[LE}– ‘En espera’ y ‘a la espera’ son expresiones adecuadas, pero no ‘a espera’

14/02/2013

Sin embargo, en los medios de comunicación se encuentran frecuentemente ejemplos de uso de la construcción a espera:

  • «Los fieles se encuentran ahora a espera de la elección de un nuevo Papa» o
  • «A espera de la fumata blanca».

En espera se recoge en el Diccionario Académico con el significado de ‘estar a la expectativa o en observación de que ocurra algo’, y tanto esta expresión como a la espera se encuentran también en el diccionario de uso Clave con el mismo significado, mientras que a espera no aparece recogida en ningún diccionario.

Atendiendo a esto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Los fieles se encuentran ahora en espera de la elección de un nuevo Papa» y
  • «En espera de la fumata blanca»,

por un lado, o

  • «A la espera de la elección de un nuevo Papa» y
  • «A la espera de la fumata blanca»,

por otro.

Fuente: Fundéu

[LE}– ‘Monetizar’ y ‘rentabilizar’

28/11/2012

El uso del verbo monetizar con el sentido de ‘convertir un activo en dinero’ puede considerarse apropiado.

Monetizar aparece en el Diccionario Académico con los significados de ‘dar curso legal como moneda a billetes de banco u otros signos pecuniarios’ y ‘hacer moneda’, aunque cada vez es más frecuente verlo en noticias relacionadas con las nuevas tecnologías y las páginas web con el significado de ‘convertir un activo en dinero’ como en

«La compañía tratará de monetizar su web mediante el cobro de una pequeña cantidad por cada descarga».

Este nuevo uso es correcto, y la Real Academia Española estudia ya su entrada en próximas ediciones de su diccionario.

Por otra parte, se recuerda que la palabra rentabilizar puede emplearse a menudo con este mismo sentido, aunque con un significado más amplio (‘hacer que algo sea rentable, productivo o provechoso’) que el de monetizar, que circunscribe ese beneficio o provecho a lo puramente monetario.

Fuente: Fundéu

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Esquirol

29-10-12

El significado de la palabra, según el DRAE, es:

  • Dicho de una persona: Que se presta a ocupar el puesto de un huelguista.
  • Dicho de un trabajador: Que no se adhiere a una huelga.

El origen de la palabra es catalán, y proviene de L’Esquirol, que traducido al español significa «la ardilla». Éste era el nombre de una posada situada en el pueblo de Santa María de Corcó, en la provincia de Barcelona, y se debía a que su mascota era una ardilla enjaulada en el vestíbulo.

En los primeros años del siglo XX, las huelgas eran comunes en la zona de Barcelona, y la región en la que se sitúa Santa María de Corcó era el emplazamiento de algunas fábricas textiles.

Los propietarios de éstas buscaron para sus instalaciones mano de obra que sustituyera a los obreros habituales, en aquel momento en huelga. Buscaron en los pueblos cercanos, y parece que una de las mayores respuestas provino de Santa María de Corcó, también conocido como L’Esquirol por la famosa posada de la ardilla.

Así, los huelguistas comenzaron a llamar esquiroles a los trabajadores que se hicieron cargo de sus puestos en las fábricas.

Y de aquellas jornadas de huelga del siglo pasado, y de aquellos hombres de Santa María de Corcó, nació el término esquirol que conocemos. Todo ello proviene, llevándolo al extremo, de una pobre ardilla que vivía en una jaula y daba nombre a una posada.

Cortesía de Leo Masina

[LE}– Los veinte errores más vulgares de la lengua española

01/02/2013

Antonio Astorga

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José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia Española, publica «No es lo mismo ostentoso que ostentóreo. La azarosa vida de las palabras» (Espasa).

Lo hace para contribuir, desde la ironía y el buen humor, a una mejor comprensión de algunas palabras del español en cuyo uso tropezamos una, dos, tres, cuatro, cinco… e infinidad de veces.

«La lengua no es una enemiga a la que debamos combatir», plantea el especialista. Ofrecemos una veintena de ejemplos de los errores más comunes.

1. Pifia/picia

«A causa de una confusión entre dos sonidos, tenemos hoy en español dos palabras: pifia y picia. El verbo pifiar, que en principio significaba “hacer que se oiga demasiado el soplo del que toca la flauta”, desarrolló un sentido “fallar”, que se ve bien en: “La ha pifiado”, aplicado, por ejemplo, al tenista que ha fallado una jugada.

De este verbo se ha derivado el sustantivo pifia “error, desacierto”. De pifia se ha terminando creando una picia en determinadas regiones españolas, por esa confusión vulgar que lleva a algunas personas a pronunciar celpa por felpa, o celipe por felipe».

2. Líbido/livido

«Lo he oído a varias personas cultas que hablan francamente bien: se trata del empleo de la líbido, acentuada así, en lugar de la libido que le corresponde, porque, tratándose de una palabra que no es de uso corriente, se contamina por el adjetivo lívido, que tampoco es una voz que empleemos a menudo».

3. Enjugar/enjuagar

«He oído también cruzársele a alguien enjugar una deuda con enjuagarla, con el consiguiente pitorreo de sus amigos. Las neuronas del equivocado, que era además filólogo, no se habían movido —permítaseme que lo explique así— a la velocidad suficiente para darse cuenta de que enjugar procede de un latín ex-sucare (sacar el jugo), que es como si dijéramos que a uno le exprimen cuando se ve obligado a pagar una deuda. Tengo la impresión de que los Bancos prefieren que enjuguemos nuestras deudas, es decir, que las saquemos, a que les lavemos la cara (a las deudas, claro está), haciendo como que las pagamos».

4. Formica/fornica

«Formica, marca registrada que se refiere a un conglomerado de madera, que un carpintero al que encargué el arreglo de un mueble cambiaba en fornica porque se veía interferido por el verbo fornicar, poco usado, pero que él había aprendido cuando le enseñaron los mandamientos de la ley de Dios».

5. Destornillarse/desternillarse

¿No habrá oído el curioso lector alguna vez destornillarse de risa por desternillarse? En una imagen en que se piensa que de tanto reírse a una persona se le salen los tornillos, en lugar de relacionarlo con la ternilla.

Supone el vicedirector de la Real Academia Española que tantas veces como habrá visto escrito en la prensa el Naranjo de Bulnes, en lugar del Naranco de Bulnes.

6. Cinecólogo/ginecólogo

En el ámbito médico, se confunde cinecólogo por ginecólogo; espinal del rosal por espina dorsal; dolor asiático por dolor asmático; algún paisaje le comunica al galeno que le han cambiado los oprimidos «comprimidos» por unos opositorios «supositorios»; o que en urgencias les hicieron un escarnio de la cabeza, o un escaño, por un escáner.

7. Inflamación/inflación

«Hemos de andarnos con cuidado, sobre todo si tratamos de ponernos estupendos, lo que facilita, por ejemplo, emplear inflamación por inflación, error con que Juan Carlos Onetti —”es la inflamación y a todos perjudica”— caracteriza a un grupo de hablantes de medio pelo», anota José Antonio Pascual.

8. Brete/membrete

«Para practicar se ha de contar con el apoyo de maestros que no se rían sólo al oír que a alguien lo han puesto en un membrete, sino que se hubieran decidido a explicar, antes de que surgiera el disparate, que el brete es el cepo con el que se trababan las manos o los pies de una persona para que no se pudiera escapar».

9. Coreografía/ecografía

Una contaminación no tiene por qué estar originada por una equivocación, sino que puede deberse a la intención del hablante o escribiente de ser expresivo,

Cita así José Antonio Pascual a Fernando Navarro, de quien toma prestados en su libro unos cuantos ejemplos sobre equivocaciones de los enfermos cuando se sirven de términos médicos, añade otros que proceden de la jerga de los propios profesionales de la Medicina, pues curar a la gente no exige perder el sentido del humor.

A eso contribuye utilizar lo que, si no se hubiera creado en broma, sería un disparate: pederastas (por pediatras), ginecópatas (por ginecólogos), linternistas (por internistas).

10. Ostentoso/ostentóreo

«Si tomamos en consideración contaminaciones como las anteriores no debería sorprendernos que una persona mezclara los adjetivos ostentoso y estentóreo, manteniendo el significado del primero: “que hace ostentación” (derivado de ostentar); no era ostentoso una palabra rara, a diferencia de la otra, desconocida para la mayor parte de la gente, que se trata de una voz exclusivamente literaria, creada en el Barroco como una derivación adjetiva de Esténtor, un personaje de La Ilíada, cuya voz era tan fuerte como la de cincuenta personas juntas. Ortega y Gasset fue más lejos, adoptando como sustantivo el nombre del héroe griego: “Un ujier, con voz de esténtor…”.

En esas condiciones, abunda José Antonio Pascual, se entiende «que aquel dicharachero personaje Jesús Gil y Gil, que tuvimos que padecer tiempo atrás en nuestro país, pudiera equivocarse y contaminar ostentoso por estentóreo creando un engendro del que se han mofado los periodistas como, por ejemplo, Francisco Umbral, proponiendo de coña la introducción de este “hermoso vocablo” en el diccionario.

Pensemos qué habría ocurrido si en una novela de un escritor de prestigio, un personaje muy pagado de sí mismo apareciese en escena hablando muy alto, en una forma como la siguiente: “Don Tertuliano, con su ostentórea presencia…”.

Un lector culto reaccionaría, a mi juicio, muy bien ante esta forma tan expresiva de presentar al personaje, sobre todo si cae en la cuenta de que el ejemplo procede de una obra de Juan Benet, escrita creo que con antelación a la equivocación del Sr. Gil y Gil, y sin ninguna relación con ella, desvela el vicedirrector de la RAE.

«La azarosa vida de las palabras», editado por Espasa, convoca la pasión de José Antonio Pascual por la lengua española y también «es fruto de una tristeza: la muerte de mi hermana Carmina, con la que, a lo largo de muchos veranos junto al mar, hablábamos de dudas y errores lingüísticos, y los anotaba en fichas».

11. Escuchar/oír

Este paladín del idioma se detiene en otro error que cometen muchísimas personas: utilizar «escuchar» con el significado de «oír». Es tan frecuente que caen en ello escritores como Vargas Llosa, Benedetti, Ricardo Piglia, Pérez-Reverte, Miguel Delibes, Juan Marsé, Rosa Montero o Manuel Vicent, y el libro contiene ejemplos de todos ellos.

12. Mirar/ver

Idéntico error que los autores que confunden mirar y ver: «Mirando llover por los vidrios», escribe Piglia.

13. Detentar/retener

Detentar es otro verbo que induce a error. Significa «retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público», y no se puede decir por tanto «detentar una cátedra». El error está tan extendido que Pascual pide que se incluya en el diccionario el significado que le da ya tanta gente.

14. Pavés/pavesa

Hay escritores de primera fila —«son humanos también», dice José Antonio Pascual—, fieramente humanos, que confunden pavés (un escudo) con pavesa (partículas ardientes que se desprenden de un fuego); égida (un tipo de escudo con que se representa a Júpiter) con «hégira», la era de los musulmanes.

15. Recordar/despertar

En «La azarosa vida de las palabras» a las que mete el bisturí José Antonio Pascual, el curioso lector comprobará que «recordar» es sinónimo de «despertar», y de ahí el comienzo de las «Coplas a la muerte de su padre», de Jorge Manrique: «Recuerde el alma dormida,/ avive el seso y despierte».

Ese «recordar» por despertar se oye hoy en algunos pueblos españoles y americanos, y está en Borges («Hubiera preferido recordarse con el sol ya bien alto»).

16. Aderezar/enderezar

Hoy se «adereza» una ensalada, pero en el Quijote se podía «aderezar» una lanza que estuviera estropeada, o «aderezar» a un niño para que saliese presentable a la calle, comenta el experto Pascual.

17. Avieso/malo

Curiosa evolución de la de «avieso», que procede del latín «aversus» (desviado, apartado, torcido) y ese desvío es el que explica que hoy signifique «malo».

O la del adjetivo «ejido» (el terreno que está a la salida del pueblo) cuando adquiere el significado de «loco», es decir «el que está fuera de sí mismo».

El verbo «divertir» significaba «apartar» y «apartarse», como el latín «divertere», y ése es el sentido que tiene cuando, en el ámbito de la guerra, se dice que hubo «una acción de diversión hacia el enemigo».

18. Atesorar cualidades/desgracias

La definición de la palabra atesorar es reunir. Se puede combinar con cualidades, nunca con desgracias. Los hablantes llegan a olvidar esta constricción, en palabras de José Antonio Pascual, que origina el contexto en casos como «El cúmulo de desgracias que atesora este año el Osasuna».

19. Acarrear daño/felicidad

Algunos verbos de la lengua española han perdido el rasgo negativo o positivo que tuvieran, aunque hay «combinaciones imposibles», explica José Antonio Pascual, como «sufrir mejoras» o «conseguir derrotas», y tampoco conviene olvidar que se acarrea daño, no felicidad, y se propina una paliza, pero nunca aplausos.

20. Contraer enfermedad/méritos

Hablando de propinarle collejas a las palabras, hay que recordar que se contrae una enfermedad, no méritos; se incurre en un error pero no en mal comportamiento; se perpetra un crimen, pero no negocios; alguien está plagado de heridas, pero no de triunfos.

No se puede tachar de honesto a alguien ni tampoco se perpetra un accidente. «Y al contrario pasa lo mismo: se atesoran cualidades, no desgracias; y se celebra la victoria, no la muerte. No es correcto por tanto «celebrar el trigésimo aniversario de la muerte de Kennedy», subraya José Antonio Pascual.

Fuente: ABC

[LE}– ‘Se trata de’, sin sujeto

04/02/2013

La construcción se trata de es impersonal y, por tanto, no debe emplearse con un sujeto.

Sin embargo, es frecuente leer y escuchar en los medios frases como

  • «La víctima se trata de un varón de alrededor de 50 años» o
  • «El delito se agrava si el responsable se trata de un funcionario público».

Como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas, si aparece el sujeto lo adecuado es emplear el verbo ser, al que equivale esta expresión.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido mejor escribir,

  • «La víctima es un varón de alrededor de 50 años» y
  • «El delito se agrava si el responsable es un funcionario público».

La forma se trata de habría sido adecuada, en cambio, en construcciones como,

  • «En el accidente se produjo una víctima mortal. Se trata de un varón de alrededor de 50 años» o
  • «El delito se agrava si se trata de un funcionario público».

Fuente: Fundéu

[LE}– El Papa renuncia, no dimite ni abdica

11/02/2013

Los Papas no dimiten ni abdican de su ministerio, renuncian a él.

Con motivo de la renuncia del Papa Benedicto XVI a su ministerio, han aparecido informaciones en las que se utilizan dimitir o dimisión para referirse a esta circunstancia:

  • «El Papa Benedicto XVI anuncia su dimisión» o
  • «El Papa dimite: “Ya no tengo fuerzas”».

Los términos adecuados para indicar que un Papa deja de ejercer su dignidad clerical son renunciar y renuncia, según figura en el Código de Derecho Canónico.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores tendría que haberse escrito

  • «El Papa Benedicto XVI anuncia su renuncia» o
  • «El Papa renuncia “Ya no tengo fuerzas”».

Se recuerda también que, según la Ortografía de la Real Academia Española, la palabra Papa, como otros nombres de títulos, dignidades o cargos, se escribe con minúscula inicial*.

(*) NotaCMP.- Y yo la escribo con mayúscula —y así la he cambiado aquí— para distinguirla del nombre del tubérculo que, en Canarias y en otras muchas regiones/países, se llama papa. Y, entre otros, así titulan, por ejemplo,

[LE}– ‘Contraparte’ no es lo mismo que ‘homólogo’

05/02/2013

El sustantivo contraparte se refiere a la ‘persona o grupo de personas que se opone a otra’, por lo que no es apropiado usarlo como sinónimo de homólogo.

Sin embargo, es común encontrar en las noticias la confusión entre ambos términos, como en

  • «El presidente del Congreso viajará a Wáshington el próximo mes para entrevistarse con sus contrapartes de la Cámara de Representantes y el Senado de los Estados Unidos», o
  • «La titular del Departamento de Seguridad Nacional se reunirá con sus contrapartes de España, Francia, Alemania, Italia, Polonia y el Reino Unido».

En el avance de la vigésima tercera edición del Diccionario Académico se incluye la voz contraparte con los sentidos de ‘persona o grupo de personas que se opone a otra’ y ‘parte opuesta o contraria a algo o a alguien, especialmente en un proceso judicial’.

En cambio, homólogo se usa para referirse a la ‘persona que realiza una función similar o equivalente en una empresa, institución o país diferente’, tal como aparece en el Diccionario de uso del español de América y España (Vox).

Por ello, en los ejemplos citados lo adecuado habría sido emplear términos como homólogo:

  • «El presidente del Congreso viajará a Wáshington el próximo mes para entrevistarse con sus homólogos de la Cámara de Representantes y el Senado de los Estados Unidos», o
  • «La titular del Departamento de Seguridad Nacional se reunirá con sus homólogos de España, Francia, Alemania, Italia, Polonia y el Reino Unido».

Fuente: Fundéu

[LE}– Uso apropiado del punto y coma, ése que parece ir camino de desaparecer

26/12/2012

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El punto y coma (;) separa unidades con sentido autónomo, ya sean grupos de palabras u oraciones completas, que a menudo incluyen sus propias comas.

En concreto, de acuerdo con las pautas de la última Ortografía de la Lengua Española, y en lo que respecta a los usos periodísticos habituales, se recomienda emplear este signo en los siguientes dos casos:

En enumeraciones

  • «Al acto también asistieron los siguientes ministros bolivianos: el de Exteriores, David Choquehuanca; el de la Presidencia, Juan Ramón Quintana; el de Comunicación, Amanda Dávila, y el de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, Nardi Suxo».

Como se ve, aunque no sería incorrecto mantener el punto y coma para separar a los dos últimos ministros, lo más recomendable para cerrar el inciso «Amanda Dávila» es emplear la coma antes de la conjunción ‘y’, indicio claro de que la enumeración concluye.

Ante conectores

Como sin embargo, así pues, en definitiva, por otra parte, por tanto…, cuando tales conectores encabezan el segundo periodo:

  • «El niño estuvo especialmente revoltoso; por tanto, después de pedirle mil veces por las buenas que dejara de gritar y saltar en el sofá, no es de extrañar que sus padres acabaran perdiendo la paciencia».

Si se estima que las oraciones son muy largas, es posible sustituir el punto y coma por punto y seguido.

Fuente: Fundéu

[LE}– La moda anglicista

2013-02-04

Amando de Miguel

Deberíamos partir de la divisa de Nebrija: «La lengua fue siempre compañera del imperio».

La frase la dijo para el latín, pero hoy se puede aplicar con propiedad al inglés.

Es notable la paradoja entre el general rechazo de los anglicismos por los españoles medianamente cultos, y la decidida aceptación práctica de los mismos.

Tengo visto, además, que muchos aficionados a introducir anglicismos en su discurso no hablan ni papa de inglés. Algo así sucede también con los latinajos; recurren a ellos con deleite los que no saben ni la media de latín. Es lo de «dime de qué presumes y te diré de qué careces».

Martín Barandalla Roncal se lamenta de que haya desaparecido en España la distinción entre honradez y honestidad. Ahora todo es honestidad y sus derivados, claramente por la influencia del inglés.

Es cierto. Por lo mismo, en lugar de «todos los días» ahora es moda decir «cada día», quizá como traducción literal del inglés everyday. Añado que quizá sea una influencia del catalán. Todavía más retorcida es la sustitución de «hoy» por «a día de hoy». En ese caso suena más a francés.

Como es natural, los anglicismos se cuelan mejor en el lenguaje culto o que quiere parecerlo.

Por ejemplo, el verbo abducir, algo así como secuestrar por parte de los extraterrícolas o de algunos otros espíritus parecidos. El verbo ha entrado a través de algunas películas estadounidenses. Se trata, pues, de un ejercicio de ficción.

Sin embargo, el nuevo verbo viene muy bien para la operación de una especie de secuestro mental por parte de alguna secta u otro grupo igualmente fanático. Si siguiéramos con secuestrar, la operación no tendría tanta fuerza. Hay que aceptar los anglicismos cuando añaden algún matiz que no tenemos en español.

Menos legítima es la importación de algunas muletillas sin una significación especial. Se sospecha que la transmisión viene otra vez por las películas.

Una locución que hace furor es «de hecho» para comenzar cualquier frase. En español no suena muy bien esa continua apelación a los hechos, pero la muletilla está ya en boca de todos. No importa que después de esa entrada no siga ningún hecho.

Los hechos para un angloparlante tienen una entidad solemne y casi sagrada que no existe en español. Por eso para nosotros no impresiona mucho la dichosa muletilla.

Lo anterior no es nada en comparación con el «¿sabes?» que adorna las conversaciones, sobre todo telefónicas. En inglés se maneja mucho el verbo saber, pero en español suena raro.

La muletilla puede ser útil a través del teléfono para asegurarse de que el interlocutor se ha enterado bien de lo que le hemos dicho.

Todavía más mimético del inglés es asegurar «lo sé, lo sé» cuando no se trata de saber nada. Es una forma de asentir a lo que ha dicho el interlocutor. Está bien en inglés, pues se trata de un idioma cortante, conciso. Pero el español es barroco, por lo que asegurar que se sabe lo que está diciendo el otro no conduce a ninguna parte.

Pero es igual; la muletilla simplemente se imita, se copia automáticamente. El lenguaje requiere no pensar mucho.

Fuente: Libertad Digital