[*Opino}– Acerca del uso del término ‘ordenador’ en vez de ‘computador’

07-07-2016

Carlos M. Padrón

Ha sido un caso de serendipia.

Sin proponérmelo, tropecé hoy con el artículo que copio abajo —escrito por A. Vaquero Sánchez, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Complutense de Madrid— y que, entre otros destalles buenos, tiene el de confirmar mi sospecha de que el repudiable término ordenador —usado ofensivamente en España para llamar a lo que en todos lados se llama computador— tiene origen francés.

Y no, la explicación que los franceses dan que de que “El término ordenador no es bueno, pero no tenemos otro mejor” no es válida, porque existe el término computador. Pero, claro, siendo éste de origen sajón, ¿cómo puede alguien pensar que los franceses lo adoptarían sin más? En ellos pesa mucho la histórica tirria que tienen hacia los sajones, la “ofensa” que les infringieron los gringos al liberarlos durante la Segunda Guerra Mundial, y el hecho de que su supremacía en computación les fue arrebatada por EEUU.

Y, claro, los españoles, puestos a escoger entre el galicismo ordenador y el término sajón computador, comoquiera que comparten con los franceses — a pesar de una también histórica enemistad— la aversión a lo sajón y en especial a lo gringo, abrazaron eufóricos el término ordenador.

El razonamiento que acerca de la evolución de esos términos desde la Mark I hace Vaquero Sánchez, es muy válida, y, como varias veces he dicho aquí, tal vez de las máquinas que allá por los años 40 llamábamos “de registro directo”, podría decirse que ordenaban, pero, como argumenta Vaquero Sánchez:

  1. Ordenador es quien da órdenes, no quien las recibe, y lo que en España llaman ordenador recibe órdenes; y
  2. El computador hace más, muchísimo más, que ordenar elementos ordenables. [De aquí que haya dicho yo arriba que llamar ordenador a un computador es ofensivo].

En opinión de Vaquero Sánchez, es curioso que en España sólo se diga “ordenador” y no “ordenadora”. En opinión mía, es vergonzoso que en España, habiéndose decantado por el horrible e inexacto galicismo ordenador, no hayan dado marcha atrás y adoptado computador a pesar de que se ven en la necesidad de usar expresiones en las que, como las que siguen, usar ordenador, o algún derivado suyo, resulta ridículo. Y así, se ven obligados a usar, y usan sin que se les note vergüenza alguna,

  • Supercomputación, en vez de superordenación.
  • Ciencia de la computación, en vez de ciencia de la ordenación.
  • Ambiente computacional, en vez de ambiente ordenacional.
  • Centro de cómputo, en vez de centro de ordenación.
  • Asociación para la Maquinaria Computacional, en vez de asociación para la Maquinaria Ordenacional.
  • Computación cognitiva, en vez de Ordenación cognitiva.
  • Equipo de médicos y expertos en computación, en vez de equipo de médicos y expertos en ordenación.
  • Profesor de computación, en vez de profesor de ordenación
  • Etc.

Eso es ser cerril.

Mis felicitaciones a Vaquero Sánchez, aunque haya predicado en el desierto.

~~~

23 de febrero de 1997

A. Vaquero Sánchez*

El uso de la palabra ordenador

La terminología informática es causa de frecuentes y apasionadas disputas, generalmente desde posiciones irreflexivas e intolerantes.

Cuando la masificación de la informática es innegable, urge poner un poco de orden en un tema tan importante como el uso de nuevas palabras. Es oportuno propagar la inquietud por el uso correcto del español cuando en el discurso está involucrada la informática. Es oportuno porque los medios han tomado parte en ese discurso y, por tanto, la difusión del mismo se hace masiva.

También es legítimo intentar transmitir esa inquietud a través de los mismos medios utilizados para difundir ese discurso. Parece lógico que ese intento comience por el análisis del término “ordenador”. Cualquier españolito de a pie se preguntará: “¿Quién no ha pronunciado esa palabra en español? ¿Pero es que hay otras?”.

Veamos, veamos. Describamos en primer lugar el ámbito geográfico donde el término y sus homónimos son usados. En España el término “ordenador” está muy extendido para designar a “la máquina” por excelencia de la informática. Hay una minoría, en general universitaria, que usa indistintamente los términos “computadora” (o “computador”) y “ordenador”; muchos menos somos los que sólo usamos el término “computadora”. Pero solamente en España se usa la palabra “ordenador”, que es absolutamente desconocida en América. La comunidad americana de habla española sólo usa la palabra “computador” y también “computadora”, aunque esta última en menor medida.

Los términos “ordenador” y “computador/a” no son más que una muestra, aunque, eso sí, muy significativa, de la diversidad existente en nuestra comunidad lingüística sobre el uso de palabras nuevas debidas a la informática y, en general, a la Ciencia y la tecnología. Ante esta diversidad caben algunas preguntas. ¿Qué términos se deben usar? ¿Se debe hacer algo para unificar la terminología informática? ¿Se puede hacer algo? ¿Tiene sentido hacerlo? Existe una preocupación real por defender el idioma de un uso irreflexivo y, por tanto, incorrecto. No es nuestro objetivo, aquí y ahora, analizar esta importante cuestión general, quizá la más importante cuestión actual de la cultura hispánica.

Cohesión.

Permítasenos, antes de retomar el hilo, invocar un paradigma lingüístico cuya fuente, para mí al menos, es el académico Gregorio Salvador. En síntesis, lo que se predica es hacer un esfuerzo por mantener la cohesión del lenguaje. Cohesión procede de cohaesum, supino del verbo latino cohaerere, que significa estar unido.

De acuerdo a ese principio, parece claro que un mismo concepto u objeto informático no debe recibir nombres distintos dentro de una misma comunidad lingüística. Merece la pena intentar mantener un español cohesionado en estas parcelas nuevas de la cultura. Aún no hemos aludido a todos los homónimos de “ordenador” que se han usado en español. Antes que “ordenador”, en España se usó la palabra “calculadora”.

Calculator aparece antes que computer en la literatura germinal de las computadoras. Así, la máquina desarrollada en 1944, bajo la dirección del Profesor Aiken en la Universidad de Harvard, era referida como Mark I o Automatic Sequence Calculator. El profesor García Santesmases pasó un tiempo trabajando con el grupo de las Marks. Por él se introdujo en nuestro país la palabra “calculadora”, para designar lo que mucho después se llamaría “ordenador”.

“Calculadora” fue pues el primer término con que se conocieron estas máquinas en España, término que se usó extensamente en la década de los 60, como se comprueba más adelante, e incluso llega a la de los 70. Desde entonces se aplica sólo a las máquinas de mano con teclas numéricas y funcionales.

Vamos a rastrear ahora el origen de la palabra “ordenador”. Trasladémonos a Francia. Hacia 1962 aparecen dos palabras nuevas en los ambientes universitarios franceses: Informatique y Ordinateur. Ambas tienen una rápida difusión y aceptación en el país vecino. Por ejemplo, en 1963 ya existía en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Toulouse un Laboratoire d’Informatique. En España se adoptó rápidamente la palabra informática, pero esa rapidez no se dio con la palabra “ordenador”.

Prueba de ello es la traducción del libro “IFIP-ICC Vocabulary of Infomation Processing”, Ed. North Holland, 1966, que fue hecha por un grupo mixto de informáticos procedentes de la Universidad, del CSIC y de la industria informática, por lo que representa fielmente el estado de la informática española en aquel tiempo. Pues bien, computer se tradujo entones por “calculadora”.

La palabra “ordenador” aparece escrita por primera vez en un diccionario de informática en español en 1972. Es el Diccionario-Glosario de Proceso de Datos Inglés-Español, IBM, 1972. La adopción del galicismo tiene un éxito fulgurante, directamente proporcional al crecimiento de usuarios de informática, influidos por los profesionales comerciales.

El origen ya lo conocemos. Ahora bien, vamos al fondo. ¿Qué significa ordinateur? No se debe entrar al trapo de los que defienden el uso de la palabra “ordenador” porque éste realiza “ordenaciones” (operaciones de ordenación). Puede hacer más, muchísimo más, que ordenar elementos ordenables. Admitir esa denominación por esa causa sería como admitir la designación del todo por solamente una parte. Tampoco es válido el argumento basado en la acepción de “orden” como “instrucción”.

Ordinateur viene definido en francés así “… qui émite ordres”. En definitiva, quien da órdenes, no quien las recibe. Por tanto, el uso de la palabra “ordenador” es una incorrección semántica; y no lo digo yo, lo dicen los propios franceses, los mismos que contribuyeron a la creación, difusión y aceptación del término.

Danzin, Leprince-Ringuet, Mercourof, … y muchos más estaban presentes en un debate durante un encuentro titulado “Les jeunes, la technique et nous”, celebrado en Estrasburgo en noviembre de 1984. Se presentó la ocasión de analizar el papel de la Terminología Técnica en la Enseñanza con medios informáticos. Yo aproveché la oportunidad para señalar, según mi criterio, aciertos (por ejemplo informatique) y desaciertos (por ejemplo ordinateur) en la creación de nuevos términos franceses. Pues bien, admitieron los argumentos aquí expuestos con respecto a ordinateur. La contestación, sintetizada por Mercourof, fue “le mot n’est pas bon, mais nous n’avons pas trouvé d’autre meilleur”, (el término no es bueno, pero no tenemos otro mejor) muy aproximadamente, si no literalmente.

Incoherencia

¿Qué hacemos aquí sobre la utilización de los diversos términos? Siendo conscientes de la incorreción del uso de la palabra “ordenador”, cuando nos dirigimos genéricamente a destinatarios de la comunidad hispanohablante, o a un miembro no español de la misma, empleamos el término “computador/a”. Sin embargo, cuando el destinatario es español, solemos usar el término “ordenador”.

Es decir, constatamos un hecho, el estado de descohesión lingüística, y lo mantenemos. Somos conscientemente incoherentes. Los hispanoparlantes de otros continentes no. Siempre usan “computador/a”, siempre, y no van a cambiar. Tienen la razón de la fuerza numérica, pues son casi 10 veces más que nosotros. Y nosotros, los españoles, carecemos de argumentos lingüísticos sólidos para convencerles.

¿Qué podemos hacer aquí? Sería más lógico que, si hay que hacer algún cambio, lo hiciésemos nosotros. Deberíamos hacerlo en aras de la cohesión de nuestra lengua. Sería hermoso el no seguir ejerciendo el españolísimo sostenella y no enmendalla. En cuanto al género, éste carece de importancia. Un “computador” (masculino) es un sistema (masculino) y una “computadora” (femenino) es una máquina (femenino). Pero es curioso que sólo se diga “ordenador” y no “ordenadora”. Esta curiosidad queda para los estudiosos de los fenómenos sociolingüísticos.

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