoramiento. Su sustituta es la oxitocina que está relacionada con la sensación de apego.

Esto explica que el sentimiento cambie, las emociones no sean las mismas: se sale de esa fase de enamoramiento, a la que Helen Fisher llama amor romántico, y se pasa a una fase más calmada en la que, si la relación no está construida en algo más que en el enamoramiento y la atracción sexual, la llama se apaga.

9. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Según Helen Fisher, cuando rompen con nosotros, experimentamos la llamada «atracción de la frustración «. Esto significa que volvemos a sentir la pasión que no había al final de la relación amorosa.

Así, es normal que la persona que no decide dejar la relación, aunque ésta ya estuviera rota, intente por todos los medios recuperar a su pareja porque en el momento de la ruptura se activa el área del cerebro que segrega la dopamina. Es decir, actúa igual que al principio de la relación, igual que el primer día.

10. Romper fotos y quemar las cartas ayuda.

Deshacerse de las cosas que te recuerdan a la otra persona, para olvidarla, probablemente sea un hábito que se practica desde que el mundo es mundo.

Alguien que nunca lo haya hecho puede pensar que eso de que la persona que ha sido dejada se líe a romper las cosas y las fotos que le recuerdan al otro, porque está dolida, se trata de una reacción de despecho. Y puede ser así en algún caso, pero lo cierto es que, generalmente, es una forma de protegerse.

Como dice Fisher, el amor crea dependencia. Esto hace que, para pasar página y para superar la ruptura, haya que cortar de raíz. Igual que cuando se quiere dejar de consumir cualquier sustancia adictiva. Se trata de evitar cualquier cosa que te recuerde a esa persona.

«Yo recomiendo a los que sufren mal de amores el programa de Alcohólicos Anónimos. Suprima de su vida todo lo que le recuerde a su examor. Nada de cartas, y no llamar bajo ningún concepto», aconsejaba la antropóloga en 2005.

11. El chocolate es la solución.

Cuando se termina una relación en la fase de enamoramiento, el subidón de feniletilamina (esa anfetamina que produce nuestro cuerpo) cae de golpe. Esto hace que la persona piense que no puede vivir sin la otra.

Pero en realidad lo que pasa es que tiene el “mono” como explica Jesús. J. de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. Tu cuerpo necesita la feniletilamina, y la necesita ya. Ante esta ausencia es normal que, aferrándose al chocolate, se prepare para pasar sus peores momentos. Esto se explica porque es un alimento rico en feniletilamina que le hará sentir, por lo menos, un poco mejor.

12. Del amor al odio sólo hay un paso.

El amor y el odio están íntimamente relacionados porque producen las mismas sustancias químicas, tienen mucho en común, según afirma Fisher. De ahí la expresión tan famosa. Sólo hace falta un detonante, un pequeño detalle para que de forma radical pases de un sentimiento al contrario.

Un ejemplo clarísimo de este tipo de detalles, aunque no tan pequeño, es la ruptura. Es muy probable que, en la escala del odio, una persona a la que han dejado de mala manera pase de cero a cien en cuestión de segundos. Carolina Bayo asegura que «si se analizan los ciclos cardíacos de una persona no se puede apreciar diferencia entre si una persona acaba de matar o ha tenido un orgasmo».

13. La mayoría de las mujeres se quedan «pilladas» cuando tienen sexo.

«Amor y sexo son diferentes en cuanto a que pueden darse el uno sin el otro; funcionan y dependen de mecanismos cerebrales y hormonales que, aunque solapados, son en buena medida también diferentes”, afirma Ignacio Morgado.

Sin embargo, Eduardo Calixto explica que la zona de liberación de dopamina se activa durante el sexo, y el hecho de que en las mujeres este área sea un 70% más grande que en los hombres puede hacer que ellas se impliquen emocionalmente. Por eso, Helen Fisher afirma: «No hagas el amor con la persona de quien no quieras enamorarte».

14. Infieles por naturaleza.

Desde el punto de vista evolutivo, uno de los principales intereses biológicos del ser humano es que su ADN pase a las siguientes generaciones.

El individuo seguirá la estrategia de reproducción que le permita tener más hijos, ya que así tendrá más posibilidades de que sus genes sigan transmitiéndose. Es decir, la monogamia no sería la mejor opción para conseguir ese objetivo. Por eso, se podría afirmar que el ser humano es infiel por naturaleza, para cumplir sus intereses biológicos.

Tal y como explica el doctor en psicología, Christopher Ryan, la poligamia sería un comportamiento evolutivo, mientras que la monogamia sería un comportamiento social: «La monogamia es antinatural; antes de ser sedentarios la reproducción no se limitaba a una sola pareja, pues cuantas más parejas tuvieran las hembras, tenían mayores posibilidades de tener hijos».

Aunque esto no debería ser así necesariamente. El propio Ryan lo aclaraba en una entrevista al diario ABC: «Tenemos la capacidad de controlarnos. La monogamia es como ser vegetariano. Tú puedes decidir ser vegetariano, y puede ser una decisión sana, inteligente y ética. Pero ser vegetariano no cambia el hecho de que, por naturaleza, eres omnívoro. En nuestra especie somos omnívoros tanto en la dieta como en el sexo».

Se han encontrado dos razones por las que el hombre ha evolucionado hacia la monogamia. En 2013 se publicaron sendas investigaciones en mamíferos que daban la respuesta definitiva al porqué de esta evolución, aunque con resultados diferentes.

El primer estudio, de la Universidad de Cambridge, establece que la razón es la protección de la hembra para evitar la competencia con otros machos. La otra investigación publicada en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, afirma que los mamíferos monógamos lo son para evitar el infanticidio: que otros machos maten a sus hijos para concebir con la madre.

15. Al hombre le duele más la infidelidad sexual, mientras que a la mujer la emocional.

¿Te dolería más que te engañaran emocionalmente o físicamente? Morgado asegura que, “aunque las parejas no tiene que permanecer unidas toda la vida, el amor crea la impresión de que es así, y por eso contribuye a estabilizar la unión. Los celos ayudan a impedir que se rompan esos compromisos».

A partir de esto se deduce que «desde un punto de vista evolutivo, la idea es que la mujer resultaría más afectada por la infidelidad romántica de su pareja masculina que por su infidelidad sexual, pues la romántica le haría perder los apoyos que necesita en su misión reproductora. El hombre, por el contrario, asume más riesgo por la infidelidad sexual de su pareja femenina que por la romántica, pues esta última nunca le llevaría a invertir energías y tiempo en la cría de un descendiente que no fuera biológicamente suyo».

Morgado lo resume: «Visto así, el hombre se sentirá más perturbado por las relaciones sexuales extramatrimoniales de su pareja que por sus amores, y al revés en la mujer, que acusaría más los amores de su pareja masculina».

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[*Opino}– Y que minúsculas en vez de mayúsculas

23-02-15

Carlos M. Padrón

Sinceramente, no lo entiendo.

Según el artículo que copio abajo, Imperio otomano se escribe con la ‘o‘ de otomano en minúscula.

Mi lógica me dice que Imperio Otomano es el nombre específico e identificador de un único imperio, lo que lo hace el nombre propio de ese imperio. Por tanto, debería escribirse con mayúscula inicial, o sea: Imperio Otomano.

Caso parecido es el de Iglesia Católica, pues Iglesias hay muchas, pero católica sólo una.

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23/02/2015

Imperio otomano se escribe con otomano en minúscula

En la expresión Imperio otomano, Imperio se escribe con mayúscula inicial, pero otomano comienza por ‘o’ minúscula.

A propósito de la tumba por la que Turquía y Siria están enfrentándose, en los medios de comunicación pueden verse frases como

  • «Tropas y vehículos turcos ingresaron el sábado en territorio sirio para trasladar un mausoleo donde el precursor del Imperio Otomano fue enterrado» o
  • «572 soldados turcos viajaron a Siria para rescatar la tumba del abuelo del fundador del imperio Otomano».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, en las denominaciones de los diferentes imperios «se escribe con mayúscula la palabra imperio, pero no el especificativo subsiguiente […]: el Imperio romano, el Imperio maya, el Imperio bizantino, el Imperio austrohúngaro».

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir 

  • «Tropas y vehículos turcos ingresaron el sábado en territorio sirio para trasladar un mausoleo donde el precursor del Imperio otomano fue enterrado» y
  • «572 soldados turcos viajaron a Siria para rescatar la tumba del abuelo del fundador del Imperio otomano».

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