[Hum}— Fino. Anna Tyskiewicz y Talleyrand

Anna Tyskiewicz, futura condesa Potocka, disimulaba cuidadosamente un estrabismo divergente. Pero Talleyrand, el patizambo más célebre de la Historia, conocía esta discapacidad de la condesa. Ésta un día le preguntó:

«¿Cómo anda, príncipe?».

«Cómo usted puede verme, señora», le respondió Talleyrand.

Cortesía de Ramón López

[Hum}— Fino. Visita al palacio de Blenheim

Durante una visita al palacio de Blenheim, casa ancestral de la familia Churchill, Lady Astor, el icono feminista, debatía con Winston sobre los derechos de las mujeres, siendo él conocido por su desafección total a esta causa. En el punto álgido de su desacuerdo, Lady Astor exclamó:

«Winston, ¡si fuese su esposa, pondría veneno en su vaso!».

A lo cual Churchill replicó:

«Pues yo, Nancy, si fuese su marido, ¡me lo bebería!».

Cortesía de Ramón López

[Hum}— Fino. Churchill y George Bernard Shaw

Churchill un día, «pinchando» a George Bernard Shaw, que estaba muy delgado entonces: 

«Al verle, todo el mundo podría pensar que la hambruna reina en Inglaterra».

A lo cual Bernard Shaw replicó:

«Sin embargo, al verle a usted todo el mundo podría pensar que es usted la causa».

Cortesía de Ramón López

[Hum}— Fino. El Príncipe y su esposa

La fealdad del príncipe de Conti era notoria, y debido a esto su mujer le engañaba sin vergüenza alguna. Un día al irse de viaje el príncipe de le dijo a su esposa:

«Señora, le recomiendo que no me engañe durante mi ausencia».

Y su esposa le susurró:

«Señor, puede irse tranquilo: sólo tengo ganas de engañarle cuando le veo».

Cortesía de Ramón López

[Hum}— Fino. Cindy Crawford y Amanda Lear

Cindy Crawford a Amanda Lear durante un cóctel:

«Gracias por enviarme su libro, me ha encantado. Pero, dígame, ¿quién se lo ha escrito?» 

Amanda respondió con sonrisa vitriólica:

«Me complace enormemente que haya apreciado mi libro. Pero, dígame, ¿quién se lo ha leído?».

Cortesía de Ramón López