[*Otros}– La erupción fantasma de El Hierro

07 JUL 2015

Javier Salas

En octubre de 2011, se alzó al sur de la isla canaria de El Hierro, frente a la pequeña población de La Restinga, un volcán submarino que mantuvo en vilo a los herreños durante los meses que duró la erupción.

Sin embargo, los sustos no acabaron ahí, y después se produjeron muchos momentos de alarma provocados por los innumerables terremotos y las noticias confusas sobre la posibilidad de que el magma que agitaba la isla rompiera por algún otro lado en una segunda erupción.

Desde hace unos meses, un grupo de científicos sostiene que esta segunda erupción ya se ha producido bajo el mar al oeste de la isla, como recogieron los medios de comunicación canarios, tras contarlo en una rueda de prensa y publicarlo en una revista científica.

Ahora, en esa misma publicación, otro equipo de científicos ha desmontado la existencia de esa erupción al tumbar las dos evidencias en las que se sostenía la afirmación: una foto aérea reubicada a conveniencia, y una señal acústica que el nuevo trabajo considera como simple ruido presentado de forma exagerada para que pareciera una columna vertical que ascendía desde el fondo marino.

El caso comienza cuando en junio de 2012 empezaron a sentirse de nuevo muchos terremotos, que se concentraban más al oeste del volcán de La Restinga, situado al sur de la isla. Muchos pensaron que la crisis volcánica empezaba a reavivarse, y algunos indicadores apuntaban a esa posibilidad: incremento significativo de la sismicidad, de la deformación del terreno y de la emisión de gases, que suelen avisar de que el magma se abre paso bajo el suelo.

En aquel momento, el buque científico de la Armada Hespérides se encontraba en Canarias para cumplir con otra misión y aprovechó para investigar los suelos marinos alrededor de la isla, recogiendo con su sonda una señal sospechosa al oeste de El Hierro que ahora se ha convertido en el eje de la controversia.

«Los registros de penachos submarinos a partir de imágenes acústicas y las fotografías aéreas tomadas desde un helicóptero proporcionan pruebas suficientes para inferir la ocurrencia de una nueva erupción submarina piroclástica que emitió chorros de gas y piroclastos [fragmentos sólidos de material volcánico expulsados en una erupción], aunque no implique la emisión de lava», escriben en su artículo los científicos de Involcan, liderados por Nemesio Pérez, junto a otros investigadores españoles y japoneses.

Los miembros de Involcan (un organismo que depende del Cabildo de Tenerife) ya habían ofrecido en febrero de 2013 una rueda de prensa anunciando la existencia de esta segunda erupción basándose en esos penachos, comparecencia en la que se acusó al Instituto Geográfico Nacional (IGN) de no informar de esta erupción al comité de crisis (Pevolca).

En el estudio científico publicado por Nemesio Pérez en Bulletin of Vulcanology (de referencia en su campo) se añadió una segunda evidencia: la fotografía aérea, tomada desde un helicóptero, de lo que sería «material piroclástico observado flotando en la superficie del mar», según redactan.

La fotografía, realizada el 02 de julio por el Grupo de Emergencias y Salvamento, mostraba un burbujeo blanco en la superficie del mar, y se difundió indicando su ubicación: al sur de la isla, sobre el Mar de las Calmas. Sin embargo, Pérez y su equipo la ubicaron al oeste, justamente sobre la señal sospechosa detectada por el Hespérides, haciendo coincidir dos fenómenos que ocurrieron a 12 kilómetros de distancia.

Ésa es la primera evidencia que desmontan los científicos del IGN y el Instituto Español de Oceanografía (IEO) que firman una respuesta, en la misma revista, para negar la existencia de esa segunda erupción difundida por Involcan.

La segunda, esa señal captada desde el barco, los investigadores del IEO la consideran simple ruido sin filtrar; un efecto de la sonda al cubrir colinas submarinas que provoca ecos laterales en zonas como la estudiada.

Además, los investigadores que firman la respuesta, liderados por María José Blanco, del IGN, indican que la escala de esa señal está forzada: se presenta con la misma proporción un kilómetro de ancho que 50 metros de alto para que esas señales parezcan «filamentos» que ascienden desde el subsuelo, según Pérez y sus colegas describen en su estudio (ver gráfico).

Además, critican la falta de estudio de los parámetros fisico-químicos del agua que los firmantes de la respuesta, como el investigador Eugenio Fraile (de IEO), llevan cuatro años tomando por toda la isla, y que son muy significativos en la zona de la erupción del sur de la isla —incluso ahora— y normales, según sus datos, en la zona oeste.

Luis Somoza es el geólogo marino del IGME que recogió los datos de aquel viaje y que los ha publicado junto a Pérez. «Pasábamos justamente por allí cuando hubo una alerta, no era una campaña para recoger información en detalle sobre erupciones», explica. Y añade: «Dimos una vuelta alrededor de la isla, nunca habíamos estado encima de una pluma volcánica. No se pudo realizar un estudio completo, por eso no aportamos más datos».

Sobre la respuesta a su estudio, reconoce el «error humano» de la foto aérea mal ubicada. Y al respecto de las señales acústicas, Somoza se muestra convencido de que había que publicarlas: «Podemos estar equivocados, pero nuestra obligación como científicos es contarlo. Podría ser que fueran ecos del subsuelo, pero si pensara que lo son no lo habríamos publicado».

Nemesio Pérez y su grupo responden a las críticas en una contrarréplica en la misma revista científica asegurando ahora que «con los datos disponibles, no podemos confirmar o descartar» que se trate de erupción volcánica o «una erupción hidrotermal». En su estudio original, publicado en noviembre de 2014, Pérez publicaba sin tapujos que se trata de una «nueva erupción submarina piroclástica».

El investigador del CSIC, Joan Martí, que siguió in situ la crisis volcánica de El Hierro y que es ajeno a este cruce de publicaciones, se muestra muy crítico con el trabajo de Pérez y asegura que no hay «ninguna evidencia de una nueva erupción». Martí, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera, aunque concede que las señales acústicas podrían ser gases liberados con el movimiento de magma, asegura que «esto no significa que puedan asociarse a ninguna nueva erupción, siendo éste un proceso normal en una zona con actividad alta y con una erupción reciente».

Otro científico conocedor de la volcanología canaria, Juan Carlos Carracedo, de la Universidad de Las Palmas, considera de «escasa fiabilidad» las conclusiones de Pérez por la mala interpretación de las imágenes acústicas y por la ubicación equivocada de la foto aérea, que considera «errores y especulaciones impropios de publicaciones científicas».

Guerra por el control científico

No obstante, Carracedo, como Martí y Somoza, considera que esto responde a un nuevo capítulo de enfrentamiento entre geólogos españoles con motivo de la gestión científica del riesgo volcánico canario, que estalló con violencia con la crisis de El Hierro y que provoca innumerables suspicacias en el mundillo.

Todos los consultados han demandado especial celo en la transcripción de sus palabras para no añadir más «sangre» a este enfrentamiento institucional y político. Los investigadores del IGN y el IEO se prestaron a explicar los detalles técnicos de su respuesta, pero no quisieron hacer valoraciones de ningún tipo. Nemesio Pérez se negó a que sus declaraciones telefónicas fueran usadas «para evitar que se manipularan» y no ha respondido por e-mail.

«En el fondo, todo esto es una pelea entre organismos», resume Somoza. En la guerra abierta entre instituciones científicas de primer orden, como el CSIC, el IGN o el IEO, y entidades con respaldo local como el Involcan, se genera un ruido informativo que ha provocado estrés innecesario en la población, como sucedió en El Hierro en varias ocasiones en las que los diagnósticos —e incluso predicciones— de los distintos científicos no coincidían. En las últimas fechas, es Involcan el que acusa en los medios a IGN de no compartir todos los datos a su disposición, razón por la que ha decidido abandonar el Pevolca, organismo que pretendía representar a todos los actores de la gestión del riesgo volcánico.

Todo empezó en 2004, cuando se reactivó la actividad sísmica en la isla de Tenerife y las disensiones entre los científicos no ayudaron en nada a esa parte de la población que temía un violento despertar del Teide. A partir de ese momento, los políticos jugaron sus bazas: el Gobierno español centralizando la gestión en el IGN, y las autoridades canarias reclamando más control desde las islas, un deseo que sólo se ha materializado en la creación, por parte del Cabildo de Tenerife, del Involcan.

Este último episodio, en el que Involcan acusó a IGN de ocultar una erupción fantasma en El Hierro, demuestra que más de una década después el enfrentamiento no se ha resuelto.

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[*Otros}– Aterrizaje con amor por La Palma

04 julio, 2015

Vicente Pérez

“Si van de turismo a La Palma, sé que no les va a defraudar, sino que disfrutarán de una auténtica joya natural, y espero que nos elijan en su próximo vuelto”.

Así termina sus explicaciones a los pasajeros un piloto de Iberia, momentos antes de iniciar la maniobra de descenso para aterrizar en el aeropuerto de Mazo, que es el de La Palma.

Ya son varios los palmeros que han sido testigos de cómo este comandante en la ruta Madrid-La Palma deleita a los pasajeros —entre los que suele haber numerosos turistas— con una larga exposición de los encantos de la Isla, que afirma conocer a la perfección y con lo que intenta contagiar el amor que siente por ella.

Así, durante seis minutos o más, ya con la Isla en el horizonte, este piloto diserta sobre hitos de la Naturaleza, como La Caldera, la Ruta de los Volcanes, los nacientes de Marcos y Cordero, los pinares que resisten el fuego, la Fuente Santa… y el Roque de los Muchachos y su Observatorio Astrofísico.

Tal es su lenguaje, siempre cargado de cariño por la Isla, y el detallismo de sus comentarios, que algunos palmeros piden que se localice a este piloto para que el Cabildo le haga algún reconocimiento como merecido premio a la labor divulgativa que hace en los vuelos, convirtiéndose en un embajador de La Palma en el cielo, el mejor guía para los visitantes que están a punto de aterrizar en Mazo.

Entre los vecinos que sugieren esta iniciativa figura Juvenal Machín Herrera, quien incluso dispone de una grabación captada por un pasajero en uno de esos vuelos, y en la que, durante casi seis minutos, se escucha la rica y amena explicación que de la Isla hace este comandante.

“Es de justicia que de forma oficial se agradeciera el impagable gesto que este piloto tiene con nosotros, elogiando con gran amor los atractivos de La Palma, algo digno de admiración y de reconocimiento”, afirma este vecino de la capital palmera.

Y como muestra, varios botones.

Este piloto, del que aún quienes quieren homenajearlo desconocen su nombre, cuenta a los viajeros, por ejemplo, “cómo los científicos de todo el mundo se han fijado en esta Isla porque a partir de 1.200 metros, con su capa de nubes, el aire está perfectamente limpio, laminar, y puede divisarse el cielo con características únicas”.

“Ahí se ha hecho el Observatorio astronómico famoso en el mundo entero, con el telescopio óptico más grande del planeta, el Grantecán, una auténtica maravilla, 90% español y el resto americano y mejicano”, explica, improvisando, a través de la megafonía de a bordo mientras conduce la aeronave, según se escucha en la grabación a la que ha tenido acceso este diario.

Además, sumerge al pasaje en la belleza insular: “La Palma es el paraíso para los amantes de la Naturaleza. Cuando estuve allí hice varias rutas; algunas me gustaron especialmente, como la de Marcos y Cordero, muy típica, que termina en el bosque de Los Tilos, auténtica maravilla natural, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco; una ruta bastante durilla, pero cuesta abajo, y dura unos 15 kilómetros”.

Haciendo gala además de su gusto por la historia insular, el piloto relata cómo “La Palma ha sido la primera isla que ha recibido turismo; hace un par de siglos, la parte sur tenía la Fuente Santa, con aguas termales, y venía gente de Europa y América por sus aguas curativas, pero una de las erupciones volcánicas la hizo desaparecer, y durante años estuvo desaparecida, hasta 2005, en que se descubrió de nuevo, y estamos esperando que las autoridades gubernamentales para que hagan un balneario que permita fomentar el turismo”.

No olvida, en su amena alocución, cómo “una de las peculiaridades de la isla es el pino canario, especie única de Canarias, pues resiste al fuego, y es la única especie que se regenera por sí misma tras un incendio”.

En ese momento, una frase recuerda que estamos en pleno vuelo: “Vamos a empezar el descenso al aeropuerto de La Palma”. Y el piloto más enamorado de la Isla Bonita hace una última advertencia: “No se asusten por la noche porque vean La Palma prácticamente sin luz: no es por la crisis económica, sino por una ley para evitar la contaminación lumínica y permitir la perfecta observación de estrellas y planetas”.

Para escuchar/bajar el archivo de lo que dice el piloto, clicar AQUÍ.

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Cortesía de Roberto González Rodríguez

[*Otros}– Las cumbres canarias que alzaron a España hacia el espacio

04 JUL 2015

Javier Salas / Nuño Domínguez

«Gracias a estos observatorios y al cielo de Canarias, en una sola generación España ha pasado de no tener ni un astrofísico a ser uno de los países de referencia».

Quien habla así lo hace desde la perspectiva de quien leyó la primera tesis en este campo en España y quien se convirtió en el primer catedrático de Astrofísica de las universidades españolas: en la de La Laguna. Francisco Sánchez fue un pionero sobre todo porque creyó que las cumbres del archipiélago eran la ventana perfecta hacia el espacio.

Estos días, los observatorios astronómicos de Canarias —en Tenerife y La Palma— cumplen tres décadas desde su inauguración oficial, 30 años en los que se han convertido en una de las instalaciones científicas de referencia, con innumerables descubrimientos, a pesar de la falta de apoyo político de primer nivel: en todo ese tiempo nunca ha recibido la visita de un presidente del Gobierno español.

El primero en confiar en la calidad de los cielos canarios fue el astrónomo Real de Escocia, Charles Piazzi Smyth, que en 1856 subió al Teide con ayuda de unas borricas para hacer observaciones durante un par de meses con dos telescopios. Un siglo después, en la década de 1960, Sánchez aterrizaba en Tenerife con la idea de poner a prueba esa calidad y consolidar allí un observatorio.

Hoy, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) que fundó y dirigió durante décadas, coordina los Observatorios del Teide (Tenerife) y de El Roque de los Muchachos (La Palma), en los que trabajan más de sesenta instituciones de veinte países de cuatro continentes.

¿Cómo se convierte España en potencia sin contar con la tecnología necesaria? En astronomía el tiempo de observación es una forma de pago, y España es un país rico: presta sus cielos y, a cambio, se reserva un 20% del tiempo de observación de todos los telescopios que funcionan allí. A esto hay que sumar un 5% más de tiempo competitivo internacional, explica Miquel Serra, administrador del Observatorio del Teide. “Nadie más en el mundo ha conseguido esto”, asegura, y resalta que ha permitido “un desarrollo inimaginable para la ciencia española”.

España puede así asomarse al espacio a través de los telescopios que otros países desarrollan e instalan en Canarias. «Ese 20% fue muy difícil de conseguir», recuerda Sánchez sobre las negociaciones que lideró en la década de 1970, cuando las principales potencias ya se habían convencido de que esas cumbres isleñas eran un tesoro por las razones que propuso Newton: montañas donde la atmósfera fuera serena y estable.

«Visto en perspectiva, ahora pienso que aceptaron el 20% porque no creían que fuéramos a ser capaces de usarlo», asegura Sánchez en su despacho de director fundador del IAC, en el que le acompañan en las estanterías algunos de los primeros aparatos que usó en los observatorios. «Pero lo usamos, vaya si lo usamos».

De los observatorios sale un promedio de una publicación científica diaria, y desde allí se han dado pasos decisivos en astronomía, como

  • El descubrimiento de que el Sol tiene una frecuencia propia y que late como si fuera un corazón a intervalos de cinco minutos
  • El hallazgo de la primera estrella enana marrón, llamada Teide 1, por el telescopio IAC-80; y
  • El primer agujero negro descubierto en nuestra galaxia, desde el observatorio del Roque de los Muchachos, agujero que, precisamente estos días, ha despertado entre fogonazos de luz.

«Si hubiese una competición internacional, nosotros estaríamos siempre en el podio, y vamos a intentar seguir estándolo», asegura Rafael Rebolo, actual director del IAC, orgulloso del apoyo popular del centro. «La gente de aquí, y en buena parte de la Península, sí son conscientes de lo que tenemos. Y nuestros jefes directos, el Ministerio de Economía y el Gobierno de Canarias, también lo saben bien. Pero ya me gustaría que a un nivel más alto pasase lo mismo: han venido comisarios europeos, ministros del ramo europeos, pero de los máximos escalafones del Gobierno español, presidencia o vicepresidencia… ahí no llegamos», lamenta Rebolo.

Su predecesor confirma esa desazón: «Nunca nos ha visitado un presidente. No he conocido a ninguno, y eso que he tenido que lidiar con 27 ministros del ramo distintos en todo este tiempo», asegura Sánchez. «Globalmente, no hemos recibido apoyo político; puntualmente, sí. Al menos, hemos avanzado hasta el punto de que ya es políticamente incorrecto hablar mal de la Ciencia», asegura.

«Como en un cibercafé»

Los reyes españoles sí han acudido en varias ocasiones, sobre todo el actual, Felipe VI, que se confiesa aficionado a la astronomía. El pasado sábado acudió a Tenerife a inaugurar el experimento Quijote, la última gran apuesta científica de primerísimo nivel, precisamente 30 años después del estreno oficial de los observatorios.

El 28 y 29 de junio de 1985, su padre, Juan Carlos, y otros cinco jefes de Estado inauguraron las instalaciones, y a Felipe le nombraron Astrofísico de Honor, mientras el Real Madrid fichaba a Gordillo, y Felipe González asistía en Milán a su primera cumbre de la por entonces CEE, junto a líderes como Mitterrand, Kohl, Craxi, Thatcher y Papandreu.

El sábado, después de la inauguración, Felipe VI voló al Roque de los Muchachos para ver desde el Gran Telescopio Canarias (GTC, o Grantecán) —hasta las 4.30 de la madrugada— los estallidos de luz del agujero negro V404 mientras devora a su estrella. No es la primera vez que pasa la noche con los astrónomos del IAC: «Tengo por ahí el recorte de una entrevista en la que ya de niño confesaba que de no ser rey querría dedicarse a esto», celebra Francisco Sánchez.

Mirar el universo como el GTC, que desde que fue inaugurado en 2009 en La Palma ha generado 156 publicaciones científicas, no tiene nada que ver con la imagen clásica de los telescopios.

 

«En realidad es como estar en un cibercafé, y lo que ves es una imagen en blanco y negro en el monitor», resume Pedro Álvarez, director del GTC, ya que muchos de estos investigadores trabajan sin problemas desde el computador de casa. En los telescopios actuales ya no hay un visor como antaño, en parte porque algunos objetos serían tan brillantes que podrían cegar a los astrónomos.

Las espectaculares imágenes que suelen divulgarse de estos telescopios son versiones retocadas en varios colores de la imagen original.

Por su parte, lo más visible en la distancia del observatorio tinerfeño del Teide son sus dos torres, dos telescopios solares que comenzaron a edificarse en los años 1970 y que hoy componen uno de los observatorios de este tipo más completos del mundo.

En la actualidad, llama más la atención lo desiertos que están los caminos que conectan los diferentes telescopios, hasta 35 aparatos en total. En parte se debe a que, desde hace cinco o seis años, el observatorio ha dado un rápido giro para especializarse en observatorios robóticos, que son telescopios de un tamaño más modesto y que forman parte de redes globales con puntos de observación en diferentes países.

Los telescopios más grandes, como el GTC, pulen el descubrimiento y lo caracterizan en detalle, pero estos instrumentos se manejan a distancia y permiten vigilar el cielo las 24 horas. «Un operario se dejó apoyada una valla contra uno de los telescopios robóticos y los científicos de EE UU no podían desplegarlo», recuerda Serra entre risas.

Este astrónomo se muestra orgulloso porque Canarias está entre los tres mejores lugares del mundo para hacer astronomía, y mantiene esta posición con muchos menos recursos que sus competidores.

“Los observatorios de Paranal en Chile tienen un presupuesto de millones de euros, mientras nosotros trabajamos con 100.000 euros para mantenimiento al año”, explica Serra. Los recortes en ese presupuesto se han hecho más crudos en los últimos cinco años hasta el punto de que ya “no sabemos de dónde ahorrar”, resalta.

“Ahora, gracias a que ha venido el Rey a inaugurar telescopios, hemos podido gastar un extra de más o menos la mitad de toda la dotación anual”, explica. No obstante, como recuerda Rebolo, en 30 años han pasado de construir modestos telescopios propios a desarrollar instrumentación para los mayores observatorios del mundo y también misiones espaciales.

Burros, disquetes, nevadas y autostop

Cuando arrancaron no eran tiempos de tecnología punta y trabajo remoto automatizado, como recuerda Manuel Vázquez, que lleva 45 años trabajando en el IAC y sus proyectos previos.

«En aquel entonces, el nivel de la astronomía española era cero. En la actualidad, no se pueden ni imaginar las carencias de aquella época», explica, en referencia a los medios técnicos pero también a la situación de los propios científicos: «Yo llegué aquí con una beca que nunca existió, porque el que me la prometió olvidó hacerla firme, y tuve que compartir con otro investigador un contrato a medias de 1.800 pesetas».

Francisco Sánchez subía con ayuda de burros hasta el monte Izaña, donde se ubicó el observatorio del Teide, y allí pedían comida dos veces por semana a un arriero. Vázquez recuerda subir haciendo autostop hasta que pudieron pagarse un coche de segunda mano. «En aquella época las condiciones sí que eran duras, era muy habitual quedarse aislado por las nevadas en el observatorio, que está a 2.400 metros de altitud. En eso sí que se nota el cambio climático, en que ya no hay nevadas como las que sufríamos antes en aquellas cumbres», rememora.

Con mucha nostalgia recuerda la astrónoma Mercedes Prieto, que llegó en 1975, aquellas primeras noches frente al Teide.

«Preparábamos la comida entre todos los científicos, pasábamos las noches expectantes, mirando, hablando sobre nuestra pasión por la Ciencia. Convivíamos, todo estaba más integrado, había más implicación personal y el resultado era más satisfactorio», evoca.

En aquel tiempo, señala Prieto, el astrónomo debía estar junto al aparato permanentemente, nada parecido a la actual transmisión por banda ancha de datos a cualquier ordenador del mundo. «En la sala del telescopio estaba todo. Había que estar mirando y midiendo constantemente, para no perder de vista el objeto que estuvieras estudiando», asegura. Los datos se recogían impresos y los computadores trabajaban con papel perforado.

Rebolo también tiene viejos recuerdos de nevadas y disquetes que sólo funcionaban con computadores de otros laboratorios que no eran el suyo. Pero, tanto él como su compañero Ramón García, Coordinador de Instrumentación del IAC, tienen más presentes que uno de los mayores retos que afronta la institución es la necesidad de retener talento.

«Muchos de nuestros ingenieros, formados aquí, acaban yéndose a sitios que les ofrecen hacer el mismo trabajo, pero con el doble de sueldo», explica García. «Lo más difícil está siendo mantener un núcleo fijo de personas con las que seguir avanzando», lamenta.

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[*Otros}– Alberto Domínguez: ‘El gofio tiene efectos muy beneficiosos para el corazón’

Mayo 30, 2015

Anastasio Cabrera

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el siglo XXI.

Junto a los grandes avances, con fármacos de ultimísima generación y adelantos quirúrgicos de vanguardia, los responsables de velar por la salud pública prestan atención preferente a la prevención, y un pilar importante es la alimentación.

Un estudio realizado en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), liderado por el cardiólogo Alberto Domínguez, ha sorprendido recientemente por sus resultados. La sencillez y cercanía de un producto, el gofio, presente en la dieta de muchos canarios, tiene el valor intrínseco de ser un elemento a tener en cuenta por su directa contribución en minimizar los riesgos de las enfermedades coronarias.

Las conclusiones del ensayo clínico las ha recogido la Internacional Journal of Cardiology, una de las publicaciones de mayor prestigio y difusión a nivel mundial entre los profesionales de esta especialidad médica.

—¿Cómo surge el estudio?

—El estudio surgió como consecuencia de la atención que prestamos a lo que nos venían diciendo los pacientes. Nos llamaba la atención que personas con edades comprendidas entre los 70 y 80 años tenían mejor capacidad funcional. Les preguntábamos por sus hábitos de vida, y todas respondían que en su alimentación no faltaba el gofio. Estamos ante una generación que se alimentó y se sigue alimentando de manera sana, que inicia el día con un desayuno a base de leche y gofio.

—Un ejemplo a seguir…

—Lamentablemente, lo que fue hábito mayoritario durante muchos años no tuvo continuidad en las generaciones siguientes, y eso se nota especialmente ahora, que coinciden otros factores de riesgo; y de ahí el alto nivel de enfermedades coronarias que tenemos. La observación que hicimos es fruto del diálogo con los pacientes, que nos llevó a formalizar un estudio para conocer si lo que intuíamos tenía alguna base.

Quiero agradecer la constante colaboración que he tenido por parte de la doctora Julia González y de la enfermera María del Carmen García, ambas del HUC, así como de Pablo Avanzas, del Hospital Universitario Central de Asturias; de Pedro Abreu, del Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de La Laguna, y de Alejandro Jiménez, también del HUC. Estudiamos entre los años 2007 y 2014 a un total de 1.358 pacientes, mayores y con síntomas de dolor de pecho, a los que se les solicitó prueba de esfuerzo para evaluación diagnóstica.

—¿Qué virtudes tiene el gofio que no poseen otros productos?

—Es curioso, pero en más de una ocasión me lo he preguntado, y nos lo hemos cuestionado todos los que desde un principio nos vimos trabajando en este estudio. Nuestro gofio es una harina que, al no estar procesada, conserva su valor nutritivo y contribuye a reforzar las paredes celulares de las arterias coronarias. Junto a su riqueza en hidratos, proteínas y vitaminas hidro y liposolubles, contiene ácidos grasos poliinsaturados que tienen un efecto muy beneficioso en la pared interna de las arterias del corazón.

—¿Estamos ante un pilar importante en la Medicina Preventiva?

—El gofio está al alcance de todos, y los resultados del estudio vienen a señalar que debemos incorporarlo a la dieta cotidiana. Las enfermedades cardiovasculares son, a nivel mundial, la primera causa de muerte, y los gobiernos de todo el mundo tratan de poner en marcha programas de prevención por entender que de su éxito dependerá un importante ahorro económico.

Las medidas a tomar por la población son claras y sencillas; las reiteramos constantemente, pero no suelen encontrar la respuesta que deseamos. Una sociedad como la nuestra está imbuida en numerosos mensajes, y los problemas los vamos desplazando por entender falsamente que son de otros y no nuestros. Los resultados finales son harto preocupantes.

—¿Qué procedimiento siguieron para avanzar en el estudio?

—Nuestro trabajo nos llevó a comprobar en los pacientes el deterioro que se da en las paredes internas de las arterias. Establecimos relaciones entre los factores de riego y sus efectos, y nos sorprendió la gran resistencia de los mayores, que hacían alarde de su alimentación sana, en la que está presente el gofio.

Elaboramos un cuestionario de adherencia a la dieta mediterránea, con 14 puntos. Contando con el consentimiento de todos nuestros pacientes, observamos que, de ellos, 597 tomaban gofio de forma habitual, y 407 no lo hacían. Junto a los datos de filiación nos interesamos por los factores de riesgo y estandarizamos unos valores; los relacionamos con las pruebas de esfuerzo que les realizamos, partiendo de la sintomatología que presentaban, del dolor de tórax, que se podía corresponder a un dolor isquémico o no. En caso negativo lo descartábamos, y si daba positivo se contemplaba si requería una angiografía coronaria o bien el cateterismo, y observamos si había lesión en las arterias.

—¿Les sorprendieron los resultados que obtuvieron?

—El estudio no iba orientado a la persecución de un resultado que hubiéramos previsto. Hemos llegado a unas conclusiones, que se corresponden con lo previsible y que se sustentan en los datos obtenidos.

El 75,5% de los pacientes estudiados tomaban gofio, y, de éstos, casi el 60% respondieron de manera excelente a las pruebas que les realizamos. Los factores de riesgo son muy superiores para los que no siguen la dieta mediterránea y suman, además, otros factores de riesgo.

—En definitiva, que el gofio es un buen aliado…

—No podemos hablar del gofio como un producto milagro. Tiene sus efectos, pero no puede actuar solo. Si el paciente fuma, no hace ejercicio, lleva una dieta rica en grasas saturadas, y piensa que con desayunar leche y gofio va a estar bien, debe saber que su salud se está resintiendo y que le va a pasar factura más pronto que tarde.

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Cortesía de Mary Carmen Barbuzano

[*Otros}– La edad de los dragos

Un PowerPoint acerca de uno de los símbolos más representativos de las Islas Canarias: el drago.

Se trata de un archivo muy bien hecho que explica que este árbol es una reliquia de la flora de hace 20 millones de años, o la manera de apreciar su edad, entre otras curiosidades; y todo ello de una forma muy gráfica, con muchas fotos, entre las que hay varias del drago “abuelo” de Icod de Los Vinos (Tenerife) y dos del que se encuentra en Las Grutas de Artiles (Las Palmas).

Para ver/bajar el archivo, clicar AQUÍ.

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[*Otros}– Telémaco, el último ‘barco fantasma’

12-06-2015

Carlos M. Montenegro1

Desde hace lustros, los medios de comunicación mundiales informan profusamente de la llegada masiva de inmigrantes ilegales a través del mar Mediterráneo.

Proceden principalmente de países sin tradición migratoria, unos del África subsahariana y otros árabes, de Oriente Medio, y a bordo de “pateras” y “cayucos”, embarcaciones sumamente frágiles y peligrosas, van destino a España e Italia básicamente.

Hacia la mitad del siglo XX en las Islas Canarias se dio un fenómeno conocido como el de los “Barcos fantasmas”.

En 1939, al finalizar la Guerra Civil española, el país quedó devastado y, en el nuevo régimen, a pesar de mantenerse neutral en la II Guerra Mundial, hasta bien entrada la década de los 50, las penurias continuaron. El General Franco se sostuvo en el poder inaugurando una férrea dictadura que se cebó en la represión de todos aquéllos que defendieron a la República que había derrocado. El archipiélago canario no se salvó de los brutales castigos, y parte de la población decidió emigrar.

El país al que los isleños pusieron la mira fue Venezuela, que, tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, había tomado un camino hacia  la modernidad, a pesar de los vaivenes políticos, sustentada en la creciente producción de petróleo que generó una bonanza económica, demandando cada vez más mano de obra para la industria, construcción, grandes obras de infraestructura y agricultura.

Los canarios destacaban por su gran eficacia en la agricultura, y hacia eso apuntaron los que decidieron ir a Venezuela, con latitud  y climatología  muy similares a las del archipiélago canario.

Entre los problemas que sufrían los habitantes de las Islas estaba la dificultad para poder salir de su tierra: no contaban con pasaporte, por ser generalmente considerados hostiles al régimen —sin mucha base, por cierto—, pero sin ese requisito no era posible obtener visados para emigrar. La única salida era escapar por mar utilizando así los denominados “barcos fantasmas”.

Se daba ese nombre a veleros de dos mástiles, algunos con un pequeño motor auxiliar, que desaparecían de los mares de Canarias, apareciendo después, abarrotados de emigrantes y tras varias semanas de travesía, en los mares de Venezuela. Los barcos zarpaban de noche de alguna de las islas y, una vez en alta mar, ya lejos de tierra, cambiaban su rumbo y se dirigían a Venezuela.

Algunos de ellos llevaban patrones expertos que conocían el barco y podían llevarlo sin problemas, pero otros contaban con patrones de menor experiencia. En algunos casos se dividía la cabina interna con otro piso horizontal para poder alojar más pasajeros, que dormían hacinados sobre tablas y sacos, en pésimas condiciones. Los barcos más grandes tenían unos 30 metros de eslora (largo) y 10 de manga (ancho).

Tras este preámbulo, contaré la aventura de una pequeña goleta, que protagonizó el último viaje fantasma tras una dramática travesía llena de peligros que trastornó a sus pasajeros, aventura que no olvidarán mientras vivan y, sin duda, semejante gesta ya forma parte de la épica canaria de la emigración.

Me refiero al Telémaco”, un pequeño motovelero, de 27 m. de eslora, 6 de manga y 6 de calado, con dos palos y un bauprés, además de un pequeño motor central. Esta goleta era usada en Canarias sólo para el transporte de mercancías entre San Sebastián de la Gomera y Santa Cruz de Tenerife.

Un numeroso grupo de personas interesadas en emigrar lo antes posible con rumbo hacia Venezuela se empeñaron en el objetivo, no de pagar el pasaje (la importante cifra de 5.000 pesetas), sino de adquirir un barco. Así, llegaron a reunirse hasta 171 personas, una de ellas una mujer, dispuestas a viajar hasta América. Cuando hubieron reunido el dinero necesario, compraron el Telémaco a la sociedad “Gil Hernández Hermanos” de Las Palmas de Gran Canaria, por la nada despreciable cifra 520.000 pesetas.

El 05 de agosto de 1950, el Telémaco no puso rumbo a Tenerife, como acostumbraba, sino hacia Valle Gran Rey, en el sur de la Gomera. Allí embarcaron pasajeros y víveres, consistentes en cuarenta y dos sacos de gofio, diez sacos de pescado salado, 1.700 kilos de papas, una caja de latas de leche condensada, una caja de botellas de coñac, tres garrafas de aceite, y dos cajones con carne de cerdo en salazón, además de toneles con agua dulce.

Así pertrechados, furtivamente salieron la noche de ese mismo día de agosto, con buen tiempo. Hicieron una parada frente a Agulo, otra localidad gomera, para recoger a nuevos pasajeros, desde donde enrumbaron en dirección a Taganana (Tenerife), para embarcar al capitán; éste quería subir más gente y  no se lo permitieron por ir sobrecargados, así que regresó a tierra y no volvió.

El cocinero notó que los alimentos y el agua no estaban en buenas condiciones, y el Telémaco debió regresar a su punto de salida en la Gomera. 24 pasajeros enfermos por mareo decidieron renunciar al viaje siendo sustituidos por otros, y un nuevo piloto, menos experimentado.

El día 09 de Agosto, el Telémaco, usando las velas y el motor, puso finalmente rumbo a Venezuela. El navegante Martín Pérez González, sin instrumentos de navegar pero con gran intuición, trazó sin embargo el rumbo correcto.

Las dificultades comenzaron a los 19 días de navegación, cuando tras fortísimos vientos les sorprendió una tormenta que duró casi 16 horas. Por la violencia del temporal perdieron la mayor parte de los víveres y el agua, mal amarrados en la cubierta. Los pasajeros enfermaron de  mareos y se apiñaban en la bodega; por la mañana amainó, pero a ese temporal siguió otro; los emigrantes pensaron que morirían en aquellas violentas borrascas. Al cabo de unos días se acabaron los alimentos y el agua, y los pasajeros llegando a beber agua del mar.

La suerte llegó, pensaron, cuando avistaron un petrolero español, el «Campante», pero los tripulantes de éste, al ver su lamentable estado de quienes iban en el «Telémaco», no los dejaron ni subir a bordo; con flotadores les lanzaron algunos barriles de agua, una garrafa de aceite y arroz, teniéndolos que recoger a nado en un mar poblado por tiburones.

Les informaron que estaban a 400 millas de Barbados y a unas 600 de Martinica, y continuaron su ruta. Temiendo que los ingleses de Barbados pudieran repatriarlos, optaron por Martinica, más cercana a Venezuela, no sin la oposición violenta de algunos que preferían la cercana isla británica.

Fue un gran acierto, pues, con viento a favor, avistaron Martinica diez días después. Unos pescadores los acompañaron hasta Fort de France, la capital, donde fueron muy bien recibidos. La fortuna quiso que el cónsul cubano en Martinica, Sr. Romero, hubiera nacido en Gran Canaria, y se volcó en atenciones con sus paisanos, al igual que los martiniqueños, que los agasajaron durante su estadía.

Les facilitaron una carta de navegación, abundantes víveres y agua, gasoil para el motor, dinero, y un nuevo pasajero andaluz, Juan Palomo, que los acompañó hasta La Guaira. El 11 de Septiembre de 1950 el «Telémaco» emprendió su última singladura hacia el destino tan anhelado por aquellos 171 hombres y una mujer, los mismos que salieron de Canarias.

Cinco días después arribaron a La Guaira, donde encontraron anclados otros “barcos fantasmas” que los habían precedido: el Platanito, el Juanito Suárez, el Joven Gaspar, el Nuevo Teide, y el Benehoare. Eran sólo algunos de los muchos pequeños barcos que lograron hazañas parecidas a la del Telémaco.

Los pasajeros del Telémaco fueron enviados por 40 semanas a la Isla Orchila, y semanas después ingresaron en el país.

Los “barcos fantasmas” trajeron a Venezuela muchos miles de canarios, que han dejado lo mejor de sí en esta tierra, la mayoría de los cuales o sus descendientes aún siguen aquí. Venezuela y los canarios se deben mutua gratitud.

(1) Esta historia real me fue contada en 1978 por mi cuñado gomero, Luis León, cuyo hermano, Heraclio Facundo (Tato) León, llegó a Venezuela en 1950 a bordo del Telémaco.

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LISTA DE PASAJEROS EN EL TELÉMACO, Y DÓNDE EMBARCARON2

24 de enero de 2013

Alojera

  1. Carlos Jara Santos (Padre). Conocido por Juan Jara
  2. Carlos Jara Mesa. (Hijo)
  3. Dimas Damas García
  4. Juan Díaz Martín
  5. Benito García Santos. Último en embarcar, llegó nadando
  6. Alonso Santos Jara. Hermanos
  7. Antonio Santos Jara. Hermanos
  8. Juan Martín Ossorio
  9. Antonio Jara Santos. Hermanos
  10. Jaime Jara Santos. Hermanos
  11. Vidal González Santos
  12. Carlos Ossorio Ramos. Primos
  13. Manuel Ossorio Ramos. Primos
  14. Alonso Santos Jara. Hermanos
  15. Francisco Santos Jara. Hermanos
  16. Imeldo Perdomo Moreno. Tío
  17. Onelio Perdomo Ossorio. Sobrino
  18. Ramón Damas Rolo
  19. Gumersindo Jara Martín. (Sindo)

Agulo

  1. Antonio Cabello Fagundo
  2. José Cabello Rodríguez. Hermanos
  3. Sebastián Cabello Rodríguez. Hermanos
  4. Ramón Suárez Escuela
  5. Cesáreo Suárez Febles. Primos
  6. Ignacio Febles Suárez. Primos (guitarrista)
  7. Lucio García Henríquez
  8. Pedro García Henríquez. Tío
  9. José Manuel García Vera. Sobrino
  10. José García Suárez. (Pepe Rina)
  11. Juan Henríquez García
  12. Vicente Henríquez Vera
  13. Filiberto Hernández Hernández
  14. Francisco Hernández Cabello
  15. Caledonio Herrera García. (Tamargada)
  16. Antonio Juan Martín Plasencia
  17. Francisco Medina Barrera
  18. Antonio Negrín Suárez. Hermanos
  19. Francisco Negrín Suárez. Hermanos
  20. Ramón Plasencia Rodríguez. (Tamargada)
  21. Jerónimo Rodríguez Rodríguez (Momo)
  22. Juan Santos Plasencia
  23. Francisco Serafín García
  24. Agustín Suárez Sánchez. Padre
  25. Agustín Suárez García. Hijo
  26. José Suárez Perdomo
  27. Domingo Negrín Piñero

Hermigua

  1. Fernando Méndez Aguilar
  2. Asensio Armas Trujillo
  3. Antonio Brito Amaya. (Huevo frito)
  4. Eugenio Cabrera García
  5. Lucio Darias Mora
  6. Arnoldo Izquierdo Montesino. Hermanos
  7. Francisco Izquierdo Montesino. Hermanos
  8. Heraclio León Fagundo. (Tato)
  9. Melquíades Trujillo Bencomo
  10. Jerónimo Mesa
  11. Manuel Hernández Ortiz. Hermanos. (Porrón)
  12. Francisco Hernández Ortiz. (Porrón)
  13. José Hernández Negrín. (El Moro) Padre
  14. José Hernández Negrín. (El Moro) Hijo
  15. Antonio Pineda Hernández. (Botón)
  16. Miguel Díaz
  17. Jacinto Chávez Rodríguez
  18. Ramón Herrera Cruz. (El Pájaro) (Clarinete)
  19. Domingo Negrín Pinero
  20. Manuel Plasencia Hernández
  21. Francisco Rodríguez Montesino
  22. José R. Magdalena Plasencia. (José Patricio)
  23. Francisco Nieves Rodríguez
  24. Pío Herrera Herrera
  25. Domingo Medina Medina. (Los Aceviños)

Vallehermoso

  1. Benjamín Ascanio García. (Se lanzó al mar a recoger los víveres que arrojó el Campante)
  2. Feliciano Bethencourt Amaya
  3. Genaro Dorta García
  4. Paulino García Aguilar
  5. Antonio Gaspar Ramos
  6. José Negrín
  7. Eulogio Plasencia Pérez. Hermanos. (Tamargada)
  8. Juan Plasencia Pérez. Hermanos. (Tamargada)
  9. Eleuterio Rodríguez Plasencia. (Tamargada)
  10. Daniel Vera Plasencia. (El Cabezudo)
  11. Antonio Cabrera Cabrera
  12. Carlos Medina Vera. (Tamargada)
  13. Gregorio Méndez Coello

San Sebastián

  1. Fortunato Armas Darias. Primos
  2. Evaristo Armas Darias. (Tito) Primos
  3. Elias Arteaga Darias
  4. José Eleuterio Castilla Morales. (Pepín)
  5. Esteban Castilla Padilla
  6. Ramón Castilla Padilla
  7. Antonio León Cubas Arteaga (Medianero de Manuel Padilla Fragoso)
  8. Graciliano Darías Díaz. (El Ñanque)
  9. Gregorio Darias Álvarez. Hermanos (El Floriana)
  10. José Darias Álvarez. Hermanos
  11. León Díaz Ramos. Padre
  12. Sebastián Díaz Barrera. Hijo
  13. Pedro Estévez Herrera
  14. Teresa García Arteaga
  15. Manuel García Arteaga
  16. Ángel Hernández Aguilar. (Aguilera)
  17. Andrés Hernández Veguero
  18. Alonso Herrera Herrera
  19. Antonio Herrera Darias. (El Macle)
  20. Isidoro Herrera Padilla
  21. Jorge Ramos Fernández. Hermanos
  22. Santiago Ramos Fernández. Hermanos
  23. Manuel Armas Sánchez
  24. Mateo Herrera Herrera. (El Pata) Primos
  25. Ramón Herrera Herrera. (El Gallo) Primos
  26. Sinforiano Herrera Herrera
  27. Santiago Jerez Padilla. (Patrón del Telémaco)
  28. Honorio Méndez Rodríguez
  29. Sebastián Núñez Herrera
  30. Dámaso Herrera Rodríguez
  31. Buenaventura Piñero Sánchez
  32. Francisco Ramos Fernández. (Paco Ramos)
  33. Cristóbal Suárez Vera. (Timonel)

Valle Gran Rey

  1. Pastor Correa García
  2. Sebastián Abreu Chinea. Hermanos. (Cocinero del Telémaco y primero en ver tierra)
  3. José Abreu Chinea. Hermanos
  4. Manuel Barroso Rodríguez
  5. Manuel Bello Correa
  6. Daniel Bernal Chinea
  7. Juan Borges Damas. (El Peseta)
  8. José Brito Plasencia
  9. José Correa Piñero. Primos. (Los Granados)
  10. José Correa Piñero. Primos (Las Orijamas)
  11. Antonio Chinea Chinea. Hermanos
  12. José Chinea Chinea. Hermanos. (El Sardino)
  13. Sebastián Chinea Chinea. (Lorito)
  14. Domingo Chinea Gámez
  15. Maximino José Damas Negrín (Pepín)
  16. José Gámez Cruz
  17. Francisco Gámez
  18. Antonio Gámez González. (Toño Carolina)
  19. Francisco Gámez Marichal. (Pancho Gámez)
  20. Manuel Medina Morales
  21. José Méndez Darias
  22. Orlando Negrín Marichal
  23. Antonio Plasencia Padrón (El Legionario)
  24. Arturo Mendoza Navarro. (Hizo señales al Campante con una sábana)
  25. Eusebio Montesino Negrín
  26. Agustín Navarro Rolo. Hermanos
  27. Manuel Navarro Rolo. (Compositor de las Décimas del Telémaco)
  28. José Negrín Correa. (El Chato)
  29. José Negrín Marichal
  30. Ramón Piñero Chinea. (Sito)
  31. José Martín Ramos
  32. José Chinea Hernández. (José Camilo o José Playa), (Se lanzó al mar a recoger los víveres que arrojó el Campante)
  33. José Ramos Martín
  34. Nicolás Rolo Dorta
  35. Francisco Vera Chinea
  36. Salvador Damas Rolo
  37. Elias Piñero Correa
  38. Tomas de la Peña. (Valenciano residente en Valle Gran Rey)

Epina

  1. Cirilo Damas Barroso

Taguluche

  1. Francisco Felipe Niebla. (El Jairo)
  2. Benjamín Darias

Arure

  1. Ramón Cabrera. (El Burro)

Chipude

  1. Benjamín Medina Rodríguez. (Los Aceviños, casado en Chipude)
  2. José Herrera Arteaga. (El Baifo)
  3. José Navarro Chinea. (Cheo)

Playa de Santiago

  1. Manuel Simanca Casañas. Padre (conocido por Manuel Eufemia). Motorista
  2. Manuel Abreu Gámez. Hijo del anterior

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Embarcaron por Taganana

  1. Cristóbal Martín Palenzuela
  2. Martín Pérez González. (Piloto del Telémaco)
  3. Francisco Armas Padrón
  4. Virgilio Acosta Casaña. Tío
  5. Primitivo Acosta. Sobrino
  6. Joaquín Acosta Díaz
  7. Domingo Prada Obregón. (El Vasco)

Embarcó en Martinica

  1. Juan José Bellido Palomo (El Málaga)

Viajeros del Telémaco repatriados por el Gobierno venezolano por ser considerados miembros oficiales de la tripulación.

  1. Sebastián Abreu Chinea. Valle Gran Rey. (Cocinero)
  2. Manuel Ramos Martín. Valle Gran Rey
  3. Antonio Gámez González. Valle Gran Rey. (Toño Carolina)
  4. José Ramos Hernández. Valle Gran Rey
  5. José Martín Ramos. Valle Gran Rey
  6. Manuel Simanca Casañas. Playa de Santiago. (Manuel Eufemia-Motorista)
  7. Santiago Jerez Padilla. San Sebastián. (Patrón)
  8. Benjamín Ascanio García. Vallehermoso
  9. Martín Pérez González. Puerto de La Cruz. (Piloto)
  10. Francisco Armas Padrón. Puerto de La Cruz

(2) Lista extraída del libro de Ángel Suárez Padilla, «El Telémaco. El Último Viaje».

Fuente

Cortesía de Alfredo Carballo

Artículo(s) relacionado(s):

[*Otros}– La Unesco otorga el título de Reserva de la Biosfera al Macizo de Anaga, en Tenerife

09/06/2015

El otorgamiento tuvo lugar durante al reunión del Consejo de Coordinación Internacional del Programa MaB de la Unesco, celebrada este martes en París.

La propuesta ha sido defendida por el presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, quien detalló los valores de este singular espacio del Macizo de Anaga de 49.000 hectáreas de superficie, de las cuales 33.000 pertenecen al medio marino.

El territorio de la Reserva de la Biosfera se localiza en el extremo nororiental de Tenerife, ubicado dentro de los municipios de Santa Cruz de Tenerife, La Laguna y Tegueste, además de la franja marina hasta los 1.000 metros

La declaración de Reserva de la Biosfera aboga, entre otras cosas, por el desarrollo de las actividades humanas tradicionales en un contexto de equilibrio medioambiental, donde se debe procurar mantener cultivos con variedades locales, así como el fomento de razas autóctonas y sus manejos de acuerdo a prácticas culturales propias, al igual que actividades industriales respetuosas con el entorno.

Por ello, se entiende que esta figura es una marca de calidad que puede ayudar al desarrollo de este territorio.

El título de Reserva de la Biosfera es propuesto por los diferentes estados miembros, y es reconocido a nivel internacional dentro del marco del programa Hombre y Biosfera (MAB: Man and the Biosphere) de la Unesco. Se trata de áreas que pertenecen a ecosistemas representativos terrestres, costeros o marinos, o una combinación de ellos, cuya importancia para el suministro de conocimientos prácticos y científicos y de valores humanos puedan contribuir al desarrollo sostenible.

Alonso señaló que esta declaración supone «un esfuerzo por conservar viva la historia mirando también al futuro, con oportunidades en el ámbito rural y alternativas viables y con perspectivas para mejorar la calidad de vida de los habitantes de este continente en miniatura». «Este título nos aportará nueva savia, nuevas ideas de acuerdo con el compromiso firme que supone esta declaración», añadió.

Carlos Alonso finalizó su exposición haciendo referencia a la Historia: «El 04 de julio de 1776 se firmó la Declaración de la Independencia Americana con vinos de nuestra tierra, los malvasía, y, el pasado año, el presidente Obama eligió para brindar un vino del Macizo de Anaga.

«Cinco siglos de diferencia y un mismo cultivo en las laderas de Taganana nos demuestran cómo el paso del tiempo puede mantener intacta la esencia de una tierra que va pasando de mano en mano sin perder su verdadero valor», destacó.

Hasta hoy existían 631 Reservas de Biosfera distribuidas a lo largo de 119 países, 45 de las cuales se encuentran en España, incluidas las seis que se sitúan en Canarias, a las que hay que añadir la obtenida hoy por el Macizo de Anaga.

Fuente