[LE}– ‘La alerta’, pero también ‘el alerta’

07/01/2015

El sustantivo alerta se emplea mayoritaria y preferentemente en femenino.

Pero también se considera válido su uso como masculino cuando se refiere a una llamada de atención o aviso (la/el alerta meteorológica/o).

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Alerta rojo: el ébola llegó a Estados Unidos»,
  • «Italia elevó ayer al nivel máximo el alerta por posibles ataques terroristas del Estado Islámico» o
  • «Nuevo alerta por fuertes lluvias para el sudeste de Santiago».

Conforme a la vigesimotercera edición del Diccionario, el sustantivo alerta tiene dos significados próximos, pero diferentes:

  1. Con el sentido de ‘situación de vigilancia o atención’ es un nombre de género femenino exclusivamente (la alerta),
  2. Con el sentido de ‘aviso o llamada para ejercer vigilancia’ admite los dos géneros: el alerta o la alerta.

Por tanto, aunque es más frecuente optar por

  • «Alerta roja: el ébola llegó a Estados Unidos»,
  • «Italia elevó ayer al nivel máximo la alerta por posibles ataques terroristas del Estado Islámico» y
  • «Nueva alerta por fuertes lluvias para el sudeste de Santiago»,

los ejemplos iniciales en masculino, habituales en países como Argentina, Uruguay o Venezuela, también se consideran adecuados si se interpreta alerta como ‘aviso’.

No sería apropiada, en cambio, una frase como

  • «Manila y las provincias colindantes de Bulacan, Rizal y Laguna se encuentran en alerta rojo»,

donde lo indicado habría sido escribir en alerta roja, pues sólo cabe interpretar el sustantivo con el significado de ‘situación de vigilancia’.

En caso de duda, si no se acierta a distinguir si alerta se está utilizando con el significado de ‘situación de vigilancia’ o el de ‘llamada de atención’, se aconseja optar por el género femenino, que siempre es adecuado.

Fuente

[*Opino}– Leer en pantalla vs. leer en papel

26-12-14

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ha sido un alivio para mí porque, simplemente, tengo problemas para leer en pantalla.

Por ejemplo, si bien detecto de inmediato las faltas de ortografía que haya en un texto escrito en papel, si ese mismo texto lo despliego en pantalla no ocurre lo mismo: puedo tener ante mis narices una de tales faltas, que no la notaré.

Es más, buscar dentro de un texto desplegado en pantalla algo que vi en una primera lectura es para mí un largo proceso que a veces requiere que lea desde el comienzo. Y si ese algo está resaltado, entonces su búsqueda se me hace más difícil,

Tendré que vivir con eso porque ya mi cerebro no está en edad de muchas adaptaciones.

~~~

26/12/2014

Pilar Quijada 

Al cerebro le cuesta menos leer en papel

Algunos estudios reflejan preferencia por el formato impreso frente al digital. Los más jóvenes, «nativos digitales», se adaptan a ambos.

Hace 25 siglos, Sócrates veía en la palabra escrita una amenaza para la oratoria y la memoria, que decrecería al plasmar las ideas en un papel.

Entonces la lectura estaba reservada a unos pocos. A medida que se extendía, muchos ojos perdían facultades a la luz de una vela por el nuevo entretenimiento, y tal vez la vista cansada de la madurez lo estaría menos sin la lectura. Pese a esas desventajas, la lectura fue un enorme avance y un gran reto para el cerebro.

Ahora el soporte digital amenaza con desplazar al papel. El cambio suscita quejas parecidas a las del filósofo, como mayor dificultad para memorizar y comprender cuando se lee en una pantalla, y mayor fatiga visual.

Hace apenas dos siglos, nada comparado con nuestra historia evolutiva, la mayoría de la gente no sabía leer. Cambiar el formato de lectura no parece tan grave para el cerebro. Es más, el cerebro no «viene programado de serie» para leer. Cada vez que alguien aprende a hacerlo, ya sea un niño o un adulto, ciertas regiones destinadas a otras funciones, como el reconocimiento de caras y objetos, se «reconvierten» para interpretar palabras.

La plasticidad de nuestro cerebro hace posible ese cambio, que mejora en gran medida su rendimiento. Por eso, lo importante es leer.

Cerebro flexible

El cerebro tiene más limitaciones de las que pensamos, pero encuentra la manera de salvarlas. Una podría ser la dificultad de leer en una pantalla cuando está «acostumbrado» al papel. ¿Pero es real?

Los más pequeños se están convirtiendo en «nativos digitales», capaces de manejar una pantalla táctil antes de caminar. Son los cerebros acostumbrados al papel los que notan el salto «tecnológico».

Nuestro cerebro se adapta a cualquier situación. Es posible que en esta era digital, con un exceso de información (anuncios, ventanas emergentes,…) sea horrible para la generación que creció con el papel, pero los jóvenes se están educando en este formato. Cómo se adaptará su cerebro, no lo sabemos, pero no hay que ser catastrofistas. Tal vez logre un funcionamiento multitarea más efectivo.

Muchas investigaciones tratan de resolver el debate pantalla o papel. La balanza que antes se inclinaba hacia el papel, ahora cambia su tendencia. La incomodidad inicial del formato digital está mejorando, y uno de cada cinco libros que se vende es digital. Pese a todo, para algunos investigadores, como Maryanne Wolf, de la Universidad de Tufts (EEUU), el papel tiene ventajas.

A su juicio, un texto es un paisaje escrito que se asemeja a un mapa topográfico que guía la lectura. El soporte digital restaría referencias: no vemos la extensión, esquinas o márgenes, ni tiene casi ilustraciones, que ayudan a recordar. La memoria visual también es importante.

Otros estudios no ven tan claras esas ventajas, sobre todo cuando la edad de los lectores disminuye. Un trabajo de 2012 del «Brithish Journal of Educational Tecnology» no halló diferencias entre universitarios que leían un texto de 600 palabras en formato digital o impreso. La comprensión y detección de errores fue igual en ambos casos, aunque la tarea se acortó en la pantalla.

Es cierto que ha habido trabajos mostrando la “superioridad” de la lectura en papel. Si exceptuamos los más antiguos, cuando la resolución de la pantalla y la forma de las letras era de menor calidad, o trabajos con deficiencias metodológicas, las posibles diferencias no están tanto en los aspectos propiamente cognitivos, como los procesos básicos de la lectura, como los movimientos oculares, que son los mismos en papel y pantalla. Las diferencias son más bien metacognitivas.

Menos referencias

Son precisamente esos aspectos, más subjetivos, los que suponen ciertas limitaciones para los que no somos «nativos digitales». Todos tenemos la experiencia de imprimir las páginas que vemos en la pantalla para leerlas más a gusto y captar mejor los detalles, especialmente si hemos de interiorizar su contenido. Algo acorde con el formato en el que aprendimos a leer.

Al menos para los no nativos digitales, la limitación está a la hora de leer libros electrónicos de texto o de referencia.

Por otro lado, el formato electrónico, con hipertexto (enlaces) permite ahorrarse la visita al diccionario o a otro sitio de consulta, y acceder de inmediato a contenidos extra, pero es cierto que implica estrategias de lectura diferente.

La cuestión no son las posibles diferencias entre leer en papel o pantalla, sino cómo mejorar la lectura digital, dado que parece inevitable la transición.

Pese a todo, muchos niños disfrutan leyendo con sus padres un cuento en papel a la hora de dormir, aunque el formato digital permite incluir vídeos y sonidos. El mundo está cambiando en esta era digital, y nuestro cerebro, como siempre, logrará adaptarse a ese nuevo reto.

Las ventajas de un texto digital

Facilita la lectura a niños con dislexia. Un texto digital puede tener ventajas que no ofrece el papel. Por ejemplo, para quienes tienen deficiencias visuales aumentar el tamaño de la letra supone un gran alivio. Pero quizás lo más novedoso y alentador esté en el campo de las dificultades de aprendizaje de los más pequeños.

Varias investigaciones recientes han mostrado que un ligero aumento del espaciado entre las letras (respecto al espaciado estándar) produce tiempos de lectura más rápidos en los niños con dislexia, así como mejoras en la comprensión de los textos.

Si bien el aumento en el espaciado de las letras no “cura” la dislexia, sí permite mejorar el proceso de lectura. La posibilidad de modificar el espaciado entre letras, disponible en los programas de procesamiento de texto, debería incorporarse también a los libros electrónicos, en opinión de los autores.

Fuente

[*MiIT}– Transferir a un disco de estado sólido (SSD) el Windows 7 instalado en un disco duro normal (HDD)

03-01-2015

Carlos M. Padrón

Mi PC de trabajo diario —una desktop (de escritorio), por supuesto— tenía instalados tres discos duros (HDD, por hard disk drive), a saber:

  • Un Western Digital SATA de 320 GB (WD-SATA-320)
  • Un Western Digital IDE de 320 GB (WD-IDE-320)
  • Un Western Digital SATA de 160 GB (WD-SATA-160)

Hace un tiempo comencé a notar que esa PC emitía unos ruidos raros que parecían provenir de uno de los discos, y temí que el WD-SATA-160, que ya tiene 5 años de uso, fuera a fallar.

Además, como el Windows 7 (W7) instalado en mi PC tomaba mucho tiempo en arrancar y mucho en cerrar, decidí reemplazar el WD-SATA-160 por un disco de la nueva tecnología de estado sólido, un SSD (por solid state technology) que, entre otras ventajas, es mucho más rápido en su operación.

Compré un SSD Samsung de 128 GB (SSD). Antes de que me llegara elaboré una detallada guía con todos los pasos a seguir en el proceso de transferencia que, según lo que al respecto leí, sería «pan comido».

Y en la tarde-noche del domingo 28/12/14 puse manos a la tarea de traspasar al disco SSD el W7 residente en la partición ‘C’ del disco WD-SATA-320.

El proceso transcurrió así:

1.- Usar un programa adecuado

Usé el «EaseUS Todo Backup» para hacer en un disco externo USB-3.0 una copia de la imagen del W7 instalado en el WD-SATA-320. Cada semana suelo hacer una de esas copias, conocidas como «System image backup».

2.- Intercambiar discos

Saqué de la PC el venerable WD-SATA-160 y monté en su lugar el SSD.

3.- Formatear

Formateé el SSD.

4.- Inhabilitar

Inhabilité el WD-SATA-320, de forma que el W7 en él instalado quedara inaccesible.

5.- Seleccionar boot (escoger la unidad desde la que debe arrancar la PC)

Reinicié la PC y pedí boot por la unidad de CD/DVD.

6.- Primer intento de transferencia

Monté en la PC el CD de la herramienta «WinPE Recovery» que trae el programa «EaseUS Todo Backup», reinicié, y con esa herramienta inicié el proceso de transferir al SSD el W7 guardado en el disco externo USB-3.0.

Y ahí surgió el primer tropiezo, pues el «WinPE Recovery» no «veía» el disco externo.

7.- Segundo intento de transferencia

Pedí ayuda a la gente de EaseUS, y, además de enviarme la última versión del «WinPE Recovery» —la que yo tenía la hice cuando compré el «EaseUS Todo Backup»—, me sugirieron que, aunque el disco externo es USB-3.0, que lo conectara a un puerto USB-2.0.

Cambié de puerto el disco externo, instalé esa última versión del «EaseUS Todo Backup», repetí el intento, y esta vez sí pude hacer la transferencia.

8.- Pantalla negra

Terminado este segundo intento de transferencia —satisfactoriamente, según dijo el «WinPE Recovery»—, reinicié la PC y pedí boot por el disco SSD, pero el resultado fue que, en vez de la pantalla de inicio del W7, apareció una pantalla negra con un cursor blanco titilando en la esquina superior izquierda. Y ahí comenzó mi calvario.

9.- Usar otras opciones del «WinPE Recovery»

De nuevo pedí ayuda a los de EaseUS, quienes sugirieron que repitiera la operación, pero no usando las opciones «Recover to dissimilar hardware» (que había usado yo antes porque me pareció lógico por cuanto estaba recuperando desde un HDD a un SSD, que son de tecnologías diferentes) ni la «System Image recovery» (aunque antes me habían dicho ellos que sí la usara), sino la «Disk/Partition Recovery», y que arrancara desde el menú de lo guardado en el disco externo (cosa que tampoco me habían dicho).

10.- Tercer intento de transferencia

Procedí de nuevo a realizar la transferencia, una vez implementadas estas recomendaciones, pero el resultado fue el mismo del paso 8: pantalla negra. Ante esto, ya los de EaseUS guardaron silencio, pues no supieron, o no quisieron, darme más sugerencias.

11.- Regresar a lo seguro

Para tomarme un respiro y ganar más tiempo para buscar una solución, decidí dar marcha atrás e inhabilité el SSD, habilité el WD-SATA-320 (donde estaba el W7 original), y reinicié pidiendo boot por ese disco.

Para mi muy desagradable sorpresa y mayor incredulidad, descubrí que, si bien el sistema arrancó por la pantalla de inicio del W7, no me permitía ver ninguno de los discos ni particiones donde estaban los datos. Al intentarlo aparecía el mensaje «Server execution failed» (falla de ejecución en servidor).

Si durante la transferencia del W7 ese disco había estado inhabilitado, ¿cómo era posible que algo en su contenido se hubiera alterado? Aburrido, me fui a dormir a medianoche.

12.- Reparar el W7 transferido

A primera hora del lunes 30/12/14, y siguiendo la sugerencia de un amigo que sospechó que el problema podría venir de una falla en el SSD, sometí éste a un check disk que nada malo encontró.

Luego, y sirviéndome de Mierdovo (la laptop Lenovo que uso cuando viajo; ¡qué de gran utilidad puede ser tener en estos casos una segunda PC que funcione bien!), procedí a buscar en la Red alguna solución al problema de la maldita pantalla negra.

Y sí, es cierto que hoy en día en la Red está todo, o casi todo, pero cada vez lleva más tiempo encontrarlo; de ahí que estas búsquedas puedan tomar horas.

Como es ahora cada vez más frecuente —la red tiende a putearse—, encontré muchos posts, la mayoría de larga lectura, que poco o nada tenían que ver con lo que prometían, sino que estaban destinados a promocionar algún programita «milagroso».

Uno de tales posts sugería, como era de esperar, el uso de la opción «Reparar Windows» que viene en el DVD original de ese sistema operativo. La usé, pero el resultado fue la misma pantalla negra.

13.- «Command Prompt»

Seguí mi búsqueda en la Red, y di con un post que sugería usar el mismo disco original del W7 y, si fallaba el «Reparar Windows», escoger la opción «Command Prompt» y dentro de ella aplicar el comando «Bootrec /FixMBR».

Si éste no corregía el problema, seguir con el «Bootrec /FixBoot, y si éste tampoco corregía el problema, intentar entonces con el «Bootrec /RebuildBCD».

14.- Primer logro

Seguí esta recomendación, aplique el «Bootrec /FixMBR», reinicié la PC dejando el boot por SSD, y, ¡eureka!: esta vez sí apareció la pantalla inicial del W7.

15.- Segundo «Server execution failed«

Pero como no hay felicidad completa, y a mis ciberbrujas —de las cuales Murphy se habría ocupado de haberlas conocido— les encanta complicarme la vida, no pude acceder a ninguna de las unidades de disco en que estaban los datos, pues al intentar abrir «Computer», aparecía otra vez el mensaje «Server execution failed«; o sea, que ahora los dos W7, el del disco WD-SATA-320 y el del SSD tenían la misma falla y eran inservibles.

16.- Segundo logro

Durante todo ese día lunes continué mi búsqueda en la Red, pero sin éxito —por eso no pude reanudar el lunes 29/12/14 las publicaciones en este blog—, y continué buscando el martes 30/12/14.

En la tarde de ese martes di con un post que sugería que, para remediar un «Server execution failed«, podría ayudar un programa utilitario de Microsoft llamado «Microsoft FIXit».

Reinicié la PC manteniendo boot por el SSD, bajé ese pequeño programa, lo ejecuté y, de nuevo, ¡eureka!: pude acceder a toda la data residente en cualquier partición de los discos de mi PC.

17.- Nuevas particiones y redistribución de datos

Después de trabajar con el W7 del SSD por el resto del día, y comprobar que estaba operativo al 100%, procedí a eliminar el W7 residente en el disco WD-SATA-320, y a distribuir, entre ese disco y el WD-IDE-320, los datos que estaban en el venerable WD-SATA-160, que ha pasado a jubilación, aunque tal vez sirva para una emergencia.

~~~

Así arreglé todo, pero sigo sin saber cómo fue posible que el W7 residente en el disco WD-SATA-320 se hubiera alterado si, durante la operación que habría podido alterarlo, el tal disco permaneció inhabilitado y, por tanto, sin posible acceso a él. Tal vez algún día encuentre yo la explicación.

¡Qué poderosas son mis ciberbrujas,… y otras que no son cíber!

Samsung ofrece los recursos para hacer la transferencia vía USB. Para ello, además del CD contentivo del software necesario y que viene con el disco SSD, ofrece también un cable especial para conectar ese disco a un puerto USB y efectuar así la transferencia, tanto de un sistema operativo como de datos.

Pero como en los Customer Reviews —que son las opiniones, positivas o negativas, de quienes han usado ese disco— leí que no había necesidad de comprar el tal cable porque la operación de transferencia podía llevarse a cabo fácilmente con cualquiera de varios programas disponibles, como el «EaseUS Todo Backup» que tengo y uso desde hace años, no compré ese cable.

De haberlo comprado, o tal vez de haber montado el SSD en una carcasa (enclosure) de disco externo, seguramente —y con la venia de mis ciberbrujas— me habría evitado el calvario arriba descrito, pero también habría dejado yo de recibir las experiencias y conocimientos que me trajo ese calvario que duró más de dos días.

[*Opino}– El amargo sabor de la percepción del tiempo

24-12-14

Carlos M. Padrón

Como ya dije en Reflexiones sobre el TIEMPO, el tema de cómo cambia la percepción que acerca de él tiene uno durante su vida es algo que se me antoja de suma importancia, y tanto que, repito, debería ser de enseñanza obligatoria desde la Secundaria, aunque sólo sea por aquello de que «guerra avisada,…».

La explicación que al respecto da el artículo que copio abajo —eso de que el cerebro gasta más en memorizar cosas nuevas— no me satisface, pues muchas de las cosas que ahora veo pasar a enorme velocidad no las había visto yo antes. Adempás, lo que noto que pasa a gran velocidad es el tiempo en sí, no las cosas, hechos, eventos, etc. a él asociados; noto la tal velocidad la noto en trozos de tiempo, como, por ejemplo, un año, 5 años, 10 años,…

Y lo peor es que si noto que los últimos 10 años pasaron a gran velocidad, debo concluir que los 10 próximos, si es que alcanzo a vivirlos, pasarán aún más rápido. El desagradable sentimiento que eso produce podría no serlo tanto si desde mi juventud estuviera yo consciente de que eso es parte de la vejez.

Así que ahora sólo me queda aferrarme a lo que escribí cuando aún tenía yo 19 años:

El tiempo corre, se aleja,
y en su veloz transcurrir
tristes recuerdos nos deja;
trozos de la vida vieja
que se resiste a morir.

Recuerdos que al revivir
lastiman el corazón
y duelen con un dolor
que nos mueve a sonreír.

Y no podemos huir
de ese dulce padecer.
Mejor, pues, es comprender
y dentro del pasado gris
recordar como feliz
lo que feliz pudo ser.

~~~

24/12/2014

¿Por qué el tiempo pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores?

En la infancia, las vacaciones se hacen interminables, y la Navidad parece que dure meses. En cambio, conforme avanzan los años, los meses empiezan a pasar volando… ¿Por qué ocurre?

Neurocientíficos y psicólogos han intentado encontrar una explicación con varias teorías, de las que este miércoles se hace eco «El Correo».

Al parecer, nuestro cerebro funciona como si fuera un computador que interpreta la realidad de forma distinta según las circunstancias.

Así, cuando la información es nueva, el cerebro gasta más energía en procesarla. Prestamos más atención y registramos más detalles que cuando la experiencia es repetida, y este esfuerzo mental nos produce la sensación de que el tiempo transcurrido es mayor.

La mayoría de las experiencias nuevas se acumulan durante la niñez, adolescencia y primera juventud. Por eso, durante esos años parece que el tiempo es más largo.

Lo mismo ocurre cuando realizamos un viaje, por ejemplo. Nuestro cerebro se esfuerza por memorizar cada detalle, lo que produce la sensación de que el tiempo se dilate. Cuando las vivencias se convierten en rutina, los recuerdos se diluyen en nuestra memoria.

Fuente

[LE}– ‘El maratón’ y ‘la maratón’, formas adecuadas

05/01/2015

La palabra maratón puede emplearse tanto en masculino (el maratón) como en femenino (la maratón).

Esto, según el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD).

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Un tribunal rechaza aplazar el juicio por el ataque del maratón de Boston» o
  • «Empieza el juicio por el atentado en la maratón de Boston en 2013»,

que son ambas válidas.

De acuerdo con la Academia, el sustantivo maratón, que alude a una ‘carrera pedestre de resistencia’ y, en general, a una ‘competición de resistencia o actividad larga e intensa’, comenzó a circular en el primer tercio del siglo XX con género masculino, aunque más tarde, por influencia del género de prueba o carrera, se extendió su uso en femenino, que también se considera apropiado.

El DPD desaconseja, en cambio, la grafía marathón.

Se recuerda asimismo que los términos maratoniano y maratonista son los adecuados para referirse a los participantes en esa prueba.  

Fuente

[LE}– ‘Catastrazo’, ‘decretazo’ o ‘ivazo’ no necesitan comillas

02/01/2014

Los sustantivos catastrazo, decretazo, ivazo, tasazo o recetazo, entre otros, no necesitan comillas.

La razón es que están formados de acuerdo con las indicaciones de la Nueva Gramática de la Lengua Española sobre el uso del sufijo –azo.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «Cuenta atrás para otro “catastrazo”»,
  • «Obama irá hasta el final con el ‘decretazo’ de la reforma migratoria»,
  • «El “IVAzo” del PP dejó a la música en vivo “en el fango” en 2013»,
  • «El ‘tasazo’ de Gallardón cumple dos años» o
  • «Los parados sin subsidio son el único sector de la población al que no perjudica el ‘recetazo’».

Conforme a la Academia, el sufijo -azo, originalmente empleado en nombres de golpe, como martillazo, codazo o escobazo, traslada este matiz a sustantivos que expresan «acciones o decisiones políticas o administrativas que poseen carácter público, generalmente actuaciones sonadas o sorpresivas de cierta trascendencia, unas veces autoritarias y otras reivindicativas».

Pese a no hallarse todos en los diccionarios, se trata de sustantivos respetuosos con las normas de derivación y se encuentran ampliamente extendidos, o, en los casos de más reciente creación, se entienden de inmediato con facilidad por analogía con los ya asentados, por lo que no necesitan, en cualquier caso, ningún tipo de resalte.

La propia Gramática recoge términos como catastrazo, decretazo, medicamentazo, salariazo o tarifazo.

Así pues, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «Cuenta atrás para otro catastrazo»,
  • «Obama irá hasta el final con el decretazo de la reforma migratoria»,
  • «El ivazo del PP dejó a la música en vivo “en el fango” en 2013»,
  • «El tasazo de Gallardón cumple dos años» o «Los parados sin subsidio son el único sector de la población al que no perjudica el recetazo».

En el caso de ivazo, cabe señalar que lo apropiado es escribir tal sustantivo en minúscula, pese a que la sigla IVA requiera la mayúscula, de igual manera que sucede con los derivados ugetista o priista a partir de UGT y PRI.

Fuente

[Hum}– Texas Redneck

His name was Bubba, he was from Texas, He needed a loan, so he walked into a bank in New York City and asked for the loan
officer.

He told the loan officer he was going to Paris for a international redneck festival for two weeks, and needed to borrow $5,000, and he was not a depositor of the bank.

The bank officer told him they would need some kind of security for the loan, so the Redneck handed over the keys to a new Ferrari. The car was parked on the street in front of the bank.

The Redneck produced the title and everything checked out. The loan officer agreed to hold the car for the collateral, and apologized for having to charge 12% interest.

Later, the bank’s president and officers had a good laugh at the Redneck from Texas for using a $250,000 dollar Ferrari for a $5,000 loan. An employee later drove the car to the bank’s private underground parking garage and parked it.

Two weeks later, the Redneck returned; repaid the $5,000 loan and $23.07 interest. The loan officer said,

—Sir, we are very happy to have your business, but we are puzzled. While you were away we checked Dunn and Bradstreet and found out you are a distinguished alumni from Texas A&M; a very sophisticated investor and a multi-millionaire with real estate and financial interests all over the world. Your investments include a large number of wind turbines at Sweetwater, Texas. What puzzles us is why would you borrow $5,000?

The good ole boy replies,

—Where else in New York City can I park my car for $23.07 for two weeks and expect it to be there when I return.

Keep a eye on those Texas boys!

Courtesy of Bob Meehan