[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: Antonio Fernández Rojas (3/4)

Antonio Fernández Rojas
(1671-1729)

La Noble Ciudad y Comercio de Manila nombró a Fernández Rojas en 1713 su compromisario y procurador general, así como comisario del galeón “Nuestra Señora de Begoña», cuyo último cargo consistía en embarcar la nao desde Cavite hasta la embocadura, a fin de evitar la introducción fraudulenta de mercancías fuera del registro.

En 1714 embarca Fernández Rojas a su costa y mención en plaza de soldado aventurero en la armada despachada para apresar a un navío extranjero que estaba en la costa de llocos, y que en efecto fue conducido luego a Cavite.

En 1715, con motivo de haber varado en el bajo de San Nicolás el galeón “Santo Cristo de Burgos” a su regreso de Nueva España, fue nombrado Fernández Rojas, por el gobernador, para dirigir las maniobras necesarias para ponerlo a flote, con amplias facultades y autoridad superior a la del general y demás oficiales de dicha nao.

Al año siguiente se le comisionó para dirigir la descarga y nuevo cargamento del mismo galeón, logrando que estuviese a punto para efectuar la salida en el tiempo oportuno.

En 1717 condujo el galeón “Nuestra Señora de Begoña” desde Bagatao hasta Cavite, con título de general de dicho barco, pero conservando sus anteriores cargos, los cuales volvió a ocupar tan pronto dejó asegurado el galeón en dicho puerto, pero como al zarpar éste rumbo a Nueva España quedó detenido durante varios días en la boca Mariveles, por vientos contrarios, se le volvió a comisionar para pasar a bordo y examinarlo para ver si estaba en condiciones de proseguir el viaje, y en caso de ello, gobernarlo hasta ponerlo en franquicia, como lo hizo, llevándolo hasta Suban, donde lo entregó de nuevo al mando de su general.

Durante algún tiempo permanece Fernández Rojas en Manila sin realizar viajes a Nueva España, como lo prueban su asistencia a Juntas de Guerra y su emisión de informes técnicos sobre diversas cuestiones que le fueron sometidas a su peritaje, lo cual no asegura que haya estado sin ausentarse de la ciudad por cortos periodos,

En 1718 desempeña allí el cargo de comisario del galeón “Sacra Familia», y el 4 de junio de dicho año asiste a la junta de guerra convocada en dicha ciudad por haberse visto un navío cerca de las islas Verde y Marinduque.

Asistió a otra junta de guerra convocada para tratar del establecimiento de un presidio en la isla de Paragua, el 27 de abril de 1719, y el 21 de noviembre del mismo año declara en la causa instruida con el general del galeón “Sacra Familia», y el 16 de diciembre del repetido año emite un informe sobre la arribada del patache “Nuestra Señora del Carmen», que se dirigía a las islas Marianas, después de haber reconocido su diario de navegación, como se le encargó por auto de la Audiencia.

En union de otros técnicos aparece reconociendo unas galeotas en el puerto de Cavite el 15 de enero de 1720, y el 3 de junio del mismo año realiza otro reconocimiento técnico junto con otros, también el 28 del mismo mes y año informa de la cantidad de gente que ha de tripular el patache “San Andrés», destinado a llevar el situado a las islas Marianas.

El gobernador interino de Filipinas, que lo era a la sazón fray Francisco de la Cuesta, ante los frecuentes ataques chinos, joloes, bomeyes y de otros pueblos, decidió equipar una armada de champanes para combatirlos, la cual puso bajo el mando de Fernández Rojas, a quien dio autoridad sobre todos los alcaldes mayores y capitanes de guerra de la provincia, así como sobre las autoridades locales de los pueblos, para lo cual le expidió título de cabo superior de esta armada el 31 de mayo de 1721, saliendo la expedición el 6 de junio próximo y se prolongó hasta fines de enero de 1722, durante cuyo tlempo, aunque no hubo choque alguno decisivo con el enemigo, porque éstos no le hicieron frente, logró dejar libre de piratas aquellos mares aprovechando dicha estancia en esta provincia para realizar varios trabajos de ingeniería militar.

En mayo de 1722 con motivo de estar aprestándose una nueva escuadra para combatir a joloes y mindanaos que atacaban la provincia de lloilo, en la isla de Panay, se ofrece Fernández Rojas para ir a su costa, a pesar de su muy quebrantada salud, como soldado aventurero, o para satisfacer de su peculio la paga de diez soldados durante seis meses, hipotecando su encomienda como fianza. El gobernador le agradece su ofrecimiento y se reserva utilizarlo en otra ocasión.

El 23 de mayo de 1722 asiste en Manila a la junta de guerra convocada para examinar la petición de los naturales de Cuyo, que solicitaban artillería, arcabuces y hombres para la defensa de aquella isla, que tenían encomendada, y para la que Fernández Rojas ofrece tres cañones de hierro y otras armas de fuego, que entregó al principal de aquel pueblo Juan Velázquez de Bocanegra, en la oportunidad en que éste regresaba de Cavitea a dicha isla en dos caracoas.

Habiéndose tenido indicios de la existencia de las islas Palaos, y después de varios intentos para descubrirlas y conquistarlas, el monarca español dio orden a su gobernador en Filipinas de realizar dicha empresa, y nombró a Fernández Rojas adelantado de las Palaos, por título del 11 de noviembre de 1715, lo que había sido sugerido al Consejo de Indias por el P. Francisco de Borja y Aragón, a través del marqués de Mejorada. El Consejo de Indias elevó al rey consulta favorable a dicho nombramiento, cuyo título le fue enviado al interesado por mano del marqués de Valero, virrey electo de Nueva España.

Tan pronto como Fernández Rojas recibió su título y merced de adelantado se dirigió por escrito al gobernador proponiéndole los medios que consideraba más acertados para llevar a cabo su cometido. El escrito, con las habituales dilaciones, dio motivo a que en mayo se reuniera una junta particular, que se mostró de acuerdo con los planes expuestos por Fernández Rojas, pero acordó que, antes de llevarlos a la práctica, se diera cuenta de ello al monarca.

Varios obstáculos fueron haciendo dilatar la empresa hasta que en 1720 Fernández Rojas volvió a hacer presente su título y, dos años más tarde, se creyó obligado a escribir al monarca directamente a fin de comunicarle las gestiones que había realizado para cumplir con la misión que se le había encargado, y escribió al mismo tiempo al virrey de la Nueva España, pero no logró la atención y murió sin haber realizado su función de adelantado de las Palaos.

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