[*Opino}– Sobre el divorcio y sus causas

31-12-14

Carlos M. Padrón

Me parece que el artículo que copio abajo raya en lo frívolo.

Pues afirmar que tras los divorcios están las causas que en ese artículo se enumeran revela un pobre conocimiento de la seriedad del matrimonio o del compromiso implícito en la vida en pareja.

¿Dónde quedan, entre las causas realmente importantes y a veces insalvables, las diferencias socioculturales (costumbres sociales, enfoque de temas clave, costumbres familiares, religión, posición social, etc.), la solidez de la confianza mutua, los criterios de administración de las finanzas, la compatibilidad en el sexo, etc.?

Creo que el tal artículo es uno más de los que se publican para promocionar libros o estudios, a veces de dudosa valía.

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28/12/2014

Emily Towler

Cómo evitar el divorcio

Hay maneras claras e insospechadas de prevenir las rupturas matrimoniales, según un estudio realizado en la Universidad estadounidense de Emory.

Una boda media cuesta en Estados Unidos en torno a los 24.000 euros. El 53% de los matrimonios, según datos de Naciones Unidas, termina en divorcio, según estadísticas de Naciones Unidas.

En España, según fuentes del Consejo General del Poder Judicial, desde 2000 hasta 2011 los casos de divorcio pasaron anualmente de 40.000 a 117.179, y la Comisión Europea consignó que en 2012 la tasa de divorcios superó el 62% de los matrimonios.

Dos economistas de la universidad useña de Emory han publicado el estudio «Un diamante es para siempre, y otros cuentos de hadas», donde examinan una serie de factores que propician el divorcio.

Los autores han llegado a la conclusión de que, si se toman determinadas medidas, se puede evitar la ruptura. Algunas de las circunstancias que abocan al fracaso matrimonial resultan obvios. Por ejemplo, las personas que valoran sobre todo en su pareja la apariencia o la cuenta bancaria son más propensas a divorciarse. Pero hay otras razones inesperadas.

Un hallazgo sorprendente es la conexión entre el precio del anillo de compromiso y el divorcio. El informe, elaborado por Andrew M. Francis y Hugo M. Mialon, certificó que los novios que gastan entre 1.600 y 3.200 euros en el anillo de bodas se divorcian con más facilidad. 

Los economistas de Emory han descubierto también que existe una correlación inversa entre el divorcio y cuánto se gasta en la boda.

A mayor gasto, más probabilidades de ruptura.

Los precios actuales de una boda en España rondan los 16.500 euros, prácticamente la mitad que en Estados Unidos, aunque ha subido algo desde los 12.590 euros que costaba el año pasado, según datos de la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI).

Sin embargo, aunque las bodas caras tienen más posibilidades de acabar mal, el estudio incluye un dato que, en función de lo anterior, puede parece paradójico: a mayor número de invitados (es decir, testigos), menos riesgo de divorcio. Claro que a más comensales, más gasto; es decir, más posible derroche.

La investigación hace hincapié en que es mejor un noviazgo largo antes de casarse: las parejas que salen uno o dos años antes de formalizar el amor se divorcian un 20% menos que las que no alcanzan un año de novios; y las que salen más de tres años se divorcian un 39% menos.

Por otro lado, las parejas que se van de luna de miel se divorcian un 41% menos, lo que se puede atribuir a los buenos momentos pasados juntos en esa etapa. La falta de luna de miel también se asocia a otros componentes dañinos para el matrimonio, como sueldos bajos o trabajos exigentes que causan ansiedad.

A las parejas con ingresos familiares más altos les suele ir mejor en el matrimonio, porque eluden más fácilmente el estrés relacionado con las finanzas. Otro descubrimiento curioso es que, tanto las personas que asisten a servicios religiosos siempre como las que nunca van, se divorcian menos que quienes acuden sólo de vez en cuando.

Consejos a seguir

En resumen, para no engrosar la tasa de divorcios, éstas son las recomendaciones de la Universidad de Emory:

  1. Es conveniente que el noviazgo antes de llegar a la boda dure por lo menos tres años.
  2. Tener un mínimo de ingresos evita tensiones inherentes a la falta de recursos económicos. Pero no hay que poner la economía por encima de todo.
  3. No sea rácano a la hora de invitar, pero tampoco sea un manirroto
  4. Imprescindible la luna de miel si no quiere que el descalabro sea inevitable.

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[*Opino}– Mañas del idioma en España

01-01-15

Carlos M. Padrón

Creo que, quienquiera que haya escrito el artículo que copio abajo, tiene razón.

Aunque la parte estética no me ha preocupado nunca mucho —excepto en las personas—, me parece que, por ejemplo, eso de güisqui es una ridiculez: uno de los más notables esfuerzos de la RAE por hacer lo que fuere con tal de no aceptar, tal y como es, una palabra extranjera, en especial si procede del inglés.

Algo diferente es el caso de selfi en vez de selfie, pues la pronunciación de la palabra extranjera es selfi, y lo natural, ya que en español no hay vocales mudas, es aceptarlo tal y como suena, como en el caso de Wi-Fi —acrónimo de Wireless Fidelity (Fidelidad inalámbrica)— que, aunque en inglés se pronuncia uai-fai, en España lo pronuncian de una forma que resulta ridícula: ui-fi.

Una de las varias excepciones a esto es online, u on line, que, aunque se pronuncia onlain, se sigue escribiendo con la grafía inglesa; una tendencia que seguramente irá en aumento.

Artículo(s) relacionado(s):

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31 DIC 2014

El (mal) genio del idioma

Para Fundéu, la palabra del año es selfi; pero la supresión de la ‘e’ final afea la estética del vocablo.

Igual que las empresas pueden crecer orgánicamente (aumentando su tamaño y su cuota de mercado) o comprando otras empresas, el idioma enriquece el vocabulario por métodos preestablecidos en la propia lengua o importando palabras de otras.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) acaba de proporcionar un ejemplo pintiparado. Considera que la palabra del año —por su interés lingüístico, por su irrupción avasalladora en el habla cotidiano— es selfi, castellanización apresurada de la palabra selfie, esa foto que uno —solo o en compañía de otros— se perpetra con un celular.

En este caso, selfi respondería al método importador (anglicismo), mientras que el desarrollo idiomático autónomo para el concepto selfie proporcionaría las palabras autorretrato o autofoto, que también recomienda Fundéu.

No es necesario profetizar qué palabra arrollará a las otras dos cuando en una conversación medie la cámara de un celular. La Fundéu cumple con el protocolo al proponer el trío, pero sabe bien que si selfi es la palabra del año no es por su estética ni por su corrección, sino porque domina la calle.

Otra cosa es la estética. Selfi resulta una ablación feísta de selfie, cuya gracia principal, de tenerla, radica en la ‘ie’ final. La extrusión de las palabras para encajarlas en otro idioma rara vez ofrece buenos resultados. Piénsese en la deformación de un vocablo con tanto pedigree como whisky o whiskey hasta convertirlo en güisqui, que quedaría tosco incluso en un texto de Vizcaíno Casas.

Quizá el uso aporte algún barniz de prestancia a selfi, pero a veces es conveniente importar los extranjerismos tal como son y confiar en el buen criterio del hablante. Eso es el genio del idioma, ¿no?

Tampoco aportan mucho el resto de las palabras entre las que la Fundéu ha coronado selfi. O responden al impulso de nombrar nuevas chucherías del espíritu, de gran predicamento social (nomofobia

o pavor a estar desconectado de la red, apli, apócope de aplicación), o reflejan un uso masivo (dron, ébola, postureo) o caen en la redundancia, como amigovio (híbrido entre amigo y novio).

Pero, ¿quién, teniendo a mano follamigo, va a caer en la cursilería del amigovio? ¿Y por qué no novami?

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[*Opino}– Espacio en vez de punto al escribir cifras mayores de mil

31-12-14

Carlos M. Padrón

Esto de que, según dice el artículo que copio abajo, hay que poner espacio, en vez de punto o coma, en cantidades como, por ejemplo, 40.000.000, que dicen que debe escribirse 40 000 000 no lo «compro» porque el espacio existe para separar conceptos, y usarlo en vez de un signo separador es crear confusión en el lector.

Además, ¿no quedamos en que la RAE oficializa el uso? Pues en casos como éste se han usado, desde siempre, los puntos.

Por tanto, para los tales cuarenta millones seguiré usando la grafía 40.000.000.

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30/12/2014

2015, sin punto ni espacio tras el dos

Los años se escriben sin punto, coma ni espacio entre la cifra que marca los millares y la que indica las centenas.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2.015»,
  • «El uno de enero del 2 015 asumirá su nuevo mandato» o
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2.015».

De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, en los números que designan los años nunca se utiliza punto, coma ni espacio entre las unidades de millar y las de centena.

Cuestión distinta es que ese número no exprese un año en sí, sino una cantidad de años, caso en el que sí es posible introducir un espacio fino (Hace 40 000 años), pero no el punto ni la coma, de modo que las siguientes grafías no serían apropiadas: ni Hace 40.000 años ni Hace 40,000 años.

Así pues, en los ejemplos iniciales lo adecuado habría sido escribir

  • «Hay un contrato firmado hasta junio del 2015»,
  • «El uno de enero del 2015 asumirá su nuevo mandato» y
  • «Aprovecho para felicitarte las fiestas y desearte un excelente 2015».

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[*Opino}– La pérdida del deseo en los hombres

30-12-14

Carlos M. Padrón

No creo que, según dice el artículo que copio abajo, la liberación sexual de la mujer sea el motivo de esto.

Al contrario: gracias a esa liberación, ya en las mujeres no hay hacia el sexo el tabú, el puritanismo, la pacatería e hipocresía que antes había y, sobre todo, el vergonzoso débito conyugal.

Para mí, el motivo principal de la supuesta pérdida de deseo del hombre es la pérdida de feminidad de la mujer, que nada tiene que ver con la liberación sexual, pero sí con la feminidad, pues las feministas que he conocido son poco femeninas.

En muchos casos, la pérdida de feminidad se debe a eso, a que la mujer ha adoptado modelos proclamados por el feminismo, a que trata de machista al hombre por cualquier cosa que él haga y que a ella no le guste, y a que exhibe rasgos de su carácter que, según se dice en Venezuela, «le enfrían el guarapo a cualquiera» (= le anulan las ganas o el deseo, lo desaniman), como aspereza al hablar (por ejemplo, estilo castizo vs. estilo hispanoamericano), ausencia de cariño en la palabra y en la acción, actitud desafiante, tono altanero, búsqueda de la confrontación, preguntar de forma tal que la pregunta es una acusación,…

Ante una mujer así, se entiende que un hombre pierda las ganas, o sea, «se le enfríe el guarapo».

Además, la mujer tolera muy mal el rechazo, y si ella se insinúa —sobre todo si lo hace de forma insípida, puritana, poco explícita, etc., o, por el contrario, de forma seca y agresiva— y él, cansado ya de tener que adivinar, o de tanta falta de feminidad, no responde como ella espera, ahí nace un problema.

Espero tener razón, y que esa pérdida de deseo no se deba a lo que un médico me dijo hace poco («Antes el semen tenía 50 millones de espermatozoides, y ahora tiene 20 millones». ¿Declive de la virilidad?), a lo que dijo la Thatcher («En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él»), que es, pero en otros palabras, lo que decía mi padre («Si se le da la oportunidad, toda mujer se encarama«). ¿Es que vamos hacia un mundo de varones domados? ¿Se debe a esto el aumento de la homosexualidad?.

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26/12/2014

Beatriz G. Portalatín

Cuando a los hombres les faltan las ganas

Los viejos mitos siguen sonando con fuerza: los hombres siempre tienen ganas, siempre están dispuestos y siempre son ellos los que empiezan seduciendo.

Sin embargo, según avanzan las investigaciones científicas, a la par que la propia realidad, estas ideas empiezan a desplomarse con fuerza. El bajo deseo sexual es una disfunción que afecta tanto a hombres como a mujeres, a pesar de que sean ellas quienes tengan la fama.

Según diferentes estudios, la prevalencia europea de esta alteración en mujeres es de un 30%. En hombres, según datos generales —no europeos—, está entre un 5% y un 15%. El bajo deseo sexual en varones existe, y cada vez más.

Una investigación, publicada en 2013 en la revista científica ‘The Journal Sexual of Medicine’, mostraba resultados llamativos. Tras preguntar por internet a más de 5.000 hombres heterosexuales de tres países (Portugal, Croacia y Noruega), se confirmaba cómo después del estrés y del cansancio, los problemas de pareja eran la causa más frecuente detrás del bajo deseo.

Sin embargo, los especialistas destacan otro motivo, y para ellos de los más importantes, que se vincula con la falta de deseo en los hombres, y que es el cambio en la posición de la mujer en cuanto al sexo. Hace años la mujer en las relaciones sexuales se comportaba como un sujeto pasivo, ahora las cosas han cambiado, y mucho, lo que influye directamente en el comportamiento del hombre.

Cuando antes la mujer estaba sexualmente al servicio del hombre, éste no sentía la necesidad de estar a la altura. Sin embargo, y desde hace décadas, desde que la mujer reivindicó su propio placer y satisfacción, el hombre tiene miedo de no estar a la altura. Se preocupa de hacerla disfrutar. Esto es, para los hombres no se trata sólo de disfrutar ellos sino de hacer disfrutar a ellas.

Se trata de una inhibición psicológica o de deseo. Es decir, se trata de estar sólo ante al peligro, lo que se produce como consecuencia del desarrollo sexual de la mujer. Cuando el hombre ve en la mujer que le gusta mucho, que además aparenta ser una mujer segura y cuando la considera muy atractiva, en este caso, mayor será aún su síndrome de miedo al desempeño.

Mala adaptación a los cambios

Los factores que pueden desencadenar esta disfunción son varios: estrés, depresión, problemas de tipo hormonal o incluso como causa desencadenada de la disfunción eréctil (DE), trastorno que afecta en España a más de dos millones de hombres. El bajo deseo sexual en varones suele aumentar con la edad, y con frecuencia acompaña también a otros trastornos sexuales.

Los hombres con disfunción eréctil pueden experimentar pérdida de la libido como consecuencia secundaria. Pero esto, generalmente, se determina a partir de una historia sexual detallada, incluyendo la cronología de la enfermedad. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que se quejan de impotencia no se quejan de la disminución de la libido o del deseo sexual. Es por ello que los factores psicológicos toman un papel muy destacado. Y, de nuevo, el cambio social de las mujeres tiene mucho que ver.

El cambio sustantivo de esta dificultad sexual masculina aparece como consecuencia de una mala adaptación al cambio en el rol sexual femenino que tuvo lugar en la llamada revolución sexual femenina. La mujer pasa de vivir el sexo como una fuente de recompensa o castigo a la pareja, como una manera de cumplir con sus obligaciones, a descubrir la sexualidad como un derecho propio.

La mujer desea, por supuesto, pero es que, además, ahora se lo puede permitir, y si le apetece ya no tiene por qué esperar sentada a que él dé el paso. Estos cambios, a todas luces positivos, le han supuesto a muchos hombres un reto de adaptación. Por eso, y tal como se comentaba en este periódico hace casi dos años: «Los hombres necesitan hacer su propia revolución sexual».

Pero también puede incluso suceder lo contrario: el tener que tomar siempre la iniciativa puede ser motivo de cansancio. Ellos también quieren ser deseados y que se les busque.

Otro de los peligros de esta disfunción es la similitud entre las personas. Hay parejas que son tan parecidas y hacen cosas tan similares, que pierden la empatía y la atracción sexual, y, por ende, el deseo hacia el otro.

Un factor relevante es también la repercusión de la disfunción. Se vive mucho peor que el hombre tenga este problema que no que lo tenga la mujer. Y esto corresponde, de nuevo, a la mala adaptación de los cambios sociales. Se sigue teniendo la idea de que el hombre siempre está dispuesto, y, si no es así, es porque no hay atracción, sin contemplar otros factores externos que muchas veces son determinantes.

Cada vez son más las parejas que acuden a consulta por problemas relacionados con el deseo de él. Muchas veces, el motivo principal de consulta es una disfunción eréctil, pero, al profundizar, se descubre que lo que sucede en realidad es que él se fuerza a tener sexo sin tener ganas, y eso, al final, acaba por pasar factura.

Es importante tomar una actitud activa en el problema y no sentirlo como el mayor de los problemas. Es una disfunción que se puede tratar. Además, muchas veces el bajo deseo sexual se remedia con la actividad compartida. Por ello, es importante, trabajar fantasías y estimulaciones eróticas, y dedicar tiempo a recuperar la atracción erótica y el placer compartido.

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[*Opino}– Leer en pantalla vs. leer en papel

26-12-14

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo ha sido un alivio para mí porque, simplemente, tengo problemas para leer en pantalla.

Por ejemplo, si bien detecto de inmediato las faltas de ortografía que haya en un texto escrito en papel, si ese mismo texto lo despliego en pantalla no ocurre lo mismo: puedo tener ante mis narices una de tales faltas, que no la notaré.

Es más, buscar dentro de un texto desplegado en pantalla algo que vi en una primera lectura es para mí un largo proceso que a veces requiere que lea desde el comienzo. Y si ese algo está resaltado, entonces su búsqueda se me hace más difícil,

Tendré que vivir con eso porque ya mi cerebro no está en edad de muchas adaptaciones.

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26/12/2014

Pilar Quijada 

Al cerebro le cuesta menos leer en papel

Algunos estudios reflejan preferencia por el formato impreso frente al digital. Los más jóvenes, «nativos digitales», se adaptan a ambos.

Hace 25 siglos, Sócrates veía en la palabra escrita una amenaza para la oratoria y la memoria, que decrecería al plasmar las ideas en un papel.

Entonces la lectura estaba reservada a unos pocos. A medida que se extendía, muchos ojos perdían facultades a la luz de una vela por el nuevo entretenimiento, y tal vez la vista cansada de la madurez lo estaría menos sin la lectura. Pese a esas desventajas, la lectura fue un enorme avance y un gran reto para el cerebro.

Ahora el soporte digital amenaza con desplazar al papel. El cambio suscita quejas parecidas a las del filósofo, como mayor dificultad para memorizar y comprender cuando se lee en una pantalla, y mayor fatiga visual.

Hace apenas dos siglos, nada comparado con nuestra historia evolutiva, la mayoría de la gente no sabía leer. Cambiar el formato de lectura no parece tan grave para el cerebro. Es más, el cerebro no «viene programado de serie» para leer. Cada vez que alguien aprende a hacerlo, ya sea un niño o un adulto, ciertas regiones destinadas a otras funciones, como el reconocimiento de caras y objetos, se «reconvierten» para interpretar palabras.

La plasticidad de nuestro cerebro hace posible ese cambio, que mejora en gran medida su rendimiento. Por eso, lo importante es leer.

Cerebro flexible

El cerebro tiene más limitaciones de las que pensamos, pero encuentra la manera de salvarlas. Una podría ser la dificultad de leer en una pantalla cuando está «acostumbrado» al papel. ¿Pero es real?

Los más pequeños se están convirtiendo en «nativos digitales», capaces de manejar una pantalla táctil antes de caminar. Son los cerebros acostumbrados al papel los que notan el salto «tecnológico».

Nuestro cerebro se adapta a cualquier situación. Es posible que en esta era digital, con un exceso de información (anuncios, ventanas emergentes,…) sea horrible para la generación que creció con el papel, pero los jóvenes se están educando en este formato. Cómo se adaptará su cerebro, no lo sabemos, pero no hay que ser catastrofistas. Tal vez logre un funcionamiento multitarea más efectivo.

Muchas investigaciones tratan de resolver el debate pantalla o papel. La balanza que antes se inclinaba hacia el papel, ahora cambia su tendencia. La incomodidad inicial del formato digital está mejorando, y uno de cada cinco libros que se vende es digital. Pese a todo, para algunos investigadores, como Maryanne Wolf, de la Universidad de Tufts (EEUU), el papel tiene ventajas.

A su juicio, un texto es un paisaje escrito que se asemeja a un mapa topográfico que guía la lectura. El soporte digital restaría referencias: no vemos la extensión, esquinas o márgenes, ni tiene casi ilustraciones, que ayudan a recordar. La memoria visual también es importante.

Otros estudios no ven tan claras esas ventajas, sobre todo cuando la edad de los lectores disminuye. Un trabajo de 2012 del «Brithish Journal of Educational Tecnology» no halló diferencias entre universitarios que leían un texto de 600 palabras en formato digital o impreso. La comprensión y detección de errores fue igual en ambos casos, aunque la tarea se acortó en la pantalla.

Es cierto que ha habido trabajos mostrando la “superioridad” de la lectura en papel. Si exceptuamos los más antiguos, cuando la resolución de la pantalla y la forma de las letras era de menor calidad, o trabajos con deficiencias metodológicas, las posibles diferencias no están tanto en los aspectos propiamente cognitivos, como los procesos básicos de la lectura, como los movimientos oculares, que son los mismos en papel y pantalla. Las diferencias son más bien metacognitivas.

Menos referencias

Son precisamente esos aspectos, más subjetivos, los que suponen ciertas limitaciones para los que no somos «nativos digitales». Todos tenemos la experiencia de imprimir las páginas que vemos en la pantalla para leerlas más a gusto y captar mejor los detalles, especialmente si hemos de interiorizar su contenido. Algo acorde con el formato en el que aprendimos a leer.

Al menos para los no nativos digitales, la limitación está a la hora de leer libros electrónicos de texto o de referencia.

Por otro lado, el formato electrónico, con hipertexto (enlaces) permite ahorrarse la visita al diccionario o a otro sitio de consulta, y acceder de inmediato a contenidos extra, pero es cierto que implica estrategias de lectura diferente.

La cuestión no son las posibles diferencias entre leer en papel o pantalla, sino cómo mejorar la lectura digital, dado que parece inevitable la transición.

Pese a todo, muchos niños disfrutan leyendo con sus padres un cuento en papel a la hora de dormir, aunque el formato digital permite incluir vídeos y sonidos. El mundo está cambiando en esta era digital, y nuestro cerebro, como siempre, logrará adaptarse a ese nuevo reto.

Las ventajas de un texto digital

Facilita la lectura a niños con dislexia. Un texto digital puede tener ventajas que no ofrece el papel. Por ejemplo, para quienes tienen deficiencias visuales aumentar el tamaño de la letra supone un gran alivio. Pero quizás lo más novedoso y alentador esté en el campo de las dificultades de aprendizaje de los más pequeños.

Varias investigaciones recientes han mostrado que un ligero aumento del espaciado entre las letras (respecto al espaciado estándar) produce tiempos de lectura más rápidos en los niños con dislexia, así como mejoras en la comprensión de los textos.

Si bien el aumento en el espaciado de las letras no “cura” la dislexia, sí permite mejorar el proceso de lectura. La posibilidad de modificar el espaciado entre letras, disponible en los programas de procesamiento de texto, debería incorporarse también a los libros electrónicos, en opinión de los autores.

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[*Opino}– El amargo sabor de la percepción del tiempo

24-12-14

Carlos M. Padrón

Como ya dije en Reflexiones sobre el TIEMPO, el tema de cómo cambia la percepción que acerca de él tiene uno durante su vida es algo que se me antoja de suma importancia, y tanto que, repito, debería ser de enseñanza obligatoria desde la Secundaria, aunque sólo sea por aquello de que «guerra avisada,…».

La explicación que al respecto da el artículo que copio abajo —eso de que el cerebro gasta más en memorizar cosas nuevas— no me satisface, pues muchas de las cosas que ahora veo pasar a enorme velocidad no las había visto yo antes. Adempás, lo que noto que pasa a gran velocidad es el tiempo en sí, no las cosas, hechos, eventos, etc. a él asociados; noto la tal velocidad la noto en trozos de tiempo, como, por ejemplo, un año, 5 años, 10 años,…

Y lo peor es que si noto que los últimos 10 años pasaron a gran velocidad, debo concluir que los 10 próximos, si es que alcanzo a vivirlos, pasarán aún más rápido. El desagradable sentimiento que eso produce podría no serlo tanto si desde mi juventud estuviera yo consciente de que eso es parte de la vejez.

Así que ahora sólo me queda aferrarme a lo que escribí cuando aún tenía yo 19 años:

El tiempo corre, se aleja,
y en su veloz transcurrir
tristes recuerdos nos deja;
trozos de la vida vieja
que se resiste a morir.

Recuerdos que al revivir
lastiman el corazón
y duelen con un dolor
que nos mueve a sonreír.

Y no podemos huir
de ese dulce padecer.
Mejor, pues, es comprender
y dentro del pasado gris
recordar como feliz
lo que feliz pudo ser.

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24/12/2014

¿Por qué el tiempo pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores?

En la infancia, las vacaciones se hacen interminables, y la Navidad parece que dure meses. En cambio, conforme avanzan los años, los meses empiezan a pasar volando… ¿Por qué ocurre?

Neurocientíficos y psicólogos han intentado encontrar una explicación con varias teorías, de las que este miércoles se hace eco «El Correo».

Al parecer, nuestro cerebro funciona como si fuera un computador que interpreta la realidad de forma distinta según las circunstancias.

Así, cuando la información es nueva, el cerebro gasta más energía en procesarla. Prestamos más atención y registramos más detalles que cuando la experiencia es repetida, y este esfuerzo mental nos produce la sensación de que el tiempo transcurrido es mayor.

La mayoría de las experiencias nuevas se acumulan durante la niñez, adolescencia y primera juventud. Por eso, durante esos años parece que el tiempo es más largo.

Lo mismo ocurre cuando realizamos un viaje, por ejemplo. Nuestro cerebro se esfuerza por memorizar cada detalle, lo que produce la sensación de que el tiempo se dilate. Cuando las vivencias se convierten en rutina, los recuerdos se diluyen en nuestra memoria.

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[*Opino}– Contradicciones en neologismos, acrónimos y siglas

21-12-58

Carlos M. Padrón

El uso que en España se da a los acrónimos y abreviaturas es algo que sigue llamándome a confusión.

Alguna vez —y lo publiqué AQUÍ— dijo Fundéu que «La Ortografía Académica precisa que muchas siglas que, como ERE, son pronunciables como palabras, acaban por convertirse en vocablos plenos (como uci, mir, pyme, etc.) y, como tales, pueden llevar una ‘s’ para marcar el plural: ere, plural eres».

Sin embargo, en el artículo que copio abajo noto que RAE aparece escrito con mayúsculas, pero CEO —acrónimo del inglés chairman executive officer— está en minúsculas. ¿Por qué? Si es por copia del inglés, en ese idioma se escribe con mayúsculas, o sea, CEO.

Creo que don Amando debería ser más consistente.

Además, ¿por qué si siglas como ere admiten una ‘s’ como plural, no puede admitirla CEO, que sí la admite en inglés?

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2014-12-19

Amando de Miguel

Modas, manías y mendacidades en los neologismos

José Luis García Valdecantos critica algunas incorporaciones de neologismos en la última versión del Diccionario de la RAE. Por ejemplo, externalizar, que en su opinión podría servir mejor subcontratar. Por lo mismo, backstage (cuatro consonantes seguidas) estaría mejor con trastienda.

La discusión se me antoja fatigosa. La RAE no admite palabras; simplemente muestra las que se repiten en los libros de cierta entidad. Ésas son las que van al Diccionario. Tal criterio me parece reduccionista. Mejor sería aceptar las palabras nuevas que se utilizan ampliamente en libros, artículos y redes, siempre que fuera por autores de reconocido prestigio.

No estaría mal que la venerable RAE diera paso a nuevos académicos de distintas profesiones y no necesariamente de la cuerda. Vamos, lo que se llama el Establishment (por favor, con <e> inicial y mayúscula). Lo libertarios ya me entienden.

Juan J. Carballal manifiesta el asombro que le produce la generalización del trivial «¿vale?» para lograr el acatamiento del interlocutor. Don Juan lo califica como una «túrmix homogeneizadora de los tiempos presentes». Confieso que yo utilizo el “vale”, pero como forma de despedida en correos y mensajes. Así lo hacían los clásicos con el significado de “cuídate”. Es la palabra con la que termina el Quijote.

Algunos neologismos me resultan simpáticos. Por ejemplo, conspiranoico, el resultado de combinar conspiratorio y paranoico. En cambio, me pone malo lo de referente en el sentido de «modelo a imitar».

Algunos nuevos significados son divertidos por lo despistantes que resultan. Así, plausible siempre ha sido «digno de aplauso», pero indica más bien «probable», seguramente por influencia del inglés. La lengua del imperio nos obliga a llamar dircom al jefe de ventas y CEO al director general (chairman executive officer). Me parecen cursiladas. Un ceo es el que tiene la potestad de ponerse el sueldo a sí mismo, donoso privilegio.

En esta seccioncilla he mantenido la tesis de que la profusión de siglas sirve algunas veces para despistar; peor, para engañar.

Juan Díaz López-Canti razona que el famoso IRPF no siempre es lo que predica, un impuesto sobre el rendimiento del trabajo personal. (No va a ser sobre el trabajo no personal).

La prueba es que se aplica tranquilamente a los pensionistas; en tal caso se trata verdaderamente de una doble imposición. Ese impuesto se aplicó en su día al pensionista cuando se encontraba en activo. Resulta que la doble imposición es un grave atentado contra el principio de equidad. Añado que me parece más bien una gigantesca estafa continuada.

Lamentablemente nuestros legisladores y jueces no se plantean que el Fisco pueda estafar a nadie. Y así seguimos, aunque digamos que somos una democracia. A cualquier cosa llaman chocolate las patronas.

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[*Opino}– Acerca de abreviaturas/siglas de Estados Unidos, y de su gentilicio

18-12-14

Carlos M. Padrón

Pues no, no estoy de acuerdo porque ese país se hace llamar USA y eso debe respetarse, como ya dije en En España cambian también el nombre propio de los miembros de la realeza.

¿Será que lo cambian también en los productos importados que dicen «Made in USA»? No me extrañaría.

En cambio, y según ya estoy muy de acuerdo con no llamar americanos o norteamericanos a los naturales de USA. En este caso uso, como mal menor (hay otros países que ensu nombre tienen Estados Unidos) estadounidense o, y como ya dije AQUÍ, me acojo al término useño, acuñado, según entiendo, por Pío Moa.

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18/12/2014

EE. UU. o EUA, no USA ni US

La abreviatura EE. UU. y la sigla EUA son adecuadas para referirse a los Estados Unidos, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, que censura, en cambio, el uso de las siglas USA (United States of America) y US (United States) en textos en español, ya que las dos están escritas en inglés.

Según este criterio, ratificado posteriormente por la Ortografía Académica, la abreviatura se escribe duplicando las letras para indicar el plural, y con puntos y espacio entre cada una de las partes (EE. UU.).

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

  • «EEUU da un paso para restablecer las relaciones con La Habana»,
  • «EE UU y Cuba abren el diálogo, roto desde el año 1961» o
  • «USA y Cuba recuperan vínculos».

En estos casos habría sido preferible escribir

  • «EE. UU. da un paso para restablecer las relaciones con La Habana»,
  • «EUA y Cuba abren el diálogo, roto desde el año 1961» y
  • «EE. UU. y Cuba recuperan vínculos».

Cabe recordar que Estados Unidos es la forma abreviada del nombre oficial Estados Unidos de América, y que puede usarse con artículo o sin él: Estados Unidos o los Estados Unidos.

En el primer caso, lo adecuado es que el verbo vaya en singular («Estados Unidos anuncia la apertura de relaciones») y en el segundo, en plural («Los Estados Unidos anuncian la apertura de relaciones»).

El gentilicio recomendado y mayoritario es estadounidense, como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas, que añade que en algunos países de América, en especial en México, se usa la forma estadunidense, también válida.

La Academia considera también aceptable el gentilicio norteamericano, aunque en rigor podría aplicarse a los habitantes de cualquiera de los países de América del Norte, y desaconseja en cambio el uso de americano con ese sentido.

Fuente

[*Opino}– En España cambian también el nombre propio de los miembros de la realeza

11-12-14

Carlos M. Padrón

Otra, para mí extravagancia, que, como tal, no sólo carece de lógica sino que es una falta de respeto.

¿Por qué traducir al español los nombres de los miembros de las familias reales europeas, y no, por ejemplo, los de presidentes de USA?

Que yo sepa, en España siempre se habló de John Kennedy o George Bush, por sólo citar dos, y no de Juan Kennedy y Jorge Bush, pues hacer ese cambio sería, cuando menos y como ya dije, una falta de respeto.

¿Es que los miembros de las familias reales europeas no merecen ese respeto? Habría que preguntarle a ellos a ver qué opinan.

Para colmo —y como dice el artículo que copio a continuación—, el nombre Jacques suele traducirse al español por Santiago, Jacobo o Jaime, problema que no existiría si a quien se llama Jacques lo llamaran Jacques.

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11/12/2014

Jaime y Gabriela, nombres de los hijos de los príncipes de Mónaco

Jaime y Gabriela son los nombres adecuados para referirse en español a los gemelos de los príncipes de Mónaco, conforme a la costumbre de traducir al español los nombres de los miembros de las familias reales europeas: Alberto de Mónaco, Isabel de Inglaterra o Felipe de Bélgica, no Albert, Elizabeth o Philipe.

El nombre completo del heredero a la Corona monegasca es Jacques Honoré Rainier, y el de su hermana Gabrielle Thérèse Marie.

En el primer caso, el nombre Jacques suele traducirse al español por Santiago, Jacobo o Jaime. La existencia de un antecedente, Jacques I, que fue príncipe de Mónaco entre 1731 y 1733 y al que en español se conoce como Jaime I, aconseja en este caso optar por ese nombre: Jaime Honorato Rainiero. La traducción del nombre de su gemela es Gabriela Teresa María.

Se recuerda además que los títulos y los cargos (príncipe, princesa, rey, reina, monarca, duque, duquesa…) se escriben con inicial minúscula, al igual que términos como casa real, familia real, heredero real, etc.

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