[Canarias}> Así se ve la ‘herida’ de La Palma en primavera, 223 días después de la erupción

30/04/2022

El pasado 28 de abril el satélite Sentinel de Copernicus capturó cómo reverdece la isla en primavera, la primera en la que la cicatriz de lava del volcán marca su geografía

El satélite Sentinel 2-A del programa europeo Copernicus ha captado La Palma desde el espacio, en una imagen donde se observa cómo ha reverdecido la isla como es habitual en primavera, esta vez marcada por la marca de lava que ha dejado el paso del volcán de Cumbre Vieja.

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Con el día despejado, la isla se ve verde en medio del Atlántico azul, mientras su lado oeste muestra las consecuencias de los 85 días y ocho horas de actividad del volcán palmero, la mayor catástrofe por duración, dimensión y destrucción de los últimos años en Europa. 223 días han pasado desde que comenzó la erupción, pero los daños se mantienen en una isla que trata de reponerse del golpe de la Naturaleza.

Se trata de una herida de 1.218 hectáreas cubiertas de lava, bajo las que descansan 1.676 edificaciones, sepultadas, entre las que se contabilizan 1.345 casas, 370 hectáreas de cultivo, y 73,8 kilómetros de carreteras, en una factura económica de 982 millones de euros.

El perímetro teñido en negro es de 68,8 kilómetros y ha modificado el mapa de la isla, que crece 47 hectáreas con esta erupción en Cumbre Vieja, que regó en la isla 216 millones de metros cúbicos de lava.

La imagen, captada el 28 de abril de 2022, también tiene las marcas de las erupciones anteriores, como la del volcán de Teneguía que se observa en la instantánea satelital en la punta sur de La Palma.

Entre los comentarios de esta publicación de Copernicus, los seguidores de la página hablan de la «reconstrucción y recuperación de la isla» basada en «la Ciencia y la tecnología, la sostenibilidad y el respeto a su Naturaleza». Otros hablan de esta imagen recordando que «aunque herida es siempre bonita» o palabras positivas, «Qué imagen tan maravillosa de la isla de La Palma», dicen otros.

«Esa cicatriz que la Naturaleza ha hollado en su figura es sobrecogedora y ha cambiado para siempre la impresión geológica que fue identidad», asegura uno de los comentarios, al igual que otro alega que «esa herida sanará con los años, como siempre ha ocurrido en las islas», celebrando que sigue «verde, fuerte, hermosa y siempre viva».

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[Canarias}> Reapertura de las carreteras interrumpidas e inmuebles engullidos por la erupción del Volcán de San Juan (La Palma, 1949)/1 / María Victoria Hernández

Reapertura de las carreteras interrumpidas e inmuebles engullidos por la erupción del Volcán de San Juan (La Palma, 1949)/1

A partir de 1936 los habitantes de La Palma comenzaron a sentir movimientos sísmicos, conocidos popularmente en Canarias como temblores

[Cop}> “LA MUERTE NO EXISTE”: Elisabeth Kübler-Ross, la médica que dice haber confirmado la existencia del más allá

(Un tema que, aunque viejo, no pierde actualidad)

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Abril 27, 2022

 

La doctora suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross recibió a lo largo de sus 40 años de profesión 28 títulos doctor honoris causa. Sus libros —el más conocido es el bestseller “Sobre la muerte y los moribundos”— han sido traducidos a más de 25 idiomas.

Una parte de su reconocimiento mundial se debe a que la médica psiquiatra se dedicó durante décadas a acompañar a enfermos terminales, aplicando modernos cuidados paliativos para que afrontaran el fin de su vida con serenidad e incluso con alegría. Mientras, estudiaba sus comportamientos, a partir de los cuales desarrolló su teoría sobre las cinco etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), conocida mundialmente como el “modelo de Kübler-Ross”, hoy considerada la base teórica de los cuidados paliativos.

Pero lo que más la distinguió entre sus colegas fueron sus estudios sobre la vida después de la muerte o el “más allá”. A partir de la recopilación de miles de casos de pacientes con muerte clínica que vivieron experiencias extracorporales y luego volvieron a la vida, Kübler-Ross llegó a la conclusión de que la muerte no es más que un nuevo comienzo, y uno feliz. «El instante de la muerte es una experiencia única, bella, liberadora, que se vive sin temor y sin angustia”, ha declarado en numerosas ocasiones. A lo que también ha agregado: “La muerte es sólo un paso más hacia una forma de vida en otra frecuencia».

Sus investigaciones sobre el tema han trazado una línea divisoria entre sus colegas: hay quienes la critican y discuten sus hallazgos con contraargumentos racionalistas, como también quienes la admiran y la respetan como una eminencia en su especialidad, la muerte, o como ella la llamaba: “el mayor misterio para la ciencia”.

Umbral de la muerte: el primer caso que cambió su vida

Kübler-Ross se dedicaba a acompañar a enfermos terminales en distintos hospitales de Estados Unidos cuando trató por primera vez a una paciente que vivó la experiencia del umbral de la muerte. Se trataba de la señora Schwartz, que llegó a un hospital local de Indiana con un estado de salud extremadamente delicado. Al poco tiempo de estar internada, dejó de tener signos vitales.

«La señora Schwartz se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y luego flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada.

Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa, puesto que se encontraba bien, pero cuanto más se esforzaba en explicarles más la atendían solícitamente, hasta que comprendió que los demás no la oían.

Decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia, como nos dijo textualmente. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más»,

detalló la médica psiquiatra en una de sus conferencias sobre el tema, hoy recopiladas en el libro La muerte: un amanecer (1984).

Este caso representó para la psiquiatra el principio de una investigación que duraría décadas. «Nunca había oído hablar de tal experiencia de muerte aparente, aunque era doctora en Medicina desde hacía tiempo. La señora Schwartz produjo un cambio en mí», recordó Kübler Ross en la misma conferencia.

Desde entonces, la especialista y su equipo se dedicaron a reunir experiencias extracorporales de pacientes con muerte clínica que volvieron a la vida en Estados Unidos, Canadá, Australia y algunos otros países. La persona más joven tenía dos años, y la mayor, 97.

Recabaron casos de personas de diferentes orígenes culturales —hasta esquimales y aborígenes de Australia—, así como también de diferentes creencias religiosas: hindúes, budistas, musulmanes, cristianos, e incluso también a agnósticos y ateos. «Era importante poder hacer el recuento de los casos en ámbitos religiosos y culturales tan diferentes como fuese posible, con el fin de estar bien seguros de que los resultados de nuestras investigaciones no fuesen rechazadas por falta de argumentos», explicó años más tarde.

Cuanto más casos conocía y más profundizaba sobre el tema, más se sorprendía. «Ha habido personas que incluso nos han precisado el número de la matrícula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. No se puede explicar científicamente que alguien que ya no presenta ondas cerebrales pueda leer una matrícula», ha comentado.

En varias ocasiones, tanto en notas periodísticas como en seminarios y en conferencias, Kübler-Ross ha mencionado a una paciente en particular, que sentó un precedente en sus investigaciones sobre la vida después de la muerte.

«Tuvimos el caso de una niña de doce años que estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que ella relató que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura.

Después de haber contado todo esto a su padre, le dijo: “Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano”. Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, y que había muerto tres meses antes de que ella naciera».

A partir de los distintos casos recopilados —todos con grandes similitudes—, Kübler-Ross llegó a la conclusión de que la muerte es casi idéntica al nacimiento, porque implica el paso a un nuevo estado de conciencia, donde las personas ven, escuchan, se ríen e, incluso, en algunos casos, bailan.

«Los ciegos pueden ver, los sordos o los mudos oyen y hablan otra vez. Una de mis enfermas, que tenía esclerosis en placas, dificultades para hablar y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!». Las niñas que a consecuencia de una quimioterapia han perdido el pelo, me han dicho después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos», detalló la psiquiatra.

Muchos de sus colegas la han cuestionado, argumentando que lo que ven los enfermos terminales en estas circunstancias no son más que proyecciones de deseo creadas por su inconsciente. Pero ella les respondió con más ejemplos, casos de personas ciegas que no tenían percepción luminosa desde hacía al menos diez años cuando tuvieron una experiencia extracorporal. «Estos ciegos pueden decirnos con detalle los colores y las joyas que llevaban los que los rodeaban en aquel momento, así como el detalle del dibujo de sus jerséis o corbatas. Es obvio que en estos casos no puede tratarse de visiones», afirmó en una conferencia.

Según sus propias estadísticas, recabadas en terapias intensivas de distintas partes del mundo, del total de enfermos con paros cardíacos graves que han vuelto a la vida después de una reanimación, solamente el 10% recuerda las experiencias vividas durante el cese de sus constantes vitales.

La muerte, tres etapas

Kübler-Ross dividió la experiencia de muerte en tres etapas. La primera ocurre a nivel físico y está ligada a la consciencia normal de la persona y a su cuerpo. En ese momento, el “yo real” emerge de su cuerpo físico y se traslada al segundo nivel, el psíquico, en el que la persona está completamente alerta, atenta a todo lo que está sucediendo a su alrededor, como un observador. Luego viene la etapa final: “La persona atraviesa algo que para ella representa una transición hacia el tercer nivel, o nivel espiritual. Este símbolo puede ser un pasaje de una montaña, el río Ganges, un túnel…la percepción que de la transición tiene cada individuo será determinada culturalmente.

En cualquier rango, al final del túnel, o lo que sea, usted verá una luz. Una vez que la has vislumbrado, no tendrás temor de la muerte. Cuando finalmente falleces, experimentarás la luz que te dará un inmenso sentimiento de amor y felicidad. Este nivel es el Reino de Dios y no puede ser manipulado por ningún ser humano”, sintetiza la psiquiatra.

“Nadie muere solo”

Kübler Ross aseguró hasta el día de su propia muerte, en 2004, que nadie muere solo: «Una vez que estás fuera de tu cuerpo físico, podrás ver a los familiares y amistades que te precedieron. Los encontrarás, reconocerás y estarás rodeado por más amor del que puedas imaginarte».

No es una opinión, dice, es una realidad. Ella misma investigó varios casos de tragedias familiares en las que un niño seriamente lastimado recobró la conciencia un tiempo largo después del accidente.

«Una vez, un niño que había tenido un accidente de auto con la familia me dijo: “Todo está bien, mi mamá y Peter me están esperando”. Yo sabía que su madre había muerto. A Peter, su hermano, lo habían enviado a otro hospital, a uno de quemados. Era la primera vez que un chico en esas circunstancias mencionaba a alguien que no había muerto.

Pero, como soy investigadora, tomé nota, aunque lo que decía contradecía mi teoría. Cuando salí de la habitación y pasé por cuidados intensivos, me informaron de que tenía una llamada del hospital de quemados: Peter había fallecido hacía 10 minutos»,

relató la psiquiatra en Buenos Aires (1991) durante una entrevista con el diario La Capital, minutos después de su conferencia en el aula magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Luego sumó: «En 15 años no he visto casos de niños que no nombraran personas que los hayan precedido en la muerte».

A los niños, Kübler-Ross les explicaba la muerte con una metáfora, la de la mariposa. «La muerte física del hombre es idéntica al abandono del capullo de seda por la mariposa. El capullo de seda y su larva pueden compararse con el cuerpo humano. Desde el momento en que el capullo de seda se deteriora irreversiblemente, ya sea como consecuencia de un suicidio, de homicidio, infarto o enfermedades crónicas (no importa la forma), va a liberar a la mariposa, es decir, a nuestra alma».

Durante su carrera, Kübler-Ross dictó cursos sobre muerte y agonía a más de 125.000 estudiantes en universidades, facultades de medicina, hospitales e instituciones de trabajo social. En 1970, pronunció “The Ingersoll Lectures on Human Immortality” en la Universidad de Harvard, sobre la muerte y los enfermos terminales.

La psiquiatra dedicó los siguientes 10 años a fundar más de 50 hospicios en todo el mundo. Se retiró finalmente a los 70 años, pero nunca abandonó su vocación: desde su casa, en Arizona, escribió cuatro libros más, incluyendo “Sobre el duelo y el dolor”, coescrito con David Kessler, experto en duelo. Su filosofía, expresada en sus libros, se convirtió luego en la base del actual Movimiento Hospice, que se dedica al cuidado de personas con enfermedades terminales en el final de sus vidas.

Más allá de sus logros, Kübler-Ross debió lidiar en todo momento con las críticas de colegas que consideraban que sus estudios sobre el “más allá” manchaban su integridad científica. Por eso, dedicó las primeras líneas de su libro, “La muerte, un amanecer”, a cuestionar estas mismas críticas: «Hay mucha gente que dice: “La doctora Ross ha visto demasiados moribundos. Ahora empieza a volverse rara”. La opinión que las personas tienen de ti es un problema suyo, no tuyo. Saber esto es muy importante. Si tienes buena conciencia y haces tu trabajo con amor, se te denigrará, te harán la vida imposible, y diez años más tarde te darán dieciocho títulos de doctor honoris causa por ese mismo trabajo. Así transcurre ahora mi vida».

Pocos años antes de fallecer, en un reportaje, un periodista le preguntó si la proximidad de su muerte le generaba miedo. Su respuesta fue contundente: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano». En la misma entrevista, declaró que la vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Ella siempre repitió la misma frase: “Morir es mudarse de casa, a una más bella”.

Luego de su muerte, Ken Ross, uno de sus dos hijos, creó la Fundación EKR en honor a su madre. La fundación tiene 11 filiales en distintas partes del mundo. Una de éstas es la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Argentina-Uruguay, conformado por un equipo interdisciplinario, que surgió a fines de 2020.

«Nuestra misión es difundir en estas latitudes la obra de Elisabeth Kübler-Ross y continuar con su legado», dice Cynthia Frahne, su coordinadora, a La Nación. «Ofrecemos charlas gratuitas sobre diferentes temáticas y un encuentro llamado “Un té con Elisabeth”, que sería como un Dead Café, donde se conversa sobre la muerte, porque en nuestra sociedad ese es un tema del que no se habla. En breve, vamos a estar ofreciendo grupos de apoyo en duelo, también formaciones sobre acompañamiento en duelo y para el modelo hospice», resume Frahne.

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[Col}> Algunas notas sobre el Vía Crucis hasta El Calvario en El Paso / Carlos Valentín Lorenzo Hernández

21-04-2022

Algunas notas sobre el Vía Crucis hasta El Calvario en El Paso

Aún reciente la celebración de los actos de la Semana Santa, en la cual se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, dirigimos nuestra mirada escrutadora hacia la observación de elementos o símbolos que se encuentran en rincones de calles y que tienen una relación directa con las festividades que vivimos estos días pasados.

Nos referimos a las cruces repartidas a lo largo del recorrido hasta El Calvario. Simboliza este Vía Crucis (Camino de la Cruz) la pasión de Jesucristo a lo largo del camino que siguió hasta El Calvario, donde finalmente fue crucificado y sepultado.

En muchos pueblos de nuestra geografía nacional se conserva, normalmente en las afueras, un lugar denominado “Calvario”, donde suelen levantarse tres cruces.

En el caso concreto de El Paso, la capilla de El Calvario data de los años veinte del siglo XX. El sacerdote Norberto Pérez Díaz (1862 – 1924), durante el periodo que sirvió en la parroquia de El Paso, fue un gran impulsor de esa obra.

Así, en el Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Tenerife, de 1 de julio de 1924, en el apartado de crónicas diocesanas se señala: “Los vecinos de El Paso han puesto todos sus entusiasmos en el ensanche y alineación del camino de Tacande (actualmente hermosa calle). El público ha contribuido con donativos que arrojan cerca de 1.000 pesetas, y el resto de la suscripción pasó de 300. Lo demás, fuera del trabajo personal gratuito de aquellos vecinos, fue costeado por el párroco, señor Pérez Díaz. La construcción del Calvario, es también iniciativa suya y será una elegante obra”.

El 1 de julio de 1925 el pleno del Ayuntamiento de El Paso tomó el acuerdo de aprobar la propuesta de Francisco Tabares Capote de ponerle el nombre de Norberto Pérez Díaz al camino de Tacande que conduce hasta El Calvario “en gratitud por los desvelos” con los que actuó durante su permanencia en nuestro pueblo y en obras como las de El Calvario.

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Calle Norberto Pérez Díaz

El promotor del establecimiento en El Paso de un Vía Crucis hasta El Calvario fue el sacerdote, natural de Puerto de la Cruz, José García Pérez (1912 – 1958) que ocupó la parroquia de Ntra. Sra. de Bonanza desde 1936 hasta 1941. Llegó muy joven a nuestro municipio, se trataba de un brillante, elocuente y fogoso orador, “lleno de erudición y amor patrio”. Dadas las circunstancias políticas de la época que le tocó vivir, la forma vehemente con la que defendió sus ideales y credo pudieran parecer inadecuadas para un ministro de la Iglesia. Pero quienes lo trataron directamente, lo recuerdan como un hombre de “buena palabra y dulce sentimiento”.

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En 1941 fue trasladado a la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en San Cristóbal de La Laguna, donde permaneció hasta su fallecimiento ocurrido en 1958. Allí continuó destacando por sus dotes oratorias que le hicieron uno de los predicadores de más prestigio de la época.

José García Pérez llevó a cabo una amplia y acabada labor de restauración histórica y artística de la parroquia de Santo Domingo que cuenta con preciadas obras del Conde de Belalcazar y de los admirados pintores Mariano de Cossío, Antonio González Suárez y Pedro de Guezala. Desde 1973 sus restos reposan en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, y La Laguna tiene una calle con el nombre de “Párroco García Pérez”.

Tras estas notas biográficas de José García Pérez, el gran valedor del Vía Crucis hasta El Calvario en nuestro pueblo, señalamos que en la sesión plenaria del Ayuntamiento de El Paso de 24 de abril de 1937 se presentó una instancia por parte de don José García Pérez, cura párroco de El Paso, “solicitando le sea concedida autorización para colocar trece cruces desde la Iglesia Nueva hasta el Calvario accediendo la Gestora a tal solicitud”.

El Vía Crucis fue colocado, por las calles y caminos hasta El Calvario, en un acto emotivo, al cual asistieron sus donantes portando las cruces. Reseñamos a continuación quiénes fueron las personas donantes —de las cuales citamos algunos datos de su trayectoria vital— y el orden de la colocación de las cruces, que se corresponde con las catorce estaciones del Vía Crucis vivido por Jesucristo en su pasión, muerte y sepultura.

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I. Fermín Sosa Pino (1852 – 1939). Fue alcalde de El Paso en dos etapas, y juez municipal durante muchos años. Verdadero gestor de la independencia eclesiástica de El Paso. El municipio pasense ha honrado su memoria haciendo que una de sus calles lleve su nombre.

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II. Juan Pérez Capote (1890 – 1940). Licenciado en Medicina y Cirugía. Se dedicó a la Medicina rural en su pueblo y desempeñó el cargo de inspector médico municipal. Su pueblo le tiene dedicada una calle.

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III. Miguel Jurado Serrano (1890 – 1983). Natural de La Rambla (Córdoba). Se estableció en nuestro municipio como farmacéutico a comienzo de los años veinte del pasado siglo. Llegó a desempeñar la alcaldía de El Paso. Fue nombrado hijo adoptivo de nuestro pueblo. Se le concedió la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil, junto al alcalde Manuel Fermín Sosa Taño y los concejales Pedro Capote Lorenzo y Juan A. Fernández Fernández, por su intervención en el Comité Local de Unión Patriótica en el periodo de 1927 a 1930.

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IV. Antonio Pino Pérez (1904 – 1970). Odontólogo. Alcalde de El Paso en varios periodos. Se distinguió como orador vibrante y gran poeta. Cronista oficial de la Ciudad. Fueron notables sus creaciones de los Carros Alegóricos que dieron brillantez a las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús. La Corporación Municipal lo nombró Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso, dedicándosele, con posterioridad, una calle. El 25 de junio de 2014, coincidiendo con la celebración del día del municipio, el Ayuntamiento de El Paso pone a la Biblioteca Municipal el nombre de Antonio Pino Pérez.

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V. Segundo Capote Pino (1856 – 1949). Propietario de tierras. Perteneciente a una familia de acendradas virtudes cristianas. Una de sus hijas, Blanca Capote Padrón (1902 – 1977), fue la madrina en la ceremonia de bendición e inauguración del nuevo templo parroquial de El Paso en 1934.

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VI. Carmen Cordovez Hernández. En las inmediaciones a la antigua casa familiar se sitúa la cruz que donara. Hermana de Mela Cordovez, muy recordada en los ámbitos culturales de nuestro pueblo.

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VII. Antonio Capote Lorenzo (1902 – 1984). Vinculado a la empresa tabaquera de su hermano Pedro.

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VIII. Pedro Capote Lorenzo (1899 – 1971). Estudió la carrera de Administrador de Correos, pero destacó como empresario e industrial tabaquero de prestigio. Propietario de la empresa Tabacos Capote, que se convirtió en la principal fuente de sostenimiento de las familias de El Paso y único medio de trabajo estable en el pueblo. Sus labores del tabaco fueron premiadas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, en 1929, donde obtuvo Medalla de Oro.

La participación en la actividad política de su municipio, como ya se ha señalado, hizo que se le concediese la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil. Persona de mucho peso en el apartado social y cultural de su pueblo. Presidente–fundador del Club Deportivo Atlético Paso. Entusiasta propulsor de la festividad del Sagrado Corazón de Jesús en nuestro municipio.

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IX. Pedro Capote Gutiérrez (1865 – 1951). Patriarca de una arraigada familia pasense. Personalidad representativa de nuestro pueblo que fuera alcalde del mismo. Siempre se hizo necesario su sereno consejo cuando de importantes gestiones para la localidad se tratase. Como reconocimiento a esa gran labor en pro de su pueblo, la plaza de la antigua Iglesia de Ntra. Sra. de Bonanza (Iglesia Vieja) lleva su nombre. (Destacamos, como queda reflejado, que sus hijos Pedro, Antonio y Tomás también fueron donantes de cruces).

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X. José García Pérez (1912 – 1958) —párroco— o Srta. Albertina Pérez Quintana (1907 – 2010). Albertina fue maestra de la Escuela de niñas de Tacande. Como dato curioso destacamos su longevidad, pues murió a los 103 años de edad.

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XI. Justo Pérez Hernández. Hasta la fecha no hemos podido recoger notas biográficas del mismo. Deseamos que la divulgación de este pequeño trabajo nos permita recibir alguna información sobre esta persona.

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XII. Calvario. En el interior del oratorio se encuentran las tres cruces, colocadas antes que las ya nombradas, que rememoran la crucifixión de Jesucristo entre los dos malhechores, Dimas y Gestas.

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XIII. Tomás Capote Lorenzo (1904 – 1964). Profesionalmente desarrolló su labor en la empresa Tabacos Capote. Ocupó la alcaldía de El Paso. Durante su mandato se inauguró el cementerio de San Vicente Ferrer.

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XIV. Juan Simón Rocha (1907 – 1985). Fue alcalde de El Paso. En el momento de la colocación de las cruces ocupaba ese cargo, presidiendo la Comisión Gestora que regía los destinos del Ayuntamiento de El Paso (junto a él componían la Comisión Gestora municipal, Domingo Hernández Hernández, y Vicente García Sosa).

Las calles donde se ubican las cruces del Vía Crucis son la actual Salvador Miralles Pérez, rotulada desde 1996 con el nombre de quien fuera sacerdote de El Paso (anteriormente se denominaba 13 de septiembre, antigua calle que conducía al cementerio hasta 1939), la calle Norberto Pérez Díaz y la carretera de San Nicolás. Apenas en un kilómetro de trayecto, desde el templo parroquial hasta El Calvario, se encuentran distribuidas, a la vera de las vías, sobre pedestales, muros y alguna hornacina.

Hoy día, el perfil del trazado inicial del Vía Crucis puede estar algo desdibujado por las edificaciones y ampliaciones de los antiguos caminos, principalmente la carretera a San Nicolás que sufrió una importante modificación con el establecimiento de acerado. Algunas de las cruces han sido movidas del sitio original y, otras, por el normal transcurso del tiempo, han tenido que ser remozadas o sustituidas.

Tradicionalmente, el Viernes Santo, al alba, parte desde la iglesia parroquial en procesión a El Calvario la venerada imagen del Cristo crucificado, cantándose en el recorrido el Vía Crucis. Cada una de las estaciones se corresponde con uno de los pasajes vividos por Jesús camino de la cruz.

  • Primera Estación: Jesús es condenado a muerte.
  • Segunda Estación: Jesús carga la cruz.
  • Tercera Estación: Jesús cae por primera vez.
  • Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre María.
  • Quinta Estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
  • Sexta Estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.
  • Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez.
  • Octava Estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén.
  • Novena Estación: Jesús cae por tercera vez.
  • Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
  • Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz.
  • Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz.
  • Decimotercera Estación: Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su madre.
  • Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

De esta manera hemos querido aproximarnos un poco más a la historia de ese conjunto de cruces, que conforman el Vía Crucis hasta El Calvario, tan cargado de simbología, presentes en el panorama urbano, como mudos testigos del discurrir del tiempo en nuestra Ciudad, y que cobran protagonismo durante las fechas de Cuaresma y Semana Santa.

Carlos Valentín Lorenzo Hernández

[Canarias}> Excelente foto del volcán como protagonista

Esta foto, del excelente fotógrafo Saúl Santos, es la primera que veo tomada desde un ángulo insólito que permite distinguir, desde atrás hacia adelante,

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1) La cumbre de Los Andenes, donde están los telescopios del Roque: la sierra que se ve al fondo

2) El pico Bejenao: la formación piramidal verde que se ve delante de la sierra.

3) Una muy buena vista del Valle de Aridane: la zona del caserío, principalmente de Los Llanos y El Paso.

4) Un trozo del nuevo malpaís creado por el volcán: la mancha negra.

5) Parte del cráter principal bordeado por las manchas amarillas causadas por el azufre.

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