[LE}– Origen de dichos y expresiones: Camarada

16-09-14

Su origen viene de cuando los tercios tenían que prolongar su estancia en algún lugar, pues entonces se reunían en grupos de ocho o diez para hacer camarada o camareta.

Así lo explica un documento de la época: «Hacen la camarada, esto es, se unen ocho o diez para vivir juntos dándose entre ellos la fe (juramento) de sustentarse en la necesidad y en la enfermedad como hermanos».

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[LE}– ‘Diagnosticar una enfermedad’, mejor que ‘de una enfermedad’

29/10/2014

El giro diagnosticar una enfermedad a una persona es preferible a diagnosticar a una persona de una enfermedad o con una enfermedad.

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación frases como

  • «La cantante brasileña fue diagnosticada este sábado con dengue»,
  • «Primera persona en ser diagnosticada de chikunguña en la región»,
  • «Un turista europeo fue diagnosticado con dengue y chikunguña» o
  • «La AECC atenderá a los diagnosticados de cáncer en la antigua biblioteca del hospital».

Diagnosticar significa ‘determinar la existencia (de una enfermedad) a partir de la observación de sus síntomas’, según indica el Diccionario del Estudiante, de las Academias de la Lengua. Lo que se diagnostica, tal y como señala este diccionario, es la enfermedad y no la persona, que sería el complemento indirecto, como en «Le diagnosticaron una gripe».

En los casos presentados anteriormente, habría sido preferible escribir, por ejemplo,

  • «A la cantante brasileña le diagnosticaron dengue este sábado»,
  • «Primer caso de chikunguña diagnosticado en la región»,
  • «Un turista europeo contrae dengue y chikunguña» y
  • «La AECC atenderá a los pacientes con cáncer en la antigua biblioteca del hospital».

Otras alternativas que, en función del contexto, pueden resultar útiles son afectar, atacar, desarrollar, contagiar, dar positivo en o tener.

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[LE}– Genético, génico y genómico no son lo mismo

28/10/2014

Los términos genético, génico y genómico no significan lo mismo, por lo que no pueden utilizarse como sinónimos.

El término genético se utiliza cuando se hace referencia a la genética, génico cuando es relativo a los genes, y genómico cuando tiene relación con el genoma. 

Según el Diccionario Académico, genético tiene que ver con algo ‘perteneciente o relativo a la genética’, entendiendo la genética como la parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.

Por ejemplo, en la noticia «El origen genético de los europeos actuales se remonta a tres poblaciones ancestrales» se habla de la herencia genética de la población europea.

En cambio, el mismo diccionario se refiere a génico como algo ‘perteneciente o relativo a los genes’. Ejemplo de ello es su uso en el contexto de «Los científicos mexicanos buscan garantizar el flujo génico mediante la convivencia de las dos especies en la misma zona», en el que se hace referencia a los genes que podrán desplazarse de una población a otra.

La palabra genómico, a pesar de no estar recogida en dicho diccionario, se define en el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia de Medicina como algo del genoma o relacionado con él, entendiendo genoma como el conjunto de genes de un individuo o especie.

Como ejemplo puede verse este titular «Un estudio genómico desvela más de 300 mutaciones del ébola», que se refiere al conjunto de genes.

Con motivo del último estudio en el que se especifica cuál es el origen genético de los habitantes de Europa, es frecuente encontrar en los medios de comunicación diversos ejemplos en los que estas palabras se intercambian a pesar de no ser equivalentes.

Por lo tanto, tal y como demuestran los anteriores ejemplos, se recomienda no utilizar estos términos como sinónimos, ya que encierran distintos significados.

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[LE}– ‘Hala, Madrí’. El español y la letra ‘d’ final

26 OCT 2014

Álex Grijelmo

En España nos cuesta pronunciar la letra d como consonante final de palabra.

El Barcelona tiene su abreviación en vigor desde el primer cuarto del siglo XX: “Barça”.

Surgida probablemente en el lenguaje oral, esta palabra se data en la prensa en el año 1922, en la revista catalana Xut, según el estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona dirigido por Miquel de Moragas y coordinado por Ana Belén Moreno. 

Tal vez se use ya más esa abreviación entre los aficionados que el topónimo completo (Barcelona) y que el nombre oficial (Fútbol Club Barcelona).

El Real Madrid también cuenta con un nombre abreviado, aunque rara vez lo encontremos por escrito: “el Madrí”. No se podía reducir mucho más el original, pero al menos se le han aliviado una palabra (“Real”) y una letra y su fonema, lo cual facilita la ligazón con el término siguiente si éste comienza por vocal.

Ayer se oyó una vez más en el estadio Bernabéu —a través de esa insoportable megafonía que va convirtiendo a los hinchas cantarines en consumidores callados— el himno del club blanco interpretado por Plácido Domingo y compuesto por José María Cano en 2002 con motivo del centenario del club.

Uno de sus versos dice: “Sale el Madrí a luchar, sale el Madrí a ganar…”. Y no se percibe el fonema de la letra d por ninguna parte, pues la pronunciación que se derivaría del texto escrito (“sale el Madrid-a-luchar, sale el Madrid-a-ganar”) la suprime el tenor con mucha afinación y poca misericordia.

Tiene su razón, porque en ese caso añadiría una sílaba con la correspondiente nota, lo cual alteraría la composición melódica, mientras que la terminación abreviada permite diptongar la i final del nombre con la preposición que antecede al verbo: sale-el-madriaganaaar…

Esta supresión del último fonema se aprecia en otros muchos casos en que se cita el nombre del club blanco. Así, oímos en la radio: “Almería cero, Real Madrí uno”; y no “Real Madrid uno” (es decir, realmadriduno).

También le ocurre eso al “Valladolí”, pero en este caso no cuenta como abreviación acuñable porque los blanquivioleta ya disponen del cariñoso “Pucela”.

En las más de 90.000 palabras del idioma español (y si apartamos las interjecciones y onomatopeyas, los extranjerismos y los nombres propios), solamente 10 de las 21 consonantes del alfabeto tienen el privilegio de ocupar un sitio al final de una palabra: n, s, d, j, l, r, t, x, y, z.

Y algunas aportan escasísimos ejemplos. La jota, sólo 21; la te, 147; la equis, 67…; y casi siempre en palabras prestadas o poco usuales. Busque usted vocablos patrimoniales del español terminados en las restantes letras y dígrafos (b, c, ch, f, g, h, k, ll, m, ñ, p, q, v): le costará dar con alguno.

La letra d (y su correspondiente fonema) figura en la selección de consonantes finales, pero no es de las más productivas (1.224 vocablos; muy escasos si los comparamos con los 33.932 terminados en a, según el estudio del profesor Roberto Veciana publicado en 2004).

Incluso nos cuesta admitirla a la hora de la verdad; también en esta última palabra: “verdad”. ¿Cómo pronunciamos la expresión “verdad usted”? En el lenguaje coloquial, sin duda diremos “verdá usté”; y en uno más cuidado, “verdá usted”. Algún fonema d se perderá casi siempre por el camino.

Esa aversión a la d final se aprecia mucho en los verbos imperativos, sustituidos a menudo por infinitivos: “Hacer esto” en vez de “haced esto”; “ir a buscarme” (en vez de “id”). Y en el castellano de Cataluña, se transmuta en el sonido t.

La d ya fue desapareciendo de algunas voces en su camino desde el latín al castellano (aliquod se convierte en “algo”; ad se transforma en “a”…). Tan incómoda sigue resultando a nuestra prosodia, que a veces la transformamos en un sonido de zeta: “Madriz”, “hacez”, “tengo sez”.

Y un locutor cuenta por la radio que en el Lugo Club Deportivo juegan “cuatro Davices” (y no cuatro “Davides”).

Con todo ello, se entiende que vaya consagrándose tal pronunciación para el club madrileño. Y hasta merecería la pena reivindicarla: “¡Hala, Madrí!, ¡hala, Madrí!”.

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[LE}– ‘Cesar’ puede equivaler a ‘destituir’

24/10/2014

El verbo cesar ha añadido a sus significados el de ‘destituir o deponer a alguien del cargo que ejerce’, de acuerdo con la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.

Aunque tradicionalmente el verbo cesar era sólo intransitivo, y lo único adecuado era decir que alguien cesaba, bien porque lo despidieran, bien porque él mismo decidiera abandonar su puesto, la Academia recoge ahora también una cuarta acepción transitiva que valida frases en las que alguien cesa a otra persona, o alguien es cesado.

Así pues, actualmente se consideran válidas frases con los usos intransitivos acostumbrados: 

  • «Aida Bartolomé cesó en su cargo» o
  • «Selman cesó como médico personal del líder cubano»,

pero también otras con usos transitivos, como 

  • «El concejal que cesó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» o
  • «Guido Forcieri fue cesado del Banco Mundial».

Se recuerda, no obstante, que, con este significado, cesar puede alternar con destituir, deponer o despedir, por lo que en los últimos dos ejemplos también podría haberse escrito 

  • «El concejal que destituyó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» y
  • «Guido Forcieri fue despedido del Banco Mundial».

Por último, se recuerda que cesar también puede significar ‘dicho de una cosa: interrumpirse o acabarse’, como en

  • «Las lluvias cesaron y dieron paso a una mansa tregua»,

y ‘con las preposiciones de o en, dejar de realizar la actividad que se menciona’:

  • «Quino no cesó de saludar a niños y profesores».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Bicoca

16-09-14

Algo sumamente fácil, o de escaso valor.

Se relaciona con la batalla librada el 27 de abril de 1522 en la localidad de La Bicocca, población cercana a Monza, en el antiguo condado de Milán, donde el ejército francohelvético fue diezmado sin que hubiera casi ninguna baja entre los españoles.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Santa Rita, rita, rita, lo que se da no se quita

20/10/2014

M. Arrizabalaga 

¿Quién no ha usado de niño esta expresión cuando alguien reclamaba algo que anteriormente había regalado, sin saber que con este conjuro infantil invocaba a la «patrona de lo imposible»?

Por este apelativo se conoce a Santa Rita de Casia, una piadosa italiana que se ganó pronto el cariño popular por haber pasado por las penas y vicisitudes de una mujer de su tiempo.

Margarita Lotti, como en realidad se llamaba la santa, nació en la pequeña localidad italiana de Rocca Porena en 1381. Hija única, pronto quiso ingresar en un convento, pero sus padres la obligaron a casarse, con apenas 12 años, con Paolo di Ferdinando di Mancino, un hombre cruel y violento que constantemente la maltrataba y humillaba, según algunas crónicas. 

Durante 18 años soportó Rita este terrible matrimonio, rogando a Dios que convirtiera a su esposo, hasta que éste fue asesinado un día de vuelta a su casa.

Un año después, la epidemia de peste se llevó a sus dos hijos, Feltrinelli y Paolo Maria, por los que también rezaba, pues habían salido al padre. Cuentan que sus oraciones dieron fruto y que, poco antes de morir Paolo, los tres habían cambiado a mejor.

Viuda y sin hijos, intentó repetidamente entrar en un convento, «pero las comunidades de monjas le respondían que ellas solamente recibían a muchachas solteras», según señala la agencia católica Aciprensa. Al final fue admitida en el convento agustino de Cascia, donde fue «ejemplo para todos en términos de sus mortificaciones, y es muy reconocida por la eficiencia de sus plegarias», señala la Enciclopedia Católica.

Cuentan que a los 61 años, en 1428, recibió el estigma de una espina de madera que se le clavó en la frente, y así es como aparece representada esta santa a la que se le relaciona con las abejas y con las rosas por su famoso milagro.

Al parecer, a una prima suya que le visitó, Rita le pidió una rosa del jardín del convento y, en pleno invierno, ésta la encontró, mostrando cómo nada es imposible de conseguir si algo se pide con fe. De ahí que desde entonces se la considere patrona de lo imposible.

A Santa Rita, que fue canonizada en 1900, debió invocar una doncella poco agraciada para encontrar un novio que la quisiera. Según reza la leyenda que recoge Gregorio Doval en «Del hecho al dicho», «la santa viuda se apiadó de ella y le concedió pronto el deseo».

El novio, sin embargo, se echó atrás rompiendo el compromiso con la doncella, que increpó a la santa: «¡Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita!».

«La doncella no consiguió este nuevo favor, y hubo de quedarse soltera, sin otro remedio que quedar para vestir santos —con la sola excepción, cabe suponer, de Santa Rita— que por entonces era, desgraciada y tradicionalmente, la única actividad reservada a las solteronas», fabula Doval.

Otros opinan que el famoso dicho sería en realidad una degeneración del de «Santa Rita, siempre da y nunca quita».

Santa Rita nunca fue sepultada, y aún hoy su cuerpo incorrupto permanece en la Basílica dedicada a ella en el monasterio de las agustinas de Cascia. Su fiesta es el 22 de mayo.

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