[*Opino}– Sacrificio y trabajo arduo son las claves de un sistema educativo exitoso

Carlos M. Padrón

Lo descrito en el artículo que copio abajo me hizo recordar lo ocurrido con Tara, una muchacha que fue compañera de clase de mi hija cuando vivíamos en Chappaqua (New York)

Algunos años después fuimos de vacaciones a Vermont e invitamos a Tara a venir con nosotros. Durante el viaje por carretera, yo, que iba manejando, noté que mi hija Alicia y Tara estaban enfrascadas en una media discusión, y de pronto Tara me tocó el hombro y me dijo:

—Sr. Padrón, ¿es verdad que en Venezuela hay que estudiar Matemáticas aunque uno no quiera?

—Sí, Tara, es verdad —fue mi respuesta—. La educación básica no es electiva, y tienes que estudiar lo que te guste y lo que no.

La inmediata respuesta de Tara, marcada por la ira y el asombro, fue ésta:

—¡¿Qué clase de dictadura es ésa?!

Entonces entendí por qué en USA iba la Educación como iba, y ahora me ha servido para entender por qué va como va.

El mismo artículo me ha hecho recordar también los varios posts aquí publicados en los que se menciona el rechazo que en España hay a la búsqueda de la excelencia, al sacrificio y al trabajo, aunque no sea arduo.

¿Varias reválidas? ¿Tres idiomas? ¿Presión familiar y escolar tan fuerte que los niños apenas saben desenvolverse socialmente? ¡Qué horror! ¿Y entonces, cómo van a alcanzar la popularidad, eso que tanto se ansía en USA?

Ante esto sospecho que los estudiantes de y en Singapur no andan buscando la frívola meta de ser el más popular de su clase, o de jugar bien a algún deporte para que les den una beca y poder convertirse en «estudiantes profesionales».

¿Por qué criticar las clases privadas? Si con ellas se logra que quienes las reciben puedan alcanzar las metas fijadas por el sistema, bienvenidas sean.

Supongo, además, que en Singapur la competencia entre alumnos será intensa.

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08/12/2013

Carmen Calvo

La clave del éxito educativo de Singapur en Pisa: Todo se juega en la escuela primaria

Es en la escuela primaria, al empezar la educación obligatoria, que es pública, cuando los niños se juegan su futuro académico y profesional.

Mérito, esfuerzo, bilingüismo, presión familiar y segregación en función de los resultados académicos son las claves que explican los excelentes resultados obtenidos por Singapur en el informe PISA 2012 (Programme for International Student Assessment).

Durante seis cursos lectivos, desde los 6 hasta los 12 años, los alumnos aprenden inglés, idioma oficial del país, además de su lengua materna (tamil, mandarín o malayo), matemáticas, ciencias, humanidades y artes.

Al finalizar este periodo, los niños se enfrentan al «Primary School Leaving Examination», una especie de reválida que evaluará sus conocimientos de lenguas, matemáticas y ciencias.

A pesar de que casi el 98% de los niños superan el examen, los estudiantes necesitan conseguir una nota alta que les permitirá elegir el centro donde cursarán sus estudios de educación secundaria.

Las 160 escuelas figuran clasificadas en un ranking, siendo la Raffles Institution, para niñas o para niños, una de las más prestigiosas, ya que de ella salen los principales líderes del país.

La nota en el examen sirve también para dividir a los niños en tres grupos: avanzado, normal y técnico. Los grupos son permeables, por lo que los estudiantes pueden pasar de un nivel a otro según su progreso académico.

Los alumnos continúan con las asignaturas de primaria a las que se añade una tercera lengua, a elegir entre japonés, coreano, francés, alemán o español, idioma optativo a partir del próximo curso escolar.

Después de los estudios secundarios, que duran entre cuatro o cinco años según el nivel, los alumnos pasan una nueva reválida para continuar estudios preuniversitarios o de formación profesional.

«La educación en Singapur consigue la excelencia a costa del estudiante», declara a ABC José Daniel García, profesor e investigador pedagógico residente en el país. «La presión familiar y escolar es tan fuerte que los niños apenas saben desenvolverse socialmente», asegura.

Profesores con sueldo de ingeniero

Sólo los mejores estudiantes pueden acceder al Instituto Nacional de Educación donde se forma al profesorado, una profesión prestigiosa con un salario similar al de un ingeniero, unos 35.000 euros anuales, que se complementa con bonificaciones y beneficios en función del ranking que consiga la escuela, de los resultados de los alumnos y de la antigüedad.

Los cursos empiezan en enero, se dividen en dos semestres, con diez semanas de vacaciones, y las horas lectivas diarias son cinco para primaria y seis para secundaria.

Sin embargo, la mayoría de las familias recurren a las clases privadas para que los niños consigan los niveles de exigencia requeridos. Esto ha provocado un intenso debate en la opinión pública, ya que las familias con mayor poder adquisitivo pueden pagar más y mejores profesores privados para sus hijos, lo que altera el principio de igualdad de oportunidades de la escuela pública.

Singapur destina un 20% de su presupuesto anual a educación, unos 7.000 millones de euros en 2013, aproximadamente un 3% de su PIB.

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[*Opino}– La Naturaleza y el rechazo a lo distinto

09-12-13

Carlos M. Padrón

Después de leer el artículo que copio abajo (El apartheid de los simios), vuelvo a preguntarme por enésima vez por qué ese empeño en querer hacer igual lo que la Naturaleza —por no decir Dios— hizo diferente. ¿Será porque es «políticamente correcto»? Y ya se sabe lo que esa expresión significa.

Ser diferente no implica necesariamente ser mejor o peor, sino que existe una diferencia que, por simple lógica, no se debe, ni se puede, ignorar, porque desde el momento en que se note pero se ignore, se cae en la hipocresía, en un atentado moral.

  • Blanco, negro, oriental, indio, esquimal, mongol,…
  • Hombre, mujer, homosexual,…
  • Inglés, gringo, español, godo, gitano, sudaca, cubano……
  • ..·

… todos son diferentes.

Si a esto añadimos el respeto que en otros aspectos se tiene por los gustos personales, no se entiende la casi imposición de que en humanos hay que ignorar las diferencias y proceder como si de verdad no existieran. La percepción y consiguiente reacción a las diferencias es algo intrínseco a la naturaleza humana, y, por tanto, es tan inútil querer extirparlo, como inútil sería querer extirpar un instinto primario. En cuanto a razas, a veces el racismo entre negros es peor que el que pueda existir entre blancos y negros.

Si alguien no me gusta, sea por el motivo que fuere, no me gusta, y no hay vuelta atrás. De ningún modo es aceptable que por ese motivo quiera yo que se le maltrate, como tampoco lo es que se quiera que yo lo acepte como si me gustara.

¿Acaso no se acepta que «para gustos, colores», y se cacarea el respeto por la libertad de expresión y elección?

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07-12-13

Maria O’Connor

El apartheid de los simios

El jueves murió Nelson Mandela, símbolo de la caída de uno de los crímenes contra la Humanidad más abominables cometidos por la especie humana: el apartheid (‘separación’, en afrikáans).

Este sistema de segregación tuvo confinados en guetos a millones de sudafricanos por el simple hecho de pertenecer a una raza diferente; una distinción que algunos científicos dudan que exista.

El cruel sistema comenzó en 1950, y obligaba a las personas a identificarse nada más nacer en uno de las siguientes grupos raciales: blanco, bantú (negro africano), de color u otros. Mandela, primero desde el Congreso Nacional Africano y después desde la cárcel, luchó con energía y serenidad por acabar con el odio a lo diferente, tanto de los boers como de los africanos.

Sin llegar a los extremos patológicos del apartheid, el miedo a lo distinto es un rasgo universal entre los primates. La primatóloga Jane Goodall, averiguó en las selvas de Gombe (Tanzania) que por lo general los chimpancés temen lo diferente.

En 1966, una epidemia de polio afectó a varios individuos de la selva de Gombe. A consecuencia de la enfermedad, a tres miembros se les paralizó alguna de sus extremidades, impidiéndoles andar correctamente.

La extraña manera de moverse de los enfermos aterrorizó al grupo, el cual respondió primero con miedo y después con agresividad. Desafortunadamente, los humanos también poseemos estas tendencias. Casos como el apartheid, la exterminación de los judíos o el conflicto palestino-israelí lo evidencian.

La violencia dentro de los grupos o países se controla por varios medios, como por ejemplo el uso de normas y castigos. Pero fuera de ellos, cuando tratamos con desconocidos o personas de otros países, las cosas cambian.

En este tipo de sucesos, como sucede en las guerras, se produce lo que se denomina deshumanización del enemigo. Consiste en mirar a los rivales como si fueran de otra especie, lo que anula la posibilidad de empatía hacia las víctimas.

Entre los chimpancés, las peleas en el seno de la comunidad rara vez llegan a provocar heridas; pero en las que están involucradas grupos vecinos sí son graves y pueden acabar en muerte.

Acciones similares basadas en una doble moral también son empleadas por los países, como el caso de Estados Unidos creando las prisiones de Guantánamo y Abu-Graib, o Sudáfrica durante los más de 40 años que estuvieron vigentes las leyes del apartheid.

Prácticas que un Estado jamás se atrevería a emplear en territorio nacional o con sus súbditos, son usadas sin remordimiento en territorios lejanos con extranjeros. La agresividad es bastante común en la Naturaleza cuando se trata de interaccionar con grupos vecinos. Los chimpancés cooperan y son altruistas con sus compañeros, pero desconfían de extraños, o desean eliminar a rivales que habitan en los territorios limítrofes.

Debo aclarar que este tipo de conclusiones a las que llega la Ciencia no persiguen exculpar a los protagonistas de estos crímenes. El interés radica en su utilidad a la hora de diseñar políticas y programas educativos. Desde la negación de su existencia sólo escondemos debajo de la alfombra una verdad ancestral que puede convertirse en una bomba de relojería de un día para otro sin previo aviso.

Unos instintos tribales que todos poseemos y que Mandela supo gestionar a la perfección desde la presidencia. Jean Monnet, uno de los fundadores de la Unión Europea, también recurrió a la estrategia de recuperar el instinto tribal de los europeos para centrar sus sentimientos de «nosotros frente a ellos» en los no europeos, en lugar de en las tradicionales rivalidades continentales.

Pero, una vez más, los bonobos nos demuestran cuál es la mejor estrategia en estos casos. Esta especie, tan cercana genéticamente a nosotros como lo están los chimpancés, cuando se acerca un extranjero, en vez de reaccionar con agresividad lo invitan a comer. Así acaban de un plumazo con las malas intenciones: un estilo y legado similares que Mandela ha dejado a la Humanidad. Al igual que los bonobos, Mandela nos demostró que es posible otra manera de relacionarnos con el odio.

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[*Opino}—¿Prodigio del piano sin haber ido a clase? ¿Y qué dice la Ciencia?

04-12-13

Carlos M. Padrón

Ante lo que cuenta el artículo que copio abajo, me pregunto con más insistencia por qué entre los centenares de científicos, y grupos de ellos, que se dedican a hacer estudios de todo, hasta del sexo de los insectos, no hay —que yo sepa— al menos un grupo que se haya dedicado a hacer un estudio serio, prolongado, profundo y libre de prejuicios, de fenómenos como éste a los que, a falta de una explicación mejor, sólo puedo darles la de reencarnación.

Los ‘sintecho’ —o homeless (= sin casa, sin hogar), como se les llama en inglés, al menos en USA— son personas que, como ese nombre indica, viven en las calles, duermen al aire libre, bajo un puente, bajo el banco de un parque, o donde mejor consigan, y dependen de la caridad ajena y de establecimentos oficiales o de Caritas que les ofrecen comida.

Si una investigación seria descubriera que, efectivamente, este hombre no recibió nunca lecciones de piano o de música, lo que muestra el vídeo que acompaña al artículo es —al menos para mí— sencillamente espeluznante.

Aertículos relacionados:

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04/12/2013

Un «sintecho», prodigio del piano sin haber ido a clase

David Allen Welsh es un «sintecho» de 50 años que vive en la ciudad de Vancouver, en el Estado de Whashington.

Walech, antes de aterrizar en esta ciudad estuvo viviendo en los refugios para indigentes entre los Estados americanos de Iowa, Dakota del norte y del sur, y durmiendo en los trenes de cualquier ciudad.

 

Este hombre, quien lleva en la calle desde los seis años cuando su familia perdió la casa en la que vivían, ha aprendido a tocar el piano de manera autodidacta, y ahora exhibe su espectáculo de manera habitual en un local de Vancouver.

En este bar, los apasionados de la música clásica se quedan con la boca abierta ya que David toca de manera magistral, aunque no sea capaz de leer ni una nota musical.

Ver VIDEO.

En ABC News, que es donde han entrevistado a Welsh, éste cuenta lo siguiente:

«A veces no sé ni cuáles teclas estoy pulsando. Mis ojos están cerrados y me dejo transportar por la música».

Welsh practica siempre que quiere. Tras instalarse en el noroeste del Pacífico, hace diez años, ha estado visitando a menudo una tienda de artículos de segunda mano para tocar un piano que allí tienen.

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[*Opino}– Un paso más hacia ‘monitorear’ en vez de ‘monitorizar’

02-12-13

Carlos M. Padrón

En el artículo, de Fundéu, que copio abajo, al menos no han execrado monitorear.

Pero me llama la atención que el Diccionario Panhispánico de Dudas no haya reparado en las implicaciones del uso del sufijo -izar, tal como comenté en este post.

Y como ya dije en este otro,

Monitorizar. Lo sustituyo por monitorear. Entiendo que se diga profesionalidad (condición del profesional) en vez de profesionalismo, que suena a religión o enfermedad. Pero si de rastreo —que es casi lo que se hace con un monitor— tenemos rastrear y no rastrerizar, ¿por qué de monitor vamos a parar a monitorizar?

La desinencia ‘-izar’ suena a conversión, a modificación, a alteración (catequizar, ridiculizar, agilizar, pulverizar, etc.), pero la acción que se lleva a cabo con un monitor no conlleva nada de eso.

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02/12/2013

Monitorizar y monitorear, formas correctas en español

Tanto monitorizar como monitorear son formas adecuadas en español, y ambas tienen el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

En las noticias es frecuente encontrar frases como

  • «Crean una plataforma para monitorizar los datos de incidencia de la gripe» o
  • «La compañía ha utilizado el software para monitorizar información personal de los usuarios».

Asimismo, son habituales oraciones como

  • «Los biólogos piden monitorear el agua de los regadíos para descartar metales pesados» o
  • «Seis servicios para monitorear una etiqueta en las redes sociales».

El Diccionario Panhispánico de Dudas señala que del sustantivo monitor se han creado en español dos verbos, monitorizar y monitorear, ambos con el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

Esta obra señala también que monitorizar es más propio de España y que monitorear se emplea más en América. Por tanto, ambas formas se pueden considerar válidas, y los ejemplos antes señalados son, en consecuencia, adecuados.

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[*Opino}– Los ingleses (¿o inglesas?) han perdido interés en el sexo

26/11/2013

Carlos M. Padrón

Creo que en la lista de motivos que para esto aparecen en el artículo que copio abajo, falta uno importante (aunque tal vez esté «subliminalmente» señalado en la foto que acompaña al tal artículo): las inglesas negocian la cama; o sea, que acceden a tener sexo a cambio de que su pareja les conceda algo.

Esto lo supe por boca de dos australianos que en 1990 coincidieron conmigo en una reunión de negocios en Sydney (Australia).

Ambos vivían desde hacía muchos años en Inglaterra, estaban casados con inglesas, y me hicieron el comentario porque yo les conté sobre la grata impresión que me había causado lo my bien que se comportaban, al menos en público, las parejas australianas que yo había conocido tanto en Australia como en USA.

Si lo que esos australianos me dijeron es cierto, el pretexto de los smartphones o las tabletas les ha dado a las inglesas una mejor posición para esa negociación.

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26/11/2013

Ana Mellado

Los británicos prefieren jugar con el iPad antes que tener sexo

En UK, al sexo le ha salido un feroz rival.

Probablemente más de un británico haya notado que su vida sexual se apaga, y que sus parejas están menos receptivas. Tranquilos, no se trata de una infidelidad. Bueno, o quizá sí, pero con el iPad.

 

Desde que las nuevas tecnologías irrumpieron en el dormitorio conyugal, la frecuencia con la que los británicos mantienen relaciones sexuales ha disminuido sustancialmente.

Las personas de entre 16 a 44 años practican sexo menos de cinco veces al mes, un 2% menos con respecto a la estadísticas del año 2000, según se desprende de la tercera Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de vida (Natsal, según su siglas en inglés).

Y, al «buscar culpables» en esta merma, los expertos miran al iPad, pues durante la última década los ingleses han preferido entregarse a los caramelos del Candy Crush o a otros múltiples juegos, antes que a sus parejas.

«La gente está continuamente pendiente de las tablets y los teléfonos inteligentes, que están conquistando el dormitorio. El constante uso de Twitter y Facebook, y el responder a correos electrónicos a todas horas, está afectado mucho», señala Cath Mercer, del University College of London.

Además de esa infidelidad con las tablets o los smartphones, la maltrecha situación económica y la incertidumbre también han contribuido a apagar la libido de los británicos.

La autoestima de los parados se reduce, mientras que aquéllos que tienen empleo trabajan más duro. «La población está preocupada por sus empleos y por el dinero, y no se encuentran en el estado de ánimo para el sexo», prosigue.

Las entrevistas realizadas a más de 15.000 personas para elaborar el estudio, publicado en la revista The Lancet, se llevaron a cabo entre septiembre de 2010 y agosto de 2012 cuando Gran Bretaña luchaba por recuperarse de la caída en el PIB de 2008 y coqueteó con una recesión de doble caída.

Esta disminución también se explica en parte por el cambio demográfico, con una tasa menor de personas casadas o con pareja, dificultando la oportunidad de tener relaciones sexuales, aunque incluso entre las personas que viven con una pareja han disminuido también.

Los mayores no renuncian al sexo

Aunque los británicos hayan aminorado sus encuentros sexuales con sus parejas, en cambio, se mantienen sexualmente más activos durante más años.

El 60% de hombres y el 42% de mujeres de entre 65 y 74 años practicaron sexo al menos una vez en el último año. ¿Será quizá porque su generación no está tan enganchada a las tablets o los smartphones? Mercer señala otros motivos.

«A medida que los hombres y las mujeres viven más tiempo, tienen una vida más sana, y siguen teniendo relaciones sexuales más allá de sus años reproductivos. Tenemos que ver la salud sexual y el bienestar como una cuestión de importancia para toda la vida», señala Mercer.

La vida sexual se alarga no sólo porque la libido se mantenga despierta a medida que la población envejece sino también porque se empieza antes. Los británicos mantienen su primera relación sexual cada vez más temprano. El 31% de los hombres y el 29% de mujeres entre 16 a 24 años afirmaron haber tenido su primer coito antes de los 16 años.

Los resultados también arrojan otras interesantes conclusiones, como el carácter intrépido y atrevido de los británicos para experimentar con nuevas prácticas, o el carácter más intolerante de los hombres hacia las infidelidades de ellas, aumentando de un 45 a un 63% la proporción de hombres que no estaría dispuesto a perdonar un escarceo de su pareja.

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[*Opino}– Recalcitrantes en el uso de la lengua

18-11-13

Carlos M. Padrón

Titular en El País (España) del 18/11/13:

  • El móvil sexual resurge en el ‘caso Yéremi Vargas’

Caramba, no sabía yo que había teléfonos sexuales. Y que nadie se asombre de mi ignorancia porque en España llaman ‘móvil’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘celular’, o equivalente, ya que esos teléfonos funcionan gracias a la telefonía celular, o sea, una tecnología basada en células —o celdas— geográficas, o áreas de cobertura de sus antenas.

Por otra parte, ‘móvil’ fue siempre usado como el motivo para hacer algo, como cometer un crimen; o sea, que tiene varias acepciones, pero, como sustantivo, ‘celular’ sólo tiene una.

Esa costumbre española de aferrarse a sus usos, aunque en lengua se trate de términos confusos, me parece recalcitrante, y tal vez el mejor ejemplo sea el de empeñarse en llamar ‘ordenador’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘computador/a’, que, para colmo, es el nombre que en inglés le dieron sus creadores: computer.

En la prensa digital española usaron por años el término ‘supercomputador’ porque, sinceramente, lo de ‘superordenador’ sonaba raro ya que, supongo, hacía pensar en un tipo que, más que ordenado, era súper ordenado. Pero ya adoptaron el uso de ‘superordenador’.

Sin embargo, parece que han olvidado algo, pues ¿ha escuchado o visto alguien que en vez de ‘computarizado’, palabra muy usada en el mundo hispanohablante, se diga ‘ordenarizado’ u ‘ordenatizado’? No me extrañaría que un buen día se descolgaron en España con alguno de éstos.

[*Opino}– Trucos abusivos en prensa digital

06-11-13

Carlos M. Padrón

En el artículo El mal uso ­(o abuso) de internet destaqué los trucos a que recurren algunos medios digitales para conseguir más y más clics a costa del tiempo de los visitantes.

En ABC.es de hoy creo que se pasaron, pues con ese truco, en sólo el resumen de los 10 artículos más leídos, a los que ellos llaman «Lo último», que, en un casi remdo de los Top Ten gringos, son éstos:

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aparecen nada menos que SEIS (6), a saber:

  1. Los 10 errores más comunes de los hombres al vestirse
  2. Las diez portadas de discos más sexys de la historia del pop
  3. Diez hoteles rurales con encanto para una escapada en otoño
  4. Los diez coches más vendidos en 2013
  5. Marcas que fabrican coches para otras marcas: ¿sabemos realmente lo que compramos?
  6. Quince de los más bonitos pueblos de España
O sea, que si un lector quiere leer completos los seis tiene que clicar no seis veces sino ¡más de CINCUENTA (50)!
Con razón suben en el ranking. Se ve que, para esos medios, el fin justifica los medios.

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Y ahora ni siquiera usan títulos con palabras como «los diez», o cualquier otro número, sino que un título tan poco sospechoso como «Llegará el día en que tu nevera te avise de que te has quedado sin existencias» puede contener nada menos que ONCE entradas.

[*Opino}— Se proponen demostrar que los aborígenes canarios sí sabían navegar

10-11-13

Carlos M. Padrón

Me temo que, en realidad, la aventura de que habla el artículo que copio abajo busca sólo notoriedad pues, hasta donde sé, todos los historiadores o investigadores del pasado de Canarias han dicho que los aborígenes canarios —no realmente los guanches, pues éstos eran los de Tenerife— no sabían navegar.

Aparte de que no se ha encontrado rastro de algo que sirviera para ese fin, no entiendo cómo el posible éxito de esa aventura serviría para demostrar lo de que los aborígenes canarios sí sabían navegar. Tal vez sí ponga de manifiesto que existen corrientes marinas, o vientos, que permiten llegar de una isla de Canarias oriental a una occidental. ¿Y?

Además, en la frase, no muy bien redactada, «No existe ninguna isla en el mundo donde se afirme que los habitantes originarios no fueran navegantes» yo cambiaría ‘isla’ por archipiélago, pues no creo que los habitantes aborígenes de una isla que esté tan lejos de tierra firme que ésta no sea visible desde la la tal isla, hayan tenido la ocurrencia de echarse a la mar.

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10/11/2013

Bernardo Sagastume

Una expedición se propone navegar como los guanches para unir Lanzarote con La Palma

Saben que se harán a la mar en Lanzarote el próximo domingo 24, pero no cuándo llegarán a La Palma. Ni siquiera saben si tocarán tierra en la «Isla Bonita», aunque lo desean fervientemente para probar —o, mejor, para «hacer pensar»— sobre la posibilidad de que los guanches tuvieran nociones de navegación desde mucho antes de que llegase el tiempo de la Conquista.

La tripulación del «Osa Menor», durante unas pruebas en aguas lanzaroteñas

«Creer que no lo hacían es una barbaridad. No existe ninguna isla en el mundo donde se afirme que los habitantes originarios no fueran navegantes»,

dice tajante y con autoridad Sergio Navío, un apellido con evocaciones marítimas suficientes como para ser la cara visible del proyecto «Osa Menor», que con la balsa homónima —construida por sus propias manos— surcará el mar sin otro interés que «llamar un poco la atención» sobre lo que creen es un error de la investigación sobre los aborígenes Canarios.

La embarcación que llevará a estos tres madrileños, dos gallegos y un valenciano, entre las Islas Afortunadas fue diseñada según los patrones comunes que Navío, un estudioso de la historia de la navegación, encontró en embarcaciones antiguas de todo el mundo.

«Hay un timón, un tipo de vela y de orza que se repite con gran similitud en distintas latitudes»,

explica.

La han bautizado «Osa Menor» en honor a un trabajo publicado en 2007 por dos historiadores tinerfeños, Rafael González Antón y María del Carmen del Arco Aguilar, «Los enamorados de la Osa Menor. Navegación y pesca en la Protohistoria de Canarias», texto donde se defiende la tesis de Navío: que en esa época ya existían en las islas los conocimientos náuticos suficientes para la navegación atlántica, basándose en la astronomía.

¿Y cómo se explica que exista a día de hoy ese consenso acerca de que los habitantes prehispánicos no navegaban ni se conocían entre sí?

Para Sergio Navío, a mediados del segundo milenio «el que dominaba el mar dominaba tierras y riquezas» y negar este conocimiento a los guanches «era parte de la Conquista», parte de la propaganda, en tiempos en que «lo que se transmitía desde aquí era hipercontrolado por el poder».

Pese a todo, Navío recuerda que muchas veces se soslayan las crónicas que daban cuenta de estas habilidades por parte de los guanches, entre ellas las de Torriani, que habla de tres rutas de navegación. Esta ocultación «también se repite en la Conquista de América», donde también se negó que los indígenas surcasen los mares antes de que llegaran los españoles.

La distancia entre Lanzarote, en el extremo oriental de Canarias, y La Palma, en el occidental, es de unas 250 millas en línea recta, pero la expedición da por hecho que su derrotero será en cierta medida zigzagueante: «Dependeremos de los vientos y el tiempo que nos toque», por lo que no se atreven todavía a vaticinar con exactitud es cuánto tiempo les llevará la aventura.

La rudimentaria vela, de algodón, lleva en su centro una ilustración, obra del artista lanzaroteño Manuel Perdomo, que representa una conocida pintadera Canaria, una espiral de las que abundan en el arte primitivo de las Islas.

Con la ilusión de que el viento sople por fin sobre el pequeño paño, estos seis hombres vivirán la experiencia marinera como si fueran auténticos guanches, pero en pleno siglo veintiuno.

Sin troncos de drago, vale la samba

La tesis de Navío es que los aborígenes utilizaban para sus balsas madera de drago, pero al encontrarse hoy protegido han recurrido a la samba, de similar flotabilidad.

Estos troncos, de más de 80 centímetros de diámetro, llegan a los 12 metros en el caso de los que conforman de punta a punta la eslora de la balsa, y alcanzan 10 en los que se ubican en los laterales.

Sobre la cubierta se yergue una pequeña caseta, hecha con hoja de palma por un artesano de Lanzarote, donde pondrán a cubierto los víveres con que se alimentarán y los equipos de radio con que se ajustarán a la normas actuales.

Todo ha sido hecho sin clavos, atando los troncos con cabos de pita y de forma absolutamente artesanal.

Fuente

Cortesía de Juan Llorens

[*Opino}– Los españoles, los empresarios y el vivir del cuento

10-11-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo me recuerda que César Vidal, entre muchos otros, ha dicho que el pecado capital de los españoles es la envidia, y además, la convicción generalizada de que el trabajo es algo que hay que evitar.

De ahí que, en general, detesten a los empresarios (a quienes suponen dueños de mucho dinero y, por ello, los consideran hijos de puta), y detesten el tener que trabajar.

Tal parece que lo que interesa es vivir bien sin dar golpe, o sea, un Estado de Bienestar a cargo totalmente del Estado. De dónde obtenga éste los reales para sufragarlo, no importa.

¿Capitalismo y economía de mercado? ¡Qué va! En los países donde impera eso come sólo el que trabaja, a menos que sea niño o anciano. ¡Que viva el funcionariato!

Seguramente creen que en países como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Holanda se vive muy mal porque esa gente no sólo produce mucho sino que parece que les gusta hacerlo. ¡Esclavos!

¿Por qué el intervencionismo estatal no le aprieta las tuercas a los sindicatos?

¿Por qué no se preguntan estos españoles cómo van a echar hacia adelante si no quieren la empresa privada ni tampoco, por supuesto, el comunismo? ¿Tendrán respuestas a esto?

Artículos relcionados:

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2013-10-17

D. Soriano

¿Por qué los españoles no quieren a sus empresarios?

Nuestros conciudadanos no se fían de las compañías privadas ni perciben sus efectos beneficiosos en la economía.

Los empresarios españoles no tienen buena prensa. Y sus clientes, trabajadores y convecinos no les quieren. Al menos no tanto como daneses, finlandeses o estonios a los suyos.

El 43% de los españoles tienen una opinión negativa de la «influencia global de las empresas» en su país. Mientras, en Dinamarca, Suecia o Finlandia, este porcentaje no llega al 20%.

La Institución Futuro presentaba este miércoles su informe de octubre de 2013, «Apuntes sobre la aportación de las empresas a la economía», en el que recoge las conclusiones del Flash Eurobarometer que la Comisión Europea realizó en abril de este año.

En lo que respecta a España, las cifras concuerdan con las de otros estudios sobre las actitudes económicas y políticas conocidos este año: no nos fiamos del papel de los empresarios, y no valoramos su importancia en nuestra sociedad.

¿Capitalismo? No, gracias

Antes del verano, el BBVA presentaba el estudio internacional Values and Worldviews, realizado en diez grandes países europeos.

Según sus datos, los españoles eran los que menos nota daban a la pregunta de si se sentían «identificados con el capitalismo»; los segundos (tras los franceses) que más pedían la intervención del Estado en la economía; y los que menos apoyaban la frase «la economía de mercado es el sistema más conveniente para el país».

Y hace apenas un mes, la misma Fundación BBVA publicaba en español el informe de Tendencias Transatlánticas, en el que, de nuevo, los españoles aparecían a la cabeza en su rechazo al mercado libre y el apoyo al intervencionismo estatal: el 53% piensan que hay que seguir aumentando el gasto público. Es más, sólo el 32% apoyan la moneda única, y somos los europeos que menos aprecio le tenemos a Angela Merkel, dos respuestas en las que parece intuirse el rechazo hacia las decisiones de control de déficit público adoptadas por la UE en los últimos años.

El empresario

Con estos antecedentes, los resultados del informe de Futuro ya no son tan extraños.

De los 34 países en los que se hizo la encuesta de la CE, España es el 25º en la consideración del papel de las empresas: negativa en un 43% y positiva en un 50%.

Son unas cifras que contrastan, y mucho, con las habituales en otros países miembros de la UE, especialmente en el norte del continente. Por ejemplo, en Dinamarca, la opinión es negativa sólo para el 10% de la población, y positiva para el 85%; en Finlandia son 13% y 83%; en Estonia 16% y 70%; en Suecia 19% y 72%; y en Holanda, 20% y 74%.

No sólo eso, como puede verse en el siguiente gráfico, damos una puntuación peor que la media de la UE en todas las preguntas de la encuesta sobre los «efectos positivos» de los empresarios: creación de empleo, retorno a los inversores, desarrollo de productos innovadores,…

Es decir, los españoles no se acaban de creer que las compañías privadas sean beneficiosas para la sociedad. Por ejemplo, sólo el 27% creen que sean importantes para contribuir al «desarrollo económico del país».

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En realidad, viendo la siguiente pregunta, casi parecen lógicos estos resultados. España es el país de la UE en el que un mayor porcentaje de sus ciudadanos afirman que «no disponen de información» para conocer «qué hacen las empresas para comportarse responsablemente ante la sociedad».

Tampoco es extraño para quien conozca la realidad española.

De hecho, en los últimos años, la misma palabra empresario se utiliza en los medios casi en exclusiva en noticias negativas: de fraude fiscal, empleo negro o escándalos societarios. Incluso se ha sustituido el término por el de «emprendedor», para darle a éste (en realidad un empresario nuevo, que empieza) un tono positivo que se deriva del hecho de que lo pasa mal o incluso pierde dinero.

Un enfoque que es mucho más difícil encontrar en el caso de exitosos hombres de negocios que han levantado compañías con miles de empleados.

¿Qué aportan?

Para deshacer este equívoco, Futuro dedica la segunda parte de su informe a explicar «Qué aporta la empresa privada a la sociedad». Y en este apartado, junto a cuestiones como la formación de los empleados o su participación en actividades de patrocinio de actividades culturales, se explica una realidad que, aunque afecta a casi todos los trabajadores, es desconocida por buena parte de ellos: el costo del empleo.

En España, de cada 100 euros que paga un empresario, al trabajador le llegan apenas 58,6 euros. El resto se van en contribuciones a la Seguridad Social (28) y el pago del IRPF (13,5).

De esta manera, el empleado puede tener la percepción de que el neto que le llega a su cuenta del Banco es muy bajo; y al mismo tiempo su jefe puede pensar que le sale muy caro mantener ese puesto.

En todos los países de la OCDE estos costos asociados son muy importantes, pero no es baladí señalar que España supera la media, está muy cerca de países como Finlandia o Suecia (mucho más productivos y ricos) y por encima de otros como Dinamarca, Holanda o Noruega. España es el séptimo país de la OCDE con mayores contribuciones patronales sobre el salario bruto.

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Evidentemente, los impuestos que pagan las empresas españolas no se quedan ahí. El Impuesto de Sociedades efectivo es el quinto más alto de la UE, sólo por detrás de Alemania, Reino Unido, Italia y Holanda.

Y en cuanto al IVA, que normalmente estaba por debajo de la media europea y daba cierto margen al empresario nacional, ya se ha equiparado, tras las subidas de los últimos años, al nivel normal del resto de los socios comunitarios.

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