[LE}– Las personas ‘sufren abusos’, no ‘son abusadas’

25/02/2014

No es adecuado emplear el participio abusado («personas abusadas») para aludir a las víctimas de abusos sexuales.

En los medios de comunicación resulta frecuente encontrar frases como éstas:

  • «Entre las evidencias están las declaraciones de los niños abusados»,
  • «Además, las niñas en muchos casos sufren el peligro de ser abusadas sexualmente» o
  • «Se ha intervenido más material que confirma la existencia de más niños abusados en el colegio Valdeluz».

Sin embargo, se abusa de alguien, no a alguien. Por ello, y según recuerda el Diccionario Panhispánico de Dudas, no es apropiado decir que «una persona ha sido abusada». En ese diccionario se proponen alternativas como sufrir abusos o ser víctima de abusos.

En los ejemplos anteriores, por tanto, habría sido más adecuado escribir

  • «Entre las evidencias están las declaraciones de los niños que fueron víctimas de abusos»,
  • «Además, las niñas en muchos casos sufren el peligro de sufrir abusos sexuales» y
  • «Se ha intervenido más material que confirma la existencia de más niños que han sufrido abusos en el colegio Valdeluz».

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NotaCMP.- En este caso estoy de acuerdo, pues eso de ‘ser abusado’ es una copia del inglés, y no de un término sino de un giro gramatical.

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Siesta

19-09-12

La Regla de San Benito incluía la norma de guardar reposo y silencio después de la “sexta hora”, que a su vez proviene de la hora sexta latina, es decir, del mediodía, que es la hora de más calor, teniendo en cuenta que el día de los romanos contaba con doce horas (igual que la noche) lo que hace que la primera hora del día era la séptima de nuestro sistema de veinticuatro horas.

Ahí tuvo su origen la palabra “sextear” o “guardar la sexta”, que después se deformó en el popular “sestear” o “guardar la siesta”.

Existen muchas formas de «hacer la siesta»: en posición sentada en cualquier tipo de asiento durante un rato muy corto, o incluso en cama durante una hora o más.

No es asombroso que sea mal visto llamar o visitar a alguien entre las dos y cuatro de la tarde. Por regla general, en este contexto de descanso a mediodía, muchas tiendas y negocios cierran sus puertas entre las dos y cinco de la tarde, sobre todo en las zonas más calurosas del país.

[Hum}–El cerebro humano no puede soportar a un argentino porteño hablando por más de ocho horas

29 de octubre 2012

Kike García

A partir de ahí se cruza el umbral de la paciencia.

La universidad de UCLA ha publicado los resultados del primer estudio de la actividad cerebral que emplea imágenes de resonancia magnética para ver lo que sucede en la cabeza de las personas cuando escuchan a un argentino durante un tiempo prolongado.

Según los autores de la investigación, el cerebro sería capaz de soportar 7 horas y 56 minutos sin lesiones severas. A partir de este tiempo, “se cruza el umbral de la paciencia” y las lesiones pueden ser irreversibles.

Para el estudio, se escaneó el cerebro de 18 voluntarios mientras éstos escuchaban a un argentino. En la primera fase de los exámenes, se obligaba a los argentinos a pronunciar frases de Borges como: “Si pudiéramos comprender una sola flor, sabríamos quiénes somos y qué es el mundo, ¿no crees, loco?”. En las siguientes fases se introducían más argentinos en la conversación para oírlos discutir entre ellos.

Para determinar la resistencia del cerebro en condiciones extremas, el jefe de la investigación, Becks Budejovicky, proveyó a los argentinos de guitarras, y a algunos se les permitió recitar sus propios poemas. El 90% de los voluntarios, al ver a los argentinos con las guitarras, caían inconscientes antes siquiera de escucharlos.

“Al cabo de dos horas, se pedía a los voluntarios que escucharan a los argentinos de forma concienzuda”, explica Budejovicky. Los investigadores observaron que la parte del cerebro vinculada a escuchar argentinos crecía exponencialmente.

“A las ocho horas, había ocupado tantas regiones del cerebro que el órgano apenas servía para nada más, y no volvió a recuperarse”, prosigue el científico. “Los sucesos traumáticos desbordan, con frecuencia, la capacidad de respuesta de una persona, que se siente sobrepasada para hacer frente a la situación”, concluye.

Otro de los datos que ha sorprendido a los investigadores ha sido comprobar que las mujeres toleran la conversación de argentinos con un 40% más de efectividad, “hasta el punto de que se ven obligadas a dejar a sus novios por el argentino como única vía de supervivencia. Algo así como ‘si no puedes con la amenaza, te unes a ella’”.

Experimento “atroz”

El estudio ya ha recibido severas críticas por parte de varios comités éticos que lo han juzgado de “atroz” a causa del “innecesario tormento en nombre de la Ciencia al que se ha sometido a los voluntarios”.

De hecho, se sabe que varios científicos vinculados a las SS, entre ellos el infame doctor Mengele, investigaron en los campos de concentración sobre la resistencia de los judíos a los argentinos. A los prisioneros judíos se les conducía a salas donde eran encerrados deliberadamente durante horas con un argentino.

“¿Pero qué os pasa, flacos? ¿Qué os pasa con estos locos? Entiendo que hay un componente emocional entre ustedes y ellos, pero igual deberían compartir una cerveza y hablarlo”, gritaba el argentino, según uno de los supervivientes.

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Cortesía de Leo Masina

[LE}– Un ‘wasap’ y ‘wasapear’, adaptaciones adecuadas al español

20/02/2014

El sustantivo wasap (‘mensaje gratuito enviado por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp’), así como su verbo derivado wasapear (‘intercambiar mensajes por WhatsApp’), son adaptaciones adecuadas al español, de acuerdo con los criterios de la Ortografía de la Lengua Española.

Esta obra señala que la letra w es apropiada para representar la secuencia /gu/, entre otras, en palabras extranjeras adaptadas al español (waterpolo y web, por ejemplo), criterio por tanto aplicable a wasap como españolización del nombre que se da a los mensajes enviados por WhatsApp, cuya denominación comercial conviene respetar: «Facebook compra WhatsApp por más de 13.800 millones de euros».

Así pues, frases como

  • «Su segundo hijo también le manda wasaps desde París, donde está cursando un máster» o
  • «¿Quieres promocionar tu negocio con una aplicación para wasapear?»

pueden considerarse correctas, sin necesidad de cursivas ni comillas.

El plural de wasap es wasaps, sin tilde, pese a acabar en s, dado que se trata de una palabra aguda terminada en grupo consonántico.

Por otra parte, aunque también pueden resultar admisibles las adaptaciones guasap, plural guasaps, y guasapear, al perderse la referencia a la marca original y percibirse como más coloquiales, se prefieren las formas con w.

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NotaCMP.- Sinceramente, no los entiendo. Proponen que el sonido de la w sea /gu/ —cuando debería ser /u/—, pero rechazan la grafía guasap que se pronuncia con /gu/.

[LE}– De «¿Lo pillas?» a «mire usted»: las muletillas más usadas en España

20/02/2014

Aitor Santos Moya

Como quien no quiere la cosa, en el transcurso de cualquier conversación se repiten constantemente una serie de expresiones que los interlocutores han adquirido de modo rutinario.

«¿Me entienden?». De algún modo, ninguna persona, por raro que parezca, es ajena a tal situación. Por decir algo, hasta hace unas semanas ni siquiera yo había caído en la cuenta de este tipo de costumbres verbales.

«Esto… ¿qué os iba a decir…?». Ah, sí, que según el Diccionario de la Lengua Española (DRAE) una muletilla queda definida como la «voz o frase que se repite mucho por hábito».

Todos aquéllos que han leído el párrafo anterior pensarán, y con razón, que quien suscribe estas palabras ha perdido la cabeza. Nada más lejos de la realidad.

Se trata de un ejemplo totalmente exagerado del uso, o más bien abuso, que una persona puede hacer de las muletillas en cualquier tipo de contexto. Normalmente son un recurso oral, y sirven para complementar el discurso, ya sea con la intención de mantener el interés, subrayar una puntualización, poner énfasis en algo o buscar la aprobación del resto, entre otras funciones.

Sin embargo, el empleo constante de éstas puede derivar en un vicio que deja en evidencia la falta de mensaje y las carencias lingüísticas de todo aquel que las emplea. Como ejemplo, vuelvan al primer párrafo y observen el arte de hablar sin decir nada.

Mª Teresa Estellés, presidenta de la A.L.E. (Asociación de Logopedas de España) y directora de Centros Ortofón, respalda esta última postura, «el uso de las muletillas es siempre contraproducente. El motivo es claro: son un distractor para el receptor del discurso, al que no llega el mensaje».

Paula Martos, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, explica la importancia de elegir con atención los registros en que se deben utilizar, «a pesar de que la función que tienen es justamente facilitar la comunicación, puede ocurrir que el uso inapropiado de determinadas unidades genere situaciones en las que no sea así. En función de la pretensión que tengamos, emplearemos unos recursos u otros, por lo que la selección de estos debe ser cuidada».

En determinadas ocasiones, las muletillas son empleadas exclusivamente para hacer mas armoniosa la locución, pero sin aportar nada al sentido de la frase. Martos aconseja tener en cuenta los valores expresivos que escogemos para hablar, «aun cuando se entiende que uno de los rasgos de las muletillas es su repetición, podemos crear una imagen de pobreza lingüística si recurrimos a ellas de manera excesiva. De este modo, no sólo hay que atender a las unidades que escogemos, sino al peso de los elementos con valor expletivo que empleamos en nuestro discurso».

Extenso repertorio

«Es decir», «digo yo», «¿me explico?», «como si dijéramos», «pues nada», «¿lo pillas?», «no es porque yo lo diga, pero…», «escucha un momento» o «mire usted», son sólo algunos ejemplos del amplio abanico de muletillas que abarca nuestro idioma.

Englobadas dentro del mismo término general, conviene saber los diferentes tipos que existen:

  • El latiguillo, caracterizado por su naturaleza temporal de modo similar al recorrido que traza una moda
  • La empuñadura, necesaria para encauzar y conducir determinados coloquios; y
  • El timo, cuya principal característica es su carácter repetitivo en varias fases de un mismo alegato.

Frontera de la consciencia

Volviendo a la definición de la RAE, no queda claro el grado de voluntariedad que tienen los seres humanos cuando reproducen una serie de muletillas. Estellés resalta que «en un primer momento son conscientes, pero, con su constante repetición, llegan a automatizase y utilizarse de forma inconsciente».

Mientras que Martos responde en base al sentido organizacional o intencional que posean, «generalmente, son automáticas, ya que su valor está relacionado con la gestión del discurso. No obstante, no hay que olvidar que existen diversos tipos de muletillas en función de la actitud que tengamos.

Por lo tanto, podemos marcar su carácter inconsciente, pero sin olvidar que en algunos casos la elección puede estar determinada por una serie de factores externos».

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[LE}– Singularidades de la palabra española ‘coño’

17/02/2014

A. F. Vergara / I. G. Peña

Pese a los intentos, y los logros, de Camilo José Cela para incluir la palabra «coño» en el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española), su pronunciación en el Congreso, en público, y en la tribuna, demuestra que su «especial sonoridad» hace que esté lejos de considerarse una palabra «refinada», aunque sí es de uso habitual.

Sólo tenemos que recordar que el presidente del Congreso, Jesús Posada, pidió disculpas el pasado miércoles 12 de febrero, y reconoció que debería haber tenido «más control» de sus propias palabras cuando se le escapó la palabra «coño» en el momento en el que trataba de imponer el orden en un rifirrafe del debate.

«Estas cosas ocurren. Realmente yo tenía que haber tenido más control de mis propias palabras, pero, en fin, pronuncié alguna interjección que no debía», decía Posada.

En el Congreso no es la primera vez que se oye esta palabra. El «¡Se sienten, coño!» de Antonio Tejero durante el fallido intento de Golpe de Estado del 23-F se hizo tan famoso que, tanto en películas, series y en conversaciones entre amigos, se ha reproducido hasta la saciedad.

Oda al órgano femenino

Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual.

Es más, una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario.

Precisamente fue el escritor gallego quien consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el DRAE. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su «Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el DRAE «ignora por ejemplo, la voz «coño» y no registra ningún cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano».

Pero si seguimos con nuestro recorrido literario, no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos, en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral, otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales.

¿Un término «sexista»?

Según el DRAE, la primera de las acepciones de la palabra «coño» hace referencia a la «parte externa del aparato genital de la hembra», y como interjección se utiliza para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado*.

En Chile, según este mismo diccionario, el término se puede traducir por «Español», y, tanto en este país como en Ecuador, puede ser un adjetivo con el significado de «miserable o tacaño».

Su origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa, 1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la zona pélvica de la mujer, entre las ingles.

En España, el término «coño» tiene unas connotaciones un tanto «sexistas». Cuando algo nos molesta, nos fastidia profundamente, usamos la palabra coño, en una referencia vulgar al órgano femenino. Lo mismo ocurre cuando nos aburrimos: «Vaya coñazo». Sin embargo, cuando un evento nos entusiasma exclamamos que «Es cojonudo», en este caso en referencia al órgano masculino.

En Italia la historia es al revés. Nuestros vecinos mediterráneos utilizan el joder —el «cazzo»— en una clara alusión a las partes íntimas del hombre, al igual que para señalar que una cosa es una tontería o gilipollez: «Che cazzata». Por el contrario, cuando una cosa encanta o sorprende, utilizan una palabra que menciona el miembro femenino, la «figa»: «Che figata», que se traduciría en un «Qué chulada».

Fuente

 

(*) NotaCMP.- Y a mí me extraña que nose mecione su uso para expresar sorpresa con, con tinte peyorativo, como en «¿Qué coño es eso?», dicho ante algo que nos choca.