[*Opino}– ‘Puntoseguidismo’

06-07-2015

Carlos M. Padrón

Ya sé que puntoseguidismo suena a nombre de enfermedad.

Pero así he decidido bautizar a la costumbre, que cada vez encuentro más al revisar la prensa escrita, de usar el punto y seguido en vez de una preposición, dos puntos, coma, o punto y coma —cuando éstos sean apropiados—, creando así largos párrafos llenos de frases que parecen no tener relación entre sí y que cortan la ilación del lector.

Por ejemplo, esto que he encontrado hoy en ElPais.com en un artículo titulado «66 días bastan para cambiar un hábito»:

Si, por ejemplo, ha decidido empezar con la actividad física, no se sienta mal si un día falla. Tiene mañana, pasado y toda la vida para hacerlo. No se trata de llamar a la culpabilidad. Esa emoción no arregla nada. Sólo hay que ser disciplinado y tener serenidad. Si de verdad es algo importante, mañana volverá a la carga. No es todo o nada. Se trata de incorporar algo bueno para cada uno y encajarlo en la vida para disfrutarlo, no para que sea un sufrimiento más en el caso de no poder cumplirlo un día.

¿De trata de comodidad, de falta de gusto por el arte de escribir, o de ignorancia? No lo sé, pero sí sé que, cuando menos, resulta feo.

Aunque reconozco que peor es la costumbre de quienes, no sabiendo cómo usar los signos de puntuación, en vez del punto y seguido de los párrafos anteriores y mayúscula al inicio de la frase siguiente, habrían puesto puntos suspensivos y nada de mayúsculas.

¡Pobre idioma!

Creo que el párrafo del ejemplo anterior quedaría bastante mejor así:

Si, por ejemplo, ha decidido empezar con la actividad física, no se sienta mal si un día falla: tiene mañana, pasado y toda la vida para hacerlo. No se trata de llamar a la culpabilidad, pues esa emoción no arregla nada, sólo hay que ser disciplinado y tener serenidad. Si de verdad es algo importante, mañana volverá a la carga; no es todo o nada, sino que se trata de incorporar algo bueno para cada uno y encajarlo en la vida para disfrutarlo, no para que sea un sufrimiento más en el caso de no poder cumplirlo un día.

[*Otros}– Las cumbres canarias que alzaron a España hacia el espacio

04 JUL 2015

Javier Salas / Nuño Domínguez

«Gracias a estos observatorios y al cielo de Canarias, en una sola generación España ha pasado de no tener ni un astrofísico a ser uno de los países de referencia».

Quien habla así lo hace desde la perspectiva de quien leyó la primera tesis en este campo en España y quien se convirtió en el primer catedrático de Astrofísica de las universidades españolas: en la de La Laguna. Francisco Sánchez fue un pionero sobre todo porque creyó que las cumbres del archipiélago eran la ventana perfecta hacia el espacio.

Estos días, los observatorios astronómicos de Canarias —en Tenerife y La Palma— cumplen tres décadas desde su inauguración oficial, 30 años en los que se han convertido en una de las instalaciones científicas de referencia, con innumerables descubrimientos, a pesar de la falta de apoyo político de primer nivel: en todo ese tiempo nunca ha recibido la visita de un presidente del Gobierno español.

El primero en confiar en la calidad de los cielos canarios fue el astrónomo Real de Escocia, Charles Piazzi Smyth, que en 1856 subió al Teide con ayuda de unas borricas para hacer observaciones durante un par de meses con dos telescopios. Un siglo después, en la década de 1960, Sánchez aterrizaba en Tenerife con la idea de poner a prueba esa calidad y consolidar allí un observatorio.

Hoy, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) que fundó y dirigió durante décadas, coordina los Observatorios del Teide (Tenerife) y de El Roque de los Muchachos (La Palma), en los que trabajan más de sesenta instituciones de veinte países de cuatro continentes.

¿Cómo se convierte España en potencia sin contar con la tecnología necesaria? En astronomía el tiempo de observación es una forma de pago, y España es un país rico: presta sus cielos y, a cambio, se reserva un 20% del tiempo de observación de todos los telescopios que funcionan allí. A esto hay que sumar un 5% más de tiempo competitivo internacional, explica Miquel Serra, administrador del Observatorio del Teide. “Nadie más en el mundo ha conseguido esto”, asegura, y resalta que ha permitido “un desarrollo inimaginable para la ciencia española”.

España puede así asomarse al espacio a través de los telescopios que otros países desarrollan e instalan en Canarias. «Ese 20% fue muy difícil de conseguir», recuerda Sánchez sobre las negociaciones que lideró en la década de 1970, cuando las principales potencias ya se habían convencido de que esas cumbres isleñas eran un tesoro por las razones que propuso Newton: montañas donde la atmósfera fuera serena y estable.

«Visto en perspectiva, ahora pienso que aceptaron el 20% porque no creían que fuéramos a ser capaces de usarlo», asegura Sánchez en su despacho de director fundador del IAC, en el que le acompañan en las estanterías algunos de los primeros aparatos que usó en los observatorios. «Pero lo usamos, vaya si lo usamos».

De los observatorios sale un promedio de una publicación científica diaria, y desde allí se han dado pasos decisivos en astronomía, como

  • El descubrimiento de que el Sol tiene una frecuencia propia y que late como si fuera un corazón a intervalos de cinco minutos
  • El hallazgo de la primera estrella enana marrón, llamada Teide 1, por el telescopio IAC-80; y
  • El primer agujero negro descubierto en nuestra galaxia, desde el observatorio del Roque de los Muchachos, agujero que, precisamente estos días, ha despertado entre fogonazos de luz.

«Si hubiese una competición internacional, nosotros estaríamos siempre en el podio, y vamos a intentar seguir estándolo», asegura Rafael Rebolo, actual director del IAC, orgulloso del apoyo popular del centro. «La gente de aquí, y en buena parte de la Península, sí son conscientes de lo que tenemos. Y nuestros jefes directos, el Ministerio de Economía y el Gobierno de Canarias, también lo saben bien. Pero ya me gustaría que a un nivel más alto pasase lo mismo: han venido comisarios europeos, ministros del ramo europeos, pero de los máximos escalafones del Gobierno español, presidencia o vicepresidencia… ahí no llegamos», lamenta Rebolo.

Su predecesor confirma esa desazón: «Nunca nos ha visitado un presidente. No he conocido a ninguno, y eso que he tenido que lidiar con 27 ministros del ramo distintos en todo este tiempo», asegura Sánchez. «Globalmente, no hemos recibido apoyo político; puntualmente, sí. Al menos, hemos avanzado hasta el punto de que ya es políticamente incorrecto hablar mal de la Ciencia», asegura.

«Como en un cibercafé»

Los reyes españoles sí han acudido en varias ocasiones, sobre todo el actual, Felipe VI, que se confiesa aficionado a la astronomía. El pasado sábado acudió a Tenerife a inaugurar el experimento Quijote, la última gran apuesta científica de primerísimo nivel, precisamente 30 años después del estreno oficial de los observatorios.

El 28 y 29 de junio de 1985, su padre, Juan Carlos, y otros cinco jefes de Estado inauguraron las instalaciones, y a Felipe le nombraron Astrofísico de Honor, mientras el Real Madrid fichaba a Gordillo, y Felipe González asistía en Milán a su primera cumbre de la por entonces CEE, junto a líderes como Mitterrand, Kohl, Craxi, Thatcher y Papandreu.

El sábado, después de la inauguración, Felipe VI voló al Roque de los Muchachos para ver desde el Gran Telescopio Canarias (GTC, o Grantecán) —hasta las 4.30 de la madrugada— los estallidos de luz del agujero negro V404 mientras devora a su estrella. No es la primera vez que pasa la noche con los astrónomos del IAC: «Tengo por ahí el recorte de una entrevista en la que ya de niño confesaba que de no ser rey querría dedicarse a esto», celebra Francisco Sánchez.

Mirar el universo como el GTC, que desde que fue inaugurado en 2009 en La Palma ha generado 156 publicaciones científicas, no tiene nada que ver con la imagen clásica de los telescopios.

 

«En realidad es como estar en un cibercafé, y lo que ves es una imagen en blanco y negro en el monitor», resume Pedro Álvarez, director del GTC, ya que muchos de estos investigadores trabajan sin problemas desde el computador de casa. En los telescopios actuales ya no hay un visor como antaño, en parte porque algunos objetos serían tan brillantes que podrían cegar a los astrónomos.

Las espectaculares imágenes que suelen divulgarse de estos telescopios son versiones retocadas en varios colores de la imagen original.

Por su parte, lo más visible en la distancia del observatorio tinerfeño del Teide son sus dos torres, dos telescopios solares que comenzaron a edificarse en los años 1970 y que hoy componen uno de los observatorios de este tipo más completos del mundo.

En la actualidad, llama más la atención lo desiertos que están los caminos que conectan los diferentes telescopios, hasta 35 aparatos en total. En parte se debe a que, desde hace cinco o seis años, el observatorio ha dado un rápido giro para especializarse en observatorios robóticos, que son telescopios de un tamaño más modesto y que forman parte de redes globales con puntos de observación en diferentes países.

Los telescopios más grandes, como el GTC, pulen el descubrimiento y lo caracterizan en detalle, pero estos instrumentos se manejan a distancia y permiten vigilar el cielo las 24 horas. «Un operario se dejó apoyada una valla contra uno de los telescopios robóticos y los científicos de EE UU no podían desplegarlo», recuerda Serra entre risas.

Este astrónomo se muestra orgulloso porque Canarias está entre los tres mejores lugares del mundo para hacer astronomía, y mantiene esta posición con muchos menos recursos que sus competidores.

“Los observatorios de Paranal en Chile tienen un presupuesto de millones de euros, mientras nosotros trabajamos con 100.000 euros para mantenimiento al año”, explica Serra. Los recortes en ese presupuesto se han hecho más crudos en los últimos cinco años hasta el punto de que ya “no sabemos de dónde ahorrar”, resalta.

“Ahora, gracias a que ha venido el Rey a inaugurar telescopios, hemos podido gastar un extra de más o menos la mitad de toda la dotación anual”, explica. No obstante, como recuerda Rebolo, en 30 años han pasado de construir modestos telescopios propios a desarrollar instrumentación para los mayores observatorios del mundo y también misiones espaciales.

Burros, disquetes, nevadas y autostop

Cuando arrancaron no eran tiempos de tecnología punta y trabajo remoto automatizado, como recuerda Manuel Vázquez, que lleva 45 años trabajando en el IAC y sus proyectos previos.

«En aquel entonces, el nivel de la astronomía española era cero. En la actualidad, no se pueden ni imaginar las carencias de aquella época», explica, en referencia a los medios técnicos pero también a la situación de los propios científicos: «Yo llegué aquí con una beca que nunca existió, porque el que me la prometió olvidó hacerla firme, y tuve que compartir con otro investigador un contrato a medias de 1.800 pesetas».

Francisco Sánchez subía con ayuda de burros hasta el monte Izaña, donde se ubicó el observatorio del Teide, y allí pedían comida dos veces por semana a un arriero. Vázquez recuerda subir haciendo autostop hasta que pudieron pagarse un coche de segunda mano. «En aquella época las condiciones sí que eran duras, era muy habitual quedarse aislado por las nevadas en el observatorio, que está a 2.400 metros de altitud. En eso sí que se nota el cambio climático, en que ya no hay nevadas como las que sufríamos antes en aquellas cumbres», rememora.

Con mucha nostalgia recuerda la astrónoma Mercedes Prieto, que llegó en 1975, aquellas primeras noches frente al Teide.

«Preparábamos la comida entre todos los científicos, pasábamos las noches expectantes, mirando, hablando sobre nuestra pasión por la Ciencia. Convivíamos, todo estaba más integrado, había más implicación personal y el resultado era más satisfactorio», evoca.

En aquel tiempo, señala Prieto, el astrónomo debía estar junto al aparato permanentemente, nada parecido a la actual transmisión por banda ancha de datos a cualquier ordenador del mundo. «En la sala del telescopio estaba todo. Había que estar mirando y midiendo constantemente, para no perder de vista el objeto que estuvieras estudiando», asegura. Los datos se recogían impresos y los computadores trabajaban con papel perforado.

Rebolo también tiene viejos recuerdos de nevadas y disquetes que sólo funcionaban con computadores de otros laboratorios que no eran el suyo. Pero, tanto él como su compañero Ramón García, Coordinador de Instrumentación del IAC, tienen más presentes que uno de los mayores retos que afronta la institución es la necesidad de retener talento.

«Muchos de nuestros ingenieros, formados aquí, acaban yéndose a sitios que les ofrecen hacer el mismo trabajo, pero con el doble de sueldo», explica García. «Lo más difícil está siendo mantener un núcleo fijo de personas con las que seguir avanzando», lamenta.

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[Hum}– Problema de deseo

Un anciano va a ver al médico:

—Doctor, ¿me puede dar algo que me baje el deseo sexual?

—Pero… —objetó el médico—, no cabe duda de que, a su edad, el deseo sólo está en su mente.

— Sí —contestó el anciano—, ¡por eso quiero que me lo baje!

[LE}– Vuelco o volcadura

26-06-15

¿Cuál es la palabra correcta: vuelco o volcadura?

Las dos están bien formadas y son correctas para expresar un movimiento brusco en el que un vehículo u otro objeto queda invertido o de lado, aunque volcadura es característica sobre todo de unos pocos países (Ecuador, Perú, Bolivia). La de uso general es vuelco.

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[LE}– Plural de dóberman

26-06-15

Si según la Real Academia Española, dóberman es un sustantivo que define un tipo de perro y no hace alusiones a su origen y, además, se escribe en redonda, como cualquier sustantivo de la lengua española, ¿por qué no forma el plural como cualquiera?

En plural, dóberman se mantiene invariable, característica general de las palabras esdrújulas terminadas en ene, como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

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[*Opino}– Más sobre la chikungunya, aunque ‘light’ y con atraso. España no está libre de esa plaga

02-07-2015

Creo que es cierto todo lo que sobre la chikungunya se dice en el artículo que copio abajo, aunque, además de incompleto, llega con atraso.

Por ejemplo, en el artículo que escribí sobre cómo chikungunya me afectó incluyo muchas más consecuencias, y más graves, que las descritas en el artículo de abajo, y, además, creo que esa plaga llegó a Venezuela antes que a los países que en él se nombran, afectó a muchas personas que en tales países, y causó, que se haya sabido, 8 muertes, aunque, dado el silencio que sobre el caso se impuso, hay motivos para pensar que fueron muchas más.

Tal parece que lo grave pasó… pero en Venezuela comenzó este año la época de lluvias.

En cuanto a la persistencia de los efectos de esa plaga, a mí me dio el 08/11/2014 y aún tengo los pies hinchados, y si hago fuerza con el brazo derecho, de inmediato aparece en él una dolencia que me impide llevarlo hacia la espalda; del costado derecho no puedo pasarlo.

Y, según el artículo Peligro de dengue en España, a España podría llegar. Así lo dijo ya un médico, en un comentario puesto en mi referido artículo, e indirectamente lo dice ese artículo, pues, tal y como se cuenta en el de abajo, el transmisor de dengue y chikungunya es el mismo.

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02/07/2015

Cristina Zueger

Chikungunya, un dolor que vuela sobre América Latina

«Empezó con una fiebre muy alta y dolores muy fuertes en todo el cuerpo. En las piernas, en la espalda, como si me hubiesen golpeado. Hubo un momento en el que yo no me podía levantar».

Es el relato de Orlando, colombiano de 59 años, pero podría ser ecuatoriano, hondureño o venezolano, pues el virus de chikungunya se está propagando por Latinoamérica.

En Ecuador, han empezado las campañas de prevención para contrarrestarlo. En Honduras, el Hospital Escuela Universitario sobrepasó la capacidad de atención debido a la cantidad de personas enfermas con el virus. En México, la Secretaría de Salud informó que los contagios se han incrementado un 17,9% en la primera semana de mayo.

La mayoría de los pacientes se recuperan pero, en algunos casos, las articulaciones pueden quedar dañadas para siempre. Sólo en contadas ocasiones, provoca la muerte.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el primer semestre de este año se registraron 2.235 casos confirmados en Nicaragua, en Honduras se sospecha de unos 17.545, mientras que en Colombia 22 personas han muerto a causa del virus. Con estos datos, podría parecer que el chikungunya llegó a Latinoamérica para quedarse.

Este virus, que fue identificado por primera vez en Tanzania en 1952, se ha propagado a diferentes países de Europa y América. En 2007, se notificó por primera vez la transmisión de la enfermedad en el Nordeste de Italia, y en diciembre de 2013, se registró el primer brote de fiebre Chikungunya en la isla caribeña de St. Martin.

Desde entonces, se ha confirmado la transmisión local en más de 43 países y territorios de la Región de las Américas. Hasta abril de 2015 se habían registrado 1.379.788 casos sospechosos en las islas del Caribe, los países de América Latina y Estados Unidos; en el mismo periodo se han atribuido 191 muertes a esta enfermedad, según señala la OMS.

El virus que es transmitido por los mosquitos Aedes albopictus y Ae. aegypti, los mismos que transmiten el dengue, se diferencia principalmente del virus dengue porque, después de los tres días de incubación, genera fiebre alta y manchas en la piel, luego da paso a fuertes dolores en las articulaciones que pueden tardar meses y hasta años en ser superados. Hasta el momento, no existe un tratamiento específico ni una vacuna disponible.

La situación podría agravarse con la llegada del fenómeno de El Niño, porque las lluvias favorecen la reproducción del mosquito. Orlando dice que él y en su entorno toman todas las medidas necesarias para evitar la propagación de la enfermedad.

Sin embargo, por la estructura de las ciudades latinoamericanas es imposible controlar al mosquito. En comparación con el del dengue, la especie causante del chinkungunya se vale de cualquier depósito donde podría acumularse agua como cáscaras de coco, vainas de cacao, tocones de bambú, huecos de árboles, charcos en rocas, además de depósitos artificiales tales como neumáticos de vehículos o platos bajo macetas.

Además, está presente en regiones templadas, e incluso templadas-frías lo que explica la existencia de este virus en zonas rurales y lugares urbanos sombreados, se explica desde los organismos encargados de la salud pública en la región.

Afectación de los trabajadores

La propagación del chikungunya altera la cotidianidad. Por ejemplo, en Honduras, a inicios de 2015 el 70% de los pacientes que se atendieron con sospecha de infección trabaja en la maquila. Industria textil muy importante en la zona norte del país donde se encuentran 239 maquilas de las 262 que existen en el país.

Para Livys Cubero, gerente de recursos humanos de Génesis Apparel (una de estas empresas textiles), «se corre el riesgo que la enfermedad de chikungunya nos deje empleados incapacitados. En la maquila el colaborador trabaja con maquinaria que debe operar. Si tiene afectado el brazo o un pie, de forma automática daña su proceso productivo e ingreso económico», advierte.

En Ecuador, el Ministerio de Salud de Ecuador (MSP) incrementó las campañas de fumigación en las zonas de potencial riesgo del litoral ante la presencia del mosquito Aedes aegypti para prevenir y controlar la propagación de la fiebre chikungunya y el dengue.

Entre enero y abril de 2015, se realizaron 705.189 fumigaciones intradomiciliarias y extradomiciliarias, lo que representa un incremento del 27,1% respecto al mismo periodo de 2014, año en que se realizaron 554.705 aspersiones, indica un reporte del MSP.

Desde el organismo estatal, se hace hincapié en la importancia de la participación comunitaria para prevenir la incidencia de estas enfermedades tropicales sobre todo con la eliminación de criaderos en las casas y barrios desechando todo recipiente donde se puede almacenar agua.

«La fumigación coadyuva a la reducción del mosquito Aedes aegypti, pero no son por sí solas la solución, pues el insecticida afecta únicamente a los mosquitos que entran en contacto con el químico en el momento de la aspersión, sin efecto residual (es decir, sin efecto sobre otros mosquitos que aparezcan luego)», advierte en un comunicado el departamento de salud de Ecuador.

Es por esto que hasta se han impuesto multas de 354 dólares a las personas que no cumplan con las medidas necesarias para erradicar al mosquito. La ministra de salud de Ecuador, Carina Vance, declaró a medios locales que «sin criaderos no hay dengue ni chikungunya» y puso de ejemplo que «una familia puede cuidar que no existan estos depósitos, pero si el vecino no los elimina, los mosquitos pueden viajar hasta 400 metros a la redonda, es decir, un hogar puede afectar a todo el barrio».

Se recomienda, además, como medidas de protección contra la picadura de los mosquitos, utilizar mosquiteras y mallas finas en puertas y ventanas, además de vestir ropa con mangas largas y aplicarse repelente, sobre todo al amanecer y al atardecer, que son los momentos en los que el mosquito prefiere salir para alimentarse.

Orlando sabe que el malestar pasará, sin embargo le asusta pensar en las secuelas y la incertidumbre de cuánto tiempo tendrá que convivir con la enfermedad. De momento, espera la hora de la siguiente dosis de paracetamol. Comenta que escuchó por la radio que Perú ya registra su primer enfermo de chikungunya, «un niño de 12 años».

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