[*Drog}– ‘Lo que necesitas es amor’, un título engañoso

En Periodista Digital (España) de hoy encontré el artículo que copio más abajo, cuyo contenido me parece casi totalmente correcto pero no su engañoso título.

Veamos. El artículo describe, una vez más, el proceso del drogamor, repitiendo lo que ya sabemos y que he destacado varias veces en esta sección, o sea: que los mecanismos que se ponen en marcha durante el (drog)amoramiento son los mismos que los que actúan cuando una persona se vuelve adicta; que el (drog)amor es una adicción que tiene un tiempo límite y sólo dura entre dos y tres años; y una vez que termina, terminan también con él el placer y la tranquilidad.

Sin embargo eso de que “Lo que necesitas es amor” sugiere que el amor es una panacea, pero no es así.

Aunque el contenido del artículo deja más que claro que el tal “amor” es en realidad drogamor, ese contenido tiene una falla: olvidó mencionar que el drogamor contribuye a fortalecer el sistema inmunológico [de la pareja de drogamorados] siempre y cuando sea correspondido en igual medida por los dos miembros de la pareja, pues, de no ser así, puede llegar a minar hasta extremos graves la salud del que se sienta en desventaja, del miembro que se crea más drogamorado de su pareja que lo que ésta lo está de él.

Carlos M. Padrón

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28.04.08

(PD).- Las reacciones bioquímicas que experimenta el cuerpo de una persona cuando está en fase de enamoramiento ayudan a mejorar el estado de salud y contribuyen a “fortalecer su sistema inmunológico», según explicó el investigador de genética de la Universidad de Barcelona, David Bueno.

El profesor señaló que el enamoramiento es un “conjunto de reacciones bioquímicas y conexiones en el cerebro” que hacen que las personas se sientan en un estado diferente al habitual. Sin embargo, comentó que los síntomas pueden ser distintos dependiendo de la persona.

Aunque el efecto del amor puede variar en cada uno, el proceso químico de enamoramiento siempre es el mismo. “Existe una primera fase de flechazo, en el que el cuerpo humano segrega unas hormonas sexuales denominadas feromonas” que contribuyen a que nos fijemos en alguien. Después, en una segunda fase, se activan las dopaminas “que aseguran la atracción” hacía esa persona.

Bueno comentó que “los mecanismos que se ponen en marcha durante el enamoramiento son los mismos que los que actúan cuando una persona se vuelve adicta” a alguna sustancia. Por lo que sentenció que el amor “es una adicción».

Sin embargo, esta “adicción” tiene un tiempo límite y “solo dura entre dos y tres años». Después de esto “los receptores de estímulos se van saturando y pasan a actuar las hormonas endorfinas que son las causantes, entre otros aspectos, del placer y la tranquilidad».

PD

[*FP}– De la Seguridad Social española durante el franquismo

Carlos M. Padrón

A la edad de 18 años “dejé el nido” —expresión usada por mi padre cuando alguien abandonaba la casa de sus progenitores para “volar” por cuenta propia— para ir a trabajar en Santa Cruz de Tenerife, donde Carmen, una prima hermana de mi madre, hija de mi tío-abuelo Pedro Castillo, me había conseguido empleo como contable (contador) en la llamada “Agencia de Aduanas de Emiliano Martín Hernández”. El tal don Emiliano era padre de una alumna de Carmen, a quien, si mal no recuerdo, llamaban Mari Lola.

La Agencia operaba en el segundo piso de un ya entonces viejo edificio, hoy desaparecido, exactamente en la Calle La Marina N° 13, Teléfono 3809, y se dedicaba mayormente al empaquetado y embarque de plátanos, En esa Agencia trabajé unos 45 meses: desde mediados de septiembre de 1957 hasta finales de junio de 1961, cuando renuncié para viajar a Venezuela con mis padres y mis dos hermanas.

Me sentaba yo en uno de esos muebles antiguos y altos, que tenían forma de casi ‘V’ invertida, en los que cada lado de esa ‘V’ era una superficie bastante amplia que servía como tope de escritorio, y también era tapa de un cajón o gaveta donde guardar material de trabajo. Al centro de esas dos vertientes, inclinadas hacia quien se sentara en el mueble, tenía éste una especie de repisa sobre la que yo colocaba los libros de contabilidad que, por falta de espacio, no guardaba bajo llave en el cajón.

En esta foto pueden verse, en lo alto del mueble, los libros a que me refiero.

Miguel Vidal, que era de La Palma y trabajaba también en la Agencia, aparece sentado en el lado contrario al que yo ocupaba. Se sentó ahí sólo para la foto, pues ése era el puesto de trabajo de un funcionario de la Seguridad Social que en las mañanas trabaja en esa entidad ─que, si mal no recuerdo, tenía un horario muy cómodo, como de 9 a 14 o algo así─, y en la segunda mitad de las tardes venía a manejar lo relacionado con la Seguridad Social del personal de la Agencia.

El detalle de lo que “El Funcionario” hacía —en adelante me referiré a él por ese nombre— y de cómo lo hacía, nunca lo supe, y dada mi educación y mi corta edad, no era prudente que yo preguntara.

La superficie de trabajo de su lado del mueble, o sea, la tapa del cajón, la mantenía siempre trancada si él no estaba presente; la abría al llegar, y la trancaba al salir, llevándose consigo la llave.

Hicimos buena amistad, y muchos días, al terminar las labores, El Funcionario y yo salíamos juntos y caminábamos por el resto de la calle La Marina, atravesábamos la Plaza de La Candelaria, y subíamos por la Calle El Castillo hasta la Plaza Weyler, donde nos separábamos porque él vivía entonces en esa zona.

Mi sueldo era de 1.200 pesetas al mes, que me pagaban a veces en efectivo y otras veces en un cheque, no recuerdo si a mi nombre o al portador, que yo cobraba en el Banco de Bilbao que estaba en la misma Calle La Marina antes de llegar a la Calle San José.

Aunque no recuerdo que me pidieran que firmara un recibo, siempre hice los correspondientes asientos contables, pues, de lo contrario, la contabilidad no habría cuadrado. Y haciendo memoria después de tantos años, creo que El Funcionario era quien escribía el cheque que él mismo presentaba a la firma de don Emiliano Martín, y éste me lo entregaba cuando lo había firmado.

Con la primera cámara fotográfica que tuve en mi vida, tomé, entre otras, la foto anterior y también ésta, en la que aparecemos la mayoría de los que entonces trabajábamos en la Agencia:

De izquierda a derecha.
• De pie: José Manuel Bethencourt, Clotario Rodríguez, Sotero Hernández, Antonio Blanco, y Manuel Tejera.
• En cuclillas: Alfonso Ferrer, Carlos M. Padrón, y Antonio (no recuerdo el apellido).

Desde que llegué a Venezuela mantuve correspondencia con El Funcionario, y cuando en 1969 murió mi padre, fue El Funcionario quien, a petición mía, ayudó a mi madre en los trámites para que ella cobrara su pensión de viudedad, lo cual le agradecimos todos en mi familia.

Cada año nos cruzábamos, además de las tarjetas de navidad, unas dos o tres cartas. Yo, fiel a mi costumbre, respondía enseguida las suyas, y él a veces se tomaba casi dos meses para contestar a las mías. Todo funcionó así desde 1962 y durante los años posteriores, hasta que con fecha 01/02/1987 le envié una carta que, pasados los meses y también dos años, nunca recibió respuesta.

Preocupado por ese para mí inexplicable silencio, cuando un amigo de nombre Juan iba a regresar a Tenerife, luego de que él y su esposa vinieran a conocer Venezuela y pasaran en mi casa unos días de septiembre de 1989, le dí copia de esa carta enviada por mí a El Funcionario con fecha 01/02/1987, y le pedí que me hiciera el favor de ir a su casa y entregársela personalmente.

Así lo hizo Juan, y luego me contó que lo había recibido la esposa de El Funcionario, que se mostró extrañada porque, según le dijo, allí no había llegado nunca esa carta mía. Sin embargo, ésa que Juan entregó en propia mano tampoco recibió respuesta, lo cual avivó mis sospechas porque una parte de ella decía así:

Caracas, 1 de Febrero de 1987

Dn.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Santa Cruz de Tenerife
C A N A R I A S

Estimado Amigo:
../…

Fui al Consulado la semana pasada, y la señora que me atendió, esposa de un ex-compañero de trabajo en IBM, me dijo que puedo solicitar mi afiliación a la Previsión Social ya que yo trabajé en España como empleado. Y es aquí donde entras tú, pues pienso que si esto, que me interesa sobremanera, es factible, tú podrías ayudarme a conseguirlo.

¿Sabes algo al respecto? ¿Qué debo hacer? Entiendo que yo tendría que pagar una cantidad inicial y continuar luego cotizando periódicamente, pero también entiendo que habría que “desenterrar” ahí algo que fuera demostrativo de que trabajé como empleado, y yo, desde aquí, no creo poder hacer eso. ¿Puedes ayudarme?

../…

Recibe mis gracias anticipadas por tu atención, un saludo para toda tu familia, y un cariñoso abrazo para ti de tu amigo,

________________
Carlos M. Padrón

Era muy raro que todas mis cartas a El Funcionario hubieran recibido debida respuesta excepto ésta, única en la que yo había tocado el punto de mi situación ante la Seguridad Social.

Para salir de dudas, le pedí a Juan el favor de que averiguara tal situación. Su respuesta fue que yo no aparecía ahí por lado alguno: simplemente, yo no existía para ese organismo.

¿Quién cree usted, amable lector/a, que sea el responsable de que la “Agencia de Aduanas de Emiliano Martín Hernández” no me diera de alta en la Seguridad Social?

Si el actual Gobierno de España se ha preocupado tanto por subsanar los desmanes, reales o supuestos, hechos bajo el franquismo, y de defender los derechos de los trabajadores, ¿ha previsto algo que permita hacer justicia en casos como el mío, y, por ejemplo, recoger testimonio de quienes fueron mis compañeros de trabajo, de forma que se me reconozcan los 45 meses trabajados?

Hasta donde se me ha dicho, no hay nada que hacer en mi caso, y si regreso a España sólo tendré derecho a la pensión básica, pero no a otra que pudiera fundamentarse en esos 45 meses que allá trabajé.

[*Drog}– Polémico incesto en Australia

El artículo que sigue, publicado en Periodista Digital (PD) el 09/04/08 es de los que pone los pelos de punta. A mí me causa ese efecto por dos motivos;

1. Ante un caso de claro incesto entre padre e hija, del cual han nacido dos hijos, uno con malformaciones, la Justicia impone la condena de un período de tres años durante los cuales no pueden tener relaciones sexuales. Esto es degeneración social que ha alcanzado a la supuesta Justicia

2. A título de justificación —para quien así quiera creerlo—, el padre explica lo ocurrido entre él y su hija porque las emociones pudieron más, porque las emociones mandan, y, “como la gente sin duda sabe, hay momentos en la vida en que las emociones guían el corazón y la cabeza”.

Esta explicación, que no justificación, contiene dos terribles aseveraciones:

• Lo de que “como la gente sin duda sabe”, que apela a lo que mencioné en un artículo sobre este tema: el convencimiento social actual, y la creencia muy extendida, de que el drogamor es bueno y fiable como base para llegar al matrimonio.

• Lo de dar por sentado y aceptable que “hay momentos en la vida en que las emociones guían el corazón y la cabeza”. Cuando en una relación entre hombre y mujer se deja que las emociones guíen la cabeza, estamos ante un claro caso de drogamor, peligroso como todos ellos, y asqueroso especialmente en éste en el que hay involucradas vidas inocentes.

Carlos M. Padrón

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09.04.08

Una mujer australiana de 39 años ha defendido en un programa de televisión la relación que mantiene con su padre, 22 años mayor.

Ella era un bebé de apenas doce meses cuando se separó de su padre. Treinta años después se reencontraron, se enamoraron y tuvieron hijos. Uno murió y otro ha nacido con malformaciones. Han sido condenados a vivir tres años sin mantener relaciones. Ellos piden “respeto y compresión».

En declaraciones al programa “60 Minutes», Jenny Deaves dijo que ella y su padre están en una relación con consentimiento. “Sólo pedimos un poco de respeto y comprensión», añadió.

Jenny tenía 31 años cuando volvió a verse con su padre John Deaves, quien se separó de la madre de ella treinta años antes cuando Jenny era un bebé de apenas doce meses. Poco después del encuentro, Jenny ya había pensado en iniciar una relación sexual con su padre. “Lo miraba como diciendo, vaya, no está tan mal», recordó.

La pareja se presentó en el programa con su pequeña hija de nueve años. La menor es la tercera hija, y en este caso también medio hermana de Jenny.

John Deaves reconoció saber que era ilegal tener relaciones sexuales con su hija, pero que las emociones pudieron más. “Las emociones mandan, como la gente sin duda sabe; hay momentos en la vida en que las emociones guían el corazón y la cabeza“, dijo.

Tanto el padre como la hija fueron hallados culpables en marzo pasado de dos cargos de incesto. El juez impuso una medida de “buena conducta” por un período de tres años y por la que no pueden tener relaciones sexuales, según informó la agencia AFP.

PD

[*Drog}– El (drog)amor es ciego … y maternal

Ésta sí que es una noticia importante: la similitud entre el amor romántico —léase drogamor— y el maternal, pues en ambos se pierde la capacidad de criticar a la pareja (romántico) o a los hijos (maternal).

Entre las muchas madres biológicas que he conocido, muy pocas se han revelado como capaces de ver, y de aceptar que son reales, los defectos de sus hijos, y menos aún el que ellos hayan delinquido.

Por el contrario, al decir de estas madres, sus hijos son lo mejor de lo mejor, y sin rubor lo pregonan a los cuatro vientos. Y cuando oigo que una madre se expresa así, compadezco al hijo, aun sin conocerlo, y me pregunto cuándo podrán las mujeres dejar de reaccionar como madres animales —o “bioanimales” (= madre biológica que en su rol de madre se comporta como una madre animal), y hacerlo como seres racionales —o como madres “biorracionales” (= madre biológica que en su rol de madre se comporta como un ser racional)—, sin dejarse llevar por un instinto de origen animal destinado a proteger a las crías.

¿Dónde queda eso de que somos seres racionales? Hasta los animales usan este instinto mejor que las madres humanas, pues las madres animales protegen como tales a sus crías hasta qué éstas alcanzan cierta edad; luego, si te vi no te conozco. No sería bueno, ni sería racional, que las madres humanas llegaran a ese extremo, pero tampoco que se sitúen en el opuesto, que es donde están las más de ellas.

Tal vez yo sea sensible a esto porque en El Paso, el pueblo en que me crié, se hacían burlas a a espaldas de los padres o madres que vivían en perenne alabanza de sus hijos, o se les enfrentaba cara a cara cuando se negaban a aceptar la evidencia de que sus vástagos habían hecho algo malo. En El Paso de entonces era común que los padres le hicieran notar a sus hijos los malos rasgos de su carácter o conducta, pero no que alabaran los buenos, ya fueran reales o supuestos.

Para complicar la situación, cuando más bioanimal es una madre, peor pareja es, pues la dedicación a su cría —sea una o sean varias— le exige tiempo y atención que, de no ser por la cría, podría dedicar a su relación de pareja. De ahí el origen del “Para la pura relación de pareja, los hijos son un estorbo”. Y tanto más estorbo son cuanto más bioanimal sea su madre.

Dicen que se ha descubierto que existen diferencias entre géneros —¿insólito, verdad?—, y en la lista de tales diferencias está la forma en que hombres y mujeres ven a sus hijos, pues son más las madres bioanimales que los padres bioanimales. De esto se deduce que llegar a la tan cacareada igualdad entre los sexos requiere que las mujeres bajen su nivel de “bioanimalidad”, que es el que les lleva a casi la histeria cuando creen o saben que no podrán ser madres.

Como ya he mencionado antes, el drogamor sí es un sentimiento, pero el amor no, aunque la RAE diga que sí. El drogamor, como muy bien lo define Mara Dierssen —que en su definición se refiere al enamoramiento o drogamor—, es “una adicción química entre dos personas”. Nótese lo de adicción, muy propio de las drogas, y recuérdese lo que éstas pueden hacer a sus adictos.

Y si el amor romántico —o sea, el drogamor— vuelve imbécil a quien lo padece, ¿qué calificativo merece la bioanimal?

Carlos M. Padrón

P.D.: Un chiste que ilustra cómo suele pensar una madre bioanimal:

Dos señoras se encontraron después de un buen tiempo sin verse. Una le preguntó a la otra:

—¿Cómo están tus hijos, Rosa y Francisco?

—Ay, querida, Rosa se casó muy bien. Tiene un esposo maravilloso. Es él quien se levanta de madrugada para cambiar los pañales de mi nieto, prepara el café en la mañana, lava los platos y ayuda en la cocina. Después de todo esto se va a trabajar. Un amor de yerno, gracias a Dios.

—¡Que bien, querida amiga! Y tu hijo Francisco, ¿también se casó?

—También se casó, pero tuvo mala suerte; su matrimonio anda muy mal. Imagínate que él tiene que levantarse de madrugada para cambiar los pañales de mi nieto, hacer el café en la mañana, lavar los platos y ayudar en la cocina. Y después de todo esto, ¡¡¡sale a trabajar para mantener a la perezosa y desgraciada de mi nuera!!!

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24.03.08

(PD).- Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro sostienen que las personas que están realmente enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas, es decir, se vuelven incapaces de ver sus defectos, lo que viene a confirmar aquel popular refrán que asegura que “el amor es ciego».

Al menos esto es lo que sucede en los casos de amor romántico o maternal, en los que se ha detectado que, ante determinados sentimientos, se activan las mismas regiones del cerebro, según ha explicado la neurobióloga Mara Dierssen, investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona.

Lo más curioso del caso, sin embargo, es que, paralelamente a esta estimulación que se produce en las mismas regiones cerebrales, en ambos tipos de amor se “desactiva” la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas. Se suprime, por tanto, la capacidad de criticar a los seres queridos, una situación que se reproduce tanto en humanos como en animales.

“Cuando nos enamoramos perdemos la capacidad de criticar a nuestra pareja, por lo que puede decirse que, en cierta manera, el amor es ciego», señala Dierssen, que recientemente ha participado en un ciclo sobre Amor, ciencia y sexo organizado por la Obra Social de La Caixa.

Adicción química

Los estudios que desde hace varios años se llevan a cabo en humanos y ratones para conocer el complejo funcionamiento del cerebro están aportando datos tan novedosos como sorprendentes en el siempre estimulante terreno del amor. Estos avances están ayudando, por ejemplo, a responder a preguntas tan básicas, pero también tan enigmáticas y sugestivas, como qué pasa en nuestro interior cuando nos enamoramos, qué sucede en el cerebro o por qué sentimos, o no, deseo sexual.

El diccionario de la Real Academia Española define el amor como “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». Para Mara Dierssen, sin embargo, el amor es algo más simple: “Una adicción química entre dos personas».

Dice esta investigadora que cuando existe enamoramiento de verdad se dan, en mayor o en menor medida, una serie de circunstancias comunes, como la atracción física, el apetito sexual o el afecto y el apego duradero. Estos sentimientos desencadenan en nuestro interior un conjunto de alteraciones químicas que generan sustancias como la dopamina, responsable de la sensación de atracción, o la serotonina, implicada en los pensamientos obsesivos.

El análisis de estos aspectos, así como de la actividad cerebral, también ha permitido constatar que el cerebro de hombres y mujeres funciona de manera diferente en cuanto al amor se refiere, y que cuestiones como los diferentes niveles de apetencia sexual tienen una explicación científica. “Se ha descubierto que existen diferencias entre géneros, de manera que el hombre es más sexual, tiene un apetito sexual más constante, mientras que la mujer es más sensitiva», explica Dierssen. Incluso la infidelidad afecta de manera diferente a unas y otras especies.

PD

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01/04/2008

Jesús Sancho

La neurobióloga e investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, Mara Dierssen, participó en una conferencia que trató estos temas y que sirvió para clausurar la Semana Mundial del Cerebro celebrada en la Ciudad Condal. Dierssen ahora desgrana en esta entrevista con todo detalle científico aquel tópico de que el amor es ciego.

La Ciencia se ha lanzado a descubrir los secretos del amor. Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro han revelado que las personas cuando se enamoran pierden la capacidad de criticar a sus parejas al desactivarse las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas.

-¿Qué es lo que pasa en el interior de nuestro cerebro cuando nos enamoramos?
-Estudios de neuroimagen muestran que en las primeras fases de amor romántico se desactivan las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas. Y eso se podría interpretar como que cuando estamos enamorados nos sentimos más fuertes, capaces de todo, y las emociones positivas imperan, según la antropóloga Helen Fisher o el neurobiólogo Semiz Zeki.

-Entonces, ¿se puede decir que el amor es ciego?
-En cierta manera el hecho de que las áreas que tienen que ver con el juicio crítico social se desactiven proporcionaría una explicación neurológica de que el amor es ciego ya que, cuando valoramos a la persona que queremos, nuestra capacidad de juicio se reduce. Pero todas las fases del enamoramiento no son iguales, y estamos hablando fundamentalmente de una fase relativamente todavía inicial.

-¿Y qué queda de aquello del amor romántico?
-¡Incluso en la literatura el amor romántico tampoco es eterno! De hecho, desde un punto de vista biológico, ese amor romántico requiere una inversión energética muy importante, y nuestro cerebro está construido para poder habituarse a los estímulos. La habituación es un tipo de aprendizaje en el cual la respuesta frente algo novedoso va disminuyendo con el tiempo lo mismo sucede con las personas que conocemos aunque no estemos enamoradas de ellas.

-¿Usted cómo definiría el amor?
-Desde un punto de visto neurobiológico, el amor es una emoción compleja, un sentimiento privado que se acompaña de elementos de pasión, de deseo y de placer, pero que tiene diferentes fases, según la antropóloga Helen Fisher. Y ese enamoramiento romántico y obsesivo daría paso a una emoción más compleja y elaborada que requiere la formación de lazos estables. Para mí el amor también es entrega, dar sin esperar a recibir nada a cambio.

-¿El proceso de enamoramiento entre el hombre y la mujer es el mismo?
-Los trabajos de Fisher indican que el hombre tiende a ser estimulado más por señales visuales y de forma más constante, mientras que la mujer está influida por otro tipo de elementos. Por ejemplo, existen algunos estudios en los que se realizaron encuestas a estudiantes de un entorno universitario y mostraban que las mujeres tenían más preferencia por personas que denotaban capacidad de protección, un aspecto más tierno o una mayor intención de mantener una relación estable e invertir en ella, y no por los que tenían el aspecto musculoso, que típicamente asociamos al concepto de atracción.

-¿Científicamente también me puede explicar cómo se inicia el deseo sexual?
-Aquí hay mucha controversia, y además hay que puntualizar que en el enamoramiento se dan unos condicionantes culturales y sociales importantes. Pero hay dos elementos fundamentales que influyen en la atracción. El primero es visual, los humanos tenemos un cerebro muy visual y te puedes enamorar de una persona que, por ejemplo, sale en una película. Y el otro elemento que influye es el sistema olfatorio, que parece ser que tiene una gran importancia en el deseo sexual y la capacidad de reconocer el atractivo de la persona querida.

-Una de las caras amargas del amor, sobre todo quien la sufre y causa de ruptura de muchas parejas, es la infidelidad. ¿Se puede hablar de una base genética de la infidelidad?
-En cualquier caso si nos hemos de basar en el hecho cultural y en los perfiles conductuales que observamos en la población general, parece que no se puede concluir que somos monógamos por naturaleza porque la tendencia es más bien a la promiscuidad sin que eso quiera decir que no podamos establecer relaciones monógamas y que no haya muchas parejas que lo sean.

-Entonces se puede concluir que somos un poco promiscuos…
-Lo que está claro es que si hubiera por naturaleza una tendencia a la monogamia, no existiría la poligamia. El perfil global de la población sugiere más bien que somos tendentes a la monogamia de forma cultural, aunque tenemos también un componente de promiscuidad. De hecho, algunos investigadores, como Tom Insel, apuntan a que la monogamia no existe, aunque si puede existir una monogamia sucesiva, es decir, que somos monógamos durante un tiempo y luego cambiamos de pareja y somos monógamos durante otro tiempo.

-El cerebro ha sido uno de los órganos más estudiados pero a la vez uno de los más desconocidos. ¿A qué se debe?
-Hemos avanzado mucho en el conocimiento del cerebro, pero todavía no tenemos muy claro el por qué, es decir, cómo se traduce toda esa información en consciencia, abstracción o sentimientos, y cómo pasamos de esos patrones de activación cerebral al proceso mental.

-¿Considera que la Ciencia se puede ocupar de cualquier cuestión o tiene también sus propios límites?
-Todo lo que surge en nuestro cerebro es susceptible de ser estudiado por la neurociencia. Otra cosa es que, por supuesto, existen límites técnicos o derivados del propio interés temático del científico.

La Vanguardia

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Esta plaza

Ésta es la plaza a la que se refiere el poema que sigue:

Es la llamada del Dr. Santos Abreu, y está en Los Llanos de Aridane, pueblo vecino a El Paso.

En ella se colocó esta placa,

con los versos iniciales del bello poema de Don Antonio Pino Pérez. Un hermoso y más que merecido reconocimiento al poeta.

Carlos M. Padrón

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ESTA PLAZA

A Gabriel Lorenzo Duque,
por motivos ya viejos.

Esta plaza silenciosa,
recogida y expectante,
parece que está dormida
en un ayer inquietante.

Tiene esta plaza una fuente
donde el agua se lamenta,
y unos bancos olvidados
donde ya nadie se sienta.

A unas flores bien cuidadas
le dan unas palmas sombra,
y teniendo tanta historia,
ya ni el recuerdo la nombra.

Casitas bajas, bajitas,
no cierran sus horizontes,
que a través de ellas se admira
subir al cielo los montes,

ayer de ayeres… Pasó
en su piedra consagrada.
¡Reloj de vidas!.. Paró
y está en el tiempo parada.

¡Que nadie turbe su calma
alrededor de la fuente!
Por la piedra levantada
transmite un mensaje, ¡y siente!

Esta plaza silenciosa,
recogida y expectante,
al alma le habla y le cuenta
todo su dolor distante.

[*Opino}– ¡A salvar el punto y coma!

Esto de salvar el punto y coma —tema del artículo que copio abajo— no sólo debería ser tarea de Francia sino también de los demás países de hablas romances, y también de los de habla inglesa.

Cada vez más, lo escrito en EEUU está plagado de guiones, algunos sencillos (-) y otros dobles (–) que, además de ir a veces pegados a las palabras que se supone deben separar, causan confusión al lector, y, en buena lógica, podrían sustituirse por punto y coma, por sólo coma, o por dos puntos.

Ejemplo: “Because I thought this would be a good opportunity to show the other side of backups – TIME”. En el lugar del doble guión deberían ir dos puntos, pues lo que la frase dice es: “Porque pensé que ésta sería una buena oportunidad para mostrar la otra cara de los respaldos: TIEMPO”. Pero si alguien quiere embarcarse en una misión imposible, que trate de explicarle esto a los más de los useños.

Otro más: “… your iPod will remember and let you adjust the playback speed–just like audiobooks purchased from the iTunes Store”. En el lugar del doble guión debería ir una simple coma, pues lo que la frase dice es: “… tu iPod recordará y te permitirá ajustar la velocidad de reproducción, como en los ‘audiobooks’ que se compran en la tienda iTunes”.

Y cada vez más, lo escrito supuestamente en español está plagado de puntos suspensivos en clara prueba de que quien escribe no tiene idea de cómo usar otro signo de puntuación.

Una frase como ésta: “Además, en las calles no había nada que hacer; estaban desiertas”, requiere punto y como ahí donde está porque el ‘estaban desiertas’ no es realmente una continuación sino una explicación de lo anterior, pero cada vez más le ponen un punto y seguido, si es que no una coma o, en el peor de los casos, puntos suspensivos.

Hace algún tiempo, Amando de Miguel escribió que el punto y coma está en vías de desaparición, lo cual es una pena. Pero más pena es que esté en riesgo de desaparecer por simple desconocimiento de su uso, y en su lugar se recurre al antes mencionado guión o a los puntos suspensivos que, por lo visto, son el paño de lágrimas de quienes no saben de signos de puntuación. ni quieren aprender.

Carlos M. Padrón

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3 de abril de 2008

Javier Farje

Para muchos franceses, escribir oraciones largas requiere de una pluma fuente y papel fino.

Francia se ha enfrentado durante su historia a episodios tumultuosos, invasiones y ocupación, reformas y contrarreformas. Francia incorporó a la jerga histórica palabras como “terror” y “resistencia».

Pero hoy, gozando de uno de los períodos de de paz más largos de la historia europea, la tierra de Moliere y Verne se ha visto abrasada por un patriotismo de fuego que va más allá de una contienda cualquiera. Y, como ha ocurrido en otras ocasiones, el enemigo habla inglés.

Se trata de una campaña frontal y unificadora para salvar un elemento sin el cual Francia difícilmente podría sobrevivir como ente cultural. El punto y coma. O el point-virgule.

Signo de identidad

Al parecer, este signo de puntuación, que en el idioma de Shakespeare es una especie de transición de compromiso entre los dos puntos y el punto final, en el francés tiene una identidad propia.

Sin el punto y coma, “En busca del tiempo perdido», de Marcel Proust, por ejemplo, un hincha acérrimo de la voluptuosidad idiomática, sería difícil de leer.

La literatura francesa, sea de ficción o burocrática, usa al punto y coma como una pausa de respiro en oraciones largas, en pensamientos extensos, que son una costumbre en ese idioma.

Pero ese signo de puntuación tan útil y ubicuo, se ha convertido en el francés en una especie idiomática en peligro de extinción.

La brevedad de la redacción anglosajona parece haber invadido los textos más inocuos en Francia, y eso ha molestado a muchos patriotas de la escritura.

“Para escribir oraciones largas, se necesita una pluma fuente exquisita y una buena hoja de papel” dice Claude Duneton al diario Times de Londres, en francés, por supuesto. Las oraciones breves vienen de un estilo anglosajón más directo, esto refleja la edad moderna y la necesidad de la rapidez” concluye.

Campaña

Pero hay quienes se oponen a la prisa en el idioma y culpan al inglés de semejante violación del territorio francés.

“El punto y coma está desapareciendo como los osos. A la gente no le gusta, los escritores le tienen miedo, los diarios ya no lo usan; es un poco triste», dice Sylvie Prioul, coautora de un libro sobre el arte de la puntuación.

Prioul y otros escritores se han embarcado en una campaña para salvar el uso del punto y coma. Y es que, para ellos, las oraciones complejas, la suma de pensamientos que se suceden en un mismo párrafo, tienen en el punto y coma un aliado del entendimiento y la claridad.

La campaña ha recibido un respaldo importante, proveniente del experto Alain Rey, autor del diccionario Robert, uno de los más importantes del francés.

“La puntuación no es ni de izquierda ni de derecha; trasciende la división política. Para mí, es el símbolo de una república que razona de forma correcta», sostiene Rey en rue89.com, una página de internet manejada por periodistas.

El “enemigo inglés», con su brevedad y su forma tan expeditiva de hablar y escribir, ¡no pasará!, parecen decir los activistas del point-virgule.

Incluso se podría formar una coalición de fuerzas, una entente cordiale con el castellano, por ejemplo, que lucha por salvar a la ‘ñ’ del ostracismo en los teclados internacionales.

La cosa la han tomado en serio, y parece que se trata de una guerra larga y truculenta, con una trinchera idiomática que sus defensores quieren convertir en inexpugnable, una escaramuza prolongada sin punto final a la vista.

BBC

[*ElPaso}– Venancio y sus ovejas

14-04-2008

Carlos M. Padrón

El artículo que sigue me hizo recordar que a mediados de los años 50 había en El Paso un hombre —a quien llamaré Venancio; casado y, hasta donde recuerdo, tenía dos hijos— que decía que para él el mejor “polvo” era el echado a una oveja. Y sostenía que cualquier hombre que lo probara le daría la razón.

Venancio tenía varias ovejas que se veían muy bien tratadas. Y tal vez sería sugestión mía, pero después de que tuve el honor de escuchar de su boca tan trascendental declaración —y desde entonces mirar inquisitivamente a su mujer—, yo notaba que sus ovejas también tenían una expresión de extraña satisfacción muy poco frecuente en los especímenes de su género, pues, dando ya muestras, a mis 15 años, de vocación por la psicología, la tal declaración me llevó a escudriñar las expresiones y comportamiento social de todas las ovejas que encontraba yo en el pueblo, y a reparar en detalle en cómo las trataban sus dueños.

Me quedé sin saber si Venancio tenía alguna preferida entre su rebaño ovejuno. Lo que sí sé es que no tenía carnero, pues tal vez los celos se lo impedían.

Cuando en 1974 organicé una excursión a Machu Picchu, hicimos escala, tanto en la ida como en la vuelta, en la ciudad de Cuzco, lugar desde donde partía el tren para Machu Pichu. En una visita al mercado indígena de esa ciudad, uno de los integrantes del grupo se desmayó cuando, a pesar de que habíamos sido advertidos al respecto, un repentino cambio en la dirección del viento nos hizo llegar el “perfume” que despedían las decenas de indias que en ese mercado había.

Según nos explicaron después, como argumento de culpabilidad por no haber hecho caso de la advertencia, ocurre que, según la costumbre del lugar, cada una de las indias adultas lleva puestas, en promedio, unas siete faldas que va acumulando desde niña, pues cuando la exterior se deteriora mucho, se pone otra encima sin sacarse para nada la que, aunque deteriorada y sucia, queda debajo, y así llega al tal promedio, ya que no se quita ninguna ni para remendarla o lavarla. Como, para colmo, no se bañan —la temperatura del lugar no invita precisamente a meterse en el agua— es fácil imaginarse el “aroma” que despiden.

Entonces pude entender otra información que nos dieron: que los indios prefieren tener relaciones sexuales con las llamas que, por supuesto, están más limpias y menos “perfumadas” que sus mujeres. Y en Machu Pichu recordé a Venancio.

Queda claro que la necesidad busca caminos, y que tal vez el búlgaro —cuya pinta habla por si sola— tiene razón al decir que es mucho más rentable el animal que la fémina,… aunque alguien podría pensar que en vez de rentable debió decir fiable, peligrosa, etc.

En fin, como se decía en El Paso, “Cada quien opina de la feria según le fue en ella”.

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13.04.08

Ya son marido y cabra

Stoil Panayotov, un granjero búgaro desafortunado en el amor y divorciado de su tercera mujer, contrajo matrimonio con una cabra el pasado mes de mayo en el mercado de la ciudad de Plovdiv, en el centro de Bulgaria.

Según relata el tabloide británico The Sun, Panayotov dedició tomar esta decisión, tras su desafortunada historia de matrimonios.

Con su última mujer, María, había convivido durante 9 años; desde entonces, no había conseguido levantar cabeza.

Debido a eso, el pasado marzo y en un mercado de ganado, cambio a la mujer por una cabra llamada “Elena», harto de no tener hijos y de ser infeliz.

El trato se cerró frente a una multitud estupefacta, en la localidad de Plovdiv, en el centro de Bulgaria.

El tipo tiene 54 años e insiste en que “la mujer” dio su visto bueno al acuerdo.

Su razonamiento es que la cabra ha tenido ya tres crías y su esposa no había dado nunca a luz, lo que pone en clara evidencia que es mucho más rentable el animal que la fémina.

Cuesta imaginar lo que hará Stoil, y con quién o con qué optará por casarse, si las cosas no le marchan bien con “Elena».

LD

[*Drog}– ¿Por qué se va el (drog)amor?

Me satisface que una autoridad como Walter Rizo diga algo a lo que yo llegué por lectura, observación y escarmiento en carne propia.

No hay mucho que yo pueda comentar a tan sabias conclusiones, sólo puedo repetir que el drogamor pasa. Rizo dice que dura 6 meses, otros dicen que 18, otros que 48, … pero lo que cuenta es que dura poco; que se acaba. En mi caso, y como ya dije, uno de mis episodios de drogamor resistió incólume 31 meses de separación física, y, de haber sido necesario, yo habría resistido más. Sin embargo otro episodio en el que no hubo separación, lo sufrí por 24 meses, y me tomó casi otros 24 zafarme de él.

Hay que dar gracias a Dios de que el drogamor dure tan poco, a menos que bajo sus efectos alguien decida casarse, en cuyo caso, del desastre que esto supone viene el famoso consejo que tanto enfurece a la mayoría de los jóvenes y a muchos que ya no lo son: “No te cases enamorado”. Sabias palabras.

Rizo distingue entre amor y enamoramiento (drogamor), destaca el componente hormonal que hay en el segundo, y aclara que, al contrario que el drogamor, el amor sí puede durar mucho tiempo, pues se fundamenta en bases distintas a las del drogamor y, por ello, muy raras veces, por no decir que ninguna, va a causar que quien por la vía del genuino amor haya llegado a formalizar una relación se pregunte de pronto “¿Qué estoy haciendo aquí?”, “¿Qué es esto que tengo a mi lado?”.

La afirmación de que todo enamorado es idiota, estúpido o imbécil es ya factor común en los análisis sobre el drogamor, pero a pesar de todo esto y del alerta de voces autorizadas, nuestra sociedad se hace de oídos sordos y sigue alentando el drogamor, considerando que es maravilloso y que constituye la base más sólida, casi una sine qua non, para un matrimonio.

Lamentablemente, nuestro mundo occidental tratará de mantener siempre activo tal aliento porque si de pronto se prohibiera que salieran al mercado los libros, películas y canciones basados en el drogamor y que, de una u otra forma, lo promocionan, la mitad de las empresas quebrarían. Por tanto, parece que el problema deberá ser abordado, y espero que pronto, como de salud pública, algo así como el fumar, el vender bebida a menores de edad, etc.

Carlos M. Padrón

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Respuestas dada por el psicólogo, escritor y conferencista internacional Walter Rizo a dos preguntas sobre el amor y sobre el enamoramiento, al que llamo drogamor.

¿Por qué se va el amor?

Depende de lo que entiendas por ‘amor’. Si entiendes por ‘amor’ solamente la parte emocional, las hormonas alborotadas, etc., a eso lo llamamos enamoramiento, y tiene un ciclo de seis meses y se acaba.

El amor, el que no es enamoramiento, puede durar mucho tiempo porque intervienen variables cognitivas, mentales y culturales. Por eso la gente cuando se casa bajo el estado de ‘embriaguez’ del enamoramiento, después de seis meses dice: “¿Qué estoy haciendo aquí?”, “¿Qué es esto que tengo a mi lado?”.

¿Cómo se comportan un hombre y una mujer cuando realmente se enamoran?

El hombre se ‘estupidiza’, la mujer se vuelve peligrosa.

El hombre se vuelve un idiota, un estúpido, como con un retardado leve. Un gesto bobalicón lo invade, los músculos faciales se aflojan, dice ’sí’ a todo lo de ella, como un cordero. Si tú dudas que está enamorado de ti, es que no está. Cuando a uno lo quieren, uno no duda.

Cuando la mujer se enamora, se vuelve peligrosa, perseguidora, como en la película “Atracción fatal”. Se vuelve demandante, pierde el control, pelea por el hombre que quiere.

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El texto de la entrevista a Walter Rizo lo debo a una cortesía de Manuel Alberto Gutiérrez