[Canarias}> Los criadores de ganado y la Piedra de La Virgen de Las Angustias / María Victoria Hernández

01-08-2022

María Victoria Hernández*

Los criadores de ganado y la Piedra de La Virgen de Las Angustias

La Virgen de las Angustias, en el santuario de su mismo nombre en Los Llanos de Aridane, guarda, después de cinco siglos de permanencia en la Isla, bellísimos relatos y leyendas que el pueblo aún recuerda o demanda conocer.

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Primitivo Calvario de Las Angustias

A principios del siglo XVII, por iniciativa de “cuidadores de ganado” se consolidan los regocijos populares y religiosos cada 15 de agosto en honor a Nuestra Señora de las Angustias.

La primera referencia conocida de los festejos anuales la encontramos en el año 1613. En este año consta que junto a la ermita existe un inmueble «donde vibe el hombre que mira por la dicha ermita y la guarda». En ese mismo año existe una caja, propiedad de los mayordomos de los pastores de La Caldera «que hasen la fiesta de Nuestra Señora por agosto de cada año, donde tienen su cera».

Evidencia esta cita que, en un principio, son los criadores de ganado y pastores quienes asumen los festejos anuales en honor de Nuestra Señora de las Angustias.

Según cuenta la tradición, fue la propia Virgen la que determinó el lugar donde se debía construir su ermita. Al parecer, una vez arribó a El Puerto de Tazacorte el bajel procedente de Flandes con la imagen de Virgen, ésta fue llevada en procesión por el margen derecho del barranco y fue colocada sobre una gran piedra, a unos 400 metros más abajo de donde se encuentra hoy su santuario.

Pasada la larga noche y al despuntar el alba, la caja que contenía a la Virgen aparecía en su actual asenta­miento. Con cuidado esmero la volvían a llevar donde pensaban en un principio construir su casa, y de nuevo la imagen regresaba inexplicadamente al solar donde se erigió el santuario-ermita. Días duró este ir y venir de la Virgen barranco arriba y barranco abajo, hasta que se comprobó que mano alguna humana era responsa­ble de este hecho.

Los devotos interpretaron que era la propia Virgen la que había elegido el lugar concreto, con visión directa sobre el mar de El Puerto de Tazacorte y lugar donde se debía construir su definitiva casa, y así se hizo.

Pocos años después, este hermoso relato hizo brotar sincera fe, y el lugar donde los devotos quisieron erigir originalmente la ermita se convirtió en un lugar sagrado, pisado por la Virgen, que determinaron perpetuar en la memoria del pueblo levantando un humilde Calvario con tres cruces de tea sobre escalones de piedra. Cada 15 de agosto, día de su festividad, la Virgen visita en procesión el reconstruido Calvario, y la tradición y la leyenda se renuevan entre los miles de devotos.

Las lluvias y las abundantes crecidas del llamado “río de Tazacorte” fueron dando tumbos y más tumbos a la “gran piedra de la Virgen”, próxima al lugar dónde erigieron el Calvario, colocándola en medio del cauce del caudaloso barranco.

Aún hoy se recuerda, y hasta hace muy poco, que la gran piedra de la Virgen era visitada con devoción. Cada 15 de agosto los peregrinos y romeros venidos desde todos los puntos de la Isla terminaban el día con una merienda a la orilla del barranco por el que, en pleno mes de agosto, seguía corriendo limpia y fresca agua del parque nacional de La Caldera. Hace muchos años que hemos dejado de visitar la “piedra de la Virgen”, pero de seguro continuará en los mismos lugares.

A mediados del siglo XVII se consolida cada 15 de agosto la festividad de Nuestra Señora de las Angustias. Se debe a la iniciativa del ganadero Luis González de la Cruz, quien tenía su casa habitación en la calle Real nº 27 del hoy municipio de Los Llanos de Aridane, según ha acreditado el profesor palmero Jesús Pérez Morera.

González de la Cruz, cuidador de ganado, propuso que con el producto de cabras y ovejas salvajes que pastaban libremente en La Caldera se hiciese la fiesta, y se ofreció “…corriendo él con este cuidado y, por estar ya biejo, lo entregó a Juan Rodrígues de la Cruz, su hijo, encargándole el cuidado de dicha fiesta” , como dejó determinado por testamento otorgado en 1687.

Décadas después, el alférez y mayordomo del Santuario de las Angustias, José Luis Ramos, quien vivió en el entorno de la aridanense calle Iglesia, rindió cuentas en el año 1700 en las que constas los ingresos por «la lana de las ovejas que tiene en La Caldera la dicha hermita y de los borregos y chivatos que se han sacado de la dicha Caldera en el tiempo de su administración».

Además, hace constar los gastos “de fuegos” para los festejos y las cabras adquiridas para el rebaño que la Virgen tenía en La Caldera y, además, los gastos por la «apañada de ganado de La Caldera con peones y de darles de comer». En años posteriores, en las cuentas de fábrica del santuario mariano aridanense se vuelven a repetir los ingresos por lana, borregos y cabras salvajes de La Caldera.

Por esta documentación, dada a conocer por el Doctor Pérez Morera, queda acreditado que el profundo arraigo de los festejos y costes fundacionales de la festividad de N.S. de las Angustias parten por iniciativa de los criadores de ganado de cabras y ovejas de La Caldera. No obstante, recordemos que desde el siglo XVI se celebraba misa en la ermita cada sábado.

Viejas leyendas devocionales celosamente guardas y testimonios documentales dan arraigo a los festejos de la advocación mariana de Nuestra Señora de las Angustias.

(*) Cronista Oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009).

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