[LE}> ¿Qué estamos diciendo realmente cuando aseguramos que algo nos importa "un bledo"?

01/02/2023

Carmen Macías

¿Qué estamos diciendo realmente cuando aseguramos que algo nos importa «un bledo»?

Este concepto proviene del latín ‘blitum’, pero primero fue de otras lenguas, como ‘huauhtli’. Ha sobrevivido a una colonización y a siglos de desgarro en la tierra

La Amaranthus retroflexus es una planta de verano, de esas que buscan el sol y toleran la sequía. Responde estupendamente a la abundancia de nutrientes, especialmente el nitrógeno. Para evitar que las plantas cultivadas le hagan sombra, su tallo crece muy rápido en busca del sol, las sobrepasa y asunto solucionado. Produce muchísimas semillas, capaces de germinar en distintas condiciones.

Efectivamente, se trata de una de tantas «malas hierbas» que se acogen rápidamente a cualquier terreno al que lleguen. Originaria de Centroamérica (más concretamente de México), no obstante, forma parte de la familia de las amarantáceas, donde también encontramos especies que se han utilizado como fuente de alimento desde tiempos de los aztecas hace 5.000 años.

Sin embargo, si se desean eliminar de la tierra, el asunto se vuelve serie. Ni manualmente, ni tirando de ganado hay que oponerse a ellas, ya que de contener exceso de nitrógeno en sus hojas, pueden ser tóxicas en crudo. De hecho, tampoco con herbicidas sería posible, porque es resistente a muchos de ellos. Pero, ¿por qué estamos hablando de una planta silvestre? ¿De qué va este tema? Bien, que no te importe un bledo, pues es a ella a la que te refieres cada vez que quieres decir que algo te importa bien poco.

Una planta muy común y desafiante

«Amaranthus retroflexus» es su nombre científico, pero coloquialmente se la conoce como Amaranto silvestre, pero también, como más nos interesa en esta ocasión, recibe el apodo de bledo. Hoy en día, en España y el resto de Europa, es muy común encontrarla en los terrenos baldíos o en cualquier jardín a punto de ser degollada.

Es por ello que un bledo resulta algo de poca importancia, que no vale. De ahí la expresión «Me importa un bledo». Este concepto en concreto proviene del latín «Blitum» y para la velocidad disparada de los sistemas de agricultura moderna se ha convertido en todo quebradero de cabeza. En este sentido, también su nombre en inglés es de lo más representativo: la llaman «Pigweed».

Vale, no es «pigweed» lo que escuchamos decir al actor Clark Gable interpretando a Rhett Butler en Lo que el viento se llevó cuando, al final de la película, en lo que son sus últimas palabras a Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), esta le pregunta: «¿A dónde iré? ¿Qué haré?». La respuesta de Gable en el guion original es «Frankly, my dear, I don’t give a damn», o sea: «Frankly, cariño, me importa un carajo», pero su traducción al español ya no podría ser otra.

La «maldición» del bledo

En realidad, «damn» significa «maldición», y desde que la industria agraria compite de forma masiva, los bledos se han convertido en una maldición. Sin embargo, como en aquella mítica frase del cine, el bledo llegó para quedarse. Y mira que ya los colonizadores europeos intentaron prohibirlo y eliminarlo del mapa, pero no lo consiguieron.

Entre los pueblos mexicanos originarios lo llamaban «Huauhtli», y era utilizada con fines medicinales, gastronómicos y espirituales. Esto último es lo que, a priori, llevó a los europeos a iniciar una lucha contra ellos, pero es que los poderes del bledo van mucho más allá: vitaminas A, B, C, B1, B2, B3… Que nuestros organismos podrían estar adquiriendo si no fuera por el estigma que aún conservamos siglos después y que demuestra que la colonización sigue siendo un proceso mordaz en muchos sentidos.

Para empezar, hay que saber que lo que conocemos como bledo se entiende en el lenguaje coloquial mexicano de hoy en día como «quintonil» y son un «quelite». Esta última palabra viene del vocablo náhuatl «Quilitl», que significa verdura o planta tierna comestible y tiene su equivalente en varias lenguas, según explicaba en 2011 el etnobiólogo Francisco Basurto Peña en un artículo titulado Los quelites de México: especies de uso actual.

Un montón de propiedades

Los quelites son la planta en sí (sin raíz), pero también las distintas partes que se pueden utilizar de ella, desde las plántulas, ramas o retoños jóvenes, hojas tiernas, hojas sin nervaduras, pecíolos y tallos. Desde la página sobre biodiversidad mexicana gestionada por el gobierno de dicho país explican que se trata de «plantas de uso en la cocina tradicional que, en general, por desconocimiento son poco valoradas y utilizadas. Sin embargo, recientemente, constituyen el centro de las tendencias gastronómicas actuales para revivir las tradiciones culinarias», como sugiere Carlo Petrini en su libro Elogio de la Cocina Mexicana, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En México existen al menos 11 especies de estas Amaranthus, explica el propio Basurto Peña junto a la bióloga Cristina Mapes Sánchez en la revista Arqueología Mexicana, que se distribuyen en gran parte del país y son usadas como alimento a manera de verdura o quelite. Estas plantas generalmente se comen en estadios tiernos, antes de la floración, cocidas en agua o fritas en salsa picante, y son productos de temporada, ya que se desarrollan al inicio de la estación lluviosa.

Tanto el Amaranthus hypochondriacus L., el cruentus L. y el caudatus L. (las dos primeras originarias de México y Guatemala y la última de la región andina), «se pueden aprovechar integralmente: la semilla sirve para elaborar cereales, germinados y harinas; las hojas se consumen y se usan como forraje; la planta entera sirve como ornato, y también pueden obtenerse colorantes: amarantina (la proteína más abundante de la semilla de amaranto) y betalaina (con actividad antioxidante)», detallan Mapes y Basurto.

Fruto del desprecio

Por supuesto, hay que subrayar que todas ellas poseen una gran importancia nutricional por su contenido de minerales, vitaminas, antioxidantes y ácidos grasos como el omega-3 y el omega-6. «Por todo esto, los quelites no deben asociarse con pobreza, sino con su gran riqueza alimenticia», sostienen Edelmira Linares y Robert Bye en su artículo La milpa: patrimonio biológico y cultural de México.

Según explica la experta en huertos, Eleonora Miscelotta, en un artículo para la revista cultural argentina Timbó, los tallos de esta planta salsolácea son ricos en ácido fólico, calcio, fósforo. Además, sus hojas contienen más hierro que la mismísima espinaca. ¿Es o no importante el bledo?

Mientras tanto, también otros vegetales sufren el desprecio en esta forma. Así, decimos también que algo nos importa «un pepino» o «un comino» o «un pimiento», aunque los conocemos mucho mejor, cabe destacar que todos ellos provienen también de la colonización. De hecho, hasta entonces, en España las expresiones más típicas para esta cuestión eran «me vale un guisante» o «me vale una arveja», en ambos casos haciendo referencia a dos plantas de la familia de las leguminosas.

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