[*Drog}– La Ciencia ya sabe qué mecanismos cerebrales actúan cuando estamos enamorados

Lo que sigue explica muy someramente las consecuencias de lo que llamo drogamor. Sólo faltó que mencionaran abiertamente la palabra ‘droga’, aunque sí mencionan efectos que sólo la droga produce.

Le pregunta que cabe formularse ante “descubrimientos” como éste es por qué la sociedad como tal, basándose un tanto en la máxima de que “guerra avisada no mata soldado”, no hace nada para al menos anticiparse a lo que el drogamor puede causar. ¿Por qué en los ahora tan de moda cursos de educación sexual no se explica, desde a niños y hasta a adolescentes, los perniciosos efectos del drogamor y lo que para contrarrestarlos podría hacerse?.

Recuerdo que a los jóvenes de mi tiempo nos casi obligaban a observar el comportamiento de fulanito o menganito cuando estaban borrachos, y luego nos hacían ver que nadie en su decente y sano juicio querría comportarse así, haciendo el ridículo en público, destruyendo su salud física y hasta financiera, avergonzando a su familia, etc. No habría que esforzarse mucho para filmar horas y horas de escenas y situaciones que dejen bien a las claras lo que en el programa “House M.D.” de esta semana dijo el protagonista: «Todo enamorado es imbécil». ¿Y a quién le gusta serlo?.

Así como se le hace saber al público en general qué efectos nocivos trae el consumo de cocaína, heroína, etc., habría que hacerle saber también a todos, jóvenes y no tanto, qué efectos nocivos trae el dejarse llevar sin más por el drogamor. Al menos eso sembraría en algunos la semilla del alerta, del beneficio de la duda, y cuando se sorprendieran creyendo que la persona con la que tienen, o buscan tener una relación, es perfecta, podrían recordar que se les dijo y demostró que eso es anormal y síntoma de posibles males mayores, y en ese momento podrían poner en práctica un plan de decactetización que, doy fe de ello, funciona. El tal curso tendría necesarimanete que enseñar qué es y cómo funciona el catectizar y el decatectizar.

Estoy convencido de que algún día se pondrán en práctica programas sociales de este corte.

Carlos M. Padrón

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11.02.07

En una semana en que San Valentín será el protagonista, la pasión se viste de largo para festejar ese sentimiento tan humano como amar a otro. Días de bombones, rosas, poemas y cama. ¿Y la ciencia? La ciencia también se enamora. Lo hace a través de lo que llaman neurobiología del amor.

El poema científico lo han redactado un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio (EEUU) que se han dedicado a estudiar “el amor sin límites”. Ya lo dijo el maestro Neruda “te amo sin saber dónde, ni cómo, ni por qué”.

Pero ese sentimiento, del que han dicho que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”; ahora parece que sí lo entiende la razón. Y es que, según los expertos, se ha determinado qué mecanismos están conectados en el cerebro para que se produzca.

El trabajo de investigación consistió en detectar qué regiones del cerebro se “iluminan”, y cuáles no, cuando a una persona se le muestra la fotografía del ser amado.

Se observó que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban áreas que pertenecían al sistema de recompensa cerebral, que contiene una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina.

El amor es ciego

Con estudios como el realizado en la Universidad de Ohio se ha podido comprobar que el amor es ciego. Al menos, cuando estamos frente a la imagen de la persona amada se desactivan los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas y de la evaluación socia, y el fuerte lazo emocional de una persona hacia la que aquélla a quien ama inhibe las emociones negativas y afecta el circuito neural involucrado en realizar un juicio social, objetivo y racional, sobre la persona amada.

Esto se traduce sencillamente en que cuando alguien nos gusta (mucho, pero mucho) sólo lo juzgamos por sus aspectos positivos; ¡los negativos ¡se esfuman!

Por ello, enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir, la pareja.

PD

[*Opino}– «El Principio 90/10»

Carlos M. Padrón

Esto de «El Principio 90/10» tiene algo de lo que llamo “Filosofía de Selecciones [del Reader’s Digest]”, y la versión que varias veces me llegó presentaba abundante y clara evidencia de haber sido traducida del inglés por alguien que entre lo poco que sabe de español no está el que las más de las veces el verbo lleva implícito el pronombre, por lo cual el escrito original estaba lleno de pronombres innecesarios por redundantes. Por todo esto, y aunque me fue enviado unas cuatro veces, lo descarté hasta que hoy decidí hacer algo al respecto.

La pasé por los filtros COGER (Cursilería, Ortografía, Gramática, Estilo, y Redacción), pero no pude extirparle lo de la tal filosofía porque es la esencia misma del mensaje contenido en el escrito, ése que, para incorporarlo permanentemente a nuestra conducta, habría que tener sangre de horchata, condición ésta que nunca ha sido considerada una virtud.

Hay situaciones en que se impone reaccionar en la forma que Mr Covey dice que NO debemos hacerlo, pues, si no, sí que nos meteríamos en serios problemas: nos atropellarían y nos pasarían por encima sin consideración alguna, o sentaríamos un precedente por el cual deberíamos pagar el resto de nuestras vidas. Por no mencionar el hecho de que si uno se traga constantemente esa oleada de enojo que hizo explotar al padre del ejemplo del escrito que sigue, es candidato seguro a, por lo menos, un infarto. He conocido personas así, que jamás explotaron ni desahogaron nada que estuviera entre el enojo y la ira, y terminaron en operación de corazón abierto.

Durante los 30 años que estuve en IBM asistí en USA a decenas de cursos, seminarios, charlas, presentaciones, etc. en los que, muchas veces, se presentaba algún “mesías” que le decía a la audiencia cómo hacer para alcanzar la felicidad, dejar de fumar, reencaminar a un hijo descarriado, llegar a ser un vendedor estrella, convertirse en un exitoso gerente, etc. El plazo usualmente fijado para lograr lo que en estas presentaciones se prometía era de 10 días o de 10 sesiones, pues el número 10 parece ejercer una especie de fascinación en estos alquimistas de la conducta humana, autoproclamados portadores de una suerte de panacea, que trataban a su audiencia como si fuéramos todos párvulos y que, al menos a mí, me hacían sentir vergüenza de estar allí, oyéndolos.

Más de una vez me levanté y abandoné el local donde alguno de estos gurúes explicaba sus pócimas mágicas, y más de una vez me gané conatos de reprimendas por eso, que disfruté mucho porque me dieron la oportunidad de explicar a quien pretendía reprenderme cuáles eran los motivos por los que yo había abandonado el local. Las más de las veces no los entendieron porque la fama del expositor o gurú los cegaba, y ni siquiera pasaba por sus mentes la idea de cuestionar o poner en tela de juicio lo que éste dijera. Las pocas veces que logré hacerme entender fue cuando hube de dilucidar el asunto con un latinoamericano, un canadiense o un europeo.

Aunque no digo que Mr Covey sea uno de esos gurúes mesiánicos, pues de su cosecha sólo he leído lo que sigue, me pregunto qué reacción aconsejaría él en el caso de que la niñita del ejemplo derramara el café tres veces durante una misma semana. Y, no sé por qué, cuando pienso en esa posibilidad no puedo dejar de acordarme del artículo “Un llamado de alerta a los padres” que publiqué en este blog el pasado 24/12/2006.

Estoy de acuerdo con Mr Covey en que muchas veces —y hasta tal vez las más— lo mejor es reaccionar como él aconseja, pero creo que debió decir que hay otras veces en que hay que explotar, enarbolar el látigo y, a latigazos —perdón por el exabrupto— sacar del templo a los mercaderes. Y de éstas nada dice Mr Covey.

***

Stephen Covey

¿Cuál es este principio? Que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa; el 90% restante está relacionado con la forma cómo reaccionas a lo que te pasa.

¿Qué quiere decir esto? Que realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede. No podemos evitar que el carro se descomponga, que el avión llegue tarde, etc., lo cual echará a perder todo nuestro plan.

Un automovilista puede obstaculizarnos en el tráfico, pero no tenemos control sobre eso, que sería parte del 10%. El otro 90% es diferente, pues tú lo determinas. ¿Cómo? Con tu reacción.

No puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti; tú puedes controlar cómo reaccionas.

Veamos un ejemplo.

Estás desayunando con tu familia, tu hija derrama una taza de café y mancha tu camisa cuando ya estabas listo para ir al trabajo. No tienes control sobre lo que acaba de pasar, pero lo que suceda a continuación será determinado por tu reacción.

Maldices. Regañas severamente a tu hija porque derramó el café, y ella rompe a llorar. Después de regañarla, te vuelves hacia tu esposa y la criticas por haber colocado la taza de café demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Vociferando, subes a cambiarte la camisa. Cuando bajas de regreso, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando, terminando el desayuno y alistándose para la escuela. Pero pierde el autobús.

Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo, así que metes a tu hija en tu carro y llevas a la escuela. Como ya estás atrasado, manejas a 40 millas por hora en una zona en que la velocidad máxima permitida es de 30 millas por hora.

Después de 15 minutos de retraso y de ganarte una multa de tráfico de $60.00, llegas a la escuela. Tu hija sale corriendo del carro sin decirte adiós. Al llegar a tu oficina, 20 minutos tarde, te das cuenta de que se te olvidó el maletín. Tu día empezó muy mal, y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa.

Y cuando por fin llegas encuentras un pequeño distanciamiento en la relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a cómo reaccionaste en la mañana. ¿Qué causó que tuvieras un mal día?.

a) El café

b) Tu hija
c) El policía que te puso la multa
d) Tú

La respuesta es la ‘d’, pues tú no tenias control sobre lo que pasó con el café, pero la forma cómo reaccionaste durante los 5 segundos que siguieron al derrame del café fue lo que causó tu mal día.

Esto es lo que debió haber sucedido.

El café mancha tu camisa, y tu hija está a punto de romper a llorar. Tú, gentilmente, le dices, “Está bien, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”. Y después de ponerte una camisa limpia y coger tu maletín, regresas abajo, miras a través de la ventana y vez a tu hija tomando el autobús. Ella se vuelve y te dice adiós con la mano.

¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual pero ambos terminaron diferente. ¿Por qué? Porque realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede; el otro 90% lo determinó tu reacción.

He aquí algunas formas de aplicar «El Principio 90/10».

Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no lo tomes muy a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, en ser despedido, en que te estreses, etc.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes la calma? ¿Golpeas sobre el volante? ¿Maldices? ¿Te sube la presión? ¿A quién le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo? ¿Por qué dejar que los carros te arruinen tu viaje?.

Recuerda “El principio 90/10” y no te preocupes por eso.

Perdiste el empleo. ¿Por qué perder también el sueño y enojarte? No funcionara. La energía y el tiempo que podrías usar en preocuparte por eso, úsalos para encontrar otro trabajo.

El avión se atrasó y eso va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué descargar tu malhumor con el encargado de la aerolínea? Él no tiene control de lo que está pasando. El tiempo que deberás esperar, úsalo para estudiar, para conocer a otros pasajeros, etc. ¿Por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor.

Éste es “El Principio 90/10”. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. “El Principio 90/10” es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican.

[*ElPaso}- Valores humanos de mi pueblo: Don Pedro Martín Hernández y Castillo / Ismael González G.

Don Pedro Martín Hernández y Castillo —más conocido como don Pedro Castillo, o como “tío Pedro” en el seno de mi familia—, era hermano de mi abuela materna, tío de mi madre, Víctoria Pérez Martín —más conocida como Victoria Castillo— y, por tanto, tío-abuelo mío.

Como bien dice el autor del artículo que sigue, tío Pedro nació y se crió en El Paso, y pasó también en El Paso la mayor parte de su vida, concretamente hasta, si recuerdo bien, abril de 1949, cuando con su esposa —tía Nila— e hijas se fue a vivir a Santa Cruz de Tenerife (yo viajé con ellos en la que fuera mi primera salida de La Palma) y no regresó más a El Paso. Murió en Santa Cruz de Tenerife el 11/06/1963.

Las fotos aquí incluidas son de mi colección personal. Una, del libro que tío Pedro me regaló, dedicado por él, el 19/07/1961, exactamente el día en que salí de Tenerife rumbo a Venezuela. La otra, tomada con mi cámara un domingo de abril de 1958.

Carlos M. Padrón

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Ismael González G.
(Artículo publicado en el Diario de Las Palmas, Canarias, el 24/03/1972)..

En la isla de San Miguel de La Palma, entre el jugueteo de la brisa lánguida que se despeña desde las cumbres pasenses para lamer la policroma flor del almendro exuberante, nació don Pedro Martín Hernández y Castillo. Apenas si traspuso los umbrales del perímetro insular; creo que no. Nació, creció y vivió en su pueblo de El Paso, hasta avanzada edad. Murió fuera de los límites geográficos donde discurrió su vida en una perseverante actividad ilustrativa a la que se entregó avaramente.

En su persona coexistía una concreción de elementos para, por su medio, impartir y difundir cultura, hasta lo inconcebible, en el campo de las Ciencias y las Artes, a pesar del reducido espacio y medio disponible al quehacer de su autodidacta instrucción.

Con un despliegue ancho, encaminado a la docencia, con vocación de pedagogo monacal, estudioso y sapiente, y con una voluntad sin límite puesta al servicio de sus discípulos, operaba en el campo abierto de su magisterio, e iba inculcando el máximo de rendimiento de las enseñanzas que prodigaba.

Aunque se haga condensada y someramente, es imposible circunscribir al reducido espacio de una croniquilla de ochocientas o mil palabras la magnitud de la obra de don Pedro Martín Hernández y Castillo —conocido como don Pedro Castillo— como hombre múltiple, inmerso totalmente en la trayectoria de su vida, en ese oleaje de mar agitado por las distintas facetas que presentaba y producía su magisterio.

La cabeza leonesa, de pelo revuelto y abundante, sobre una frente ancha, despejada y despierta, y una mirada aguda que profundizaba en el examen de su curiosidad intuitiva, escudriñando más allá de nuestros deseos cuando sosteníamos con él un cambio de palabras o conversación encaminada siempre al buen provecho de sus enseñanzas. Fue maestro, en el amplio concepto de la palabra; pedagogo nato, literato, compositor y músico.


Foto que aparece en el libro “Notas Canarias o Espejo de la Vida”.

Era de una percepción diáfana cuando la necesidad o el caso lo empujaban a imbuirse en ello. Poseía una extraordinaria memoria, y en su inmenso archivo computaba y seleccionaba la correlación de sucintos hechos de su vida que, a veces, aireaba adobados con la fértil y viril verborrea de que era poseedor.

No sabemos —o, por tal, no sé yo— que, con la seriedad y la serenidad que el asunto amerita, se haya tomado en cuenta el sacar del anonimato la personalidad innegable de don Pedro Castillo, para elevar su obra al nivel de paralelismo en que merece estar.

No es aventurado pensar y decir que, en todo el lapso del vocacional magisterio de don Pedro, un elevado número de jóvenes pasenses le deben en parte su acceso a la cultura universitaria, mientras que otros, los más, le deben el haber sido rescatados del analfabetismo en que estaban inmersos.

Y se da la particularísima circunstancia de que, intrínseca e íntimamente unidos, don Pedro Castillo y su esposa, doña Petronila González Guélmez —conocida como doña Nila—, compartían el magisterio, por lo que, a más de los varones, también las hembras pasenses desde hace setenta y hasta treinta años, más o menos, fueron en gran parte ilustradas en las exquisitas enseñanzas de pintura y labores decorativas del hogar bajo la tutela de doña Nila, de quien se hace necesario un cometario aparte por ser también esta abnegada maestra otro más de los valores humanos de mi pueblo.


Tía Nila, tío Pedro y Carlos Padrón. Foto tomada frente a la iglesia de San Agustín, en La Laguna (Tenerife).

Ha dicho Pedro Hernández, el sensitivo poeta y escritor llanense, que el día que se piense en serio hacer una antología de poetas palmeros habrá que tener en cuenta a don Antonio Pino Pérez. Muy bien, pero, ¿y no sería asimismo loable tener en cuenta también a don Pedro Castillo?.

Creemos —creo yo, digo— que don Pedro, este otro genial pasense, tiene producida suficiente obra para que se le tome en cuenta, en consideración a las diversas facetas de su personalidad artística como músico, y hasta musicólogo, orador, escritor y poeta, y por su vasta actuación en el peregrinaje de su magisterio, que abarca desde sus años mozos hasta casi los últimos días de su vida. Por todo, bien merece don Pedro Castillo una página señalativa, con algunos de sus conceptuales y sonoros poemas, en la inminente composición de esa antología de poetas palmeros que, a no dudar, alguien idóneo ha de abocarse al trabajo de darle luz.

Su libro “Notas canarias o Espejo de la Vida” nos da una idea somera de la sensibilidad que poseía don Pedro, aunque luego, en la madurez de sus años, se robustecen su actitud y sus facultades poéticas y literarias. Del mencionado libro extraemos algunos fragmentos que señalan indefectiblemente la sutil exquisitez del vate. Dice:

Por el amor que siento a la Belleza,
a las Artes y Ciencias, lo sublime,
y a todo lo que al hombre lo redime

y le lleva a un estado de grandeza.

Y, más adelante, prosigue:

Cuando el alba en sus célicos fulgores
del Sol anuncia su primer destello,
extático te admiro entre lo bello,
henchido de alegría en tus amores.

Por lo limitado del espacio periodístico no puedo extenderme en la reproducción de fragmentos emotivos captados en su libro, pero, en verdad, existe material abundante para el comentario halagador hacia este poeta palmero, don Pedro Martín Hernández y Castillo. Sea, pues, este escrito un humilde homenaje a aquel perseverante inculcador de cultura, y uno más de los valores de mi pueblo.

[*Opino}– Las estadounidenses (useñas) prefieren la ropa al sexo

08.02.07

Carlos M. Padrón

Sostengo que la mujer se arregla —se viste, maquilla, perfuma y, en general, usa el gancho del RPM (Ropa, Peluquería y Maquillaje)— para impresionar a otras mujeres, no a los hombres,… a menos que esté en «temporada de caza».

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La mayoría de las mujeres de Estados Unidos prefieren disponer de un armario atestado de ropa antes que mantener relaciones sexuales, según una encuesta realizada a mujeres de diez de las mayores ciudades del país.

De acuerdo con el estudio, realizado por la empresa Unilever, un 61% de las estadounidenses considera que le resultaría más traumático perder su prenda de ropa favorita que quedarse sin practicar sexo durante un mes.

El grado de abstinencia, además, va en aumento en relación con el objetivo del ropero, según el informe, pues la mayoría de las mujeres dejarían de mantener relaciones sexuales durante quince meses, si al finalizar ese periodo se encontraran con un armario repleto de ropa nueva. Incluso un 2% de las encuestadas asumiría sin problemas tres años de abstinencia si se encontraran con la misma recompensa.

Pero el sexo no es el único objetivo a desechar en esta batalla: en la lista de preferencias femeninas, las relaciones sentimentales, el amor y los hombres también aparecen por debajo de la ropa.

La media de encuestadas de entre 18 y 54 años han mantenido en el armario su prenda de ropa favorita durante doce años y medio, un año más de lo que ha durado su relación sentimental más larga. Y una amplia mayoría de las mujeres se muestran convencidas de que existe el amor a primera vista,… pero sólo en lo que a la ropa se refiere.

El ‘flechazo’ es auténtico para el 70% de las encuestadas cuando se enamoran de alguna falda, blusa o zapatos, mientras que esa cifra se rebaja al 54% en lo que se refiere a la detección a primera vista del hombre adecuado.

Entre el poder que para hacer sentir bien a las mujeres tienen el sexo opuesto y la ropa, tampoco hay lugar a dudas. Para un 48% del millar de encuestadas, un hombre no les puede transmitir tanta seguridad ni hacerles sentir tan ‘sexy’ como sus prendas de ropa favorita.

Fuente

[*FP}– Neblina (1/7): Introducción y dos víctimas

Carlos M. Padrón

Conocí a Neblina cuando en 1974 IBM de Venezuela, en una operación de centralización de oficinas, mudó a su sede principal —el llamado Edificio IBM, ubicado en Chuao, Caracas— las que operaban en el Centro Capriles, ubicado en Plaza Venezuela, también en Caracas.

En el sótano 1 de ese Edf. IBM, sótano dedicado en su mayor parte a estacionamiento de vehículos, había sin embargo dos pequeñas oficinas, y en una de ellas operaba la filial de una agencia de viajes que se ocupaba de todo lo que en relación a esa actividad necesitáramos los empleados de IBM.

A cargo de tal filial estaba Neblina, a quien llamaré así no tanto por dejar en el anonimato su verdadero nombre o por no hacerle propaganda —pues entiendo que sigue aún en el negocio de los viajes— sino porque la neblina suele ocasionar que los viajeros equivoquen su dirección y no lleguen nunca a su destino. Y hacer que eso ocurriera una y otra vez era, precisamente, la especialidad de Neblina.

La gaveta inferior del ala derecha de su escritorio, una de considerable profundidad porque era la destinada a colocar carpetas colgantes, la tenía Neblina llena de pasaportes. Tal vez reposaban allí porque estaban vencidos y requerían renovación, tal vez porque lo que requerían era renovación de alguna visa, o tal vez porque su dueño había olvidado dónde lo había dejado —que seguramente había sido en manos de Neblina— y lo daba por perdido (Neblina, por supuesto, decía no saber de él), pero es el caso que allí estaban por docenas, amontonados sin orden ni concierto.

Un día salió a la luz que, muchas veces, ante el airado reclamo de alguna de sus víctimas que había descubierto, a veces demasiado tarde, que no tenía reservas de vuelo o de hotel, Neblina juraba y perjuraba que él había hecho todo muy bien, y cuando para querer demostrarlo tomaba el teléfono y formulaba a su vez un aún más airado reclamo a una línea aérea o gerencia de algún hotel,… le hablaba en realidad al vacío porque el teléfono ¡estaba desconectado!.

El por qué —a pesar de lo dicho, y más— mantenían a Neblina en IBM, una empresa que exigía la excelencia en el trabajo, es algo a lo que nunca encontré explicación, a menos que fuera porque Neblina llegaba a niveles de servilismo en todo lo relativo a la alta gerencia, y tal vez ésta gustaba de que le rindieran “culto a la personalidad” y se hacía de la vista gorda ante las barbaridades que Neblina cometía con el resto del personal, barbaridades con cuyo relato podría hacerse un libro de los voluminosos, pues, como escribió mi amigo Leonardo, “Quien habiendo trabajado en la IBM de aquellos tiempos no tenga comentarios sobre las hazañas de Neblina, es porque nunca tuvo que viajar”.

Como ejemplo, siguen cuatro historias “neblinescas”, contadas por sus víctimas. Era típico que, a título de justificación, cuando éstas le formularan los consiguientes reclamos, siempre remataba Neblina con respuestas como las descritas en cada historia, respuestas que acompañaba con su característico tic nervioso consistente en un ligero movimiento lateral y ascendente de su cabeza, como queriendo subirla estirando hacia arriba el cuello, acompañado del recurrir a las mangas de su camisa para, en forma alternativa, pellizcar una a la vez a la altura del codo y tirar de ella hacia arriba como si la manga fuera muy larga. Cabeza, manga izquierda, manga derecha; cabeza, manga izquierda, manga derecha,….

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Un hotel fantasma
Víctima: Alberto L.

Con motivo de una reunión que teníamos en New York inmediatamente después de Semana Santa, programé con Neblina aprovechar de irme antes a Las Vegas. Según él, todo lo mío lo tenía ya confirmado: boletos aéreos, conexiones de vuelos, hoteles y carro de alquiler.

Todo empezó bien en Maiquetía, y siguió bien en Dallas donde hice la conexión a Las Vegas. Al llegar al aeropuerto de Las Vegas recogí las maletas y pregunté dónde quedaba el counter de atención del Hotel MGM donde, supuestamente y según Neblina, tenia mi habitación reservada con carro incluido. Cuál no fue mi sorpresa cuando me informaron de que ese hotel se había quemado hacía aproximadamente unos dos años. Y ahí empezó mi calvario ya que no tenía hotel y, para empeorar las cosas, como era temporada alta se haría muy difícil conseguirlo.

Después de estar como unas tres horas varado en el aeropuerto me consiguieron por fin cupo en un hotel.

Por supuesto, cuando le comenté a Neblina lo que me había pasado contestó, como siempre contestaba, con una respuesta muy propia de él: «Pero bueno, ¡llegaste y disfrutaste, ¿no?!».

***

AM vs PM
Víctima: Francisco L.

Yo tenía que ir a Italia a tomar un curso, y Neblina, como siempre, me preparó todo lo relacionado a pasajes, alojamiento, etc.

Cuando me entregó el billete del pasaje aéreo me leyó en voz alta el itinerario y luego me dijo:

—Como ves, llegarás a Madrid a las 8:55am y saldrás a las 10:55am, sólo dos horas, etc.

Y luego me preguntó:

—¿Todo bien?

—Perfecto—, le respondí,… sin haber leído antes el billete.

Llegué a Madrid justo como Neblina me había indicado y enseguida me fui a averiguar dónde estaba la puerta de abordaje del próximo vuelo, a fin de llegar a ella antes de las 10:55am. Pero cuando pregunté en información me dijeron que mi próximo vuelo saldría a las 10:55, tal y como me dijo Neblina, pero de la noche, o sea, a las 10:55pm (22:55).

Por mala suerte, yo no tenía visa para España, y el único restaurante que entonces había en el aeropuerto de Barajas estaba en remodelación, por tanto estuve sin comer hasta las 8:30pm, hora en que apareció una señora vendiendo bocadillos, de ésos que hacen con el pan durísimo y una laminita transparente de jamón.

De más está decir que me comí dos, uno tras otro, y sin ninguna bebida que me ayudara a tragarlos.

[*FP}– Por qué vine a Venezuela – 45 años de un «turn-around point» en mi vida

Carlos M. Padrón

En julio del pasado año 2006 publiqué el artículo titulado «Por qué vine a Venezuela – 45 años de un turn-around point» en mi vida.

Lo reedito ahora, corregido, porque entre los papeles encontrados en las gavetas del escritorio de mi hermano Raúl, fallecido el pasado diciembre, apareció un original de la foto-postal a la que en ese artículo me referí, y creo que tal hallazgo bien vale una reedición, que aquí va.

***

POR QUÉ VINE A VENEZUELA – 45 AÑOS DE UN TURN-AROUND-POINT EN MI VIDA

En el artículo «Una experiencia ESP personal,… hace 37 años», publicado el 29/06/2006, conté que

«Cuando desde mis 15 años mi padre me presionaba para que yo viniera a Venezuela —donde ya estaban desde hacía mucho tiempo mis dos hermanos mayores— me negaba una y otra vez argumentando que siendo ya él un hombre de 70 años no quería yo, el único hijo varón que le quedaba en la casa, dejarlo solo en un medio agropecuario, duro por definición. Ante esto, y tal vez emotivamente movidos por algo que yo hice en la Navidad de 1960 (y que tal vez relate más adelante), mis hermanos decidieron traernos a todos —mis padres, mis dos hermanas y yo— a Venezuela, con lo cual mi argumento quedaría sin base. Y así ocurrió; en julio de 1961 llegamos todos a Venezuela».

El “más adelante” oportuno creo que es el día de hoy, 11/07/2006, cuando se cumplen 45 años de que el grupo familiar arriba descrito cerró la casa solariega en que habitábamos en El Paso, la misma donde nací, e inició su viaje a Venezuela, viaje que para mí representó un drástico viraje en mi vida (turn-around point creo que lo define mejor). Una prueba de esto es que aún estoy en Venezuela.

Tal vez, y sin querer, ese turn-around point lo causé yo porque el 01/12/1960 me fui desde Santa Cruz de Tenerife —donde vivía y trabajaba— a El Paso para pasar las Navidades con mis padres y hermanas, y encontré a mi madre consternada porque en el pueblo no hallaba una postal apropiada para mandar a mis hermanos, que estaban en Venezuela, como felicitación de Navidad.

A la venta en el estudio del único fotógrafo del pueblo, Manuel Llamas —a quien por su pequeña estatura llamaban todos Mediometro— encontré unas cartulinas rectangulares y con un doblez al centro diseñadas para servir de tarjetas de Navidad portadoras de una foto de algún rincón de El Paso. Una vez doblada la cartulina, en su cara frontal exterior estaba ya impresa la leyenda “Felices Navidades” y, en letra muy pequeña, el nombre del mencionado fotógrado y la explicación “Vistas de El Paso”; y en su interior venía pegada la foto, tomada por Mediometro, de algún rincón del pueblo.

A la vista de aquellas improvisadas postales se me ocurrió una idea. Compré dos, y echando mano de mi cámara fotográfica (la primera que tuve en mi vida, y que aún existe y funciona), tomé una foto a la casa solariega arriba mencionada, la pegué en la cara interior izquierda de la cartulina —en reemplazo de la del rincón pasense que allí venía—, y a mano escribí algo en la otra cara interna, de forma que al doblar la cartulina, foto y escrito quedaban en el interior, mientras que en la frontal exterior quedaba el mencionado “Felices Navidades” que ya venía impreso, y en la trasera exterior escribió mi madre una dedicatoria en nombre de todos, que firmaron mi padre y ella.

Caras exteriores de la foto-postal:

Enviadas por correo el 15/12/1960, esas foto-postales —pues eran dos iguales— fueron las tarjetas de Navidad que, una cada uno, recibieron mis hermanos en Venezuela para la Navidad de 1960.

El Día de Reyes regresé a mi trabajo en Santa Cruz de Tenerife, y en febrero de 1961 recibí una carta en la que mis padres, en términos que denotaban gran ilusión de su parte, me decían que mis hermanos querían que fuéramos todos a Venezuela, y que todos, los de allá y los de acá, esperaban que yo no me negara.

Pensé que si decía que no tal vez mis padres no querrían ir y abortarían el proyecto, y yo sabía muy bien cuánto deseaba mi padre volver a pisar tierra americana, y cuánto deseaba mi madre volver a estar con sus dos hijos mayores, Raúl y Tomás, y conocer a sus nietos. El argumento de que yo no emigraba porque no quería dejar solo a mi padre ya no tenía vigencia. Además, quería casarme, pero mi situación económica no me permitiría hacerlo sino, con buena suerte, después de muchos años. Y dije que sí.

Con el tiempo vine a saber que esta postal de Navidad que yo había ideado,

Foto de la casa solariega. Cara interior izquierda de la cartulina.

Mi poema navideño, escrito de mi puño y letra. Cara interior derecha de la cartulina.

fue lo que tocó la fibra de nostalgia familiar de mis hermanos, y así nació el plan de que todos viajáramos a reunirnos con ellos. Un efecto bumerang que cambió mi vida.

Dejé mi trabajo a finales de junio y me fui a El Paso a ayudar en los preparativos, y el martes 11 de julio cerramos la casa y dimos inicio a la “aventura” del viaje a Venezuela.

Esta foto, del grupo viajero y la casa solariega al fondo, la tomé, con ayuda de trípode y disparador automático, para perpetuar ese histórico momento del que se cumplen hoy 45 años.

Ese 11 de julio viajamos en avión a Tenerife donde pasamos una semana visitando parientes y amigos que mis padres no habían visto en años, y en una excursión al Teide, lugar que ellos no conocían.

Y el miércoles 19 de julio de 1961, a bordo del ‘Bianca C’ zarpamos desde el muelle sur del puerto de Santa Cruz de Tenerife con rumbo al puerto de La Guaira, al que llegamos en la mañana del miércoles 26 de ese mes.

Esa semana del 19 al 26 es el período más feliz que recuerdo haber visto en mi familia, la conformada por mis padres y hermanas. A pesar de mi tristeza porque había dejado atrás a mi novia, era tal la ilusión, el entusiasmo, la paz, la tranquilidad y la armonía que en todos ellos había, que me contagiaron, me levantaron el ánimo con la promesa de un futuro halagüeño que pronto me permitiría casarme, y así pasamos los mejores días que nunca, ni antes ni después, recuerdo haber vivido con ese mi grupo familiar, pues, hasta esa fecha, la crítica situación económica, el trabajo constante y duro para paliarla, y los contratiempos y problemas cotidianos no habían permitido nunca —no al menos desde que tuve uso de razón— que mis padres disfrutaran de unas vacaciones, y menos de unas cargadas de tanta ilusión.

[*FP}– Abuela Celia

Carlos M. Padrón

Durante los 18 años que viví a diario junto a mi padre, sólo lo vi llorar abiertamente una vez: cuando le anunciaron que Pedro, su hermano menor, había muerto asesinado en México. Pero sus ojos se llenaban de lágrimas y se le quebraba la voz cada vez quec contaba la forma horrible en que había muerto su madre mientras él estaba en Cuba, país al que había emigrado desde El Paso.

Abuela Celia, que así se llamaba mi abuela paterna, nació en Cuba en 1870. Creo que sus padres eran canarios y que, de regreso en El Paso, trajeron a sus hijos que, hasta donde recuerdo, fueron tres: Celia (mi abuela), Luz (la llamábamos tía Luz) y Juan (lo llamábamos tío Juan, el de El silbido). En El Paso (sigo suponiendo), mi abuela Celia se casó con mi abuelo Luis, y se establecieron en la que luego fue mi casa natal, donde nacieron sus tres hijos varones —mi padre era el mayor— y una niña, que vino después de mi padre pero que murió con apenas un año de edad.

Sobre los 44 años de edad, mi abuela Celia fue víctima de lo que hoy sabemos que era cáncer de útero, y cuando los médicos a que hubo entonces acceso no pudieron hacer nada por vía de la administración de medicamentos, y la agonía que mi abuela sufría ya había durado años, decidieron intervenirla quirúrgicamente,… pero de una manera salvaje, y de ahí el dolor de mi padre, pues la ataron a una armazón en forma de ‘Y’, la pusieron cabeza abajo y con las piernas abiertas, y, sin anestesia efectiva, procedieron a abrirla para extirparle el tumor.

Quienes estuvieron cerca en ese momento contaron que los gritos de mi abuela Celia fueron desgarradores,… hasta que perdió el sentido.

No sé cuándo comenzó su enfermedad, cuándo fue la salvaje intervención quirúrgica y cuánto vivió luego mi abuela —si es que sobrevivió a esa cruel operación—, pero sí sé que murió el 02/02/1917, y que todas las personas a las que tuve acceso de entre las que la conocieron en vida me dijeron que era una mujer de carácter extremadamente afable, sufrida, bondadosa, y dada por entero a su familia; “una santa” era la expresión más usada cuando estas personas se referían ella.

Con motivo de su muerte, un poeta más en la familia, y hermano de tío Pedro —Pedro Martín Hernández y Castillo, el poeta mayor, de quien ya he hablado en La Danza “de Manuel González”, y pienso hablar bastante más— le dedicó este soneto, fechado el 03/02/1917, que publico hoy en memoria de mi abuela Celia, a quien nunca conocí, en el 90 aniversario de su muerte, y como tributo a mi padre que tanto sufrió por ella.

ANTE EL CADÁVER DE MI MUY QUERIDA
Y VIRTUOSA PRIMA, CELIA SOSA SÁNCHEZ
.

Si existe purgatorio en esta vida,
por él pasaste, Celia, hasta que airada,
la muerte, tenebrosa y despiadada,
arrancó tu existencia tan querida.

Si eterna en ultratumba es tu partida,
eterno es el dolor que en tu jornada
has dejado en el alma, hoy enlutada,
de aquél que tu recuerdo nunca olvida.

Descansa en paz, y por la gran pureza
con que siempre adornaste tu persona,
quiera el Cielo que en premio a tu grandeza

luzcas entre querubes la corona
que tejerte supiste santamente
aquí donde te lloro eternamente.

Miguel Martín Hernández
Febrero 3 de 1917.

[*ElPaso}– Mística religiosa en su máxima expresión

01-02-2007

Carlos M. Padrón

Doña Josefa, la madre de Angelina (la misma de Miguel el de Angelina, y Sin derecho a pedir más) vivió hasta avanzada edad, y por años mantuvo la costumbre de, en compañía de su hija Angelina, con quien vivía, rezar el Rosario todas las noches.

Por alguna extraña pero sin duda “profunda” vocación religiosa, los rezos de estas dos mujeres eran muy peculiares, y tan alejados de lo mundano que casi rozaban lo místico, pues durante todo el rosario se desarrollaban así:

Doña Josefa: “Dios te salve, María, llena eres de gracia… —Angelina, ¿tú le echaste de comer esta tarde a la cabra?— … el Señor es contigo….”

Angelina: “…  y bendita tú eres… —Sí. le eché unos tagasastes— …. entre todas las mujeres…”:

Doña Josefa: “Padre nuestro que estás en los Cielos… —¿Es verdad que ya parió la yegua de El Arrugado?—…., santificado sea…”

Angelina: “… tu nombre… —Eso dicen—… Venga a nosotros tu reino…”

Y así, salpicado con frecuentes inserciones “teológicas” de este calibre, terminaba por fin el diario rosario.

Con tal nivel de religiosa concentración, no hay duda alguna de que doña Josefa, quien murió hace muchos años, se ha ganado el Cielo sin necesidad de requisitos adicionales.

[*Opino}– El chantaje de los verdugos y la debilidad de los justos

Carlos M. Padrón

Éste de ceder a las huelgas de hambre es otro de los puntos débiles de la democracia, tal y como ahora se ejerce.

¿No quedamos en que hay que respetar la libertad individual? Pues bien, en nombre de ese respeto, si alguien decide morir de hambre, que se muera; es su problema y su decisión. ¿Por qué el Estado ha de gastar recursos en evitar que esa persona ejerza su derecho?

La respuesta que cabe en el caso abajo descrito es chantaje y miedo, el mismo miedo que llevó a una mayoría de españoles a votar al muñeco leporino en las últimas elecciones presidenciales. Y el miedo es tanto que, como muy bien dice el artículo, hace olvidar las consecuencias de sentar tan peligroso y repugnante precedente.

Tal parece que el afán que actualmente muestran algunas democracias por crear cada vez más chusma las lleva no sólo a rechazar la pena de muerte sino a recurrir a las más repugnantes maniobras “legales” con tal de conseguir que asesinos y violadores convictos y confesos puedan seguir viviendo y salir pronto a la calle para volver a sus andadas.

***

24.01.07

(PD).- Es la victoria de los verdugos sobre las víctimas. Un triunfo sonrojante, fruto del empecinamiento de los malvados y de la debilidad de los justos.

Todo indica que el etarra De Juana Chaos conseguirá este jueves una inaudita medida de gracia en respuesta a la huelga de hambre con que chantajea a Zapatero desde hace tres meses.

La Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, motu propio, pidió el pasado viernes un informe al Hospital Doce de Octubre de Madrid, donde se encuentra ingresado el terrorista que brindaba con champán tras cada atentado mortal de ETA, el que dijo que las lágrimas de los hijos del matrimonio Jiménez-Becerril eran su alegría y cuyas manos están teñidas con la sangre de 25 inocentes.

Querían conocer los piadosos jueces el estado de salud del asesino, que lleva una temporadita en huelga de hambre y a pesar de las lonchas de jamón de York y de los yogures, parece bastante debilitado.

Resulta evidente que, con su solicitud, estos jueces buscaban una coartada para excarcelar al monstruo. ¿Por qué motivo?

Sólo caben tres respuestas:

1) Por una razón humanitaria como dice El País olvidando que el criminal De Juana está a dieta voluntariamente y no come porque sabe que cada gramo que pierde asusta hasta la médula al presidente Zapatero.

2) Por seguir la norma no escrita del fiscal general de adecuar la interpretación de las leyes a «la nueva situación» que deriva del proceso de paz.

3) Por el temor de los magistrados a ser señalados como responsables de la muerte del etarra, lo que no es baladí ahora que está claro que los facinerosos siguen dispuestos a poner bombas, tienen cientos de pistolas y han conseguido reorganizarse gracias a la molicie gubernativa durante el «proceso».

Ninguna de esas razones es admisible, y sólo enumerarlas, como posibilidades, tendría que hacer correr un escalofrío de indignación por la columna vertebral de los demócratas. El Estado de Derecho no puede ponerse de rodillas ante los asesinos, por mucho que maten o amenacen con hacerlo.

El deterioro de la salud de De Juana Chaos ha sido buscado a propósito para poner de rodillas a los poderes públicos. No estamos ante un enfermo, ni ante un simple delincuente aquejado de SIDA terminal o al final de sus días, sino ante un asqueroso terrorista que echa un pulso y trata de coaccionar al Estado de Derecho, para no cumplir una sentencia mucho más corta de lo que la decencia hubiera recomendado. ¿Han olvidado los jueces que, si sale a la calle, cada asesinato le costará apenas ocho meses de calabozo?.

La sospecha, lo indignante, es que parecemos estar ante un caso de trato de favor por razones de coyuntura política. Será una concesión inicua que, lejos de solucionar el problema, generará uno mayor, al crear un precedente insostenible.

«¿Qué ocurriría si todos los etarras hicieran lo que está haciendo el De Juana Chaos? ¿Tendrían que salir todos de la cárcel?», se preguntaba ayer Mariano Rajoy, aplicando el mismo sentido común que deben aplicar hoy todos los españoles.

Respecto a la posibilidad de que el tribunal claudique porque el miedo es libre, deberían esos solemnes magistrados tratar de explicárselo a las víctimas de De Juana —autor de 25 crímenes—, pero muy especialmente a los familiares de Miguel Ángel Blanco, que fue asesinado porque el Estado no cedió a un chantaje planteado en términos similares al que ahora hay que afrontar.

Rajoy no respondió directamente a la pregunta que, durante el Foro de ABC le planteamos por escrito desde Periodista Digital; quizá no llegó a sus manos y no ha podido decirnos que haría él con De Juana Chaos si fuera el presidente de Gobierno. En cualquier caso, nosotros tenemos nuestra respuesta: dejarle morir de hambre. Se lo merece.

Periodista Digital.