
1900 – Construcción del muelle
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1910 – Hotel Quisisana
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1914 – Barrio Los Llanos
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1917 – Cuartel San Carlos
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Cortesía de Eleuterio Sicilia
Hechos, imágenes o escritos acerca de Canarias, pero no de El Paso, y de autores no pasenses.

1900 – Construcción del muelle
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1910 – Hotel Quisisana
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1914 – Barrio Los Llanos
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1917 – Cuartel San Carlos
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Cortesía de Eleuterio Sicilia
23 de septiembre de 2013
Javier Mazorra
A pesar de la progresiva llegada de turistas, Fuerteventura sigue siendo todavía la isla más salvaje y misteriosa de todo el archipiélago Canario.
Una buena forma de descubrir su lado más secreto y sorprendente es seguir los pasos de Erika Simon, alias Herman, la protagonista de la novela «Fuerteventura» de Alberto Vázquez-Figueroa.
La historia de este personaje es pura ficción.
Transcurre durante la Segunda Guerra Mundial pero, directa o indirectamente, nos pone en contacto con algunos de los enigmas que sigue escondiendo esta isla que los aborígenes conocían como Erbani.
Un nombre tan olvidado hasta hace muy pocos años como el de la capital, Puerto del Rosario, que se llamaba Puerto Cabras. Y eso que la apelación la dio a conocer al mundo nada menos que Miguel de Unamuno en «De Fuerteventura a París», cuando el autor vivió allí unos meses en 1924 exiliado por el General Primo de Rivera.
El hotel donde se alojó Unamuno de ha convertido en casa museo, pero todavía, paseando por las calles y la zona del puerto, se pueden descubrir restos de aquella paupérrima capital de los majoreros, donde seguramente había más cabras que habitantes, pero que durante la Segunda Guerra Mundial pudo convertirse en nido de espías.
Aunque los personajes creados por Vázquez-Figueroa se mueven por todo el territorio, gran parte del relato transcurre en el sur, en la península de Jandía, cuya vertiente occidental conocida como Cofete, sigue prácticamente virgen gracias a un extraño personaje, Gustav Winter, que adquirió esta parte de la isla en la primera parte del siglo XX provocando desde entonces todo tipo de especulaciones y leyendas.
Durante años restringió su acceso, desconociéndose sus actividades que muchos relacionaron con el régimen nazi, aunque nunca se pudieron probar.
Acantilados vírgenes
La propiedad de la zona ha cambiado de manos, pero el paisaje sigue intacto.
Decenas de kilómetros de costa protegidos por descomunales acantilados sin ninguna construcción, salvo un pequeño bar con un minúsculo museo que cuenta la historia de la zona y las ruinas de la Casa Winter, donde aun vive Rosita con su hermano, que parecen salidos de un cuento de García Márquez.
Son quizás los únicos que sepan la verdadera historia de este lugar que Vázquez-Figueroa transforma en su novela en un burdel de lujo, donde los oficiales de los submarinos alemanes podían tomarse unos días de descanso y, al mismo tiempo, planear sus futuros ataques.
No es difícil imaginarse esta historia, u otras muchas aun más rocambolescas, en este paraje al que todavía no es fácil llegar a pesar de que Tripadvisor lo ha definido como uno de los tramos de costa más hermosos del planeta.
Pero los misterios de la península de Jandía no se acaban en Cofete. Siguiendo los pasos de Erika, pero también de Bruno Alvarado, alias Capitan Akab, Queequeg, Starbuck o de Justo Marrero, podemos encontrar los restos de un antiguo aeródromo que sólo utilizaba Winter, igual que una serie de minúsculas dársenas o puertos donde era supuestamente abastecido.
Naturaleza inusitada
Todo ello rodeado de un paisaje donde siguen vigentes la palabras de Unamuno:
«Estas soledades desnudas, esqueléticas, de esta descarnada isla de Fuerteventura!¡Este esqueleto de tierra, entrañas rocosas que surgieron del fondo de la mar, ruinas de volcanes; esta rojiza osamenta atormentada de sed! ¡Y qué hermosura! ¡Sí, hermosura!».
Siempre de la mano de estos personajes de ficción podemos seguir recorriendo la isla.
En nuestro camino encontraremos otros inusitados trozos de costa, como el que ha engullido al American Star, el que fuera mayor trasatlántico useño de su época, que encalló frente a la playa de Garcey, pero también el monte sagrado de Tindaya, que Chillida quiso convertir en una caverna de autor, o Tefia, donde también se construyó el primer aeropuerto civil de la isla y en cuyos barracones tuvo lugar uno de los episodios más oscuros de la historia de la isla en torno a uno de los últimos campos de concentración creados durante el franquismo desde 1954 a 1964.
Para luego terminar en ese aún misterioso estrecho que separa la isla de Lanzarote, donde la isla de Lobos parece dirigir las corrientes.
Allí Vázquez-Figueroa sitúa en su novela la base de submarinos alemanes, y uno de los momentos más trascendentes de la trama. ¿Ficción o realidad? Puede que las dos.
21/09/2013
Según un grupo de investigadores liderados por el catedrático de Ingeniería Geológica de la Universidad Complutense de Madrid, Luis Ignacio González de Vallejo.
La ola, que llegó a alcanzar una altura de 150 metros, se originó a raíz de una erupción volcánica en el edificio previo al Teide, que causó el deslizamiento de todo el flanco de la zona norte de Tenerife afectando especialmente a la Isla Baja, en el extremo noroeste de la isla.
En una entrevista concedida a «Canarias Radio La Autonómica», González de Vallejo situó este episodio hace 160.000 o 170.000 años.
Según sus estudios, el deslizamiento produjo un «enorme derrumbe» con una avalancha de rocas que se precipitó al mar a una velocidad que pudo alcanzar entre los 150 y 200 kilómetros por hora, suficiente para generar el megatsunami que se adentró 500 metros en tierra, «inundando Teno, la Isla Baja y buena parte del norte de Tenerife, y llegando a alcanzar también a otras islas del Archipiélago».
Preguntado por la posibilidad de que un episodio de estas características se vuelva a producir, se mostró «convencido» de que no ocurrirá si se toma como referencia el «futuro humano».
«Otra cosa es el futuro geológico, donde en islas como La Palma o Tenerife, que son las más verticales, se producirán nuevos deslizamientos dentro de varias decenas de miles de años», señaló.
Luis Ignacio González de Vallejo y su equipo —formado por paleontólogos de la Universidad de Las Palmas y del Museo de la Naturaleza y el Hombre del Cabildo de Tenerife— realizan investigaciones desde hace 12 años sobre los depósitos de tsunamis en Canarias.
17 de Sept. de 2013
Claudio Hernández
A principios de los años ’70, un jadeo desconcertante congregó a miles de personas en torno a una cueva del lugar.
Pocos meses después, ya en 1971, hacía erupción el volcán Teneguía, pero aún hoy, más de cuarenta años después, nadie ha podido descifrar el misterio de El Bicho del Realejo.
Un camarero que trabajaba en un hotel del Puerto de la Cruz, y que cada día bajaba, andando, por un sendero del barranco de Godínez, en el municipio limítrofe de Los Realejos, escuchó extraños y potentes jadeos en una cueva del lugar. Y, asustado, dio aviso a la Guardia Civil del Puerto de la Cruz.
El sargento-comandante del puesto se desplazó al lugar, en compañía de un número de la Benemérita, y efectivamente escuchó los jadeos en la cueva, que sólo se producían en el silencio de la noche.
Creyendo que era una pareja haciendo el amor, vivo Franco, con aquel descaro, el sargento, pistola en mano, conminó a los amantes a que salieran con los brazos en alto. Pero allí no se movió nadie, y los jadeos continuaban.
A partir de ahí se organizaban marchas diarias hacia el lugar. Miles y miles de personas, llegadas de todas partes de la isla, se concentraban en torno a la cueva a escuchar los extraños ruidos.
La Guardia Civil montó un dispositivo especial para canalizar el tráfico, pero nada podía contener a aquella multitud. Unos hablaban de apariciones divinas, y otros, más prosaicos, de amantes que cobijaban en el fragor de la noche.
Algunos osados, como Gilberto Hernández, alias “el Orejas”, un personaje del Puerto de la Cruz al que todo el mundo conocía, quiso cazar por su cuenta al dragón embravecido, y organizó un safari para atraparlo, con escopetas, focos y una patrulla de exploradores.
Fue disuadido por el sargento de la Benemérita, que le dijo que el Bicho era cosa suya.
Hay una anécdota al respecto, protagonizada por Ávalos, un pintor catalán que siempre pintaba la misma vista del muelle portuense, con tal éxito que vendió miles de cuadros iguales.
Ávalos, un hombre muy bajito, atraído por el misterio del Bicho, se trasladó arriba para pintarlo, con tan mala suerte que sufrió un apretón y hubo de retirarse a un lugar cercano a la cueva para defecar.
En ese mismo instante, Gilberto “el Orejas” y sus fieles iban a abrir fuego contra el supuesto Bicho, por lo que Ávalos, con los pantalones caídos, gritó, alzándose sobre sus cuclillas: “¡Gilberto, Gilberto!, no soy el Bicho, soy Ávalos, el pintor, ¿no me reconoces?”.
Tras un par de meses de peregrinaciones al lugar (la gente arrasó las plantaciones del barranco, y un listo montó un kiosco con el que se forró), los jadeos cesaron. Algunos atribuyeron el caso a la respiración de pardelas dentro de la cueva, que haría de altavoz. Pero yo, que escuché aquellos gemidos, les aseguro que allí había algo muy raro y nunca se averiguó qué era.
Pocos meses después hizo explosión el volcán Teneguía, en La Palma. El geólogo y catedrático Telesforo Bravo indicó que no había relación entre uno y otro fenómeno, pero la duda quedó en el aire.
¿Qué originaba aquellos jadeos? ¿un animal, un hombre, un extraño fenómeno natural? Nunca se supo. Lo cierto es que, hace más de cuarenta años, en Los Realejos se pudo escuchar un extraño ruido desde dentro de una cueva.
Cuando la Guardia Civil, con sus “naranjeros” en ristre, pudo entrar en ella —los agentes tenían miedo— no hallaron nada. Sólo unos huesos extraños que nadie se ocupó de analizar. Eran otros tiempos.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
26/ago/13
Sebastián es el nombre de un chucho negro, especie de raya, que desde hace unos cinco años come de la mano de pescadores del puerto de Valle Gran Rey (La Gomera), como Fernando Barroso, patrón de la embarcación Miss Gomera y conocido como Ito.
Sebastián con Joel y otros niños
Con una envergadura superior al metro y medio, y unos 150 kilos de peso, Sebastián, como ha explicado Fernando Barroso, desde hace unos cinco años se acerca a su embarcación en cuanto la «oye» llegar al puerto de Vueltas.
«Un día estaba arreglando caballas, me saltó a las manos y me asusté, pero ahora, mientras arreglo las caballas, Sebastián se queda quieto a mis pies, se deja acariciar y parece que entiende»,
señala el patrón de Miss Gomera.
Fernando Barroso comenta que en la actualidad en el muelle de Vueltas se reúnen unos cinco chuchos negros, aunque Sebastián es el «más mansito; doy un palmetazo en el agua, sube y espera medio varado en la escalinata».
Afirma que otros peces empiezan a seguir el ejemplo del chucho negro Sebastián, como la mantelina (otra especie de raya) Pablito «que es más recatado, sube, come, y sale corriendo».
Sebastián se ha convertido en la atracción de visitantes y turistas, y, como explica Fernando Barroso, «Ahora hay tanta gente que desde que sale empiezan a sacarle fotos y se asusta».
Sin embargo, cuando Joel, hijo de Fernando Barroso, está sólo, el chucho negro se deja acariciar, e incluso Joel le abre la boca para darle la comida.
Fernando Barroso destaca que es en verano cuando estos peces se acercan más al muelle al registrar el recinto un aumento en la actividad pesquera, y porque van a tierra a desovar.
Afirma que él ha llegado a contar en el puerto de Vueltas más de veinte ejemplares juntos entre chuchos negros, chuchos ratón y mantelinas.
Cortesía de Roberto González Rodríguez, quien da constancia de haber presenciado personalmente lo aquí narrado.
Para bajar/ver el archivo, que tiene sonido, clicar AQUÍ
Cortesía de Juan Antonio Pino Capote
08 de septiembre de 2013
Valentina Hernández (1891-1974) fue una extraordinaria cantadora y tocadora de tambor tradicional que nació, vivió y murió en Sabinosa, isla de El Hierro, la más pequeña y occidental del Archipiélago Canario, un grupo de islas de origen volcánico situado en mitad de la Macaronesia Atlántica, junto al continente africano.
El legado de su música y su voz es para los Canarios una fuente de inspiración, y un referente cultural de primer orden.
«En Busca de Valentina» es un proyecto multicultural liderado por TABURIENTE y MESTISAY, dos grupos míticos de la música popular de Canarias, que persigue la defensa y visibilidad de los procesos de creación cultural que se producen en los territorios insulares.
Este video fue grabado, entre los meses de octubre de 2012 a agosto de 2013, en numerosas localidades de Canarias, que son generalmente los lugares de origen de los intérpretes que en él participan.
Es una producción de Macanda para EBDV, de TABURIENTE y MESTISAY, realizada con patrocinios privados.
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English version
Sep 8, 2013
Valentina Hernandez (1891-1974) was an extraordinary folk singer and traditional drum player, who was born, lived and died in Sabinosa, El Hierro island; the smallest and most western of the Canary Islands, a group of volcanic islands located in the middle of macaronesian Atlantic near the African continent.
The legacy of her music and her voice is for Canarian people a source of inspiration and cultural point of reference.
«In Search of Valentina» is a multicultural project headed by TABURIENTE and MESTISAY, two legendary bands of Canary Islands folk music, in defense and visibility of cultural creating processes happening in the Islands.
This video has been recorded in numerous locations in the Canary Islands, usually the performers’ places of origin, involved in the project, between October 2012 and August 2013.
It’s a Macanda production for EBDV by TABURIENTE and MESTISAY, sponsored by the private sector and recorded in the Canary Islands between October 2012 and August 2013.
Ver vídeo AQUÍ. Si no fuera posible, entonces AQUÍ.
Cortesía de Roberto González Rodríguez
02/09/2013
Científicos han descubierto en Canarias fósiles de megalodón, el tiburón más grande que haya existido jamás. Estos animales llegaban a medir 20 metros y pesar 100 toneladas.
Además de los fósiles de megalodón, que pertenecen a ejemplares de la especie Otodus (megaselachus) megalodón, se encontraron restos fosilizados de otros tiburones extintos, fragmentos del cráneo y costilla de un sirénido (mamíferos marinos del tipo manatí, dugongo o vaca marina), así como huesos fosilizados de ballenas.
Aunque el hallazgo de los fósiles se produjo en octubre de 2012, su identificación precisa ha sido realizada recientemente en el Centro Oceanográfico de Canarias.
El yacimiento paleotológico submarino fue descubierto a más de 1.000 metros de profundidad al pie de la montaña submarina conocida como Banco de Concepción, situada al norte de isla de La Graciosa.
Según el biólogo marino Pedro J. Pascual, se trata de un acontecimiento de gran relevancia científica, ya que aporta información novedosa que permite esbozar el paisaje marino existente en las Islas Canarias cuando éstas empezaban a nacer del lecho oceánico (durante el Mioceno, entre 23 y 5 millones de años atrás).
Se demuestra así que en esa época vivió, cazó y se reprodujo en estas aguas. el mayor depredador marino de todos los tiempos: el Otodus (Megaselachus) megalodon, llamado normalmente megalodón y que alcanzaba un tamaño de hasta 20 metros de largo y 100 toneladas de peso.
Devoraba ballenas
Este tiburón, hoy fósil, vivió aproximadamente desde hace 20 millones de años (en el Mioceno) hasta hace tan sólo 2 millones de años (Plioceno). Por el tipo de dientes que poseía sabemos que se alimentaba de grandes presas, como ballenas, delfines, focas u otros mamíferos marinos; también grandes peces y tortugas eran parte de su dieta. Fue una especie cosmopolita, presente en todos los océanos, y un gran migrador.
Las pruebas del registro fósil demuestran que los ejemplares pequeños eran más frecuentes en las zonas costeras, y los grandes en aguas abiertas y alejadas de la costa.
Esto parece estar relacionado con que determinadas zonas costeras o islas con abundante alimento fueran elegidas como zonas de reproducción y cría por estas enormes especies, muy necesitadas de grandes cantidades de alimento para su desarrollo.
Según Pascual, “la presencia de este superdepredador, así como de las otras especies de tiburones, representantes genuinos de los niveles superiores en las redes tróficas marinas, demuestra la existencia de enormes cantidades de comida como ballenas, focas, sirénidos o bancos de peces en aguas canarias en aquel momento de la historia de la Tierra”.
En cuanto a la existencia de Sirénidos (manatí o vaca marina), nunca había sido antes registrada en Canarias, por lo que su hallazgo aporta una información muy valiosa sobre el ecosistema y tipo de clima existente durante el inicio de la formación del archipiélago canario.