[Opino}– Mi discrepancia con don Amando de Miguel

Carlos M. Padrón

El día 4 del corriente mes de mayo envié a Amando de Miguel este e-mail:

From: Carlos M. Padrón [mailto:madgri@padronel.net]
Sent: Friday, May 04, 2007 10:12 PM
To: Amando de Miguel
Subject: ¿Tiempo atmosférico en televisión?

En Lengua Viva del 05/05/2007 usted escribió: “Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión”.

¿Cómo es ‘el tiempo atmosférico en televisión’? ¿Tiene la televisión atmósfera propia?

Todo lector que no quiera adivinar tiene derecho a formularse preguntas como éstas, y por eso vuelvo a lo del respeto por el lector, que usted ignoró en mi argumentación en favor del acento en el adverbio ‘sólo’.

Creo que lo que usted quiso decir —y, por tanto, lo que debió escribir— es: “Así lo dice en televisión, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico”, o, mejor aún, “Por ejemplo, así lo dice en televisión un famoso presentador del tiempo atmosférico”.

En marzo de 2005 le pregunté a usted cómo se llamaba este error, y usted me dijo
que hipérbaton. Y dijo también que “El manejo del hipérbaton requiere una sutilísima habilidad poética”. Tal vez en poesía pueda permitirse, como licencia, el hipérbaton, pero en prosa escrita es exponente de falta de lógica.

En su columna Lengua Viva de hoy, 24/05, me ha respondido así:

Carlos M. Padrón apunta esta frase mía: «Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión». Don Carlos me corrige: la frase debe escribirse así: «Por ejemplo, así lo dice en televisión un famoso presentador del tiempo atmosférico». Don Carlos opina que «tal vez en poesía pueda permitirse, como licencia, el hipérbaton, pero en prosa escrita es exponente de falta de lógica».

No estoy de acuerdo con esa última afirmación. El hipérbaton (alteración del orden en el que habitualmente van las palabras) es una figura del lenguaje que puede resultar aceptable. La prueba es que la misma frase de don Carlos contiene ya un hipérbaton: «Tal vez en poesía puede permitirse, como licencia, el hipérbaton…». ¿No sería más correcto y ordenado decir «El hipérbaton quizá pueda permitirse, como licencia, en poesía»? De todas formas, la enmienda que hace don Carlos a mi frase mejora la claridad expositiva. Aun así, insisto en que el hipérbaton puede ser una figura lícita. Recordemos: «Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, campos de soledad…». No es meramente una licencia. En ese caso el hipérbaton resulta bellísimo.

Don Amando no reconoce que mi enmienda corrige un error sino que “mejora la claridad expositiva” de lo que él dijo.

Parodiándolo, digo que no estoy de acuerdo. Cuando en la revisión de la cuenta del restaurante encontramos que 2.000 + 1.500 = 4.000, y llamamos al camarero y le hacemos ver que el total no es 4.000 sino 3.500, ¿le decimos que en la suma hay un error o que queremos mejorar la claridad con que él maneja la aritmética?

En mi e-mail del 04/05 puede constatarse que la mención al hipérbaton no es el meollo del asunto. Lo es que la aseveración que don Amando hizo contiene un error de lógica, llámese hipérbaton o no, porque siembra la duda en el lector —al quien el escritor le debe respeto— y da lugar a que éste interprete algo diferente a lo que don Amando quiso decir.

El hipérbaton, o cualquier otra figura, puede resultar aceptable siempre que no atente contra la claridad, o sea, que no cree duda o confusión; un tipo de confusión que en poesía podría ser admisible, pero creo que en prosa escrita no lo es.

En otra parte del mismo artículo en que don Amando me contesta, leo esto: “Algunas veces hablamos o escribimos para confundir al adversario, para no aclarar demasiado al contrincante, para despistar al opositor, para disimular ante el prójimo. En esos y otros casos parecidos no nos debe preocupar mucho el peligro de confusión”.

En esto sí estamos de acuerdo, pues creo que cuando lo que se persigue es confundir, no aclarar, etc. sí me parece aceptable que se escriba lo de que «Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión», pues con tal maniobra, alguien podría argüir que lo que quiso decir fue,… Y tendrá varias posibles salidas.

Lo que rechazo es la discrepancia entre lo dicho y lo que se quiso decir.

Primer aniversario de PADRONEL

22 de mayo de 2007: Padronel cumple UN AÑO,


Creación y obsequio de mi hija, Alicia Padrón.

y Google Analytics dice que al cierre del domingo 20/05 había recibido 110.018 visitas, que se pasearon por 184.975 páginas,

aunque el contador del blog indique unas 25.000 visitas menos.

Éstos son los 10 países con mayor número de visitas:

GRACIAS A TODOS, Y ESPERO PODER SALUDARLES OTRA VEZ CON MOTIVO DE UN NUEVO ANIVERSARIO.

[*Drog}– La Nueva Psicología del Amor (3/7): Qué NO es amor

El enamoramiento, o drogamor, siempre pasa, es transitorio (ver artículo copiado al final), y lo peor es que a veces deja una secuela de ruina moral, de frustración, y hasta de bancarrota, pues uno cae en cuenta de que no sólo ha perdido tiempo y autoestima sino también hasta dinero.

Si el enamoramiento suministra a los enamorados una capa mágica de omnipotencia que los enceguece a los riesgos que están asumiendo cuando deciden casarse, y es un ardid que nuestros genes usan con nosotros para nublar nuestro espíritu, que de otra manera seria perceptivo, y engatusarnos y hacernos caer en la trampa del matrimonio, ¿no es cierto que se trata de una droga? De ahí el término drogamor.

Esto no obstante, no hay indicios de que a nivel de colectivo social se intente siquiera hacer algo para combatir esa droga, a pesar de que todas las víctima del drogamor saben que se trata de un mito que causa enorme confusión y profundos sufrimientos.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

QUÉ NO ES AMOR

Lo que parece amor no es con frecuencia en modo alguno amor. El amor no es un sentimiento.

Es obvio que la actividad sexual y el amor, si bien pueden darse simultáneamente, con frecuencia están disociados porque son fenómenos fundamentalmente separados. En sí mismo, el acto de hacer el amor no es un acto de amor.

Enamoramiento

De todas las falsas concepciones del amor, la más vigorosa y difundida es la creencia de que «enamorarse» es amar, o, por lo menos, que ésta es una de las manifestaciones del amor.

La falsa concepción de que enamorarse es un tipo de amor está tan difundida precisamente porque contiene algo de verdad, [pues] una de las funciones que cumple el fenómeno instintivo de enamorarse consiste en suministrar a los enamorados una capa mágica de omnipotencia que los enceguece a los riesgos que están asumiendo cuando deciden casarse.

La experiencia del enamoramiento es invariablemente transitoria. Cualquiera sea la persona de la que nos hayamos enamorado, tarde o temprano dejaremos de estar enamorados si la relación continúa por tiempo suficiente.

Esto no quiere decir que invariablemente dejemos de amar a la persona de la que nos hemos enamorado. Quiere decir que la sensación de éxtasis que caracteriza la experiencia de enamorarse siempre pasa. La luna de miel siempre termina. La lozanía del idilio siempre se marchita, [pues] la persona amada tiene y continuará teniendo sus propios deseos, gustos y prejuicios diferentes de los de la otra persona; poco a poco, o súbitamente, los miembros de la pareja dejan de estar enamorados y de nuevo son dos individuos separados.

En este punto comienzan a disolverse los lazos de su relación, o bien se inicia la obra del verdadero amor. [En este mismo punto hay que ser capaz] de aceptar que [uno] ya no está enamorado de su [pareja], y que esto no significa que se haya cometido un horrible error. [De lo contrario podría ocurrir como al] señor y la señora X [que] reconocen que han dejado de estar enamorados [el uno del otro, pero no advierten] que ese reconocimiento mismo podría marcar el comienzo de su matrimonio en lugar de marcar su fin.

Enamorarse no es no acto de voluntad, no es una decisión consciente.

El verdadero amor es una experiencia de permanente extensión de la [propia] personalidad, pero enamorarse tiene poco que ver con la finalidad de promover el desarrollo espiritual. Enamorarse no supone una extensión de las fronteras de uno mismo, sino que, por el contrario, es un derrumbe parcial y transitorio de esas fronteras. Enamorarse no supone ningún esfuerzo.

El enamorarse es un ardid que nuestros genes usan con nosotros para nublar nuestro espíritu, que de otra manera seria perceptivo, y engatusarnos y hacernos caer en la trampa del matrimonio. Si ese ardid, muchos de nosotros que hoy estamos feliz o infelizmente casados, nos habríamos arredrado ante el realismo de los votos matrimoniales.

En resumen, el mito del amor romántico es una tremenda mentira. Quizá sea una mentira necesaria por cuanto asegura la supervivencia de la especie al alentar y aparentemente validar la experiencia de enamorados que [nos lleva] al matrimonio. Pero como psiquiatra debo lamentar en lo profundo de mi corazón, y casi todos los días, la enorme confusión y los profundos sufrimientos que engendra este mito. Millones de personas malgastan grandes cantidades de energía en un intento fútil y desesperado de hacer que la realidad de sus vidas se ajuste a la realidad del mito.

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26.04.07

Si la pasión amorosa sólo dura dos años, las hormonas tienen la culpa, según un estudio publicado en el último número de la revista «Chemistry World», de la Real Sociedad de Química del Reino Unido.

Un equipo de científicos de la universidad de Pisa (Italia) ha estudiado el comportamiento de las hormonas en una relación amorosa y ha comprobado que el deseo desaparece a los dos años por los cambios biológicos experimentados en el cuerpo de los amantes.

Para el bioquímico Michael Gross, «mientras los amantes se prometen amor verdadero, las hormonas dan a entender otra cosa».

«Esta investigación demuestra la presencia en la sangre de ciertas hormonas al principio de la relación, pero no hay pruebas de que prevalezcan en los individuos que tienen una relación desde hace años», señaló el bioquímico.

Según el estudio, mientras que en los primeros momentos del enamoramiento abunda un elemento químico llamado neurotrofina, que provoca el deseo, con el paso del tiempo esa sustancia se desvanece y deja lugar a una hormona denominada oxitocina.

«La neurotrofina es el equivalente científico en el mundo real de lo que serían las flechas de Cupido», apuntó Gross.

Con la oxitocina se consolidan sentimientos más duraderos de amor y de compromiso, según informa DERF.

NotaCMP.- La pregunta es si necesariamente la neurotrofina da paso a la oxitocina, y la respuesta es NO.

P.Digital

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02.05.07

La vida del hombre está siempre llena de dudas. Sobre todo en esos momentos en que debe decidir algo que la sociedad determina que tiene que ser supuestamente «para toda la vida».

Por eso, y para ayudar a tomar decisiones, Infobae.com ha hecho un pequeño resumen de ítems destinados a facilitar y ahorrar energías a la hora de buscar excusas para no casarse.

Llegado determinado momento del noviazgo, las mujeres insisten con su teoría de casarse “para vivir felices para toda la vida”. Y los hombres, que a veces no saben decir que no, se ven encerrados por la cantidad de argumentos favorables que sus chicas les dictan en forma de catarata dialéctica, según recoge DERF.

Aunque algunas son más crueles y extremistas que otras, servirán para el propio balance. Si las palabras le parecen inapropiadas, busque las que mejor puedan llegar a caerle a su pareja.

1 – Separarse es más complicado. Aunque al principio todo es color de rosa, la realidad indica que un alto porcentaje de parejas se divorcian. En su gran mayoría, las separaciones suelen ser más conflictivas y complicadas que iniciar una convivencia firmada.

2 – Es difícil mantener la monogamia. Aunque es un argumento algo extremo, puede servir mostrado desde ambas partes. Después de un tiempo de convivencia, uno puede llegar a verse tentado en buscar a otra persona que nutra de aventura la relación.

3 – La familia de mi novia. Si bien uno contrae matrimonio con una sola persona, la realidad indica que el círculo más cercano de ella también formará parte de nuestro entorno íntimo. El tema es que uno sí elige a su pareja, pero no a sus hermanos, su madre, su padre, sus tías…

4 – Los gastos de la fiesta. Emprender los preparativos para celebrar el enlace es uno de los puntos más conflictivos y críticos a la hora de poner a prueba una relación. Pero los costos son tales que después la economía de la pareja podría comenzar con un duro traspiés.

5 – La maldita rutina. Hay días que hasta uno mismo no se soporta con la vida que lleva. ¿Por qué debería hacerlo multiplicado por dos? Verle la cara los 365 días del año a una misma persona es sumamente desgastador para cualquier pareja, por más amor que ésta se tenga.

6 – Pérdida de la libertad. Menos espacio, más compromisos asumidos. En definitiva, la convivencia no haría más que acortarnos la posibilidad de hacer lo que se le antoje a cada uno. Se vivió la infancia y la adolescencia dando cuentas a los padres por las acciones. ¿Ahora también?

7 – El amor no es eterno. Lo que nace como una pasión irrefrenable, se convierte en una insulsa rutina. Y eso es lo que va sembrando dudas en la cabeza de cada integrante de la pareja, para trasladarla irremediablemente al corazón. Lo que nació como un «amor eterno» se convertirá en una «excelente amistad».

8 – Soportar sus hábitos, resignar los míos. Ver sus pantaletas (bragas, bombachas) colgando de la canilla del baño puede convertirse en una de las imágenes más apocalípticas para un hombre, por la que inevitablemente pasará si se decide a casarse. Lamentablemente, es sólo un detalle de entre los muchos que podría encontrarse en su convivencia.

9 – Puede frenar el avance profesional. La falta de libertad de movimientos y de tiempos, las mayores responsabilidades, el estar pensando en mantener una familia, a veces atenta contra los propios planes del hombre para desarrollarse como quisiera en su profesión.

10 – Es la propia experiencia. Cada pareja conoce bien sus propias realidades. El último argumento queda a criterio de cada «damnificado», quien sabrá cómo salir del paso ante la pregunta del millón: «¿Te casarías conmigo?».

P.Digital

[*ElPaso}– Casas de corte y costura (C3)

17-05-2007

Carlos M. Padrón

En la década de los 50 existía en casi cada barrio de El Paso al menos una casa en la que se había habilitado un espacio —generalmente una habitación con ventana a la calle— donde una de las damas que en esa casa habitaba dictaba clases de costura y bordado.

A esa casa asistían muchachas, desde muy jóvenes hasta no tanto, que se disputaban los puestos de junto a la ventana porque les permitían, mientras cosían o bordaban, ver quién pasaba por el camino al borde del cual estaba la casa. Es oportuno aclarar que en aquellos tiempos las únicas vías llamadas “calles” eran las del propio centro del pueblo; todas las demás eran caminos, empedrados o no, excepto, por supuesto, las dos carreteras que había: la que conducía a Tajuya y más allá, y la que llevaba al túnel hecho en la Cumbre Nueva.

En mi opinión, y según los comentarios que escuché de algunos de los varones residentes en tales casas, éstas eran, más que de costura—como se las llamaba—, de corte y costura, pero la actividad de “corte” se practicaba con la lengua, ya que las féminas que atendían las clases desmenuzaban todos los chismes —en particular los amoríos y desavenencias, pasados, presentes y proyectados a futuro— y no dejaban títere con cabeza en los comentarios que hacían entre ellas, que solían ir subiendo progresivamente de tono en la escala moral.

Por una de esas casas, en las que el “corte” era actividad clave, tenía yo que pasar casi a diario cuando montado a caballo llevaba la vaca a la relva [1], y cuando regresaba luego, a pie, a mi casa. Y en esta segunda pasada era frecuente que las muchachas —al menos algunas de ellas— de la casa de corte y costura (a las que, para abreviar, llamaré C3) me sacaran colores con los comentarios que me dedicaban, ninguno de los cuales, ni siquiera mucho más ligeros, se hubieran atrevido a hacerme en plena calle o cara a cara, pues creo que el sentirse en grupo les daba un valor que de otra forma no tendrían y, además, siempre les quedaba el recurso de esconderse dentro de la habitación si alguna de sus “víctimas” volvía la vista hacia ese lugar.

En mi viaje de ida, cuando pasaba montado a caballo, no me decían nada porque desde mi posición podía yo ver el interior de la habitación donde estaban reunidas, e identificar quién había hablado.

Estas C3 jugaron papel primordial en la formación de matrimonios entre una muchacha del pueblo y un muchacho, también del pueblo, que anunciara su venida, de paseo o a quedarse, desde Venezuela. Apenas se sabía la noticia comenzaba en las C3 la búsqueda de la muchacha más apropiada para el “indiano”, que así solía llamarse a los que venían de América. Los criterios de escogencia solían ser, principalmente,

• Los gustos, preferencias y rasgos de carácter que el muchacho había demostrado mientras estuvo en el pueblo. Determinar esto requería de una larga pesquisa que, una vez finalizada, y creado con sus resultados el perfil del muchacho, era seguida de otra encaminada a determinar qué muchachas podrían hacer pareja con un hombre de tal perfil

• Que la muchacha estaba entre las que a él le gustaban cuando aún no había emigrado a Venezuela

• Que entre las familias de ambos no había problemas de aceptación recíproca

• Que el nivel socioeconómico de esas familias era el adecuado. (Claro: el de la de él superior en algo al de la de ella… como de costumbre)

Ese proceso, trabajado y pulido sesión tras sesión, eventualmente producía en cada C3 una candidata de consenso y, tan pronto se sabía quién era ésta, era inevitable que la de dos o más C3 fuera la misma, creando así una mayoría que comenzaba a dar más forma al asunto, que entonces salía ya a la calle, rebasabando los límites de las C3, y pasaba a ser tema de conversación, y de comparación de opiniones y criterios, en bautizos, bodas, velorios y hasta en los bares, a los que acudían sólo hombres.

Cuando faltaba poco para que llegara el indiano “víctima” —al que a efectos de este relato llamaré Ramón—, en el pueblo comenzaban a dirigirle a Rosa —le daré este nombre a la muchacha agraciada y acordada por la opinión mayoritaria— preguntas como: “¿Y es verdad que Ramón viene a casarse contigo?”.

Rosa reaccionaba primero con gran sorpresa, pero cuando las preguntas de ese tipo le caían a diario y desde todos los frentes sociales, la sorpresa iba tornándose en rubor, y luego en sonrisa tímida que, a todas luces, escondía una esperanza, pues tanta repetición terminaba por hacerle creer a Rosa que la gente sabía algo cierto porque Ramón habría hecho algún comentario en ese sentido.

Y cuando por fin Ramón desembarcaba en el puerto de Santa Cruz de Tenerife —traído por el “Santa María”, el “Veracruz” o alguno de los trasatlánticos que en esa época hacían escala allí, de ida y de vuelta, en sus viajes a Venezuela—, le llovían preguntas como: “¿Y es verdad que vienes a casarte con Rosa?”.

Y las reacciones de Ramón eran copia, sólo que en versión masculina, de las de Rosa, de forma que, para cuando él llegaba por fin a El Paso, y las preguntas e indirectas aumentaban, no podía evitar sentirse de alguna forma alterado al toparse por primera vez y cara a cara con Rosa y, por supuesto, saludarla. Ella, a su vez, no podía evitar sonrojarse y bajar la vista, incluso mientras se daban el apretón de manos, único saludo entonces permitido en esas circunstancias.

Y claro, cuando Ramón iba al primer baile en Monterrey, allí estaba Rosa,…. y también cien pares de ojos fijos en ambos a ver qué pasaba.

Tal vez porque las miradas tienen, como se dice, efecto telequinético, Ramón se acercaba a Rosa y la invitaba a bailar, y ella aceptaba… y ahí comenzaba un tipo de relación, basado en “selección natural” —nunca mejor dicho— que, créase o no, produjo matrimonios que el tiempo se encargó de probar que fueron duraderos.

En otros casos, la relación sentimental entre un Ramón yuna Rosa comenzó antes de que él emigrara a Venezuela, y ella, siguiendo la costumbre de la época, “le guardó la ausencia”, o sea, se encerró en vida esperando que él regresara. Pero Ramón consiguió pareja en Venezuela y nunca regresó,… y Rosa quedó como Penélope en la estación del tren.

Acerca del tema de estas esperas, del que vi varias muestras, escribí y grabé una canción que me propongo publicar aquí algún día.

***

[1] ‘Relva’ no está en el DRAE; no al menos con la acepción que se le daba en El Paso. Así que echo mano de mi Léxico Pasense, en el que ya tengo recogidos casi 400 vocablos o expresiones, y para los no de El Paso aclaro que relva es un prado o zona de pasto fresco y verde en el que se suelta al ganado de leche, generalmente el vacuno, para que paste a placer.

[*Opino}– Día de Internet: más de la mitad de los españoles todavía no usan la Red

17-05-2007

Carlos M. Padrón

La respuesta “ni me gusta ni me interesa”, que resalté más abajo, me resulta dolorosamente conocida, y en los muchos casos en que la he recibido me genera una pregunta: ¿Cómo puede uno saber que no le gusta o interesa algo si jamás lo ha probado?

En realidad creo que esa respuesta es sólo una manera de esconder el miedo a no saber, a hacer el ridículo o tal vez peor: a tener que esforzarse por aprender algo nuevo.

Muchos de los que así me han respondido, todos de más o menos mi edad, añadieron que yo sí “andaba en eso de Internet” porque, por mi trabajo en IBM, había estado por muchos años vinculado a la computación. Es cierto lo de tal vinculación, pero también lo es que Internet y lo que hoy conocemos como computación personal y el mundo de la PC no tienen nada que ver con tal vinculación, pues —y aunque a muchos les ha resultado sorprendente e increíble— por primera vez usé una PC como PC, después de que dejé IBM, o sea, a los 60 años de edad. Y el amigo —a quien le estoy muy agradecido— que me introdujo en ese mundo puede dar fe de que yo de PCs, ya sea en línea o fuera de ella, no sabía nada a comienzos del año 2000.

Las víctimas de esto suelen ser los jóvenes que necesitan una PC pero tus padres, tal vez para que sus miedos no queden expuestos, no se la compran.

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16/05/2007

Día de Internet: más de la mitad de los españoles todavía no usan la Red

MADRID.- El 17 de mayo se celebra en España el Día de Internet, pero, ¿hay motivos para la celebración? Se dice que España es la octava potencia económica del mundo. Pero, en lo que a tecnología se refiere, estamos bastantes puestos más atrás.

La semana pasada, el Centro de Investigaciones Sociológicas daba a conocer los datos de su último barómetro, correspondiente al mes de marzo. La respuesta a la pregunta número 12 es descorazonadora. Un 54% de los españoles no usa Internet.

Hace tres años, en el barómetro de enero de 2004, el 53% de las personas decía conocer Internet pero que no lo utilizaban. A pesar de dos planes Info XXI del anterior Gobierno y un plan Avanza del actual, la situación no parece mejorar. Peor se ponen las cosas con la pregunta número 12b. Cuando se interroga a los que no hacen uso de la Red sobre los motivos, un tercio responde que ni les gusta ni les interesa. Otro tercio afirma que no saben utilizarla.

Desconocimiento y desinterés por uno de los mayores inventos del hombre, según un centenar de investigadores y científicos preguntados hace unas semanas.

La labor de concienciación y promoción del Gobierno se hace casi obligatoria si se quiere evitar que la mitad de la población española se quede atrás, engordando las cifras de lo que se viene a llamar el analfabetismo digital.

Infraestructuras

En la misma encuesta del CIS, entre los que no usan Internet hay un 14,1% que dice no tener fácil acceso, y otro 6,3% al que le parece caro conectarse a la Red. Estas respuestas llevan a otro de los grandes problemas de la Sociedad de la Información en España. Las infraestructuras de acceso han mejorado, es cierto, pero a un ritmo que, en vez de acercarnos a los países más avanzados de Europa, nos están alejando. Hoy, España ocupa el puesto 17 dentro de la Europa de los 25. Por no hablar de que la banda ancha española es más lenta y cara.

En España se está produciendo una paradoja. Aunque más de la mitad de los españoles no usa Internet, quienes lo hacen la quieren de calidad. En nuestro país, casi el 30% de los hogares tiene conexión de banda ancha. El problema es que este crecimiento es a costa de las conexiones de banda estrecha y no de que se incorporen más hogares.

«Persisten los mismos problemas», asegura Victor Domingo, de la Asociación de Internautas. «No hay universalización de la banda ancha, aún hay cuatro millones de españoles que no tienen posibilidad técnica de tenerla, y otros 12 no pueden elegir entre tecnologías al no tener cobertura de las operadoras de cable», añade. Aparte de los problemas en las infraestructuras, Domingo recuerda la necesidad de una mayor información y formación sobre las ventajas de las TIC. Añade además que «en una sociedad de mileuristas, 50 euros por un ADSL sigue siendo demasiado».

Contenidos

El barómetro del CIS de marzo también se ha preocupado por saber qué hacen los españoles cuando navegan. Aquí los resultados tampoco son buenos. El 80% de los internautas usa la Red esencialmente para buscar información o mandar correos electrónicos. Casi un 40% también recurren a ella para bajarse música y películas.

Pero las cifras de los que van algo más allá y aprovechan su conexión para tratar con la administración o utilizar las posibilidades del comercio electrónico son muy bajas. El 26% dice realizar gestiones con su banco, y otro 15% ha comprado algún producto en línea.

Yendo a las cifras objetivas, el comercio electrónico en España está creciendo, pero parte de unas cifras ridículas. Según datos de la CMT, en 2006 se movieron en la Red casi 2.000 millones de euros. Pero, ¿qué es esa cifra comparada con los 102.000 millones que supuso el ‘e-comercio’ en Estados Unidos?

Se confía mucho en el DNI electrónico para animar el negocio en línea. Servirá para disipar la gran desconfianza que hay hacia las compras y gestiones por Internet.

Administración electrónica

En cuanto a la ciberadministración, el ejemplo de buen hacer sigue siendo la Agencia Tributaria, como desde hace años. Cierto que no dejan de firmarse convenios entre las distintas administraciones para acelerar su implantación, pero aún queda mucho por hacer. Dos ejemplos recientes son la puesta en marcha en Madrid de la receta electrónica, y el programa para digitalizar los registros civiles. Sin embargo, los ciudadanos no podrán aprovecharse de la mayoría de las iniciativas hasta 2008, como pronto.

Más vitalidad tienen los usuarios habituales de Internet que, por su cuenta, la están llenando de contenido y funciones. Aquí no se ha inventado casi nada de lo que denominan Web 2.0, pero sí somos de los primeros en usarla. Un estudio de Novartis revela que los españoles están a la cabeza de Europa en el uso de la mensajería instantánea, la creación de blogs, el uso de los podcast, Youtube y más de la nueva Internet.

El Mundo.

Diferencia en visitas a Padronel: ¡Pasadas las 100.000!

16.05.07

Carlos M. Padrón

Según lo que escribí ayer, en la nota que copio más abajo, esperaba rebasar esta semana las 100.000 visitas. Pero acabo de revisar y, al momento, las 21:44, el contador del blog indica 78.894 visitas, pero Google Analytics dice que son 26.598 más, o sea: 105.492 según indica el siguiente cuadro:

Yo espera «ver» la llegada a las 100.000, pero ocurrió antes de lo que yo pensaba.

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15.05.07

Carlos M. Padrón

El contador incorporado a este blog indica que hasta el 14/05/2007 a las 22:22 éste ha recibido un total de 77.092 visitas, contadas desde el 22/05/2007, fecha en que comenzó.

Sin embargo, Google Analytics —bajo cuyo control estadístico tengo el blog— dice que desde el 01/06/2006 hasta 14/05/2007 a las 22:22 el total de visitas es de 97.519, lo cual hace pensar que esta semana se alcanzará la cifra de 100.000

Google Analytics me merece confianza a este respecto, así que espero poder conseguir algún día que el contador que en el blog vean los lectores refleje las cifras de Google Analytics. Entretando vale tener en cuenta que la cantidad real de visitas es de unas 20.000 más que las indicadas por el contador actualmente incorporado al blog.

[El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez – Prólogo

Bajo este título, «Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez» me propongo publicar en estas secciones del blog los poemas contenidos en el libro en referencia, obra de don Antonio Pino Pérez, Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso, Cruz de Beneficencia, dentista, escritor y poeta.

Adjunto foto de cómo recuerdo a ese hombre, corpulento y de verbo apasionado, que con su constante quehacer dejó honda huella en su pueblo natal, del que fue dos veces alcalde, y en todos los que le conocimos.

En esta primera entrega va el prólogo al libro en referencia, con nota previa de los tres hijos de don Antonio Pino. De ellos, Juan Antonio, amigo mío desde nuestra primera juventud (aparece, al igual que yo, en la foto que acompaña al artículo «Don Salvador Miralles Pérez. In Memoriam – Homenaje póstumo en El Paso«), me ha hecho llegar el material de esta publicación y de la que acerca de su padre he hecho ya («Ni el rencor los nombra«) y me propongo hacer.

Muchas gracias, Juan Antonio. Si mal no recuerdo, la última vez que nos vimos fue hace 43 años (1964), pero espero que nos veamos —un poco más jóvenes, por supuesto— este próximo mes de junio.

Carlos M. Padrón

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Queridos amigos:

Decimos amigos porque los que se interesen por estas poesías son, en su mayoría, amigos palmeros y/o admiradores de nuestro padre, Antonio Pino Pérez.

Son muchas las personas que nos han pedido su libro «Dándole vueltas al viento”, hace tiempo editado y agotado.

Al Ayuntamiento de su pueblo, al que tanto sirvió, le hemos pedido una segunda edición, que se difumina con aplazamientos y promesas dudosas. Por eso lo ponemos a tu disposición por este maravilloso medio por el que a nuestro padre le hubiese gustado que volaran sus poemas. El libro tiene derechos de autor, que en su ausencia son nuestros y tenemos la plena conciencia de que él, nuestro padre, hubiese disfrutado poniéndolo a la disposición de todos.

María Lourdes, Juan Antonio, y Rosario Pino Capote.

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PRÓLOGO
A cargo de Pedro Hernández

Al libro «Dándole vueltas al viento”
Selección de poesías de Antonio Pino Pérez
Editado por el CENTRO DE LA CULTURA POPULAR CANARIA
Primera edición: Agosto de 1982

En las más o menos breves y precisas dimensiones de un prólogo —en este caso para un libro de versos de un vate palmero, Antonio Pino Pérez— tal vez me resulte difícil decir cuánto creo y pienso de este escritor amigo. Pero me complace el cometido de dar paso a un poético mundo que se nos muestra familiar, en el que es raro el tema que no aparece enmarcado en nuestros paisajes —de la isla o del alma— tiernamente coloreados de vida. No pretenderé, y claro está que sería vano el intento, hacer ni siquiera un somero estudio crítico de la obra de Antonio Pino, pero sí exponer la creencia de que, al menos mientras haya almas sensibles y andariegas que transiten por los soñados caminos de Machado —y las habrá siempre— no faltará quien le recuerde. Y los que antologicen a los poetas de las Islas no deben olvidarle.

Nació Antonio Pino Pérez en El Paso, un bellísimo pueblo con título de ciudad, término éste que no me gusta emplear porque, cuando menos, me sugiere la idea de terquedad en las trasnochadas urbanizaciones que, por desgracia, ya ensucian algunos inaguantables panoramas de diversos lugares palmeros.

El Paso es un encanto, un primoroso retazo de la Naturaleza, un regalo de Dios. En El Paso, metido en sus huertas, en sus jardines, en sus cumbres, integrado en la universal armonía de las cosas, el hombre se siente otro hombre. Fueron estos idílicos parajes, su luz, su aire, lo que marcó desde su infancia y para siempre a Antonio Pino. En plena juventud, como tantos canarios, pensó que el mundo era algo más que la paz paradisíaca y la belleza cósmica y también la melancolía de una isla que el mar aprisiona. Se sintió con alas y voló. Anduvo por América y Europa. Conoció muchas gentes. Tuvo contactos con figuras preeminentes de las letras y de las ciencias. Supo lo que era el mundo, en el que vivió con la impetuosidad y la fogosidad de sus años mozos. Volvió a la isla, su isla, porque era su destino. Auscultó el corazón de la tierra en que tenía sus raíces, y sintió de nuevo el latido de su corazón ilusionado de poeta. Tenía fe en él y en su energía —que a veces se le hacía generosa flexibilidad— para, sin doblegarse, vencer adversidades.

Por entonces le conocí, y nuestro mutuo afecto se mantuvo invariable hasta su tránsito. Charlar con él de temas literarios era una delicia. Luchaba como un aventurado idealista en la defensa de intereses públicos, acaso soñando, fuera de la realidad circundante y viviente, en un mundo romántico que había de traer reivindicaciones, engañosas o no, pero en las que creyó firmemente. Tal vez eran sueños que él, al fin poeta, pretendía vertebrar, para poder configurar realidades que nos acercaran a un mejor destino. Y ya no quiso apartarse nunca más de su vieja Benahoare [1].

En el campo de las Letras, no cesó de bregar, sobre todo en la prensa diaria, firmando artículos con su nombre o con pseudónimo, en los que trató variados temas, principalmente relacionados con problemas insulares. Como poeta, su producción es importante. La recopilación hecha en este libro es sólo una muestra de su quehacer, pues habrá que recobrar, de entre sus papeles y de periódicos y revistas en que se hallan dispersas, otras composiciones que están ausentes en estas páginas. Y tampoco hay que olvidar que sólo dio a la publicidad una parte de lo escrito.

En sus versos, rítmicos y sonoros, se encuentran perspectivas y cuadros psicológicos que pudiéramos encuadrar en las corrientes realistas de su primera época, a la que siguió fiel. Y él puede ser uno más para corroborar cuanto se nos ha dicho respecto a que “toda poesía hecha en Canarias estuvo sostenida por sus modelos españoles”, si bien, en este caso, habría que agregar, como matización de algo perceptible en algunos de sus trabajo, que el poeta vivió parte de su juventud en la América hispana, donde, en las postrimerías del XIX, dominó el realismo que había imperado en la literatura narrativa francesa.

La melodiosa fluidez, la sencillez y colorido, la vigorosa línea expresiva, sus cambiantes panoramas —en los que la palabra se hace luz y sombra, sima o altura, pincelada de amor a nuestra tierra visión emocional, vuelo sinfónico—, su simplificación de temas, su técnica, que tal vez llamaríamos impresionista, todo puede contribuir a afirmarnos en la creencia de que Antonio Pino no pasará inadvertido, y figurará, de pleno derecho, entre los poetas de las Islas, aunque bien conocida es la costumbre de nuestros antologistas e historiadores de la literatura canaria de eliminar en sus libros a los poetas palmeros. Que sepamos, sólo José Quintana, que en su interesante y amplia obra “96 poetas de las Islas Canarias” habla del gran valor que representa la aportación palmense, muy original en la poesía canaria, al acervo cultural isleño, no se olvida de citar a Antonio Pino, nuestro poeta.

La poesía de Pino tiene derivaciones de la más relevante lírica canaria de su tiempo. En ella se perciben sonoras ráfagas que nos traen ecos de Gutiérrez Albelo. Es poesía humana, cuajada de ternura, alguna vez truncada por aletazos en los que se descubre, con insobornable firmeza, un anhelo de libertad. En el devenir de sus días, él —que vivía a compás de las viejas y de las novísimas oleadas poéticas, de los movimientos literarios y de las evoluciones creadoras, incluso más allá de los ámbitos nacionales— sintió y escribió con optimismo, sin pararse a pensar en “nuestra adversa circunstancia de marginación y aislamiento”, citada por Sebastián de la Nuez en un magistral estudio sobre la poesía canaria contemporánea.

¿Pero es que existe para los poetas esa adversidad? El académico José María de Cossío habló una vez de la incuestionable vocación y valía poética y la españolidad de los hombres de nuestras islas. “Es una parcela de la sensibilidad española —decía— que en el campo de la poesía cobra proporciones extraordinarias por la cantidad y por la calidad”. Y aún añadía que las alusiones geográficas o costumbristas de estos poetas son “el medio de asomarse a lo universal”. Alguien ha querido ver en los acentos intimistas de Pino unas señaladas limitaciones que no existen. Lógico es que, en la mayoría de los poetas canarios, prevalezca fundamentalmente, junto a las personales querencias, el tema de las Islas, pero no puede negarse que ambas cosas son plenamente universales en sentimientos y calidades, aunque aliente y aniden en el “a-isla-miento” que nos señalara Unamuno. Las noches de rosas blancas que dejan un luminoso aroma sobre el alma, de que también hablara el maestro, se deshojaban para nuestro poeta, más que en el mar, tierra adentro, en las tardes doradas de Aridane, y en las cumbres y en las nubes de su vida isleña.

En la sinfonía de sus poemas evocó al aurita mundo prehispánico, con sus moradores y sus héroes de leyenda, entre arboledas, tierras volcánicas y “cabocos”. Penetró en lo que llamaríamos la primigenia y estoica filosofía de nuestros aborígenes, anhelando descubrir el alma de la raza. Vibraron las notas líricas en la percepción de los hechos históricos, en los cantos descriptivos de la geografía insular. Todo lo entretejió de recuerdos nacidos de su mundo introspectivo, en el que oyó “el inefable rumor que sólo los poetas escuchan”. Sus versos, más de una vez, nos llevaban a las atinadas palabras del erudito crítico Pérez Minik, cuando, al ofrecer una visión panorámica de nuestra poesía, dice que parece inclinarse “hacia una inteligibilidad de la Naturaleza y del hombre como paisaje; y a este paisaje y a este hombre quiso acercarnos con sus poemas Antonio Pino, aunque a veces sintiera el desconsuelo de ver baldíos sus deseos. Pero él sabía lo que, un día, con exacta palabra, expresó García Cabrera: “Siempre pueden quedar soterradas parcelas de soledades, los entresijos sordomudos de su intimidad, a los que todavía no han podido poner a flote los signos del lenguaje”. Peregrino de sueños y artífice de palabras, las emplea con grácil elegancia, con la armonía rubeniana de que sabe mirar al propio tiempo a la tierra y al cielo. Padrón Acosta escribe de un antiguo vate palmero, que era “lírico adorador de todo lo que su isla encierra”, y en él priva “el amor a lo brillante, que tanto caracteriza a los hijos de La Palma. Lo mismo puede aducirse respecto a Pino, aunque ya no se enciendan, como entonces, las bengalas de la retórica del ochocientos, y alguna vez sus rumbos le inclinen hacia nuevas formas innovadoras que le atraen.

Ignacio Aldecoa nos dijo que llegar a La Palma era tocar la linde del paraíso. Y nos recordó que “la isla se llama de San Miguel de La Palma. Nombre de arcángel combatiente y nombre de planta del paraíso”. Antonio Pino no lo olvidó nunca. Combatió y cantó. Su temperamento, a veces impetuoso, solía deshacerse en la elegancia alada de sus declamaciones, en las que revelaba las torturas de su espíritu o la serenidad que le conformaba y elevaba. Los que bien le conocimos sabemos del cabal retrato que hizo de sí mismo en su bello soneto “Soy”.

Remozador de valores humanos, en confusos días de incontrolables exaltaciones públicas, supo contener los desbordamientos con su palabra, y recobrar la paz. En la paz cultivó con gran cariño, como el poeta del Caribe, la rosa blanca de la amistad sincera. Y volvieron a nacer sus poemas con hálitos campestres, frescura de altas cubres, fragante aroma de égloga, blancas caricias de brumas y de brisas, nieve de almendros y sombra de pinares; mientras, más alejados de los temas cotidianos, brotaban otros que despiertan hondas meditaciones y se alzan en sutiles imágenes. Ya no hay temor de que se pierda en los dédalos incomprensibles de abstractas ideas, pues sólo piensa en valores trascendentes, de los que pueden dar sentía a una vida. Esta temática lo eleva en sus alientos místicos y en su fe. Y fulge en los versos, con desnuda piedad, su religioso espíritu.

Los años fueron aminorando energías, depurando lirismos, difuminando estampas de otros días. Llegó el dolor, con su cortejo de signos misteriosos. Se sentía el poeta en su vital plenitud, cuando pronto vio como, irremediablemente, la vida se le iba. Y nos dijo adiós, en unos versos. El acorde final. Pero ya no eran aquellos tornasolados endecasílabos de ayer, sino otros de serena amargura, de resignada conformidad, de cristiano y definitivo balance. La idea de la muerte le enturbia las palabras, si bien sigue lúcido y alto el pensamiento:

Examina paciente cuanto hiciste,
cuanto no hiciste y pudiste hacer.
Y mesúrate bien en lo que fuiste
porque hacia atrás ya no podrás volver.

Prepárate a morir. Muere sin pena
si tu deber has cumplido al pasar,
y de entregas y amores está llena
esa vida fugaz que va a expirar.

Ahora, Rosario —hija del poeta, inteligente, buena, que sigue adorando y admirando a su padre— ha recogido una parte del hermoso legado que a todos nos dejó él, y se ha dispuesto a publicar el libro que tienes en tus manos. A ella le debo el grato encargo, que sólo justifica la amistad, de prologarlo. Adéntrate en sus páginas, lector, y serás uno más en creer que nunca faltarán estos versos, y que sustenten, con auríferos soportes, la noble arquitectura de sus estrofas.

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[1] NotaCMP.- Benahoare es el nombre que los guanches (aborígenes) de La Palma daban a su isla.

[*Drog}– La Nueva Psicología del Amor (2/7): Qué es amor

A ver quién convence hoy día a los adolescentes, y a muchísimos adultos, de que el amor —o, mejor dicho, lo que ellos creen amor— no es un sentimiento.

Tal vez sí entenderán, y hasta aceptarán, que debe ser en dos direcciones, pero les costará mucho aceptar que sea producto de una elección libre, ya que han escuchado y visto a diario en el cine y en la TV que el enamoramiento, lo que ellos erróneamente llaman amor, se da de forma espontánea, y de ahí su “autenticidad”; y que si resulta correspondido constituye una prueba irrefutable de que el Destino metió su mano, de que él estaba destinado para ella y viceversa.

Lo triste del caso es que, a pesar del riesgo que ello implica, nada ni nadie les ha dicho que ese concepto es erróneo, que “la común tendencia a confundir el amor con sentimientos de amor [léase enamoramiento o, para usar mi propio término, drogamor] permite a la gente engañarse de múltiples maneras».

Con buena suerte, tal vez algún día se lo enseñen desde la escuela hasta la universidad, y sea materia obligada en todo curso pre- o post-matrimonial.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

QUÉ ES AMOR

El deseo de amar no es en sí mismo amor. El amor es un acto de voluntad, [pues] el amor real o verdadero no tiene sus raíces en un sentimiento de amor. Por el contrario, el verdadero amor a menudo se da en un contexto en el que el sentimiento de amor falta, [como, por ejemplo] cuando obramos con amor a pesar de que no sentimos amor.

El genuino amor es intención y acción. La voluntad también implica elección. No tenemos que amar, sino que elegimos, decidimos amar. El genuino amor implica dedicación y sabiduría. Y una vida de sabiduría debe ser una vida de contemplación combinada con la acción.

El amor es pues una forma de trabajo o una forma de coraje. Es trabajo o coraje encaminado a promover nuestro propio crecimiento espiritual o el de otra persona.

Como el amor es trabajo, la esencia del no amor es la pereza. Si un acto no es acto de amor o de coraje, entonces no es un acto de amor. Aquí no hay excepciones.

El acto de amor exige obrar contra la inercia de la pereza (trabajo), o contra la resistencia engendrada por el temor (coraje).

El amor, como veremos una y otra vez, es invariablemente un fenómeno en dos direcciones, un fenómeno de reciprocidad en el cual quien recibe también da, y quien da también recibe.

Las formas más elevadas de amor son inevitablemente elecciones libres y no actos de conformidad.

El amor genuino reconoce y respeta la individualidad única y la identidad diferente de la otra persona. Cuando amo genuinamente estoy extendiendo mi persona, y al extenderme estoy creciendo. Cuanto más amo, más amplio me hago. El genuino amor se alimenta a sí mismo. Cuanto más promuevo el crecimiento espiritual de otros, tanto más promuevo mi propio crecimiento espiritual.

Cuando existe amor, existe con sentimientos amorosos [léase enamoramiento] o sin ellos. El genuino amor es volitivo antes que emocional. La persona que realmente ama, ama a causa de una decisión de amar. Esa persona se ha comprometido a amar, experimente o no sentimientos amorosos, [pues] es no sólo posible sino necesario que una persona que ame evite obrar por sentimiento de amor.

Mis sentimientos amorosos pueden ser ilimitados, pero mi capacidad de amar es limitada. Gústenos o no, el depósito de nuestras energías es limitado como las horas de nuestros días. Sencillamente, no podemos amar a todo el mundo.

Por tanto, debo elegir a la persona en quien concentre mi capacidad de amar, hacia quien dirija mi voluntad de amar. El verdadero amor no es un sentimiento que nos sobrecoja, es una decisión reflexiva de dedicación. La común tendencia a confundir el amor con sentimientos de amor [enamoramiento] permite a la gente engañarse de múltiples maneras.

[El Paso}– Ni el rencor los nombra / Juan Antonio Pino Capote

Juan Antonio Pino Capote
(Artículo publicado en el Diario de Avisos del 21 de septiembre de 2003)

Parece que en la memoria escrita de El Paso ya no queda nada de la que fue una heroica y bella lucha por el agua.

El Paso: 160 años tras el agua” es el titular de una reseña referente a la lucha por el agua de esa ciudad (pueblo con título de ciudad). Es un titular sugerente para esa reseña que apareció en el programa de las fiestas en honor de Ntra. Sra. la Virgen del Pino, con motivo de su bajada trienal, y que editó el propio Ayuntamiento de El Paso.

El principal motivo de este escrito es lamentar que en esa reseña no se haga alusión a un pleito largo y costoso que, por causa de los influyentes de la época, tuvo que ser sufragado por particulares a cuyo frente se puso el valeroso alcalde de El Paso, destituido por el poder imperante para impedir que contara con fondos del Ayuntamiento, con los que se había iniciado el pleito.

Creo que el autor de la mencionada reseña sólo consultó someramente los archivos del Ayuntamiento, y nada más, pues no creo que en esos archivos no conste todo el inicio del pleito; no creo que consultara en serio esos archivos. Por eso omitió un período que va desde 1956 a 1976 en que habla de “unos litigios”, y esto sólo para referirse a un detallado informe jurídico del letrado don Antero Simón, realizado por encargo del Ayuntamiento. Ni siquiera nombra al alcalde que solicitó tal informe, ni aclara que no es sólo un informe jurídico del litigio en cuestión sino que también es la historia de las apropiaciones indebidas y las usurpaciones en la isla de La Palma.

Por razones que luego entenderán, la lectura de esta reseña me produjo una gran indignación.

Después de algunos días de reflexión, y pasados los malos impulsos de la indignación, decidí dejar constancia escrita de lo que, según el autor de la reseña son “litigios que se desvanecieron en el tiempo, sin solución aparente”.

LA HISTORIA NO CONTADA

Ésta es la historia de un alcalde con escasos medios porque era “El dentista de los pobres”, según se ha escrito. Es la historia de un alcalde que lo fue de El Paso durante dos largos periodos, y uno de ellos por aclamación popular y conducido a hombros hasta la tribuna de la plaza pública, de la que fue retirado por la guardia civil y por orden gubernativa ya que se le había prohibido presentarse como alcalde, pero como el telegrama con tal prohibición no llegó a tiempo a sus manos, el gobernador lo tuvo que aceptar (en unos tiempos en los que los nombramientos se hacían directa o indirectamente a dedo).

Es la historia de un alcalde que no cometió otro delito que defender las aguas de su pueblo de El Paso y que, cuando los poderosos lograron marginarlo del Ayuntamiento, él, con unos cuantos amigos y patriotas, consiguió la necesaria “personalidad jurídica” para seguir defendiendo los intereses de su pueblo, y lo hizo a titulo particular y con grandes sacrificios económicos —que pusieron en peligro las carreras de sus hijos en la Península— y con la inestimable ayuda de los amigos que aportaron el suficiente dinero para costear los gastos de un pleito, desigual en cuanto a recursos económicos e influencias políticas, de una entidad privada en las más altas instancias nacionales.

Como veo que por omisión sistemática va cayendo esto en el olvido, creo que, además de conveniente recordarlo, es también conveniente nombrar a estos amigos patriotas que colaboraron: Daniel García, Pedro Capote, Vicente González, Edilio González, Manuel Ángel Pérez Sosa, Pedro Gómez Acosta, Miguel Jurado Serrano, y puede que alguno más, pero, por lo menos, vale recordar a estos pocos —de los que sólo viven tres—, ya que temo que todo esto se pierda irremisiblemente en el olvido, como esta historia ignorada.

Si indignante es esta omisión sistemática, no lo fue menos lo que, en su momento, le dijera al hijo de este alcalde un sucesor suyo que luego se negó a pagar algunas deudas pendientes del pleito: «lo que tu padre va a hacer es arruinar al Ayuntamiento con ese pleito». Pero la viuda e hijos de este alcalde tuvieron que hacer renuncia de la exigua herencia a beneficio de inventario.

Aún hoy sigue siendo una pena que, por la negligencia de unos y los intereses de otros, estos hechos se queden como “litigios que se desvanecieron en el tiempo”, pues creo que hay mucho más que decir y recordar de este alcalde, de estos hechos y de sus amigos. Él se definió a sí mismo con un soneto que explica el título:

SOY:

De esos hombres abiertos, derramados,
que dicen con rudeza cuanto sienten,
y que, aunque les convenga, nunca mienten
y en alta voz confiesan sus pecados.

De los que viven y se dan confiados
y en alegrías su dolor convierten,

ni la traición, ni el desamor advierten,
a sus propios amores consagrados.

De los que alcanzan luz entre las sombras
y cuando pasan, ni el rencor los nombra
porque en la lucha fueron generosos.

De los que buscan con ahínco el cielo,
y se aligeran para alzar el vuelo

rompiendo sus cadenas silenciosos.

Este alcalde era mi padre, Antonio Pino Pérez, Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso, Cruz de Beneficencia, dentista, escritor y poeta, que se durmió para siempre soñando con una justicia que nunca llegó a ver. Esto ocurrió el mismo día del fallo judicial, del que no tuvo noticia.