[Opino}— La ridiculez del lenguaje inclusivo / Lola Sampedro

20-04-2021

Carlos M. Padrón

El muy bueno pero bochornoso artículo que copio abajo me ha hecho pensar que hay que carecer del sentido del ridículo y ser idiota, además de resentido social, para hablar así… ¡y en público!

Da miedo imaginar la cantidad de idiotas que en España hay que votan a alguien así, y los carentes de respeto al ciudadano español que entregaron a esta bípedo —y a muchos otros—, el cargo donde está.

Todo se entenderá mejor viendo este vídeo de la “insigne” cajera de supermercado, Irene Montero, ministra de Igualdad.

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20/04/2021

Lola Sampedro

La ridiculez del lenguaje inclusivo

«La lengua así de retorcida sólo merece mi atención cuando se limita a una broma, cuando se reduce a un chascarrillo, a una sátira de la situación surrealista en la que nos quieren meter a todos (perdón, a todes)»

Soy incapaz de tomarme en serio a alguien que diga ‘todes’ o ‘amigues’. El uso del morfema ‘-e’ me ruboriza tanto como cuando un adolescente me dice «menuda movida, troncos (perdón, tronques)». Lo llaman lenguaje inclusivo cuando no es más que un esfuerzo absurdo por infantilizar la lengua.

La insistencia por evitar el masculino genérico me provoca sopor. La comunicación radica también en la economía del lenguaje, además de en su uso apropiado. Hacerlo farragoso de forma gratuita consigue justo lo contrario a lo pretendido. En el caso de la escritura, logra que el lector pase en diagonal por esos párrafos. Cuando es hablado, el oyente pondrá el piloto automático mental y no se enterará de nada de lo que le están diciendo. No será tanto un problema de falta de atención, sino de un mal uso del lenguaje que entorpece, hasta casi anular, la comunicación.

Leo en este diario la publicación de un libro de Geografía e Historia para Andalucía en el que se convierte el manual en un texto gratuitamente pesado y de lectura insoportable:

«En 1492 se instó a todos los judíos y judías a convertirse al cristianismo o a abandonar el reino. Los nuevos cristianos y cristianas recibieron el nombre de conversos y conversas (…) Tras la conquista de Granada, se garantizó a los musulmanes y musulmanas la práctica de su religión».

Parece un chiste. Leo esas líneas y me imagino a Eugenio diciéndolas con sorna sentado en su taburete mienras se fuma un pitillo. La lengua retorcida así sólo merece mi atención cuando se limita a una broma, cuando se reduce a un chascarrillo, a una sátira de la situación surrealista en la que nos quieren meter a todos (perdón, a todes).

Como madre, tengo una frase recurrente desde que mis hijos eran muy pequeños: «Habla con propiedad». He sido y soy vigilante en su conjugación de los verbos, en la utilización ajustada de los adjetivos… También en que no sean vagos a la hora de expresarse, en que busquen los matices correctos en su vocabulario. Cuando tenemos una discusión, no me valen los monosílabos ni el silencio, les pido que se reivindiquen con el lenguaje, ¡defiéndete con las palabras!

Esas dos frases («Habla con propiedad» y «Defiéndete con las palabras») han germinado tanto en ellos que ahora, cuando ya son adolescentes, me sirven de mi propia medicina. No se conforman con un «porque lo dice mamá, y punto». Me lo merezco, por pesada.

Sin embargo, creo que esa precisión en el lenguaje, esa reivindicación en el discurso, nunca debe pasar por su infantilización. Si yo le pregunto a mi hija con qué amigos y amigas ha jugado hoy en el patio, lo único que consigo es ridiculizarla a ella, dar por sentado que su comprensión es limitada. La estaría tomando por tonta, cuando la verdad es que, aunque siempre le pregunto con el masculino genérico, ella me responde que en el recreo ha estado con Margarita y Juan.

Leído lo del libro de texto de Andalucía, mi única esperanza es que ellos, nuestros hijos (¿nuestros hijes?), sean más sensatos que nosotros. Y si un día les digo «vamos todes de excursión», espero que me respondan: «Mamá, por favor, háblame con propiedad».

Fuente

[Opino}— Mensajes alarmistas y sin fundamento

19-04-2021

Caros M. Padrón

Por WhatsApp he recibido este mensaje:

«Van a publicar una imagen que promete mostrar cómo el Covid-19 se cura en México. Te va a llegar con el nombre “México lo hizo”. No lo abras porque contiene un virus que en 5 segundos quedará instalado en tu teléfono. Lo dijeron ya en CNN y BBC. Pasa esto a tus familiares y amigos».

Estos absurdos mensajes, que son bulos, siguen proliferando porque hay personas que les dan crédito y los distribuyen de buena fe, pero, como bulos que son, lo que dicen es falso, como son falsos casi todos los que piden que se reenvíen y, además de posiblemente peligrosos, son hasta ridículos porque anticipan un daño que alguien quiere hacer intencionadamente, algo tan absurdo como si un terrorista pusiera a circular un mensaje que dijera “No vayan al centro comercial Vaina Clara porque allí puse un artefacto explosivo”. Si lo puso para matar gente, ¿tiene sentido que lo anuncie?

Lo que aconsejo a familiares y amigos es que no reenvíen estos mensajes, sino que los borren de inmediato, pues si los reenvían estarán haciendo lo que, sabrá Dios con qué intenciones, quiere conseguir quien los puso a circular: que se los difunda. Y si les llegara un mensaje sospechoso, el mismo tratamiento: eliminarlo y no reenviarlo.

[Opino}— Forenses de las palabras / Arturo Pérez-Reverte

17-04-2021

Carlos M. Padrón

Totalmente de acuerdo con lo dicho por Pérez-Reverte en el artículo cuyo título (también enlace) y subtítulo copio abajo.

En la Gramática Española de Miranda Podadera estaba todo lo que, cuando estudié bachillerato, debía uno saber sobre esa materia, y esos conocimientos me han servido muy bien desde entonces.

Es más, en la escuela me enseñaron que CH y LL eran letras del abecedario. Se hablaba de acento, no de tilde. La letra R se llamaba ere, y a las dos eres se les llamaba erre, de ahí que hoy me chirría en los oídos eso de pe-ce-erre como pronunciación de PCR. La b, llamada ‘be alta’, era labial, y la V, llamada ‘be pequeña’, era labiodental; ahora dicen que se pronuncian igual, pero, eso sí, se pretende que los canarios distingamos entre la pronunciación de la S y la Z.

Leer eso de «Todas las lenguas…» que copia Pérez-Reverte crea en el lector la idea de que no conoce el idioma que por años ha hablado y escrito. Esa parafernalia sólo persigue hacerse sentir importante.

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Forenses de las palabras / Arturo Pérez-Reverte

Cada vez que leo algo como «Todas las lenguas contarían con una operación binaria del tipo SX+SY-SZ en la que cualquier unidad sintáctica no-simple es descomponible en dos partes» me cisco en los muertos más frescos de los ministros de Educación de las últimas dos o tres décadas

[Opino}— Sobre el español de Canarias: un decálogo / Dr. Humberto Hernández Hernández

16-04-2021

Carlos M. Padrón

Me ha sorprendido gratamente lo expuesto por el Dr. Humberto Hernández Hernández —doctor en Filología y Catedrático de Universidad adscrito al Departamento de Filología Española, y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna— en el artículo que copio abajo, por cuanto creo que lo expuesto por este calificado experto es algo con base muy firme y que debería ser tomado en cuenta no sólo por las autoridades competentes, sino por los que hablamos español de Canarias.

Lo destacado en el punto 5 lo “sufrí” en carne propia durante los dos años y medio que residí en Madrid donde varias veces me dijeron que el mío era un español mal hablado, a lo cual, cuando me lo dijeron en plan de burla, opté por responder, haciendo caso omiso de pretendida humildad, que de idiomas sabía yo más que ellos porque además de español hablaba otros idiomas y porque, si bien mi español no era, aunque ellos dijeran lo contrario, un español mal hablado, el que hablaban ellos, los que de eso me acusaban, estaba plagado de giros errados, como “sta luogo” en vez de “hasta luego”, y pecaba de laísmo, dequeísmo y otros –ismos.

Pero, en fin, esto es lo que hay y de lo que el Dr. Humberto Hernández Hernández sugiere como puntos a corregir.

Después de leer el artículo me pregunto dónde habría que ubicar el origen de una buena parte de los términos que recopilé en mi Léxico de El Paso de mi entorno familiar y vecinal y que no son, al menos según creo, ni de origen aborigen ni portugués ni del español de América ni de la modalidad andaluza.

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10-04-2021

Humberto Hernández

Sobre el español de Canarias: un decálogo

A pesar de los años de autonomía transcurridos y del reconocimiento institucional de las singularidades geopolíticas y culturales del Archipiélago, no parece que los canarios poseamos un buen conocimiento sobre muchos aspectos con los que deberíamos estar más que familiarizados.

Mucho ha tardado el sistema educativo en incorporar e integrar adecuadamente los denominados contenidos canarios en los currículos de las distintas etapas de la educación, y este déficit es bien patente cuando comprobamos las muchas dudas que se plantean sobre cuestiones que nos tocan muy de cerca, como el modo de afrontar la enseñanza de la Lengua y la Literatura en nuestras aulas, cuestiones metodológicas que no están exentas de este tradicional descuido.

Este decálogo pretende cubrir algunas lagunas en lo relativo al conocimiento reflexivo de nuestra modalidad lingüística y de sus más relevantes manifestaciones literarias.

1. El español de Canarias es un dialecto del español.

Las dudas acerca del estatus y la naturaleza de la modalidad lingüística canaria son recurrentes: ¿es el canario una lengua o un dialecto?; y, si es un dialecto, ¿es nuestra modalidad lingüística una variedad espuria del español?

Rotundamente, el canario es un dialecto del español que, junto con el mexicano, el caribeño, el andino, el chileno, el austral, el castellano y el andaluz conforman la lengua española.

Bien es verdad que los muchos significados con que se ha utilizado la voz dialecto han contribuido a la confusión; el propio diccionario académico la registra, sin ninguna aclaración, en la primera de sus acepciones, con la obsoleta e impropia definición de “Variedad de un idioma que no alcanza la categoría social de lengua”, muy alejada de la moderna concepción según la cual un dialecto es la modalidad que adopta una lengua en un determinado territorio, como sí definen otros diccionarios, como el Diccionario Clave o el Diccionario del español actual de Manuel Seco (dir); de modo que todos los hispanohablantes somos usuarios de alguno de los dialectos del español. Por supuesto, no es el canario una lengua, como sí lo son el gallego el catalán y el eusquera, las otras lenguas de España.

2. El español de Canarias posee total reconocimiento institucional.

Como tal dialecto, el español de Canarias posee todos los reconocimientos sociales y lingüísticos, como el que les otorga a todos ellos la propia Constitución Española, que en su artículo 3.3. afirma lo siguiente: “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”.

Y, de modo más particular, el recién reformado Estatuto de Autonomía de Canarias (Ley Orgánica 1/2018, de 5 de noviembre, BOE de 6-11-2018), le reconoce este carácter de bien patrimonial (art. 137.1) y asigna a los poderes públicos el principio rector de asumir “la defensa, promoción y estudio del español de Canarias, como variedad lingüística del español atlántico” (art. 37.7).

En la misma línea, la Ley 13/2014, de 26 de diciembre, de Radio y Televisión Públicas de la Comunidad Autónoma de Canarias (BOE de 26-2-2015), establece, entre otros principios, que la Radio Televisión Canaria habrá de “Promover el reconocimiento y el uso de la modalidad lingüística del español hablado en Canarias” (art.3.2.r).

La Academia Canaria de la Lengua, como institución creada por el Parlamento de Canarias para estos fines específicos, hace suyos estos preceptos legales y asume el compromiso de protegerlo y estudiarlo, así como el de contribuir a su promoción y a su normalización.

3. El español de Canarias presenta características propias en todos los niveles lingüísticos.

El reconocimiento del español de Canarias como uno de los principales dialectos que constituyen la lengua española obedece a argumentos de rigurosa índole filológica, pues presenta características propias en todos los niveles de la lengua.

Así, en el plano fónico, son peculiaridades del español de Canarias el seseo, la aspiración de las eses finales de sílaba o la articulación suave de los fonemas velares, entre otras; en el plano gramatical, la ausencia casi generalizada del pronombre vosotros y las consecuencias que en las desinencias verbales arrastra esta ausencia; y, en el léxico, la presencia de un buen número de voces específicas —los canarismos— procedentes de la lengua aborigen (perenquén, gofio, tafor o goro), del portugués (magua, millo, petudo o fañoso), del español de América (guagua, guataca, machango o guanajo), de la modalidad andaluza (cigarrón o embelesarse) y de otras procedencias (majalulo o queque) que lo caracterizan, al tiempo que, sin excluir las voces generales, enriquecen el enorme caudal léxico del español.

4. El canario, como todos los dialectos, se encuentra perfectamente integrado en el español.

Siendo el canario, como es, una modalidad dialectal, se encuentra, igual que el resto de los dialectos, perfectamente integrado en la lengua española, de la que forma parte como uno de sus constituyentes, pues del español son sus sistemas fonológico, gramatical y léxico. Quiere esto decir que, si bien reconocemos como canarismos las voces particulares a las que antes aludíamos y otras muchas más (gaveta, miñoca, desinquieto, alongarse o folelé), no son menos nuestras todas las palabras del español general que utilizamos normalmente (isla, madre, desconsuelo, libro o amor). El español de Canarias es, pues, una modalidad del español en el que se refleja parte de nuestra historia y de nuestra cultura.

5. El español de Canarias no es un castellano mal hablado.

Está algo extendida la creencia de que nuestra modalidad lingüística no es otra cosa que un español mal hablado, en tanto que se aleja, en ciertos aspectos del tradicionalmente considerado prototipo que ha sido la modalidad del español hablado en el centro-norte peninsular o modalidad castellana.

Nada más lejos de la realidad: el español castellano es una modalidad más del español con sus propias características. En este sentido, desde la perspectiva didáctica, hemos de reconocer el error metodológico, que es la causa de esta desviada percepción, de haber importado aquella norma septentrional o castellana a nuestra lingüística realidad meridional o atlántica.

6. No tenemos por qué renegar de las peculiaridades lingüísticas que nos caracterizan.

Así, fenómenos como el seseo, la aspiración de eses finales de sílaba, la ausencia casi generalizada del pronombre vosotros, la particular formación del diminutivo o la presencia de guanchismos, portuguesismos y americanismos no son rasgos que debamos corregir, ni de los que nos tengamos que avergonzar, sino que hemos de utilizar con toda naturalidad, conscientes, eso sí, de que hay otras modalidades que tienen sus propias particularidades, que también hemos de respetar y valorar, así como la obligación de conocer la existencia de una norma superior: la “supernorma”, como la denomina Manuel Seco, representada, por lo general, en la lengua culta escrita, pues es ésta la que garantiza la unidad de la lengua y la que permite la integración sin estridencias del dialecto en la totalidad que reconocemos como lengua española.

7. El español de Canarias es tan buen español como el de cualquiera otra de las modalidades.

Creer que usamos mal el español es una percepción subjetiva, y la mejor manera para corroborar esta circunstancia es comprobar cuál es la valoración que hacen de la nuestra los hablantes de otras modalidades (“Era fino de gustos y maneras con la dicción dulce de los canarios”, describe García Márquez con estas palabras a un personaje de una de sus novelas). Otra cosa es que lo hagamos mal por desidia, por ignorancia o por rechazo injustificado de las normas general y dialectal, garantías de la perfecta intercomunicación entre las diferentes modalidades.

Es verdad que debemos esforzarnos por liberarnos de ciertos complejos que, en buena medida, son debidos a la presencia mayoritaria en las Islas de la norma castellana que utilizan los medios de comunicación nacionales. Coexistencia de normas que debiendo ser, en principio, enriquecedora, se vuelve en una indeseada interferencia, con frecuencia insoslayable, por el superior prestigio y consideración que históricamente se le ha otorgado a la modalidad castellana, prestigio y consideración reforzada a veces por la propia Administración, incluso, en épocas pasadas, por el mismo sistema educativo.

8. Es necesario un mayor compromiso institucional en relación con la enseñanza de la lengua y la literatura en Canarias.

La Administración en general y, en particular, la educativa, debe velar por que en nuestras aulas se le conceda a la enseñanza de la lengua la importancia que merece, promoviendo entre los docentes un compromiso de transversalidad (el de que todos somos profesores de lengua) y tomando siempre como punto de partida nuestra propia modalidad canaria, e incorporarla, además, a los libros de texto. A partir de ella, se irá ampliando la competencia lingüística de los alumnos en todos los niveles de la lengua, y se les irá adiestrando en su uso adecuado en las diferentes situaciones comunicativas.

9. Es preciso integrar en los diseños curriculares, de una vez por todas, la producción literaria canaria.

Una forma de acercar los buenos modelos lingüísticos canarios al aula consiste en incorporar la producción literaria de nuestros escritores en el currículo general de la programación de Lengua y Literatura, áreas que, a nuestro juicio, no deberían presentarse separadamente en los niveles básicos de la enseñanza. Esta propuesta no se formula en la línea de tener que sobrevalorar lo propio por defender nuestra identidad, pues no es necesario trampear con los indiscutibles criterios estéticos y literarios que han de prevalecer en cualquier selección de lecturas y de contenidos para situar a nuestros autores, de ayer y de hoy, en la historia general de la literatura, y no relegarlos a apéndices, anexos o adendas, como hasta ahora, en el mejor de los casos, ha ocurrido, si no es que han sido excluidos injustificadamente.

10. Procede llevar al aula los medios de comunicación canarios y reforzar la oralidad.

Del mismo modo, sería conveniente acercar al aula la realidad de nuestros medios de comunicación, los escritos y los audiovisuales: analizarlos críticamente y extraer las oportunas conclusiones, pues en buena medida son ellos una fuerza de cohesión importante en la normalización del dialecto.

Es preciso, así mismo, reforzar la oralidad, pues es sin duda en este canal de comunicación donde se aprecia una de las deficiencias más generalizadas y reconocidas en la expresión de los hablantes canarios.

Hay otros recursos que pueden encontrarse en la página web de la Academia Canaria de la Lengua, institución que siempre estará dispuesta a colaborar con los fines de contribuir a la formación de nuestros jóvenes ciudadanos y de todos los que entiendan, como nosotros, que vale la pena esforzarse por proteger y promover la modalidad lingüística canaria y su expresión literaria como compromiso en defensa de uno de nuestros principales patrimonios y como el mejor modo de acceder a otros ámbitos culturales que, al final, contribuyan a reforzar nuestra identidad, que no por ser propia habrá de ser menos universalista.

Fuente

Cortesía de Oswaldo Izquierdo Dorta

[Opino}— ¿Era ‘Sky Rojo’ un éxito en todo el mundo?

¿Era ‘Sky Rojo’ un éxito en todo el mundo?

06-04-2021

Carlos M. Padrón

¡Por favor! Hagan una maiobra de marketing más creíble.

Si ‘Sky Rojo’ iba camino de ser un hit mundial, este mundo está peor de lo que yo creía, pues esa serie es mala por dondequiera que se la mire.

  • Tema. Las vicisitudes de tres prostitutas, estrafalariamente vestidas, para escapar del burdel donde las tienen esclavizadas destaca la imagen de una sociedad podrida y no deja nada constructivo, pero sí muy repulsivo.
  • Diálogos. Infames; 90% de groserías del peor calibre.
  • Escenarios. Dicen que de Tenerife, pero presenta parajes que jamás vi en esa isla. Incluso dice que son desiertos.
  • Interpretación. A medio camino entre mediocre y mala.
  • Personajes. Prostitutas, asesinos, mafiosos, drogadictos… Todos escoria humana con deprimentes historias de vida.

En resumen, la serie no es ni entretenida ni divertida ni deja mensaje de valor. Su temporada 1 parece haber dejado abierta la puerta a una temporada 2 que no pienso ver.

[Opino}— ‘Recalcitrancia’ a pesar del ridículo

03-04-2021

Carlos M. Padrón

En el artículo Acerca del uso del término ‘ordenador’ en vez de ‘computador’, A. Vaquero Sánchez, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Complutense de Madrid, explicó bien el origen del inapropiado nombre de ordenador que en España se da a lo que es un computador, pero el uso de ese ridículo —y para mí insultante— nombre se hace más inapropiado cada día como lo demuestra este titular que apareció hoy en El País:

En el subtitular usan el término ordenador, pero como para usarlo en el titular tendrían que decir “Ordenación cuántica”, tragaron en seco, usaron “Computación” y, supongo, sin sonrojarse siquiera.

[Opino}— El privilegio de estar vivo / Juan Carlos Botero

03-04-2021

Carlos M. Padrón

Copio  en este mi blog al artículo que sigue porque lo comparto en su casi totalidad y porque sus excelentes reflexiones las considero de importancia vital para estos tiempos de pandemia. Aunque no hayamos disfrutado de todo lo que en él se menciona, si lo que sí disfrutamos o padecimos podemos contarlo hoy con salud, entonces gozamos de un gran privilegio.

Vaya para el autor, Juan Carlos Botero, mi sincera felicitación.

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Los grandes privilegios

Juan Carlos Botero

He escuchado la misma música que un día tronó en la mente de Ludwig van Beethoven. He oído la perfección, gracias a Mozart. He visto los colores de los grandes maestros del arte. He contemplado una roca convertida en materia viva gracias a las manos de Miguel Ángel. Al prender las luces de mi casa, he apreciado los errores y aciertos de Thomas Edison, quien derrotó la oscuridad. Y he observado la Luna en el cielo, la misma que pisó un hombre llamado Neil Armstrong.

He sopesado una manzana en mi mano y he sentido la misma fuerza del Universo que intrigó a Newton. He leído las palabras de Shakespeare. He sentido el calor de Macondo y he asistido al sepelio de un rey llamado José Arcadio Buendía. He acompañado a Juan Preciado a buscar a su padre, un tal Pedro Páramo. He admirado la limpieza de la fórmula de Einstein, la mente de Stephen Hawking, y la curiosidad insaciable de ambos. Me han conmovido la humildad de Gandhi, el coraje de Lincoln, la tenacidad de Bolívar y la oratoria de Churchill, que salvó el mundo. Me han erizado los diablos del Bosco y el infierno de Dante. Me han deslumbrado los destellos de los óleos de Van Eyck y enternecido los zapatos de Van Gogh. Me han hechizado la pureza del arte griego y el misterio del arte egipcio. He absorbido las ideas de Platón y las de Nietzsche, que parecen dinamita. He leído la asombrosa frase de Jefferson: que todos los hombres son iguales. Y he pedaleado en un invento imposible, la bicicleta.

He venerado la belleza y la fortaleza de las mujeres. Mis dedos han rozado la redondez de un seno y he olido la fragancia de tierra fresca que emana una mujer excitada. He sentido un deleite infantil al probar el chocolate. He paladeado la sangre de la tierra llamada vino. He saboreado la sal del mar y la dulzura de los ríos. He sentido el roce de una brisa similar a la que empujó a Odiseo hasta Ítaca.

He visto el fulgor de los astros y el parpadeo de las luciérnagas. He visto el milagroso verdor del pasto y el número de granos de la arena, que es infinito. He visto el mar, que disimula y oculta la vida que late bajo las olas. Y he visto las olas, cuyas crestas recogen el viento como la vela de un barco y avanzan hasta quebrarse en la playa. Y en la playa he visto tortugas al nacer, braceando en seco y dirigidas a tropiezos a la orilla. He disfrutado el sabor de la comida y la riqueza de las bebidas. He admirado las hazañas de los hombres y las proezas de las mujeres. He visto, atónito, el despegar de un avión y el vuelo de los pájaros. Mis dedos se han mojado con el rocío y quemado con el fuego.

He visto el nacimiento de mis hijas. Las he oído reír a carcajadas, les he quitado las lágrimas de la cara, y he tenido el honor de cargarlas en mis brazos. He apreciado la calidez de un hogar y el amor de una esposa. He gozado del tesoro de la amistad. He sentido la euforia que nace de amar y de sentirse amado. He disfrutado sueños tan placenteros que lamento abrir los ojos, y he sufrido pesadillas tan terribles que agradezco despertar. He superado mil malestares menores y una enfermedad mortal. Y me ha tocado el rostro el mismo sol que acarició el rostro de Cristo.

Éstos son algunos de los grandes privilegios de la vida, que reflejan el mayor privilegio de todos: ¡¡¡EL HECHO DE ESTAR VIVOS!!! Conviene recordarlo.

Fuente

Cortesía de Eva Matute

[Opino}— Hasel, Hásel y Hasél, ¡pobre Gramática!

23-02-2021

Carlos M. Padrón

A raíz del desastre causado por la detención de ese bípedo chavistoide, la prensa española está llena de artículos al respecto que no coinciden en la grafía para ese nombre. Algunos lo ponen sin tilde, otros ponen el tilde en la a y otros en la e. Copio abajo un par de ejemplos.

Ocurre que, según la gramática española, si la pronunciación correcta de ese nombre o apellido (no importa lo que sea) es con acento fonético en la e, no requiere tilde, como no lo requieren mantel, plantel, granel…

Si la pronunciación es con acento fonético en la a, sí requiere tilde, como lo requieren pádel, níquel, diésel…

Pero tal parece que estas “minucias” poco importan a quienes hoy en día escriben en los medios digitales o impresos.