[*Opino}– Los palmeros (naturales de la isla de La Palma), según Pedro Marrero Sicilia

Carlos M. Padrón

El artículo que sigue (que copio en color azul), escrito por el Sr. Pedro Marrero Sicilia —pmsicilia49@gmail.com— y publicado en La Opinión de Tenerife, ha sido una ingrata sorpresa.

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08-02-2009

Palmeros y ´palmeros´

Pedro Marrero Sicilia

Un crítico anónimo en los foros donde se comentan los artículos de opinión en este mismo diario, me preguntaba hace poco «por qué había que bombardear a los palmeros». Veamos: yo colijo que hay palmeros y «palmeros», ustedes me entienden. Ni son todos los que están ni están todos los que son. La mayoría no lleva comillas, pero hay un gran grupo de «palmeros» a los que me voy a referir.

Una prima mía suele decir, de coña, claro, que si un gigante de leyenda pudiese levantar del mar la isla de La Palma, darle la vuelta, sacudirla como se sacude una alfombra llena de migas de pan y luego la depositase otra vez en su sitio después de que todas esas ´migas´ cayesen al mar, entonces y sólo entonces, La Palma sería «La Isla Bonita».

Lo suscribo en parte, porque ella no da chance a nadie y mete a todo dios en el mismo saco. Servidor habría avisado a los palmeros de buena fe antes de la «sacudida», algo parecido a lo que se cuenta sobre Lot y familia, cuando salieron por pies de Sodoma y Gomorra: daría una oportunidad a los castos, a los honestos, a los honrados, a los buenos, para que se libraran del seísmo provocado; pero aun así, creo que habría muchos «palmeros» que sucumbirían a las manos del gigante que agitaría la isla desde Barlovento hasta el barranco de las Angustias.

Mis recuerdos de los «palmeros» son casi todos negativos. En el colegio, eran prioritariamente los alumnos internos. No se sabe bien si se consideraban de otro mundo porque vivían en el colegio, porque llevaban un guardapolvo que los demás no usábamos o porque, simplemente, eran «palmeros». Pero raritos, lo eran.

En la Universidad formaban camarillas. Vivían juntos en el mismo piso, sólo se pasaban los apuntes entre sí; eran negados a hacer favores a otros compañeros, salvo honrosísimas excepciones. Callados, introvertidos, vivían su vida ajenos a cualquier otra cosa.

Muchos «palmeros» creen que sólo por haber nacido en La Palma tienen adquiridos todos los derechos. Hay quien cultiva las bellas artes: esculpe, pinta, ¿crea? ¡y canta! Él no se imagina lo bien que estaría calladito. Conozco un abogado «palmero» hasta la médula. Un médico a quien sólo le falta decir: «vengo de hablar con Dios, lo terrenal es basura…». Ambos continúan en sus carreras, uno siempre metido en fregados, otro impartiendo sus magistrales clases a futuros doctores. Y como éstos, muchos más; todos vanagloriándose de ser poseedores de la verdad absoluta.

Estoy convencido de la insularidad «palmera» de otro crítico comentarista de artículos ajenos, que se cree por encima del bien y del mal, despelleja a algunos -y muy buenos- columnistas de opinión y lleva el «palmerismo» implícito en sus expresiones. A pesar de lo expuesto -y lo que se me quedó por decir-, bombardear «palmeros» me parece demasiado; bastaría con contratar un gigante de cuento. Cuanto más grande, mejor.

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Ignoro qué porcentaje de los palmeros son “palmeros”, o si los “palmeros” existimos en cantidad suficiente como para justificar las opiniones que el Sr. Marrero da acerca de nosotros. A juzgar por lo que al respecto escribe él, parece que fuéramos mayoría, ya que a los no “palmeros” los califica de honrosas excepciones.

Mientras viví en Santa Cruz de Tenerife sólo supe de dos rasgos, supuestamente negativos, que allí nos atribuían a los palmeros:

1) que éramos ateos porque no íbamos los domingos al cementerio a visitar las tumbas de nuestro deudos; y,

2) que en el cuartel, los reclutas palmeros comían en la caja, o sea, que guardaban en una caja algunos comestibles típicos de su isla, y desde esa caja los iban comiendo de a poquito, sin, por ejemplo, ponerlos en un plato.

A lo primero comenté, en la reunión donde me lo echaron en cara por enésima vez, que eso de ir al cementerio todos los domingos era propio de fanáticos víctimas de una obsesión macabra que no beneficiaba a nadie. Y a lo segundo respondí igual que ahora respondo a eso de que «formaban camarillas, vivían juntos en el mismo piso, sólo se pasaban los apuntes entre sí, y eran negados a hacer favores a otros compañeros».

¿Hay algo de malo en preferir a gente paisana —y casi siempre conocida— para formar grupos, compartir vivienda, pasarse apuntes o intercambiar favores? Si quienes así obraban no pretendían que otros no palmeros les pasaran apuntes o les hicieran favores, no veo nada malo en su proceder, pues lo que es igual no es trampa.

Es poco probable que los miembros de un grupo tan extenso como para que se le dé el nombre de “palmeros” tengan en común ser callados, introvertidos, y vivir su vida ajenos a cualquier otra cosa. Esto no pasa de ser una exagerada, y tal vez malintencionada, generalización, pero cabe decir que si vivían su vida ajenos a cualquier cosa, entonces no importunaban ni molestaban a nadie, lo cual tampoco es malo.

Nunca supe de profesionales palmeros que se creyeran en posesión de la verdad, aunque sí de algunos muy estudiosos y brillantes, como los había también de las otras islas. Eso no quiere decir que no los haya del tipo que el Sr. Marrero describe, pero seguro estoy de que no son tantos como para que se justifique achacar a todos los defectos de unos pocos.

Tal vez lo que de mala fama tengamos los palmeros viene del hecho de que por siglos La Palma fue la más americana de todas las Islas Canarias, y nuestra “americanofilia” molestaba a otros, porque todavía en mis tiempos (hasta comienzos de la década de los 60), y mucho más cuanto más atrás, los palmeros mirábamos hacia América Latina (primero Cuba, luego Venezuela) y no hacia España o Europa (¿será que aún queda algo de esto en la idiosincrasia palmera?), cosa que no hacían, por ejemplo, los tinerfeños, pues durante los cuatro años que viví en Santa Cruz de Tenerife, compartiendo y departiendo con muchos amigos no palmeros, comprobé extrañado que los más de los tinerfeños, ya fueran de Santa Cruz o de pueblos del interior de la isla, se declaraban más españoles que los peninsulares.

Por otra parte, nunca escuché que nadie, ni en Canarias ni en Europa ni en América, se expresara peyorativamente del proceder de los palmeros, pero en boca de quienes han visitado La Palma sí he escuchado muchas veces que el calificativo de “Isla bonita” lo tiene más que merecido, aunque la amiga del Sr. Marrero opine lo contrario.

Lo que se cuenta en el artículo en cuestión es una infundada exageración de mal gusto que rezuma rencor, lo cual deja muy malparado a su autor porque más y peor que ser rarito es denostar de la tierra y coterráneos de los propios ancestros cuya sangre llevamos, y el Sr. Marrero parece haber olvidado que su madre era palmera, pues nació, fue criada y se formó en el pueblo palmero de El Paso, en el que ejerció como maestra, y quería tanto a ese pueblo que el Sr. Marrero tendría que tener, siquiera por ósmosis, un algo de palmero, pero en realidad —y para consternación de su madre, si aún viviera— creo que tiene un mucho de lo que él llama “palmero”.

En fin, que si los palmeros tuviéramos la desgracia de ser como él y amáramos a nuestros coterráneos tanto como él “ama” a los de su madre, y si respetáramos la tierra de nuestros ancestros tanto como él “respeta” la de ella —y la de sus abuelos maternos, y un etcétera hacia atrás— no sería suficiente con sacudir la isla de La Palma, no: con palmeros como Pedro Marrero Sicilia habría que fumigarla.

[*Opino}– El móvil racista de la pelea

Titular en La Vanguardia (España) del 16/01/09:

Dos de los detenidos del ‘Bada Bing’ descartan el móvil racista de la pelea.

¿Significa que en esa pelea estuvo involucrado un teléfono del que en España llaman “móvil”, así a secas, como si se tratara de un nombre —y además inequívoco— y no de un adjetivo?

El llamar “móvil” al celular es, al igual que el llamar “portátil” a una computadora laptop, un buen ejemplo del esnobismo, muy común en España, de usar palabras de varios significados en vez de usar las que sólo tienen uno y, por tanto, no crean confusión o, en el peor de los casos, minimizan la posibilidad de que ésta ocurra.

Y no digamos lo de llamar “ordenador” —un galicismo inspirado en la fobia antiuseña— a lo que en realidad es un computador o computadora, palabras éstas que reconoce el DRAE.

Me permito suponer que esa ministra española archifeminista, que quiere dar sexo femenino a todas las palabras de nuestro idioma, no se lo ha dado a “ordenador” porque sería más que ridículo llamarlo también “odenadora”. Si en cambio impusiera el uso de computador/a, tendría la por ella tan deseada opción de una versión en femenino.

Carlos M. Padrón

[*Opino}– ¿Complejo de inferioridad matizado con odio?

Ese “complejo de inferioridad que sentimos” (aunque creo que en vez de usar el verbo ‘sentir’ debió usar ‘padecer’, o sea, que padecen los españoles), es algo que cada vez señalan más y más algunos que por su talla —Rafael Sánchez Ferlosio, Stanley Payne— pueden permitirse ese lujo, y que en muchos casos funciona al revés: que se manifiesta, no en usar la palabra inglesa en vez de una equivalente española, sino en cambiar la inglesa —ya sea sólo una palabra o todo un título o expresión— y rebuscar, más que buscar, una española, sin a veces reparar en lo ridículo, como fuera hace años “octeto” en lugar de byte, y como lo es ahora “ventana emergente” en lugar de pop-up, u “ordenador” en lugar de computador, por sólo mencionar dos ejemplos.

Creo que un detallado estudio de este fenómeno pondría en evidencia que su origen no sólo está en el complejo de inferioridad sino en la animadversión u odio manifiesto que hacia lo de origen inglés, en especial si es useño, se tiene en España… por causa de ese complejo de inferioridad.

Carlos M. Padrón

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26/01/2009

El encanto del saldo

Magí Camps

Una frase: «Muchos abuelos acaban haciendo el papel de padres». Otra: «El barrio de la Sagrada Família fue testigo de un caso singular de violencia sexista». ¿Alguien ha tenido algún problema de comprensión de estas dos secuencias? Si en lugar de papel y de violencia sexista se hubieran empleado rol y violencia de género, ¿se habrían entendido mejor las frases? ¿habrían ganado algún matiz? La respuesta, creo, es no.

En los últimos años, y en especial desde que en el 2005 las 22 academias del español publicaron el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), las directrices lingüísticas quieren hacer valer el genio del idioma frente al extranjerismo fácil. Las normas emanan de las autoridades académicas y, por extensión, de los departamentos lingüísticos universitarios y periodísticos, pero donde se bate el cobre es, de manera especial, en los medios de comunicación, en todos sus grados de popularidad y de calidad. Así lo reconocía la flamante académica Inés Fernández-Ordóñez. Los periodistas, pues, tenemos una responsabilidad lingüística ineludible; no podemos caer en la tontería.

En el mundo del fútbol convive el córner con el saque de esquina, invento posterior a la palabra inglesa, pero que ya hace tiempo que arraigó. Por ello, ahora, el DPD no ceja en su empeño, y algunas de sus recientes propuestas, como superventas, supermodelo o sobrecontratación, conviven en buena vecindad con best seller, top model y overbooking.

El mensaje es sencillo: ya no vale el que inventen ellos, el español también puede y debe inventar. Y en muchas ocasiones no es necesario ni inventar, basta con emplear una palabra que ya existe. Así lo razonaba el presidente de la agencia Efe, Álex Grijelmo, en una entrevista reciente en el Diario de Burgos: «El complejo de inferioridad que sentimos nos hace creer más prestigiosas otras lenguas, especialmente el inglés. Y por eso usamos tantos anglicismos, porque nos parece más prestigioso hacer un planning que un plan, y nos resultan más atractivos los outlets que los saldos».

Y muchos más, claro: antiaging en lugar de antiedad; brainstorming en lugar de lluvia de ideas; full time en lugar de a tiempo completo… Al emplear esos extranjerismos, algunos piensan que impregnan su discurso de glamur. Y lo triste es que no añaden ni una gota de encanto.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– La ‘opera prima’ de Fernando Lacoste

Carlos M. Padrón

Cuando aún los sistemas de almacenamiento de información eran de acceso secuencial, como las cintas magnéticas, en 1956 IBM revolucionó ese área con el anuncio del RAMAC (Random Access Method of Accounting and Control), que fue la primera unidad de disco magnético que constaba de un paquete fijo compuesto por 50 discos o platos cuyo contenido era grabado/leído por cabezas montadas en brazos movibles.

Flacoste2004

(Fernando Lacoste en 2004).

La unidad que llegó a Venezuela, objeto de este artículo, podía almacenar en esos 50 discos la para hoy más que ridícula cantidad de 5 millones de caracteres de 7 bits cada uno, para un total de 4.4 de nuestros MB (mega bytes) de hoy, aunque era un mamotreto, como puede verse en la foto, que reproduzco más abajo, en la que se ve cuando tratan de subirla a un avión de la desaparecida Pan American Airways (PAA).

Cada uno de esos 50 platos tenía poco menos de 61 cm de diámetro (24 pulgadas) y 200 tracks o pistas, 100 por cada lado.

La RAMAC se mercadeó como unidad de almacenamiento de la computadora IBM-305, anunciada el 13/09/1956, y de la que se vendieron 650 unidades. Como consola tenía una máquina de escribir, novedosa en aquellos tiempos porque en vez de usar la que luego fue famosa bolita de la Selectric, usaba una especie de prisma que, al igual que la tal bolita hizo después, subía, bajaba y giraba hasta posicionar contra el papel el caracter que debía imprimir.

Plato disco RAMAC

(Der., Plato de la RAMAC).

Para instalar en Tamayo y Cia., IBM de Venezuela pidió una IBM-305-RAMAC —conjunto al que se le llamaba RAMAC porque esta unidad era en él la más novedosa y distintiva— y como en el centro IBM de Rochester (Minnesota) se impartieron cursos acerca de esta máquina, a uno de ellos, que duró casi un mes, asistió Fernando Lacoste por parte de IBM de Venezuela, donde para entonces trabajaba como técnico de hardware. Y es importante destacar que el hardware de esa época carecía de software y que, por tanto, Lacoste no tenía por qué saber de software.

Salvo él y Adrián Morales, otro técnico de IBM-Venezuela, el resto de los participantes en ese curso eran useños, y como tales se guiaban by de book, o sea, que sin ver muy bien los libros, aunque tal vez sí los mirarían bien, seguían lo que éstos decían, pero sin hacer mayor uso de imaginación ni creatividad para la búsqueda de soluciones alternas, un recurso que suele ser común en los latinos y que en Lacoste estuvo siempre extraordinariamente desarrollado.

305ramac

Por ejemplo, la RAMAC usaba tubos de vacío —como los que antes del transistor usaban los aparatos de radio, pero más pequeños— y Lacoste, con su facilidad para asimilar nuevos conocimientos y su ojo crítico de acucioso observador, había ya aprendido que cuando en uno de esos tubos se encendía una diminuta luz, como fluorescente, era porque el tubo se había estropeado.

Y así, cuando la máquina fallaba, los useños abrían sus libros e iniciaban una afanosa búsqueda para tratar de encontrar el posible motivo de la falla, pero después de pasado un tiempo razonable, Lacoste, que no utilizaba el libro porque ya se lo había leído, apuntaba a un cierto tubo y decía: “Aquí está la falla. Hay que cambiar este tubo”. Y, para asombro y consternación del resto de la clase, profesores incluidos, en cuanto cambiaban el tubo la falla desaparecía.

Por supuesto, Lacoste nunca reveló el secreto de su “clarividencia” que tenía maravillados a los useños —y creo que hizo bien, pues el tal “secreto” estaba en el libro— y cuando terminó el curso recibió el número 1 como el mejor participante, y como premio especial le regalaron un pasaje a Buenos Aires donde vivían familiares suyos.

Personalmente fue al puerto de La Guaira (Venezuela) a recibir la RAMAC destinada a Tamayo y Cia., y supervisó la operación de descarga, pues la máquina era tan delicada, pesada (casi una tonelada) y grande (compárese con el operador, en la foto de arriba, a la derecha, o con el personal de PAA en la que sigue) que traía su propia grúa.

ramac-paa

(IBM-RAMAC).

Para ese entonces no existían lenguajes de programación como los que comenzaron a popularizarse desde mediados de los años 60 (el FORTRAN apareció en 1957), y la programación de la RAMAC debía hacerse en machine code, o código de máquina, o sea, el lenguaje crudo y duro que la máquina usaba internamente.

Lacoste enfrentó el reto de modificar el programa de demostración que la RAMAC trajo, y así, y aún siendo técnico de hardware y no de software —o sea, no siendo programador, repito, pues es dato clave para entender su proeza— realizó el programa destinado a aplicaciones relativas a ventas (facturación, inventario, órdenes de transporte, etc.) para el que Tamayo había pedido esa máquina.

Pero ni el mercado ni el cliente estaban maduros para esta incipiente tecnología, y Tamayo devolvió a IBM de Venezuela la RAMAC que tantos desvelos había costado a Lacoste, y aceptó en su lugar una máquina de otra marca que le ofreció JF Dorta, quien para entonces trabajaba como vendedor en un competidor de IBM, pero que con el tiempo, y al igual que yo, recaló en IBM.

Y así, esa RAMAC, a falta de otro cliente que la quisiera, fue a dormir el sueño de los justos en los depósitos de IBM.

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CMP Lacoste1

(Carlos M. Padrón y Fernando Lacoste durante la cena habida en Caracas en septiembre de 1982 para hacerle entrega a Fernando del pin del Quarter Century Club en reconocimiento a sus 25 años en IBM).

En 1962, IBM de Venezuela recibió invitación para participar como expositor en una feria de tecnología a celebrarse en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Enrique Fuenmayor, un IBMista que tenía contacto con la UCV, llevado por una de sus frecuentes ideas originales —como la que en 1970 le llevó a instalar en un pasillo de IBM-Capriles una fuente que lanzaba al aire chorros de agua y mantenía mojado el piso del pasillo— le propuso a Lacoste que programara en la RAMAC algo llamativo para que IBM participara con ella en esa feria de la UCV.

Lacoste, ni corto ni perezoso, puso manos a la obra, y en tres meses tuvo listo un programa al que al dársele el número correspondiente a cualquier año de los últimos 2.000, lograba que la RAMAC, luego de emitir extraños ruidos haciendo girar su pila de discos, imprimiera en la consola los hechos más relevantes ocurridos ese año.

Pero Lacoste, usando de nuevo su chispa latina, añadió algo que fue el gran éxito de esa feria: en un lugar escondido pero siempre a su alcance (pues él permaneció como cancerbero junto a la RAMAC casi 12 horas diarias mientras duró la feria), le montó a la máquina un pequeño botón que al ser oprimido hacía que al final de la respuesta que acerca de los hechos ocurridos en un año diera la RAMAC, apareciera una línea que decía: “Este año nació una bella dama que ha tenido la delicadeza de venir a visitarme hoy”.

Y claro, Lacoste oprimía ese botón cuando quien se acercaba a formular una pregunta a la máquina era una mujer atractiva que, además, daba como año a consultar uno que hacia pensar que era el de su nacimiento. Y el comentario impreso por la máquina tenía el efecto de que la dama se derritiera en pura vanidad.

El éxito de esta demostración fue tal que la gente hacía cola para poder formular sus preguntas acerca de un año dado, y, en consecuencia, IBM de Venezuela ganó el primer premio de los otorgados en esa feria: una medalla rectangular, de unos 4 x 7 cm, de oro macizo enmarcada junto a un diploma alusivo al primer premio, conjunto este que por 20 años estuvo colgado en la cara interna de la puerta de la oficina de turno de Lacoste en IBM, pues era sentir unánime que sólo a él le correspondía. Esto no obstante, Lacoste olvidó llevárselo cuando a principios de 1983 dejó IBM.

Y creo que fue a partir de esa feria cuando Lacoste salió del área de hardware y pasó de lleno a la de software y programación, en la que estaba en 1970, como gerente de analistas de sistemas, cuando yo lo conocí rodeado ya de la fama de genio que entre la proeza aquí narrada y la del Paquete Online para Bancos había ganado más que merecidamente.

Cuando Fernando Lacoste dejó IBM de Venezuela, materializando lo que para mí fue una enorme pérdida para esta compañía, no se llevó el cuadro con la medalla y el diploma, pero sí la satisfacción de haber logrado, solo y mondo, lo que en 1962 fue una increíble proeza en la informática del momento, proeza que él valora por encima de la más conocida e internacional del Paquete Online para Bancos.

Aunque para mí ese paquete fue una obra titánica, no me queda sino respetar el sentir de Lacoste y, como homenaje personal, hacer pública aquí su gran logro con la RAMAC — logro que él considera su opera prima—, ya que muchos que le deben sus más o menos exitosas carreras en IBM, y gran parte del dinero que en esa compañía ganaron, no se molestan siquiera en averiguar qué es de la vida del genial técnico, destacado ser humano y excelente amigo que ha sido Fernando Lacoste, quien vive retirado en Aventura (Florida, USA) con serios problemas de salud.

A partir de 1987, en mi oficina de IBM de Venezuela tuve enmarcada por años, al igual que Lacoste tuvo en la suya su bien merecida medalla, esta reflexión que siempre viene a mi mente cuando repaso lo mucho que Fernando Lacoste dio a IBM —en términos de imagen y de dinero—, lo mucho que dio a quienes con él trabajaron —o, mejor dicho, a quienes él enseñó a trabajar y formó como verdaderos analistas de sistemas— y lo mucho que dio a algunos de los vendedores que, como yo, nos beneficiamos de sus admirables logros.

Honor a quien honor merece.

[*Opino}– La libreta de un ganador del gordo pone en evidencia la carestía de las comisiones, sobre todo en cuentas escasas

El artículo que copio más abajo, y al que se refiere lo que voy a decir, es una prueba reciente de lo que comenté en ¿Por qué somos pobres los españoles?

Según ese artículo, cuando el cliente tiene mucho dinero, entonces los bancos o las cajas de ahorro (en adelante entidades financieras, o sólo entidades) no le cobran el “mantenimiento”.

¿Qué diablos es ese mantenimiento? ¿Limpiarle el polvo a la cuenta? ¿Hacer en ella las anotaciones de débitos y créditos? ¿Calcular los intereses?

Lo que quiera que la entidad deba hacer con las cuentas, ya sean corrientes o de ahorro, lo hacen las computadoras en un santiamén, tanto en casos de saldo de poco monto como en casos de saldos millonarios, y tanto con las cuentas de clientes “infieles” como con las de los “fidelizados”, así que lo de “mantenimiento” es un pretexto para justificar algo que la frase escrita y resaltada por mí en el artículo en cuestión (“Proporcional al desconocimiento que de las comisiones tienen los usuarios”), recuerda sospechosamente una popular definición de fraude: Aprovecharse de la ignorancia de otro para causarle un daño.

¿Libre competencia? ¿Por qué, entonces, no hay entidades que ofrezcan cero comisiones por “mantenimiento” y otras tareas que, por definición, tienen que hacer para llevar su negocio?

Se entiende que una entidad cobre por transferencias a otra, pues el SWIFT u otros medios no son gratuitos, pero no por transferencias o traspasos a otra cuenta dentro de la misma entidad, ni por recibos, justificantes o envío de correspondencia, que son obligaciones legales inherentes a la índole del negocio de esas entidades.

Si eso les cuesta algo, que lo saquen de los intereses que les cobran a los clientes a quienes prestan el dinero que los cuentacorrentistas y cuentaahorristas les depositan.

¡Cómo he recordado a Arturo Pérez Reverte!

Carlos M. Padrón

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24/12/2008

Lluís Sierra

Una prueba tan clara tenía que llamar la atención.

La libreta de ahorros de Silim Hamed, uno de los acertantes del gordo de la lotería que se vendió en la Rambla se ha convertido en pocas horas en gran argumento contra una práctica muy denostada en el país: las «malditas» comisiones bancarias que se aplican, quiérase o no, independientemente del saldo medio. Si hay excepciones, por aquello de conservar un buen cliente, las comisiones pueden desaparecer o menguar cuando la cuenta corriente o la libreta arroja saldos altos y solventes.

No es el caso del bengalí en paro que ganó 300.000 euros. El repaso de los apuntes antes del gordo es rápido. De enero a septiembre, dos abonos por un valor total de 70 euros, y un reintegro de 30 euros. Son 40 euros de saldo que se reduce a 17,8, a más de la mitad, en virtud de las comisiones. Éstas se han llevado casi 23 euros a base de 3 euros trimestrales (las habituales por mantenimiento), más 13,92 euros por otra comisión de gastos sin especificar.

Ese apunte de 13,92 euros es el pago por un servicio concreto. Un portavoz de Caixa Penedès se limitó a dar esta información, sin precisar más, dada la obligatoriedad de la entidad de ahorro a mantener la discreción sobre las operaciones de sus clientes. La Asociación de Consumidores en Acción (Facua) criticó ayer mismo la situación puesta en evidencia por la libreta de Ahmed señalando «la gran tajada» que se ha llevado la entidad, como «proporcional al desconocimiento» que de las comisiones tienen los usuarios.

No es cuestión de una caja; lo mismo ocurre en cualquier otra caja o en los bancos. Mantener una libreta cuesta tantos euros, y se cobran tantos euros, independientemente del saldo. Lo más corriente es que la comisión se sitúe cerca de los 12 euros anuales, aunque unas entidades lo cobran por trimestres.

Lo difícil es convencer al usuario de que el mantenimiento siempre cuesta lo mismo, y no es poco, aunque la libreta prácticamente ni se toque. Además, hay decenas de conceptos para aplicar comisiones: transferencias y traspasos, recibos y justificantes, envío de correspondencia, a bonos en otras entidades o plazas.

Pese a ser una tradición arraigada en el sistema bancario y de las cajas de ahorros, aquí y en otros países, a muchos les parece que las comisiones de mantenimiento («al fin y al cabo, por darles nuestro dinero») son injustas. En el caso de cuentas exiguas —que hay muchas entre inmigrantes, entre jubilados, entre jóvenes de salario mínimo— las comisiones aparecen como más lacerantes. Legalmente está claro: dentro de las reglas de libre competencia y la normativa legal, que es exhaustiva, cada entidad fija sus tarifas en un documento oficial, público, que se traslada al Banco de España y cualquier cliente puede consultar, incluso por Internet, en las webs oficiales de todas las entidades.

Pero hay suspicacias. Fuentes de la Confederación Española de Cajas de Ahorro salieron al paso de cualquier sugerencia sobre que se apliquen diferentes criterios a la hora de cobrar comisiones según el cliente sea residente o no residente. La misma Caixa Penedès y otras consultadas, como La Caixa, mantienen igualdad de criterios para residentes y no residentes. Sería ilegal, por discriminatorio. Fuentes sindicales del sector aseguran que no tienen constancia de que tal discriminación se practique, ni de tapadillo.

Otra cosa, ya queda dicho, es el trato al buen cliente, al «cliente fidelizado» o al que se quiere fidelizar. Como al que acaba de ingresar 300.000 euros, Silim.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– España, un país de mentalidad funcionarial

Vuelvo a recordar cuánta razón tenía una empresa consultora que allá por el año 1994 realizó un estudio en varios países de Europa y recabó evidencias de que España era —y, según lo que sigue, continúa siendo— un funcionariato.

Fue ésa la primera vez que escuché tal palabra, y no la he olvidado porque cuando pregunté su significado, el consultor que exponía los resultados del mencionado estudio mostró las estadísticas que indicaban que en el área de las profesiones liberales, principalmente abogados y médicos, una gran mayoría de éstos no tenían vocación para lo que hacían, pero habían elegido esa profesión porque había sido la de su padre y, por tanto, y siguiendo la línea del menor esfuerzo —que es la de los funcionarios— ellos heredarían la cartera de clientes/pacientes de su progenitor y no tendrían que hacer mayor esfuerzo para sacar provecho económico de su profesión.

Entonces entendí por qué los responsables de mi estadía en España me advirtieron de que cuando yo o algún miembro de mi familia necesitáramos asistencia médica teníamos que acudir a una clínica en particular, y sólo a esa. De no hacerlo, me dijeron, no tendría yo derecho a reclamos.

En dicha clínica, de nombre extranjero, una buena parte del personal médico era extranjero también, o nacional formado en el extranjero.

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27.11.08

Fermín Elizari

(PD)-. La crisis de las hipotecas sub-prime está azotando todos los mercados financieros internacionales, llevando a la mayoría de economías a la recesión.

En España, esta situación se ha juntado con el estallido de la burbuja inmobiliaria. El dinero fácil del ladrillo acaparó la mayoría de inversiones, dejando sin fondos a multitud de emprendedores que buscan un apoyo a sus proyectos empresariales.

Ahora, cuando la sociedad paga los excesos de la política inmobiliaria de los últimos quince años, unas dosis de creatividad no vendrían mal para darle la vuelta a la tortilla.

Pero, a pesar de sus aptitudes artísticas, la española no es una sociedad propensa a la innovación, tal y como han comentado esta mañana varios directivos de Microsoft en el VII Foro Tecnología y Sociedad, que se celebra estos días junto al Centro de Innovación de la compañía en Manresa.

Según ha analizado Santiago Lorente, Director del Área de Sociedad de la Información de la firma de Redmond, en España hay una serie de factores socioculturales que impiden que florezca la innovación en el sector tecnológico, como la desconexión Universidad-empresa, la falta de especialización de las empresas, o el miedo al fracaso.

Así, ha detallado que mientras en Estados Unidos «se ve como un activo el haber fracasado en un proyecto», en España sucede todo lo contrario, lo que corta las alas a los futuros emprendedores.

Toda una serie de circunstancias que llevan a que un país cargado de creatividad, según ha señalado Lorente, se convierta en una sociedad de «mentalidad funcionarial». Ante lo que es necesario un cambio no sólo político, sino académico, social y cultural.

Fuente: Periodista Digital

[Opino}– La nostalgia ayuda a superar la soledad

Carlos M. Padrón

Lo dicho en el artículo que copio abajo tal vez explique por qué no me preocupa gran cosa el estar solo; de hecho, lo disfruto. De los Cáncer se dice que miramos mucho al pasado, o sea, que somos nostálgicos.

Y por eso no deja de asombrarme, y causarme temor, el pánico que mucha gente tiene a estar sola; es simplemente algo que, según dicen, no pueden soportar, y de ahí que muchos hombres decidan buscar pareja apenas se divorcian, desoyendo así el sabio consejo de no hacer eso hasta que no pase el tiempo requerido para internalizar —o elaborate, como se dice en inglés— su nueva situación, o sea, para aceptarla.

Las consecuencias de tal apresuramiento suelen ser catastróficas para el hombre, aunque no suelen serlo tanto para la mujer con quien éste establezca esa extemporánea relación, mujer que —generalmente, también divorciada— en los más de los casos ya ha internalizado esa condición y está lista para la caza de un compañero.

Tal vez tenga razón Carlos Dossi al decir que “La soledad se rehúye mucho porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”, lo cual me hace recordar que durante mis primeros 18 años de vida, vividos todos en El Paso, escuché muchas veces la expresión “Quien solo se desea, que solo se vea”, siempre dicha con ira, y siempre dicha por mujeres refiriéndose a hombres solterones. Curioso, ¿verdad?

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20/11/2008

Psicólogos de la Universidad de Southampton y de la Universidad china de Sun Yat-Sen han descubierto que la nostalgia puede ayudar a combatir los efectos de la soledad en personas con diferentes formas de vida, desde escolares hasta trabajadores o estudiantes de universidad.

En cuatro estudios realizados, los psicólogos comprobaron que la gente solitaria puede usar los recuerdos nostálgicos de tiempos más felices de su vida para gestionar sus propios sentimientos. El resultado de evocar dichos recuerdos nostálgicos es que con ellos se aumentan las percepciones de apoyo social y se recuperan los sentimientos de conexión con el entorno.

La soledad está relacionada con la percepción de la ausencia de redes de apoyo social, como amigos cercanos o familiares. Esta emoción se soluciona fácilmente buscando compañía en esas redes, pero para las personas solitarias no es tan sencillo, porque no saben formar nuevas redes o expandir las existentes por la pérdida de habilidades sociales o por miedo a dar el paso.

Según los investigadores, el estudio ha demostrado que la nostalgia es un recurso psicológico que protege y fomenta la salud mental, fortalece los sentimientos de conexión social y pertenencia, y repara parcialmente las repercusiones dañinas de la soledad. Los científicos sugieren que la nostalgia sería por tanto un potente mecanismo de superación en situaciones de aislamiento social y personal.

Fuente: Tendencias 21

[Opino}– ‘¿Por qué somos pobres los españoles?’

Carlos M. Padrón

A pesar de que soy totalmente alérgico a los impuestos —y diga lo que diga el Papa, sólo los aceptaría como obligación si naciera yo de nuevo y me lavaran el cerebro desde edad de pecho— de todo lo dicho en el artículo que copio abajo, que parece ciencia ficción pero no lo es, lo que más me llamó la atención —y me alteró el humor cuando viví en Madrid— es lo del pago a los Bancos de comisiones POR TODO, las operaciones evidentes y las que no lo son tanto.

Tal vez sea porque por casi 30 años mi trabajo en IBM fue con Bancos y sé bien cómo operan en casi todos los países, pero eso de que yo deposite mi dinero en un Banco para, supuestamente, tenerlo en lugar seguro y asequible, y que —y esto no supuestamente, sino al 100% de seguridad— el banco haga negocio con ese mi dinero prestándolo a interés, y no sólo no me pague nada de interés a mí, o me pague una miseria, y encima quiera cobrarme por “hacerme el favor” de guardarlo, me pareció un robo descarado; algo basado en un sistema ideado para explotar a los ciudadanos, y apoyado por el gobierno.

Es de cajón que si para tener disponible mi dinero lo deposito en manos de alguien a sabiendas de que ese alguien va a hacer negocio con él, soy yo el que debe recibir pago de “alguien”, y no yo quien tenga que pagarle a “alguien” por ese depósito.

Porque quieren que les depositen dinero es por lo que los Bancos lanzan campañas publicitarias, y por eso es el Banco el que debe estar agradecido —y mostrar en metálico ese agradecimiento— de que yo le deposité mi dinero; no al revés.

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A un amigo que vive en la Florida (EE.UU.) le envié un e-mail con esta pregunta: ¿Por qué somos pobres los españoles? Y ésta fue su respuesta:

Hola. ¡Cómo se ve que los árboles no le dejan ver el bosque! ¿Cómo pueden los españoles llamarse pobres cuando son capaces de pagar por un litro de gasolina más del triple de lo que pago yo, y se dan el lujo de pagar tarifas de electricidad, de teléfono y celular un 80% más caras de lo que me cuestan a mí?

¿Cómo pueden llamarse pobres cuando por servicios bancarios y tarjetas de crédito pagan el triple de las comisiones que aquí se pagan, o cuando por un auto que a mí me cuesta 2.000 dólares, ustedes pueden pagar el equivalente a 20.000 dólares? El por qué ustedes sí pueden darse el gusto de regalarle $18,000 dólares al gobierno y nosotros no, es algo que ¡NO ENTIENDO!

Nosotros, los habitantes de Florida, somos pobres. Por eso el Gobierno Estatal, teniendo en cuenta nuestra precaria situación financiera, nos cobra sólo el 2% de IVA (hay otro 4% que es Federal; total = 6%), y no el 16%, como a ustedes los ricos que viven en España.

Además, son ustedes los que tienen ‘Impuestos de Lujo’ —como los impuestos por gasolina y gas, por alcohol, cigarros, cigarrillos, cerveza, vinos, etc. que alcanza hasta el 320% del valor original, y otros como impuesto sobre las utilidades y sueldos, impuesto sobre automóviles nuevos, impuesto a los bienes personales, impuesto a los bienes de las empresas, e impuesto por uso del automóvil. ¡Y dichoso el que todavía se da el lujo de pagar un 16% de IVA por estos impuestos, además de todos los tramites y pagos nacionales y municipales!

Si ustedes no fueran ricos, ¿qué sentido tendría que les pusieran unos impuestos de ese calibre? ¿POBRES? ¿de dónde? Un país que como España es capaz de cobrar —y por adelantado, mediante anticipos— el IMPUESTO A LAS GANANCIAS Y A LOS BIENES PERSONALES, necesariamente tiene que nadar en la abundancia, porque considera que los negocios de la nación y de todos sus habitantes siempre tendrán ganancias a pesar de saqueos y asaltos, mordidas, terremotos, sequía, invierno, corrupción, saqueo fiscal e inundaciones y, por supuesto, que es seguro que todos deben de ganar muchísimo.

Los pobres somos nosotros, los que vivimos en USA y que NO pagamos Impuesto sobre la Renta si ganamos menos de $3,000 al mes por persona (más o menos 2.300 €). En España, en cambio, pagan seguridad privada en bancos, urbanizaciones, municipales, etc. mientras que nosotros nos conformamos con la pública. Ustedes hasta envían a sus hijos a colegios privados, y mire si seremos pobres aquí en EE.UU. que las escuelas públicas nos prestan los libros de estudio previendo que no tengamos con qué comprarlos.

Supongo que, como todo rico, usted tiene un auto y está pagando un 8 ó 10% anual de seguro; si le sirve de información, yo pago sólo $345 dólares por año. Y, como a ustedes les sobra el dinero, sí pueden efectuar pagos anuales en concepto de eso que ustedes llaman IMPUESTO DE CIRCULACIÓN, mientras que acá nosotros no podemos darnos esos lujos y pagamos $15 dólares anuales por el STICKER, sin importar qué modelo de auto se maneje; pero, claro, eso es para gente de recursos.

Vamos, que usted se quedó en ESPAÑA porque es RICO. Son los pobres como yo los que nos vinimos a probar suerte a otros lados.

Bueno, le mando un abrazo, y luego me cuenta cómo les va con el nuevo presupuesto; lo que sí es seguro es que les aumentaran más los impuestos. Pero no se preocupen que la inflación se los va a diluir. Pero bueno, eso es lo de menos cuando se tiene el dinero para pagarlos. Y tengan por seguro que en el próximo discurso le van a dar un tremendo aplauso a su presidente.

Además, eso es lo que hay que pagar por vivir en la 8ª potencia mundial, el mejor lugar del mundo y tercero donde la gente se siente más feliz del planeta.

Un saludo:

Su pobre amigo inmigrante.

Fuente: Harto. Visto en el blog de Jesús Salamanca

[*Opino}– El lujo tendrá que esperar… o no hay mal que por bien no venga

No hay ningún momento que sea bueno para hacer ostentación, en especial si es de ostentación de lujos que, por definición, son algo superfluo y producto de la vanidad; algo especialmente pensado por provocar envidia. ¿Es que los ricos no pueden vivir sin lujos? Claro que sí, pero si lo exhiben es para provocar envidia, para declararse superiores a quienes no tienen lo que ellos sí pueden tener.

¿En qué contribuyen a mejorar los valores humanos los productos de Ralph Lauren, Coach, Gucci o Louis Vuitton? En nada. El mundo sería un lugar mejor si ellos, u otros de igual tipo, no existieran, de ahí que no me da pena alguna que pasen apuros.

El argumento de que crean puestos de trabajo no me sirve, pues también los crea la industria de las drogas (cocaína, heroína, etc.) y no se la apoya porque lo que hace es perjudicial para la sociedad.

Esa “gente de clase media-alta que se dejaba medio sueldo en una tienda de ropa”, tampoco me da pena: que se vistan con la ropa que se consigue en las tiendas por departamentos, ropa que cumple tan bien como la de lujo con el cometido de cubrir las desnudeces y proteger de los elementos naturales. Como tampoco me dan penas las tiendas, en especial las “boutiques” —hasta el nombre me cae mal— que se ven amenazadas de cierre si esa gente no puede seguir comprándoles. Como en el caso anterior, el mundo sería un lugar mejor sin ellos, que sólo sirven para alimentar la vanidad.

¿Qué clase de preocupación tiene por el dinero una mujer “que prefiere alquilar por un mes, a 150 euros, un bolso de moda de 1.500 euros”? ¿Es acaso un bolso un artículo de primera necesidad? No, por supuesto que no; y menos si es de lujo o, mejor dicho, si es una blasfemia social, como lo es cuando hay alguien que paga por él 1.500 euros,… mientras hay millones de seres humanos que para comer cada día necesitan apenas un euro y no lo tienen.

Éstas son las aberrantes injusticias sociales que abren la puerta a movimientos políticos que terminan haciendo pagar al justo por el pecador, pero es que son de tal calibre que claman al Cielo.

Siempre sentí simpatía por los nórdicos —y las nórdicas son para mí clase aparte— por su laboriosidad y su sentido de lo simple y lo práctico. Si además rechazan el lujo, ahora les tengo abierta admiración.

Por la crisis pagaremos todos en mayor o menor medida, pero en casos como los arriba mencionados cabe decir que no hay mal que por bien no venga.

Carlos M. Padrón

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28/11/2008

Elisa Silió

La era de la ostentación ha terminado. La crisis afecta a los productos más suntuosos y obliga a esconder el exhibicionismo de los más ricos.

«Por descontado que la moda es un capricho efímero y egoísta, pero en una era tan sombría como la nuestra, el lujo debería ser defendido palmo a palmo», declaraba en 1957 a Time Magazine el diseñador Christian Dior. Un titular que hoy, con la que está cayendo en la economía mundial, no sería bien recibido.

La desvergüenza con la que se han comportado quienes han hundido las bolsas —tras asegurarse una más que sustanciosa indemnización, los llamados paracaídas de oro (golden parachute)— ha causado un gran revuelo público.

Escandaliza que Stanley O’Neal, presidente de la ruinosa Merrill Lynch, cargase a las cuentas de la empresa 357.000 dólares en 2007 en gastos de avión y auto para uso particular, antes de abandonar este octubre el barco con 161 millones de dólares más en su abultada cartera. O que los máximos directivos de AIG celebrasen en un lujoso hotel de California el rescate del Tesoro estadounidense con una sesión de tratamientos y masajes de 400.000 euros a costa de los contribuyentes. Por no hablar de las críticas que despertaron los ejecutivos de General Motors, Ford y Chrysler, al borde de la bancarrota, que acudieran a la reunión en el Capitolio a solicitar ayudas en avión privado, en vez de en líneas comerciales.

A una fábrica con riesgos de quebrar, el dueño no puede llegar con el último Maserati. No es momento de hacer ostentación cuando millones tienen que hacer grandes esfuerzos para llegar a fin de mes. Por eso se encadenan los gestos. El modisto Marc Jacobs, acostumbrado a dar una fiesta por todo lo alto todos los años para 800 personas en el Rockefeller Center, ha cancelado la de 2008 «por el clima financiero». O en Barcelona, al benéfico baile Gala Austria —180 euros el cubierto— las mujeres, más discretas, optaron por no lucir sus mejores joyas. No procede.

Los ricos de siempre consumen el lujo con prudencia, conscientes de que resulta políticamente incorrecto; a las fortunas surgidas al albor del ladrillo o la especulación bursátil, hace meses que no les cuadran las cuentas y no compran impulsivamente, y la clase media-alta, que se permitía algún caprichito, hoy opta por ahorrar algo. Así en Occidente y Japón el lujo extremo parece ser el único que no se tambalea.

Este año el consumo de lujo subirá un 3% —frente al 9% en 2006 y del 6,5% en 2007— y entrará en recesión en 2009, según el séptimo Estudio de Mercado de Bienes de Lujo, realizado por la Bain & Company. El próximo año las ventas globales de estos bienes descenderán un 7% a un tipo de cambio constante, y del 2% a un tipo de cambio corriente. Entre las marcas más afectadas estarán Ralph Lauren y Coach, mientras que Gucci o Louis Vuitton se mantendrán estables, según el informe.

Hace un año, el mercado del lujo en España experimentaba un crecimiento de entre el 15% y el 20%. Atraídas por los cantos de sirena, muchas grandes firmas —Tiffany, Marc Jacobs u Óscar de la Renta, en Madrid y Bulgari o Hermés en Barcelona— planearon inaugurar sucursal en el país. Su apertura coincide hoy con el cataclismo de las bolsas en el mundo, y reina el desconcierto. «Los planes de abrir una tienda se hacen con cinco años, se alquila con tiempo el local y se adquieren compromisos.

No se puede retrasar», explica Susana Campuzano, directora del Programa Superior de Gestión de Empresas del Lujo del IE Business School. «Estudios internacionales señalan que en España nos gusta el lujo —no como los nórdicos, que lo rechazan—, pero nos parece que es para otros. No ha habido cultura del perfume o de invertir en cremas», continúa.

Pero sin duda el sector más zarandeado está siendo el automovilístico. De enero a mayo se vendieron alrededor de un 30% menos de Porches o Lexus, y ningún Lamborghini, frente a los cinco del mismo periodo de 2007, según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones. Mientras que la presentación mundial de nuevos modelos de Volvo o Chrysler se está aplazando, la flota de autos de lujo de segunda mano no deja de crecer. Los dueños de los todoterrenos —muchos en manos de reyes del cemento— tienen dificultades para afrontar su elevado consumo de gasolina o pagar su seguro a todo riesgo. «Los gastos mensuales de un auto de lujo son entre un 20% y un 30% mayores que los de uno de gama media», contabiliza el director general de Auto Scout24, Gerardo Cabañas.

«Había gente de clase media-alta que se dejaba medio sueldo en mi tienda de ropa. Ahora hay días que no entran más de cinco personas. De seguir así, y tal y como están los alquileres en los barrios de lujo, tendremos que cerrar», cuenta el dueño de una boutique de Madrid que vende varias marcas exclusivas.

Sin embargo, en paralelo han salido al mercado nacional varias revistas sofisticadas (Robb Report, Per se, Revista GP Millonaire o Special Class BCN), se ha constituido el primer holding de empresas de lujo —el grupo AB Diseño y Moda— y una iniciativa de capital riesgo a la medida del mundo de la moda española, Brand Capital Made in Spain.

«Cuando en los viejos tiempos las marcas de artículos de lujo eran empresas de propiedad privada, a los propietarios les preocupaba obtener beneficios, pero el objetivo principal de la casa era poder producir los mejores artículos posibles», recuerda la corresponsal del Newsweek Dana Thomas, en su libro “Deluxe. Cuando el lujo perdió su esplendor” (Ediciones Urano, 2008). «Hoy se coleccionan como cromos, se exhiben como objetos de arte y son blandidos como iconos. Se ha desviado el foco de lo que es el producto a lo que representa».

«Las marcas más internacionales y diversificadas serán las más resistentes», apunta Claudia D’Arpizio, autora del estudio de Bain & Company. Japón (12% del mercado) ya ha entrado en recesión y perderá este año un 7% de las ventas; Europa (38% del mercado) avanza un 5% en 2008 por el empuje de los países del Este, y EE UU se ha estancado, como tras el 11-S, por el alto valor del euro y las sub-prime. La previsible alza del dólar y el yen favorecería al mercado de esos países en 2009.

«Es imposible predecir lo que pasará», dice Pedro Nueno, profesor del IESE. «Rusia y China pueden compensar las pérdidas en los otros mercados. Los dos se están abriendo a unos ritmos brutales y tienen una sociedad tremendamente marquista». Sufrirán, dice, «las empresas muy locales, no las casas de moda con muchas licencias. Y aquellas marcas que aún no son conocidas en los países emergentes y que quieran establecerse».

«El lujo crece todo lo que quiera sirviéndose de la imagen, pero cuando viene una crisis le zarandea en lo que no le corresponde. Por eso en Hermés, o la alta relojería suiza, que tienen cola porque hay más demanda que oferta, no notan la crisis», razona Campuzano, también directora de la empresa Luxury Advice. «El 50% de los compradores son lo que se llama excursionistas —consumen entre uno y tres productos al año— y esos desaparecen en momentos como éste».

En tiempos revueltos hay también quien, desconfiado de los bancos, sostiene que hay que vaciar las cuentas y despilfarrar. «Muchos decepcionados con sus asesores financieros, que han visto desaparecer parte de sus fondos han decidido gastar más que nunca», declaró Klaas Simon Obma, uno de los responsables de la exitosa Feria para Millonarios de Munich, que visitaron el pasado octubre 20.000 personas.

Más exclusivo fue en mayo (antes del desplome) el primer Luxury Market celebrado en España, con el castillo de Peralada como escenario, al que acudieron 40 expositores y 1.800 clientes. «No queremos hacer un show, sino un evento exclusivo, y hemos cumplido las expectativas. Hasta se ha vendido maquinaria de gimnasio en oro. De hecho, vamos a crecer. Al rico de siempre no le afecta la crisis, e incluso se está reactivando dinero que estaba en los bancos», asegura Juan Maiz, socio de la feria. En Iberjoya, por el contrario, los expositores reconocieron haber abaratado costes al incluir menos piedras y gemas de menor tamaño.

«Si se percibe un riesgo social, físico o económico siempre afecta al consumo. No sé si es una estrategia de mercadotecnia o una realidad cuando las marcas dicen que no se resienten la crisis», dice María Justina March, profesora de Psico-sociología del Consumo en la Universidad de Elche. «Hace 50 años, en España la gente luchaba por sobrevivir; hoy se orienta al deseo. Si uno no puede ya comprarse el bolso caro, se compra la imitación», dice su colega de la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid, Ana Martínez.

La empresa Look and Stop alquila hoy un 38% más de bolsos exclusivos que en enero, y han bajado en algo las ventas. Además, hace seis meses puso en marcha la compra de estos accesorios a sus clientas y está siendo un éxito. «No es un quiero y no puedo. Son mujeres que están preocupadas por el dinero y que prefieren alquilar por un mes, a 150 euros, un bolso de moda de 1.500 euros. Saben que se van a cansar». El alquiler de joyas también ha subido, como el depósito de alhajas de Caja España, que ha aumentado un 17% en 2008.

Los que nunca empeñarán sus joyas son los clientes de la catalana Alberta La Grup. «Son gente con casas por medio mundo a los que ha afectado la crisis en bolsa, pero no a su forma de vida», cuenta Lourdes Carbó. Su agencia organiza a estas familias la mudanza, los regalos de navidad o la búsqueda de un mayordomo por unos honorarios que van de los 1.200 a los 3.500 euros mensuales. Carbó sólo recuerda como excepcional que unos padres han pedido unos regalos menos espectaculares para su hijo por su cumpleaños, con el propósito de que sea consciente de la crisis. «Lo que ha bajado en un 20% o un 30% son los servicios a empresas. Si se recortan presupuestos lo notamos todos», añade.

El alquiler de aviones privados también está a la baja. Si se ajustan dietas a los empleados, la directiva debe dar ejemplo y viajar en vuelos comerciales. Por eso en Taxijet, compañía más barata y menos lujosa, que empezará a operar en marzo, están sorprendidos de la respuesta positiva. En las limusinas se da la tendencia contraria, aunque se contratan por menos tiempo.

El modisto Tom Ford augura malos tiempos: «Aquí en Occidente estamos acabados, nuestro momento llegó y pasó… Es el inicio del renacimiento de culturas que históricamente han adorado el lujo y no han podido mantenerlo por mucho tiempo». Es cuestión de confianza. Una ejecutiva de Hong Kong es capaz de gastar casi todo el sueldo en un bolso, convencida de que no le van a faltar oportunidades. ¿Quién lo haría en Nueva York o Madrid?

Fuente: El País