[LE}– Un ‘wasap’ y ‘wasapear’, adaptaciones adecuadas al español

20/02/2014

El sustantivo wasap (‘mensaje gratuito enviado por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp’), así como su verbo derivado wasapear (‘intercambiar mensajes por WhatsApp’), son adaptaciones adecuadas al español, de acuerdo con los criterios de la Ortografía de la Lengua Española.

Esta obra señala que la letra w es apropiada para representar la secuencia /gu/, entre otras, en palabras extranjeras adaptadas al español (waterpolo y web, por ejemplo), criterio por tanto aplicable a wasap como españolización del nombre que se da a los mensajes enviados por WhatsApp, cuya denominación comercial conviene respetar: «Facebook compra WhatsApp por más de 13.800 millones de euros».

Así pues, frases como

  • «Su segundo hijo también le manda wasaps desde París, donde está cursando un máster» o
  • «¿Quieres promocionar tu negocio con una aplicación para wasapear?»

pueden considerarse correctas, sin necesidad de cursivas ni comillas.

El plural de wasap es wasaps, sin tilde, pese a acabar en s, dado que se trata de una palabra aguda terminada en grupo consonántico.

Por otra parte, aunque también pueden resultar admisibles las adaptaciones guasap, plural guasaps, y guasapear, al perderse la referencia a la marca original y percibirse como más coloquiales, se prefieren las formas con w.

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NotaCMP.- Sinceramente, no los entiendo. Proponen que el sonido de la w sea /gu/ —cuando debería ser /u/—, pero rechazan la grafía guasap que se pronuncia con /gu/.

[LE}– De «¿Lo pillas?» a «mire usted»: las muletillas más usadas en España

20/02/2014

Aitor Santos Moya

Como quien no quiere la cosa, en el transcurso de cualquier conversación se repiten constantemente una serie de expresiones que los interlocutores han adquirido de modo rutinario.

«¿Me entienden?». De algún modo, ninguna persona, por raro que parezca, es ajena a tal situación. Por decir algo, hasta hace unas semanas ni siquiera yo había caído en la cuenta de este tipo de costumbres verbales.

«Esto… ¿qué os iba a decir…?». Ah, sí, que según el Diccionario de la Lengua Española (DRAE) una muletilla queda definida como la «voz o frase que se repite mucho por hábito».

Todos aquéllos que han leído el párrafo anterior pensarán, y con razón, que quien suscribe estas palabras ha perdido la cabeza. Nada más lejos de la realidad.

Se trata de un ejemplo totalmente exagerado del uso, o más bien abuso, que una persona puede hacer de las muletillas en cualquier tipo de contexto. Normalmente son un recurso oral, y sirven para complementar el discurso, ya sea con la intención de mantener el interés, subrayar una puntualización, poner énfasis en algo o buscar la aprobación del resto, entre otras funciones.

Sin embargo, el empleo constante de éstas puede derivar en un vicio que deja en evidencia la falta de mensaje y las carencias lingüísticas de todo aquel que las emplea. Como ejemplo, vuelvan al primer párrafo y observen el arte de hablar sin decir nada.

Mª Teresa Estellés, presidenta de la A.L.E. (Asociación de Logopedas de España) y directora de Centros Ortofón, respalda esta última postura, «el uso de las muletillas es siempre contraproducente. El motivo es claro: son un distractor para el receptor del discurso, al que no llega el mensaje».

Paula Martos, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, explica la importancia de elegir con atención los registros en que se deben utilizar, «a pesar de que la función que tienen es justamente facilitar la comunicación, puede ocurrir que el uso inapropiado de determinadas unidades genere situaciones en las que no sea así. En función de la pretensión que tengamos, emplearemos unos recursos u otros, por lo que la selección de estos debe ser cuidada».

En determinadas ocasiones, las muletillas son empleadas exclusivamente para hacer mas armoniosa la locución, pero sin aportar nada al sentido de la frase. Martos aconseja tener en cuenta los valores expresivos que escogemos para hablar, «aun cuando se entiende que uno de los rasgos de las muletillas es su repetición, podemos crear una imagen de pobreza lingüística si recurrimos a ellas de manera excesiva. De este modo, no sólo hay que atender a las unidades que escogemos, sino al peso de los elementos con valor expletivo que empleamos en nuestro discurso».

Extenso repertorio

«Es decir», «digo yo», «¿me explico?», «como si dijéramos», «pues nada», «¿lo pillas?», «no es porque yo lo diga, pero…», «escucha un momento» o «mire usted», son sólo algunos ejemplos del amplio abanico de muletillas que abarca nuestro idioma.

Englobadas dentro del mismo término general, conviene saber los diferentes tipos que existen:

  • El latiguillo, caracterizado por su naturaleza temporal de modo similar al recorrido que traza una moda
  • La empuñadura, necesaria para encauzar y conducir determinados coloquios; y
  • El timo, cuya principal característica es su carácter repetitivo en varias fases de un mismo alegato.

Frontera de la consciencia

Volviendo a la definición de la RAE, no queda claro el grado de voluntariedad que tienen los seres humanos cuando reproducen una serie de muletillas. Estellés resalta que «en un primer momento son conscientes, pero, con su constante repetición, llegan a automatizase y utilizarse de forma inconsciente».

Mientras que Martos responde en base al sentido organizacional o intencional que posean, «generalmente, son automáticas, ya que su valor está relacionado con la gestión del discurso. No obstante, no hay que olvidar que existen diversos tipos de muletillas en función de la actitud que tengamos.

Por lo tanto, podemos marcar su carácter inconsciente, pero sin olvidar que en algunos casos la elección puede estar determinada por una serie de factores externos».

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[LE}– Singularidades de la palabra española ‘coño’

17/02/2014

A. F. Vergara / I. G. Peña

Pese a los intentos, y los logros, de Camilo José Cela para incluir la palabra «coño» en el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española), su pronunciación en el Congreso, en público, y en la tribuna, demuestra que su «especial sonoridad» hace que esté lejos de considerarse una palabra «refinada», aunque sí es de uso habitual.

Sólo tenemos que recordar que el presidente del Congreso, Jesús Posada, pidió disculpas el pasado miércoles 12 de febrero, y reconoció que debería haber tenido «más control» de sus propias palabras cuando se le escapó la palabra «coño» en el momento en el que trataba de imponer el orden en un rifirrafe del debate.

«Estas cosas ocurren. Realmente yo tenía que haber tenido más control de mis propias palabras, pero, en fin, pronuncié alguna interjección que no debía», decía Posada.

En el Congreso no es la primera vez que se oye esta palabra. El «¡Se sienten, coño!» de Antonio Tejero durante el fallido intento de Golpe de Estado del 23-F se hizo tan famoso que, tanto en películas, series y en conversaciones entre amigos, se ha reproducido hasta la saciedad.

Oda al órgano femenino

Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual.

Es más, una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario.

Precisamente fue el escritor gallego quien consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el DRAE. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su «Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el DRAE «ignora por ejemplo, la voz «coño» y no registra ningún cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano».

Pero si seguimos con nuestro recorrido literario, no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos, en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral, otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales.

¿Un término «sexista»?

Según el DRAE, la primera de las acepciones de la palabra «coño» hace referencia a la «parte externa del aparato genital de la hembra», y como interjección se utiliza para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado*.

En Chile, según este mismo diccionario, el término se puede traducir por «Español», y, tanto en este país como en Ecuador, puede ser un adjetivo con el significado de «miserable o tacaño».

Su origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa, 1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la zona pélvica de la mujer, entre las ingles.

En España, el término «coño» tiene unas connotaciones un tanto «sexistas». Cuando algo nos molesta, nos fastidia profundamente, usamos la palabra coño, en una referencia vulgar al órgano femenino. Lo mismo ocurre cuando nos aburrimos: «Vaya coñazo». Sin embargo, cuando un evento nos entusiasma exclamamos que «Es cojonudo», en este caso en referencia al órgano masculino.

En Italia la historia es al revés. Nuestros vecinos mediterráneos utilizan el joder —el «cazzo»— en una clara alusión a las partes íntimas del hombre, al igual que para señalar que una cosa es una tontería o gilipollez: «Che cazzata». Por el contrario, cuando una cosa encanta o sorprende, utilizan una palabra que menciona el miembro femenino, la «figa»: «Che figata», que se traduciría en un «Qué chulada».

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(*) NotaCMP.- Y a mí me extraña que nose mecione su uso para expresar sorpresa con, con tinte peyorativo, como en «¿Qué coño es eso?», dicho ante algo que nos choca.

[LE}– Siglas, acrónimos, y diferencias entre ellos

13/01/2013

A continuación se enumera una lista de claves para escribir adecuadamente las siglas y los acrónimos.

1. De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, una sigla es un «signo lingüístico formado generalmente con las letras iniciales de cada uno de los términos que integran una expresión compleja»: BCE y ONU son siglas respectivas de Banco Central Europeo y Organización de las Naciones Unidas.

Para facilitar su pronunciación, muchas siglas incluyen más letras del comienzo de alguno de los términos, incorporan las preposiciones o conjunciones, o prescinden de la inicial de alguna palabra: Mercosur, Conacyt y Muface se desarrollan respectivamente Mercado Común del Sur, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y Mutualidad General de Funcionarios de la Administración Civil del Estado.

2. También se llama sigla a cada una de las letras que conforman esta clase de signos lingüísticos, de modo que puede afirmarse que BCE y ONU son siglas formadas a su vez por tres siglas cada una y puede hablarse de «la sigla BCE» o «las siglas BCE».

3. En concreto, se llama acrónimo a aquel tipo de sigla que puede leerse con naturalidad en español sílaba a sílaba: ONU es sigla y acrónimo, pues se lee /ó-nu/, a diferencia de la sigla BCE, que es sigla, pero no acrónimo, pues se lee deletreando: /bé-cé-é/.

En rigor, todo término formado por elementos de dos o más palabras es un acrónimo, con independencia de que forme sigla o no: docudrama, por ejemplo, es también acrónimo, a partir de documental y dramático.

4. Salvo que sea sobradamente conocida, la primera vez que se emplee una sigla se recomienda acompañarla de su desarrollo: en minúscula si este corresponde a un nombre común (IRPF se desarrolla impuesto sobre la renta de las personas físicas), y en mayúscula en el caso de los nombres propios (ONU se desarrolla como Organización de las Naciones Unidas).

5. Las siglas se escriben sin puntos abreviativos (ONU, en vez de O. N. U.), mientras que las abreviaturas sí los llevan: pág., Sr. o M.ª.

6. El plural de las siglas no se marca gráficamente con las que sí es correcto pronunciar en el lenguaje oral, de modo que lo apropiado es escribir las ONG, no las ONGs ni las ONG’s, aunque luego se lea /oenejés/.

7. Las siglas se escriben con todas las letras en mayúsculas y sin acentos (CIA, BCE, PC, OPV), salvo los acrónimos que son nombres propios y tienen más de cuatro letras, en los que sólo se escribe en mayúscula la inicial y se pone tilde o no en función de las normas habituales al respecto: Fundéu o Sareb.

8. Los acrónimos incorporados a la lengua como nombres comunes se escriben en minúscula, se acentúan gráficamente conforme a las normas habituales (euríbor, opa, pyme, sida, radar) y forman el plural de modo regular: opas, pymes, radares.

9. Se recomienda traducir las siglas extranjeras (UNO, de United Nations Organization, se transforma en ONU, de Organización de las Naciones Unidas), salvo que se trate de siglas que ya estén asentadas en el uso, correspondan a nombres comerciales, o presenten dificultades de traducción: IBM, de International Business Machines, permanece en inglés.

10. Las siglas y acrónimos que, por los motivos recién indicados, no se traducen, cuyo desarrollo corresponde por tanto a expresiones en otro idioma, se escriben en redonda, sin cursiva ni entre comillas: «Las grandes operaciones de la CIA, al descubierto».

11. Las siglas no se acentúan gráficamente (CIA, no CÍA), salvo en el caso de los acrónimos de más de cuatro letras que son nombres propios, que siguen las normas habituales del sistema de acentuación en español: Fundéu, Fitur.

12. Las siglas alfanuméricas, por ejemplo las de fechas señaladas, pueden escribirse con guion o, más habitual en la actualidad, sin guion: G20 y G-20.

13. Con siglas que empiezan por /a/ tónica, se emplea el artículo la cuando el núcleo de la expresión abreviada es un sustantivo femenino que en su forma desarrollada no comienza por /a/ tónica (la AMPA, de asociación de madres y padres de alumnos, pues asociación no empieza por /a/ tónica); mientras que se escribe el artículo el cuando dicho núcleo corresponde en su desarrollo a un sustantivo que sí comienza por /a/ tónica: el ALCA, de Área de Libre Comercio de las Américas, pues Área sí empieza por /a/ tónica.

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Artículos relacionados:

[LE}– ‘Puño cerrado’ es redundante

14/02/2014

La expresión puño cerrado es redundante, pues puño ya significa ‘mano cerrada’, tal como señala el Diccionario Académico.

En las noticias aparece ocasionalmente este giro, como en

  • «Golpeó a su víctima en la cabeza con el puño cerrado» o
  • «No se conoce a otro Nadal que no sea el del puño cerrado».

Según la definición del Diccionario Académico, puño es ‘mano cerrada’, y, aunque el uso de puño cerrado se puede considerar una redundancia admisible con función de énfasis, conviene recordar que no siempre es necesario precisarlo.

Así, en los ejemplos anteriores podría haberse dicho igualmente

  • «Golpeó a su víctima en la cabeza con el puño» o
  • «No se conoce a otro Nadal que no sea el del puño».

En ocasiones se usa puño cerrado para el gesto simbólico de ciertos movimientos políticos, como en

  • «El etarra salió levantando el brazo con el puño cerrado»;

sin embargo, este ademán se describe mejor como puño en alto, de modo que en este ejemplo habría bastado con decir

  • «El etarra salió con el puño en alto».

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[LE}– Escritura de números y símbolos de unidades

2014-02-12

Amando de Miguel

Sandro Rocci señala que las cifras con muchos números se deben separar de tres en tres con un espacio, no con un punto; y que los símbolos de unidades físicas no llevan punto: por ejemplo, kg (kilogramos) o t (toneladas).

Lo de la separación de las cifras con muchos números no me deja satisfecho; se presta a confusión. Sí creo que los números del DNI o del teléfono deben separarse como señala don Sandro. Es una cuestión práctica: los recordamos mejor de tres en tres números, pues la triada es una unidad de fácil recordación.

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[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Zapatero a tus zapatos

14-09-12

Zapatero a tus zapatos es una de las expresiones que más se utilizan en lengua castellana para advertir a alguien que se está extralimitando de sus funciones o qué opina de algo para lo que no está facultado.

A través del Libro XXXV escrito por Plinio el Viejo (siglo I a.C.) podemos encontrarnos con el origen de este famoso dicho, el cual tiene tras de sí una curiosa anécdota que se sitúa en la Antigua Grecia del siglo IV a.C.

Apeles era uno de los más afamados y admirados pintores de su época y cada vez que terminaba un cuadro tenía por costumbre exponerlo ante los transeúntes para que estos le dieran sus opiniones respecto a la obra recién acabada.

En cierta ocasión entre el grupo de personas que admiraban y opinaban sobre su última pintura se encontraba un zapatero local, quién recriminó a Apeles un grave fallo en una de las sandalias que portaba el protagonista del cuadro.

El pintor escuchó atentamente y ese mismo día enmendó su error, mostrando el cuadro de nuevo al día siguiente. El zapatero, envalentonado y orgulloso del  éxito que había obtenido al influir con su crítica en la rectificación del cuadro, decidió volver a opinar sobre el mismo, esta vez dando su punto de vista sobre la pierna del protagonista de la obra.

Fue en ese momento cuando Apeles hizo callar al zapatero diciéndole:

«El zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias» (Ne supra crepidam sutor judicaret)* también traducido cómo «El zapatero no debe ir más allá de las sandalias»

Y que ha llegado hasta nuestros días con el famoso «zapatero a tus zapatos»

(*) La expresión aparece en latín y no en griego (originario de Apeles) debido a que conocemos la anécdota a través de lo escrito por Plinio el Viejo

Fuentes de consulta: “Intimidades de la Historia” de Carlos Fisas / Libro XXXV de Plinio el Viejo / Wikipedia

[LE}– Anfitrión

02-01-14

A. de Miguel

Maribel Fernández comenta con gracia que debemos tener cuidado con la palabra anfitrión (= el que invita con esplendidez).

La razón es que el Anfitrión de la historia es un personaje de la mitología griega cuya mujer se acostó con Zeus. Por tanto, anfitrión es tanto como decir cornudo.

Añado que, efectivamente, la cosa tiene gracia, pero en la mitología griega el comportamiento de Zeus no fue nada extemporáneo o vituperable. Además, en el relato de Anfitrión todo se aclaró al final, y su mujer no fue culpable de nada. Ha quedado lo fundamental, que el tal Anfitrión, aparte de belicoso, daba unos banquetes muy generosos.

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[LE}– Brega

02-01-14

A. de Miguel

Jaime Lerner (desde Tel Aviv) sostiene con fundamento que la voz milicia en el famoso versículo de Job («milicia es la vida del hombre sobre la Tierra») está mal traducido. Sería mejor decir brega, en el sentido de empeño con dificultad y penalidades.

Añado que es una palabra que utiliza mucho Unamuno; modestamente yo la he oído con frecuencia a mis padres. En su origen la brega es un rodillo por el que pasa la masa del pan. Se supone que la masa debe pasar por ese sufrimiento para que pueda salir un pan más rico. Otro sentido de brega es disputa ruidosa, alboroto.

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