[*Opino}– Origen de las palabras: Madrid y madrileño

Carlos M. Padrón

Y dale con la dificultad de pronunciar palabras que nada tienen de enrevesadas!

¿Por qué ‘madrideño’ es de pronunciación imposible? ¿Qué tiene de arduo pronunciar ‘cafecito’?.

¿Por qué es difícil de pronunciar la terminación ‘id’ y no lo es la ‘ed’ (usted, merced, etc.), o la ‘ad’ (verdad, gustad, etc.)? ¿Por qué, entonces, no suprimen la desinencia de la terminación verbal asociada a la forma imperativa plural de segunda persona de TODOS los verbos (comed, partid, cantad, etc.)? ¿De dónde sale entonces que es atípica la terminación en ‘d’?

Como resultado del tiempo que viví en Madrid llegué a creer que los peninsulares españoles en general padecen de pereza fonética, y detalles como los de este artículo y otros del mismo corte me ratifican en esa creencia. O tal vez la explicación sea que en pronunciar esas ásperas ‘z’ (p.ej., corazón) y ‘c’ suave (p.ej., asociación) gastan tanta energía que no les queda para más.

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Amando de Miguel

Elena Alises me transmite su preocupación: «Llevo unos días dando vueltas al origen del nombre de ‘Madrid’, con la ‘d’ terminal atípica en español, y el adjetivo madrileño en vez de ‘madrideño’. ¡Si encontrara algún hueco para contárnoslo!».

¿Cómo no? Son muchos los que se han sentido intrigados con ese raro nombre de Madrid. Verdaderamente, hay pocas voces españolas terminadas en ‘id’. Algunas se relacionan con la guerra: adalid, ardid, Cid, lid.

Hay varias versiones sobre el origen de Madrid. Jaime Oliver Asín lo funda en la voz latinizada ‘matrice’ (= matriz, arroyo, fuente). De ahí pasó a ‘Matrit’, ‘Matriy’ o ‘Majerit’, pronunciado al modo arábigo.

Ramón Menéndez Pidal opina que el origen es céltico: ‘Magerito’, de ‘mago’ (= grande) y ‘ritu’ (= vado, puente).

Manuel Gómez Moreno sostiene que el nombre proviene de una mezcla de una voz púnica ‘magalia’ y del latino ‘maxeria’ (= choza). En casi todos los casos los nombres originales aluden a corrientes de agua, algo que se reproduce en otros muchos topónimos de ciudades. Sólo que las corrientes de agua que están en la base del nombre de Madrid no se refieren tanto a las del Manzanares como a las subálveas. En efecto, la ciudad de Madrid siempre tuvo muchos pozos y fuentes, circunstancia que, paradójicamente, retrasó mucho la traída de aguas desde la Sierra por medio de un canal. Es el famoso Canal de Isabel II, todavía en uso, sólo que muy ampliado. La abundancia de aguas subterráneas se explica por las abundantes lluvias de la zona serrana y el carácter poroso del terreno. Por eso el Manzanares es tan poco caudaloso. Respecto al gentilicio ‘madrileño’, es claro que se trata de facilitar la pronunciación del imposible ‘madrideño’. La derivación de madrileño’ me recuerda el diminutivo castizo de ‘cafelito’. Sería muy arduo decir ‘cafeíto’, ‘cafito’ o ‘cafecito’.

Si se me permite echar mi cuarto a espadas sobre el origen del nombre de ‘Madrid’, sospecho que proviene de la raíz ‘magh’, que en sánscrito y algunos idiomas europeos da poder. De ahí, por ejemplo, ‘madre’, ‘mago’ y ‘magia’, comunes a varias lenguas europeas. Es fácil ver en los símbolos madrileños elementos mágicos. «La villa de las siete estrellas» fue llamada Madrid, por las siete estrellas de la Osa Menor. La Osa y no el oso del madroño.

El madroño es un árbol mágico, puesto que sus extrañas bayas son alucinógenas. Podríamos imaginar que en la Silla de Felipe II, en la Almudena y en el Cerro de Los Ángeles se situaron sendos lugares de culto precristiano. Es fácil suponer que los druidas de esos primitivos templos utilizaban las bayas del madroño como estupefaciente ritual. Lo de la Osa Menor pudo venir de que en el Madrid musulmán funcionó una escuela de Astronomía. Con el tiempo, la metáfora de las «siete estrellas» adquirió otra significación: una estrella con siete puntas sobre el plano de las carreteras que confluyen en la puerta del Sol: las seis carreteras nacionales más la de Toledo.

También se pensó que las siete estrellas son las siete colinas sobre las que se asienta el plano del Madrid medieval. Se ha dicho lo mismo de Roma o de Lisboa. Lo más asombroso de Madrid es que no sea ciudad sino villa, y que hasta hace poco no haya tenido catedral. Es más, la mezquita se inauguró antes que la catedral. En fin, «Madrid, castillo famoso»; eso es lo que es.

LD.

[*Opino}– ¿Obra de arte? Según visitantes de ARCO, sí

Carlos M. Padrón

En un programa de la radio española titulado algo así como “Cincuenta ideas para un nuevo milenio” alguien dijo algo lapidario, o sea que debería esculpirse en una lápida a ser obligatoriamente instalada a la entrada de todos los museos: “El arte que necesite explicación no es arte”.

Pero claro, ¿dónde quedarían entonces Picasso y muchos otros que hicieron o hacen cuadros que uno no pondría en su casa aunque le pagaran por ello?

Y de las artes, es tal vez la pintura la que mejor encaja esa sabia sentencia, pues hay unos cuadros que simplemente o dan ganas de reír o ganas de romperlos para que no afeen el lugar donde están u ofendan el buen gusto de cualquier observador sensato. Pero claro, si algunos críticos dicen que son obras maestras, no faltarán quienes, con mentalidad de rebaño, digan ‘amén’ y formen legión de apoyo al autor del cuadro.

El vídeo que encontrarán en este link es una verdadera joya.

http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc

Tal vez no sea cierto que una persona pudo entrar en ARCO (feria del ARte COntemporáneo, la principal exposición artística que se celebra en España), montar un cuadro una vez adentro, y colgarlo en el área de exposición, y tal vez quienes expresan luego opinión acerca de él no sean reputados críticos, pero sí creo que es cierto que forman parte del público que compra pinturas porque creen que éstas valen el dinero que pagan por ellas.

¿Idiotas? ¿vanidosos? ¿jactanciosos? ¿engreídos? Ustedes opinen. Yo sigo creyendo que el arte que necesita explicación no es arte, y el cuadro protagonista de este vídeo —y muchos miles más de otros cuadros, esculturas, composiciones “musicales”, etc.— no valen, por más que lo expliquen, ni el soporte material usado para realizarlos.

[*ElPaso}– Gallito

01-03-2007

Carlos M. Padrón

Emigró a Cuba, como hicieron casi todos los muchachos del pueblo, a la edad de 18 años, regresó a El Paso a los 23, y vivió por más de 100 años.

Era un campesino al 100% que se dedicó siempre a las labores del campo (labranza, siembra, siega, trilla, cosecha, tala y acarreo de troncos, etc.) y a sus cabras, vacas, caballos, mulas, cochinos, yuntas de bueyes y perros de caza, pues era un gran aficionado a la caza de conejos usando perros y hurones.

En las tardes se reunía con sus amigos, muchos de ellos también cazadores, en uno de los bares del pueblo, y entre vaso y vaso de vino se echaban cuentos que, al igual que se dice que hacen los pescadores, estaban plagados de exageraciones.

Por ejemplo, uno contaba que había ido a cazar con su perro, a un área distante varios kilómetros de su casa, y para que el perro no se enredara en algún arbusto cuando fuera corriendo tras un conejo, le sacó el collar que, por descuido, dejó olvidado en el lugar. Al llegar de vuelta en la noche a la casa cayó en cuenta del olvido, le ordenó al perro que fuera a buscar el collar, y el perro, sin más, entendió la orden, fue y regresó con el collar en su hocico.

A una exageración como ésta contestaba otro contertulio con una igual o mayor, hasta que uno de ellos concluyó diciendo:

—Es que hay perros que soy más inteligentes que sus amos.

Y, de inmediato, Gallito respondió:

—¡El mío es uno de ésos!.

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Allá por los años 50 se inició el juego de la quiniela, que consistía en tratar de acertar el resultado de unos 14 partidos de fútbol. Frente al nombre de los equipos que disputarían cada uno de ellos había que marcar un ‘1’ si el apostador creía que ese partido lo ganaría el equipo anfitrión; un ‘2’ si creía que lo ganaría el visitante; y una ‘X’ si creía que terminaría en empate. Y Gallito se aficionó al juego de las quinielas.

Una de sus vacas lecheras tenía malas pulgas, y un día, mientras Gallito la ordeñaba, la vaca le soltó una patada. Gallito se alzó del pequeño banco que usaba para sentarse a ordeñar, y soltándole a la vaca una patada en la parte baja de la barriga exclamó:

—¡Equis!

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Los cochinos, que entonces se criaban y engordaban con las sobras de la comida de sus dueños, a la que se añadía gofio de chochos, eran usualmente sacrificados sobre el mes de noviembre en una especie de ceremonia llamada “la matazón del cochino” de fulanito.

A ella asistían familiares y vecinos, pues la tarea era larga y había que realizarla en un solo día. Se iniciaba antes de despuntar el alba, cuando las mujeres ponían agua a hervir para con ella lavar y cepillar la piel del cochino, una vez muerto éste, hasta despojarla de toda la porquería acumulada en ella durante un año. Luego se le daba muerte al cochino, para lo cual se usaba generalmente o bien un fuerte golpe en la cabeza dado con la parte gruesa de la hoja de un hacha, o bien una certera puñalada directamente al corazón. Mi tío-abuelo Juan Sosa era un experto en esta modalidad de la puñalada, y tenía merecida fama de conseguir que el cochino cayera muerto sin emitir sonido alguno.

Los cochinos que, para mantener lejos los malos olores, usualmente se criaban en un lugar bastante apartado de la casa, se alteraban al ver que de pronto había muchas personas junto a su corral, así que el día de la matazón de un cochino de Gallito, éste entró al corral para matarlo, pero el cochino consiguió llegar a la puerta de salida antes de que Gallito acertara a cerrarla completamente y pretendió escapar por ella. Gallito alcanzó a sujetarlo por los cuartos traseros, y eso dio comienzo a un forcejeo entre Gallito, que quería meter de nuevo al cochino en el corral, y el cochino que quería escapar de él.

Unas veces Gallito conseguía meter hacia el corral parte del cuerpo del cochino, y luego era el cochino el que conseguía sacar del corral parte de su cuerpo. En ese vaivén estaban cuando Gallito exclamó:

—Tú serás más cochino que yo, ¡pero más animal, no!.

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P.D.: Mi madre y Gallito habían sido vecinos durante su infancia y primera juventud, y un verano de mediados de los 90, viudos ya ambos desde muchos años atrás, mi madre, para entonces de unos 85 años, estando de vacaciones a El Paso pasó frente al bar usualmente frecuentado por Gallito, éste la piropeó, en voz alta y ante público, y mi madre, que creía que la viudez es para todo el resto de la vida y que el mundo entero tenía que respetar esta crrencia suya, se sintió tan ofendida que, de vuelta en Caracas, por varios años comentaba a cada rato el incidente y montaba en cólera.

Un día, y ya que el médico decía que su cardiólogo dijo que mantenerla motivada, se me ocurrió decirle que Gallito, en vista de que ella lo había rechazado, estaba de novio con Eva, una prima hermana de mi madre. Esto bastó y sobró para que montara todo un drama exclamando a cada rato cómo era posible que su prima Eva, viuda también desde hacía años, se hubiera enamorado de Gallito, que qué clase de venda le habían puesto en los ojos a su querida prima, que cómo estarían de disgustados los hijos de Eva, etc.

Así que, para poner broche de oro al episodio, un día escribí una carta en la que, supuestamente, el hijo de Eva se desahoga conmigo contándome lo que sufría con la relación amorosa entre su madre y Gallito, las cosas de pichones enamorados que se hacían uno a otro, y los quebraderos de cabeza que daban a todos.

Un sábado le dije a mi madre que había recibido esa carta pero que había olvidado llevarla para leérsela, lo cual la dejó en ascuas y bien alerta durante toda la semana. El próximo sábado llevé la carta, se la leí,… y por poco morimos todos de risa ante los aspavientos y comentarios que mi madre hizo,… y siguió haciendo por meses.

[*FP}– Neblina (4/7): Mi segundo viaje a “Australia”

Carlos M. Padrón

Mi segundo viaje a “Australia”

A comienzos de diciembre de 1991 tenía yo que asistir en Sydney a la segunda edición de la misma reunión habida en esa ciudad en 1990, pero esta vez con la diferencia de que mi presencia era clave porque en esa reunión se trataría sobre el desarrollo de una aplicación bancaria que supuestamente reemplazaría a la aplicación llamada SAFE, instalada ya en 54 países, que en 1973 había sido desarrollada en Venezuela basándose en el Paquete en línea para Bancos hecho en 1963 por el genial Fernando Lacoste.

Pero en diciembre de 1991 ya Cristina no estaba conmigo; su posición la ocupaba ahora la por todos querida y muy recordada MEU (le puse esa especie de nickname formado por las siglas de su verdadero nombre), por lo que fue ella quien se encargó de hacer los trámites con la agencia de viajes de Neblina.

El 06/12 viajé sin problemas a San Francisco llevándome conmigo a Elena, mi hija menor —cuyo pasaje pagué con mis millas—, para que viera a su hermana Alicia, mi hija mayor, que estaba en Palo Alto con su esposo —quien cursaba un postgrado en la Universidad de Stanford— pues Elena no había visto a Alicia desde el pasado agosto, cuando ésta, pocos días después de casarse, se había ido con su esposo a Palo Alto.

Hicimos Caracas-Miami-San Francisco, donde llegamos a las 5:57pm (17:57). Después de reunirnos todos y pasar un buen rato, me despedí de mis dos hijas y mi yerno y me fui a dormir al hotel Marriott del aeropuerto de San Francisco para continuar al día siguiente mi viaje a Australia,

A las 08:00am del 07/12 despegó de San Francisco mi vuelo (business class) hacia Honolulú, a cuyo aeropuerto llegué a las 11:38am, y como en Honololú disponía apenas de un par de horas para abordar el vuelo hacia Sydney, me presenté de inmediato en el counter de AA para hacer el ckeck-in.

El empleado de AA revisó mis documentos y, con cara muy seria, me dijo:

—Sr. Padrón, para ir a Sydney necesita usted una visa que NO tiene.

—¿¡Quéee!?—, le contesté bastante molesto. —¡Fui a Sydney el año pasado y no recuerdo haber tramitado visa alguna!.

Poniendo expresión de impaciencia mal contenida el tipo abrió mi pasaporte y, sin decir palabra, lo volvió hacia mí y posó su dedo acusador sobre la visa que Cristina se había encargado de gestionarme, vía Neblina, para mi anterior viaje a Australia, en 1990.

De golpe se me hizo claro qué había pasado: a diferencia de Cristina, MEU no tenía ni la experiencia en asuntos de viajes ni la de haber visto en vivo y en directo las trácalas de Neblina, y se fió de él. Y Neblina, dejado a su albedrío, había hecho una de las suyas.

Avergonzado y arrecho le pregunté al de AA qué podía yo hacer. Me respondió que sería irme a la playa y esperar hasta el martes ya que la Embajada australiana no abriría el lunes porque era feriado en Australia.

Como si yo esperaba al martes y tenía éxito en la obtención de la visa —cosa poco probable— tendría que volar el miércoles para llegar a Sydney ese mismo día en la tarde, descarté esa opción porque la reunión que yo debería atender terminaba precisamente el miércoles en la tarde.

Al caer en cuenta de esto debo haber puesto una cara muy fea, porque el tipo de AA, aún sin yo haber abierto más mi boca, me sugirió que me tranquilizara. Le respondí que me era difícil porque me molestaba mucho haber viajado hasta allí para descubrir que no podría llegar a mi reunión.

Cuando entendió, aunque tal vez no justificó, mi arrechera, reparó en mi tarjeta Platinum de A&Advantage y, a modo de disculpa por su tono anterior, me dijo:

—Lo siento mucho, Sr. Padrón, ¿qué puedo hacer por usted?.

—¡Mándeme de vuelta a San Francisco ahora mismo!—, fue mi respuesta inmediata.

El tipo llamó a la gerente, le expuso el caso, y ésta me dijo que yo podría volver a San Francisco en el mismo avión en que había venido, pero que tendría que comprar un pasaje de primera clase porque era el único disponible. Le contesté que estaba bien, pero que me consiguiera también vuelo de regreso a Caracas. Le entregué mi tarjeta de crédito, me tramitaron todo, y, en cuanto llamaron para abordar, fui el primero en subir al avión apenas una hora y media después de haberme bajado de él.

Aún recuerdo la expresión en la cara de la aeromoza de business —la misma del vuelo de venida— cuando me vio entrar. La pobre no pudo contenerse y exclamó:

Mr Padrón, what a hell are you doing here!?—, y enseguida enrojeció porque, en cristiano, me había dicho: “Sr. Padrón, ¿¡qué carajo hace usted aquí!?”.

Le dije que no se preocupara porque su reacción estaba más que justificada, y entonces le eché el cuento completo,… que tuve que repetir cuando la asombrada aeromoza llamó a dos compañeras suyas, que atendían primera clase, para que oyeran “tan increíble historia”.

—¡Dios mío! De verdad me imagino lo mal que debe sentirse. Venga conmigo, por favor, que usted necesita hoy un trato especial—, fue el comentario al final de mi narración, de una de las aeromozas de primera.

Me ubicó en mi asiento de primera, me preguntó si quería lo mismo que pedí en el viaje de venida (Campari con jugo de naranja que, sorpresivamente, ellos tenían; obviamente, la aeromoza de business class le había contado sobre mis preferencias), y desde ahí hasta San Francisco se lo pasó ofreciéndome lo mismo, u otro trago que yo quisiera, cada vez que veía que había llegado a su fin el anterior. Así, con los tragos y la esmerada atención de la eromoza que me los servía mitigué mi gran arrechera,y terminé tomando una de las pastillas para dormir que siempre llevaba conmigo cuando iba de viaje. La aeromoza me despertó poco antes de aterrizar en San Francisco.

Lo primero que hice en el aeropuerto de Frisco fue alquilar carro y tratar de conseguir hotel. Conseguí y reservé habitación en el Hyatt Palo Alto, y, con el equipaje en el carro alquilado, me fui a dar con mis hijas.

Cuando me vieron entrar, por poco les da un infarto. Después de las explicaciones del caso, salimos a dar un paseo, y lo pasamos muy bien. Aeso de as 12 de la noche, me fui al Hyatt Palo Alto, que resultó ser un hotel pequeño y bastante viejo. «Con razón —pensé—, es el único de ‘marca’ conocida en el que pude conseguir habitación por esos lados».

A la mañana siguiente salí muy temprano del hotel para hacer con mis hijas un tour a sitios un tanto alejados del centro de Palo Alto.

[*Opino}– Multa de 600 euros por dejar a la vista 42 direcciones de correo electrónico

Alguna medida parecida debería también aplicarse al correo personal, pues, tal vez, haría que antes de actuar se lo pensaran dos veces los “reenviadores compulsivos” que despachan sin más todo cuanto reciben, pero sin tomarse la por lo visto para ellos molestia de revisar, seleccionar, corregir, limpiar, adecentar, “desenvolver”, y, sobre todo, de borrar y ocultar direcciones.

Todas esta malas prácticas son típicas en los que llamo “Internet newcomers” (recién llegados a Internet), que fueron iniciados por alguien que no se molestó mucho en aprender antes, y que creen que todo lo que reciben por su correo es una gran novedad y, sin previa selección, lo reenvían a media humanidad llenando los buzones de otros con material que, aparte de contener lo arriba mencionado, es más viejo que Matusalén.

Por ‘corregir y limpiar’ me refiero a eliminar de los textos los muchos símbolos > que a veces llegan con ellos, al comienzo de cada línea; y por empatar las líneas truncadas.

Por ‘adecentar’, me refiero a usar texto enriquecido (rich text) o HTML en vez del texto plano (plain text) que no permite ni letra negrilla, ni cursiva, ni color, ni subrayado,… nada. Usar hoy día texto plano es como comprarse un televisor a color para ver sólo programas en blanco y negro. Un absurdo, además de un medio de que, por su horrible presentación, los mensajes no inviten a su lectura sino a borrarlos de inmediato.

Por ’desenvolver’ me refiero a la necesidad de que los destinatarios de un correo con adjuntos tengan que abrir uno o más de éstos hasta dar, ¡por fin!, con el objeto, esencia o razón de ser del tal correo. Tengo un contacto, a quien he bautizado Miss Envoltorio, que ostenta conmigo el record en esta por demás desconsiderada costumbre. Todo mensaje suyo que recibo trae un adjunto, que no es un archivo PPS o de otro tipo sino otro mensaje que, con suerte, es el que tiene el archivo por el cual Miss Envoltorio me envió su mensaje. Por tanto, tengo que, por lo menos, efectuar una apertura de más. Pero una vez —y es el record al que me refiero— tuve que hacer diez (10) aperturas hasta dar con la esencia de su mensaje. ¿No es como para borrar sin más todo lo que Miss Envoltorio mande, o poner su dirección en la lista negra de forma que sus envíos vayan a parar el buzón Junk E-mail (correo basura o no deseado)?.

Y lo relativo a borrar y ocultar direcciones  ha sido bien explicado y justificado. Lo del uso de chalecos de fuerza como el desesperante IncrediMail, con sus ridículos emoticones al final, amerita capítulo aparte.

Carlos M. Padrón

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23/02/2007

Da igual que sea un despiste, pero todo aquél que en una actividad que no sea doméstica o personal deje a la vista las direcciones de correo electrónico de sus destinatarios está cometiendo una infracción multada hasta con 601,01 euros por la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD).

Doña A.G. S. sabe bien que no se trata de una amenaza, pues ha tenido que pagar 601,01 euros por haber dejado a la vista 42 direcciones de email al enviar un mensaje promocional de telefonía móvil por encargo de una pequeña empresa conocida como La Cremallera, que estaba llevando a cabo una campaña para Vodafone.

Uno de los destinatarios de este mensaje sintió que se violaba su intimidad al exponer su dirección y no utilizar la opción de copia oculta (CCO, o BCC si en inglés), y presentó una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), quien inició el proceso.

El correo electrónico se considera un dato personal desde 1999, según explica Samuel Parra en su blog dedicado al derecho y las nuevas tecnologías, y sólo se puede utilizar para los fines que su propietario ha autorizado. Este punto echó por tierra la defensa de la denunciada, quien alegaba que la dirección de correo de su denunciante se podía encontrar en Internet en diferentes páginas web.

“Esto (se refiere a LOPD) nos deja cristalino que aunque la dirección aparezca en Internet, si no tenemos consentimiento del interesado no podremos utilizarla para ningún tipo de comunicación”, explica Parra. La sentencia de la AEPD asegura que se ha violado el artículo 10 de la LOPD en el que se refiere al deber de secreto profesional. La agencia ha aplicado la menor multa contemplada para este tipo de infracción considerada leve.

En cualquier caso, la lección que se saca de esta multa es que en ningún momento se debe de copiar en el apartado CC (Copia Carbón) las direcciones de nuestros destinatarios si estamos realizando cualquier tipo de comunicación que se salga del ámbito doméstico o personal.

El País.

[*ElPaso}– Don Salvador Miralles Pérez. In Memoriam – Homenaje póstumo en El Paso / Wifredo Ramos

Wifredo Ramos
Cronista Oficial de El Paso

Está reciente el fallecimiento de D. Salvador Miralles Pérez un hombre que fue párroco en El Paso, pueblo en el que durante 16 años desarrolló una destacada actividad, al igual que en Güímar donde realizó una también extraordinaria labor durante 29 años de constante trabajo. Las personas que le conocimos estimamos justo que en su despedida hacia la eternidad se le dedique algún reconocimiento.

Recordamos la esquela aparecida en el Diario de Avisos, el pasado 2 de enero, en la que el obispo y el clero diocesano comunican la muerte de D. Salvador Miralles y agradecen la participación en la misa exequial, a celebrarse en la parroquia del Sagrado Corazón (Santa Cruz de Tenerife), y a continuación al traslado de sus restos mortales al Cementerio de Güímar.

Foto cortesía de Susana y Fernando Miralles.

En una bella semblanza de D. Salvador Miralles Pérez —“Don Salvador”—, el obispo D. Bernardo Álvarez Afonso comentó una amplia relación de sus actividades, hasta sus aficiones como “radioaficionado” y su buen humor. Fue un acto emotivo, con numeroso acompañamiento de sacerdotes y público, entre el que se encontraban varios pasenses.

En El Paso, la Parroquia le ofreció una misa celebrada por el actual párroco, D. Domingo Guerra.

El día 18 de enero se ofició una misa dedicada por el Ayuntamiento como homenaje póstumo, en reconocimiento a la extraordinaria labor y servicio en bien del pueblo llevada a cabo por Don Salvador.

Salvador Miralles Pérez nació en Valle de Guerra el 11 de noviembre de 1921. Ingresó en el Seminario Diocesano (La Laguna, Tenerife) en 1934. El 2 de junio de 1946 recibió el presbiterado por el obispo Fray Albino González y Menéndez Reigada.

Cantó su Primera Misa en la iglesia parroquial de Valle de Guerra.

Al irse a la diócesis de Córdoba el obispo antes citado, quedó D. Domingo Pérez Cáceres como Vicario Capitular al frente de nuestra diócesis, y el 20 de junio de 1946 nombró a Don Salvador cura ecónomo de San Antonio Abad (Fuencaliente) y cura encargado de San Nicolás de Bari (Las Manchas).

El 19 de diciembre de 1947 recibió el nombramiento de cura ecónomo de Nuestra Señora de Bonanza, en El Paso. “Al hacerme cargo de esta Iglesia noté pobreza ornamental y nos decidimos a construir el Altar Mayor, bendecido el 31 de mayo de 1949, con mi agradecimiento a la feligresía, cuyas aportaciones recibíamos a través de la asociación Obreras del Templo; y a la Junta Parroquial, compuesta por D. Pedro Capote Lorenzo, D. José G. Martín Pérez, D. Tomás Capote Lorenzo, D. Justo Triana Remedios, D. Antonio Pino Pérez y D. Miguel Jurado Serrano”.

Al celebrar la terminación del Altar Mayor el párroco anunció que la obra debía continuar con la construcción de los siguientes altares. El próximo sería el del Corazón de Jesús, y luego el de Mª Auxiliadora (1951), siendo la dirección y talla de estos altares, como la de los siguientes, realizada por D. Francisco Arnau, Maestro de Taller de Carpintería Artística de la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de La Palma, quien dirigió a dos carpinteros y a un joven aprendiz [1]. En 1952 se colocó el púlpito; en el mes de julio se bendijeron la imagen y el altar de la Virgen del Carmen; en septiembre se colocaron las 14 estaciones del Vía Crucis, y posteriormente se fueron recibiendo distintos ornamentos litúrgicos para el culto. En 1953 se bendijeron la imagen y el altar de Cristo Crucificado, y el altar de Jesús Nazareno.

En agosto de 1953 concluyó la restauración de la iglesia de Nuestra Señora de El Pino, en cuya fachada se colocó un balcón de madera de tea.

El año 1954 se sustituyeron las antiguas arañas de cristal, colgantes del techo, por otras de bronce plateado, y se retiraron de la iglesia los reclinatorios y las sillas que fueron sustituidos por bancos recién construidos con madera de ukola.

En los primeros días de mayo de 1954 (Año Santo Mariano), llegó al puerto de Santa Cruz de La Palma la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima, traída de Portugal y acompañada por el Padre Generoso de Barcenilla, que recorrió durante dos meses y medio todos los pueblos de la Isla. El itinerario insular culminó en Santa Cruz de La Palma con un acto de clausura presidido por el obispo D. Domingo Pérez Cáceres, ante un inmenso gentío.

A continuación, la imagen fue trasladada a El Paso donde peregrinó por los barrios con gran asistencia de feligreses y fervor popular. Finalizó con un acto ante la antigua iglesia —conocida como la Iglesia Vieja— de Ntra. Sra. de Bonanza, donde el Padre Generoso entregó la imagen a la Parroquia de El Paso, en la que permanece desde entonces.

En septiembre se terminó, con ayuda del Estado, la construcción del nuevo colegio, de dos plantas, para una fundación religiosa que operó en esta Parroquia.

El mes de octubre se enviaron cartas a algunos pasenses residentes en Venezuela para crear una Comisión con la intención de recaudar fondos entre los hijos de El Paso con el fin de levantar la torre de la iglesia parroquial. Tan pronto llegaron las aportaciones económicas, en mayo de 1955 se dio comienzo a la obra de la torre, que llegó a construirse sólo hasta la mitad de su altura. A mediados del año se llevó a cabo la colocación de losetas en las amplias azoteas de las tres naves.

El 6 de agosto de 1956 se adquirió el solar para la futura Casa Parroquial, con una huerta.


Verano de 1956 [2]. De izquierda a derecha.
De pie: Evaristo Pérez, Juan Enrique Brito Pérez, Raúl Zamora, Carlos Padrón, Don Salvador Miralles, Luis Capote Pozuelo, Juan Antonio Jurado Pérez, Mario Rigoberto Rodríguez Cáceres, José Antonio Martín.

En cuclillas: Juan Roberto Cabrera, Cosme Damián Díaz, Juan Antonio Pino Capote, José Manuel Capote, Antonio Capote Pozuelo.

Por julio de 1958 llegó a El Paso D. Gerino Casal, acompañado de unos cursillistas de cristiandad. Se organizaron en esta parroquia unos cursillos, que comenzaron en octubre, con asistencia de hombres y mujeres que vinieron del Valle de Aridane, de Santa Cruz de La Palma y de varios pueblos de la Isla.

A finales de agosto “llegó a El Paso, acompañado de su esposa, el hijo de esta ciudad y rico hacendado en Venezuela, Don Antonio Duque Herrera, quien acogió con agrado la idea de la terminación de la torre parroquial, según el proyecto del arquitecto tinerfeño D. Tomás Machado y Méndez de Lugo. La torre se finalizó en el mes de marzo de 1960. Su altura alcanza 35 metros y tiene un reloj de cuatro esferas”.

Recibió Don Salvador el nombramiento de profesor extraordinario de las Religiosas Dominicas de Los Llanos, que desempeñó desde 1948 hasta 1960, fecha de la marcha de las religiosas.

A lo largo de la década de los 50 se celebraron en el Teatro Monterrey, de El Paso, las Semanas de la Madre. Participaron doctores, profesores y maestros, con un ambiente cívico-cultural muy satisfactorio.

Ganó las oposiciones en el Concurso General de Parroquias y tomó posesión de la Parroquia de El Paso el 6 de julio de 1960.

El día 31 de marzo de 1961 se terminó la construcción del último altar dedicado a la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, cuya imagen fue donada por el cónsul venezolano en Santa Cruz de Tenerife, D. Efraín Paredes Pacheco. La obra fue realizada por el escultor, hijo de El Paso, Wifredo Ramos [1], alumno entonces de la Escuela de Bellas Artes de la capital tinerfeña, y aprendiz de D. Francisco Arnau desde el comienzo de la construcción de los altares. a esta imagen de la Virgen de Coromoto se la considera como un símbolo dado el elevado número de pasenses emigrantes que fueron bien acogidos en la hospitalaria tierra venezolana: un recuerdo para los que retornaron,… de los que “se han quedado allá para siempre.

La erupción del volcán de San Juan, en 1949, dio paso a la adopción por el Jefe del Estado de los cinco pueblos afectados, entre ellos El Paso. Esto significaba que la construcción de edificios de interés público era concedida y financiada.

El proyecto de la Casa Parroquial fue aprobado en Consejo de Ministros del 20 de abril de 1952. La tramitación tuvo dificultades, disgustos y cartas que escribir. Por fin, en diciembre de 1963, recibió Don Salvador una carta de la Compañía Entrecanales y Távora, en la que se indicaba que le había sido adjudicada la obra de la Casa Parroquial.

Por esta época, como el oculista Sr. Vázquez de Parga, de Santa Cruz de La Palma, debía marcharse definitivamente a Madrid, le aconsejó a Don Salvador que hablara con el Sr. Obispo, D. Luis Franco Cascón, para que lo trasladara a Tenerife donde mejor pudiera ser atendida su acentuada falta de visión. Es acogido su ruego, siendo nombrado cura párroco de Santo Domingo de Guzmán, de Güímar (Tenerife), con fecha 23 de diciembre de 1963.

Al encargarse de la Parroquia de El Paso, D. Cristóbal Rafael Pérez Vega habló con el obispo, y éste le envió a hablar con Don Salvador, siendo D. Cristóbal quien realizó las gestiones pertinentes con la citada Compañía, concluyendo las obras de la Casa Parroquial.

Don Salvador es “invitado por D. Cristóbal a bendecir la nueva Casa Parroquial pasense que tanto le había costado; gesto de su compañero que él destaca por su exquisita sensibilidad y caballerosidad”.

Trasladado a Güímar, durante los años 1964-65 Don Salvador emprendió la restauración de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, y continuó una destacada labor de entrega y servicio.

“A mediados de septiembre de 1992, hice entrega de esta parroquia de Santo Domingo de Guzmán al nuevo cura párroco, D. Domingo Guerra Pérez, y me retiro, habiendo entregado a la Diócesis los 46 años de mi ministerio sacerdotal, 3 casas parroquiales, 3 iglesias completamente restauradas y dos iglesias construidas de nueva planta”.

De 1996 se cita el homenaje dedicado por el Ayuntamiento de El Paso con motivo de las bodas de oro sacerdotales de Don Salvador, y en julio de ese año se tituló con su nombre una calle del pueblo.

En su época de retiro en Santa Cruz de Tenerife, varias veces lo encontramos, ya invidente, por la calle de El Pilar, de camino a colaborar con la Iglesia de San Francisco. Le servía de lazarillo su hermana Susana, quién solícita le acompañó muchos años hasta la última etapa, en la Casa de Acogida Madre del Redentor, en El Sauzal.

Así terminó una dilatada vida de entrega y constante trabajo, que culminó con el nombramiento de Párroco Emérito de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán (Güímar).

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NotasCMP.

[1]: Un joven aprendiz llamado Wifredo Ramos,… o sea, el autor de este artículo y hoy Cronista Oficial de El Paso.

[2]: La foto es de mi colección. Fue tomada frente a la puerta trasera de la Iglesia Nueva un domingo del verano de 1956. Todos los que estamos con Don Salvador somos muchachos de El Paso, casi de la misma edad (tal vez 1 ó 2 años de diferencia en algunos casos), menos Raúl Zamora, mayor que cualquiera de los otros, que es de un pueblo de La Gomera, otra isla de Canarias.

[Drog}– Amar no es ‘hacer el amor’ / Carlos Blanco

Lo que sigue expresa mucho de lo que he comentado sobre el amor, en oposición al drogamor, y sobre el comportamiento biológico, versus el racional, que caracteriza en particular a muchas mujeres, sobre todo en su función de madres o en el desaforado deseo, netamente instintual, de querer serlo.

Creo que el autor de este artículo ha expresado muy bien mi sentir al respecto que, con su permiso, hago mío y le extiendo mi felicitación.

Carlos M. Padrón

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03.02.2007

Carlos Blanco

Una de las ideas de Kant —que, sin duda, no es sólo suya— que más me han impactado es la siguiente: “El ser humano, la persona, nunca puede ser tratada como un medio, sino como un fin en sí misma”.

Nuestra dignidad reside, precisamente, en que nosotros mismos podemos darnos la categoría de fin. Ningún proyecto será nunca más ambicioso o más grandioso que el proyecto de ser personas y de poder vivir de acuerdo con nuestro ser personal, intelectual, libre y social. Ninguna idea puede situarse por encima de la singularidad del individuo porque, en el fondo —y en esto no hemos avanzado mucho desde Descartes—, la mayor certeza es la certeza de nuestra propia existencia como seres pensantes que actúan en el mundo y que persiguen fines a través de los oportunos medios. Sin persona no hay ni ética, ni ciencia, ni historia.

La sexualidad es una de las dimensiones más importantes de la persona humana. El sexo es un lenguaje único, que integra belleza, expresividad, emotividad y unión, como manifestación del amor entre dos personas.

Sin amor no existe sexualidad auténtica, porque la sexualidad sin amor sería la sexualidad meramente reproductiva, instintiva, donde la persona no sería fin, sino un simple medio de la dinámica evolutiva para perpetuar la especie. Sin embargo, el progreso —que a mi juicio consiste en la intelectualización de los hombres y de las mujeres, en hacernos cada vez más independientes de la materia y de sus leyes, de las determinaciones físicas y biológicas, para crear nuestro propio mundo, con horizontes más amplios e indeterminados, logrando ser cada vez más libres— se traduce en que seamos capaces de indeterminarnos biológicamente, de tomar las riendas de la Evolución, y no de ser convertidos en medios de la Evolución en su incesante avance hacia no se sabe qué fin.

El fin, somos nosotros, porque es la única certeza plena de que disponemos, y, por tanto, el progreso es permitir que nos convirtamos en auténticos fines, y no en medios, ya sea de la evolución biológica o de las diferentes ideologías o proyectos sociopolíticos.

Somos personas, únicas, fines en sí mismas, y más allá de nuestra singularidad y del respeto a nuestra singularidad no existe otro fin, ni natural ni social. Claro está que no basta sólo con respetar mi singularidad, sino la de los demás, y, por tanto, es necesaria una ética que vaya más allá de la afirmación de lo personal para establecer un discurso social. Pero, en el fondo, ese discurso social se fundamenta en la existencia de personas singulares y concretas, aquí y ahora, que deben ser tratadas como fines, al ser ésta la única certeza plena e innegable que poseemos.

Contemplar lo sexual desde una perspectiva exclusivamente biológica, instintiva o reproductiva, me parece una grave reducción de la persona y de lo que la persona merece. La persona no merece ser vista como un “objeto” sexual, como un objeto de satisfacción de instintos y de placeres, por legítimos que éstos sean o que puedan parecer. La persona merece ser estimada como un fin, como un “sujeto”, y por tanto, la sexualidad humana auténticamente, intelectualizada, que es capaz de trascender los límites ya dados por lo biológico y que es, en consecuencia, más libre y abierta, es la sexualidad entre dos sujetos, y no entre dos objetos: la sexualidad que brota del amor verdadero.

La sexualidad es, en el fondo, una comunicación, un lenguaje, un intercambio. Probablemente no haya nada más humano que la comunicación, el diálogo, el encuentro, el intercambio. La Historia, las culturas, las tradiciones, las ciencias,… no son sino manifestaciones de esa posibilidad casi infinita de comunicación y de trascendencia de nuestra propia singularidad que tenemos los seres humanos. Una sexualidad humana —no animal, no instintiva, no anclada en etapas evolutivas superadas por la creatividad humana y por el progreso visto como intelectualización— se da entre dos sujetos que se comunican, y que encuentran en el lenguaje de la sexualidad un cauce de expresión del amor que se profesan mutuamente.

Amar, decía Sartre, es decir “¡Qué bien que existas!”. Amar no es, desde luego, “hacer el amor”: hacer el amor será expresión de amor si es el resultado de un amor previo, que ante todo se consigue mediante el diálogo, el intercambio intelectual, el compartir experiencias y sentimientos, pero no si es fruto de un simple deseo placentero o instintivo, que podría satisfacerlo cualquiera y no un “tú”, cualquier objeto, pero nunca un sujeto.

La persona que tuviese relaciones sexuales por puro placer, sin importarle con quién, estaría tratando al otro como un mero objeto, como un producto de consumo, y por ello es gravemente inhumano, propio de etapas superadas y prueba de atraso y de ignorancia —algo pre-ilustrado, que introduce oscuridad y no luz y que no contribuye al progreso—, equivalente a la presencia de pornografía (ya sea en forma de revistas, páginas de Internet…) en nuestra sociedad o el erotismo exacerbado que tantas veces nos invade a través del cine y de los medios de masas. Es tratar a los demás como meros objetos, algo indigno tanto para ellos como para el que consume esos productos; algo que se reduce a lo animal y se “des-intelectualiza”, convirtiéndose en un ser impulsivo incapaz de controlar sus instintos y de indeterminarse; alguien que se deja esclavizar por lo biológico, cuando el progreso es precisamente la liberación de la persona de toda determinación que le impida expresarse como un fin en sí misma.

Creo que es una tarea pendiente de nuestro tiempo el que en todas las relaciones que podemos establecer aprendamos a vernos como sujetos y no como objetos. Y, particularmente, la sexualidad necesita ser liberada de lo instintivo y de lo biológico para convertirse en cultura, en expresión de amor verdadero, en fruto fecundo de la comunicación interpersonal, en encuentro entre dos sujetos y no entre dos objetos, entre dos personas y no sólo entre dos cuerpos, en apertura a lo vital como resultado del amor. Sólo así estaremos en una senda de progreso, en una senda de “intelectualización” y de superación de todas las determinaciones que nos son dadas, ya sea en el orden biológico o en el social, porque el progreso no puede tener otro fin que el de hacernos capaces de vernos a todos como verdaderos fines.

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Carlos Blanco, orientalista y colaborador televisivo.
http://www.carlosblanco.es/

PD.

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Comentarios, Notificaciones de enlace (Pingbacks):

Comentario de: Adolfo Blanco [Visitante]

Suscribo plenamente el contenido del artículo de Carlos Blanco. La afirmación kantiana deberían tomarla muy en cuenta los políticos, economistas y sociólogos que tratan a la humanidad como un medio para conseguir sus objetivos, y no precisamente los objetivos de la humanidad.

21/02/2007 @ 11:51

[*FP}– Neblina (3/7): Visa sólo para

Carlos M. Padrón

Visa sólo para una entrada

1971 fue mi primer año como vendedor en IBM, y superé lo suficiente mi cuota de ventas que me gané el premio de Rookie of the Year (= Novato del Año) por Venezuela y, con él, el derecho no sólo de asistir en calidad de a la Convención HPC (Hundred Percent Club, o Club del 100%, reservado a quienes habían logrado el 100% de sus cuotas de ventas) a celebrarse en Miami en los primeros meses de 1972, sino a asistir también a otra convención especial, e igualmente de premio, que tendría lugar en Nassau (Bahamas) antes de la de Miami.

Para este viaje caí, por primera vez, en manos de Neblina.

Mi itinerario hasta Nassau pasaba por una breve escala en Miami. Llegué a Nassau sin problemas, pero cuando quise volar de regreso a Miami para la otra convención, la del HPC, me dijeron que no podía porque no tenía visa para entrar a USA, pues para ese viaje mío Neblina me había sacado una extraña visa que sólo me permitía una entrada a USA, y tal entrada ya la había yo efectuado cuando en el viaje desde Caracas a Nassau había hecho escala en Miami.

Los IBMistas a cargo de la convención en Nassau se movieron a millón con el Consulado USA de esa ciudad, y, por tratarse de IBM, ese consulado me extendió en tiempo record otra visa para entrar a USA.

Curado en salud por esta mala primera experiencia y por las de otros IBMistas, como las ya narradas, yo, que suelo escarmentar en cabeza ajena, evitaba a toda costa viajar con Neblina. Por esto, Ramón —un tipo de mucha chispa que era por todos conocido por el apodo de Tacoa, y quien le servía de motorizado a Neblina, aunque no comulgaba con las tracalerías de éste— me lanzaba tantas indirectas al respecto, dándome a entender que Neblina estaba molesto con mi decisión, que un día le dije: “Es que no quiero viajar con Fray Junípero”. Tacoa por poco se orina de la risa.

Fue una declaración que me salió por descuido y que tuvo su origen en que, aunque soy totalmente analfabeto en materia de tiras cómicas, una vez vi una titulada “Fray Junípero” y concluí que el protagonista era idéntico a Neblina vestido con sayal de fraile. Por lo visto, Tacoa consideró que el símil era válido.

Sin embargo, y para desgracia de Neblina, volví a viajar con él, y aquí van mis relatos de tales viajes.

***

Mi primer viaje a Australia

Un día de 1990, siendo yo gerente del IBM IICF-LA (IBM International Industry Center for Finance – Latin America, o Centro de Soporte Internacional de IBM para la Industria Financiera de América Latina), me asignaron como asistente administrativo a una dama de nombre Cristina. Ella, por haber trabajado mucho en la organización de convenciones IBM, como el HPC, conocía muy bien el modus operandi de Neblina y por ello lo detestaba sin tapujo alguno, pero tal parece que le encargaba a él los arreglos de viajes para darse el gusto de fiscalizarlo y tenerlo amarrado bien corto, lo cual a Neblina le molestaba a rabiar.

Por asuntos del negocio tuve que ir a Sydney (Australia) a finales de noviembre de 1990, y Cristina, controlando bien de cerca a Neblina, de quien no se fiaba ni un pelo, se encargó de todo; yo me limité a indicarle fechas y preferencias de vuelo, y a entregarle mi pasaporte, y ella me devolvió todo en regla, por lo que fui y vine sin problema alguno.

Ya para esa fecha, y habiendo viajado por años, tenía yo tarjeta Platinum del Clipper Club de PanAmerican (línea aérea que desaparecería en 1991) y del A&Advantage de American Airlines (AA), y más de 300.000 millas acumuladas como viajero frecuente de AA, línea en la que con frecuencia me daban un upgrade de turística a business class o a primera, aparte de que cada vez eran más los casos en que alguien de la tripulación de cabina me llamaba por mi nombre a la usanza “usana”: Mr. Padrón, pues podría decirse que si bien viajé bastante desde poco después de haber entrado a IBM, desde diciembre de 1984 y hasta inicios de 1996 viví montado en un avión.

Usando mis millas aproveché para complementar ese viaje a Australia y dar la vuelta al mundo.

Hice Caracas-Miami-Los Ángeles el 28/11, y me quedé esa noche en Los Ángeles. Al día siguiente, Los Ángeles-Seattle-Tokyo-Bangkok.

En Bangkok estuve tres días intercambiando opiniones, haciendo planes y coordinando estrategias con Will L., mi contraparte del IICF-Asia/Pacífico, quien me deleitó con varios tours por la ciudad; con demostraciones de cómo hasta en los hoteles lujosos ofrecían “damas de compañía” —ya que las tailandesas consideran que un hombre no debe estar jamás sin la compañía de una mujer—; y con compras, a precio de ganga, de ropa, hecha a la medida, con seda tailandesa.

Recuerdo haber comprado un traje y varias camisas, que fui a recoger, muy escaso de tiempo, a última hora de la tarde del día anterior a mi salida del vuelo para Sydney. Por las prisas, no conté las camisas y olvidé una en la sastrería.

El 03/12 volé de Bangkok a Sydney, y al deshacer mi equipaje en el hotel Manly Pacific, en el que me alojé en esa ciudad, eché en falta la tal camisa cuando abrí el paquete en que el sastre me las había dado.

Al día siguiente, y a través de Office Vision, la intranet que para entonces usábamos en IBM, le mandé un mensaje a Will informándole del olvido de la camisa. Me contestó que no me preocupara, que él se haría cargo.

Y vaya que sí se hizo, pues al día siguiente, estando yo descansando en la habitación del hotel al final de un día de largas y numerosas reuniones, tocaron a la puerta de mi habitación. Abrí y me encontré frente a una damita oriental que, muy sonreída, me extendió un paquete acompañado de una parrafada, en extraño pero cantarín inglés, de la que sólo creí entender ‘Will’.

Al notar que no lograba hacerse comprender debidamente, la damita insistió en entrar a mi habitación, lo cual me preocupó porque no quería meterme en problemas con el hotel. Pero ella, consciente de eso, dijo, y acompañó por señas, que no habría problema en cerrar la puerta, y así lo hizo.

Una vez adentro, la damita, que resultó ser una tailandesa aeromoza de no recuerdo qué línea, procedió a abrir el paquete y, con gesto triunfal y una sonrisa que ocupó toda su diminuta cara, me mostró la camisa que yo había dejado olvidada en Bangkok.

Acto seguido, y luego de que yo le diera las gracias, comenzó a caminar hacia atrás, rumbo a la puerta, mientras con las manos unidas por las palmas me hacía, una tras otras, múltiples reverencias acompañadas de algo dicho en su idioma.

Mientras me duró, le dispensé a esa camisa un trato muy especial.

A las 5:30pm (17:30) del 08/12 volé Sydney-Bangkok-Londres, a donde llegué el 09/12 muy temprano. Al mediodía volé Londres-Madrid, hice noche en un hotel del aeropuerto de Barajas, y el 10/12 temprano volé Madrid-Tenerife Norte.

Entre Tenerife y La Palma estuve una semana, y el 17/12 volé desde Tenerife Sur a Maiquetía, completando así la vuelta al mundo.