[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Antonio José Álvarez de Abreu

Antonio José Álvarez de Abreu

(1688-1756)

En la ciudad de Santa Cruz de La Palma (Canarias), y en la casa número 25 de la entonces llamada Calle de la Carnicería, doña María Yánez Abreu, esposa legitima y prima del sargento don Domingo Álvarez Hernández, dio a luz, el 7 de febrero de 1688, un niño al cual se le impuso e! nombre de Antonio José, al ser bautizado, ocho días más tarde, en la parroquia matriz de El Salvador de dicha ciudad, por el licenciado Matías Pérez y Valle, y siendo su padrino Juan García.

Álvarez de Abreu aprendió las primeras letras en las escuelas sostenidas por los frailes de Santo Domingo y San Francisco en la ciudad de su nacimiento, que para su época llenaban todas las condiciones apetecibles. Más tarde se trasladó a La Laguna de Tenerife, capital cultural de Canarias, en cuyo convento de San Agustín estudio Latín y Filosofía, y luego a Salamanca, en cuyas aulas universitarias, después de haber cursado Leyes y Cánones, recibe el grado de Bachiller en 1707. En Madrid, se graduó de Licenciado en 1711.

En este tiempo se dedicó al estudio de las regalías de la Corona, convirtiéndose en el más asiduo lector de la recién fundada Real Librería, hoy Biblioteca Nacional de Madrid.

El rey Felipe V —confiando en la rectitud, literatura y desinterés, de Álvarez de Abreu y en la inteligencia con que había procedido en cuanto se había puesto a su cuidado— lo nombró el 16 de agosto de 1714 Alcalde Visitador de la Veeduría y Conservaduría General de los Reales Derechos del Comercio entre Castilla y las Indias, y se le destinó a Venezuela, con cuyos empleos y otras importantes comisiones de la vía reservada, partió de Cádiz, llegando al puerto de La Guaira el 8 de enero de 1715, y subiendo a la ciudad de Caracas el 7 de febrero del mismo año.

El Arzobispo de Caracas, don Fray Francisco del Rincón, suplicó a Álvarez de Abreu que leyera en el Colegio Seminario de Santa Rosa la que fue la primera Cátedra de Derecho que existió en Venezuela, la cual comenzó el 30 de agosto de 1715.

El 13 de abril de 1716 se casó en la catedral de Caracas con doña Teresa Cecilia de Bertodano Knepper, nacida el 23 de noviembre de 1691 en el castillo de San Bartolomé (Huesca, España), viuda del sargento mayor don Cristóbal de la Riva, vecino de la Isla de Margarita

El Gobernador y Capitán General de Caracas, Brigadier don Marcos de Bethencourt y Castro, consultó con Álvarez de Abreu acerca de los disturbios habidos en Guanare, y éste opinó que esos sucesos requerían gran reflexión y que, dadas las pocas fuerzas de que disponía el Gobernador, sólo había dos opciones: que éste fuera a Guanare, para evitar enredos, o hiciera venir a Caracas a los alcaldes para que le dieran satisfacción y, si esto no se lograra, castigar el atrevimiento del Cabildo. El Gobernador ordena que se proceda con el dictamen de Álvarez de Abreu.

El 11 de septiembre de 1720 el Virrey ordena al Cabildo de Caracas que prenda y separe del gobierno al Gobernador y ponga en él a Álvarez de Abreu, a quien nombra Gobernador y Teniente de Capitán General de la Provincia de Caracas. El Cabildo obedeció en lo primero pero no en lo relativo a Álvarez de Abreu, pero el Decreto del 26 de febrero de 1721 ordenó al Cabildo que, sin más dilación, diera posesión del gobierno a Álvarez de Abreu, lo cual se cumplió el 2 de mayo de 1721.

El 11 de septiembre de 1721, Álvarez de Abreu entregó el gobierno a don Diego de Portales y Meneses.

A fines de 1722, Álvarez de Abreu dejó Venezuela. En La Habana y Veracruz fue asesor de Campillo, Comisionado Real de la Marina.

A fines de 1723 regresó a Madrid acompañado de su familia.

En 1726 presentó a Felipe V su obra “Víctima Real legal. Discurso único jurídico-histórico-político sobre que las vacantes mayores y menores de las iglesias de las Indias Occidentales pertenecen a la corona de Castilla y León, con pleno y absoluto dominio”.

La crítica que ha juzgado esta obra ha dicho que en ella su autor muestra una vasta lectura, erudición jurídica, penetración, crítica, ingenio, método y novedad, pero a veces su estilo es demasiado gallardo, su elocuencia verbosa y sus opiniones ultramontanas, y lo llamaron “segundo Colón, por haber descubiertos nuevas Indias en las Indias ya descubiertas”.

En 1727 fue nombrado asesor de la Superintendencia de Rentas Generales y de Salinas, y luego juez subdelegado de ellas. Ese mismo año fue nombrado Oidor de la Casa de Contratación de Cádiz.

En 1729 se le dieron honores y graduación en el Consejo de Hacienda con antigüedad desde que marchó a Caracas.

En 1730 le dieron plaza de ministro en el Consejo de Indias, y, poco después, de la Cámara.

En 1731 fue ministro de la Junta General de Azogues.

En 1732, de la de Asiento de Negros.

En 1733, de la de Tabaco, Comercio y Moneda.

En 1735 imprimió un voto suyo sobre que “La isla de Santa Cruz, una de las de Barlovento, perteneciente a la corona, no pudo ser justamente vendida al rey de Dinamarca”. Otras obras suya impresas son “Extracto historial del expediente que pende en el Consejo Real y Supremo de las Indias, a instancias de la Ciudad de Manila, sobre el comercio…. de los tejidos de China en Nueva España” y “Sobre el régimen de las audiencias y togados en Indias”.

El 1 de julio de 1738 Felipe V, en atención a los beneficios que le había producido la obra “Víctima real legal”, los cuales le aumentaron su erario en más de un millón de reales anualmente, le concede a Álvarez de Abreu el título de Castilla con la denominación de Marqués de la Regalía, para sí y sus sucesores, y una pensión de mil ducados anualmente sobre las mismas vacantes de las iglesias de América.

Los capitulares del Cabildo de La Palma no fueron consecuentes cuando, habiéndose dado al dicho Cabildo una carta de Álvarez de Abreu en que participaba la merced que el Rey se había dignado hacerle de título de Castilla, ni se dignaron contestarla dándole la enhorabuena, ni acordaron cosa alguna. Como que si esto era ya demasiado tratándose de un hijo del pueblo.

En 1740, a la muerte de Carlos VI, Emperador de Alemania, se le consultó sobre los derechos del Rey a algunos de los estados hereditarios de la Casa de Austria, y compuso el manifiesto que en aquella época publicó la Corte española.

En 1741 trabajó las plenipotencias que llevó a la dieta de Francfort el Conde de Montijo, de quien ese mismo año fue nombrado subdelegado en la Superintendencia General de Azoguez.

En 1744, fue nombrado ministro de la Junta General de Dependencias de Extranjeros.

El 28 de noviembre de 1756 y a los 68 años de edad, murió en Madrid, en su palacio de la Calle de la Bola, el primer Marqués de la Regalía, excelentísimo señor doctor don Antonio José Álvarez de Abreu, Decano del Consejo y Cámara de Indias, siendo enterrado en el Convento de Santo Domingo el Real, de la Corte.

Fue hombre vivo, decidor y laborioso, verdadero oráculo en la Secretaría de Indias y en la del Estado, y puede decirse que apenas hubo ministro de su época que no le consultara sobre Derecho Público.

Según el decir de su coetáneo y pariente, el licenciado Gutiérrez de Rubalcaba, fue de singulares y notorias ventajas literarias, y sus progresos entre los jurisconsultos de su tiempo son asunto digno de la mayor admiración.

Célebre por su privanza, reputación y escritos, había sobresalido tanto en la ciencia del Derecho Público que en todas las secretarías del despacho se le consultaban los negocios políticos más arduos.

Durante su estancia en Caracas, los esposos Álvarez de Abreu y Bertodano tuvieron cuatro hijos:

• José Antonio, nacido el 3 de septiembre de 1717.
• Josefa Nicolasa, nacida el 17 de marzo de 1729
• Teresa Josefa, nacida el 11 de mayo de 1720; y,
• Félix José, nacido el 13 de julio de 1721.

Después tuvieron otros dos: Jaime Alberto y Miguel Antonio.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: José Fernández Medina

José Fernández Medina
(1686 -1755)

En la primera expedición canaria que arribó a la Banda Oriental del Uruguay para fundar la ciudad de Montevideo, el 19 de noviembre de 1726, se halla José Fernandez Medina, de quien proceden ilustres familias uruguayas, y a quien, por ser el único natural de la isla de La Palma (Canarias) se le conoce con el apodo de “El Palmero».

Se le había supuesto nacido en Puntallana en 1686, y así lo consignamos en un trabajo nuestro, pero posteriores investigaciones del genealogista Jaime Pérez García lo señalan nacido en Barlovento, ambos municipios de dicha Isla, e hijo de Juan Fernández Yanes, también natural de Barlovento, y de Francisca Hernández, natural de Garafía (La Palma).

Se casó en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Luz, en Garafía, el 26 de mayo de 1704, con Lucía Lorenzo del Castillo, nacida en Tijarafe (La Palma), en 1688, e hija de Francisco de Arrocha y de Margarita Velázquez del Castillo.

Fue capitán de la Compañía de Caballos Corazas (Coraceros), y el primer Alcalde de segundo voto de la ciudad de Montevideo (1730), Alcalde de primer voto (1732, 1738 y 1743), Alférez Real (1745), Procurador General (1746), y Depositario General (1749 y 1751).

En 1747 ya se hallaba viudo.

Recibió en 1752, una estancia sobre el arroyo Canelones. El 7 de junio de 1753 dio poder para testar al capitán Francisco Gorriti, y otorgó testamento cerrado el 16 de julio de 1755, falleciendo en la noche comprendida entre ese día y el siguiente, cuando fue registrado su entierro en Montevideo.

Sus hijos fueron;

A.= Don Jacinto Fernández de Medina, que no pasó a Montevideo.

B.= Don José Fernández de Medina, que si acaso pasó a Montevideo debió trasladarse luego a otra parte de América.

C.= Don Juan Bautista Fernández de Medina. Nació en 1716, pues tenía 10 años de edad cuando arribó con sus padres a la flindación de Montevideo, donde recibió, en 1751, una charca sobre el arroyo de Canelones (Canelones), y en 1753 un solar en la ciudad. Se casó en la parroquia matriz de Montevideo, el 20 de julio de 1747, con doñaa Maria Felipa Castellano Mena, nacida en Montevideo en 1733, e hija de don Juan Alonso Castellano, —natural de Canarias y poblador de Montevideo que integró la segunda expedición que arribó el 27 de marzo de 1729— y de doña María de la Concepción Mena Perez,

D.= Don Miguel Marcelo Fernández Medina. Nació en 1718 —pues tenía 8 años de edad cuando arribó con sus padres a la fundación de Montevideo, donde poseía casa y sitio, en 1751— y recibió el año siguiente una estancia en el arroyo de Pando. Se casó en Buenos Aires el 4 de diciembre de 1738, con doña Petronia Alcántara Pajón de Peña, nacida en dicha capital el 4 de noviembre de 1723, e hija de don José Pajón y de doña María de la Peña y Melo.

E.= Doña María Cecilia Fernández de Medina. Nació en 1720 —pues tenía 6 años de edad cuando arribó con sus padres a la fundación de Montevideo—, y se casó en la parroquia matriz de Montevideo, el 23 de mayo de 1740, con don Juan Bautista Pagola Ugartemendia, bautizado el 28 de febrero de 1726, e hijo de don Juan Pagola Ibargoien y de doña Josefa Ugartemendia Pérez.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu (2/2)

Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu
(1683-1763)

De Santo Domingo fue promovido, el 21 de enero de 1743, a ocupar el obispado de la diócesis de Puebla de los Ángeles (México), dejando a la cabeza de la iglesia dominicana al deán Dr. don José Rengifo Pimentel, quien la dirigió con acierto y tino.

En su diócesis de Puebla de los Ángeles falleció, ya octogenario, el 28 de noviembre de 1763. Había testado ante Salvador Bello Palenzuela, en Las Palmas de Gran Canaria, el 22 de septiembre de 1724.

El epitafio escrito en la lápida sepulcral que cubre sus restos, en la catedral de Puebla de los Ángeles, dice así:

Marmoreo isto sub lapide
conditum ex corpus exangue
Illmi. D. D. Dominici Pataleonis
Aluares de Abreu,
ortu Tenerifensis: canonicatu Canariensis: dignitate

Archiepiscopi Dominicopolitani, Indiarumque Priniatis in
Insula Hispaniola.
Deinhujusce Almae Cathedral i Angel opoli
tanae Ecclesiae per viginti annos et quattuor
menses Episcopi, atque Pontificii Solii Assistentis.
Qui ut praeclarum humilitatis ovibus, vel
mortuus praeberet exemplum,
maluit supremis tabulis cum
populo hac objecta Sepulhira,

quan pretioso suorum Praedecessorum
Sarcophago sepeliri.
Supremum lausit diem, octogenario
major, vigessima septima
die Novembris anno
Dommi 1763.
Sit in pace locus ejus
et habitatio sua sancta Sion.

De su generosa piedad dan testimonio el hecho de haber edificado a su costa el segundo cuerpo de la torre de la parroquia matriz de El Salvador, en que fue bautizado, además de haber remitido, en 1745, un cáliz y un par de vinajeras de plata dorada para el mismo templo, y un jarrón de plata con salvilla, un cáliz con patena y unas vinajeras con campanilla de plata dorada para el santuario de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de su isla natal. Todas las mencionadas obras de orfebrería se conservan aún en aquellos templos, donde son expresión del excesivo barroquismo de la platería poblana de entonces.

Contribuyó, además, con mil pesos fuertes para que se emplearan en planchas de plata para el trono de la referida imagen de las Nieves; y remitió, también quinientos pesos para la construcción del templo de Nuestra Señora del Pino, en Teror (Gran Canaria).

De su producción literaria conocemos la “Compediosa Noticia de la Isla de Santo Domingo”, que presenta al Rey, estudio detenido de los datos recogidos durante su visita pastoral a la isla en 1739; y una “Carta pastoral sobre la utilidad de la instrucción en la lengua mexicana para la enseñanza de los indios”.

Se conservan además en el Archivo Secreto Capitular, de Las Palmas de Gran Canaria, diez cartas, enviadas por diferentes motivos a1 Cabildo Eclesiástico de Canaria, en las cuales refleja el amor que siempre profesó a su tierra natal. Son el lugar y fecha en que escribió dichas cartas los siguientes:

• Santa Cruz de Tenerife, 2 de septiembre de 1738.
• Santa Cruz de Tenerife, 14 de diciembre de 1738.
• Santa Cruz de Tenerife, 18 de abril de 1739.
• Santo Domingo (lsla Española), 20 de julio de 1739.
• Veracruz (México), 5 de agosto de 1743.

• Puebla de los Ángeles (México). 12 de noviembre de 1744.
• Puebla de los Ángeles (México), 24 de septiembre de 1749.
• Puebla de los Ángeles (México), 15 de octubre de 1750.
• Puebla de los Ángeles (México), 21 de agosto de 1760.

• Puebla de los Ángeles (México). 13 de octubre de 1763.

De don Domingo Pantaleón se mencionan cuatro retratos suyos, de autor anónimo:
a) Óleo, de 2.00 x 1.20 metros aproximadamente que se conserva en la sacristía de la parroquia matriz de El Salvador, de Santa Cruz de La Palma.
b) Óleo que se halla en la sala capitular de la basílica catedral de Santo Domingo, en la República Dominicana.

c) Óleo sobre lienzo, con el lema “Hurnanus, Ingenuus, Misericors», que se encuentra en el palacio arzobispal de Puebla de los Ángeles;, y,
d) Óleo que se custodia en el departamento de historia del Instituto Nacional de Arqueología e Historia de México.

Fue el Dr. don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, Arzobispo de Santo Domingo y Primado de las Américas, así como obispo de Puebla de los Ángeles, un pastor que gobernó con virtud y celo su grey, dejando una obra escrita que no sólo es útil sino que e reflejo de su decantada cultura, además de haber hecho espléndidas donaciones a diversos templos de su archipiélago natal.

De él ha dicho la posteridad que fue un “prelado respetable, cuyo apostólico celo por el bien de las iglesias, que administró 26 años, le sirvió de
toda especie de talentos».

[*Otro}– Palmeros en América / David W. Fernández: Domingo Pantaleon Álvarez de Abreu (1/2)

Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu
(1683-1763)

Uno de los canarios más ilustres del siglo XVIII fue el arzobispo Álvarez de Abreu, quien rigió los destinos del arzobispado de Santo Domingo, Republica Dominicana, durante mas de cinco años.

En la casa número 25 de la entonces llamada ‘Calle de la Carnicería’, de la ciudad de Santa Cruz de La Palma (Canarias), nació don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, el 27 de julio de 1863, siendo bautizado en la parroquia matriz de El Salvador, de la misma ciudad, el 4 de agosto del mismo año.

Era hijo del sargento don Domingo Álvarez Hernández y de doña María Yanes Abreu, nieto por línea paterna del marinero don José Hernández Álvarez y de doña Ana Hernández y Hernández, y nieto por línea materna de don Pedro Yanes Hernández y de doña María Abreu y Díaz-Pimienta. Fueron sus bisabuelos paterno-paternos don Antonio Hernández y Díaz-Pimienta y doña María González, sus bisabuelos paterno-maternos don Domingo Hernández y doña Isabel Hernández, sus bisabuelos materno-paternos don Pedro Yanes y doña Isabel Hernández, distinta de la ya

nombrada, y sus bisabuelos materno-maternos don Miguel Abreu y doña Jacinta Díaz-Pimienta y de Oca.

Podemos agregar, respecto a los antepasados del personaje que nos ocupa, que eran primos hermanos entre sí, sus expresados bisabuelos don Antonio Hernández y Díaz-Pimienta y doña Jacinta Díaz-Pimienta y de Oca, pues fue don Antonio hijo de don Luis Hernández Álvarez y de doña Felipa Díaz-Pimienta y Franco, y doña Jacinta, hija del capitán don Francisco Díaz-Pimienta y Franco y de doña Mencía de Oca. Siendo hermanos doña Felipa Díaz-Pimienta y Franco y el capitán don Francisco Díaz-Pimienta y Franco, y ambos hijos del capitán don Diego Díaz-Pimienta y de doña Mayor Franco, estos últimos abuelos cuartos de don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu. Todos los citados fueron naturales o vecinos de diferentes lugares de la isla de La Palma, con excepción de doña Mencía de Oca, que fue vecina de Sevilla.

Pertenecía nuestro biografiado a una familia que, si bien no tuvo los orígenes que algunos han pretendido darle, dio figuras tan ilustres como la del personaje que nos ocupa, su hermano don Antonio José Álvarez de Abreu, primer marqués de la Regalía (1688-1756), y su sobrino, el también obispo don Miguel Anselmo Álvarez de Abreu y Valdés (1710-1774).

Hemos insistido tanto en su genealogía porque, a pesar de estar bastante estudiada, es frecuente hallaría deformada por algunos historiadores, sobre todo cuando hacen referencia al primer marqués de la Regalía.

Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal, donde los colegios sostenidos por franciscanos y dominicos satisfacían las exigencias de entonces. De allí pasó a seguir estudios de Latinidad y Filosofía en el convento de San Agustín, en La Laguna de Tenerife, y trasladado más tarde a la España peninsular, alcanzó el grado de doctor en Cánones por la Universidad de Ávila.

En La Laguna de Tenerife fue luego Cura Beneficiado de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, y Vicario Foráneo del partido, juez de la Santa Cruzada, visitador sinodal del obispado, y abogado fiscal de la Cámara Apostólica. En Las Palmas de Gran Canaria, sede de la Catedral de Canaria, fue Racionero el 9 de Julio de 1715, pasando a ocupar la Canonjía octava de la misma catedral el 27 de septiembre de 1722. Ascendido más tarde a Arcediano de Tenerife tomo posesión el 17 de agosto de 1732, y fue trasladado a Arcediano de Canaria posteriormente, tomando posesión de esta dignidad el 8 de noviembre de 1734.

En 1734 compró, por 89.506 reales, la casa de don Francisco de Monteverde, en Santa Cruz de Tenerife, situada en lo quo es hoy la avenida Marítima, frente a la muralla que desde la plaza del Castillo de San Cristóbal se dirigía a la playa de los Pescadores, y la constituyó en vínculo a favor de su tío paterno, don Santiago Álvarez de Abreu, capitán de Milicias provinciales y veedor y contador general de la Gente de Guerra de Canarias.

Más tarde, el 20 de mayo de 1737, fue exaltado a la Silla Arzobispal de Santo Domingo, cuya consagración solemne la efectuó el obispo don Pedro Manuel Dávila Cárdenas, en la catedral de Canaria, el domingo 17 de agosto de 1738, lo cual constituyó, al decir de Viera y Clavijo, un “… nuevo y agradable espectáculo para las Canarias, que vieron por la primera vez esta augusta ceremonia en hijo suyo».

El 28 de diciembre de 1738 consagró en Tenerife el templo del real convento de Nuestra Señora de Candelaria, patrona general de las islas Canarias, y ya se hallaba en Santo Domingo, al frente de su arquidiócesis, en julio de 1739.

Durante su periodo arquiepiscopal en Santo Domingo tomó tanto interés en el régimen espiritual de la isla como en el buen éxito de su administración temporal, ayudando en gran manera al gobernador y capitán general de Santo Domingo y presidente de su real Audiencia, que lo era a la sazón el brigadier don Pedro Zorrilla de San Martin.

Comenzó su primera visita pastoral por la catedral de Santo Domingo el 26 de octubre de 1739 y durante la misma levantó en sus parroquias el espíritu de sus feligreses en quienes despertaba esperanzas lisonjeras, y, en algunos casos, nombró visitadores generales que imitaban su ejemplo y alimentaban el culto.

Uno de estos visitadores generales fue el prelado Dr. don Antonio de la Concha y Solano, quien reconoció, ante la presencia de testigos calificados, el tesorero del santuario de Higüey, en la actual provincia de La Altagracia, el 15 de mayo de 1740, dando testimonio de su satisfacción por la honradez y cuidado con que, desde 1738 lo manejaba don Pedro del Castillo.

Donó a la Catedral de Santo Domingo un incensario y una naveta de oro, un ornamento completo y unas andas de plata para el Santísimo. Reedificó la iglesia de San Sebastián, concluyó la edificación del convento e iglesia de Santa Rosa. Agregó al Seminario Tridentino el edificio de San Pantaleón y en el instituyó las cátedras de Cánones y Leyes y Sagradas Ceremonias y destinó becas al de San Pablo para canonistas y legistas. También concluyó la secularización de todos los beneficios curados de los regulares.

[*Otros}– Sale a la venta por nueve millones un islote protegido junto a Tenerife donde no se puede edificar

29/08/2007

Comprar la isla permite atracar grandes yates u obtener beneficios fiscales por inversión medioambiental.

Una inmobiliaria ha puesto a la venta por nueve millones de euros la pequeña isla Montaña Clara, situada al norte de la costa de Tenerife, que forma parte del parque natural del Archipiélago Chinijo y de la reserva natural de los Islotes.

La inmobiliaria Look & Find ha estimado el valor de la isla en función del “precio de expropiación de suelo rústico” que paga el Estado en la isla de Tenerife. Sin embargo, asegura que los nueve millones de euros que reclama pueden ser “un precio de salida, ya que la riqueza medioambiental de la isla, que forma parte de la mayor reserva marina de España y de la segunda de Europa, además de ser refugio de un abundante número de aves. puede justificar incluso un precio superior».

La isla, con una extensión de 2,7 millones de metros cuadrados y origen volcánico, está calificada como paraje natural protegido, por lo que en su superficie no se puede edificar. Según Alejandro Márquez, director de la oficina de Look & Find en Las Palmas, que es la encargada de la operación de venta, en estos momentos el islote “cuenta con una pequeña choza, de unos 17 metros cuadrados, en la que pernoctan los biólogos que realizan estudios en la zona».

La protección de que dispone el paraje, controlado por patrulleras del Estado y del Cabildo de Canarias, hace que su acceso esté vedado salvo a los propietarios o a quienes, con la autorización de éstos, realizan trabajos científicos en su superficie.

La isla es actualmente propiedad de los herederos de Mariano López Soca, un prohombre local que fue procurador en Cortes durante el franquismo y que era “un biólogo y enamorado de la naturaleza», por lo que siempre preservó su actual estado virgen. Según el director de la oficina de Look & Find, podría ser “el capricho de un multimillonario», ya que cuenta con una gran ensenada en la que pueden atracar grandes yates en los que alojarse para disfrutar del paisaje o la fauna de la isla. O bien convertirse en una buena posibilidad de inversión para alguna gran empresa o institución financiera que desee aprovechar los beneficios fiscales que concede la ley de mecenazgo a las entidades que inviertan para preservar bienes culturales o medioambientales que disponen de protección.

Alejandro Márquez, sin embargo, reconoció que a la familia propietaria de la isla “le gustaría que el comprador fuera el propio Estado, para garantizar que se preserve el estado natural de la isla».

El caso de la isla Montaña Clara ilustra las dificultades en que se encuentran los propietarios de parajes que son calificados como protegidos y que deben asumir una fuerte restricción de usos que ni siquiera les deja el recurso a la expropiación, puesto que el Estado no está generalmente dispuesto a asumir la propiedad.

En el mismo caso, explicó Márquez a este diario, se encuentra la isla de Alegranza, la más próxima a la de Montaña Clara, propiedad de otra familia local, los Jordán. “En este caso —señaló— los propietarios han decidido presentar una demanda contra el Estado reclamando que les expropie, puesto que la restricción total de usos que conlleva su calificación como paraje natural deja al propietario sin vías para rentabilizar su patrimonio».

NotaCMP.- Suele decirse que las Islas Canarias son siete: Tenerife, La Palma, Gomera, Hierro (Provincia de Tenerife), Las Palmas, Lanzarote, y Fuerteventura (Provincia de Gran Canaria), pero ésas son sólo las mayores y habitadas. Desde el punto de vista geográfico son trece, pues a las siete nombradas hay que añadir Alegranza, La Graciosa, Roque del Este, Roque del Oeste, Montaña Clara, y Lobos.

La Vanguardia

[*Otros}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: La Caldera

LA CALDERA

I – El risco liso

Aquí, por este risco levantado
del abismo subimos rumbo al cielo,
pues llegó hasta las nubes, consagrado,
para ensayar al porvenir el vuelo.

Por el fuego fundido y aventado
cuajó en las rocas su entrañable anhelo,
y se miró, y se ve siempre abismado
como un coloso en permanente duelo.

Las aguas de la lluvia lo rayaron,
los vientos le arrancaron sus canciones
y las nubes celestes lo arroparon.

Pero él, firme, impasible, hondo y austero,
espera a lucir verdes ilusiones
cuando llegue su tiempo venidero.

II – Por el risco liso

Tú que fuiste risquero y resabido
cazador de las luces estrenadas,
del paisaje cambiante y escondido
oculto en las pendientes desriscadas.

Tú, que esperaste al sol recién nacido
asomarse a las cumbres desflecadas,
para mirarlo con el ojo ardido
derramarse en las tardes incendiadas.

Tú, que viste las nubes volanderas
ascender y bajar, ir y volver,
entretejiendo el cielo de quimeras.

Dime qué buscas y en qué norte esperas
hallar el sueño que quisiste ser
buscando en las eternas primaveras.

III – Dentro del risco

Y riscos,… sólo riscos. La isla entera
enriscada a los cielos se nos fue,
señalando la vida verdadera
tras la última duda de un porqué.

En el grito de Idafe en la Caldera
que, lanzado a los aires, no se ve,
palpita toda nuestra inquieta espera
en la esperanza que alumbró la fe.

Quisiera que esta roca, que es mi tierra,
revuelta y trastocada en convulsiones,
nos diera el agua que su entraña encierra,

el agua viva, purificadora,
que lave nuestras manchas y traiciones
y nos sacie la sed que nos devora.

1964

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Antonio Fernández Rojas (3/4)

Antonio Fernández Rojas
(1671-1729)

La Noble Ciudad y Comercio de Manila nombró a Fernández Rojas en 1713 su compromisario y procurador general, así como comisario del galeón “Nuestra Señora de Begoña», cuyo último cargo consistía en embarcar la nao desde Cavite hasta la embocadura, a fin de evitar la introducción fraudulenta de mercancías fuera del registro.

En 1714 embarca Fernández Rojas a su costa y mención en plaza de soldado aventurero en la armada despachada para apresar a un navío extranjero que estaba en la costa de llocos, y que en efecto fue conducido luego a Cavite.

En 1715, con motivo de haber varado en el bajo de San Nicolás el galeón “Santo Cristo de Burgos” a su regreso de Nueva España, fue nombrado Fernández Rojas, por el gobernador, para dirigir las maniobras necesarias para ponerlo a flote, con amplias facultades y autoridad superior a la del general y demás oficiales de dicha nao.

Al año siguiente se le comisionó para dirigir la descarga y nuevo cargamento del mismo galeón, logrando que estuviese a punto para efectuar la salida en el tiempo oportuno.

En 1717 condujo el galeón “Nuestra Señora de Begoña” desde Bagatao hasta Cavite, con título de general de dicho barco, pero conservando sus anteriores cargos, los cuales volvió a ocupar tan pronto dejó asegurado el galeón en dicho puerto, pero como al zarpar éste rumbo a Nueva España quedó detenido durante varios días en la boca Mariveles, por vientos contrarios, se le volvió a comisionar para pasar a bordo y examinarlo para ver si estaba en condiciones de proseguir el viaje, y en caso de ello, gobernarlo hasta ponerlo en franquicia, como lo hizo, llevándolo hasta Suban, donde lo entregó de nuevo al mando de su general.

Durante algún tiempo permanece Fernández Rojas en Manila sin realizar viajes a Nueva España, como lo prueban su asistencia a Juntas de Guerra y su emisión de informes técnicos sobre diversas cuestiones que le fueron sometidas a su peritaje, lo cual no asegura que haya estado sin ausentarse de la ciudad por cortos periodos,

En 1718 desempeña allí el cargo de comisario del galeón “Sacra Familia», y el 4 de junio de dicho año asiste a la junta de guerra convocada en dicha ciudad por haberse visto un navío cerca de las islas Verde y Marinduque.

Asistió a otra junta de guerra convocada para tratar del establecimiento de un presidio en la isla de Paragua, el 27 de abril de 1719, y el 21 de noviembre del mismo año declara en la causa instruida con el general del galeón “Sacra Familia», y el 16 de diciembre del repetido año emite un informe sobre la arribada del patache “Nuestra Señora del Carmen», que se dirigía a las islas Marianas, después de haber reconocido su diario de navegación, como se le encargó por auto de la Audiencia.

En union de otros técnicos aparece reconociendo unas galeotas en el puerto de Cavite el 15 de enero de 1720, y el 3 de junio del mismo año realiza otro reconocimiento técnico junto con otros, también el 28 del mismo mes y año informa de la cantidad de gente que ha de tripular el patache “San Andrés», destinado a llevar el situado a las islas Marianas.

El gobernador interino de Filipinas, que lo era a la sazón fray Francisco de la Cuesta, ante los frecuentes ataques chinos, joloes, bomeyes y de otros pueblos, decidió equipar una armada de champanes para combatirlos, la cual puso bajo el mando de Fernández Rojas, a quien dio autoridad sobre todos los alcaldes mayores y capitanes de guerra de la provincia, así como sobre las autoridades locales de los pueblos, para lo cual le expidió título de cabo superior de esta armada el 31 de mayo de 1721, saliendo la expedición el 6 de junio próximo y se prolongó hasta fines de enero de 1722, durante cuyo tlempo, aunque no hubo choque alguno decisivo con el enemigo, porque éstos no le hicieron frente, logró dejar libre de piratas aquellos mares aprovechando dicha estancia en esta provincia para realizar varios trabajos de ingeniería militar.

En mayo de 1722 con motivo de estar aprestándose una nueva escuadra para combatir a joloes y mindanaos que atacaban la provincia de lloilo, en la isla de Panay, se ofrece Fernández Rojas para ir a su costa, a pesar de su muy quebrantada salud, como soldado aventurero, o para satisfacer de su peculio la paga de diez soldados durante seis meses, hipotecando su encomienda como fianza. El gobernador le agradece su ofrecimiento y se reserva utilizarlo en otra ocasión.

El 23 de mayo de 1722 asiste en Manila a la junta de guerra convocada para examinar la petición de los naturales de Cuyo, que solicitaban artillería, arcabuces y hombres para la defensa de aquella isla, que tenían encomendada, y para la que Fernández Rojas ofrece tres cañones de hierro y otras armas de fuego, que entregó al principal de aquel pueblo Juan Velázquez de Bocanegra, en la oportunidad en que éste regresaba de Cavitea a dicha isla en dos caracoas.

Habiéndose tenido indicios de la existencia de las islas Palaos, y después de varios intentos para descubrirlas y conquistarlas, el monarca español dio orden a su gobernador en Filipinas de realizar dicha empresa, y nombró a Fernández Rojas adelantado de las Palaos, por título del 11 de noviembre de 1715, lo que había sido sugerido al Consejo de Indias por el P. Francisco de Borja y Aragón, a través del marqués de Mejorada. El Consejo de Indias elevó al rey consulta favorable a dicho nombramiento, cuyo título le fue enviado al interesado por mano del marqués de Valero, virrey electo de Nueva España.

Tan pronto como Fernández Rojas recibió su título y merced de adelantado se dirigió por escrito al gobernador proponiéndole los medios que consideraba más acertados para llevar a cabo su cometido. El escrito, con las habituales dilaciones, dio motivo a que en mayo se reuniera una junta particular, que se mostró de acuerdo con los planes expuestos por Fernández Rojas, pero acordó que, antes de llevarlos a la práctica, se diera cuenta de ello al monarca.

Varios obstáculos fueron haciendo dilatar la empresa hasta que en 1720 Fernández Rojas volvió a hacer presente su título y, dos años más tarde, se creyó obligado a escribir al monarca directamente a fin de comunicarle las gestiones que había realizado para cumplir con la misión que se le había encargado, y escribió al mismo tiempo al virrey de la Nueva España, pero no logró la atención y murió sin haber realizado su función de adelantado de las Palaos.

[*Otros]– Palmeros en América / David W. Fernández: Antonio Fernández Rojas (4/4)

Antonio Fernández Rojas
(1671-1729)

Fernández Rojas fue nombrado el 13 de enero de 1724 castellano del castillo de San Felipe del Puerto de Cavite, justicia mayor de su jurisdicción, y superintendente de las reales fábricas a efectuarse en la ribera del dicho puerto, del que se le despachó auto de merced en forma ordinaria dos días después. La real confirmación le fue concedida por título expedido el 23 de noviembre de 1727, es decir, tres años después cuando ya ocupaba otro destino. Durante los cerca de tres años que se desempeñó como castellano de Cavite pasó, por orden del gobernador, a la provincia de Tayabas y visitó la ensenada de Tagava, junto a Catanauan, así como la isla de Capulan, indicada, por el alcalde mayor de aquella provincia, como los lugares más adecuados para el establecimiento de astilleros, de los cuales escogió para tal este último, aunque estimaba necesario construir en él una fortaleza de firme estacada para su mejor defensa en caso de ataque.

Como, por otra parte, el gobernador había designado a otras personas para reconocer, con idéntico fin, los montes de Pangasinan, Pampanga y Bulacan, ordenó finalmente que Fernández Rojas convocara una junta de técnicos en la cual, y en base a los datos obtenidos, se dictaminara el definitivo emplazamiento del astillero, el cual fue Cavite, por acuerdo del 31 de diciembre de 1726 de la referida junta. Por este tiempo, también se encargó Fernández Rojas de delinear los galibos del nuevo galeón capitana “Nuestra Señora de Guíaa», que había de mandar más tarde, y el cual debía ser del porte del “Santo Cristo de Burgos», entonces recién perdido en Ticao, cuyo informe lo acredita como muy experto en construcción naval, pues va razonando con todo detalle todos y cada uno de los puntos de su proyecto, exponiendo acertadamente las causas por las cuales se desvía de las normas y principios seguidos en los demás astilleros reales. Este informe mereció la aprobación de la junta de técnicos a la cual fue sometido el 2 de enero de 1727, quedando ordenado que se realizara, bajo su dirección, la construcción de la nao para su primer viaje en 1728.

Además del referido galeón dirigió también la fábrica de la fragata “Jesús María». En atención a los relevantes méritos y servicios prestados le fue concedida a Fernández Rojas, y por Real Cédula del 22 de febrero de 1728, una gratificación de cincuenta pesos mensuales, equivalentes al sueldo que tenia asignado, pero cuando llegó a Manila ya el beneficiario había fallecido.

El 10 de julio de 1728 zarpó de Cavite el galeón “Nuestra Señora de Guia», al mando del general Fernández Rojas, desde el 12 de septiembre de 1727, iniciando así el que había de ser su último viaje, el cual daba fondo en la boca del puerto de Acapulco, con mucha gente enferma a bordo, el 26 de enero de 1729. Entre esta debía hallarse el general. Por ello no pudieron entrar a puerto hasta el 28 al amanecer. Entre esta fecha y el último de enero de 1729 falleció, probablemente, en aquel puerto, nuestro Fernández Rojas.

En Manila había contraído matrimonio dos veces. La primera con doña Maria del Rosario Domínguez, y la segunda, con doña Teresa Gutiérrez y Escaño, que le sobrevivió, pero de ninguno de ellos tuvo sucesión, como tampoco la tuvieron sus hermanos que, como ya vimos, siguieron la vida religiosa.

Aparte de su notable labor de piloto, este valiente marinero, que obtuvo los títulos de almirante de la carrera de Filipinas y de adelantado de las islas Palaos, se distinguió asimismo como excelente constructor naval, como experto cartógrafo, y como ingeniero militar de valía. Como ingeniero militar trazó la planta de la fuerza de Santa Isabel, en Taytay, cabecera de la provincia de Calamianes, en la isla de La Paragua, la cual visitó en 1721 con la armada a su mando, y estudió dos posibles emplazamientos para un fuerte de piedra; uno sobre la cima de un cerro en el que existía un fortín llamado La Retirada, y otro en un mogote que avanzaba hacia el mar por la parte oriental del pueblo. Para cada uno de los dos trazó una planta de fortificación, durante los dos meses que paso dirigiendo la reparación de la fuerza de estacada que allí existía, y de los cuales el segundo fue acordado levantarlo por la junta de guerra del 12 de marzo de 1723. Delineó también la fortificación de San Juan Bautista, en la isla de Lalutaya, que pertenecía a su encomienda, corriendo además con la cuenta de la construcción, manutención y defensa de la misma.

Fue autor asimismo de derroteros y cartas planas, como el usado en la carrera de Filipinas, y del que solamente conocemos la cita que de él hace Juan Francisco de San Antonio en sus Chronicas, en las que, por cierto, hace mención también del célebre almirante tinerfeño Jose González Cabrera Bueno.

Asimismo es autor de un mapa de la isla Capulan, la cual reconoció para establecer un astillero. Sin embargo, su obra mas significativa en el campo de la cartografía, y la de más importancia que haya llegado hasta nosotros, fue la “Topographia de la Ciudad de Manila, Capital de las islas Philipinas. Fundada en la de Luzón, Nuevo Reino de Castilla. Dedicada al Rey Nuestro Señor D. Felipe V (que Dios guarde) por el Mariscal de Campo D. Fernando Valdés Ramón su Gobernador y Capitán General de dichas Yslas y Presidenfe de la Real Audlincia y Chancilleria de ellas. Delineado de orden de Su Magestad or D. Antonio Fernádez de Roxas y exculpida por Fr. Hipóito Ximénez del Orden de la Hospitalidad del Glorioso San Juan de Dios”.

Ignoramos la fecha y lugar exactos de esta impresión, pero fue entre 1715 y 1720, y el lugar debió ser seguramente Méjico, o tal vez Manila misma. Esta obra maestra de Fernandez Rojas es un magnifico documento gráfico, de excelente calidad, que nos da una visión clara y exacta de la ciudad de Manila y de sus aledaños, los cuales aparecen incluidos en la misma, pero el valor de esta obra es especialmente notable para el recinto intramuros, cuyos edificios religiosos y civiles se reproducen con gran fidelidad, hasta en los mas pequeños detalles, dándonos una idea viva y animada de la ciudad.

Hemos resumido así la vida y la obra de uno de los hombres gloriosos de Canarias, cuyo conocimiento, por parte de sus paisanos, no ha logrado alcanzar el aprecio que ella merece.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Antonio Fernández Rojas (2/4)

Antonio Fernández Rojas
(1671-1729)

El regreso de este viaje concluyó en 1701, tocando primero en el puerto de Calomotan, provincia de Leyte, de donde, por orden del gobernador, se dirigía a Bagatao, pero por averías sufridas hubo de refugiarse en la isla de Canaguayo, donde dirigió las maniobras de reparación por enfermedad del titular. Concluidas estas reparaciones, sacó el barco y lo condujo hasta Bagatao, donde entró el 12 de noviembre de 1701, a tiempo de ser carenado y aprestado para los nuevos viajes que posteriormente realizó.

Por los méritos y servicios prestados, el 11 de marzo de 1702 fue Fernández Rojas nombrado piloto mayor del mismo galeón, para el viaje de dicho año, en cuya ida descubrió una isla situada a 27″ 20′ de latitud norte, a la que bautizó con el nombre de Nuestra Señora del Rosario, en memoria de su barco, y después de un año y ciento tres días de duración, regresó a Cavite el 24 de octubre de 1703, y allí quedó como piloto mayor entretenido desde el I de febrero de 1704 hasta su nuevo nombramiento.

Durante el tiempo que permanece en tierra se recurre a su pericia y conocimientos técnicos, y se le encarga el examen de la ensenada de Maraiomo a fin de que señale el emplazamiento más ventajoso para establecer en él un astillero, indicado como tal el puerto de Subic, donde se inicia la fabricación de navíos. El 14 de junio de 1704 fue nombrado cabo superior y piloto mayor del navío “Nuestra Señora del Rosario, Santo Domingo y Las Ánimas», que debía acompañar al galeón “Nuestra Señora del Rosario” hasta el cabo del Espíritu Santo prosiguiendo luego su viaje a las islas Marianas.

Con este nombramiento le fue despachado, en igual fecha, el título y grado de almirante. AI término del referido viaje, Fernández Rojas dejó su buque en !a isla de Guam, archipiélago de las Marianas, y llevó a cabo el rescate de la artillería del galeón “Nuestra Señora de la Concepción», que se había perdido en la isla Seypan, de dicho archipiélago, en 1638, y cuyo rescate había sido intentado infructuosamente por otros. Dirigió con tanto acierto la operación de rescate que logró recuperar diecisiete de las veinte piezas que portaba el navío, y de las cuales llevó cuatro a Manila, dejando preparadas las demás para envíos posteriores.

No sólo ejecutó este servicio a su propia cuenta, sino que también hizo donación al rey de la mayor parte de su sueldo de almirante devengado durante el viaje, pues habiendo servido dicha plaza ciento ochenta días, contados desde el 27 de junio de 1704 hasta el 23 de diciembre del mismo año, a razón de dos mil quinientos cincuenta pesos anuales, ello representa mil trescientos cincuenta y seis pesos, un tomín y tres granos, de todo lo cual sólo se le habían pagado trescientos un peso y cuatro tomines, por lo cual se le adeudaban mil cincuenta y cuatro pesos, cinco tomines y tres granos, lo cual cedió gratuitamente a la Corona.

Concluida la gestión anterior volvió a quedar Fernández Rojas en Cavite como piloto entretenido, desde el 2 de febrero de 1705 hasta el 9 de abril del mismo año, cuando fue nombrado teniente de gobernador y capitán general, así como piloto mayor y cabo superior de la armada de las galeras enviadas al estrecho de San Bernardino, entre las islas Luzón y Samar, para esperar y dar escolta al galeón “Nuestra Señora del Rosario», que regresaba de Nueva España, y dejarlo asegurado en Cavite, lo cual concluyó exitosamente el 7 de julio de 1705, siendo a su regreso cuando le fueron expedidos, con fecha 5 de septiembre de dicho año, los títulos antes mencionados, que la premura de tiempo había impedido se le entregasen antes del viaje.

Nuevamente queda Fernández Rojas en calidad de piloto entretenido, lo que aprovecha para solicitar la encomienda de los pueblos de Cuyo y Lalutaya, en la provincia de Calamianes, la cual se componía de 377 tributes y había quedado vacante a la muerte de su poseedora, quien la gozaba ya en segunda vida, y cuya oposición, a la que se presentaron veinticuatro pretendientes, fue convocada por edicto del 29 de octubre de 1705, quedando resuelto el concurso a favor de Fernández Rojas por auto de merced del 17 de diciembre de dicho año y título de encomendero expedido el 12 de febrero de 1706.

Pronto recibió Fernández Rojas el nombramiento de piloto mayor del galeón “Nuestra Señora del Rosario», que en 1706 emprendió viaje a Nueva España sin contratiempo alguno. En 1708 pasó a desempeñar igual plaza en el navío “Nuestra Señora del Rosario y San Vicente Ferrer», cuando iba como almirante en conserva del galeón capitana “Nuestra Señora del Rosario», y en una época en que ya no le correspondía el cargo de piloto por haber sido nombrado almirante de dicho navío, pero la escasez de marineros expertos lo había hecho decidirse a ocuparse de la derrota de su
buque.

En este viaje, desviado de la ruta ordinaria por los vientos, descubrió un archipiélago que se extiende entre los 26° 30′ y los 28° de latitud norte, formado por un rosario de islas y farallones con arrecifes, al que llamó Islas Arzobispales, hallando asimismo un arrecife a los 28° 30′ de latitud norte, todo lo cual, peligroso para los barcos por la gran extensión que cubre, situó sobre la carta náutica.

AI término de este viaje permaneció algunos años en tierra, pero en 1710, a la vez que posee el titulo de teniente gobernador y capitán general de las provincias de Tayabas, Camarines, Albay y Leyte, se encuentra también desempeñando el cargo de cabo superior del Real Astillero de Bagatao y superintendente de las fábricas reales, dirigiendo como tal la carena del galeón “Nuestra Señora de Begoña” y la construcción del galeón “Santo Cristo de Burgos», cuyos trabajos se hallaban ya bastante adelantados cuando solicitó y obtuvo licencia para pasar a Manila, por asuntos particulares, y hallándose muy quebrantado de salud, según manifestó.