[*Drog}— ¿Por qué sentimos pasión?

NotaCMP.- Se explica por sí solo. Es lo que tantas veces he dicho en esta sección que llamo Drogamor.

El amor atraviesa diferentes etapas, según expertas como Silvia Congost. La primera sería la del enamoramiento, que puede durar «hasta dos años como máximo», asegura. Esta etapa se caracteriza por la intensidad con la que lo vivimos todo: sentimos «una atracción muy fuerte hacia la otra persona, no podemos dejar de pensar en él o ella y no nos quedamos tranquilos hasta que no estamos de nuevo a su lado».

En esta fase, nuestro organismo sufre una serie de alteraciones. La psiquiatra y doctora en Neurociencia Lola Morón explica en este artículo en El País Semanal que la zona más racional del cerebro, la corteza prefrontal, directamente «se apaga». Congost, por su parte, añade que la intensidad aparece porque «suben los niveles de ciertas hormonas como la dopamina, la oxitocina, la vasopresina o el cortisol». Es decir, el enamoramiento produce alteraciones en nuestro organismo que nos hacen sentir así.

Una vez extinguida la etapa inicial del enamoramiento, entraríamos a una fase en la que el amor, como explica el artículo de Morón, es maduro y duradero, más centrado en el largo plazo. «Se ponen en marcha otros mecanismos, se activan otras zonas regidas por otras sustancias cuya finalidad se acerca más a la compañía y el cuidado a largo plazo, más a la crianza que a la reproducción», explica.

En caso de que la intensidad no remita, asegura Congost, «probablemente estemos confundiendo intensidad y obsesión, y eso sí que es grave». Se entra en el terreno de las relaciones tóxicas, definidas por cosas como «sentir que no podemos concebir nuestra vida sin la otra persona, que necesitamos a esa persona para estar bien o ser felices, tener un miedo constante a perderla o estar dispuestos a hacer lo que haga falta para que la relación no se rompa». Es algo que podría resumirse tomando prestadas las palabras de Amaral en Sin ti no soy nada: «Mi cuerpo, mi alma, mi voz no sirven de nada, porque yo sin ti no soy nada», dice el estribillo.

Fuente

[*Drog}— El cerebro, la excitación sexual y el drogamor

15-02-2019

Carlos M. Padrón

Casi todo lo que cuenta el artículo que copio abajo ya lo he contado en esta sección que llamo DROGAMOR. Y, como para dar más acierto a esta palabra de mi cuño personal, al final del artículo se encuentra la sentencia clave: “puede decirse que los enamorados están «colgados», de la misma forma que un adicto a las drogas”. De ahí lo de drog- en la palabra drogamor.

Si esta adicción durara mucho, acabaría con la vida de quien la padece, pero, por suerte, el drogamor no dura sino, como mucho, unos tres a cuatro años. De ahí que sea una locura, como también he dicho aquí varias veces, casarse bajo los efectos del drogamor. Cuentan que un sabio dijo “Nunca te cases enamorado —o sea, drogamorado—”. Sabio consejo.

La buena noticia es que para zafarse del drogamor no hay que ir a un centro de desintoxicación. Basta con tomar conciencia de que se está drogamorado —lo cual no es difícil, pues los síntomas que señala el artículo son inconfundibles—, y tener la fuerza de voluntad necesaria para poner en práctica y llevar hasta el final el proceso de cura, conocido como decactetización.

~~~

14/02/2019

Cómo cambia tu cerebro cuando te enamoras, y cómo cuando te excitas

A diferencia de otras emociones, el amor [drogamor] hace que todo el cerebro se encienda como una bombilla

No podemos amar sin cerebro. Cuando nos enamoramos el corazón late más deprisa, tenemos mariposas en el estómago, no somos capaces de probar bocado, y nos transpiran las manos y nos tiembla la voz en la primera cita, pero todos esos cambios físicos no pueden compararse con la revolución que está pasando dentro de nuestra cabeza. Si sentimos miedo o estamos enfadados, nuestro lóbulo temporal se activará. ¡Qué cosa tan pobre comparada con el amor, que provoca que todo el cerebro se encienda como si fuera una bombilla!

El día de San Valentín está repleto de corazones, pero las cosas suceden un poco más arriba. En el libro «Tu supercerebro» (Planeta), la neurocientífica noruega Kaja Nordengen explica cómo los trabajos con imágenes computarizadas han permitido observar con claridad qué partes cerebrales están activas cuando una persona ama a otra. Lo que ocurre es que, tanto zonas de la corteza cerebral, en especial la ínsula, como otras más primitivas del cerebro, como los ganglios basales y el sistema límbico, se activan todas juntas. El resultado es una fiesta total de dopamina, la sustancia de la recompensa. Posiblemente las flechas de Cupido están impregnadas con ese neurotransmisor.

Como señala esta profesora de la Universidad de Oslo, si porciones tan grandes del cerebro están implicadas es porque tiene importantes consecuencias genéticas y reproductivas para nuestra especie. Especialmente porque es posible que pasemos el resto de nuestra vida con la persona que hemos elegido, un comportamiento que sólo mantienen el 5% de los mamíferos. Aquí entra en juego otra sustancia, la oxitocina, conocida como la hormona del amor, cuya liberación entre las neuronas facilita que seamos fieles a nuestra pareja. Ocurre a espuertas con el nacimiento y la crianza de un hijo, pero también con las relaciones sexuales.

Precisamente, recuerda Nordengen, para tener una experiencia sexual completa hace falta la labor conjunta y simultánea de casi todas las partes del cerebro. Cuando en nuestro campo de visión aparece alguien que nos resulta muy atractivo sexualmente, el lóbulo occipital empieza a trabajar. Si nuestras manos se posan en esa persona, las señales se extienden al lóbulo parietal en el hemisferio opuesto. Sin embargo, es el lóbulo frontal, con la colaboración del sistema límbico, la parte que trabaja en reconocer qué o quién nos parece atractivo. Así nos concentramos y prestamos mucha menos atención al resto de lo que nos rodea. Al mismo tiempo hay varios cambios hormonales controlados por el cerebro.

Un orgasmo… sin pensar

El orgasmo llega con la activación de casi la totalidad del cerebro, a excepción del lóbulo frontal y la amígdala. La desactivación del lóbulo frontal está clara, porque nos permite dejar de pensar, pero la de la amígdala, implicada en emociones primitivas, resulta un misterio. «Se cree que es esta desactivación la que puede llevar a la hipersexualidad y al comportamiento sexual indiscriminado que aparece con ciertos daños cerebrales», dice la autora.

Según investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford puede decirse que los enamorados están «colgados», de la misma forma que un adicto a las drogas. La pasión es tan potente que puede ser increíblemente eficaz para aliviar el dolor, con un poder calmante similar al de los analgésicos e incluso al de estupefacientes como la cocaína.

Las investigaciones de los neurocientíficos arrojan luz sobre eso que llamamos amor, y nos permiten comprendernos mejor a nosotros mismos, lo cual no es poco, pero no lo explican todo. Además de las neuronas, la cultura, las vivencias y las circunstancias personales y ambientales hacen que nuestros sentimientos sean unos u otros. Y esas piezas son fundamentales para entender nuestra conducta amorosa. Por ejemplo, el motivo por el que nos enamoramos de una persona y no de otra sigue siendo un misterio.

Fuente

[*Drog}— El secreto del éxito de las parejas que parecen eternas

17-12-2018

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo —en el que el término amor no debe entenderse como enamoramiento— se hace un excelente análisis de este tema.

En él, sólo echo en falta un mayor énfasis hacia el factor RESPETO, algo que, además de otras muchas cosas, incluye no preguntar en formato de acusación; no hacerse el muerto para que el otro te cargue; no esperar a que el otro haga lo que tú bien puedes hacer; tener, fortalecer y aplicar un proyecto de vida común, y no pretender dirigir la vida del otro; fomentar y fortalecer la confianza en el otro, manteniendo una relación transparente, sin secretos que minen esa confianza; convivir para ayudarse mutuamente, no para que, como pretenden algunas féminas, sus maridos las consientan sin que ellas se sientan obligadas a corresponderles.

~~~

El secreto del éxito de las parejas que parecen eternas

La fortaleza de esas parejas que se mantienen unidas con el paso de los años y que admiramos porque parecen perfectas no son fruto de la suerte o la casualidad

Observas cómo se miran, cómo se hablan, cómo hablan el uno del otro, y cómo se apoyan en todas las circunstancias de la vida (sean buenas o malas)… Y, de alguna manera, sientes que son inseparables.

Es extraño porque, sin duda, es una sensación, no una certeza; no hay certezas en el amor. Pero, tal como explica Lidia Alvarado, psicóloga y life coach, estas parejas que se mantienen unidas con el paso de los años y que admiramos porque parecen perfectas, no son fruto de la suerte o de la casualidad. «Lo que estas parejas tienen en común es que tomaron la siguiente decisión: lo más importante en sus vidas es el amor. Y esa decisión les mantiene comprometidos con el cuidado diario de su relación de pareja. Saben que pueden tener problemas en el trabajo, con los hijos, con la salud, con el dinero… pero que, si tienen una relación de pareja extraordinaria, todas esas dificultades que forman parte de la vida se afrontarán de otra manera», argumenta.

No es raro que algunas parejas olviden incluir en su ecuación del amor palabras como esfuerzo, trabajo o atención. Pero esto no sucede en el caso de las parejas «extraordinarias» a las que nos referimos. Lo que diferencia a estas personas, como aclara Lidia Alvarado, es que están comprometidas a trabajar en su relación y esa es su prioridad. Para ello mantienen, según define la psicóloga, unos «altos estándares» de su relación. Esto significa que tienen claro qué es lo que van a permitir y lo que no van a permitir en cada una de las áreas relevantes de su relación de pareja: intimidad, respeto, estado de ánimo, complicidad, pasión, comunicación, apreciación, presencia…

Lo que sí y lo que no permiten que pase

Para entender mejor el concepto de «estándares» Lidia pone este ejemplo. En el trabajo suele pasar que somos amables. Allí nunca nos enfadamos, toleramos las críticas, tenemos paciencia, contamos hasta 10 antes de responder mal… es decir, tenemos unos «estándares» muy altos y, pase lo que pase no permitimos que bajen. ¿Acaso le retiramos el saludo a nuestro jefe si nos dice algo que no nos gusta? No, no lo hacemos. Pero, ¿qué pasa cuando cruzamos la puerta de casa? Que esos «estándares» que mantenemos a rajatabla en el trabajo, los tenemos muy bajos en nuestra relación de pareja. De manera inconsciente nos permitimos cosas con nuestra pareja que jamás haríamos ni en el trabajo ni en otra situación. Por ejemplo, alzamos la voz, respondemos mal, nos tomamos mal una crítica, despreciamos…

El problema está, según revela la experta, en que no tenemos estándares correctos en nuestra relación. «Esforzarte por mantener altos estándares en tu relación es una decisión y exige dejar de poner excusas y estar comprometidos a trabajar para que se cumplan. O estás en la excusa o estás en el amor», insiste.

¿Qué puedo hacer para establecer los límites correctos? Subir los estándares de tu relación es decidir aquello que no es negociable en tu relación o que no vas a permitir que suceda, por ejemplo: «No me permito irme a la cama enfadado con mi pareja», «No me permito retirar el amor a mi pareja aunque hayamos discutido», «No me permito discutir con mi pareja cuando estoy enfadada por temas de trabajo», «Todos los días voy a buscar un momento de intimidad con mi pareja».

Para Lidia Alvarado esto implica entender que el amor es mucho más importante que tener razón, pero también requiere llevar el estado emocional adecuado a la relación, tomar las dificultades o problemas como oportunidades para fortalecer la relación y hablar de los problemas cuando los detectemos («Mata la monstruo cuando aparezca antes de que el monstruo te coma», propone).

Tener hábitos saludables en la relación es la clave para encontrar, mimar y crear una pareja extraordinaria. La buena noticia, según revela Lidia Alvarado, es que los hábitos se pueden aprender. «Tu relación es el resultado de lo que haces la mayoría de las veces, no de lo que haces solo a veces», aclara. Estos son los hábitos saludables de las parejas extraordinarias, que Lidia Alvarado acompaña de las siguientes reflexiones:

Hábitos que fortalecen la pareja

Comprensión desde el corazón. Es la habilidad para entender y empatizar con las necesidades de tu pareja y comprometerse a estar ahí siempre, pase lo que pase. Cuando comprendemos desde el corazón, eliminamos el juicio y la crítica hacia la otra persona y nos ponemos en sus zapatos. La crítica y el juicio limitan el crecimiento y la expansión de cualquier relación. Comprender desde el corazón es enfocarte en tu pareja, y no en ti, siempre.

Dar a la relación lo que necesita. Por sí solo, este hábito puede transformar tu relación. Los seres humanos tenemos cuatro necesidades emocionales primarias: amor/conexión, importancia, seguridad y variedad. De estas cuatro, cada individuo necesita cubrir dos en mayor medida, y esto varia de unos a otras. Identificar y comunicar a la pareja cuáles son nuestras necesidades más importantes, y conocer las que lo son para la otra persona, llevará la relación a un nivel de amor extraordinario.

Crear confianza y respeto. La confianza es el pegamento del amor, es la llave de la comunicación y la llave del progreso de una relación. En los momentos difíciles se construye: eliminando el juicio sobre las intenciones de la otra persona cuando hace algo que te molesta o daña; expresando lo que sentimos por la conducta de la otra persona para liberarnos de ella, olvidando y perdonando; dejando una emoción positiva como recuerdo cada vez que comunicamos con confianza y respeto a nuestra pareja algo que nos ha molestado de su comportamiento.

Juego, presencia y pasión. La presencia, cómo se la demuestras a tu pareja y le expresas tu juego sexual, es fundamental para la conexión. Para ello, recupera el hábito de practicar la intimidad a diario, no hace falta que sea una intimidad sexual pero sí que sea algo que no harías con nadie más que no fuera tu pareja. El juego, es la llave que abre la puerta de la pasión.

Coraje y honestidad. Ser honesto contigo y con tu pareja y expresarle tus sentimientos, pensamientos y deseos sin herirle, hace que se construya una relación mucho más fuerte y duradera. Callar por no entrar en conflicto y resignarse, debilita la relación, la desequilibra y afecta a la pasión. Recuerda que la vulnerabilidad fortalece las relaciones.

Alinearse. Cuando la pareja está alineada en sus valores principales en la vida, tiene una visión y objetivo común, adquiere un compromiso que refuerza el vínculo afectivo.

Tomar conciencia y convertirse en ejemplo. Ser conscientes de cómo está la relación, y tomar conciencia de qué ejemplo eres para las personas importantes de tu vida (tus padres, hermanos, hijos…) ¿Eres un ejemplo de lo que hay que hacer, o una advertencia de lo que no hay que hacer? Vive la relación que te gustaría que tus padres hubiesen tenido. Vive la relación que te gustaría que tus hijos tuvieran. Vive la relación para que otras personas puedan aprender de ti.

Valga como colofón, una máxima que, según explica Lidia Alvarado, funciona: «La forma más inteligente de sentir amor es dar amor, porque eso siempre está bajo tu control».

Fuente

[*Drog}— Los secretos de la química del (drog)amor

13-02-2018

Carlos M. Padrón

Después de los muchos que acerca del drogamor he publicado en la sección del mismo nombre, no creo que haya más que añadir al artículo que copio abajo y que explica cómo el enamoramiento —o sea, el drogamor— y el desamor —o sea, lo que ocurre cuando después de 12 a 18 meses (hay quien alarga el plazo hasta unos 3 años) se esfuma el drogamor y su víctima recobra la normalidad— están muy relacionados con la acción de neurotransmisores y cambios en la actividad del cerebro.

Los resaltes en amarillo los he puesto yo, pues acerca de los temas así resaltados he publicado ya bastante.

~~~

13/02/2018

Gonzalo López Sánchez

La química del amor: la Ciencia explica por qué nos enamoramos

El amor a veces comienza con un flechazo que nos hace sentir mariposas. Puede hacerse adictivo a partir del primer beso y, si se llega a un feliz encuentro sexual, la suerte está echada: el amor llega como una ola. Nos cambia por completo y nubla nuestro entendimiento. Nos hace volar desde sentimientos de cariño, euforia y obsesión, al estrés y al desamparo más absoluto cuando falta la persona amada.

El amor puede ser beneficioso a largo plazo, pero cuando rompemos, la sola visión de la expareja en una fotografía puede activar las mismas regiones cerebrales que se estimulan cuando una tira caliente nos hace daño en el brazo. El amor es una fuente de felicidad. Y de dolor.

Esa tormenta de sentimientos tiene una base biológica: un cóctel de hormonas, y el baile de varias regiones cerebrales generan respuestas similares a las activadas por la cocaína, los opiáceos o los comportamientos obsesivos. Por si todo esto no fuera suficientemente confuso, resulta que hombres y mujeres tienen, al menos en sus sistemas endocrino y nervioso, distintos conceptos de lo que es el amor, y responden de forma diferente al apego y al sexo.

De la euforia a la calma
 
Además, el enamoramiento evoluciona a lo largo del tiempo. Suele comenzar con una etapa de excitación, euforia e inseguridad, y le sigue una fase de seguridad, calma y equilibrio. Por último, y varios años después de que comience el idilio (si es que éste dura) se piensa que el enamoramiento adquiere unas características muy similares a las de la amistad.
 
Todo esto ha intrigado tanto a los científicos que se han decidido a estudiar el funcionamiento de las hormonas y la actividad de algunas regiones cerebrales en ese proceso que llamamos amor (del romántico, del que se ve en las películas, o sea, el drogamor). Así que, cuando no ha sido posible analizar a los humanos, han estudiado el comportamiento de algunos mamíferos y sus conceptos del amor para intentar aprender más acerca de las personas. Como resultado, y siempre teniendo en cuenta que la psicología, la cultura y la vida social tienen un enorme peso en el comportamiento del ser humano, se han sacado algunas conclusiones que pueden proporcionar algunas pistas acerca del misterio del amor.
 
Una pareja, ¿para siempre?
 
En primer lugar, las estadísticas dicen que el ser humano se suele comportar como un monógamo seriado que cambia cada cuatro años de pareja. Pero también es verdad que hay parejas que dicen sentir pasión aún después de 20 años de relación, y que la monogamia tiene un importante componente social.
 
¿Por qué nos enamoramos?
 
Hay quienes consideran que el enamoramiento es el equivalente al cortejo de los animales, y que su función es establecer lazos con la pareja mientras dura el cuidado de la descendencia durante los años en que ésta es más vulnerable.
 
Una de las claves de este comportamiento es la fidelidad. Uno de los animales que más puede decir sobre este asunto es el ratón de la pradera, un roedor parecido a un hámster con sobrepeso que vive en América del Norte. Éste tiene la costumbre ser fiel a su pareja incluso hasta después de la muerte. También se caracteriza por esforzarse mucho en proteger a sus crías. Sin embargo, un «pariente» próximo a estos animales y llamado ratón de montaña, hace más bien todo lo contrario. El roedor de la montaña va de flor en flor y no le hace demasiado caso a las crías.
 
Los mensajeros de la fidelidad
 
Los científicos han descubierto que estos comportamientos tan diferentes tienen su origen en el cerebro. Más concretamente, resulta que algunas regiones cerebrales de los ratones fieles y monógamos son más sensibles a dos sustancias que funcionan como mensajeros químicos y que se llaman oxitocina y vasopresina.
 
Se ha visto que cuando estos animales «ligan», la oxitocina y la vasopresina se liberan en sus cerebros y les llevan a estrechar lazos con su pareja, pero que cuando se impide que estos mensajeros funcionen, se comportan de forma promiscua.
 
Para asegurarse de la importancia de estas sustancias, los investigadores observaron que los ratones de montaña en los que se había aumentado la sensibilidad a estos compuestos dejaban de ser promiscuos y se volvían monógamos.
 
Ahora bien, como los cerebros humanos son mucho más complejos que los cerebros de los ratoncillos, nunca se podrá culpar a la oxitocina por una infidelidad. Pero los investigadores sí han concluido que estas dos sustancias son importantes para establecer lazos de fidelidad y cariño en las parejas humanas. En parte esto ocurre a través de un circuito de recompensa que está detrás de la satisfacción que produce hacer el amor.
 
La oxitocina, la hormona del amor
 
Además de lo dicho, la oxitocina y la vasopreina tienen otras muchas funciones. Por ejemplo, la estimulación sexual de las mujeres durante el coito aumenta la secreción de oxitocina y ésta interviene en las contracciones uterinas que ocurren durante el orgasmo. Pero no sólo eso, pues esta sustancia también tiene su papel en las contracciones que se producen durante el parto y además es la hormona de la lactancia: en respuesta a la succión de los pezones, esta hormona produce la expulsión de leche al provocar la contracción de unos «músculos» que rodean a las glándulas mamarias.
 
La oxitocina está implicada en el proceso de selección de pareja, en la lactancia o en las contracciones del útero, y además se guarda otro as bajo la manga. Algunas investigaciones han analizado el papel de esta hormona en ciertas interacciones sociales, y han concluido que tiene cierto papel en la inducción se sentimientos de confianza.
 
Así, parece que esta molécula ayuda a superar el miedo a la novedad durante las primeras etapas del amor romántico y a confiar en nuestra pareja. Además, en trabajos previos se ha sugerido el papel de la oxitocina en la regulación del comportamiento social humano, en el reconocimiento de expresiones faciales, en la confianza en transacciones económicas, etc.
 
Por otro lado, la vasopresina, también conocida como hormona antidiurética, disminuye la producción de orina y aumenta la retención de líquidos, así que es uno de los factores que regula la presión sanguínea.
 
La dopamina y la adicción al amado
 
El enamoramiento puede hacernos adictos a los besos, a las caricias o incluso al olor de nuestra pareja, y quizás no sólo en un sentido metafórico. Se cree que durante el enamoramiento se libera un neurotransmisor, llamado dopamina, que es capaz de activar unos mecanismos cerebrales de recompensa que están implicados en comportamientos adictivos y que influyen en que ciertas acciones nos resulten placenteras y satisfactorias.
 
La dopamina también participa en el proceso de selección de pareja y en el establecimiento de lazos afectivos en algunos animales, pero lo cierto es que aún no se sabe cómo afecta esto al comportamiento sexual del ser humano.
 
Obsesión y confusión mental
 
Cuando las personas se enamoran, descienden drásticamente los niveles de un neurotransmisor llamado serotonina. Esta molécula le permite a las neuronas transmitir información y está detrás de procesos muy variopintos, como la inhibición de la ira o el apetito, y también está muy relacionada con la depresión.
 
Lo cierto es que, a la vez que bajan los niveles de serotonina durante el enamoramiento, suben los niveles de corticoesteroides (unas hormonas relacionadas con el estrés). Ambas cosas tienen como consecuencia la aparición de síntomas como ansiedad, estrés y pensamiento confuso, del mismo modo que ocurre en desórdenes psiquiátricos, como el trastorno obsesivo-compulsivo o la depresión.
 
Y, aunque en ningún caso se ha considerado al enamoramiento como un trastorno psiquiátrico, sí se considera que esta caída en los niveles de serotonina que ocurre durante las primeras etapas del enamoramiento está detrás del componente obsesivo del amor. Pero, por suerte o desgracia, entre 12 y 18 meses después de comenzar la relación, los niveles de serotonina vuelven a la normalidad.
 
Estar en una nube
 
Es frecuente conocer a alguien que está enamorado y que no es capaz de juzgar honestamente la forma de ser de su amado/a, o que puede hacer una lista muy extensa con las virtudes de esa persona, pero una muy corta para sus defectos.
 
Se considera que este efecto se debe en parte al descenso de la actividad del córtex frontal, una región cerebral que participa en la experiencia de emociones negativas y en la formación del juicio. Además, a este efecto hay que sumarle otras alteraciones que se producen en regiones implicadas en la evaluación de los sentimientos y emociones de los demás, con lo que al final el enamoramiento distorsiona con bastante eficacia la visión de la otra persona.
 
También se ha observado que cuando estamos en presencia de la persona a la que amamos nos sentimos más tranquilos y menos propensos a sentir miedo. La explicación parece estar en un descenso de la actividad de la amígdala, una región del sistema límbico que algunos consideran ser clave en los procesos neuronales de las emociones.
 
Cuando el amor duele (a menos que se haya aplicado la debida  decatectización)
 
Junto a la sensación de euforia y bienestar que llega durante las primeras etapas del enamoramiento, también se produce un aumento de los niveles de estrés y de inseguridad acerca del comienzo de la relación. Prueba de ello es que al principio aumenta en la sangre la cantidad de una hormona relacionada con el estrés, el cortisol, pero que en relaciones más duraderas esta situación revierte.
 
Sin embargo, la situación es mucho peor cuando el amor acaba de forma abrupta y contra nuestra voluntad. Según los investigadores, el desamor es una de las experiencias más traumáticas, angustiosas y desconcertantes que una persona puede experimentar, junto a la muerte de un ser querido.
 
Entre otras cosas, el cerebro comienza a liberar cortisol, la hormona del estrés. Disminuyen los niveles de serotonina y, en consecuencia, la capacidad de pensar racionalmente se resiente. Paradójicamente, aumenta la sensación de enamoramiento, porque suben los niveles de dos hormonas clave en el amor: la dopamina y la oxitocina.
 
Después de esta tormenta emocional, llega una segunda fase en el desamor, donde se siente una mezcla de resignación, desesperanza y pesimismo. Pasado un tiempo, comienza una reorganización, y el cerebro va poco a poco recuperando la normalidad, y preparándose quizás para una nueva historia amorosa. 
 
Fuente

[*Opino}– De una entrevista con el cineasta Paul Thomas Anderson: Drogamor, y doblaje en España

30-01-2018
 
Carlos M. Padrón

 

En esa entrevista, que puede leerse AQUÍ, este famoso director de cine da, a dos temas de mi interés, respuestas que considero acertadas.
 
Acerca del drogamor
 
Pregunta (P). ¿El amor es una enfermedad?
 

Respuesta (R). Sin duda. Está asociado a síntomas como la obsesión. No puedes pensar en otra cosa que en la persona amada y, llegado a un extremo, no puedes comer. Vuelve a la gente loca y te obliga a hacer cosas muy extrañas. ¿Quién nos ha vendido que es algo maravilloso? ¿Un psicópata? El amor es una película de terror. Las mejores películas de amor son esencialmente trágicas. Pienso en Breve encuentro, de David Lean. El romance es tan profundo, tan imposible y tan fugaz que sólo conduce al desastre.

Acerca del doblaje en España

P. ¿Ha visto sus películas dobladas?

R. Sí, es muy doloroso. Aunque la verdad es que acaba por resultar cómico, completamente ridículo. No lo entiendo. Imagino que tiene que ver con la cultura de los países. Francia es el país más respetuoso con el trabajo de un cineasta.

Añado que, de tanto ver el tal doblaje, ya no me parece cómico sino ridículo y hasta delictivo porque atenta contra el director de la película y contra quienes la ven, ya que altera el argumento y las voces de los actores (la voz es el 60% de la actuación).

En cuanto a los subtítulos, si bien pueden escucharse las voces originales, las traducciones son de terror. Para colmo, en muchos casos de series que pueden verse en medios como Netflix, uno puede escoger subtítulos en castellano (castizo) o en español (o sea, el español hablado en Hispanoamérica), ¿No esto esto discriminación? Las diferencias son, como ya dije, de terror. Por ejemplo, una actriz dice “I love him so much”, que en la versión para Hispanoamérica lo traducen textualmente “Lo quiero mucho”, que es lo correcto, pero en la versión castiza lo traducen “Lo quiero que te cagas”, algo fuera de contexto e irrespetuoso.

Fuente

[*Drog}­– Amor a primera vista

11-12-2017

Carlos M. Padrón

Según el artículo que copio abajo, el tal “amor a primera vista” es drogamor, y con todos los peligros que éste encierra. Así lo he dicho en otros artículos de esta sección, como también he destacado lo de que los hombres somos más dados —o más víctimas, mejor dicho— al romanticismo que las mujeres y, por tanto, experimentamos más que ellas lo del amor a primera vista.

~~~

11-12-2017

El amor a primera vista es, en realidad, sólo deseo

Los flechazos existen. De lo que ya no estamos tan seguros es de que esa incomparable sensación que se produce al ver a otra persona sea realmente amor. O, al menos así se deduce de los resultados de un experimento realizado por la Universidad de Groninga, en Países Bajos.

Los autores del estudio manejaban estadísticas según las cuales una de cada tres personas había experimentado un enamoramiento a primera vista, y quisieron comprobar si ese dato era cierto. Para ello realizaron un experimento con trescientas personas de ambos sexos.

Y lo que observaron fue que cuanto más atractiva era la persona a la que se veía, más posibilidades había de que los voluntarios experimentasen ese “enamoramiento a primera vista”. Y también comprobaron que esta reacción era más habitual entre los hombres que entre las mujeres.

La conclusión a la que han llegado los autores del experimento es que en realidad no se trata de amor, sino más bien de deseo. Los investigadores creen que cuando las personas cuentan que en su vida se han enamorado alguna vez de una persona a la que acaban de conocer, en realidad lo que estaban experimentando era pura atracción física, pero, al recordar la experiencia, le atribuyen otras características vinculadas con los sentimientos románticos.

Para confirmarlo, escanearon la actividad cerebral de los voluntarios cuando veían a esa persona que les había provocado el flechazo, y comprobaron que se activaban las áreas vinculadas con el deseo sexual, pero no ninguna de las que están relacionadas con el afecto o el cariño. Otra cosa bien diferente es que, con el tiempo, algunos de esos enamoramientos repentinos puedan convertirse en verdadero amor (si es que alguien sabe definir realmente que es eso).

Como decía el título de aquella película española: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Fuente

[*Drog}– La bioquímica del drogamor, y la elección de pareja

29-05-2017

Carlos M. Padrón

Acerca del drogamor y de su origen queda ya poco por descubrir, si es que queda algo.

En el artículo que copio abajo se repite lo que varias veces he señalado en esta sección de mi blog:

  • Es una “enfermedad” pasional y pasajera que en promedio dura entre un año y año y medio.
  • Resulta casi imposible de evitar. Lo que, añado, veo como una ventaja por aquello de que “guerra avisada no mata soldado”, o sea, que si desde temprana edad y en forma constante se impartiera educación al respecto, esa inevitabilidad sería un síntoma que serviría para que la víctima tomara medidas al respecto, aunque notase que le resulta difícil racionalizar lo que le está ocurriendo.

Sin embargo, al leer este artículo se tiene la impresión de que drogamorarse es requisito para llegar a la meta del amor comprometido, ése en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente. Pero no, para llegar a esa meta, el drogamor es un estorbo porque, por ejemplo, uno de los miembros de la pareja, casi siempre el más romántico de los dos, tal vez llegue a echar de menos aquello que sintió cuando estuvo drogamorado, y eso podría abrir en la relación una peligrosa grieta.

Lo mejor del artículo es su párrafo final: «Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa». Lo clave es la falta de control y la necesidad de analizar y reflexionar si habrá o no compatibilidad y complementariedad.

~~~

22/05/2017

Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra

Rubios o morenos, altas o bajas. ¿Por qué nos gustan unas personas, y no otras?

Varios factores influyen a la hora de elegir pareja, explica la psicóloga Ciara Molina, «Lo que hace que nos enamoremos de una persona y no de otra se debe principalmente a dos factores. Por un lado lo que se conoce con el nombre de la bioquímica del amor y, por otro, lo derivado del sistema de creencias (pensamiento), necesidades, gustos y experiencias personales que se complementen o asemejen con los nuestros. Es decir, comporta tanto un componente físico como psicológico».

Pero, ¿qué es exactamente la bioquímica del amor? Se trata de todo un conjunto de reacciones emocionales que circulan por nuestro cerebro a través de toda una serie de descargas neuronales (biología) y de una concatenación hormonal (química). La interrelación entre ambos aspectos produce la sensación placentera que conocemos como el amor.

Pero la bioquímica no es la misma en todo el proceso amoroso, sino que va cambiando a medida que la relación avanza, pudiendo identificar hasta cuatro fases:

1. Enamoramiento

Es la fase más pasional del proceso, de un año o año y medio de duración, donde lo que predomina es el deseo sexual gracias a la producción y liberación constante de hormonas, como la oxitocina o la vasopresina, que contribuyen a la pasión. Dicha pasión inicial se caracteriza también por inhibir la serotonina (estabilizadora del humor y la ira entre otras cosas) y desactivar ciertas regiones de la corteza frontal que se encuentran implicadas en los procesos lógicos o de razonamiento, de ahí que tengamos la sensación de que vivimos el amor de una forma mucho más alocada e instintiva en estos primeros momentos.

Por otro lado existen sustancias químicas que captamos a través del olfato, las llamadas feromonas, que son producidas de manera natural para comunicar entre otras cosas el estado anímico y de salud o la disponibilidad o compatibilidad sexual.

2. Amor romántico

Desde el punto de vista de la bioquímica del amor es una fase donde la mayor concentración de funciones se encuentran en la zona del cerebro conocida con el nombre de área tegmental ventral de Tsai (ATV) que no es más que un grupo de neuronas implicadas en el sistema de recompensa natural del cerebro, el mismo que actúa en numerosas adicciones, por ello que sintamos en esta etapa como cierta obsesión por la persona amada.

Dicha área es importante en la cognición, la motivación, el orgasmo y muchas de las emociones intensas que experimentamos en el amor, entre otras cosas. Esta parte del cerebro se encuentra en el llamado cerebro reptiliano (primitivo), que es el que tiene que ver con la supervivencia: comer, beber, mantener relaciones sexuales y sentir la necesidad de protección. Por lo que convierte al amor romántico como una necesidad casi imposible de evitar.

La principal actividad se encuentra en una serie de células que sintetizan la dopamina, sustancia relacionada con los cambios de humor, la euforia y la motivación por conseguir un objeto concreto, en este caso mantener la relación con la persona amada. ¿Por qué decimos que en cierto modo convertimos a la otra persona en una obsesión? Porque la combinación de norepinefrina y dopamina hacen que enfoquemos la atención sobre esa persona en concreto, y eso ayudado por los bajos niveles de serotonina hace que el pensamiento se vuelva repetitivo, obsesivo en parte.

3. Amor comprometido

En esta etapa del amor, empiezan a destacar aspectos más psicológicos del proceso, como la negociación de roles dentro de la pareja, la solución de los primeros conflictos, el aumento del compromiso de lealtad y la exclusividad como pareja.

¿Quiere decir esto que no existe pasión sexual? Sí existe, pero deja de ser lo primordial, dejando paso a unas emociones mucho más relajadas, de satisfacción y bienestar, gracias a la segregación de endorfinas y encefalinas. Producen una gran sensación de felicidad lo que hace que la adicción al amor se mantenga.

4. Amor compañero

Y por último está el amor compañero, que no se da en todas las parejas, donde la pasión romántica y erótica se ve reducida normalmente por la falta de incentivos y la monotonía dentro de la unión. Al no tener tantas relaciones sexuales, los niveles de oxitocina bajan, dando lugar a un amor más sereno, de asentamiento de la pareja, de compañerismo.

A modo resumen, podemos decir que el enamoramiento implica el deseo que se tiene sobre la imagen de la persona por la que te sientes atraído/a. Es común que en esta fase no racionalicemos lo que hacemos, nos dejamos llevar y queremos agradar por encima de todo. Cuando llega el amor, sin embargo, desaparece la idealización para dejar paso a descubrir lo que nos gusta y nos llena de la persona con la que compartimos la vida. Podríamos decir que entramos en una etapa de amor profundo y comprometido, en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente».

Sistema de creencias

Pero el amor no es sólo bioquímica, ya que aunque nuestros sentimientos dependen, como acabamos de ver, de la actividad cerebral y la acción química de neurotransmisores y hormonas, existen otros condicionantes que favorecen el enamoramiento de una u otra persona. Somos seres sociales y, como tales, nos relacionamos a todos los niveles, también cuando nos enamoramos.

El amor es una emoción que se expresa a través de un sentimiento y se canaliza a través de una acción que guarda coherencia con nuestro pensamiento (sistema de creencias). Por lo que tendemos a fijarnos en personas que guarden relación con nuestra manera de ver la vida o nuestros gustos, aquello que nos haga sentir plenos.

Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa».

Fuente

[*Drog}– Una muy buena explicación científica sobre drogamor y rupturas

20-02-2017

Carlos M. Padrón

Si con todo lo que al respecto del drogamor he publicado aquí, todavía hay alguien que duda que sea una droga, creo que el artículo que copio abajo disipará esas dudas.

En él echo en falta el procedimiento que considero básico y efectivo para zafarse del drogamor: la decactetización.

Y al respecto, y complaciendo peticiones que me han llegado como comentarios al post Cómo zafarse del drogamor, prometo publicar, pronto y en detalle, mi propia experiencia al respecto.

~~~

20/02/2017

Gonzalo López Sánchez

La explicación científica de por qué el amor roto duele tanto

Probablemente una de las baladas más lacrimógenas y de más éxito del grupo Scorpions sea «Still loving you». La canción habla de un amor desesperado y ya acabado, y de un protagonista que sufre, pero que se resiste a acabar una relación: «Lucharé, cariño, lucharé, para ganarme tu amor de nuevo».

Probablemente a mucha gente le sonaba aquella historia, porque la canción fue un éxito de ventas y supuestamente estuvo detrás de un (romántico) «baby-boom» en Francia. El propio Rudolf Schenker, guitarrista del grupo, reconoció que la letra no era muy original: «Es la vieja historia, siempre la misma historia. Pero, ¿qué podemos hacer? No podemos reinventar la rueda».

Según Manuel de Juan Espinosa, catedrático de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, los efectos del desamor son «tremendamente parecidos al síndrome de abstinencia causado por una droga».

Muchos psicólogos, como Griffin-Sheley, Halpern, Peele y Brodsky, Shaef, etc., suelen relacionar la drogadicción con el enamoramiento porque ambos comparten una serie de comportamientos, como una atención intensamente centrada sobre una cosa (o persona) o los cambios de humor. Además, y según estos investigadores, enamoramiento y adicciones generan ansiedad, comportamientos compulsivos y obsesivos, distorsión de la realidad, dependencia emocional, cambios en la personalidad, pérdida de autocontrol y hasta cambios en la cantidad de riesgos que se cometen.

Esto puede ser realmente intenso. El desamor es considerado como un evento vital signiticativo. Tal como escriben los investigadores Boelen, Reijntjes y Fisher, «representa quizás una de las experiencias más traumáticas, angustiosas y desconcertantes (dejando al margen la muerte de un ser querido) que una persona puede experimentar».

¿Hasta qué punto ocurre esto?

Se puede decir que el amor romántico es casi universal. Por ejemplo, el investigadora Helen E. Fisher lo detectó en 147 de las 166 sociedades que estudió. Por eso, no sorprende que el desamor también sea un fenómeno muy extendido. Otra prueba de esto es que, en un estudio hecho entre universitarios estadounidenses, el 93% de los encuestados dijeron haber sido rechazados por alguien a quien amaban apasionadamente.

Por otro lado, el 95% de ellos dijeron haber rechazado o dejado a alguien que estaba profundamente enamorado de ellos. En ocasiones esto puede llegar a romper familias: se considera que casi la mitad de los matrimonios en el mundo occidental acabará en un divorcio.

La primera etapa del desamor: la protesta

El desamor comienza con una primera etapa de incredulidad, protesta y refuerzo del apego: «El cerebro se aterroriza, y reacciona como si estuviera ante una amenaza. Comienzas a sentirte fatal, tu sistema inmune se debilita y suben los niveles de estrés», explica Espinosa. Investigadores como Ethan Kross han sugerido incluso que en el cerebro se activan algunas de las zonas que intervienen en la generación del dolor físico.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Por qué nos parece que no podemos vivir sin otra persona, aunque no sea verdad? Algunas de las causas están en el cerebro y en las hormonas que influyen en las emociones. Por motivos aún no del todo claros, en el cerebro se activa una auténtica tormenta química.

En primer lugar, comienza a liberar cortisol, la hormona del estrés. También disminuyen los niveles de serotonina, y en consecuencia la capacidad de pensar racionalmente se resiente. Por otra parte, aumenta la sensación de enamoramiento, porque suben los niveles de dos hormonas clave en el amor: la dopamina y la oxitocina.

En palabras del psicólogo Manuel de Juan Espinosa, en ese momento lo que ocurre es que «sientes que el amor se escapa, así que luchas por él tremendamente. Al mismo tiempo, se intensifica el deseo y la necesidad de unirte a la otra persona». Y todo aunque ya sea demasiado tarde.

Últimas etapas: melancolía y reorganización

Por suerte, después de toda tormenta, llega la calma, ya en la segunda fase del desamor. Esta calma es al principio una mezcla de resignación, desesperanza y pesimismo, cuya superación es fundamentalmente «cuestión de tiempo», según Espinosa. En los casos más graves, algunas personas reciben ayuda a través de antidepresivos. Sin embargo, estos tienen un efecto secundario extra: dificultan poder enamorarse de nuevo porque inhiben algunas de las hormonas que disparan el «flechazo».

Pasado un tiempo más o menos largo, llega la última etapa, la de reorganización. «Poco a poco el cerebro vuelve a recuperar la normalidad. Es verdad que el dolor puede darte un mordisco en el estómago de vez en cuando, pero las oleadas se van haciendo más lentas», relata el psicólogo.

En ese momento, es frecuente que el panorama de amigos haya cambiado o que se hayan visitado nuevos lugares. Para llegar a esta fase, es especialmente importante haber cambiado las rutinas, porque «no sólo echamos de menos a la persona, sino también las rutinas que teníamos con ella». Con suerte, y si todo va bien, «poco a poco vuelves a sonreír, y ya no sientes ese profundo cansancio de conocer gente nueva y salir».

La recuperación que siempre llega

El proceso de recuperación puede llevar meses o incluso años, dependiendo de la persona, pero algunos científicos consideran que siempre llega, y por una razón muy sencilla: si el enamoramiento tiene una función biológica clara, la reproducción, es probable que el cerebro humano cuente también con mecanismos para cortar el vínculo y en el futuro establecer uno nuevo, tal como discuten Beaver, Boutwell y Barnes.

A nivel cerebral, requiere que las partes del cerebro que están activadas con el enamoramiento, como algunos circuitos de recompensa (área ventral tegmental derecha o el cuerpo estriado) vuelvan a la normalidad. Y, sobre todo, es necesario que ocurra un proceso de aprendizaje en córtex prefrontal que le permita al individuo recuperar su interés amoroso por nuevas personas.

El aprendizaje requiere bastante tiempo, pero hay formas de acelerarlo. En palabras de Jacqueline Olds, profesora en la Escuela de Medicina de Harvard, «la conexión social entre la persona rechazada y sus amigos ayuda mucho. Además, darse cuenta de que uno aún es atractivo para los demás (incluso las citas frívolas cuentan), pueden ayudar a que uno no se deje caer en la depresión». Junto a la compañía de los seres queridos y el flirteo, las actividades placenteras pueden ayudar, según Olds, a corto plazo. Bailar, escuchar música, comer o hacer ejercicio tienen un efecto positivo.

Esta vieja historia del desamor es casi universal y forma parte de la cultura humana. Está presente en poesías, canciones, historias, mitos y leyendas. Este dolor se encuentra en la cultura de Sumeria, Grecia, Roma, Arabia, Japón, China, India, Polinesia o incluso en la tribu Kung de Naimibia y Botwsana.

Es evidente que ha enriquecido también el patrimonio cultural de las sociedades históricas y contemporáneas. Tal como ha opinado Manuel de Juan Espinosa, una de las cosas positivas de ese dolor es que en ese momento «es cuando se escriben las mejores poesías y las mejores canciones». En la mayoría de los casos, la historia de desamor acaba con un punto y final. Y con el tiempo comienza un capítulo nuevo.

Fuente