[*Opino}– «El hombre de mi vida me ha dejado». Parodia extrema de una madre “bioanimal”

El escrito que copio más bajo, cuya autoría ignoro, es de los que califico como de “en bromenserio”, aunque mejor sería calificarlo de plano como tragicómico, pues como ya dije en otro artículo de esta sección, parodia, aunque de forma extrema, el típico proceder de una madre “bioanimal”, como llamo a ésas que una vez que tienen un hijo pasan a segundo plano todo lo demás, marido incluido, y el mundo gira para ellas en torno a su hijo.

Y que a nadie se le ocurra decirles que con ese trato están haciéndole daño al hijo y a su propia relación de pareja, pues quienes eso crean son unos desalmados que nada saben de amor maternal sino que siguen creyendo que la mujer debe ocuparse del marido. No, están equivocados: el marido se ocupa de su mujer, y ésta de su hijo.

En el artículo arriba mencionado dije que las madres “biorracionales” —a las que llamé así para distinguirlas de las “bioanimales”— no hacen esto, pero, paradójicamente, los animales tampoco lo hacen y decimos que no son racionales.

¿Cómo habría que llamar entonces a estas azotes de la sociedad, forjadores de inútiles cuando no de delincuentes?

***oOo***

El  hombre de mi vida me ha dejado

Después de treinta años de desvelos, de darlo todo por él, de esperarlo despierta cuando salía con los amigotes, se ha ido de casa.

Y no es que se haya ido con otra, que eso lo entendería. ¡No! encima tiene la poca vergüenza de decirme:

-—Mamá, es que necesito espacio. Ya soy mayor.

¿¡Mayor!? Pero, ¿¡dónde va esa criatura con sólo 30 añitos!?

Ahora, que yo se lo he dicho, ¿eh?: Parece mentira dejarme tan pronto; hay que ser mal hijo. Y me dice:

—Pues Jesucristo se fue de casa con 30.

—¡Y mira cómo acabó! ¡No llegó a los 34!

En fin, que ya lo voy llevando mejor. Pero el día que se fue yo creí que me daba algo. El niño allí, recogiendo sus cositas. Cuatro  chorradas, porque, ¿qué se va a llevar el pobre, si no tiene nada suyo? Pues todo lo nuestro.

Pero fui yo la que se lo dije:

—Anda, tonto, llévate la tele pequeñita, y la minicadena, y el  DVD… y ¡la lavadora!

¡Pero es más bueno! Ahí ya me dijo:

—No, mamá, la lavadora, no, que no tengo ascensor. Ya me la traes  tú cuando vengas a verme.

¡Mi niño! Menos mal que no tengo tiempo de pensar en él, porque estoy todo el día ocupadísima haciendo croquetas para mandárselas, pues, si no, se pasa la vida llamando a Telepizza. Y cuando estoy liada en la cocina, mi marido viene por detrás, como un niño chico, a robarme las croquetas. Y yo:

—¡Deja eso ahora mismo, que son para el niño!

—¿Y yo qué ceno?

—Pues, ¿yo qué sé, coño? ¡Llama a Telepizza!

Pero luego me da pena, el pobre, y al final siempre le digo:

—Andaaa, déjalo. Ya llamo yo. ¿Margarita o cuatro quesos?

Bueno, y me he comprado un móvil y así puedo hablar con el niño el tiempo que quiera por cinco euros. Eso sí, sólo podemos hablar de ocho a diez, como en la cárcel.

Pero a veces no aguanto más y lo llamo fuera de horario, a escondidas de mi marido. Que parece que tengo un amante:

—Cariño, te tengo que dejar, que ha llegado papá.

Y cuando mi marido me pilla:

—¡Ha llamado él, ha llamado él! Venga, rey, anda, no seas bobo. Ya te llamo yo luego. ¡Uy, qué mimoso está! Éste en dos días está aquí, ¿eh, Manolo?

Pero, por fin, cuando dan las ocho, y ya puedes hablar con él  libremente, de todas vuestras cosas…

—Hola, lechoncito, soy mamá. ¿Qué tal el día?

—Bah…

—¿Qué haces?

—Psss…
—¿Has cenado ya?

—Pschá…

—Bueno, no tienes ganas de hablar, ¿no?

—Bah…

—Bueno, pues adiós. ¡Manolo, el niño me ha colgado el teléfono!

Y mi marido:

—Cariño, es que te pones muy pesada…

—¡Ahhhh! ¿Pesada yo? ¡Pesada tu madre, que hay que ir todos los años a ponerle flores!

Al principio no te atreves a tocar nada de su habitación, porque tienes la esperanza de que tu hijo se dé cuenta de que no puede vivir sin  ti y vuelva. Pero la semana pasada abrí los ojos. Le llamo, y me sale una voz de
mujer:

—¿Diga?

Y colgué inmediatamente. Volví a marcar,… y ya me sale el niño. Y le digo:

—Oye, ¿quién era ésa?

Y él:

—Una amiga.

—¡Ay, menos mal! Creí que era otra madre… Bueno, ¿y qué estáis haciendo?

—Pues nada, comiendo.

—¡Ah, muy bonito! ¡Yo todo el día encerrada en la cocina para que venga una guarra cualquiera a comerse mis croquetas!

—No, si ella no come, no le gustan.

—Ah, ¿¡no le gustan!? Mírala, ¡qué fina!

Ahí me enfadé tanto que decidí hacerle caso a mi marido y convertir la habitación del niño en el cuarto de la plancha.  Y me pongo allí a organizar el altillo… sus libros, sus cómics, sus revistas porno… Y de  pronto, me
dije: “¿A ver si las va a necesitar?”

Claro, porque cualquier pretexto es bueno para ir a ver a tu hijo…

Pero, de repente, encontré la excusa perfecta: su ajedrez del centenario del Real Madrid. Con el sacrificio que hizo para reunir las piezas, ¡que estuvo un mes comprando La Razón! Así que al día siguiente le llevé un peón,… Al otro, un alfil,… Al otro, una torre,… Y él:

—¿Pero no me puedes traer todas las fichas a la vez?

Y yo:

—Ah, es que como te hizo tanta ilusión reunirlas por entregas….

Y mi marido se hace el duro, pero también tiene sus sentimientos, ¿eh?
El otro día fui yo quien le pillé a él hablando con el niño fuera de horario, y con una voz de angustia le decía:

—Hijo mío, ¡mándame una croqueta!

Ahí me di cuenta de que me estoy pasando. Que hay un montón de experiencias nuevas que vivir con mi marido. Así es que voy a empezar a disfrutar de esta segunda luna de miel. Voy a ver si lo animo, y nos vamos juntos… a llevarle la lavadora al niño. Y así el pobre prueba las croquetas, que está tan flaquito que parece que el que se ha independizado es él.

5 comentarios sobre “[*Opino}– «El hombre de mi vida me ha dejado». Parodia extrema de una madre “bioanimal”

  1. Ja, ja ja ¡¡¡Bueniisimo!!! Yo creía que era la única, pero veo que se da más de lo que yo pensaba. A mal de muchos,…..

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