[*Opino}– Españoles en el mundo… atrapados en el norte

Carlos M. Padrón

La tragedia que describe el artículo que copio más abajo me hace recordar los sentimientos que me inspiran los programas de TV «Españoles en el mundo » y «Destino España», que pocas veces he visto; las más de ellas por acompañar a mi mujer que, por supuesto, no ve tales programas en la forma en que yo los veo.

En primer lugar, desconfío de todos los reportajes de TV porque sé que son preparados con antelación, y luego editados según ciertos intereses o fines; o sea, que son manipulados desde el principio hasta el fin y, por tanto, carecen de la espontaneidad que pretenden aparentar.

Y en lo que concierne a estos dos, seguro estoy de que los casos son seleccionados con lupa.

Y en segundo lugar porque, conociendo como conozco el sentir de los españoles que están en España, el programa «Destino España» me parece un canto a la hipocresía.

En cuanto al otro, el llamado «Españoles en el mundo» me hizo mucha gracia un caso que considero excepcional: la respuesta que un español que lleva años viviendo en Costa Rica dio a los reportes de TVE cuando éstos le preguntaron sí él querría regresar a España.

Ni corto ni perezoso el tipo soltó un espontáneo, sonoro e incrédulo «¿¡Quéeeeee!?» que tuvo la virtud de hacerme reír a placer.

Volviendo al caso que nos ocupa, que es el artículo que sigue, vuelve a ponerse de relieve el hándicap que tienen los españoles que no saben ni papa de inglés, lo cual se debe, en gran parte, a que, al menos desde los tiempos del franquismo, su gobierno insiste en doblar cuanto material de cine o televisivo saca a consumo público.

No entiendo por qué los gobiernos de izquierda que España ha tenido últimamente —gobiernos a los que, como a todos los de su signo, les encanta cambiar todo— no han eliminado esta norma «franquista» a pesar de que, al menos el último, arremetió con saña contra todo lo que oliera a Franco.

La explicación que me parece más probable es que el doblaje representa un jugoso negocio para intereses económicos muy poderosos.

La frase de que los españoles que buscando trabajo llegan ahora a Noruega «se sienten observados con recelo por los compatriotas que ya estaban allí» hace inevitable que uno recuerde lo de que la envidia es el deporte nacional de España.

Cuando viví en Madrid escuché, contado como algo muy gracioso, que un periodista preguntó una vez a Lola Flores que si ella hablaba inglés, y Lola respondió: «Josú, ¡que ni Dios lo quiera!».

Me pregunto si esos españoles que ahora las están pasando canutas por no hablar inglés seguirán riendo esa «gracia» de la Flores.

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11 Feb 2012

Españoles en el mundo,… atrapados en el norte

«Hace tiempo que se me habían acabado todas las ayudas. Mis padres, ya mayores, llevaban varios meses pagando los 540 euros de mi hipoteca. No me salía nada, las expectativas eran muy malas. Recuerdo que estaba en un bar que tenía al fondo la tele puesta. Echaban ‘Españoles en el mundo’. Salía un hombre que vivía al norte de Noruega, decía que ganaba 4.000 euros. Se le veía contento al tío. De pronto se tiró al agua de un salto… Y me dije: Paco, allí te tienes que ir».

Francisco Zamora, de 44 años, de Alcantarilla (Murcia), es un tipo tranquilo. Lleva una bufanda con triple vuelta al cuello para esquivar el frío punzante. Tiene un graduado de electrónica, experiencia en la construcción y en fábricas, llegó a ganar 3.000 euros al mes. Pero hace tres años que todo eso quedó atrás.

Como él, cientos de españoles que llevan meses en el paro han emigrado de una España en crisis y han puesto rumbo a uno de los países más ricos del mundo; la elección no podía fallar. Pero, una vez allí, el mito se les ha quebrado. Sin calificación o idiomas, les cierran las puertas.

Las autoridades no quieren saber nada de ellos. Algunos se han gastado sus ahorros y malviven, durmiendo incluso en la calle. «¿Sabes lo que es buscar en la basura?», pregunta un catalán que nació en democracia y para quien la palabra emigrar era cosa del pasado.

El pasado agosto, Paco pidió de nuevo dinero prestado a sus padres y compró un billete, sólo de ida, a Bergen. Era la primera vez que salía de España. Llevaba 225 euros en el bolsillo.

«Aterricé a las ocho de la tarde. Mi plan era pasar la primera noche en el aeropuerto, pero tenía tantas ganas de ver la ciudad que me subí al autobús. Cuando llegué, estaba anocheciendo y hacía un frío que te mueres. Toda la ropa que llevaba me la puse encima, y dormí en la calle como pude. Me echaba en una marquesina, andaba, me metía en un portal…».

Paco pasó la primera semana dando vueltas por una de las ciudades más pintorescas del mundo. El mar, la montaña, coloridas casas de madera… «Llevé un macuto pequeño que cabía en las taquillas de la estación de tren. Pagaba cinco coronas (0,75 euros) por usar el baño, y allí me aseaba. Un día me crucé con otro español que me habló de un albergue al que podía ir de día a por comida y a entrar en calor».

La Fundación Robin Hood ocupa dos plantas de una casa de madera del centro de Bergen. Está al lado de un McDonald donde una hamburguesa BigMac cuesta 6,50 euros (frente a 3,80 en España).

El albergue se inauguró en 2003 «con la idea de dar cobijo a las familias noruegas con menos recursos que no pueden pagar cuatro euros por un café en un bar», explica Wenche Berg Husebo, la mujer con rasgos de hobbit que preside esta fundación privada (que se financia con 270.000 euros de origen público). El nombre se eligió pensando en los niños que tuvieran que frecuentarlo.

Es miércoles por la mañana, y en Robin Hood el idioma que domina es el español. Entre 60 y 100 personas pasan por allí a diario. Y la mitad de ellos, dice Marcos Amano, su director, son españoles.

La entrada no está bien señalizada para no poner en evidencia a sus usuarios. Hay todo tipo de tés, galletas y fruta pelada. También computadores y ropa. En una esquina cogen polvo varias cajas llenas de latas de mostaza de vinagre de Módena que les ha regalado una tienda gourmet.

«Antes     venían     noruegos,     polacos, alguna familia de refugiados políticos… pero en marzo empezaron a llegar españoles. Desde ese mes han venido 250. Al principio eran hombres de todas las edades, después llegaron treintañeras solteras. Y luego, padres de familia, algunos con sus hijos. La mayoría no consiguen trabajo porque no hablan ni noruego ni inglés»,

explica Husebo.

Paco tardó varios días en dar con Robin Hood; no encontraba la entrada. Allí conoció a Mauricio, un ecuatoriano que imparte clases gratuitas de noruego y que ha sido el salvavidas de más de un español. A Paco consiguió colarlo en la lavandería de un hotel.

Durante tres meses, el murciano durmió allí escondido. Entraba de noche, se ponía el despertador a las siete para salir antes de que llegaran los empleados. «Una mañana me quedé dormido y me descubrió una empleada. Pero no dijo nada, se portó bien», cuenta.

Noruega, con su petróleo, su (hoy más que nunca) envidiable Estado del Bienestar, sus políticas de conciliación y, sobre todo, con sus elevados salarios y bajísimo desempleo (3% de tasa de paro), ha visto llegar en los últimos meses un nuevo perfil de emigrante que ha abandonado España empujado por el paro prolongado y por la progresiva merma de los salarios. Los periódicos noruegos los han bautizado «los refugiados laborales del euro».

Jesús Tierno, un catalán de 60 años que lleva cerca de un año en Bergen, lo resume con tino: «Españoles por aquí ha habido siempre. Estudiantes en verano, el clásico aventurero, gente que echaba la temporada, ahorraba sus buenos dineros y vivía de eso el resto del año. Pero en los últimos meses han empezado a llegar los desesperados. Gente de entre 30 y 55 años que necesita un trabajo de verdad».

El propio Jesús abandonó España siguiendo a su mujer, que decidió emigrar cuando el sueldo medio al que podía aspirar se redujo «de entre 1.300 y 1.000 euros a 800. Y con eso no nos daba».

El grueso de los ingresos del hogar (tienen una hija de nueve años) los aporta ella limpiando habitaciones de hotel. Jesús colabora con «un desahogo» reciclando botellas de plástico que encuentra en la basura. Por cada una que mete en una máquina obtiene una corona (0,13 euros).

Para ver a estos españoles sólo hay que sentarse en uno de los cómodos sofás de Robin Hood y esperar. Entonces aparece por allí canturreando José Andrés, de 47 años, enjuto, de ojos claros y acento andaluz. Nació en Francia, hijo de inmigrantes españoles, y era un niño cuando la familia regresó a España.

José Andrés se pasea por Bergen con un gorro de lana calado hasta el cuello. Lleva un año y siete meses dando tumbos por Noruega. Es albañil. «Pero aquí la construcción es de madera, y nosotros somos del bloque, del ladrillo, la teja…».

Hace unos meses se vino a Bergen tras pasarlas canutas en Oslo. «Una noche que hacía 10 grados bajo cero nos metimos en un hospital, yo y un sevillano de 55 años. No podíamos más del frío. ¡Y nos querían echar! Que de aquí no me voy, hombre, que me muero fuera, les decía».

En Bergen tampoco ha tenido suerte: «Desde Navidad no pego palo al agua. Económicamente estoy en las últimas. Este mes ya no me alcanza para la habitación».

¿Y qué va a hacer? «Pues una manta,… y a la calle a dormir. ¡Qué voy a hacer!».

Pasa un rato. Llega Manolo, de 45 años y de Petrer (Alicante), que habla sin parar. Manolo ha hecho de todo en la vida: la vendimia en Francia, ha sido camarero, albañil. «Soy un todoterreno. Lo mismo te hago un iglú que te cambio el cuarto de baño entero».

No le gustan los currículos («lo mío es el cara a cara»), pero ha transigido y se ha hecho uno en noruego. Se pasa el día pateando Bergen con su mochila al hombro, a la búsqueda de algo.

Hace dos años hizo un curso de instalador de gas, condición necesaria para cobrar el paro. «Me salió un curro, pero al mes cancelaron la obra y nos echaron. Después me ofrecieron una cosilla en Albacete, pero me dije: ¿y si vuelve a parar al mes? Mejor me marcho. Estaba ya harto de España. A ver si en Noruega veo las cosas en color y no en blanco y negro, pensé. Y aquí llevo desde diciembre. Si el día 25 no me ha salido nada, tiro para el norte… Me habían avisado de que la cosa estaba jodida, pero tenía que verlo por mí mismo». Se queda pensativo. «Yo lo que soy es gilipollas», musita.

Entonces entra Emilio (nombre ficticio), catalán de 35 años. La semana pasada regresó triunfante a Robin Hood tras encontrar trabajo «de lo suyo» (una profesión ligada a la construcción, que pide no se mencione) en otra ciudad noruega.

Reparte consejos y abrazos a los demás, pero se pone tenso ante la presencia de los periodistas. Su mirada, que ora rehúye ora desafía la del interlocutor, transmite muchas cosas. Zozobra y también resentimiento.

Llegó a Bergen en mayo con 3.000 euros encima. «Fue como una inversión». Tenía sus esperanzas puestas en el mercado del pescado, bien pagado y uno de los puntos más turísticos de la puerta de los fiordos (como se conoce a Bergen). «Yo me imaginaba un mercado grande, con camiones saliendo, y cuando llego y me encuentro con cuatro puestos…». A Emilio, que tiene en España una hipoteca de 900 euros que le oprime, se le cayó «el alma a los pies». «Se pasa fatal. ¿Sabes lo que es buscar en la basura?», dispara cortante. Emilio no está dispuesto a que se frivolice con su historia.

La prosperidad noruega, y también los programas de «Españoles en el mundo» —muchos los nombran cuando se les pregunta el porqué de la elección del país; sus tres últimas entregas dedicadas al país han tenido entre 3,5 millones y 2,8 millones de espectadores— han ejercido de canto de sirena para un número creciente de españoles (en la Embajada española, el número de españoles inscritos ha pasado de 358 en 2010 a 513 en 2011, aunque muchos no se registran).

Pero una vez en el país se han topado con una infranqueable barrera formada por tres elementos: el frío polar, el idioma y unos precios desorbitados (alquilar una habitación cuesta 600 euros; un brick de leche, dos euros).

Aunque Noruega ha rechazado formar parte de la Unión Europea, sí firmó el Acuerdo de Schengen, lo que da libertad de entrada a los ciudadanos de la UE. Sin embargo, el país carece de infraestructura pública de apoyo a quienes recalan por allí sin nada.

«El Gobierno no les ofrece alojamiento, dinero o ayudas. Eso queda en manos de Cáritas, Cruz Roja o el Ejército de Salvación», explica Bernt Gulbrandsen, de Caritas Oslo.

«Hemos percibido un aumento del flujo de inmigrantes sin preparación. Carecen de redes sociales y familiares aquí, que es la mejor forma de encontrar trabajo, y se les acaba el dinero pronto».

Gulbrandsen no está alarmado: «Si la cifra sigue creciendo, no llegará a ser un problema, pero sí un desafío para las ONG, y el Estado tendrá que aumentarnos la subvención. El Ejército de Salvación hace una semana nos dijo que estaba desbordado».

Los medios de información locales no han tardado en recoger historias de estos nuevos inmigrantes. En un país con apenas cinco millones de habitantes, la noticia ha tenido su impacto.

En Bergen (260.000 habitantes), una ciudad próspera donde apenas hay vagabundos (una española que lleva allí años, sólo recuerda haber visto dos, «el sueco comunista» o «el loco de la bici»), periódicos y cadenas les han dedicado varios reportajes.

«Huyeron de la crisis en España, pero la vida en Bergen no es como habían imaginado», dice un titular. O también: «Muchos refugiados del euro viven en la pobreza en Bergen», «La búsqueda de trabajo se convirtió en una pesadilla».

Especial impacto causó el caso de Gonzalo, un madrileño de 34 años, grandullón y posiblemente con una depresión, que llegó a Bergen a principios de diciembre.

Al mes se le acabó el dinero y pasó tres noches en la calle. La imagen de Gonzalo sosteniendo una taza de té con las manos hinchadas hasta lo grotesco fue portada de un periódico. Lo que los noruegos no saben es que Gonzalo llegó tras dejar atrás a su mujer y sus dos hijos.

Llevaba tiempo en el paro, y hace unos meses sus padres le abrieron una panadería en su pueblo. Pero, por algún motivo, a principios de diciembre Gonzalo intentó empezar de cero bien lejos. Dejó las claves de sus tarjetas del Banco y una nota en la que pedía que no le buscaran, se iba a buscar trabajo.

El día en que posó para el periódico noruego estaba en las últimas. Pasó aquella noche en casa de Mauricio, de Robin Hood, que se apiadó de su estado. A la mañana siguiente apenas podía levantarse, y el ecuatoriano llamó a una ambulancia. Gonzalo fue hospitalizado con síntomas de congelación.

Estuvo ingresado doce días. Su familia le pagó un billete de vuelta a Madrid hace ahora dos semanas. Las tres últimas noches en Bergen las pasó en casa de una pareja de jubilados que leyeron su caso en la prensa.

«Nunca había visto una situación tan angustiosa en Noruega», dice Astrid Dalehaug Norheim, una de las periodistas que ha cubierto este asunto en el periódico Vårt Land. «Me recuerda a una visita que hice a Moscú durante la crisis de finales de los noventa, cuando los rusos de las zonas rurales empezaron a emigrar a las ciudades buscando trabajo, pero acabaron arruinados en albergues».

El testimonio de Tuna, una de las empleadas de la Cruz Roja de Bergen, muestra cómo están viviendo el caso algunos noruegos:

«Antes venían por aquí, sobre todo polacos, pero de pronto han empezado a llegar españoles. No tienen comida ni trabajo, y piden ayuda; da miedo. Noruega está muy cerca de España, que es nuestro país de vacaciones. Para los refugiados políticos sí tenemos ayudas, pero no para quienes vienen de forma voluntaria. Los que trabajamos en esto no estábamos preparados».

Juan Criales, de 57 años, abandonó Bolivia hace 30 años huyendo de la dictadura de García Meza. Lleva desde entonces en Noruega. «Este país acoge muy bien a los refugiados políticos; entramos con sus mismos derechos, pero el trato a los inmigrantes es muy distinto».

Criales trabaja en una de las oficinas de empleo de Bergen, donde la semana pasada 75 españoles intentaron buscar trabajo. Los que no hablan inglés procuran coger turno de forma que les atienda Criales.

«Entre septiembre y noviembre fue cuando más vinieron, unos tres o cuatro españoles al día», explica. «La mayoría tienen entre 25 y 40 años y no disponen de estudios elevados. Están preparados en la construcción o en hostelería, pero no hablan idiomas. Es difícil».

Hablar noruego es una de las puertas para conseguir un empleo, y aprenderlo se convierte en una obsesión. Pero los cursos son caros (unos 500 euros). Cruz Roja da clases gratuitas, pero sólo oferta 50 plazas (la lista de espera es larga). También ellos han notado un aumento de solicitantes españoles.

«Antes no venían, y ahora son la tercera nacionalidad, tras polacos y rumanos. Para nosotros no son población prioritaria. Ayudamos a quien más lo necesita, no a los que han emigrado de forma voluntaria, y algunos tienen bastante nivel de estudios», dice Rita, una portavoz.

Camilo González, chileno, de 46 años, es uno de los afortunados que han conseguido plaza. Como miles de inmigrantes que rehicieron sus vidas en España, ha tenido que volver a emigrar. Llevaba 12 años en Cataluña, trabajaba para Grúas Torres. Lo cuenta nervioso, enlaza una idea con otra. ¿Cómo te encuentras? La pregunta le desarma y brotan las lágrimas. «Me fui de Chile en el año 2000 por una recesión. Y me encuentro de nuevo con la misma piedra».

«¿Cuántos de los españoles que hay aquí ahora habrán criticado en su momento la inmigración en España?», no puede reprimir un latinoamericano que comparte ahora penurias con ellos. Él llegó a Bergen hace unas semanas, con su mujer y sus cuatro hijos (españoles que hablan con acento español). Viven los seis en una habitación.

También ha acabado en Bergen un joven de origen árabe (pide que se especifique el país) que llegó a España a los tres años, y al que todos llaman «el malagueño» (y en cuanto abre la boca entiendes por qué). O un subsahariano que llevaba 15 en Valencia..

Jueves 2 de febrero. 12.45. Unas 20 personas esperan el reparto de comida en la iglesia Korskirken, en el centro de Bergen. Nieva. Algunos llevan media hora en la calle y empiezan a notar cómo se adormecen las puntas de los dedos de los pies.

En el reparto hoy hay un poco de todo: plátanos, queso, e incluso paquetes con sushi. Comida, a punto de caducar, de tiendas y restaurantes. «Nos vamos a quedar tontos de comer comida caducada», bromea un español… «¿Algún programa de televisión español ha animado a la gente a venir a Noruega?», pregunta curiosa Norum Noremark, coordinara del reparto.

Algunos de los españoles recién llegados a Noruega tienen sentimientos encontrados respecto a su situación.

Se sienten observados con recelo por los compatriotas que ya estaban allí, pero ellos mismos ven problemático que lleguen más. «Si no saben noruego, mejor que no vengan», dice Susana, una camarera alicantina de 37 años que minutos más tarde cuenta exasperada que otra española le aconsejó que se volviera a España por no hablar noruego. «O sea, que tú si puedes y yo no, le dije».

Susana llegó en noviembre junto a su amiga Sissy, ecuatoriana, compañera de trabajo en un bar de Alicante cuyo dueño dejó de pagarles. Juntaron 4.000 euros y se compraron sendos billetes de avión.

En Bergen comparten habitación (cuesta 780 euros) y penurias. El primer empleo lo echaron a cara o cruz; había trabajo para una sola. Ahora limpian por 18 euros la hora donde les manda una empresa que les ha hecho un contrato de seis meses por tres horas al día, más sustituciones. Insuficiente para mantenerse, pero sienten que han dado el primer gran paso. «Hemos tenido suerte», repiten.

Los empleos que encuentran los españoles sin titulación son, sobre todo, de lavaplatos y limpiando, casi siempre por medio de ETT. Los sindicatos están alertados de que a algunos les hacen trabajar más horas de las que figuran en su contrato. «Me pagan tres, pero me dan tarea para cuatro o cinco horas», dice un español que no quiere ser identificado. «Dicen que el problema lo tengo yo, que soy lento».

Después de varios meses dando tumbos («salticos», dice él), Paco ha conseguido trabajo, aunque no tiene contrato. Le pagan por horas, unas cuatro al día: limpia de madrugada el McDonald y otros negocios. Ha alquilado una habitación a cuatro kilómetros del centro, y va siempre a pie para ahorrarse el transporte.

Gana lo justo para mandar algo a casa y devolver a sus padres la ayuda, el alquiler y tabaco. «Llevo aquí cinco meses, pero tengo la sensación de llevar años», dice, aunque acto seguido te sorprende con un «pero no quiero dar una imagen demasiado positiva. A mí me ha ido bien, pero otros españoles que han venido este invierno lo han pasado fatal y se han tenido que volver».

Los españoles que llegan a Noruega disponen de seis meses para encontrar trabajo. Si pasado ese tiempo no lo encuentran, pueden permanecer, pero sólo si tienen dinero suficiente para mantenerse, una cantidad que la ley cifra en 2.200 euros mensuales. En caso contrario, pasan a ser ilegales.

A pesar de la norma, las autoridades noruegas no buscan a los inmigrantes sin recursos, más bien lo contrario. Marcos Amano, director de Robin Hood, cuenta que ha acompañado a comisaría al menos a seis españoles que se quedaron sin dinero y se entregaron pidiendo ser deportados. Si lo han conseguido o no, las autoridades guardan el misterio. Solo informan de que «unas cuantas personas, menos de diez, lo han solicitado».

El asunto de los refugiados laborales ha abierto un debate en Noruega. El periodista Sjur Holsen escribía en Bergens Tidende, uno de los periódicos con mayor tirada, esta reflexión: «A los españoles se les puede culpar de ingenuos al venir con la esperanza de encontrar un trabajo sin conocer el idioma. Y sí, hay personas en el mundo que sufren más que ellos, pero la suya también es una forma de necesidad y tenemos que afrontarlo. Si los españoles que viven en la calle consiguen hacernos reflexionar sobre si somos parte de Europa y si la solidaridad es una moneda de uso en la eurozona, se habrá conseguido algo importante».

En enero, sin embargo, la ministra de Trabajo, Hanne Bjurstrom, fue tajante: los inmigrantes europeos que no encuentren trabajo deben marcharse; Noruega no puede atenderlos. La responsable de políticas sociales, vivienda y desarrollo local de Bergen, Lisbeth Iversen, se muestra preocupada por el asunto. Tras una charla en la que menciona los derechos humanos o los suburbios de chabolas de México DF, uno comprende que su duda se reduce a una: ¿debe o no debe Noruega facilitar alojamiento y comida a los españoles que acepten retornar a su país?

Jueves 2 de febrero. Unas 500 personas de veinte nacionalidades asisten a la Feria Internacional de Carreras, que se celebra en un hotel del centro de Bergen. La mayoría de los aspirantes disponen de licenciatura o máster. Paco, José Andrés, Manolo, el malagueño y otros españoles también se presentan con fotocopias de sus currículos.

Trude Drevland, la alcaldesa de Bergen, inaugura el evento. Lleva el pelo cardado y luce un grueso collar con el nombre de su ciudad.

«Entiendo que desde vuestros problemas en España esto parezca el paraíso terrenal, pero no es tan fácil. Aquí las cosas están reguladas, no estamos obligados a dar ayudas a los españoles. Me da pena verles pasándolo mal en mi preciosa Bergen, pero las cosas hay que prepararlas. No se alcanza el cielo en un día», dice más tarde.

Marit Warncke, directora de la Cámara de Comercio e Industria, organizadora del evento, es tajante: «No podemos hacer nada por los españoles sin formación que no hablan ni inglés ni noruego. Es trágico que se gasten sus ahorros en un viaje sin esperanza».

Tras la inauguración, los aspirantes desfilan por los stands de las empresas petroleras, firmas de energías renovables, tecnológicas… Los españoles miran desorientados a su alrededor. José Andrés es el primero en desaparecer. Manolo se despide con un «esto no es lo mío». Paco le da sus currículos al malagueño: «Toma, mete uno mío debajo cuando des los tuyos». El malagueño se acerca al primer stand. El entrevistador sonríe: «¿Hablas noruego?».

Fuente: El País

Cortesía de Antonio Pedro Dorta Martín

[*Opino}– Steve Jobs, según el FBI

13-02-12

Carlos M. Padrón

El artículo que copio más abajo me da nuevos motivos para reafirmarme en mi antipatía hacia ese personaje, pues aumenta lo que de él dije en Al menos en algo acerté con Steve Jobs, y en el post con éste relacionado.

No deja de llamar mi atención, y causarme repulsión, que en un país como USA, en el que prácticamente se linchó a Clinton por su relación con La Lewinsky —asunto que, en mi opinión, era sólo y estrictamente de la incumbencia de la Lewinsky, de Clinton, de su mujer, Hillary, y de los hijos de ambos— se diga ahora que Jobs,

  • Con su novia adolescente tuvo una hija a la que no pasaba pensión
  • Era capaz de distorsionar la realidad para conseguir sus objetivos
  • Tenía cualidades para una posición de alto nivel político, para la cual no son requisitos ni la honestidad ni la integridad.

… y aún así se le venere más allá de su capacidad de innovación.

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10/02/2012

María Ramírez

Un hombre brillante y, según algunos, poco de fiar.

Steve Jobs era un líder tozudo, se obsesionaba con el trabajo, bebía sólo un poco de vino, probó las drogas en los años 70, viajó a la Unión Soviética, nunca estuvo afiliado al partido comunista, y pagaba por ser socio de un gimnasio de Nueva York al que nunca iba.

Eso decía de él el FBI en 1991.

El Departamento de Justicia ha publicado este jueves su expediente secreto, encargado por el presidente George H.W. Bush antes de nombrar a Jobs consejero en un comité sobre comercio internacional.

La publicación es práctica habitual después de la muerte del sujeto.

Los agentes entrevistaron a colegas, amigos y enemigos, para retratar al fundador de Apple y rebuscar si algo en su pasado podía «avergonzar» al presidente.

Su conclusión es que Jobs ya había reconocido públicamente casi todos los detalles más comprometidos de su pasado, como la hija que tuvo con su novia adolescente, y a la que no pasaba pensión, y el uso de LSD y otras drogas en los ’60s y ’70s.

Bush no debió ver nada preocupante, porque nombró a Jobs, que también participó en su expediente.

Un hombre poco de fiar

El FBI retrata a un hombre brillante y, según algunos, poco de fiar.

«Varios individuos cuestionaron la sinceridad de Jobs diciendo que le daría la vuelta a la verdad y distorsionaría la realidad para conseguir sus objetivos«, dice el informe, que incluye algunos párrafos aún clasificados con ejemplos de las mentiras del gurú.

Un antiguo amigo asegura que es «un individuo muy complejo», y su moralidad siempre está bajo sospecha. Su «ambición», según este ex colega, acabó enfrentándole a sus compañeros de Apple.

La mayoría de los entrevistados le recomiendan, en cualquier caso, para cualquier cargo. Uno dice que tiene «cualidades para una posición de alto nivel político» y que «la honestidad e integridad no son requisitos para el puesto«.

Y la mayoría también alaban su éxito y su talento como visionario ya entonces, después de ser despedido en Apple, y una década antes de que revolucionara el mercado en su segunda etapa en la empresa con el iPod.

El expediente se detiene también en las habituales conexiones políticas que en 1991 aún preocupaban a la Administración Bush.

Señala que Jobs viajaba mucho, y cita a Japón y la Unión Soviética, aunque, según los agentes, nunca le contactaron espías de ningún país. No había sido miembro del partido comunista, ni tenía especial interés por sus ideas.

Una vida ‘monacal’

El informe describe la vida de Jobs como «monacal» y asegura que el aspirante tenía más dinero del que podría gastar en su vida.

Sus gustos eran muy contenidos, igual que su estilo de vida entonces. «Sólo bebe un poco de vino, y no utiliza ningún tipo de droga ilegal», dicen las fuentes del FBI.

En varias páginas de las 191 publicadas, el FBI se queja de las largas que dio Jobs.

Los agentes pidieron entrevistarse con él en varias ocasiones para el expediente que él sabía estaban redactando, y el despacho del empresario estuvo casi un mes sin ni siquiera devolver las llamadas.

No quiso ni hablar por teléfono con los agentes durante tres semanas porque, según su secretaria, estaba demasiado ocupado.

Fuente: El Mundo

[*Opino}– ‘Guía de lenguaje no sexista’, otro aporte más a la estupidez humana

09-02-12

Carlos M. Padrón

Ante tanta estupidez ya uno no sabe si quienes pretenden que nuestro idioma español se use como se cuenta en el artículo que sigue, lo hacen por ignorancia, por acomplejamiento o sólo por llamar la atención, algo que, por cierto, suele gustar mucho a los ignorantes.

Como si la retórica fuera siempre una virtud, de hacer caso a lo que predica el tal artículo aumentarían casi al doble la cantidad de palaras de un discurso o escrito, ignorando así un principio de simple economía en el lenguaje.

Pero mientras haya instituciones que den dinero para estas pendejadas, habrá pendejos —y uso este término con alcance masculino y femenino— que sigan escribiendo pendejas como la de la tal Guía.

Artículos relacionados,

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2012-02-06

Amando de Miguel

El lenguaje superferolítico

Oscar Pardo me obsequia con un documento «muy idiota» que le han hecho llorar: «Guía de lenguaje no sexista», publicada por la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia).

Se supone que lo ha escrito algún experto en la materia. Por eso hay que ser un poco exigentes con este bodrio del ludibrio del manubrio.

Intuyo que el título original, más correcto, era «Guía del lenguaje no sexista», pero el autor o autora entendió que el lenguaje es palabra masculina y por eso le quitó el artículo. Con ello quizá pretendía lo que se cita en la introducción: «la visibilización de la mujer». Eso equivale a una renovación del léxico para que las mujeres no se sientan menospreciadas.

La reforma principal es la supresión del masculino genérico. Es decir, los profesores y las profesoras, los funcionarios y las funcionarias, y los alumnos y las alumnas, no deben emplear masculinos genéricos.

Por ejemplo, digo yo, ya no podrán decir «los españoles», tendrán que pasar a «las españolas y los españoles». Supongo que eso será así en los libros y artículos que escriban, y en las clases que impartan las profesoras y los profesores. Porque otra norma no es sólo que haya que reduplicar el masculino y el femenino sino que, a poder ser, el femenino debe ir delante para contrarrestar siglos de oscurantismo.

La Guía imprime una frase como ésta: «Existe una Orden… en la que se insta a reflejar en los títulos académicos el sexo de quiénes (sic) los obtienen». ¿No se debería haber puesto «el sexo de quienes (sin tilde) las o los obtienen»?

Otra atrevida innovación de esta Guía es que el masculino genérico plural debe ser sustituido por un abstracto. Por ejemplo, ya no se podrá decir «los empresarios». En todo caso, debe decirse «las empresarias y los empresarios» y, mejor todavía, «el empresariado».

Pero la autora o el autor parecen ignorar que no es lo mismo un masculino genérico plural que un abstracto. Una cosa es los notarios, y otra el notariado; no es lo mismo los proletarios que el proletariado, los funcionarios que el funcionariado.

A veces hay que retorcer el lenguaje con el recurso del circunloquio, así, la Guía dice que, en lugar de «los becarios», hay que decir «quienes sean titulares de las becas». Imagino que ya no se podrá decir «los parados»; en su lugar debe ir «quienes son receptores o receptoras de los subsidios del desempleo».

Lo malo es que todas estas sinsorgadas se hacen con dinero público y pretenden conseguir con ellas la igualdad para las mujeres; bueno, el mujerío.

Me parece un desprecio a la mujer lo que se demuestra con este tipo de patochadas. Lo que esconden es una patética ignorancia, precisamente en una institución universitaria.

Por eso mismo la Guía pretende ser un texto científico y se adorna de una autorizada bibliografía. En ella se incluyen solo estas cuatro fuentes de autoridad sobre el lenguaje: el Gobierno del Principado de Asturias, el Instituto Andaluz de la Mujer, el Ayuntamiento de Avilés y el Ayuntamiento de Nerja.

Hay que suponer que en las cuatro instituciones los políticos y las políticas que mandaban a la sazón eran del Partido o de la Partida Socialista.

Me pregunta don Óscar que cuál es mi reacción ante la desgraciada Guía, si me hace reír o llorar. Me solivianta, me enardece, me subleva.

Fuente: Libertad Digital

[*Opino}– Directivos y empleados interceptados,…. y ‘monitorizados’

Carlos M. Padrón

Escrito en el artículos titulado Todo lo que los servicios secretos espían en internet publicado en ABC (España) el 03/01/2012:

El reciente cierre de la web de intercambio de archivos Megaupload fue posible, en gran medida, gracias a la ingente cantidad de correos electrónicos y conversaciones personales entre los directivos y empleados de la empresa interceptados por el FBI.

Según esto, el FBI interceptó a los directivos y empleados de la empresa.

Pero como en realidad lo interceptado fueron los correos electrónicos y conversaciones personales cruzados entre tales directivos, me temo que lo que debieron escribir pero no escribieron es, p.ej.,

El reciente cierre de la web de intercambio de archivos Megaupload fue posible, en gran medida, gracias a que el FBI interceptó una ingente cantidad de correos electrónicos y conversaciones personales entre los directivos y empleados de la empresa.

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En ese mismo artículo se usa varias veces el verbo monitorizar, término con el no estoy de acuerdo, por lo que ya he comentado en algún post y por lo que resumo ahora, y que cambio cuando lo encuentro en algún artículo que ponga yo en este blog.

El sufijo «-izar» sirve para formar verbos derivados de nombres o adjetivos, significando convertir en o comunicar: pulverizar, colonizar, realizar,

Por tanto, si colonizo, doy a algo la condición de colonia (introduzco un cambio en ese algo); si pulverizo, dejo algo hecho polvo (introduzco un cambio en ese algo), etc.

Como se ve, la condición clave es que se cambie o se convierta el objeto al que se aplica el verbo.

Pero si monitorizo no convierto ni cambio nada; simplemente vigilo, superviso, hago seguimiento a algo sin alterarlo. Es como si rastreara o supervisara ese algo.

Por tanto, me apego al uso del verbo monitorear aunque tal palabra, que es la que para el caso se usa más en Hispanoamérica, no aparezca aún en el DRAE.

[*Opino}– Uso de singular o plural en caso de cantidades

Carlos M. Padrón

Titular en El Mundo (España) del 30/01/12:

El 70% de las argentinas cree que es fea.

¿Quién ES fea? A juzgar por esa frase, y como ‘ES’ es singular y 70% de las mujeres —ya lo dice el sustantivo mujereS— son varias mujeres, ese ‘fea’ se refiere a una sola persona.

Por esto, en estos casos me inclino a usar el plural, pues, como ya se ha señalado varias veces y me he hecho eco en este blog, el 70% de algo, o hasta el 1%, lo componen muchas unidades —en este caso, personas— y, por tanto, como se trata de un plural, creo que lo que debieron escribir es,

El 70% de las argentinas creen que son feas.

[*Opino}– España. Un jurado con faltas de ortografía

Carlos M. Padrón

Lo que cuenta el artículo que copio más abajo, en el que se detallan los ‘horrores’ de todo tipo cometidos contra el español escrito en el resumen de lo ocurrido en un juicio celebrado en España, es algo para ponerse a temblar, pues hay que deducir que no lo escribió alguien ajeno al juicio porque, de ser así, otro alguien tendría que habérselo dictado verbalmente, lo cual no tiene sentido.

Por tanto,

  • Si es obra de un escribano, hay que culpar a quien le dio ese trabajo sin antes validar su capacidad para desempeñarlo, y hay que culpar a quien delegó en el escribano esa delicada tarea.
  • Si lo escribió un miembro del jurado, ¿qué nivel de preparación social podría tener para emitir un veredicto justo?
  • Si lo escribió el propio juez, ya es para preguntarse lo mismo pero acerca de quienes en España conforman el cuerpo judicial.

Para que no pase inadvertida ninguna de las «joyas» que contiene el texto, las he resalto en rojo.

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27/01/2012

Marisol Hernández

El «Acta de Votación del Jurado» del juicio de Camps no superaría un examen de ortografía de la ESO.

Ya en la primera frase el texto avisa de que «el jurado, a deliberado», y eso es sólo el aperitivo de 16 folios plagados de faltas de concordancia, mala puntuación, palabras con errores, y ausencia de acentos.

Dos frases ayudan a evaluar el nivel de redacción del autor del acta que declaró a Camps y Costa no culpables.

 

Al referirse a los elementos de convicción, se afirma que «los supuestos regalos no han quedado demostrados que se les hallan pagado a los acusados, mediante el informe pericial que tambien afirma esta conclusion».

Más adelante, el texto defiende que Costa «no recibio prenda alguna en consideración a su cargo, basandonos en las declaraciones de los funcionarios de conselleria en la cual, todos coinciden que no tenian influencia alguna en materia de contratación».

El texto insiste en no colocar acentos allí donde corresponde. No aparecen ni en palabras agudas («ningun», «segun»,…), ni en monosílabos («mas», «si que hemos tenido en cuenta»), ni en palabras esdrújulas.

El error se repite incluso en nombres y apellidos como «Jordan» o «Jose Tomas».

De los errores en la escritura de palabras, el más repetido es el que tiene que ver con la confusión de la letra ‘b’ por la ‘v’. Se inventan así palabras como «faborable» o «tubiera», y surgen los «tikets».

El autor del acta consiente en retirar la mayúscula de palabras que deben utilizarla, como sucede al referirse a la «fiscalia» (sin acento), la «generalitat», o el nombre de una de las tiendas mencionadas en todo el proceso, que pasa a ser «forever young».

En cambio, se escribe «Donde» dentro de un paréntesis en mitad de una frase.

La redacción es reiterativa, y parece apresurada («no tienia»). Por eso son tan habituales las faltas de concordancia.

Según el jurado, «nos basamos en las contradicciones de las dencaraciones de D. Jose Tomas […] que entran en contradiccion por lo tanto, al haber duda, aplicamos la condicion más favorable tal y como estable la ley, para los acusados».

Más adelante, el texto dice que los informes de los peritos «coinciden en que no se pueden relacionar al 100% que la documentación acredita los pagos».

Y en su última página aclara que «no han ocurrido incidencias» en la deliberación.

Una de las cuestiones más llamativas es que muchos errores aparecen corregidos en el propio texto, lo que hace pensar en una revisión ortográfica de urgencia.

El jurado estaba compuesto por nueve personas, seis hombres (cuatro de ellos de menos de 35 años, y los otros dos en torno a los 45 años) y tres mujeres (dos en torno a los 50 años, y una de menos de 35 años).

Asistentes al juicio coincidieron en destacar que los dos hombres que superaban la cuarentena se singularizaron por prestar más atención a las defensas que a las acusaciones, y uno de ellos se habría convertido finalmente en el portavoz del jurado.

No es posible conocer quién redactó el acta.

Fuente: El Mundo

[*Opino}– Miami en 1959, antes del exilio

Carlos M. Padrón

Según algunos, Miami es ahora un paraíso en comparación a como era antes de 1959.

En mi opinión —y todo lo que sigue es mi opinión muy personal—, eso es discutible, pues creo que antes de 1959 estuvo Miami más cerca de ser un paraíso que después de que comenzó el exilio de que trata el PPS.

Y esa posibilidad «paradisiaca» se alejó tanto más cuanto más aumentó ese exilio,… a menos, claro, que una condición para ser paraíso sea la de tener mucha población, mucha construcción, mucho tráfico automotor y aéreo, y mucha actividad comercial, algo muy lejos de la condición tranquila, apacible, rodeada de naturaleza y casi bucólica, que siempre se ha asociado con un sitio paradisiaco.

Independientemente de que ese exilio haya sido de cubanos o de otros latinos, su llegada convirtió a Miami —a.k.a. Plastaforma*, que es como la llamo— en una ciudad que no parece que fuera parte de EE.UU, país que, con el cuento del melting pot, aflojó en demasía la mano, y una prueba de ello —vergonzosa, por cierto— es que en algunos locales comerciales se exhiba el letrero «We speak English».

Tal vez mi opinión esté influenciada porque al viajar a otro país me gusta encontrarme rodeado de naturales de él, y no me resulta agradable ir a una ciudad supuestamente de USA —país en que se habla inglés, y donde debería verse aflorar por todos lados la idiosincrasia y costumbres useñas—, para encontrarme rodeado de latinos e inmerso en un medio en que mayoritariamente se habla spanglish, y se han impuesto costumbres latinas en todos los órdenes sociales.

Prueba de que el melting pot no ha funcionado en este caso.

(*) Miami es un lugar liso que parece una plasta sobre el mar. Un lugar tan plano que en él no se consigue ni un solo montículo que sirva de referencia topográfica para uno orientarse.

Me parece una plataforma artificial colocada en órbita de algún cuerpo sideral, y destinada a que las naves hagan escala en ella antes de continuar viaje hacia un lugar o ciudad que sean reales.

A mí, que nací, me crié y he vivido siempre en lugares montañosos, esa planicie, desde la que ni siquiera en el horizonte se divisa aunque sea un pequeño promontorio,  me resulta asfixiante y casi antinatural.

[*Opino}– ¿Cuál es el misterio que para Stephen Hawking representan las mujeres?

06-01-12

Carlos M. Padrón

Aunque en el artículo publicado al respecto en la revista New Scientist no encontré más información que la que se da en el que copio más abajo, voy a permitirme el atrevimiento de suponer que si para Stephen Hawking, tal vez el más grande físico de nuestro tiempo, son las mujeres el gran misterio del universo, uno de los motivos es que,

  1. Las mujeres son el medio que la Naturaleza usa para perpetuar la especie
  2. Para ello, les dio el mayor de los instintos conocidos: el de la maternidad
  3. Pero también les dio el poder de razonar
  4. Las hembras de una gran mayoría de los animales que más conocemos también tienen ese instinto, que aplican al 100% mientras sus crías son pequeñas.
  5. Sin embargo, cuando ya las crías son mayores se desentienden de ellas en un acto a todas luces razonable aunque —o al menos eso se cree— tales animales no son capaces de razonar, pero sí de cumplir el mandato de la Naturaleza que les dice: ¡Déjalos!
  6. En cambio, la mujer, que sí puede razonar, sigue sujeta a ese instinto durante toda su vida como si fuera más animal que esos animales, e hiciera caso omiso de la misma Naturaleza que le dio su instinto maternal.

Me atrevo a suponer, por tanto. que una de las preguntas que debe haberse hecho Stephen Hawking es:

«¿Por qué las mujeres no son capaces de razonar su instinto maternal sino que siguen apegadas a sus crías, queriendo mantener con ellas el mayor contacto posible, cobijándolas y tratándolas como si fueran polluelos, aunque con ello creen una situación de dependencia que a nadie beneficia?».

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05-01-12

LONDRES (Reuters) – El gran misterio del universo que deja perplejo a uno de los científicos más conocidos del mundo son… las mujeres.

Cuando la revista New Scientist le preguntó al autor de «Breve historia del tiempo» en qué piensa más, el profesor de la Universidad de Cambridge, reputado por resolver algunas de las cuestiones más complejas de la Física moderna, respondió: «Las mujeres. Son un misterio al completo».

 

Con ocasión de las celebraciones de su 70 aniversario, Hawking, que está en silla de ruedas y se jubiló recientemente de un puesto que ocupó en el pasado Isaac Newton, habló con New Scientist sobre su mayor error científico y sus esperanzas para la ciencia moderna.

Hawking celebrará sus 70 años el domingo con un simposio público titulado «El estado del universo».

Fuente: Yahoo Noticias

[*Opino}– Las mujeres y la escogencia de pareja

03-01-12

Carlos M. Padrón

Creo que los resultados de la encuesta publicada en el artículo que copio más abajo, y lo que en él se dice acerca de cómo las mujeres españolas eligen pareja, puede hacerse extensivo, salvo algunas excepciones, a todas las mujeres, sean del país que fueren, a las que les esté permitido escoger pareja.

Haz memoria y cuenta cuántas mujeres conoces que se hayan casado con un hombre de estatus social o económico inferior al de ellas. El porcentaje será revelador.

Esta encuesta no dice nada nuevo; ya una previa anticipó algo así.

Lo que me extraña es que las gallegas sean más interesadas que las catalanas, aunque por poca diferencia. La explicación que se me ocurre es que las catalanas, sabedoras de la fama que en relación al dinero tiene su gentilicio, no fueron muy sinceras en sus respuestas.

La explicación a este proceder calculador e interesado, pero edulcorado con actitudes atrayentes que van desapareciendo una vez que termina la etapa de «caza», es que la mujer es un instrumento que usa la Naturaleza para perpetuar la especie humana.

Si mientras dure la etapa de «caza» el hombre muestra algún rasgo de conducta que no es del agrado de la mujer, ésta suele decir que ella logrará que él cambie, y la realidad demuestra que, a la larga, el hombre no cambia pero la mujer sí.

La mujer cambia porque, como ya he dicho en este blog, la domina el instinto maternal, lo que la lleva a, instintivamente —y valga la redundancia—, elegir pareja en la forma que el artículo describe; poner a esa pareja como prioridad mientras dure el noviazgo, o etapa de «caza»; bajarla a categoría de accesorio desde la celebración de la boda, si es que la hay; buscar luego que le dé un hijo; y cuando éste nazca, o cuando ella considere que ya tiene bien segura a su presa, bajarle aún más la prioridad hasta el nivel de provider (= proveedor), como tanto repiten las gringas, y así él, en calidad de padre, debe, además de lo que aquí se dice, ayudar a cuidar, alimentar, educar y proteger a las crías que, como la mujer considera que son suyas, se constituyen en su primera prioridad y, en los más de los casos —repito: puede haber excepciones—, lo siguen siendo mientras ella viva.

De ahí que los hombres seamos más románticos que las mujeres, y que el drogamor nos afecte más porque la Naturaleza nos ha puesto esas gríngolas para que no veamos a tiempo el hueco en el que caeremos una vez casados y padres —o atados por otros lazos—, y no nos percatemos de la cruda realidad de que, sin ser tratados precisamente como amantes, seremos usados como instrumentos de reproducción, cuidado y manutención de la mujer y de sus crías.

Lo que se recomienda es válido para ellas siempre que de la lista de familiares se saque a los hijos.

Cuando, como se escucha frecuentemente en boca de las mujeres, ellas consideran que un hombre es inmaduro, es, las más de las veces, porque éste no cumple con alguno de los roles arriba mencionados, porque celebra a otras mujeres, o porque no acepta de buen grado los caprichos, vacuidades  y frivolidades —léase «inmadureces»— de la suya.

Si yo llegara a saber que una madre no es bioanimal sino que aplica la razón, y ante la clara evidencia de que su hijo/a —a los que siempre ellas consideran «un buen muchacho» o «una niña ejemplar»— es delincuente, drogadicto/a o asesino/a, aceptara el castigo que por ello se le imponga, la aplaudiré y solicitaré un premio para esa demostración de auténtica liberación femenina, de triunfo de la razón sobre el instinto.

Pero para eso se necesita una mujer capaz de hacer lo que en Oda al Dos de Mayo escribió el poeta:

… / la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate y muere:
tu madre te vengará!”.

Pensar que las madres hagan algo así sólo se le ocurre a un poeta, un ser que, por definición, es un románico irredento.

Tal vez este mecanismo de manipulación y dependencia que rige la relación de la mayoría de las parejas sea la base del «Creced y multiplicaos», la fuerza que mueve al mundo.

Pero cuando trato de imaginarme cómo sería éste si las mujeres no tuvieran esa atadura hacia sus hijos, lo que vislumbro asusta.

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03/01/2012

A las españolas les importa más el dinero de su pareja que su atractivo

Ocho de cada diez españolas (81%) priman la posición económica de su compañero sentimental sobre el atractivo físico (19%), según una encuesta telefónica realizada entre 1.500 personas de toda España en el último trimestre del pasado año.

Esto sucede principalmente entre las mujeres mayores de 33 años (86% lo prefieren). Las más sensibles al estatus económico son las gallegas (90%) y las madrileñas (89%), y las que menos, relativamente, son las catalanas (73%) y las valencianas (75%).

De este sondeo, realizado por la empresa Procter&Gamble, se desprende que cerca del 20% de las encuestadas que deciden ser madres empieza a mirar a su pareja de manera distinta.

Incluso una de cada 10 reconocen que cambió de compañero sentimental porque el suyo «no daba el perfil de padre». Y es que lo que las mujeres españolas buscan en un hombre es posición económica (81%), pasión (57%) y compromiso con sus hijos (68%), por encima del atractivo físico (19%) o de que se implique en las tareas domésticas (32%).

Junto a ello, persiguen un «buen esposo y buen padre», por este orden (57% y 43%, respectivamente).

Prefieren además alguien divertido (54%) y con una personalidad conciliadora (56%), por encima de una persona seria y cumplidora (45%) o que no se quedaría en el paro (44%).

La mitad de las entrevistadas (47%) considera que la descripción del padre ideal coincidiría mucho con la que hubieran hecho sus madres.

Las que menos similitudes tienen con el criterio de sus madres son las mujeres mediterráneas, catalanas y valencianas, mientras que son las andaluzas las féminas cuyas preferencias coinciden en mayor medida con la generación precedente.

Este «retrato» está presente en la mente de la mayoría de los hombres. El 77% es consciente de la importancia que dan ellas a la posición económica, también saben que deben poner el acento en la pasión (68%) y en ocuparse de los hijos, aunque en este punto piensan que en la misma medida que implicarse en el hogar.

Con esta idea en su mente, casi la mitad de los hombres reconocen haber utilizado para ligar el recurso de intentar dar imagen de «padre ideal».

Y las mujeres lo creen así, 2 de cada 3 féminas han vivido alguna situación en la que su pareja ha utilizado esta estrategia para conquistarlas.

Fuente: ABC