[*MisCan}– Alicia, mi hija mayor, canta ahora segura y bien

30-01-15

Carlos M. Padrón

Sí, se trata de Alicia, la ilustradora de libros infantiles.

Elena, mi hija menor, la psicóloga, ha llegado hasta a grabar discos, actuar en público, etc., pero Alicia siempre dijo que no podía cantar bien, y que cuando lo intentaba le daba pena —como tal vez podría notarse AQUÍ—. Sin embargo, en una grabación, basada en karaoke, parece que se olvidó de eso.

Para escuchar/bajar el archivo, clicar AQUÍ.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: La Dolores de Calatayud

02/10/2014

Mónica Arrizabalaga

La leyenda poco tiene que ver con la mujer real que acabó sus días en Madrid.

«No tengo ninguna duda de que «La Dolores» es Dolores Peinador Narvión, he encontrado miles de documentos que guardo en mi archivo y tengo muchos testimonios fehacientes contrastados», asegura Antonio Sánchez Portero a ABC.

El autor de «La Dolores, algo más que una leyenda» (1998) o «La Dolores: un misterio descifrado» (1987) lleva más de cuarenta años investigando quién fue la mujer que inspiró la famosa copla «Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa, y amiga de hacer favores».

«La copla surgió de forma anónima en Calatayud hacia 1840-1850, lo que «obligó» a Dolores Peinador a trasladarse a Madrid», afirma el hoy consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos de la institución Fernando el Católico.

María de los Dolores Peinador Narvión había nacido en Calatayud el 13 de mayo de 1819. Perteneciente a una de las más distinguidas familias bilbilitanas, su madre al morir le había dejado una cuantiosa herencia que el padre, casado en segundas nupcias, se resistía a entregar.

A esta herencia que pronto habría de poseer sumaba Dolores una extraordinaria belleza —«alta, rubia, de ojos azules, que más por el señorío de su porte y su gentileza, atraía por la sugestión de su mirada»— que acaparó la atención de muchos pretendientes.

Con 20 años recién cumplidos, Dolores se casó en secreto en Zaragoza con Esteban Tovar, un teniente granadino que acababa de dejar el Ejército para vivir de su ventajoso matrimonio. Comenzaron entonces unos interminables litigios con su padre con los que obtuvieron finalmente la herencia, pero a un alto costo y su desordenada vida matrimonial dilapidó pronto los bienes, arrastrándoles casi hasta la miseria.

Su descalabro social y la vida irregular de Dolores y su marido dieron pie a la famosa copla popular de doble sentido que ha quedado indisolublemente unida a la ciudad. «Antes no se podía nombrar a la Dolores en Calatayud, porque acarreaba consecuencias desagradables», señala Sánchez Portero.

En 1850 el matrimonio se trasladó a Madrid, a la calle de la Ballesta. De allí pasarían a la calle Cruz Verde, y a la calle Jardines donde vivía ya viuda en 1850 con su hijo Esteban. «Falleció en agosto de 1894 en la calle Flor Alta, en el Palacio de los Marqueses de Altamira, y fue enterrada en La Almudena en una tumba de caridad», apunta Sánchez Portero, para quien estas calles donde vivió «son muy «ilustrativas» de su personalidad».

«Por más que fuese Dolores Peinador protagonista de hechos singulares, destacados y, si se quiere, escandalosos, al no tener éstos relevancia histórica, su recuerdo se ha ido diluyendo, difuminando en el más completo olvido», señala Sánchez Portero en un tríptico del Mesón de la Dolores.

La Dolores de Feliú y Bretón

La azarosa vida de La Dolores real es muy distinta a la leyenda de la joven hermosa y caritativa que servía en la Posada de San Antón de Calatayud, según el romance que estrenó José Feliú y Codina en Madrid en 1893, y que posteriormente Tomás Bretón convirtió en la zarzuela mundialmente famosa.

Seducida por un barbero llamado Melchor, que la rechaza para casarse con una rica heredera, a La Dolores del drama la pretenden un rico mercader (Patricio) y un sargento (Rojas) aunque finalmente es el seminarista Lázaro, quien enamorado pelea con Melchor y acaba apuñalándole en el corazón.

Feliú y Codina ideó el drama tras haber oído la copla popular en la estación de La Zaida un ciego que solía cantar al paso de los trenes. Según José María Iribarren, el propio ciego llamado Pascualón habría improvisado la copla después de que «una guapa moza, donairosa y alegre» le preguntara en tono cariñoso por la causa de su ceguera y le diera una limosna.

La versión que recoge el autor de «El porqué de los dichos» fue publicada por Gregorio García Arista en «El Español» del 13 de octubre de 1945 con el título «Cómo nació la canción de La Dolores».

«Feliú vio, o quiso ver, en la palabra «favores» una intención distinta de la que tuvo en la copla original. Y así surgió La Dolores», señala Iribarren, que recoge cómo Calatayud convocó un certamen en 1924 para desvirtuar el sentido de la canción popular y enaltecer el honor de la mujer bilbilitana.

Pero «la copla, cantada por pueblos y caminos (aquí encaja la fábula o invención del ciego) ha sido la semilla que ha engendrado un Patrimonio cultural en la Literatura y la Música», subraya Sánchez Portero. Las investigaciones de este estudioso aragonés han reconciliado a Calatayud con La Dolores que hoy cuenta hasta con un museo en su honor.

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[LE}– ‘Aprieta’, no ‘apreta’

30/01/2015

El verbo apretar se conjuga como acertar, de modo que lo apropiado es escribir aprieta o aprietan, en lugar de apreta y apretan.

Sin embargo, en los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Ese es el punto donde le apreta el zapato al ministro»,
  • «Rafael Nadal apreta el puño durante el partido ante Klizan» o
  • «Córner para los visitantes, que apretan en estos últimos minutos».

Tal como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas, al conjugar el verbo apretar lo apropiado es mantener el diptongo en las formas de la tercera persona del presente, ya sea del singular o del plural: aprieta y aprietan.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Ese es el punto donde le aprieta el zapato al ministro»,
  • «Rafael Nadal aprieta el puño durante el partido ante Klizan» y
  • «Córner para los visitantes, que aprietan en estos últimos minutos».

Se recuerda asimismo que el sustantivo correspondiente a esta familia léxica es aprieto, no apreto, por lo que, en lugar de

  • «Los gaditanos, por su parte, buscarán poner en apretos a los de Marcelino»,

lo apropiado habría sido 

  • «Los gaditanos, por su parte, buscarán poner en aprietos a los de Marcelino».

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[*Opino}– Insultos. ‘Cabrón’ tuvo su origen en la conquista de las Islas Canarias

29-01-15

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo, y que trata sobre la conquista de las Islas Canarias, añadí correcciones y términos, y reemplacé algunos de éstos porque, hasta donde sé, los originales o no son correctos o no son precisos.

Todo lo que añadí o cambié lo puse entre corchetes, o sea […].

En su obra «Así murió Tanausú», el pasense Martín Pérez Taño —conocido en nuestro pueblo de El Paso como Miguel Ángel Pérez Taño, mencionado AQUÍ por mí a título de agradecimiento, y muerto en Las Palmas el pasado año (q.e.p.d)— desarrolla la tesis de que, si Tanausú salió de La Caldera y bajó hasta la Fuente del Pino en supuesta aceptación de la invitación a dialogar, lo hizo a sabiendas de que lo apresarían, pero salió porque estaba convencido de que si el asedio a su reino continuaba, su pueblo moriría de hambre.

Creo que tiene mucho sentido, pues dentro de La Caldera no iban a conseguir por siempre la comida que necesitaban.

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29/01/2015

César Cervera

Insultos. El pirata Cabrón y la épica conquista castellana de las Islas Canarias

En la invasión de Gran Canaria [Las Palmas], un ejército castellano se impuso a una fuerza de miles de guanches.

La superioridad de la caballería fue determinante, frente a una enconada resistencia que dejó sin dientes al mismísimo hombre que da nombre al insulto.

Hubo un tiempo en el que las Islas Canarias —llamadas así por los romanos al hallar grandes mastines en sus tierras, algo que la arqueología no ha podido demostrar—, eran un lugar casi mitológico poblado por los guanches: nativos, supuestamente de gran envergadura, cabellos rubios, ojos claros (similares a las tribus del Rif africano) y avanzadas técnicas de astronomía.

Un paraíso cuya importancia geográfica —redescubierta con la apertura de las grandes rutas marítimas— lo convirtió en objeto de deseo de españoles, italianos, franceses y portugueses.

Durante casi 100 años, Castilla acometió una hercúlea campaña militar para someter a su fiera población local, campaña que llegó a su conclusión en 1496. Hasta entonces, ni siquiera las acciones militares del mítico pirata Pedro Fernández Cabrón, quien regresó a su Cádiz natal con la boca torcida a causa de una pedrada de un guanche, pudo amansar la resistencia local.

La larga duración de la conquista de las Canarias se explica por la dificultad de reducir a una población especialmente belicosa, y por las distintas realidades de cada isla. Lo que allí pudieran encontrarse los europeos de finales de la Edad Media era un misterio, puesto que, durante mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas desaparecieron de la Historia.

Así, los primeros que renovaron el interés por unas tierras mencionadas por griegos y romanos fueron los navegantes mallorquines, portugueses y genoveses que empezaron a visitarlas con cierta frecuencia a partir del siglo XIV. No en vano, en 1402 comenzaron los intentos por establecer colonias permanentes.

El barón normando Jean de Bethencourt desembarcó en Lanzarote con 53 hombres en busca de orchilla2, un colorante natural para teñir tejidos (con las mismas propiedades de la cochinilla americana). Aunque sus esfuerzos corrían por iniciativa particular, la falta de recursos obligó al normando a entregar sus conquistas al Rey de Castilla.

Con el dominio de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y la Gomera, los Reyes Católicos se plantearon en 1478 tomar posesión de las islas más grandes y peligrosas: Las Palmas, La Palma y Tenerife. Comenzó entonces la fase más épica y sangrienta de la conquista de las Islas Afortunadas.

Tras varias intentonas que fracasaron por la escasez de tropas, los Reyes designaron al capitán aragonés Juan Rejón para encabezar una expedición de 650 soldados castellanos con el objetivo de anexionar la isla de Las Palmas —un territorio poblado por casi 40.000 habitantes— ya fuera de forma pacífica o militar.

Poco después de desembarcar en la isla, 2.000 guerreros cayeron sobre Rejón en lo que parecía una masacre sin remedio. No obstante, los guanches —término genérico para designar a los aborígenes de todo el archipiélago [cada isla tenía su propio gentilicio. Los aborígenes de La Palma eran awaritas]— cometieron el error de presentar un ataque campal, en vez de aprovechar su conocimiento de la geografía para hostigar a los castellanos.

La caballería europea mató durante su carga a 300 nativos, que usaban como armamento piedras y lanzas de madera. La exitosa aventura de Rejón se completó meses después con el hundimiento de una flota portuguesa que trataba de establecer una colonia.

Fernández Cabrón da nombre al insulto

El carácter rudo y despótico de Rejón provocó una lucha interna que terminó en la expulsión del capitán aragonés con rumbo a España. Sin embargo, los Reyes Católicos tomaron parte por Rejón y le enviaron de vuelta a la isla junto a 400 soldados y el pirata Pedro Fernández Cabrón.

Este oscuro personaje gaditano —cuyo nombre, según varias fuentes, empezó a utilizarse como término despectivo a raíz de sus maldades— fue destinado a abrir un nuevo frente al sur de Las Palmas. Cabrón, al frente de 300 hombres, se internó hasta la caldera de Tirajana, donde sufrieron una emboscada a base de pedradas. Los guanches mataron así a más de 200 castellanos y dejaron con la boca torcida al pirata y esclavista gaditano, que perdió la mayor parte de los dientes.

Tras un nuevo complot contra Rejón, que acabó con la ejecución de uno de los cabecillas, los Reyes Católicos se convencieron de enviar a un capitán que no fuera cuestionado con tanta frecuencia, y el 18 de agosto de 1480 alcanzó la isla Pedro de Vera con un nuevo refuerzo de 170 hombres.

Sus primeras acciones, sin embargo, acabaron en sonadas derrotas contra los nativos que, desde la escabechina que sufrió Cabrón y sus hombres, habían tomado la medida a los españoles.

Dispuesto a acabar con el espíritu guerrero de los guanches, Vera atacó a su líder, el fiero Doramás3 [Doramas], en la zona de Arucas. En inferioridad numérica —los castellanos, como haría décadas después Hernán Cortés en la batalla de Otumba contra los aztecas— sabían que sus posibilidades de vencer pasaban por abatir al líder guanche al principio del combate.

Las crónicas citan que un jinete llamado Juan de Flores le atacó con su lanza desde el caballo, pero Doramas desmontó al castellano con su espada de madera quemada, y le abrió la cabeza. A continuación, el guanche desarmó también a un ballestero llamado Pedro López y se dirigió hacia el capitán Vera.

Uno de los hombres de confianza de éste, Diego de Hoces, consiguió alcanzarle un tajo a Doramas, quien se revolvió y le partió la pierna al español. Finalmente, fue el propio Vera quien acometió una lanzada mortal en el pecho del líder nativo.

La muerte de Doramas abrió las puertas al avance castellano. Con el colapso de la resistencia guanche en 1483, una horda de 600 guerreros y 1.000 mujeres se internó en la isla en un desesperado éxodo. La dureza del terreno hizo que este grupo no tardara en dispersarse en busca de alimentos, dejando vía libre al dominio español.

La Palma y Tenerife: una guerra escarpada

El siguiente objetivo marcado por los Reyes Católicos fue la isla de La Palma, y el capitán elegido para esta empresa Alonso Fernández de Lugo, quien había remplazado a Pedro de Vera tras los episodios de crueldad protagonizados por éste durante una sublevación en La Gomera.

No en vano, la isla vecina presentaba, en principio, menos obstáculos: su población sólo era de 2.000 personas y estaba fragmentada en 12 reinos. Así, salvo uno de estos reinos [Aceró] —el situado en la Caldera de Taburiente—, todos fueron derrotados o se rindieron al poco tiempo de desembarcar Fernández de Lugo en 1492.

El último rey resistió con sólo 100 hombres las acometidas castellanas, ayudado por lo escarpado del terreno. De hecho, el capitán español sólo pudo vencer al nativo usando una treta. Lugo invitó al rey local a parlamentar, y, cuando [Tanausú] salió de su posición elevada, lo prendió por sorpresa. Como era habitual entre estos jefes tribales, el preso se suicidó por inanición cuando viajaba a la península Ibérica.

Fuente

NotasCMP

  1. Lo entre corchetes [… ] lo he puesto yo.
  2. ¿Orchilla? En Canarias se le llama cochinilla. Pero parece que no, pues, según comentario de un lector, la orchilla, nativa de Canarias, fue reemplazada por la cochinilla. O sea, que se trata de dos productos, ambos colorantes, pero diferentes.
  3. ¿Doramás? En Canarias se le ha llamado siempre Doramas.

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[*Opino}– La RAE y sus normas del uso de mayúsculasy minúsculas

28-01-15

Carlos M. Padrón

¿No quedamos en que los nombres propios van con mayúscula inicial?

Pues, si es así, entiendo que Iglesia lleve mayúscula inicial cuando es el nombre de una institución, pero Iglesia Católica, ¿no es también el nombre propio de una institución específica y, por tanto, aunque de dos palabras, deberían ambas llevar inicial mayúscula?

Salvando las distancias, es algo como Pedro Pérez; se escribe así, y no Pedro pérez.

Esto son ganas de confundir a los lectores.

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27/01/2015

‘Iglesia anglicana’, con ‘i’ mayúscula y ‘a’ minúscula

La palabra Iglesia se escribe con mayúscula cuando hace referencia a la institución eclesiástica, pero los adjetivos que puedan acompañar a este sustantivo se escriben en minúscula: Iglesia anglicana, Iglesia católica o Iglesia ortodoxa.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «La Iglesia Anglicana consagra a la primera obispa de su historia»,
  • «Libby Lane, primera obispa de la iglesia anglicana en Inglaterra» o
  • «La Iglesia Ortodoxa de Rusia intenta censurar un libro que visibiliza a las familias homoparentales».

De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, los sustantivos que, junto con sus usos como nombres comunes, cuentan con acepciones en las que designan entidades, organismos o instituciones, se escriben con mayúscula inicial. De este modo, iglesia se escribe con minúscula cuando el referente es el edificio en el que se congregan los fieles, pero se opta por Iglesia, con mayúscula, si se alude a la institución.

Esta misma obra aclara que la mayúscula afecta tanto al singular como al plural, pero no se aplica a los especificadores que puedan acompañar al sustantivo: las Iglesias católica y ortodoxa.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «La Iglesia anglicana consagra a la primera obispa de su historia»,
  • «Libby Lane, primera obispa de la Iglesia anglicana en Inglaterra» y
  • «La Iglesia ortodoxa de Rusia intenta censurar un libro que visibiliza a las familias homoparentales».

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[Hum}– Justicia al estilo griego

Una pareja, marido y mujer, se habían divorciado y se disputaban ante una corte griega la custodia de los hijos.

La madre argumentó ante el juez que, como ella había traído al mundo a esos hijos, era a ella a quien correspondía su custodia.

Terminado el alegato de la madre, el juez pidió al marido que diera el suyo. Después de un largo silencio, el hombre se levantó y dijo:

—Señoría, cuando yo introduzco una moneda en una máquina expendedora de refrescos y me sale una Coca-Cola, ¿a quién pertenece ésta, a la máquina o a mí?

El hombre ganó la custodia.

Cortesía de Manuel Alberto Gutiérrez

[*Opino}– Los hijos y la pareja

27-01-15
Carlos M. Padrón

Lo que dice el artículo titulado «Relaciones sexuales después de ser padre» (para ver el artículo, clicar en el titular), no me extraña nada, pues como, entre otras casa, dije AQUÍ, para la pura relación de pareja, los hijos son un estorbo.

Pero lo que entendemos como relación de pareja poco interesa a la madre Naturaleza, cuyo único interés es la perpetuación de la especie, y de ahí la actitud de lo que llamo «madre bioanimal«.