[*Opino}– Un método para determinar la importancia de las películas

20-01-15

Carlos M. Padrón

O yo entendí mal, o el método que para tal fin describe el artículo que copio abajo es del tipo ‘forense’.

Lo es porque, para llegar a saber qué película pasará a la Historia hay que esperar que, en el curso del tiempo, se hagan a ella muchas referencias, lo cual, de ser así, de poco sirve, pues lo interesante sería que, apenas estrenada una película, pudiera saberse si pasará o no como grande a los anales de la historia de la cine.

Por otra parte, entre los factores que el tal método toma en cuenta para determinar la importancia de una película está el de las menciones que a ella se hagan en el Red o en otras películas –o series de TV, asumo–, y, según he notado, más del 90% de tales menciones provienen de USA, país en el que, según parece, el recordar qué actores aparecen en una película, o ciertas frases dichas en ella, es un exponente de buena cultura.

Y no, para mí, eso es memoria de cinéfilo, algo que poco o nada tiene que ver con cultura.

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19 ENE 2015

Miguel Ángel Criado

Un método científico permite saber qué películas pasarán a la Historia

Ahora que se acercan las ceremonias de los Oscar y los Goya, un estudio muestra cómo este tipo de premios no siempre reconocen a las películas más importantes.

Tampoco, el saber de los mejores críticos, las encuestas a los cinéfilos o los ingresos en taquilla son la mejor manera de determinar la relevancia de un filme.

Una investigación concluye que la red de referencias entre las propias películas en forma de citaciones, los homenajes o las parodias es el método más objetivo y científico para saber qué película merecerá ser recordada.

Un equipo de matemáticos y biólogos expertos en sistemas complejos cree haber encontrado la fórmula para saber qué películas habría que salvar si el mundo se acabara.

Y las claves están en los propios filmes. Usando algoritmos como el PageRank, originalmente desarrollado por Google, estos investigadores han demostrado que la red entretejida entre los distintos títulos en forma de referencias entre unos y otros supera a cualquier otra forma de medir la importancia de una película.

¿Cómo valorar que una película es realmente grande? ¿Cuáles aguantarán el paso del tiempo?

Como en otros ámbitos de la creación humana, existen sistemas de reconocimiento en forma de premios como los Oscar de la Academia de Hollywood. También están las opiniones de los críticos o las votaciones de los aficionados. Hay, además, datos cuantitativos, como el rendimiento económico de un título. Pero ninguna de estas métricas ofrece un sistema automatizado, objetivo y científico de valorar un filme.

En 1988, el Gobierno de Estados Unidos encargó a la Biblioteca del Congreso la creación del Registro Nacional de Películas (NFR, por sus siglas en inglés). En sus archivos sólo tienen sitio los filmes que, por distintas razones (estética, impacto social, valor histórico o influencia en la industria, entre otras), han modelado la cultura useña.

Para ser candidata, una cinta debe tener, al menos, 10 años, y el proceso de revisión puede durar varios. A fecha de hoy, de las decenas de miles de títulos salidos de Hollywood desde comienzos del siglo pasado, sólo 625 películas se han merecido estar en el NFR.

A falta de un valor absoluto, los investigadores usaron su sistema de referencias entre películas para ver si este método automático y objetivo predecía mejor que otras métricas si un filme está en el listado del NFR o no. La idea la tomaron prestada del sistema de citaciones científicas. Cuando un investigador publica un estudio, está obligado a citar los trabajos de anteriores científicos en los que se apoya el suyo.

En el caso del cine, los directores no suelen poner en los títulos de crédito que una escena o diálogo determinado se inspira en otra película. La investigación da una lista de las películas más citadas y entre las 10 primeras están «El mago de Oz», «La guerra de las galaxias», «Psicosis», «Casablanca», «Lo que el viento se llevó», «Ciudadano Kane» y «El Padrino».

«Este sistema automático aprovecha el hecho de que los directores se influyen unos a otros», dice el codirector del Instituto Northwestern de Sistemas Complejos de la universidad del mismo nombre (Estados Unidos), el portugués Luis Amaral.

«Probablemente, Quentin Tarantino haya visto todas las películas de serie B que se han filmado. Esta inmersión posiblemente se revele en su propio trabajo, ya sea en la forma de un homenaje directo o influyendo en el aire de la película o en el estilo de contar la historia», añade.

Lo que han hecho los investigadores ha sido plasmar en una gráfica las citas o referencias de más de 15.400 títulos para crear una red de más de 42.000 conexiones entre filmes. En algunos casos, como la escena de «Cuando Harry encontró a Sally» (1989) en la que los protagonistas están viendo «Casablanca», la referencia es obvia. En otras, la cosa se complica.

Por fortuna, los autores del estudio, recién publicado en PNAS, contaron con la ayuda de la Internet Movie Data Base (IMDb), la auténtica biblia del cine en la Red. Para cada película, la web tiene un apartado denominado connections en el que aparece un listado de las referencias a otros títulos que incluye.

Allí se puede descubrir, por ejemplo, que la mítica secuencia en la que E.T. y su amigo Elliot pasan por delante de la Luna a bordo de su bicicleta voladora es, en realidad, un homenaje de Spielberg a la secuencia final de «El ladrón de Bagdad» (1924).

Una vez obtenida la red de conexiones, los científicos compararon su valor predictivo con otras métricas. Descartaron los ingresos en taquilla por su incapacidad para determinar la relevancia de una película. Es el caso de «Sopa de ganso» (1933), considerada la mejor película de los hermanos Marx, pero que fue un fracaso económico para la Paramount. Y, al revés, la mayor parte de los taquillazos se olvidan al poco tiempo.

«El número de filmes que reciben las nominaciones al Oscar a Mejor Película es muy pequeño, y el número de películas que lo ganan es más pequeño todavía», razona el coautor del estudio, Max Wasserman para descartar también a los premios como métrica. «Además, los Oscar se ven influidos por la popularidad, la promoción y hasta la política», añade.

Quedan entonces los críticos y el público. Los investigadores incluyeron en su análisis las valoraciones hechas por Roger Ebert, el mayor crítico estadounidense de la Historia. Durante 40 años, incluso tras perder la capacidad de hablar, y hasta de comer, por un cáncer, Ebert realizó centenares de críticas de películas hasta poco antes de su muerte, en 2013.

Otra métrica que usaron fue la de Metacritic, un sistema que agrega las críticas de varios expertos sobre cada película. En cuanto a los cinéfilos, incluyeron en su trabajo las votaciones totales y puntuaciones medias hechas por los usuarios de IMDb.

El poso del tiempo

El método basado en las citaciones y el PageRank de las películas superó en capacidad predictiva a Ebert y a las votaciones populares, y fue, de media, al menos tan bueno como las puntuaciones de Metacritic.

«Las opiniones de la gente son, por supuesto, muy importantes, y la valoración media del usuario es en realidad bastante predictiva. Sin embargo, los humanos son parciales, y las puntuaciones de las películas presentan sesgos en contra de, por ejemplo, los filmes de terror», sostiene Amaral.

El estudio mostró, además, un efecto aparentemente contradictorio pero que, en opinión de los autores, es la clave para determinar la grandeza de una película.

El número de referencias entre filmes presenta una curva relacionada con el tiempo. La mayoría de las películas tienen conexiones con títulos coetáneos. Para los autores, esto se debería a que comparten el mismo momento histórico cultural. De hecho, la mayor parte de las citas se hacen a películas estrenadas en el año anterior. A medida que el lapso entre el estreno de un filme y otro aumenta, el número de citas disminuye.

Sin embargo, con algunas películas, el descenso se detiene, y las referencias vuelven a repuntar pasados los 25 años y más allá. En el caso de «Cuando Harry…» y «Casablanca», el lapso es de 47 años. Son precisamente las películas que reciben una explosión de citas con el paso del tiempo las que tienen mayor probabilidad de estar en el NFR. «Otras son tan evidentemente clásicos que con 10 años les basta», acota el investigador portugués.

Para Amaral, este sistema automatizado podría servir también para medir la verdadera relevancia de otros ámbitos de la creación, como la literatura, las series de televisión, la pintura o los cómics. Pero su objetivo último es aplicarlo a la propia investigación científica: «Cada año, se publican en el mundo más de un millón de estudios científicos. Al igual que con las películas, va a ser difícil distinguir un buen artículo científico de la media. Nuestro próximo objetivo es desarrollar una buena forma de medir las citaciones científicas para saber qué se cuece en la literatura científica».

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[*Opino}– ¿Bidet no, pero carnet sí?

20-01-15

Carlos M. Padrón

después de leer el artículo que copio abajo, me gustaría saber cuántos españoles pronunciarán bien la palabra carnet y, más aún, cuántos lo harían con el plural, carnets.

Ya se ha visto lo que pasa con Madrid —a pesar de que la ‘d’ final es común en el español—, y lo que ha pasado con bidet y hasta con internet, que se ha quedado en interné.

La pereza fonética se impone, no los defectos congénitos que, según argumentan algunos, tiene el aparato fonador de los españoles.

Si de carné puede resultar el verbo carnetizar, ¿de cliché resultaría clichetizar, y de rapé rapetizar?

Por favor: no haría daño alguno un poco más de consistencia y de respeto al lector y a los hispanohablantes en general.

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20/01/2015

Carnet, carnetizar y carnetización, formas válidas

Tanto la forma de origen francés carnet como la hispanización carné son válidas en español. También lo son los derivados carnetizar y carnetización.

La recomendación tradicional era emplear la adaptación carné; sin embargo, la vigesimotercera edición del Diccionario Académico ha incorporado carnet como voz española, por lo que su uso es también adecuado sin necesidad de escribirla en cursiva o entre comillas.

Su plural es carnets.

Asimismo, son admisibles el verbo carnetizar (‘dotar de carné de identificación a alguien’) y el sustantivo carnetización (‘acción y efecto de carnetizar’), que se utilizan en algunos países como Bolivia, Colombia, Venezuela y Perú.

Por tanto, son correctas frases como

  • «Detenidos en un día cuatro hombres en Palma por conducir sin carnet»,
  • «Una medida clave fue carnetizar a todos los integrantes» y
  • «En septiembre concluyó un proceso de carnetización de tres meses».

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[*Opino}– La vida y el Big Bang: ¿el huevo y la gallina?

19-01-15

Carlos M. Padrón

Sinceramente, aunque lo que dice el artículo que copio abajo es algo muy profundo para mí, me parece —y me atrevo a decirlo— que, si entendí bien, es, cuando menos, el colmo del egocentrismo o narcisismo.

¿Cómo es posible pensar que el Universo existe para nosotros, que vivimos en el planeta Tierra, una minúscula mota de polvo en la Vía Láctea —que es sólo una entre los millones de galaxias que existen—, y poner luego en duda que pueda haber vida en otros planetas o cuerpos cósmicos?

¿Tiene sentido que exista para y por nosotros solos un Universo del cual tal vez habremos logrado descubrir menos del 10%?

¿Cómo compagina Hawking su negación de Dios con su tesis de la impresionante precisión —una parte en cien mil millones de millones— del Big Bang?

Dicen que todo partió de ahí, del Big Bang, que fue la explosión de algo que no se sabe de dónde vino —de la nada, arguyen, como si ésta fuera algo—, pero una explosión que ocurrió de forma tan precisa que desencadenó una serie de acontecimientos cuyo objetivo —dicen— fue la creación de vida, a fin de que ésta diera sentido a la existencia del Universo.

No sé por qué recordé lo del huevo y la gallina.

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19/01/2015

José Manuel Nieves

¿Es el Universo tal y como es porque nosotros vivimos en él?

El profesor alemán Ulf-G Meissner, catedrático de Física Teórica en el Instituto Helmholtz de la Universidad de Bonn, aporta en un artículo recién publicado en Science Bulletin una serie de hallazgos que apoyan el Principio Antrópico, es decir, la idea de que el Universo es como es porque en él hay seres capaces de preguntarse por qué es así.

Durante el último medio siglo, los físicos teóricos han ido descubriendo que muchas de las constantes y reglas fundamentales de la Física parecen estar finamente «sintonizadas» para permitir que la vida surja en el Universo.

Por ejemplo, las constantes que contiene el Modelo Estándar de la Física de Partículas permitieron, por un margen muy estrecho, que se formaran núcleos de hidrógeno tras el Big Bang, y después átomos de carbono y oxígeno que, juntos, se fusionaron en los núcleos de la primera generación de estrellas masivas que, a su vez, estallaron como supernovas; explosiones que prepararon finalmente la escena para que surgieran sistemas solares y planetas capaces de sustentar vida basada en el carbono y altamente dependiente del agua y el oxígeno.

La cuestión es que todos estos hallazgos parecen apoyar el famoso Principio Antrópico formulado en 1973 por el físico Brandom Carter y, según el cual, el mero hecho de que nosotros estemos aquí supone que el Universo, necesariamente, tiene que ser como es, porque si fuera diferente en algo no existiríamos.

En su célebre «Historia del Tiempo», el físico británico Stephen Hawking también se refiere al Principio Antrópico: «Vemos el Universo tal y como es porque nosotros existimos». Es decir, que si el Universo no fuese como es, o no hubiese evolucionado exactamente de la forma en que lo hizo, ninguno de nosotros existiría, por lo que preguntarse el por qué de nuestra existencia es algo que, para Hawking, no tiene sentido alguno.

Los experimentos de Meissner

En su estudio, titulado «Consideraciones antrópicas en Física Nuclear», Meissner analiza el Principio Antrópico a la luz de la Astrofísica y de la Física de Partículas: «De hecho, es posible llevar a cabo experimentos científicos concretos que apoyen esta declaración bastante abstracta (el Principio Antrópico), como, por ejemplo, con los procesos específicos que hicieron posible la generación de elementos».

Para Meissner, esto puede conseguirse «con la ayuda de computadoras de alto rendimiento, que nos permitan simular universos en los que los parámetros fundamentales que subyacen a la Física Nuclear toman valores diferentes de los que vemos en la Naturaleza».

Cuando Brandom Carter formuló su Principio Antrópico, afirmó que el Universo (y por lo tanto sus parámetros fundamentales) deberán ser tales que permitan, en algún momento, que en él surjan observadores. Y esto es así porque, efectivamente, en el Universo ya existen observadores (nosotros) que se preguntan por su origen y evolución.

La expansión tras el Big Bang

Hawking, por su parte, esbozaba en su «Breve Historia del Tiempo» una serie de fenómenos astrofísicos que parecen apoyar el Principio Antrópico, y se preguntaba: «¿Por qué tuvo que empezar el Universo con una tasa de expansión tan cercana al punto crítico que separa los modelos en que ese Universo colapsa de los que le permiten expandirse para siempre y que, todavía hoy, más de 10.000 millones de años más tarde, aún sigue expandiéndose casi a esa velocidad crítica?».

Para Hawking, «si la tasa de expansión un segundo tras el Big Bang hubiera sido menor, incluso en una parte en cien mil millones de millones, el Universo se habría vuelto a colapsar mucho antes de haber alcanzado su tamaño actual».

En palabras de Meissner, «El Universo en que vivimos se caracteriza por ciertos parámetros que tienen unos valores específicos que parecen estar perfectamente sintonizados para que la vida, y la Tierra, sean posibles. Por ejemplo, la edad del Universo tiene que ser lo suficientemente larga como para permitir la formación de galaxias, estrellas y planetas, y también estrellas de segunda y tercera generación (como el Sol) que incorporen el carbono y el oxígeno liberado al espacio por las primeras estrellas que estallaron».

Para Meissner, «incluso en la escala microscópica, ciertos parámetros fundamentales del Modelo Estándar, como la masa de los quarks o la fina estructura de las constantes electromagnéticas, deben tener valores que permitan la formación de neutrones, protones y núcleos atómicos». Condiciones, por supuesto, esenciales para que el Universo sea tal y como lo vemos en la actualidad.

De esta forma, mientras que la nucleosíntesis del Big Bang dio origen a los núcleos de hidrógeno y a las partículas alfa (núcleos de helio 4), otros elementos generalmente considerados esenciales para la vida, como el carbono y el oxígeno, sólo se formaron más tarde, en el interior de estrellas muy masivas que ardieron muy intensamente y que murieron pronto, muchas en forma de supernovas que, al estallar, propagaron estos elementos y los dejaron a disposición de las siguientes generaciones de sistemas estelares.

En una serie de experimentos basados en complejas simulaciones informáticas, Meissner y sus colegas alteraron los valores de la masa de los quarks que vemos en la Naturaleza para determinar qué grado de variación se necesita para impedir la formación de carbono y oxígeno en el interior de la primera generación de estrellas.

Y sus resultados indican que habría bastado con una variación de un 2 ó un 3% en la masa de esos quarks para que ninguno de esos dos elementos esenciales para nosotros hubiera existido jamás.

Incluso antes, durante el propio Big Bang, cuando se crearon los núcleos de los dos primeros elementos de la tabla periódica (hidrógeno y helio), una leve variación en la masa de los quarks habría impedido su formación, lo que habría significado que esa primera generación de estrellas jamás habría llegado a formarse.

«La nucleosíntesis del Big Bang —afirma Meissner— establece unos límites muy apretados, y un ajuste tan extremo apoya la visión antrópica de nuestro Universo. Por supuesto, podemos pensar en la existencia de múltiples universos, un multiverso en el que los distintos parámetros fundamentales toman valores diferentes y llevan a la creación de universos muy distintos unos de otros».

También Stephen Hawking dijo en una ocasión que incluso las más ligeras alteraciones de las constantes de la Física fundamental en este hipotético multiverso «llevaría a universos que, aunque podrían ser muy hermosos, no contendrían a nadie capaz de maravillarse ante tanta belleza».

Una declaración, por cierto, con la que Meissner está muy de acuerdo: «En ese sentido, nuestro Universo goza de un estatus preferente, y ésa es la base del Principio Antrópico».

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[*Opino}– Del instinto y la razón

15-01-15

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo se hacen afirmaciones que corroboran lo que he dicho en estos posts:

Tales afirmaciones son éstas:

  1. «Ellas (las mujeres) prefieren garantizar la salud y el bienestar de sus crías, …. por lo que un compañero comprometido resulta de gran ayuda».
  2. «Las «aventurillas» son especialmente costosas para las mujeres porque implican la falta de un compañero estable para cuidar a los hijos».
  3. «La lealtad femenina demuestra al varón que efectivamente es el padre, haciéndole así más propenso a mantener y cuidar a la descendencia».

En realidad, lo que entiendo que dicen es que, a través del instinto maternal, el más poderoso de todos, las mujeres, salvo honrosas excepciones, son títeres de la Naturaleza a la que sólo le interesa la perpetuación de la especie.

De ahí que para esas mujeres lo que cuenta, lo más importante en sus vidas por encima de cualquier razón, por poderosa que ésta sea, es el cuidado de sus crías, y, una vez que las tienen, el hombre que con ella comparta su vida pasa a un plano más bajo (ya bajó desde que ella supo ue estaba embarzada) y se convierte para ella en un accesorio necesario para el cuidado de las crías que, en algunos casos, siguen siendo primera prioridad de dedicación de las madres aún cuando ya hayan dejado de ser «crías» —o sea, han pasado a ser adultos— desde hace años.

La pregunta que procede es si puede confiarse en un ser humano que obedece a un instinto (animal, como todos ellos) y no a la razón (algo propio del Homo Sapiens).

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14/01/2015

Judith de Jorge

Los hombres quieren compromiso cuando escasean las mujeres

El estereotipo sexual moderno dice que las mujeres quieren una relación estable, y los hombres un montón de compañeras sexuales.

Esta creencia se debe al naturalista británico Charles Darwin, quien señaló la tendencia de los machos a la promiscuidad para garantizar una descendencia con su carga genética, mientras que las hembras son más exigentes en la elección de sus parejas. Ellas prefieren garantizar la salud y el bienestar de sus crías, en cuya gestación y cuidados deben invertir una gran cantidad de energía, por lo que un compañero comprometido resulta de gran ayuda.

Sin embargo, los estereotipos pueden ser mucho más complejos de lo que parece, especialmente entre los seres humanos. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Utah (EE.UU.) entre los indígenas Makushi en Guyana demuestra que los hombres son mucho más propensos a comprometerse cuando las mujeres escasean.

«El compromiso con una relación está influenciado por la disponibilidad de compañeros. Así que podemos pensar en el número de hombres y mujeres en una población como un mercado potencial de apareamiento donde los principios de la oferta y la demanda se siguen imponiendo», dice el antropólogo Ryan Schacht, autor principal del estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science.

Los hombres están interesados en cortas aventuras amorosas cuando hay más mujeres disponibles, pero cuando éstas son difíciles de encontrar, se convierten en valiosos recursos, así que tratarán de atraer y mantener a una única pareja. Perderla es un riesgo demasiado grande.

Guyana tiene 800.000 habitantes, incluyendo unas 13.000 personas Makushi que viven en las sabanas cerca de la frontera suroeste con Brasil. El sexo prematrimonial es aceptado, y es una forma para encontrar pareja. Los hombres suelen casarse y ser monógamos. Las familias extendidas viven en el mismo pueblo de 160 a 750 personas, y los futuros esposos y esposas, por lo general, provienen de dentro de la aldea.

La migración ha provocado que el número de hombres y mujeres difiera en las aldeas estudiadas. Ellas tienden a trasladarse a las ciudades más grandes para trabajar en los comercios, mientras que los hombres gravitan en torno a la minería, la ganadería, la agricultura y la explotación forestal.

Un test sensible

Durante 2010-2011, los investigadores entrevistaron a 300 hombres y mujeres Makushi de 18 a 45 años en ocho comunidades rurales con la proporción de sexos entre 90 y 140 hombres por cada 100 mujeres.

Utilizaron un conocido test llamado Inventario de Orientación Sociosexual para saber qué individuos eran más propensos a tener relaciones sexuales sin compromiso y cuáles estaban menos dispuestos.

Las preguntas son sensibles, por lo que los investigadores pasaron 16 meses construyendo una buena relación con los vecinos; Schacht entrevistó sólo a los hombres y su esposa, Jacque, interrogó sólo a las mujeres.

Los entrevistados respondieron utilizando un sistema de codificación para mantener sus respuestas anónimas. Las preguntas incluían el número de parejas sexuales que se han tenido durante el último año y las que se esperan durante los próximos cinco años, el número de relaciones de una sola noche, si el sexo sin amor es aceptable, y si se necesita apego emocional para disfrutar del mismo.

Varones comprometidos

Los investigadores descubrieron que «en general, los hombres Makushi muestran una mayor disposición que las mujeres a participar en relaciones sexuales sin compromiso, como predice el estereotipo», dice Schacht. Sin embargo, también encontraron que son más propensos a querer relaciones comprometidas cuando hay menos mujeres disponibles, sin importar la edad.

Por el contrario, las mujeres parecen indiferentes a los cambios en la proporción de sexos, y prefieren el compromiso sin importar cuántos hombres están disponibles.

Según los investigadores, esto puede deberse a que las «aventurillas» son especialmente costosas para las mujeres porque implican la falta de un compañero estable para cuidar a los hijos. Además, perseguir nuevos amoríos supone un descuido en el cuidado de los pequeños.

Schacht cita otras posibles razones para que las mujeres prefieran la estabilidad amorosa.

Una, observada en las aves, es que la lealtad femenina demuestra al varón que efectivamente es el padre, haciéndole más propenso a mantener y cuidar a la descendencia. Otra es cultural, ya que los desagradables cotilleos sobre las mujeres con múltiples parejas pueden ser un factor a favor de la monogamia obligada.

El investigador también dice que los resultados contradicen la idea de que en los lugares donde hay más hombres hay más violencia porque las mujeres son escasas y ellos se pelean por ellas, y hay más enfermedades de transmisión sexual debido a las relaciones frecuentes a corto plazo.

«Nuestros datos sugieren lo contrario: cuando hay más hombres, están más interesados en establecerse en una relación de compromiso a largo plazo, tratan de mantener a su pareja y no pelean con otros machos, cosa que a las mujeres no les gusta», señala.

Más difícil en la ciudad

Los antropólogos reconocen que sus resultados entre los Makushi no pueden generalizarse a las sociedades industrializadas occidentales tan complejas, pero sí pueden darnos algunas pistas del comportamiento humano.

«Para las mujeres en entornos urbanos (donde los hombres están rodeados de muchas parejas potenciales) puede ser difícil dar con uno dispuesto a sentar la cabeza —dice Schacht—, mientras que a las de lugares rurales (donde el número es menor) les puede resultar más fácil».

Schacht recuerda que los estereotipos no cubren la diversidad existente entre los animales y las personas. Cita a especies de aves cuyas hembras buscan compañeros y mantienen harenes, mientras ellos se sientan en los nidos sobre los huevos.

En los seres humanos existen las relaciones entre miembros del mismo sexo, hombres con múltiples amantes, mujeres con múltiples amantes, y culturas donde los hombres son los que se arreglan y usan maquillaje. Las normas establecidas están para romperlas.

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[*Opino}– Sobre el divorcio y sus causas

31-12-14

Carlos M. Padrón

Me parece que el artículo que copio abajo raya en lo frívolo.

Pues afirmar que tras los divorcios están las causas que en ese artículo se enumeran revela un pobre conocimiento de la seriedad del matrimonio o del compromiso implícito en la vida en pareja.

¿Dónde quedan, entre las causas realmente importantes y a veces insalvables, las diferencias socioculturales (costumbres sociales, enfoque de temas clave, costumbres familiares, religión, posición social, etc.), la solidez de la confianza mutua, los criterios de administración de las finanzas, la compatibilidad en el sexo, etc.?

Creo que el tal artículo es uno más de los que se publican para promocionar libros o estudios, a veces de dudosa valía.

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28/12/2014

Emily Towler

Cómo evitar el divorcio

Hay maneras claras e insospechadas de prevenir las rupturas matrimoniales, según un estudio realizado en la Universidad estadounidense de Emory.

Una boda media cuesta en Estados Unidos en torno a los 24.000 euros. El 53% de los matrimonios, según datos de Naciones Unidas, termina en divorcio, según estadísticas de Naciones Unidas.

En España, según fuentes del Consejo General del Poder Judicial, desde 2000 hasta 2011 los casos de divorcio pasaron anualmente de 40.000 a 117.179, y la Comisión Europea consignó que en 2012 la tasa de divorcios superó el 62% de los matrimonios.

Dos economistas de la universidad useña de Emory han publicado el estudio «Un diamante es para siempre, y otros cuentos de hadas», donde examinan una serie de factores que propician el divorcio.

Los autores han llegado a la conclusión de que, si se toman determinadas medidas, se puede evitar la ruptura. Algunas de las circunstancias que abocan al fracaso matrimonial resultan obvios. Por ejemplo, las personas que valoran sobre todo en su pareja la apariencia o la cuenta bancaria son más propensas a divorciarse. Pero hay otras razones inesperadas.

Un hallazgo sorprendente es la conexión entre el precio del anillo de compromiso y el divorcio. El informe, elaborado por Andrew M. Francis y Hugo M. Mialon, certificó que los novios que gastan entre 1.600 y 3.200 euros en el anillo de bodas se divorcian con más facilidad. 

Los economistas de Emory han descubierto también que existe una correlación inversa entre el divorcio y cuánto se gasta en la boda.

A mayor gasto, más probabilidades de ruptura.

Los precios actuales de una boda en España rondan los 16.500 euros, prácticamente la mitad que en Estados Unidos, aunque ha subido algo desde los 12.590 euros que costaba el año pasado, según datos de la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI).

Sin embargo, aunque las bodas caras tienen más posibilidades de acabar mal, el estudio incluye un dato que, en función de lo anterior, puede parece paradójico: a mayor número de invitados (es decir, testigos), menos riesgo de divorcio. Claro que a más comensales, más gasto; es decir, más posible derroche.

La investigación hace hincapié en que es mejor un noviazgo largo antes de casarse: las parejas que salen uno o dos años antes de formalizar el amor se divorcian un 20% menos que las que no alcanzan un año de novios; y las que salen más de tres años se divorcian un 39% menos.

Por otro lado, las parejas que se van de luna de miel se divorcian un 41% menos, lo que se puede atribuir a los buenos momentos pasados juntos en esa etapa. La falta de luna de miel también se asocia a otros componentes dañinos para el matrimonio, como sueldos bajos o trabajos exigentes que causan ansiedad.

A las parejas con ingresos familiares más altos les suele ir mejor en el matrimonio, porque eluden más fácilmente el estrés relacionado con las finanzas. Otro descubrimiento curioso es que, tanto las personas que asisten a servicios religiosos siempre como las que nunca van, se divorcian menos que quienes acuden sólo de vez en cuando.

Consejos a seguir

En resumen, para no engrosar la tasa de divorcios, éstas son las recomendaciones de la Universidad de Emory:

  1. Es conveniente que el noviazgo antes de llegar a la boda dure por lo menos tres años.
  2. Tener un mínimo de ingresos evita tensiones inherentes a la falta de recursos económicos. Pero no hay que poner la economía por encima de todo.
  3. No sea rácano a la hora de invitar, pero tampoco sea un manirroto
  4. Imprescindible la luna de miel si no quiere que el descalabro sea inevitable.

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[*Opino}– Mañas del idioma en España

01-01-15

Carlos M. Padrón

Creo que, quienquiera que haya escrito el artículo que copio abajo, tiene razón.

Aunque la parte estética no me ha preocupado nunca mucho —excepto en las personas—, me parece que, por ejemplo, eso de güisqui es una ridiculez: uno de los más notables esfuerzos de la RAE por hacer lo que fuere con tal de no aceptar, tal y como es, una palabra extranjera, en especial si procede del inglés.

Algo diferente es el caso de selfi en vez de selfie, pues la pronunciación de la palabra extranjera es selfi, y lo natural, ya que en español no hay vocales mudas, es aceptarlo tal y como suena, como en el caso de Wi-Fi —acrónimo de Wireless Fidelity (Fidelidad inalámbrica)— que, aunque en inglés se pronuncia uai-fai, en España lo pronuncian de una forma que resulta ridícula: ui-fi.

Una de las varias excepciones a esto es online, u on line, que, aunque se pronuncia onlain, se sigue escribiendo con la grafía inglesa; una tendencia que seguramente irá en aumento.

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31 DIC 2014

El (mal) genio del idioma

Para Fundéu, la palabra del año es selfi; pero la supresión de la ‘e’ final afea la estética del vocablo.

Igual que las empresas pueden crecer orgánicamente (aumentando su tamaño y su cuota de mercado) o comprando otras empresas, el idioma enriquece el vocabulario por métodos preestablecidos en la propia lengua o importando palabras de otras.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) acaba de proporcionar un ejemplo pintiparado. Considera que la palabra del año —por su interés lingüístico, por su irrupción avasalladora en el habla cotidiano— es selfi, castellanización apresurada de la palabra selfie, esa foto que uno —solo o en compañía de otros— se perpetra con un celular.

En este caso, selfi respondería al método importador (anglicismo), mientras que el desarrollo idiomático autónomo para el concepto selfie proporcionaría las palabras autorretrato o autofoto, que también recomienda Fundéu.

No es necesario profetizar qué palabra arrollará a las otras dos cuando en una conversación medie la cámara de un celular. La Fundéu cumple con el protocolo al proponer el trío, pero sabe bien que si selfi es la palabra del año no es por su estética ni por su corrección, sino porque domina la calle.

Otra cosa es la estética. Selfi resulta una ablación feísta de selfie, cuya gracia principal, de tenerla, radica en la ‘ie’ final. La extrusión de las palabras para encajarlas en otro idioma rara vez ofrece buenos resultados. Piénsese en la deformación de un vocablo con tanto pedigree como whisky o whiskey hasta convertirlo en güisqui, que quedaría tosco incluso en un texto de Vizcaíno Casas.

Quizá el uso aporte algún barniz de prestancia a selfi, pero a veces es conveniente importar los extranjerismos tal como son y confiar en el buen criterio del hablante. Eso es el genio del idioma, ¿no?

Tampoco aportan mucho el resto de las palabras entre las que la Fundéu ha coronado selfi. O responden al impulso de nombrar nuevas chucherías del espíritu, de gran predicamento social (nomofobia

o pavor a estar desconectado de la red, apli, apócope de aplicación), o reflejan un uso masivo (dron, ébola, postureo) o caen en la redundancia, como amigovio (híbrido entre amigo y novio).

Pero, ¿quién, teniendo a mano follamigo, va a caer en la cursilería del amigovio? ¿Y por qué no novami?

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[*Opino}– Espacio en vez de punto al escribir cifras mayores de mil

31-12-14

Carlos M. Padrón

Esto de que, según dice el artículo que copio abajo, hay que poner espacio, en vez de punto o coma, en cantidades como, por ejemplo, 40.000.000, que dicen que debe escribirse 40 000 000 no lo «compro» porque el espacio existe para separar conceptos, y usarlo en vez de un signo separador es crear confusión en el lector.

Además, ¿no quedamos en que la RAE oficializa el uso? Pues en casos como éste se han usado, desde siempre, los puntos.

Por tanto, para los tales cuarenta millones seguiré usando la grafía 40.000.000.

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30/12/2014

2015, sin punto ni espacio tras el dos

Los años se escriben sin punto, coma ni espacio entre la cifra que marca los millares y la que indica las centenas.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2.015»,
  • «El uno de enero del 2 015 asumirá su nuevo mandato» o
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2.015».

De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, en los números que designan los años nunca se utiliza punto, coma ni espacio entre las unidades de millar y las de centena.

Cuestión distinta es que ese número no exprese un año en sí, sino una cantidad de años, caso en el que sí es posible introducir un espacio fino (Hace 40 000 años), pero no el punto ni la coma, de modo que las siguientes grafías no serían apropiadas: ni Hace 40.000 años ni Hace 40,000 años.

Así pues, en los ejemplos iniciales lo adecuado habría sido escribir

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2015»,
  • «El uno de enero del 2015 asumirá su nuevo mandato» y
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2015».

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[*Opino}– La pérdida del deseo en los hombres

30-12-14

Carlos M. Padrón

No creo que, según dice el artículo que copio abajo, la liberación sexual de la mujer sea el motivo de esto.

Al contrario: gracias a esa liberación, ya en las mujeres no hay hacia el sexo el tabú, el puritanismo, la pacatería e hipocresía que antes había y, sobre todo, el vergonzoso débito conyugal.

Para mí, el motivo principal de la supuesta pérdida de deseo del hombre es la pérdida de feminidad de la mujer, que nada tiene que ver con la liberación sexual, pero sí con la feminidad, pues las feministas que he conocido son poco femeninas.

En muchos casos, la pérdida de feminidad se debe a eso, a que la mujer ha adoptado modelos proclamados por el feminismo, a que trata de machista al hombre por cualquier cosa que él haga y que a ella no le guste, y a que exhibe rasgos de su carácter que, según se dice en Venezuela, «le enfrían el guarapo a cualquiera» (= le anulan las ganas o el deseo, lo desaniman), como aspereza al hablar (por ejemplo, estilo castizo vs. estilo hispanoamericano), ausencia de cariño en la palabra y en la acción, actitud desafiante, tono altanero, búsqueda de la confrontación, preguntar de forma tal que la pregunta es una acusación,…

Ante una mujer así, se entiende que un hombre pierda las ganas, o sea, «se le enfríe el guarapo».

Además, la mujer tolera muy mal el rechazo, y si ella se insinúa —sobre todo si lo hace de forma insípida, puritana, poco explícita, etc., o, por el contrario, de forma seca y agresiva— y él, cansado ya de tener que adivinar, o de tanta falta de feminidad, no responde como ella espera, ahí nace un problema.

Espero tener razón, y que esa pérdida de deseo no se deba a lo que un médico me dijo hace poco («Antes el semen tenía 50 millones de espermatozoides, y ahora tiene 20 millones». ¿Declive de la virilidad?), a lo que dijo la Thatcher («En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él»), que es, pero en otros palabras, lo que decía mi padre («Si se le da la oportunidad, toda mujer se encarama«). ¿Es que vamos hacia un mundo de varones domados? ¿Se debe a esto el aumento de la homosexualidad?.

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26/12/2014

Beatriz G. Portalatín

Cuando a los hombres les faltan las ganas

Los viejos mitos siguen sonando con fuerza: los hombres siempre tienen ganas, siempre están dispuestos y siempre son ellos los que empiezan seduciendo.

Sin embargo, según avanzan las investigaciones científicas, a la par que la propia realidad, estas ideas empiezan a desplomarse con fuerza. El bajo deseo sexual es una disfunción que afecta tanto a hombres como a mujeres, a pesar de que sean ellas quienes tengan la fama.

Según diferentes estudios, la prevalencia europea de esta alteración en mujeres es de un 30%. En hombres, según datos generales —no europeos—, está entre un 5% y un 15%. El bajo deseo sexual en varones existe, y cada vez más.

Una investigación, publicada en 2013 en la revista científica ‘The Journal Sexual of Medicine’, mostraba resultados llamativos. Tras preguntar por internet a más de 5.000 hombres heterosexuales de tres países (Portugal, Croacia y Noruega), se confirmaba cómo después del estrés y del cansancio, los problemas de pareja eran la causa más frecuente detrás del bajo deseo.

Sin embargo, los especialistas destacan otro motivo, y para ellos de los más importantes, que se vincula con la falta de deseo en los hombres, y que es el cambio en la posición de la mujer en cuanto al sexo. Hace años la mujer en las relaciones sexuales se comportaba como un sujeto pasivo, ahora las cosas han cambiado, y mucho, lo que influye directamente en el comportamiento del hombre.

Cuando antes la mujer estaba sexualmente al servicio del hombre, éste no sentía la necesidad de estar a la altura. Sin embargo, y desde hace décadas, desde que la mujer reivindicó su propio placer y satisfacción, el hombre tiene miedo de no estar a la altura. Se preocupa de hacerla disfrutar. Esto es, para los hombres no se trata sólo de disfrutar ellos sino de hacer disfrutar a ellas.

Se trata de una inhibición psicológica o de deseo. Es decir, se trata de estar sólo ante al peligro, lo que se produce como consecuencia del desarrollo sexual de la mujer. Cuando el hombre ve en la mujer que le gusta mucho, que además aparenta ser una mujer segura y cuando la considera muy atractiva, en este caso, mayor será aún su síndrome de miedo al desempeño.

Mala adaptación a los cambios

Los factores que pueden desencadenar esta disfunción son varios: estrés, depresión, problemas de tipo hormonal o incluso como causa desencadenada de la disfunción eréctil (DE), trastorno que afecta en España a más de dos millones de hombres. El bajo deseo sexual en varones suele aumentar con la edad, y con frecuencia acompaña también a otros trastornos sexuales.

Los hombres con disfunción eréctil pueden experimentar pérdida de la libido como consecuencia secundaria. Pero esto, generalmente, se determina a partir de una historia sexual detallada, incluyendo la cronología de la enfermedad. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que se quejan de impotencia no se quejan de la disminución de la libido o del deseo sexual. Es por ello que los factores psicológicos toman un papel muy destacado. Y, de nuevo, el cambio social de las mujeres tiene mucho que ver.

El cambio sustantivo de esta dificultad sexual masculina aparece como consecuencia de una mala adaptación al cambio en el rol sexual femenino que tuvo lugar en la llamada revolución sexual femenina. La mujer pasa de vivir el sexo como una fuente de recompensa o castigo a la pareja, como una manera de cumplir con sus obligaciones, a descubrir la sexualidad como un derecho propio.

La mujer desea, por supuesto, pero es que, además, ahora se lo puede permitir, y si le apetece ya no tiene por qué esperar sentada a que él dé el paso. Estos cambios, a todas luces positivos, le han supuesto a muchos hombres un reto de adaptación. Por eso, y tal como se comentaba en este periódico hace casi dos años: «Los hombres necesitan hacer su propia revolución sexual».

Pero también puede incluso suceder lo contrario: el tener que tomar siempre la iniciativa puede ser motivo de cansancio. Ellos también quieren ser deseados y que se les busque.

Otro de los peligros de esta disfunción es la similitud entre las personas. Hay parejas que son tan parecidas y hacen cosas tan similares, que pierden la empatía y la atracción sexual, y, por ende, el deseo hacia el otro.

Un factor relevante es también la repercusión de la disfunción. Se vive mucho peor que el hombre tenga este problema que no que lo tenga la mujer. Y esto corresponde, de nuevo, a la mala adaptación de los cambios sociales. Se sigue teniendo la idea de que el hombre siempre está dispuesto, y, si no es así, es porque no hay atracción, sin contemplar otros factores externos que muchas veces son determinantes.

Cada vez son más las parejas que acuden a consulta por problemas relacionados con el deseo de él. Muchas veces, el motivo principal de consulta es una disfunción eréctil, pero, al profundizar, se descubre que lo que sucede en realidad es que él se fuerza a tener sexo sin tener ganas, y eso, al final, acaba por pasar factura.

Es importante tomar una actitud activa en el problema y no sentirlo como el mayor de los problemas. Es una disfunción que se puede tratar. Además, muchas veces el bajo deseo sexual se remedia con la actividad compartida. Por ello, es importante, trabajar fantasías y estimulaciones eróticas, y dedicar tiempo a recuperar la atracción erótica y el placer compartido.

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[*Opino}– Leer en pantalla vs. leer en papel

26-12-14

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ha sido un alivio para mí porque, simplemente, tengo problemas para leer en pantalla.

Por ejemplo, si bien detecto de inmediato las faltas de ortografía que haya en un texto escrito en papel, si ese mismo texto lo despliego en pantalla no ocurre lo mismo: puedo tener ante mis narices una de tales faltas, que no la notaré.

Es más, buscar dentro de un texto desplegado en pantalla algo que vi en una primera lectura es para mí un largo proceso que a veces requiere que lea desde el comienzo. Y si ese algo está resaltado, entonces su búsqueda se me hace más difícil,

Tendré que vivir con eso porque ya mi cerebro no está en edad de muchas adaptaciones.

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26/12/2014

Pilar Quijada 

Al cerebro le cuesta menos leer en papel

Algunos estudios reflejan preferencia por el formato impreso frente al digital. Los más jóvenes, «nativos digitales», se adaptan a ambos.

Hace 25 siglos, Sócrates veía en la palabra escrita una amenaza para la oratoria y la memoria, que decrecería al plasmar las ideas en un papel.

Entonces la lectura estaba reservada a unos pocos. A medida que se extendía, muchos ojos perdían facultades a la luz de una vela por el nuevo entretenimiento, y tal vez la vista cansada de la madurez lo estaría menos sin la lectura. Pese a esas desventajas, la lectura fue un enorme avance y un gran reto para el cerebro.

Ahora el soporte digital amenaza con desplazar al papel. El cambio suscita quejas parecidas a las del filósofo, como mayor dificultad para memorizar y comprender cuando se lee en una pantalla, y mayor fatiga visual.

Hace apenas dos siglos, nada comparado con nuestra historia evolutiva, la mayoría de la gente no sabía leer. Cambiar el formato de lectura no parece tan grave para el cerebro. Es más, el cerebro no «viene programado de serie» para leer. Cada vez que alguien aprende a hacerlo, ya sea un niño o un adulto, ciertas regiones destinadas a otras funciones, como el reconocimiento de caras y objetos, se «reconvierten» para interpretar palabras.

La plasticidad de nuestro cerebro hace posible ese cambio, que mejora en gran medida su rendimiento. Por eso, lo importante es leer.

Cerebro flexible

El cerebro tiene más limitaciones de las que pensamos, pero encuentra la manera de salvarlas. Una podría ser la dificultad de leer en una pantalla cuando está «acostumbrado» al papel. ¿Pero es real?

Los más pequeños se están convirtiendo en «nativos digitales», capaces de manejar una pantalla táctil antes de caminar. Son los cerebros acostumbrados al papel los que notan el salto «tecnológico».

Nuestro cerebro se adapta a cualquier situación. Es posible que en esta era digital, con un exceso de información (anuncios, ventanas emergentes,…) sea horrible para la generación que creció con el papel, pero los jóvenes se están educando en este formato. Cómo se adaptará su cerebro, no lo sabemos, pero no hay que ser catastrofistas. Tal vez logre un funcionamiento multitarea más efectivo.

Muchas investigaciones tratan de resolver el debate pantalla o papel. La balanza que antes se inclinaba hacia el papel, ahora cambia su tendencia. La incomodidad inicial del formato digital está mejorando, y uno de cada cinco libros que se vende es digital. Pese a todo, para algunos investigadores, como Maryanne Wolf, de la Universidad de Tufts (EEUU), el papel tiene ventajas.

A su juicio, un texto es un paisaje escrito que se asemeja a un mapa topográfico que guía la lectura. El soporte digital restaría referencias: no vemos la extensión, esquinas o márgenes, ni tiene casi ilustraciones, que ayudan a recordar. La memoria visual también es importante.

Otros estudios no ven tan claras esas ventajas, sobre todo cuando la edad de los lectores disminuye. Un trabajo de 2012 del «Brithish Journal of Educational Tecnology» no halló diferencias entre universitarios que leían un texto de 600 palabras en formato digital o impreso. La comprensión y detección de errores fue igual en ambos casos, aunque la tarea se acortó en la pantalla.

Es cierto que ha habido trabajos mostrando la “superioridad” de la lectura en papel. Si exceptuamos los más antiguos, cuando la resolución de la pantalla y la forma de las letras era de menor calidad, o trabajos con deficiencias metodológicas, las posibles diferencias no están tanto en los aspectos propiamente cognitivos, como los procesos básicos de la lectura, como los movimientos oculares, que son los mismos en papel y pantalla. Las diferencias son más bien metacognitivas.

Menos referencias

Son precisamente esos aspectos, más subjetivos, los que suponen ciertas limitaciones para los que no somos «nativos digitales». Todos tenemos la experiencia de imprimir las páginas que vemos en la pantalla para leerlas más a gusto y captar mejor los detalles, especialmente si hemos de interiorizar su contenido. Algo acorde con el formato en el que aprendimos a leer.

Al menos para los no nativos digitales, la limitación está a la hora de leer libros electrónicos de texto o de referencia.

Por otro lado, el formato electrónico, con hipertexto (enlaces) permite ahorrarse la visita al diccionario o a otro sitio de consulta, y acceder de inmediato a contenidos extra, pero es cierto que implica estrategias de lectura diferente.

La cuestión no son las posibles diferencias entre leer en papel o pantalla, sino cómo mejorar la lectura digital, dado que parece inevitable la transición.

Pese a todo, muchos niños disfrutan leyendo con sus padres un cuento en papel a la hora de dormir, aunque el formato digital permite incluir vídeos y sonidos. El mundo está cambiando en esta era digital, y nuestro cerebro, como siempre, logrará adaptarse a ese nuevo reto.

Las ventajas de un texto digital

Facilita la lectura a niños con dislexia. Un texto digital puede tener ventajas que no ofrece el papel. Por ejemplo, para quienes tienen deficiencias visuales aumentar el tamaño de la letra supone un gran alivio. Pero quizás lo más novedoso y alentador esté en el campo de las dificultades de aprendizaje de los más pequeños.

Varias investigaciones recientes han mostrado que un ligero aumento del espaciado entre las letras (respecto al espaciado estándar) produce tiempos de lectura más rápidos en los niños con dislexia, así como mejoras en la comprensión de los textos.

Si bien el aumento en el espaciado de las letras no “cura” la dislexia, sí permite mejorar el proceso de lectura. La posibilidad de modificar el espaciado entre letras, disponible en los programas de procesamiento de texto, debería incorporarse también a los libros electrónicos, en opinión de los autores.

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