[*Drog}– La bioquímica del drogamor, y la elección de pareja

29-05-2017

Carlos M. Padrón

Acerca del drogamor y de su origen queda ya poco por descubrir, si es que queda algo.

En el artículo que copio abajo se repite lo que varias veces he señalado en esta sección de mi blog:

  • Es una “enfermedad” pasional y pasajera que en promedio dura entre un año y año y medio.
  • Resulta casi imposible de evitar. Lo que, añado, veo como una ventaja por aquello de que “guerra avisada no mata soldado”, o sea, que si desde temprana edad y en forma constante se impartiera educación al respecto, esa inevitabilidad sería un síntoma que serviría para que la víctima tomara medidas al respecto, aunque notase que le resulta difícil racionalizar lo que le está ocurriendo.

Sin embargo, al leer este artículo se tiene la impresión de que drogamorarse es requisito para llegar a la meta del amor comprometido, ése en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente. Pero no, para llegar a esa meta, el drogamor es un estorbo porque, por ejemplo, uno de los miembros de la pareja, casi siempre el más romántico de los dos, tal vez llegue a echar de menos aquello que sintió cuando estuvo drogamorado, y eso podría abrir en la relación una peligrosa grieta.

Lo mejor del artículo es su párrafo final: «Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa». Lo clave es la falta de control y la necesidad de analizar y reflexionar si habrá o no compatibilidad y complementariedad.

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22/05/2017

Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra

Rubios o morenos, altas o bajas. ¿Por qué nos gustan unas personas, y no otras?

Varios factores influyen a la hora de elegir pareja, explica la psicóloga Ciara Molina, «Lo que hace que nos enamoremos de una persona y no de otra se debe principalmente a dos factores. Por un lado lo que se conoce con el nombre de la bioquímica del amor y, por otro, lo derivado del sistema de creencias (pensamiento), necesidades, gustos y experiencias personales que se complementen o asemejen con los nuestros. Es decir, comporta tanto un componente físico como psicológico».

Pero, ¿qué es exactamente la bioquímica del amor? Se trata de todo un conjunto de reacciones emocionales que circulan por nuestro cerebro a través de toda una serie de descargas neuronales (biología) y de una concatenación hormonal (química). La interrelación entre ambos aspectos produce la sensación placentera que conocemos como el amor.

Pero la bioquímica no es la misma en todo el proceso amoroso, sino que va cambiando a medida que la relación avanza, pudiendo identificar hasta cuatro fases:

1. Enamoramiento

Es la fase más pasional del proceso, de un año o año y medio de duración, donde lo que predomina es el deseo sexual gracias a la producción y liberación constante de hormonas, como la oxitocina o la vasopresina, que contribuyen a la pasión. Dicha pasión inicial se caracteriza también por inhibir la serotonina (estabilizadora del humor y la ira entre otras cosas) y desactivar ciertas regiones de la corteza frontal que se encuentran implicadas en los procesos lógicos o de razonamiento, de ahí que tengamos la sensación de que vivimos el amor de una forma mucho más alocada e instintiva en estos primeros momentos.

Por otro lado existen sustancias químicas que captamos a través del olfato, las llamadas feromonas, que son producidas de manera natural para comunicar entre otras cosas el estado anímico y de salud o la disponibilidad o compatibilidad sexual.

2. Amor romántico

Desde el punto de vista de la bioquímica del amor es una fase donde la mayor concentración de funciones se encuentran en la zona del cerebro conocida con el nombre de área tegmental ventral de Tsai (ATV) que no es más que un grupo de neuronas implicadas en el sistema de recompensa natural del cerebro, el mismo que actúa en numerosas adicciones, por ello que sintamos en esta etapa como cierta obsesión por la persona amada.

Dicha área es importante en la cognición, la motivación, el orgasmo y muchas de las emociones intensas que experimentamos en el amor, entre otras cosas. Esta parte del cerebro se encuentra en el llamado cerebro reptiliano (primitivo), que es el que tiene que ver con la supervivencia: comer, beber, mantener relaciones sexuales y sentir la necesidad de protección. Por lo que convierte al amor romántico como una necesidad casi imposible de evitar.

La principal actividad se encuentra en una serie de células que sintetizan la dopamina, sustancia relacionada con los cambios de humor, la euforia y la motivación por conseguir un objeto concreto, en este caso mantener la relación con la persona amada. ¿Por qué decimos que en cierto modo convertimos a la otra persona en una obsesión? Porque la combinación de norepinefrina y dopamina hacen que enfoquemos la atención sobre esa persona en concreto, y eso ayudado por los bajos niveles de serotonina hace que el pensamiento se vuelva repetitivo, obsesivo en parte.

3. Amor comprometido

En esta etapa del amor, empiezan a destacar aspectos más psicológicos del proceso, como la negociación de roles dentro de la pareja, la solución de los primeros conflictos, el aumento del compromiso de lealtad y la exclusividad como pareja.

¿Quiere decir esto que no existe pasión sexual? Sí existe, pero deja de ser lo primordial, dejando paso a unas emociones mucho más relajadas, de satisfacción y bienestar, gracias a la segregación de endorfinas y encefalinas. Producen una gran sensación de felicidad lo que hace que la adicción al amor se mantenga.

4. Amor compañero

Y por último está el amor compañero, que no se da en todas las parejas, donde la pasión romántica y erótica se ve reducida normalmente por la falta de incentivos y la monotonía dentro de la unión. Al no tener tantas relaciones sexuales, los niveles de oxitocina bajan, dando lugar a un amor más sereno, de asentamiento de la pareja, de compañerismo.

A modo resumen, podemos decir que el enamoramiento implica el deseo que se tiene sobre la imagen de la persona por la que te sientes atraído/a. Es común que en esta fase no racionalicemos lo que hacemos, nos dejamos llevar y queremos agradar por encima de todo. Cuando llega el amor, sin embargo, desaparece la idealización para dejar paso a descubrir lo que nos gusta y nos llena de la persona con la que compartimos la vida. Podríamos decir que entramos en una etapa de amor profundo y comprometido, en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente».

Sistema de creencias

Pero el amor no es sólo bioquímica, ya que aunque nuestros sentimientos dependen, como acabamos de ver, de la actividad cerebral y la acción química de neurotransmisores y hormonas, existen otros condicionantes que favorecen el enamoramiento de una u otra persona. Somos seres sociales y, como tales, nos relacionamos a todos los niveles, también cuando nos enamoramos.

El amor es una emoción que se expresa a través de un sentimiento y se canaliza a través de una acción que guarda coherencia con nuestro pensamiento (sistema de creencias). Por lo que tendemos a fijarnos en personas que guarden relación con nuestra manera de ver la vida o nuestros gustos, aquello que nos haga sentir plenos.

Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa».

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