[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXXI

XXXI

Inspirados en torpe vanidad,
el campo habéis dejado,
y fuisteis a vivir a la ciudad;
¡vuestro sueño dorado!

Los nobles ciudadanos que advertían
vuestra torpe ilusión,
entre ellos con frecuencia se decían:
«¿Qué ostentan ésos que del campo son?».

Pasó el tiempo, y por falta de caudales,
dejasteis la ciudad.
Descendisteis de falsos pedestales
y habéis vuelto a la triste realidad…

Amigos, no volváis, por presumir,
vuestro campo a dejar.
Si hermoso en el mundo es el subir,
¡qué triste y doloroso es el bajar!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXX

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                                           Para M. Brito, el artista delicado.

Yo no creo en los amores de aquel ángel que en lo azul,
esfumose un bello día de recuerdos y de ensueños;
cuando el alba en las alturas extendió su blanco tul,
y en tu prosa le ofrendabas tus amores más risueños.

El sentir de algunas almas es difícil de escrutar,
porque ocultan en sus pechos, muy recóndito, intangible,
los caprichos del efecto, hacia el que han llegado a amar.
Tiernas sí, mas ¿hacia quienes? ¡Descubrirlo es imposible!

Duda, pues, sincero amigo, porque hay ciertos desengaños
que sangrar hacen del pecho, por el cauce del dolor,
las torturas del desprecio que hacen pesados los años,
y más cuando son las causas los anhelos de un amor.

———————————————————

Yo no creo en aquel ángel que esfumose en los albores
de un hermoso y bello día; sólo creo en sus ensueños,
si conciertan con sus obras, si son puros sus amores,
como son los de una madre: siempre grandes y risueños.

[*Opino}– La mujer con las piernas del millón de dólares

27-05-12

Carlos M. Padrón

Insisto en que lo curioso acerca de las piernas femeninas es que todo el mundo está de acuerdo en cómo son las bonitas…

Pero las mujeres que no las tienen bonitas protestan y patalean argumentando en contra de quienes celebramos ésas del tipo que merecen el nombre de «Un millón de dólares», como si fuera culpa nuestra.

A consecuencia del post El (supuesto) atractivo de las piernas largas, algunas damas me han endilgado comentarios de calibre tan fuerte que no me he atrevido a publicarlos, aunque a otros, que no son precisamente piropos para mí, sí les he dado curso, y pueden leerse al final del ante mencionado post.

Pero no, digan ellas lo que digan, hay piernas que son un verdadero prodigio, y otras que son un espanto, aunque eso no signifique, como quieren dar a entender algunas de las damas protestonas, que las dueñas de las primeras sean mejores personas que las dueñas de las segundas.

Las que las tienen bonitas lo saben, y las exhiben y les sacan provecho,… las más de las veces para dar envidia a sus congéneres

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La mujer con las piernas del millón de dólares

En estos tiempos en los que vivimos, cuando se pagan más de 100 millones de euros por un jugador de fútbol, no es extraño que se aseguren por una gran cantidad esas piernas tan valiosas.

Pero esto no es algo nuevo, de hecho, hay una mujer conocida como “la mujer de las piernas del millón de dólares”. Esta bella dama no era otra que Betty Grable.

Grable es una de las diosas de ese mundo tan atractivo y artístico que es el de las pin-up.

Comenzó en el mundo del cine como una de las bailarinas y actrices que lucían palmito y estilo en las películas de los años ’40s y ’50s del siglo pasado. Según parece, nuestra amiga era tan buena en este tipo de actuaciones que llegó a ser la mejor pagada de todas ellas.

Del cine pasó a la fotografía, y también fue una cotizada modelo.

Las fotos de Grable, pin-ups, fueron admiradas con gran deleite por los soldados de la Segunda Guerra Mundial. En 1943 posó para la foto aquí reproducida que le daría más fama como pin-up.

El autor de la foto fue Frank Powolny, y los soldados le estuvieron agradecidos por aquel trabajo durante las largas noches de guerra (intuyo).

Después de esto, sus piernas fueron aseguradas por valor de 1 millón de dólares de la época, y comenzó a conocérsela como “la mujer con las piernas del millón de dólares”.

Por cierto, la aseguradora fue Lloyd’s. Seguramente lo valían.

Cortesía de Leonardo Masina

[*Opino}– Plastaforma vs. Caracas y El Paso

24/05/12

Carlos M. Padrón

Florida toda, y en particular Miami, es un lugar liso que parece una plasta sobre el mar. Un lugar tan plano que en él no se consigue ni un solo montículo que sirva de referencia topográfica para uno orientarse.

Como ya conté en este blog, me parece una plataforma artificial colocada en órbita de algún cuerpo sideral, y destinada a que las naves hagan escala en ella antes de continuar viaje hacia un lugar o ciudad que sean reales. De aquí que para ese lugar haya yo escogido el nombre de Plastaforma, que, según parece, ha disgustado a algunas personas.

Con ánimo de mitigar esa molestia, aquí va mi explicación.

A mí, que nací, me crié y he vivido siempre en lugares montañosos, Miami, esa planicie desde la que ni siquiera en el horizonte se divisa aunque sea un pequeño promontorio, me resulta asfixiante y casi antinatural.

Mi madre (q.e.p.d.) vivió en Bolondrón (Cuba) durante ocho años, y, desde niño yo, ella me contaba que de Cuba le había gustado todo excepto una cosa: la zona donde ella vivió no tenía montañas, y eso le causaba dificultad para respirar.

Siempre creí que esto se trataba de una manía de parte de mi madre,… hasta que fui a Miami la primera vez, de pronto sentí dificultad para respirar,… y me acordé de mi madre en Cuba. Al rato, ya tenía yo trastornos en la presión arterial.

He estado en Miami muchas veces, pero casi siempre llegué un viernes por la noche, hice compras el sábado, y me fui, o en el último vuelo del sábado, si mi destino era Europa, o en uno de la mañana del domingo, si mi destino era Caracas. Si llegaba desde Europa, continuaba viaje ese mismo día.

O sea, que las más de las veces que he estado en Miami han sido en tránsito, pues estar más tiempo en ese lugar no es bueno para mi salud, como no lo es bajar de Caracas al litoral y subir el mismo día. El nivel del mar más el calor son un cóctel que me cae muy mal: me causa hiperventilación.

Tal vez esto tenga algo que ver con que El Paso, mi pueblo natal, es un lugar rodeado de montañas por el norte, este y sur, y a bastante altura sobre el nivel del mar (en promedio, 644 metros). Y Caracas, la ciudad en la que he pasado la mayor parte de mi vida, está también a bastante altura sobre el nivel del mar (en promedio, 900 metros) y en un valle cuyo norte es, además de majestuoso, inconfundible: el cerro Ávila.

Desde una casa ubicada en Colinas de Bello Monte (Caracas) tomé el sábado 19/05/12 estas dos fotos, porque al contemplar tan espectacular vista de una parte de Caracas no pude menos que, después de extasiarme, acordarme de Plastaforma. ¡Qué contraste!

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Aquí no hay problema para orientarse, pues todos sabemos que el cerro Ávila, visible desde cualquier lado, es el norte.

Y salvando la gran distancia, las montañas acunan también a El Paso.

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Este pico, llamado Bejenao, es nuestro norte. Detrás, está La Caldera de Taburiente.

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Y las «paredes» del imponente cráter de La Caldera de Taburiente son, a escala, el equivalente pasense del cerro Ávila caraqueño.

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COMENTARIOS

 

[*Opino}– El atrofiante uso de algunas tecnologías – Padronel
[…] aquí, que fue en 2012, quise comprar una tarjeta SIM apenas llegar en tránsito al aeropuerto de Plastaforma, pero me dijeron que en los aeropuertos no las vendían, así que la compré en AT&T al llegar […]

[*Opino}– El problemático futuro de Plastaforma (aka Miami)… o de casi toda Florida – Padronel
[…] el artículo que copio abajo, pues si bauticé ese lugar como Plastaforma fue porque, como dije AQUÍ, desde el aire puede constatarse que es una plasta o plataforma, sin pinta de tierra realmente […]

Estela
Gracias por darme la oportunidad de conocer un poco más de El Paso, lugar donde nacieron mis abuelos.

¡Bellísimo!

Estela

[*ElPaso}– Descubren un nuevo mecanismo clave en la división celular, un descubrimiento que tiene vinculaciones con El Paso

24-05-12

Carlos M. Padrón

José Antonio Rodríguez Rodríguez

Publico este artículo en la sección Otros porque José Antonio Rodríguez Rodríguez, miembro del equipo que ha alcanzado este notable logro, y tercer firmante del estudio, es nieto e hijo de pasenses, pues su padre, José Antonio Rodríguez, médico, y sus abuelos —que por línea paterna fueron Antonio Rodríguez Pino, y Nora Perera Capote— y bisabuelos, son todos de El Paso; y él, que nació en Vilaflor (Tenerife) es también Canario.

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18 mayo 2012

Publicado en el ‘Journal of Cell Science’

 

(La investigadora Ethel Queralt)

Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) han identificado el mecanismo que permite a la proteína Zds1 regular un proceso clave en la mitosis, que ocurre inmediatamente antes de la división celular. El resultado abre la puerta al desarrollo de terapias específicas y directas contra el cáncer.

La transmisión de la información genética (ADN) de padres a hijos (o, lo que es equivalente, de unas células a otras) es una cuestión fundamental en la Biología.

La aneuploidia, la falta o el exceso de cromosomas, es una característica presente en casi todos los tipos de cáncer humano, y promueve el desarrollo de tumores.

(Células de levadura. Imagen: UV)

La regulación de la mitosis es particularmente importante para mantener la estabilidad cromosómica. Por ejemplo, las células tumorales aneuploides aparecen como consecuencia de defectos en la segregación de cromosomas, los cuales originan células con mayor o menor material genético del normal.

Sin embargo, a pesar de su importancia, se conoce muy poco de la regulación de la salida de mitosis. En el artículo publicado en el Journal of Cell Science, el grupo de investigación de ciclo celular del IDIBELL, coordinado por Ethel Queralt, descubre un nuevo mecanismo de regulación de la salida de mitosis.

La proteína separasa es un componente clave para la correcta segregación de los cromosomas y para la regulación de la mitosis. En trabajos previos, el grupo de la doctora Queralt describió por primera vez la participación de la proteína Zds1 en la mitosis. Esta proteína coopera con la separasa para asegurar la correcta herencia genética de unas células a otras.

En el estudio se profundiza en el mecanismo molecular por el cual esta proteína Zds1 regula la mitosis y contribuye a que la segregación de los cromosomas sea la correcta. En este trabajo se ha utilizado la levadura Saccharomyces cerevisiae (levadura de cerveza) como organismo modelo.

La levadura es uno de los organismos modelo más utilizado para estudiar los procesos básicos en la célula, que ha permitido identificar mecanismos moleculares complejos como el estudio del ciclo celular en organismos superiores.

La aplicación de dichos conocimientos básicos ayudará a desarrollar tratamientos más específicos y directos contra los diferentes tipos de cáncer.

“Los mecanismos de regulación de la mitosis son muy complejos, y el hecho de conocerlos bien abre la puerta a fármacos específicos que permitan inhibir o corregir este proceso en diversas enfermedades, especialmente el cáncer”, destaca la doctora Queralt.

Su investigación es un paso importante para poder elaborar terapias que impidan que las células tumorales se repliquen.

La investigadora explica que la mayoría de fármacos anticancerígenos se empiezan a aplicar sin conocer de manera exacta cómo actúan: “Se trata de compuestos que muchas veces no sabemos cómo funcionan, pero lo hacen. Si seguimos un proceso inverso, es decir, si empezamos por conocer bien la actividad de una determinada proteína, o de una parte de la proteína, podremos diseñar fármacos específicos minimizando los efectos secundarios”.

Sobre el ciclo celular

Las células crecen en todos los organismos, y se dividen en dos células hijas mediante una sucesión ordenada de eventos que se denomina “ciclo celular”.

Las células tienen que completar cuatro procesos principales durante el ciclo celular:

  1. Crecer (Fases de G1 y G2)
  2. Duplicar el DNA (Fase S)
  3. Segregar los cromosomas (Fase M, mitosis), y
  4. Dividirse (citocinesis).

En la fase 2, fase S o de replicación del DNA, se duplica el material genético y, posteriormente durante la fase M, o mitosis, las células separan los cromosomas duplicados entre las dos células hijas. De esta forma se asegura la correcta herencia de la información genética de una generación de células a la siguiente.

El Idibell, localizado en Cataluña, forma parte del «Health Universitat de Barcelona Campus» (HUBc), una alianza que engloba a treinta entidades dedicadas a la formación, la investigación y la transferencia de conocimiento en el terreno de las ciencias de la salud.

Referencia del artículo
Calabria I; Baro B; Rodríguez-Rodríguez José Antonio; Russiñol N; Queralt E. «Zds1 regulates PP2ACdc55 activity and Cdc14 activation during mitotic exit via its Zds_C motif». Journal of Cell Science. 2012 PMID: 22427694 [Epub ahead of print].

Fuentes: Agencia Sinc, ABC, El Día, Idibell, Ideal.es

[*FP}– Mi encuentro con las lentillas, o lentes de contacto

21-05-12

Carlos M. Padrón

Otro de los encuentros, éste memorable por el impacto que causó en mi vida, fue el que tuve con las lentillas —llamadas así en España— o con los lentes de contacto, como se les llama generalmente en el otro lado del charco.

Siguiendo con mi costumbre de aplicar la economía, usaré el término ‘lentillas’ porque es más corto.

Como ya conté aquí, desde la tierna edad de 10 años me pusieron lentes (gafas) porque un examen oftalmológico detectó que yo padecía de miopía y astigmatismo, lo cual, excepto por mi corta edad, no asombró mucho a nadie en la familia porque mi padre y dos de mis hermanos también usaban gafas, pero no desde edad tan temprana como yo.

Para la época, la situación económica de mi familia podría haber sido mejor, y por ello mi padre me advirtió de que si yo rompía las gafas no habría dinero para comprarme otras, así que dejé de jugar fútbol, el único deporte que algunas vez practiqué y el único que me gusta, y me concentré en mis estudios, pues con las gafas se me hacía la lectura más placentera.

Pero, como dicen los useños There’s no free lunch(= «No hay almuerzo gratis» o, usando el sentido de la frase y no apegándose a su texto, «Todo tiene su precio»), y el precio que por usar gafas tuve que pagar —además de tener que renovar la fórmula cada dos años y tener que comprar, por tanto, cristales nuevos y a veces hasta montura también nueva— es que mis ojos fueron hundiéndose paulatinamente, en las sienes se me hicieron hendiduras causadas por las patas de las gafas, y los vidrios de ellas se empañaban cuando yo sudaba o cuando se mojaban si me alcanzaba la lluvia, dificultando así la visión.

Pero en los sucesivos 22 años ni siquiera pasó por mi mente que hubiera para mi vista otra solución diferente a las benditas gafas, hasta que, ya en Venezuela, alguien me habló de lentillas. Pero cuando me dieron detalles al respecto deseché la idea porque hasta me pareció un tanto masoquista.

Un buen día, al notar que ya las gafas que yo usaba no me permitían ver tan bien como antes, fui al oftalmólogo, y éste encontró que yo necesitaba una fórmula nueva, pero cuando la materializaron en nuevos cristales, mi visión empeoró.

Varias veces volví al mismo oftalmólogo a quejarme al respecto, hasta que, ya molesto el hombre, me dijo que mi problema era psicológico y que la fórmula que él me había dado era la indicada para mí y, por tanto, tenía yo que adaptarme a ella.

Casi un año después de tener que vivir con una visión defectuosa, pues volví a usar las gafas que usaba cuando fui a ese oftalmólogo, en una reunión social con una prima hermana mía y varios de sus amigos, le conté de mi caso a uno de los invitados que dijo que trabajaba para un mayorista de productos ópticos. Él se interesó y me puso en contacto con el oftalmólogo jefe de taller de ese mayorista.

Este señor, de nombre Eddy Lehrer (q.e.p.d.), me examinó un día, examinó luego las gafas que no me habían servido, y concluyó que mi problema estaba en que, si bien la fórmula que me había dado el oftalmólogo era la correcta, éste no había tomado en cuenta que no era posible materializarla exactamente en vidrios, a menos que la compañía que fuera a hacerlo —una como en la que él trabajaba— estuviera dispuesta a perder muchos de ellos porque en el intento se romperían.

Por tanto, las gafas que yo estaba usando no respondían a la fórmula correctiva que mi vista necesitaba, sino que se acercaban a esa fórmula sólo hasta el punto en que el vidrio podía tolerarla sin romperse.

Entre molesto y asustado, pregunté a Eddy qué diablos iba yo a hacer. Su respuesta fue que yo tenía dos opciones, a saber,

  1. Pagar a una óptica por el trabajo completo, o sea, por los vidrios correctos más todos los que el taller rompiera en su intento por materializar en ellos la fórmula correcta,… si es que lo lograba, o,
  2. Pasar a usar lentillas.

Como estaba yo ante un experto, le pregunté qué debería hacer para probar con lentillas, a lo cual me dijo que él era también contactólogo y que podía atenderme en su óptica privada.

Allí mismo me dio cita para dos días después, a la que asistí puntualmente.

Una vez en su consultorio, el bueno de Eddy me explicó que me pondría unas lentillas de prueba, que, por supuesto, no habían sido hechas según la fórmula correctiva que yo necesitaba, y que eso me pondría a llorar porque la parte interna del párpado superior, que es muy sensible, rozaría con la superficie de la lentilla, que entonces eran duras —y bastante gruesas, por cierto—, y eso provocaría abundante lagrimeo.

Para superar esta etapa, yo debería ir a la óptica de Eddy durante 15 días hábiles seguidos a pasar por el calvario de llorar como una magdalena —y con ganas locas de frotarme los ojos, lo cual no debía hacer— comenzando con 15 minutos el primer día e incrementando luego la duración hasta que, con buena suerte, ya las lentillas duras no me molestarían.

Creo que fue en la tercera de esas sesiones de abundantes lágrimas cuando abrumé a Eddy con tantas preguntas y objeciones, que él —muy sabiamente, según comprendí después— me sacó las lentillas y me dijo «Carlos, sólo estoy dispuesto a seguir con esto cuando vengas aquí a ponerte lentillas por bolas», o sea, «por huevos», como se diría en España; a lo macho, no importando las molestias.

Frustrado y medio ofendido me fui de la óptica y seguí aguantando mi visión defectuosa.

Un día, yendo yo en mi automóvil en camino a visitar a un cliente, comenzó de repente una lluvia torrencial —100% del tipo tropical, de ésas que dan la impresión de que el mundo se viene abajo— que, comoquiera que mi auto carecía de aire acondicionado, me obligó a subir al tope el vidrio de la ventanilla de mi lado, el único que yo llevaba abierto.

El resultado fue que los vidrios de mis gafas se empañaron, dificultándome mucho la visión, lo cual, añadido a que la cortina de la densa lluvia era casi impenetrable, no me dejaba ver nada más allá del capot del vehículo.

Asustado intenté detener la marcha, pero los autos que venían detrás del mío comenzaron a protestar haciendo sonar el claxon, ante lo cual decidí reiniciar la marcha.

Apenas arrancar, desde delante de mi auto sonó un alarido horrible, y vi, muy difuso, un bulto que se movía. Alarmado frené en seco y, a pesar de la lluvia, me bajé para saber el motivo…. y me quedé petrificado al comprobar que a escasos centímetros del parachoques de mi auto había una mujer con un niño en brazos, y ambos empapados por la lluvia.

¿Qué había pasado? Que la mujer, vaya usted a saber por qué, decidió cruzar la avenida a pesar de la intensa lluvia, y, confiada decidió pasar frente a mi auto porque lo vio detenido. Pero justo en ese momento fue cuando yo reinicié la marcha, y estuve a punto de atropellarla a ella y al niño que llevaba en brazos.

Convencido de que eso no habría ocurrido si los malditos cristales de mis gafas no se hubieran empañado, olvidé la visita al cliente y, mojándome porque entreabrí el vidrio de mi lado del auto, me fui directamente a la óptica de Eddy.

Cuando éste me vio entrar, mojado y aún pálido por el susto, me preguntó qué me había ocurrido. Por toda respuesta, sin invitación me senté en el sillón destinado a los pacientes y, mirando a Eddy, le dije sin más: «¡Vengo a ponerme lentillas por bolas!». Y le conté lo ocurrido.

Con cara de satisfacción se dio él a la tarea, y después de unas 16 sesiones diarias ya mis párpados se habían encallecido y no me provocaban lagrimeo; por tanto, ya estaba yo listo para abandonar mis gafas.

Como los prejuicios contra las lentillas eran entonces muchos, era 100% seguro que si de pronto me presentaba en la oficina sin llevar gafas, no faltarían quienes, al saber que me había puesto lentillas, comenzarían a presagiarme las siete plagas de Egipto, así que pedí a Eddy que en las monturas que yo tenía me montara unos vidrios neutros que yo podría usar cuando tuviera las lentillas, y así nadie sabría de éstas porque todos me verían con las mismas gafas de siempre.

Y así estuve, usando las lentillas 3 horas el primer día, 4 el segundo, etc., o sea, incrementando 1 hora diaria de uso hasta que pude usarlas sin molestias cada día desde las 6:00 hasta las 23:00.

Cuando logré esto dejé de lado las gafas —¡por fin, después de 22 años!— y, efectivamente, al presentarme en la oficina sin ellas comenzaron las profecías siniestras que sólo duraron hasta que a los «profetas» les dije que ya hacía más de 15 días que estaba yo usando lentillas, aunque ellos me hubieran visto con gafas, y que no sólo no me había pasado nada malo sino que con las lentillas mi visón era mucho mejor que la que por años había yo tenido.

Cuando por el uso aparecían rayas en las lentillas duras era hora de cambiarlas, y, para mi sorpresa, cada nueva fórmula indicaba menos miopía y sin avance del astigmatismo.

Un día comencé a ver mal, y la solución fueron las lentillas tóricas, cuya curva externa no es concéntrica con la interna. Además, también con el tiempo las lentillas fueron reduciendo su grosor y algo de su diámetro, pero aumentando la permeabilidad, o sea, dejando pasar a la córnea más aire que sus predecesoras.

Allá por 1979 mi visión de cerca no era tan buena como había sido, y entonces la solución fue que, previo examen, la lentilla a usar en el ojo izquierdo me la adaptaron para ver muy bien de lejos, y la a usar en el ojo derecho, para ver muy bien de cerca, y, ¡oh, maravilla!, el cerebro se las arregló, y se las sigue arreglando, para hacerme ver bien tanto de lejos como de cerca. Es lo que en optometría llaman monovisión.

Y hoy, 42 años después, así sigo,… a pesar de los muchos malos presagios que acerca del uso de lentillas me hicieron en los años ’70s y que desde hace mucho ya no se escuchan más porque la contactología ha progresado tanto que hace años que, además de tóricas, pueden hacerlas también bifocales, y quienes quieran pasar a usar lentillas no tienen ya que caer necesariamente en las duras sino que pueden optar por las blandas —desechables, de uso variable (semanal, quincenal, etc.)— que hoy en día son baratas.

Aunque me gustaría usar las blandas, no puedo hacerlo porque mi astigmatismo es corneal, o sea, que como la superficie exterior de mi córnea es irregular, ponerle encima una lentilla dura es como si yo tuviera una córnea perfecta, pero si se le pone una lentilla blanda, ésta se adaptaría en parte a las irregularidades de mi córnea, y la corrección no sería buena.

Lamentablemente, mi encuentro con las lentillas ocurrió muy tarde, y para entonces ya mis ojos se habían hundido tanto que habían perdido el sex appeal cautivador que antes tuvieron. ¡Una verdadera desgracia! 🙂

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Parte 2-XXIX

XXIX – 

Que me importa la crítica mordaz
que me puedas hacer,
cuando ven de lo que eres tú capaz
y de ambos el valer?

La crítica es a veces una gloria
que alienta al criticado;
por eso no me importa que mi historia
tú la hayas hojeado.

En ella encontrarás los pensamientos
que surgen en mi mente;
en ella tú verás los sentimientos
del que ama locamente.

Pensares y sentires hermanados
por nobles ideales;
pensares y sentires inspirados
del mundo en los mortales.

En ]a vida tan sólo hay ilusiones
que mueren con los años;
en la vida las míseras pasiones
dan sólo desengaños.

Yo sigo por la senda que he emprendido,
en pos de la verdad;
buscando en mis anhelos, decidido,
amor y caridad.

El Arte solamente me extasía,
y mi nido de amores,
y del Orbe la rítmica armonía
y el matiz de las flores.

Prosigue el pensamiento en raudo vuelo,
sujeto a la razón,
y, tras dispersos mundos, en el cielo
encuentro mi ilusión.

—————————

¿Qué me importa tu critica, atrevido?
¿Qué importa tu maldad?
Yo sigo par la senda que he emprendido,
en pos de la Verdad.

[*Opino}– Vargas Llosa: ‘La vieja idea de cultura ha estallado en pedazos’

08/05/2012

Carlos M. Padrón

Lo que hoy llaman ‘cultura’ se me sigue atragantando.

Varias veces en este blog he dicho qué fue lo que acerca de cultura me enseñaron en mis estudios allá por mediados de la década de los ’50s, y aún recuerdo el excelente ejemplo que al respecto encontré años después:

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros:

  1. Uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y,
  2. Otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi.

El primero es ejemplo de avanzada civilización; el segundo lo es de cultura».

Pero desde hace ya tiempo he visto en varias ciudades las llamadas «Casa de la cultura» que, en su gran mayoría, sirven para tocar música bailable, y montar bailes y otro tipo de reuniones sociales en las que, generalmente, no escasea el alcohol.

Aunque las definiciones que ofrece el DRAE con son muy claras,

  • Idiosincrasia. (Del gr. ?????????????, temperamento particular). 1. f. Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.
  • Cultura: Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Me temo que, al igual que se ha hecho con términos como obsceno, en español se ha copiado la acepción que de cultura tienen los gringos, acepción que en nuestro idioma no es realmente cultura sino idiosincrasia o civilización, y lo que hoy día se llama, por ejemplo, «cultura maya» es en realidad «civilización maya».

No acepto, por ejemplo, que un grupo de personas moviendo el culo al compás de los tambores de Barlovento (Venezuela) sea cultura, aunque lo hagan el una «Casa de la cultura», como tampoco acepto que lo sea un grupo de personas vestidas de «magos» y bailando tajaraste en Canarias. Ambas son manifestaciones tradicionales de la idiosincrasia de esos pueblos.

La cultura está reñida con la vulgaridad, concepto éste que es subjetivo, pues lo que es vulgar para un pueblo no lo es para otro. Pero lo que sí es seguro es que las genuinas manifestaciones culturales (composiciones de músicos como Beethoven, Verdi, Handel, etc.; los poemas recogidos en «Las mil mejores poesías de la lengua aastellana»; obras como «Doña Bárbara» y, en general, lo que resulta de estudios universitarios) no tienen nada de vulgares.

Unos hermanos, jóvenes ellos y nacidos en Venezuela, que se fueron a Canarias, me dijeron que la música folclórica Canaria era monótona y aburrida. Añado que aburridísima, pero, ¿cuál música folclórica no lo es?

Toda ella sigue igual después de siglos, lo cual, porque ha sobrevivido, la hace una tradición que, por patriota o patriotero, uno llega a celebrar durante ciertos eventos, pero no más. Esa música es la manifestación de la idiosincrasia de un pueblo, una manifestación que tiende a ser menos aceptada cada día, cosa que no ocurre con las manifestaciones culturales genuinas.

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08/05/2012

Mario Vargas Llosa considera absolutamente evidente que la vieja idea de cultura, la que había hace cincuenta o sesenta años, no es válida, ya que hay una realidad que la ha hecho estallar en pedazos, y no está claro qué la ha reemplazado.

«Vivimos en un período de gran confusión», aseguraba Vargas Llosa en un debate sobre su ensayo «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), que tuvo lugar durante la entrega de los premios NH de relatos que llevan el nombre del gran escritor peruano.

 

Rodeado de escritores, como Jordi Gracia, Fernando Aramburu, Ángeles Caso, Luisgé Martín, Gonzalo Hidalgo Bayal, y José Luis Martín Nogales, entre otros, Vargas Llosa insistió en que la cultura hoy día es más diversión y entretenimiento que reflexión o indagación sobre aspectos fundamentales de la existencia humana.

Y no es que el autor de novelas tan esenciales como «Conversación en la Catedral», «La casa verde» o «La fiesta del Chivo» esté en contra del entretenimiento ni del cine, por ejemplo. «Me encanta el cine, y puedo ver películas malas, como las de Schwarzenegger», dijo el escritor entre las risas de los asistentes.

«Me gusta mucho el fútbol, y me exalto mucho en las tribunas, pero creo que, por mi formación, afortunadamente puedo establecer categorías entre lo que son las películas de Schwarzenegger y las de Visconti», añadió.

Pero aseguró que actualmente hay un público que no está en condiciones de hacer ese tipo de discriminación.

Algunos celebran los cambios que se están produciendo y que, por fin, la cultura llegue a todo el mundo y se haya democratizado de verdad. Pero otros, entre los cuales se encuentra el escritor, ven con preocupación la desaparición de ciertos órdenes de prelación, de ciertos valores y cánones estéticos, y también éticos, que hasta no hace mucho constituían unas guías que permitían orientarse entre las diversas propuestas culturales, señaló.

Vargas Llosa cree que la globalización es una de las buenas cosas de este tiempo, porque va a servir para acabar con prejuicios y lugares comunes que antes separaban a las razas, a las culturas, por el extraordinario aislamiento en que vivíamos.

También, la gran revolución de las comunicaciones hace difícil establecer sistemas de control y de censura del pensamiento, y ésa es otra de las ventajas de los cambios que se viven. Pero, en el campo de la cultura, esa revolución ha tenido un efecto negativo porque los grandes medios de comunicación apuntan por lo general hacia lo más bajo para alcanzar la mayor audiencia, en especial la televisión, agregó.

En todo este proceso, agregó el premio nobel de literatura, sí hay una cierta responsabilidad por parte de los artistas, escritores e intelectuales por haber dado la espalda en muchos casos al gran público en razón de una moral intransigente, y por negarse a hacer más asequible el producto cultural a fin de que pudiera llegar al gran público sin sacrificar el rigor creativo.

En ese sentido, el siglo XIX fue ejemplar porque produjo una literatura de gran calidad y, al mismo tiempo, llegó al gran público, como sucedió con Víctor Hugo, Dickens o Tolstoi. Luego, a comienzos del siglo XX, eso se comienza a perder, y la literatura que se hacía se fue encerrando en un mundo al que gran público le vuelve la espalda.

Ese público, afirmó Vargas Llosa, se va alimentando cada vez más de una literatura de poca calidad, y es el que es ganado por la cultura de la imagen.

El escritor dejó claro que hay excepciones, como el caso de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, que ha sido leído por millones de personas, y es un libro de altísima calidad.

Fuente: La Vanguardia

[*Opino}– España. El triunfo de los mediocres

14-05-12

Carlos M. Padrón

Por vía de e-mail, Mary Carmen Barbuzano, una paisana asidua de este blog, me ha hecho llegar, como obra de un anónimo que supuestamente se hace llamar ‘Bloguero’. el artículo que copio más abajo.

Como reúne todas los puntos —y más— que acerca de la mediocridad de España he visto en la propia prensa digital española, y que varias veces he publicado aquí (ver más abajo ‘Artículos relacionados’), busqué en Google y encontré que su autor es un señor de nombre David Jiménez, quien lo publicó en su blog personal.

Lo que me ha impactado más de este artículo es la frase «porque son de los nuestros«. En mi opinión, es ahí donde radica la causa del evidente deterioro de muchos países, EEUU entre ellos, porque en todos ha aumentado, y sigue aumentando, la cantidad de mediocres y, peor aún, la cantidad de chusma, y tanto los de una clase como los de la otra, que tienen derecho a voto, sólo se sienten felices cuando en los puestos de mando ven a uno como ellos.

Los chusma son mayormente acomplejados sociales que creen que el hábito hace al monje, que, yendo siempre por la vía del mínimo esfuerzo, cambian o destruyen todo lo que haya sido hecho por otros, ya que en eso no pueden ver reflejada su chabacanería sino algo que, además, les ofende porque funciona, pues lo de ellos es, en su afán de cambiar todo, improvisar, sin lógica ni fundamento, medidas que más pronto que tarde demuestran su ineficacia.

Me temo que la única salida a esto, si es que la hay, es que un día, que podría ser muy duro, el péndulo de la política se vaya abruptamente al otro extremo.

No se me ocurre añadir nada más a la ya deplorable lista armada por el Sr. Jiménez y que me llegó con estas fotos a título de ejemplos de mediocres muy conocidos —y, por supuesto, populares y hasta admirados— en España.

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Mis felicitaciones a David Jiménez.

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Febrero 28, 2012

El triunfo de los mediocres

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Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, que va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o de la prima de riesgo.

Que ha llegado la hora de asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general, de reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel, y de admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana; tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación, y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan,… porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

  • Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
  • Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
  • Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
  • Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
  • Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo, y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
  • Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que, sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
  • Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada —cuando no robada impunemente— y la independencia sancionada.
  • Mediocre es un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
  • Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse, o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Fuente: Blog de David Jiménez

Cortesía de Mary Carmen Barbuzano

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COMENTARIOS

 

Leonardo Masina
MEDIOCRE es un país donde, como sucede en España, los aumentos de sueldo son colectivos, pactados entre la patronal y los sindicatos, o sea, todos en la misma fecha y todos con el mismo porcentaje.

Cuando uno, trabajando por IBM, a España desde un país “supuestamente” tercermundista en el que los aumentos de sueldo que hacía IBM eran por mérito, basados en el resultado de una evaluación personal y en unos “baremos” que motivaban al empelado, y al llegar a España y seguir trabajando de igual manera se encuentra con que los compañeros le dicen: “¿Y tú por qué trabajas así si te van a pagar lo mismo que al que no da golpe”.

Por ese motivo, en España no saben ni entienden lo que significa PRODUCTIVIDAD, EFICIENCIA o RENDIMIENTO sino que sólo se fijan en cuántas horas uno está presente en el trabajo, y de ahí se deduce si el empleado es o no un BUEN TRABAJADOR.

Los que no lo habían entendido, ya saben por qué España va mal, y es porque cada cual está mirando a ver quién se pone “manos a la obra” y agacha el lomo. Así pasa entre trabajadores, estudiantes, Ayuntamientos, diputaciones, Comunidades Autónomas y, sobre todo, Gobierno y SINDICATOS.

Y, para los que no lo supiesen, existen además los “liberados sindicales” que son unos PARÁSITOS que, con la excusa de que representan al sindicato, cobran pero no trabajan.

Como extranjero que vive en España, esto es lo que he logrado entender hasta ahora, y me imagino cuantas cosas más habrá de las que ni sé ni me he enterado.

P.D.1

Aunque “supuestamente” estamos viviendo en un país libre, el modo o forma de trabajar en él es más parecido al de un país COMUNISTA: “¿Para qué trabajar si sólo engordamos al dueño?”.

¡Y así jodemos al país y nos hundimos todos!

P.D. 2

Me ha venido a la mente otro detalle: ¿Dónde se ha visto, como ocurre en España, que sea el gobierno quien pague y mantenga a los sindicatos?

Pues se ve en España, donde, aunque la cuota de afiliados a los sindicatos no representa ni un 10% de los trabajadores, el gobierno subvenciona a los sindicatos,… para que le monten las huelgas. ¡Increíble, pero cierto!

¿Saben quiénes son los que más cobran para dar cursos de formación a los parados/desempleados?

Si han dicho los sindicatos han acertado. Por tanto, cuantos más parados haya, más cobran los sindicatos.

Asíque sólo si fuesen pendejos se pondrían a crear empleo, pues si lo hicieran se les acabaría el chollo.

Adolfo Blanco
Mediocre es un país repleto de “indignados” que sólo saben reclamar supuestos derechos ganados con esfuerzo ajeno, pero que se olvidan de que la vida y el éxito se labran a base de deberes.

Mediocre es un país que piensa que son los sindicatos y las marchas los que les van a sacar de abajo, y no el esfuerzo personal de cada uno de sus ciudadanos.