[*ElPaso}– El humo inicial del volcán

Carlos M. Padrón

En el El vocán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular escribí,

… y sobre las montañas conocidas como Cumbre Vieja se veía una columna de humo negro que se proyectaba hacia el cielo, y tan densa que no parecía moverse.

Pues bien, en esta foto

puede verse una columna igual a ésa que mencioné. No me refiero a la blanca —que supongo que es vapor del agua del mar— sino a la muy oscura y llena de volutas, que se ve entre las dos palmeras. Así, aunque tal vez más oscura, era la columna del humo inicial del Volcán Cumbre Vieja.

[*ElPaso}– Gallito

01-03-2007

Carlos M. Padrón

Emigró a Cuba, como hicieron casi todos los muchachos del pueblo, a la edad de 18 años, regresó a El Paso a los 23, y vivió por más de 100 años.

Era un campesino al 100% que se dedicó siempre a las labores del campo (labranza, siembra, siega, trilla, cosecha, tala y acarreo de troncos, etc.) y a sus cabras, vacas, caballos, mulas, cochinos, yuntas de bueyes y perros de caza, pues era un gran aficionado a la caza de conejos usando perros y hurones.

En las tardes se reunía con sus amigos, muchos de ellos también cazadores, en uno de los bares del pueblo, y entre vaso y vaso de vino se echaban cuentos que, al igual que se dice que hacen los pescadores, estaban plagados de exageraciones.

Por ejemplo, uno contaba que había ido a cazar con su perro, a un área distante varios kilómetros de su casa, y para que el perro no se enredara en algún arbusto cuando fuera corriendo tras un conejo, le sacó el collar que, por descuido, dejó olvidado en el lugar. Al llegar de vuelta en la noche a la casa cayó en cuenta del olvido, le ordenó al perro que fuera a buscar el collar, y el perro, sin más, entendió la orden, fue y regresó con el collar en su hocico.

A una exageración como ésta contestaba otro contertulio con una igual o mayor, hasta que uno de ellos concluyó diciendo:

—Es que hay perros que soy más inteligentes que sus amos.

Y, de inmediato, Gallito respondió:

—¡El mío es uno de ésos!.

~~~

Allá por los años 50 se inició el juego de la quiniela, que consistía en tratar de acertar el resultado de unos 14 partidos de fútbol. Frente al nombre de los equipos que disputarían cada uno de ellos había que marcar un ‘1’ si el apostador creía que ese partido lo ganaría el equipo anfitrión; un ‘2’ si creía que lo ganaría el visitante; y una ‘X’ si creía que terminaría en empate. Y Gallito se aficionó al juego de las quinielas.

Una de sus vacas lecheras tenía malas pulgas, y un día, mientras Gallito la ordeñaba, la vaca le soltó una patada. Gallito se alzó del pequeño banco que usaba para sentarse a ordeñar, y soltándole a la vaca una patada en la parte baja de la barriga exclamó:

—¡Equis!

~~~

Los cochinos, que entonces se criaban y engordaban con las sobras de la comida de sus dueños, a la que se añadía gofio de chochos, eran usualmente sacrificados sobre el mes de noviembre en una especie de ceremonia llamada “la matazón del cochino” de fulanito.

A ella asistían familiares y vecinos, pues la tarea era larga y había que realizarla en un solo día. Se iniciaba antes de despuntar el alba, cuando las mujeres ponían agua a hervir para con ella lavar y cepillar la piel del cochino, una vez muerto éste, hasta despojarla de toda la porquería acumulada en ella durante un año. Luego se le daba muerte al cochino, para lo cual se usaba generalmente o bien un fuerte golpe en la cabeza dado con la parte gruesa de la hoja de un hacha, o bien una certera puñalada directamente al corazón. Mi tío-abuelo Juan Sosa era un experto en esta modalidad de la puñalada, y tenía merecida fama de conseguir que el cochino cayera muerto sin emitir sonido alguno.

Los cochinos que, para mantener lejos los malos olores, usualmente se criaban en un lugar bastante apartado de la casa, se alteraban al ver que de pronto había muchas personas junto a su corral, así que el día de la matazón de un cochino de Gallito, éste entró al corral para matarlo, pero el cochino consiguió llegar a la puerta de salida antes de que Gallito acertara a cerrarla completamente y pretendió escapar por ella. Gallito alcanzó a sujetarlo por los cuartos traseros, y eso dio comienzo a un forcejeo entre Gallito, que quería meter de nuevo al cochino en el corral, y el cochino que quería escapar de él.

Unas veces Gallito conseguía meter hacia el corral parte del cuerpo del cochino, y luego era el cochino el que conseguía sacar del corral parte de su cuerpo. En ese vaivén estaban cuando Gallito exclamó:

—Tú serás más cochino que yo, ¡pero más animal, no!.

~~~

P.D.: Mi madre y Gallito habían sido vecinos durante su infancia y primera juventud, y un verano de mediados de los 90, viudos ya ambos desde muchos años atrás, mi madre, para entonces de unos 85 años, estando de vacaciones a El Paso pasó frente al bar usualmente frecuentado por Gallito, éste la piropeó, en voz alta y ante público, y mi madre, que creía que la viudez es para todo el resto de la vida y que el mundo entero tenía que respetar esta crrencia suya, se sintió tan ofendida que, de vuelta en Caracas, por varios años comentaba a cada rato el incidente y montaba en cólera.

Un día, y ya que el médico decía que su cardiólogo dijo que mantenerla motivada, se me ocurrió decirle que Gallito, en vista de que ella lo había rechazado, estaba de novio con Eva, una prima hermana de mi madre. Esto bastó y sobró para que montara todo un drama exclamando a cada rato cómo era posible que su prima Eva, viuda también desde hacía años, se hubiera enamorado de Gallito, que qué clase de venda le habían puesto en los ojos a su querida prima, que cómo estarían de disgustados los hijos de Eva, etc.

Así que, para poner broche de oro al episodio, un día escribí una carta en la que, supuestamente, el hijo de Eva se desahoga conmigo contándome lo que sufría con la relación amorosa entre su madre y Gallito, las cosas de pichones enamorados que se hacían uno a otro, y los quebraderos de cabeza que daban a todos.

Un sábado le dije a mi madre que había recibido esa carta pero que había olvidado llevarla para leérsela, lo cual la dejó en ascuas y bien alerta durante toda la semana. El próximo sábado llevé la carta, se la leí,… y por poco morimos todos de risa ante los aspavientos y comentarios que mi madre hizo,… y siguió haciendo por meses.

[*ElPaso}– Don Salvador Miralles Pérez. In Memoriam – Homenaje póstumo en El Paso / Wifredo Ramos

Wifredo Ramos
Cronista Oficial de El Paso

Está reciente el fallecimiento de D. Salvador Miralles Pérez un hombre que fue párroco en El Paso, pueblo en el que durante 16 años desarrolló una destacada actividad, al igual que en Güímar donde realizó una también extraordinaria labor durante 29 años de constante trabajo. Las personas que le conocimos estimamos justo que en su despedida hacia la eternidad se le dedique algún reconocimiento.

Recordamos la esquela aparecida en el Diario de Avisos, el pasado 2 de enero, en la que el obispo y el clero diocesano comunican la muerte de D. Salvador Miralles y agradecen la participación en la misa exequial, a celebrarse en la parroquia del Sagrado Corazón (Santa Cruz de Tenerife), y a continuación al traslado de sus restos mortales al Cementerio de Güímar.

Foto cortesía de Susana y Fernando Miralles.

En una bella semblanza de D. Salvador Miralles Pérez —“Don Salvador”—, el obispo D. Bernardo Álvarez Afonso comentó una amplia relación de sus actividades, hasta sus aficiones como “radioaficionado” y su buen humor. Fue un acto emotivo, con numeroso acompañamiento de sacerdotes y público, entre el que se encontraban varios pasenses.

En El Paso, la Parroquia le ofreció una misa celebrada por el actual párroco, D. Domingo Guerra.

El día 18 de enero se ofició una misa dedicada por el Ayuntamiento como homenaje póstumo, en reconocimiento a la extraordinaria labor y servicio en bien del pueblo llevada a cabo por Don Salvador.

Salvador Miralles Pérez nació en Valle de Guerra el 11 de noviembre de 1921. Ingresó en el Seminario Diocesano (La Laguna, Tenerife) en 1934. El 2 de junio de 1946 recibió el presbiterado por el obispo Fray Albino González y Menéndez Reigada.

Cantó su Primera Misa en la iglesia parroquial de Valle de Guerra.

Al irse a la diócesis de Córdoba el obispo antes citado, quedó D. Domingo Pérez Cáceres como Vicario Capitular al frente de nuestra diócesis, y el 20 de junio de 1946 nombró a Don Salvador cura ecónomo de San Antonio Abad (Fuencaliente) y cura encargado de San Nicolás de Bari (Las Manchas).

El 19 de diciembre de 1947 recibió el nombramiento de cura ecónomo de Nuestra Señora de Bonanza, en El Paso. “Al hacerme cargo de esta Iglesia noté pobreza ornamental y nos decidimos a construir el Altar Mayor, bendecido el 31 de mayo de 1949, con mi agradecimiento a la feligresía, cuyas aportaciones recibíamos a través de la asociación Obreras del Templo; y a la Junta Parroquial, compuesta por D. Pedro Capote Lorenzo, D. José G. Martín Pérez, D. Tomás Capote Lorenzo, D. Justo Triana Remedios, D. Antonio Pino Pérez y D. Miguel Jurado Serrano”.

Al celebrar la terminación del Altar Mayor el párroco anunció que la obra debía continuar con la construcción de los siguientes altares. El próximo sería el del Corazón de Jesús, y luego el de Mª Auxiliadora (1951), siendo la dirección y talla de estos altares, como la de los siguientes, realizada por D. Francisco Arnau, Maestro de Taller de Carpintería Artística de la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de La Palma, quien dirigió a dos carpinteros y a un joven aprendiz [1]. En 1952 se colocó el púlpito; en el mes de julio se bendijeron la imagen y el altar de la Virgen del Carmen; en septiembre se colocaron las 14 estaciones del Vía Crucis, y posteriormente se fueron recibiendo distintos ornamentos litúrgicos para el culto. En 1953 se bendijeron la imagen y el altar de Cristo Crucificado, y el altar de Jesús Nazareno.

En agosto de 1953 concluyó la restauración de la iglesia de Nuestra Señora de El Pino, en cuya fachada se colocó un balcón de madera de tea.

El año 1954 se sustituyeron las antiguas arañas de cristal, colgantes del techo, por otras de bronce plateado, y se retiraron de la iglesia los reclinatorios y las sillas que fueron sustituidos por bancos recién construidos con madera de ukola.

En los primeros días de mayo de 1954 (Año Santo Mariano), llegó al puerto de Santa Cruz de La Palma la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima, traída de Portugal y acompañada por el Padre Generoso de Barcenilla, que recorrió durante dos meses y medio todos los pueblos de la Isla. El itinerario insular culminó en Santa Cruz de La Palma con un acto de clausura presidido por el obispo D. Domingo Pérez Cáceres, ante un inmenso gentío.

A continuación, la imagen fue trasladada a El Paso donde peregrinó por los barrios con gran asistencia de feligreses y fervor popular. Finalizó con un acto ante la antigua iglesia —conocida como la Iglesia Vieja— de Ntra. Sra. de Bonanza, donde el Padre Generoso entregó la imagen a la Parroquia de El Paso, en la que permanece desde entonces.

En septiembre se terminó, con ayuda del Estado, la construcción del nuevo colegio, de dos plantas, para una fundación religiosa que operó en esta Parroquia.

El mes de octubre se enviaron cartas a algunos pasenses residentes en Venezuela para crear una Comisión con la intención de recaudar fondos entre los hijos de El Paso con el fin de levantar la torre de la iglesia parroquial. Tan pronto llegaron las aportaciones económicas, en mayo de 1955 se dio comienzo a la obra de la torre, que llegó a construirse sólo hasta la mitad de su altura. A mediados del año se llevó a cabo la colocación de losetas en las amplias azoteas de las tres naves.

El 6 de agosto de 1956 se adquirió el solar para la futura Casa Parroquial, con una huerta.


Verano de 1956 [2]. De izquierda a derecha.
De pie: Evaristo Pérez, Juan Enrique Brito Pérez, Raúl Zamora, Carlos Padrón, Don Salvador Miralles, Luis Capote Pozuelo, Juan Antonio Jurado Pérez, Mario Rigoberto Rodríguez Cáceres, José Antonio Martín.

En cuclillas: Juan Roberto Cabrera, Cosme Damián Díaz, Juan Antonio Pino Capote, José Manuel Capote, Antonio Capote Pozuelo.

Por julio de 1958 llegó a El Paso D. Gerino Casal, acompañado de unos cursillistas de cristiandad. Se organizaron en esta parroquia unos cursillos, que comenzaron en octubre, con asistencia de hombres y mujeres que vinieron del Valle de Aridane, de Santa Cruz de La Palma y de varios pueblos de la Isla.

A finales de agosto “llegó a El Paso, acompañado de su esposa, el hijo de esta ciudad y rico hacendado en Venezuela, Don Antonio Duque Herrera, quien acogió con agrado la idea de la terminación de la torre parroquial, según el proyecto del arquitecto tinerfeño D. Tomás Machado y Méndez de Lugo. La torre se finalizó en el mes de marzo de 1960. Su altura alcanza 35 metros y tiene un reloj de cuatro esferas”.

Recibió Don Salvador el nombramiento de profesor extraordinario de las Religiosas Dominicas de Los Llanos, que desempeñó desde 1948 hasta 1960, fecha de la marcha de las religiosas.

A lo largo de la década de los 50 se celebraron en el Teatro Monterrey, de El Paso, las Semanas de la Madre. Participaron doctores, profesores y maestros, con un ambiente cívico-cultural muy satisfactorio.

Ganó las oposiciones en el Concurso General de Parroquias y tomó posesión de la Parroquia de El Paso el 6 de julio de 1960.

El día 31 de marzo de 1961 se terminó la construcción del último altar dedicado a la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, cuya imagen fue donada por el cónsul venezolano en Santa Cruz de Tenerife, D. Efraín Paredes Pacheco. La obra fue realizada por el escultor, hijo de El Paso, Wifredo Ramos [1], alumno entonces de la Escuela de Bellas Artes de la capital tinerfeña, y aprendiz de D. Francisco Arnau desde el comienzo de la construcción de los altares. a esta imagen de la Virgen de Coromoto se la considera como un símbolo dado el elevado número de pasenses emigrantes que fueron bien acogidos en la hospitalaria tierra venezolana: un recuerdo para los que retornaron,… de los que “se han quedado allá para siempre.

La erupción del volcán de San Juan, en 1949, dio paso a la adopción por el Jefe del Estado de los cinco pueblos afectados, entre ellos El Paso. Esto significaba que la construcción de edificios de interés público era concedida y financiada.

El proyecto de la Casa Parroquial fue aprobado en Consejo de Ministros del 20 de abril de 1952. La tramitación tuvo dificultades, disgustos y cartas que escribir. Por fin, en diciembre de 1963, recibió Don Salvador una carta de la Compañía Entrecanales y Távora, en la que se indicaba que le había sido adjudicada la obra de la Casa Parroquial.

Por esta época, como el oculista Sr. Vázquez de Parga, de Santa Cruz de La Palma, debía marcharse definitivamente a Madrid, le aconsejó a Don Salvador que hablara con el Sr. Obispo, D. Luis Franco Cascón, para que lo trasladara a Tenerife donde mejor pudiera ser atendida su acentuada falta de visión. Es acogido su ruego, siendo nombrado cura párroco de Santo Domingo de Guzmán, de Güímar (Tenerife), con fecha 23 de diciembre de 1963.

Al encargarse de la Parroquia de El Paso, D. Cristóbal Rafael Pérez Vega habló con el obispo, y éste le envió a hablar con Don Salvador, siendo D. Cristóbal quien realizó las gestiones pertinentes con la citada Compañía, concluyendo las obras de la Casa Parroquial.

Don Salvador es “invitado por D. Cristóbal a bendecir la nueva Casa Parroquial pasense que tanto le había costado; gesto de su compañero que él destaca por su exquisita sensibilidad y caballerosidad”.

Trasladado a Güímar, durante los años 1964-65 Don Salvador emprendió la restauración de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, y continuó una destacada labor de entrega y servicio.

“A mediados de septiembre de 1992, hice entrega de esta parroquia de Santo Domingo de Guzmán al nuevo cura párroco, D. Domingo Guerra Pérez, y me retiro, habiendo entregado a la Diócesis los 46 años de mi ministerio sacerdotal, 3 casas parroquiales, 3 iglesias completamente restauradas y dos iglesias construidas de nueva planta”.

De 1996 se cita el homenaje dedicado por el Ayuntamiento de El Paso con motivo de las bodas de oro sacerdotales de Don Salvador, y en julio de ese año se tituló con su nombre una calle del pueblo.

En su época de retiro en Santa Cruz de Tenerife, varias veces lo encontramos, ya invidente, por la calle de El Pilar, de camino a colaborar con la Iglesia de San Francisco. Le servía de lazarillo su hermana Susana, quién solícita le acompañó muchos años hasta la última etapa, en la Casa de Acogida Madre del Redentor, en El Sauzal.

Así terminó una dilatada vida de entrega y constante trabajo, que culminó con el nombramiento de Párroco Emérito de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán (Güímar).

***

NotasCMP.

[1]: Un joven aprendiz llamado Wifredo Ramos,… o sea, el autor de este artículo y hoy Cronista Oficial de El Paso.

[2]: La foto es de mi colección. Fue tomada frente a la puerta trasera de la Iglesia Nueva un domingo del verano de 1956. Todos los que estamos con Don Salvador somos muchachos de El Paso, casi de la misma edad (tal vez 1 ó 2 años de diferencia en algunos casos), menos Raúl Zamora, mayor que cualquiera de los otros, que es de un pueblo de La Gomera, otra isla de Canarias.

[*ElPaso}- Valores humanos de mi pueblo: Don Pedro Martín Hernández y Castillo / Ismael González G.

Don Pedro Martín Hernández y Castillo —más conocido como don Pedro Castillo, o como “tío Pedro” en el seno de mi familia—, era hermano de mi abuela materna, tío de mi madre, Víctoria Pérez Martín —más conocida como Victoria Castillo— y, por tanto, tío-abuelo mío.

Como bien dice el autor del artículo que sigue, tío Pedro nació y se crió en El Paso, y pasó también en El Paso la mayor parte de su vida, concretamente hasta, si recuerdo bien, abril de 1949, cuando con su esposa —tía Nila— e hijas se fue a vivir a Santa Cruz de Tenerife (yo viajé con ellos en la que fuera mi primera salida de La Palma) y no regresó más a El Paso. Murió en Santa Cruz de Tenerife el 11/06/1963.

Las fotos aquí incluidas son de mi colección personal. Una, del libro que tío Pedro me regaló, dedicado por él, el 19/07/1961, exactamente el día en que salí de Tenerife rumbo a Venezuela. La otra, tomada con mi cámara un domingo de abril de 1958.

Carlos M. Padrón

***

Ismael González G.
(Artículo publicado en el Diario de Las Palmas, Canarias, el 24/03/1972)..

En la isla de San Miguel de La Palma, entre el jugueteo de la brisa lánguida que se despeña desde las cumbres pasenses para lamer la policroma flor del almendro exuberante, nació don Pedro Martín Hernández y Castillo. Apenas si traspuso los umbrales del perímetro insular; creo que no. Nació, creció y vivió en su pueblo de El Paso, hasta avanzada edad. Murió fuera de los límites geográficos donde discurrió su vida en una perseverante actividad ilustrativa a la que se entregó avaramente.

En su persona coexistía una concreción de elementos para, por su medio, impartir y difundir cultura, hasta lo inconcebible, en el campo de las Ciencias y las Artes, a pesar del reducido espacio y medio disponible al quehacer de su autodidacta instrucción.

Con un despliegue ancho, encaminado a la docencia, con vocación de pedagogo monacal, estudioso y sapiente, y con una voluntad sin límite puesta al servicio de sus discípulos, operaba en el campo abierto de su magisterio, e iba inculcando el máximo de rendimiento de las enseñanzas que prodigaba.

Aunque se haga condensada y someramente, es imposible circunscribir al reducido espacio de una croniquilla de ochocientas o mil palabras la magnitud de la obra de don Pedro Martín Hernández y Castillo —conocido como don Pedro Castillo— como hombre múltiple, inmerso totalmente en la trayectoria de su vida, en ese oleaje de mar agitado por las distintas facetas que presentaba y producía su magisterio.

La cabeza leonesa, de pelo revuelto y abundante, sobre una frente ancha, despejada y despierta, y una mirada aguda que profundizaba en el examen de su curiosidad intuitiva, escudriñando más allá de nuestros deseos cuando sosteníamos con él un cambio de palabras o conversación encaminada siempre al buen provecho de sus enseñanzas. Fue maestro, en el amplio concepto de la palabra; pedagogo nato, literato, compositor y músico.


Foto que aparece en el libro “Notas Canarias o Espejo de la Vida”.

Era de una percepción diáfana cuando la necesidad o el caso lo empujaban a imbuirse en ello. Poseía una extraordinaria memoria, y en su inmenso archivo computaba y seleccionaba la correlación de sucintos hechos de su vida que, a veces, aireaba adobados con la fértil y viril verborrea de que era poseedor.

No sabemos —o, por tal, no sé yo— que, con la seriedad y la serenidad que el asunto amerita, se haya tomado en cuenta el sacar del anonimato la personalidad innegable de don Pedro Castillo, para elevar su obra al nivel de paralelismo en que merece estar.

No es aventurado pensar y decir que, en todo el lapso del vocacional magisterio de don Pedro, un elevado número de jóvenes pasenses le deben en parte su acceso a la cultura universitaria, mientras que otros, los más, le deben el haber sido rescatados del analfabetismo en que estaban inmersos.

Y se da la particularísima circunstancia de que, intrínseca e íntimamente unidos, don Pedro Castillo y su esposa, doña Petronila González Guélmez —conocida como doña Nila—, compartían el magisterio, por lo que, a más de los varones, también las hembras pasenses desde hace setenta y hasta treinta años, más o menos, fueron en gran parte ilustradas en las exquisitas enseñanzas de pintura y labores decorativas del hogar bajo la tutela de doña Nila, de quien se hace necesario un cometario aparte por ser también esta abnegada maestra otro más de los valores humanos de mi pueblo.


Tía Nila, tío Pedro y Carlos Padrón. Foto tomada frente a la iglesia de San Agustín, en La Laguna (Tenerife).

Ha dicho Pedro Hernández, el sensitivo poeta y escritor llanense, que el día que se piense en serio hacer una antología de poetas palmeros habrá que tener en cuenta a don Antonio Pino Pérez. Muy bien, pero, ¿y no sería asimismo loable tener en cuenta también a don Pedro Castillo?.

Creemos —creo yo, digo— que don Pedro, este otro genial pasense, tiene producida suficiente obra para que se le tome en cuenta, en consideración a las diversas facetas de su personalidad artística como músico, y hasta musicólogo, orador, escritor y poeta, y por su vasta actuación en el peregrinaje de su magisterio, que abarca desde sus años mozos hasta casi los últimos días de su vida. Por todo, bien merece don Pedro Castillo una página señalativa, con algunos de sus conceptuales y sonoros poemas, en la inminente composición de esa antología de poetas palmeros que, a no dudar, alguien idóneo ha de abocarse al trabajo de darle luz.

Su libro “Notas canarias o Espejo de la Vida” nos da una idea somera de la sensibilidad que poseía don Pedro, aunque luego, en la madurez de sus años, se robustecen su actitud y sus facultades poéticas y literarias. Del mencionado libro extraemos algunos fragmentos que señalan indefectiblemente la sutil exquisitez del vate. Dice:

Por el amor que siento a la Belleza,
a las Artes y Ciencias, lo sublime,
y a todo lo que al hombre lo redime

y le lleva a un estado de grandeza.

Y, más adelante, prosigue:

Cuando el alba en sus célicos fulgores
del Sol anuncia su primer destello,
extático te admiro entre lo bello,
henchido de alegría en tus amores.

Por lo limitado del espacio periodístico no puedo extenderme en la reproducción de fragmentos emotivos captados en su libro, pero, en verdad, existe material abundante para el comentario halagador hacia este poeta palmero, don Pedro Martín Hernández y Castillo. Sea, pues, este escrito un humilde homenaje a aquel perseverante inculcador de cultura, y uno más de los valores de mi pueblo.

[*ElPaso}– Antonio Camacho Díaz / Wifredo Ramos

(Artículo publicado en el “Diario de Avisos”, de Canarias, el 13/10/2006).

Wilfredo Ramos[*]

Homenaje póstumo en El Paso. “Antonio Camacho, tras cuarenta años en el extranjero, conservaba su elegante habla, teñida de acento y cadencia isleños”.

El día siete de agosto de 2006, en el ilustre Ayuntamiento de la Ciudad de El Paso le dedicó un respetuoso homenaje a un pasense, Hijo Predilecto, cuya destacada trayectoria desarrollada en el extranjero no ha sido suficientemente conocida.

En el salón de sesiones, en torno a una urna portadora de sus cenizas, y fotografía, le rodeaba la Corporación Municipal, familiares y público, llenando el recinto.

Abrió el acto la alcaldesa María Dolores Padilla Felipe, quien destacó los rasgos de la personalidad del profesor y catedrático Antonio Camacho. A continuación, el Cronista Oficial pasense procedió a la lectura de un escrito referente al historial, actividades y recuerdos. Seguidamente, dos sobrinos de Camacho dieron lectura a sendos escritos: María Esther le dedicó un afectivo recuerdo, transido de emoción, y Anelio leyó una amplia y bella semblanza, referida a las importantes facetas cultivadas por el profesor Camacho. Tras unos momentos de silencio, una prolongada ovación vibró en el salón, cual elocuente expresión de reconocimiento y afecto.

Por último, una comitiva trasladó la urna a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Bonanza, en la que, oficiada por el párroco Domingo Guerra, se ofreció una misa en memoria de Camacho.

Antonio Camacho Díaz, catedrático y profesor de Economía en la Universidad de Illinois (Chicago), falleció en Houston (Texas), el 31 de Octubre de 2005, a los 78 años, dejando tras de sí una estela de investigación, docencia y trabajo, ejemplo de gran dedicación, que se cree tal vez merecedora de un Nóbel.

Cuando acontece el óbito de un ser estimado por su extraordinaria labor y saber, aunque éste se encuentre ausente en el extranjero, la muerte despierta por él el interés y la reflexión. En su pueblo natal de El Paso, a pesar de tantos años de ausencia, los que le conocimos sentimos tristeza. Su conocimiento y el ejemplo de su trabajo son un incentivo para las nuevas generaciones.

Nació en el barrio pasense de La Rosa (Cuesta de Matías). Asistía a la escuela primaria de los tiempos de Don Enrique Campos, Don Braulio Martín y otros, acudiendo después a una academia de Los Llanos de Aridane para preparar el bachillerato.

Ismael González (Hijo Predilecto de El Paso) había observado y tomado nota de las actividades desarrolladas por nuestro paisano, y había publicado referencias de que había creado, en Estados Unidos, un teorema que lleva su nombre: “Teorema Camacho”.

El cronista oficial de Santa Cruz de La Palma, Jaime Pérez García, en su tomo III de Fastos Biográficos de La Palma (1998) resume en un apartado dedicado a Camacho Díaz el que éste había sido distinguido por el Ayuntamiento de El Paso, en reconocimiento a sus méritos profesionales, con la Medalla de Oro y el Nombramiento de Hijo Predilecto de esa ciudad.

Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Madrid (1954), diplomado en Estadística Matemática por la misma universidad, Doctor en Económicas por la de Minnesota (Estados Unidos de América), y en Matemáticas por la Universidad de Madrid. Desde 1973, catedrático de Economía en la Universidad de Illinois (Chicago). Realizó diversas actividades docentes en la Northwestern University (Evanston, Chicago, Illinois), University of California at Berkeley, en la Universidad Central de Venezuela, y en la Autónoma de Barcelona.

Desarrolló una destacada actividad en congresos profesionales, tanto por los trabajos presentados como por las conferencias impartidas por invitación. Desarrolló y dictó cursos o seminarios de investigación en Microeconomía, Elección Social, Economía de la Organización, y Teoría de la Utilidad. Presidió tribunales y comités para calificar exámenes de fin de carrera y tesis doctorales. Es autor de monografías, de varios capítulos de libros, de artículos publicados en revistas científicas, y de documentos de trabajo del profesorado.

De su obra han sido destacados dos libros fundamentales: Societies and Social Decision Function (publicado en 1982) y Division of Labour, Variability, Coordination and the Logic of Firms Markets (1996).

Salvador Barberá Sández, secretario general de Política científica y Tecnológica del Ministerio de Educación y Ciencia, publica en su Necrológica (El País, Gente, 09/11/2005), un escrito en el que destaca la importancia de la labor y la profesionalidad de Antonio Camacho:

Fue un pionero en muchos sentidos. Se formó inicialmente en la Complutense en los años 50. Viajó a Venezuela donde trabajó como asesor económico del Gobierno. Llevado por su espíritu crítico y una curiosidad intelectual indomable, Antonio fue uno de los primeros españoles en conseguir un doctorado (PhD) en Economía en Estados Unidos.

Allí empezó su dedicación al estudio del diseño de organizaciones, que fue la guía de su tarea investigadora durante cuarenta años.

Como uno de los pocos españoles que tuvieron la fortuna de seguir sus clases, puedo dar testimonio de su enorme honestidad, aunque tenía ideas absolutamente creativas y heterodoxas que no ocultaba. En el año en que fui su alumno, descubrió un error en el trabajo de Harsanyi, más adelante Nóbel de Economía, que corrigió en una publicación (…).

Mantuvo contactos personales con algunos compañeros de promoción que le llevaron a publicar algunos artículos en la primera época de la Revista Española de Economía. Más adelante pasó un año como profesor visitante en la Autónoma de Barcelona, impartió conferencias en Madrid y País Vasco, y retomó contacto con quienes fuimos sus alumnos en Northwestern University, primer destino de su carrera como profesor.

Sin embargo, mantuvo su conexión afectiva y familiar con Canarias: tras 40 años en el extranjero conservaba su elegante habla, teñida de acento y cadencia isleños. Por eso, el que sintió como mayor honor entre los que recibió fue el nombramiento, en 1993, como Hijo Predilecto por parte del Ayuntamiento de El Paso, la población palmera que le vio nacer.

Unos días después de morir Camacho hablamos con sus familiares: su hermana Marina, su sobrina Esther, y su primo Antonio Pino, de quienes obtuvimos emotivos comentarios. Este último relató con detalle numerosos datos y vivencias por haber mantenido con él una entrañable amistad durante medio siglo.

De la época juvenil le recuerdan varios compañeros que coincidieron en la citada academia de enseñanza secundaria, donde se preparaban para cursar el bachillerato. De los pasenses se citan: Andreo Díaz, Dr. Indalecio Hernández, Pedro (Peruco) Martín, Antero Simón, Miguel Ángel Pérez Taño, Álvaro A. Domínguez, Nicolás Monterrey, Vicente Martín Taño y Benigno Mederos. El Dr. Adelto Hernández nos relata que entre los naturales de Los Llanos de Aridane asistían, además de él, Ezequiel Pérez, Eusebio Barreto, Pepe Pulido, Pío Antonio Martín, etc. Siete de ellos formaron la primera promoción de bachillerato, realizando la reválida en la Ciudad de La Laguna.

Posteriormente, Camacho se trasladaría a Madrid, continuando los estudios superiores, con constancia y entrega, para alcanzar los objetivos. Del lema de un filósofo se rememora: “La clave del éxito es fruto del esfuerzo”.

Varias veces retornó a La Palma para tomar unos días de descanso. La última, el año anterior a su muerte, le dijo al pariente citado: “Vamos a caminar”. Y fueron por Tacande, Pinar, Riachuelo, Pista del Refugio, y Pino de La Virgen, recordando antiguas cosas. La grandiosidad del paisaje pasense, cual premonición, le estaría llamando.

Al preguntarle sobre las bases de la Economía le contestó: “Son el trabajo y el ahorro”.

Entre sus amigos se citan: Antonio Pino, Antonio Rodríguez, el Dr. Manuel Morales, y el Dr. José María Brito, entre otros.

Hoy, en este acto de homenaje póstumo, se recuerda también a su primera esposa, Manolita Mayo, fallecida en Estados Unidos y sepultada en Madrid; y la asistencia de su viuda, Victoria Estévez, que vuelve a El Paso con las cenizas de Camacho y su biblioteca personal, para donarla a la Biblioteca Municipal de El Paso, según él había expresado.

Y en el marco de este Ayuntamiento, donde se lo concedió en 1992 el nombramiento que se le entregó personalmente en 1993, hoy, con este homenaje a un hijo que ha realizado un trabajo brillante en el extranjero y retorna con una aureola de fama, El Paso, pueblo trabajador y agradecido, se siente lleno de noble orgullo y le acoge para la eternidad.

***

[*]: Wifredo Ramos es Cronista Oficial de la Ciudad de El Paso.

[*ElPaso}– La Banda Municipal de música de El Paso / Wifredo Ramos

Wifredo Ramos Hernández es Cronista Oficial de la Ciudad de El Paso
(Artículo publicado en la revista ‘Acorde’ en 03/2006)

Entre todas las actividades anuales de la Banda Municipal de El Paso, destaca sobremanera una, muy especial, que aquí merece, cuando menos, una mención pormenorizada: en el mes de agosto del año pasado, la Banda realizó un brillante desfile en el parque temático de EuroDisney, en París. con motivo de la inauguración de la cabalgata donde participan todos los famosos personajes de Disney. En su recorrido multitudinario (según datos de la organización del parque, se estima que había más de 60.000 turistas) la Banda interpretó con gran éxito los pasodobles «Lagartijillas» y «Paquito el chocolatero», y las marchas «Ganando Barlovento» y «Barras y estrellas».

El resto del día, los componentes de la Banda lo pasaron disfrutando de las atracciones de EuroDisney, viviendo una jornada inolvidable.

Su estancia en París se prolongaría durante una semana, con excursiones y visitas a los lugares más emblemáticos de la capital francesa: Versalles, la Torre Eiffel, el Sagrado Corazón, el Barrio Latino, viaje por el Sena, etc. El céntrico alojamiento de la Banda, situado en la Ciudad Universitaria, permitió al grupo moverse con facilidad por las zonas de mayor interés turístico y cultural de la ciudad, y, al mismo tiempo, supuso la siempre enriquecedora convivencia con estudiantes de otros países.

Es la primera vez que una formación musical canaria actúa en EuroDisney-París, por lo que los responsables del municipio pasense consideran que se trata de un «acontecimiento» de gran relevancia con el que se ha dado a conocer, fuera de nuestras fronteras, la valía artística de nuestra Banda de Música.

Las referencias de una banda musical pasense surgieron con motivo de celebrarse el 25 aniversario de la creación del Municipio de El Paso, en el año 1862, siendo su director Don Vicente Capote.

El año 1895, en el periódico La Defensa se cita: «Como público se sabe, el instrumental de la banda de música fue comprado por suscripción popular».

En 1900, se refiere que la banda de música de El Paso asiste a la Bajada de la Virgen de Las Nieves, fiesta lustral de Santa Cruz de La Palma.

Se forma en 1911 la «Banda de los Liberales», pues el líder liberal en La Palma, Don Alonso Pérez Díaz, fue quien, para oponerse al bando conservador, donó al pueblo de El Paso los instrumentos que poseía una vieja banda. Director de la nueva banda resultó nombrado Don Pedro Martín Hernández y Castillo.

En las fiestas cívico-religiosas de la entronización de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en El Paso (1939), actuaron la «Banda Pérez Díaz» y otras tres del Valle.

En sesión de la Comisión Municipal (folio 62), siendo alcalde Don Manuel Fermín Sosa Taño (período 1927-30), se acuerda declarar como municipal y patrimonio cultural a la banda de música que dirige Don Pedro Martín Hernández, destacado músico, pedagogo y poeta.

Hacia finales de la década de los cuarenta, la Banda se quedó sin el citado director, Don Pedro Martín Hernández, por traslado de éste a Tenerife, pero no por ello El Paso dejó de tener su banda de música que fue dirigida sucesivamente por Don José Pérez y Pérez, Don José Salazar Pérez, Don Lenín Brito Lorenzo, y Don Vicente Simón González. A continuación se formaría un Patrimonio Musical con gestión del músico Don Pedro Páez Pérez.

A través de la recopilación de datos de las actuaciones de la Banda Municipal, se observa que ha desarrollado una diversa labor en distintas etapas y fiestas: Nuestra Señora de Bonanza, Sagrado Corazón de Jesús, Corpus, Nuestra Señora de El Pino, Cruz de Las Canales, y otras.

En los programas de las fiestas de Nuestra Señora de El Pino de 1946, 1955 y 1958 se menciona que los actos serán amenizados por una banda de música.

Del año 1984 se cita un concierto de la Banda de Música. Desde el mes de octubre de 1987, concierto de la Banda Municipal de El Paso, dirigida por Don Vicente Simón González, con motivo del 150 aniversario del Municipio.

En los años 1993-1995 se harán cargo de la Banda Don Jonás Grimón Lorenzo y Don Alberto Enguinados Rosalén.

El mes de octubre de 1995 es contratado el joven director Don José Manuel Cerveró Pizarro, quien inicia el funcionamiento del Aula Municipal de El Paso, que alcanza el número de 120 alumnos de ambos sexos.

Hacia 1996 comienzan los Encuentros Internacionales de Música Ciudad de El Paso, siendo su fundador el profesor Don Guillermo Valverde Bravo, director de numerosas orquestas y bandas, con brillante historial y residente en Valencia (España), quien se presenta como único profesor y director artístico. En los años siguientes impulsa actividades en las que la Banda Municipal participa como conjunto fundamental en el desarrollo de la práctica y difusión musical en El Paso.

El año 1997 se realiza un homenaje a Don Vicente Simón González, con concentración insular de bandas y desfile en la avenida José Antonio. Por la noche, concierto-homenaje con intervención de las bandas participantes.

En el VII Encuentro Internacional (2002), asistimos por primera vez, y pudimos disfrutar de varias actuaciones, sorprendidos por su calidad, proyección didáctica y elenco de profesores prestigiosos, entre éstos Karl-Heinz Bloemcke, alemán y director de ópera; Armando Toledo, quien obtuvo becas en Rusia y Francia; Sviatoslav Belogonov, quien fue solista de la Orquesta Sinfónica de Moscú; Elena Solanes, de Valencia; Dante Andreo, de Argentina; Silvia Reiss, de Alemania y que trabaja con niños y adultos; etc.

Entre otros actos se citan: Concierto Homenaje a los Directores de la Banda Municipal de El Paso, director Don Guillermo Valverde; Orquesta Sinfónica; I concurso y I premio de de Dirección de Banda «Ciudad de El Paso». El profesor Valverde manifestó que se trataba de un hecho histórico para El Paso, por el primero de dirección convocado.

Entre otras actividades de la Banda Municipal pasense, en la última época ha actuado en distintos pueblos de La Palma, El Hierro (1996), Silla (Valencia, 1997), La Gomera (1998); Helmstedr, Goslar, Werferlingen, y Exposición Universal de Hannover (Alemania, 2000); Vigo, Santiago de Compostela y Caminha (Portugal, 2002). Además, ha participado en fiestas de otros municipios de la Isla, y en los eventos y concentraciones, a nivel insular, de bandas de música, con motivo de la festividad de Santa Cecilia, patrona de la música. Permanece como director el citado Cerveró Pizarro.

En el año 2005, el X Encuentro Internacional se ha desarrollado con una especial organización por el póstumo «Homenaje a Guillermo Valverde Bravo», director artístico durante nueve encuentros. Habiendo participado en el IX Encuentro (2004), a los dos días de despedirse de La Palma falleció en Sueca (Valencia), el 3 de agosto, causando una profunda tristeza. El Ayuntamiento convocó el IV Premio de Música «Guillermo Valverde» en la especialidad de canto para jóvenes. Diversas participaciones se reflejan en el amplio programa, con la asistencia de una decena de prestigiosos profesores, directores de curso y agrupaciones, entre las que tuvo una destacada actuación la Banda Municipal de El Paso. Ese mismo año, esta banda actuó en Disneyland-París.

[*ElPaso}– El Paso (Canarias) y El Paso (Texas)

12.12.06

Carlos M. Padrón

A través de este blog y de e-mails he recibido preguntas sobre la eventual relación entre El Paso (La Palma, Canarias), mi pueblo natal, y El Paso (Texas, USA).

Lo que hasta ahora sé al respecto es lo que copio a continuación y que fue mi respuesta a un comentario que me hicieron en el blog.

La ciudad de El Paso (Texas) lleva ese nombre porque fue fundada por la familia Pino, natural de El Paso (La Palma, Canarias), mi ciudad natal. Por tal motivo, en 1992, año en que se cumplieron 500 del descubrimiento de América, hubo un acto simbólico entre autoridades de El Paso (Texas) y El Paso (La Palma, Canarias).

Me gustaría mucho escribir algo más en detalle sobre la historia de la fundación de El Paso (Texas), de la familia Pino y de quienes les acompañaron en ese histórico evento, pero hasta ahora no he podido conseguir más información, aunque sigo intentándolo.

Asimismo, San Antonio (Texas), lleva ese nombre por San Antonio del Monte, un pago del pueblo de Garafía, también de La Palma (Canarias), donde nacieron los fundadores de San Antonio (Texas).

Me han dicho que en un libro titulado «Canarios en América», que tampoco he podido conseguir, se habla de todo esto, pues fue Canarias —concretamente la isla de la Gomera— el último punto del “otro lado del charco” donde Colón estuvo antes de llegar por primera vez a la hoy América. Desde entonces y por siglos, América fue el destino de miles y miles de canarios que buscaban las oportunidades de vida que España no les ofrecía. Por eso hay abundantes huellas de canarios desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Por ejemplo, Montevideo fue también fundada por canarios.

Agradeceré, por favor, cualquier ayuda que me sea útil para conseguir más información sobre todo esto.

[*ElPaso}— ‘Las palomas de la Virgen’ conmocionaron a todo el pueblo

07-11-2006

Carlos M. Padrón

Cuando el 08/07/1949 un brazo de lava del volcán Cumbre Vieja, de San Juan, o Nambroque, del que ya hablé en El volcán Cumbre Vieja: trágico pero espectacular, amenazó con llevarse por delante la ermita de Las Manchas —un pago de El Paso—, don Blas Santos, cura de Fuencaliente y que atendía también la parroquia de Las Manchas, hizo la promesa de que si se salvaba la ermita levantaría un monumento a la Virgen de Fátima, de quien era muy devoto. Y la ermita se salvó, pues, antes de llegar a ella, la lava se detuvo y desbordó de costado hacia otros derroteros.

Don Blas cumplió su promesa, y en 1951 se esculpió en granito, en Galicia, una imagen de la Virgen de Fátima que fue donada por Galicia a la ciudad de El Paso, y llegó a Las Manchas en 1952. En 1958 se reanudaron las obras del monumento destinado a esa imagen, y el 24/06/1960 se procedió a su bendición.

Don Salvador Miralles, cura párroco de El Paso, quiso también una imagen de la Virgen de Fátima y, a través del misionero capuchino Padre Generoso de Barcenilla, inició gestiones para conseguir en Portugal una talla que fuera réplica de la imagen original.

Tuvo la suerte de que le asignaran una, inicialmente destinada a Japón, al precio de unas 8.000 pesetas que fueron reunidas con aportes de la feligresía pasense. La imagen, que fue bendecida por el obispo de Leiría-Fátima, entró a España por Tuy (Vigo), estuvo expuesta en el Centro Canario de Madrid, y fue trasladada luego en avión hasta el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife), y después, por barco, hasta Santa Cruz de La Palma, lugar al que llegó el 28/05/1954.

Y con su recorrido por los pueblos palmeros se creó en El Paso una gran expectación que llevó a que la gente hablara de eso día y noche e hiciera planes para recibirla y homenajearla en su previsto recorrido por los barrios del pueblo.

En el barrio de Los Cernícalos (o Cernícalos, a secas, nombre de una variedad de gavilán), en El Paso, y muy cerca de mi casa natal, don Braulio Brito (q.e.p.d.) y su esposa manejaban una venta de comestibles de ésas que la gente “fina” llamaba ”de ultramarinos”, o sea, un abasto, recoba o bodega donde podía adquirirse lo que en una casa se necesitaba para el día a día: aceite, azúcar, sal, papas, arroz, escobas, fósforos, etc.

Don Braulio, además de buena persona, jovial y dado a bromear con todo el mundo, era, sin llegar a ateo —es una suposición mía, pues para entonces estaba yo por cumplir los 15 años— un escéptico confeso en asuntos de religión, tema con el que solía mortificar a las damas, todas religiosas y creyentes, que iban a comprar a su venta. Y como éstas no paraban de hablar de la llegada de la imagen de la Virgen de Fátima, y de los milagros que a esa Virgen se le atribuían —en particular el de las palomas que, según se decía, se posaban mansamente en los pies de la imagen— Don Braulio se cansó y se molestó de escuchar tanta conseja y apostó con las escandalizadas damas a que sus palomas —que pensaba prestar para que fueran soltadas en el descanso que, según los planes de la gente del barrio, iban a hacerle a la Virgen frente a su venta— de seguro no irían a posarse a los pies de la imagen, pues con el estruendo de los «voladores» (cohetes de fuegos artificiales) que en ese descanso se harían explotar, huirían atemorizadas a refugiarse en su palomar, que estaba en la azotea de su casa.

Entre el 11 y el 18/07/1954 tuvieron lugar las diarias procesiones de la imagen de Fátima por cada barrio del pueblo, seguidas de cientos de personas que bajo la dirección del Padre Generoso alternaban los rezos con cánticos alusivos a la Virgen, en particular el de “El trece de mayo / la Virgen María / bajó de los Cielos / a Cova de Iría / Etc.”.

Cada cierto tramo del recorrido que la procesión iba a hacer, la gente del barrio de turno, además de adornos festivos como banderines, etc., montaba uno o más descansos en los que, durante la procesión y por unos momentos, se depositaban las andas sobre las que se transportaba la imagen de la Virgen, y se alternaban los rezos con alguna prédica de parte del Padre Generoso o del párroco del pueblo.

A la procesión por Los Cernícalos asistió más gente que a las previas, pues se había hecho pública la apuesta de Don Braulio acerca de sus palomas y, tal vez por eso, la gente acudió en mayor cantidad ese día.

Efectivamente, Don Braulio había prestado como una media docena de sus palomas que fueron colocadas en una jaula debajo del descanso que los vecinos habían montado, y decorado, exactamente frente al lateral oeste de su venta —adosado por su parte trasera al muro de la casa de doña Hilda Padrón—, lugar que estaba en un punto en el que confluían cuatro caminos y, por tanto, era muy visible. En el tope del descanso habíamos hecho —pues en su montaje trabajamos también los muchachos de la zona— dos huecos ubicados de forma que quedara uno a cada lado de las andas una vez que éstas fueran colocadas en el sitio, y por esos huecos debían salir volando las palomas cuando la persona escondida debajo del descanso les abriera la jaula al finalizar la ceremonia prevista para ese punto y antes de que las andas fueran de nuevo cargadas a hombros y se reanudara la marcha de la procesión.

La imagen llegó al lugar, fue colocada sobre el tope del descanso, hubo rezos y prédicas, y al final se lanzaron voladores y se soltaron las palomas que estaban presas bajo el descanso. Como era de esperar, éstas, seguidas por la mirada atenta de quienes sabían lo de la apuesta, volaron despavoridas hacia su palomar, que estaba en la azotea de la casa de don Braulio, y él estaba en la ventana de la venta. Pero, para asombro de todos, tres de ellas no se fueron al palomar sino que se posaron sobre las almenas del muro de la azotea de la casa, pero del muro más cercano al descanso, y sobre las almenas que se ven en esta foto,

(Foto tomada el 20/08/2006 durante la romería de la Bajada de la Virgen de El Pino, de ahí los adornos, la cámara de TV, y la cantidad de gente. La casa de la Izquierda es la de don Braulio; detrás de las tres ventanas altas estaba su venta. Las palomas se posaron en las almenas que se ven a la izquierda de la cámara de TV. El descanso estaba adosado a la pared externa de la casa de la derecha, justo frente a la tercera ventana, la de la esquina, de la casa de don Braulio).

No tenía mucha lógica que esos animalitos —a los que, cuando uno iba a la venta, no podía acercárseles a menos de tres metros porque eran ariscos y echaban a volar de inmediato—, se hubieran quedado fuera de la protección de su palomar y en un lugar cercano al que explotaban estruendosamente los muchos voladores que se seguían lanzando.

Siguiendo el programa previsto, cuatro hombres cargaron a hombros las andas con la imagen, doblaron a la derecha para continuar la procesión y, en ese preciso momento, cuando apenas habían dado unos pasos, las tres palomas bajaron volando desde las almenas de la azotea de la casa de don Braulio y se posaron sobre las andas, a los pies de la imagen de la Virgen y a escasos centímetros de las cabezas de quienes la cargaban o iban a su lado tocando las andas con una mano.

El silencio que cayó sobre la multitud es, por denso y electrizante, el más impactante que recuerdo. Todos nos quedamos mudos y paralizados, como clavados al lugar en que estábamos. No sé cuántos segundos permanecimos así, pero estaba claro que lo que quiera que nos había paralizado iba en aumento dentro de todos nosotros y explotaría también como los voladores, pero sin resultados previsibles, pues de pronto comenzó como un extraño murmullo que fue tomando cuerpo,… y entonces surgió la salvadora veteranía del Padre Generoso que echando mano del megáfono gritó: “¡Adelante! ¡Esto no es un milagro! ¡He visto muchas veces este fenómeno! ¡Adelante!”. Y comenzó a cantar a todo pulmón: “El trece de mayo / la Virgen María / bajó de los Cielos / a Cova de Iría /…”, acompañándose con ampulosos movimientos de su brazo para forzar a la gente a que lo imitara.

Como a regañadientes la gente fue sumándose al canto y comenzando a caminar, mientras algunos lloraban. Pero los que íbamos delante de la imagen apenas avanzábamos porque todos queríamos mirar hacia atrás para constatar que las palomas estaban vivas, se movían y seguían a los pies de la imagen de la Virgen.

Por el lugar en que yo me encontraba no podía ver a don Braulio, pero quienes sí lo vieron cuando sus palomas se posaron sobre las andas cuentan que palideció, estuvo a punto de desmayarse y enseguida se metió dentro de su casa.

A duras penas se completó el recorrido hasta la iglesia, y allí se dejó la imagen hasta la procesión del día siguiente por otro barrio. Se la colocó en el altar principal, y el cura casi que tuvo que botar a la gente de la iglesia, que estaba repleta a más no poder, porque nadie quería irse. Supongo que esa noche no se habló de otra cosa en el pueblo, y la noticia del incidente se regó como pólvora por toda la Isla.

En la mañana del día siguiente, tres muchachos —yo era uno de los tres— recibimos del cura el encargo de limpiar las andas de la imagen de la Virgen, pues las palomas las habían llenado de excremento. Llegamos a la iglesia, y lo primero que hicimos fue abrir una de las ventanas laterales más próximas al altar pero más alto que éste, muy cerca del techo; la que se ve arriba, a la izquierda, en esta foto,

(La imagen de la Virgen de Fátima estaba en el altar principal, en el mismo lugar donde en esta foto se ve la imagen de la Virgen de El Pino).

Lo hicimos para darle oportunidad a las palomas de irse volando a través de esa ventana. Luego, armados de agua, jabón, trapos y cubos (tobos) nos acercamos a la imagen. Las palomas, como era de esperar, alzaron vuelo. Dos revolotearon por la iglesia y, moviéndose con su inquietud característica, se posaban en reclinatorios; la otra fue a posarse en el alféizar de la ventana que habíamos abierto, y allí se quedó mientras nosotros seguíamos con las tareas de limpieza. Cuando terminamos y nos alejamos del altar, las palomas, incluso la posada en el alféizar, alzaron vuelo, una a la vez, y se posaron de nuevo sobre las andas y a los pies de la imagen de la Virgen.

Un escalofrío me recorrió de arriba a abajo y me invadió un sudor frío porque yo no encontraba, ni he encontrado todavía, explicación racional a semejante fenómeno.

Algunos en el pueblo comenzaron a decir que a las palomas les habían cortado las alas; falso; que estaban sujetas a las andas por un hilo; falso; o que las habían atontado con algo; igualmente falso.

Entre las supuestas explicaciones que a través del tiempo he encontrado, está la de la llamada sugestión colectiva. Se pretende que si muchas personas piensan intensamente en algo al mismo tiempo, ese algo puede ocurrir. Pero si bien podría aceptarse que cuando la imagen de la Virgen salió del descanso frente a la casa de don Braulio había muchas personas —al menos las que sabían de la mencionada apuesta— con la vista clavada en las palomas y deseando intensamente que éstas bajaran y se posaran en las andas, resulta difícil usar ese argumento para explicar que una de las palomas se posara en el alféizar de la ventana de la iglesia, teniendo frente a ella el cielo abierto y, en vez de irse a su casa, decidiera regresar junto a la imagen de la Virgen.

Las próximas procesiones atrajeron verdaderas multitudes, de El Paso y de otros pueblos de la Isla, que querían comprobar por sus propios ojos que las palomas eran de verdad, estaban vivas y seguían a los pies de la imagen y correteando sobre las andas, inmutables ante el estruendo de los voladores o la proximidad de personas, y sin nada que las mantuviera atadas a ese lugar. Nosotros optamos por dejarles comida cuando íbamos a limpiar las andas, y lo ocurrido el primer día de la limpieza se repitió varias veces.

El domingo siguiente al día en que las palomas decidieron dejar mal a su dueño, la asistencia a la misa mayor fue multitudinaria, y muchos nos sorprendimos al comprobar que allí había personas que, hasta donde uno recordaba, no habían pisado la iglesia jamás y, para colmo, algunas de éstas fueron a comulgar.

En una de las procesiones que siguieron, y a la vista de cientos de personas, una de las palomas decidió demostrar que estaba en libertad de decidir: alzó vuelo y se fue. Y lo propio hicieron las otras dos, de una en una, en días posteriores. La tercera y última, cuando la imagen de la Virgen estaba en el descanso que se había hecho en el punto llamado La Cruz Grande, también muy cerca de mi casa natal y en la confluencia de tres caminos. Atando cabos después, llamó la atención que las tres palomas hubieran decidido remontar vuelo precisamente cuando la imagen estaba en un descanso y éste se encontraba en un punto de mucha visibilidad.

Creo recordar que los clientes y vecinos de don Braulio nunca hicieron leña del árbol caído, y que las tres “Palomas de la Virgen”, como se dio en llamarlas, siguieron tan ariscas como siempre habían sido y recibieron especial cuidado hasta que murieron de viejas, teniendo así mejor destino que otras congéneres domésticas que generalmente eran sacrificadas para hacer consomé para algún enfermo o parturienta.

Por mucho tiempo, el caso de “Las palomas de la Virgen” fue tema obligado de conversación, pero nadie, que yo sepa, dio nunca una explicación válida, excepto la de que fue un milagro, opción que, con mucho aplomo y decisión, el Padre Generoso supo contrarrestar en un momento realmente crítico. Cuál fue la explicación que él dio en privado, si es que dio alguna, no lo sé. Sí recuerdo que, terminada su misión, regresó a su tierra dejando en El Paso un inmejorable recuerdo, y un cambio que aún perdura: mi barrio, que hasta entonces se llamó Los Cernícalos, pasó a llamarse Fátima.

La imagen de la Virgen de Fátima tuvo pronto su propio altar, ilustrado en la foto anterior, en el que descansa sobre una peana que imita una encina y que es obra del escultor Wifredo Ramos, hoy cronista oficial de la ciudad de El Paso.

***

1. Las fotos las tomé todas este pasado verano, con el propósito de publicarlas como apoyo visual a este artículo.

[*ElPaso}– Acerca de ‘La Danza de Manuel González’ – Aclaratoria

Carlos M. Padrón

He sabido que varias personas han interpretado que en mi artículo La danza de Manuel González, al César lo que del César yo pedía que se cambiara el nombre a esta danza, e implicaba a los integrantes del actual Ayuntamiento de El Paso en la animadversión que la tribu de los caciques mostró hacia Don Pedro Castillo.

Como en mi artículo no quise decir ninguna de estas dos cosas, pero son varias las personas que creen que sí, deduzco que lo más probable es que la falla esté de mi parte porque me expresé mal, así que quiero dejar constancia de que:

1. En mi opinión, el nombre de esa danza debe quedar como está.

Si ocurre que es alusivo a una persona, no importa: con ese nombre la ha conocido el pueblo de El Paso por 60 años, y ése debe seguir siendo el nombre.

Lo que pido es que cuando se hable de ella —en programas de fiestas, anuncios de su representación, etc.— se diga que Don Pedro Castillo fue el autor de la música y la letra.

Esto es lo que quise decir con “Al César lo que es del César”: que se le den a Don Pedro Castillo los créditos que en justicia le corresponden.

2. No creo que el Ayuntamiento actual o los anteriores que existieron después de la desaparición física de los miembros de la mencionada tribu tenga o hayan tenido nada en contra de Don Pedro Castillo.

Por lo menos, y que yo sepa, no han dado muestras de eso. Si en relación con la danza no se menciona ahora a Don Pedro, creo que es por simple inercia de la costumbre —los hombres somos animales de costumbres— mantenida desde los años de la tribu, y de ahí el espíritu de mi artículo: un llamado a que se corrija la injusticia que, en mi opinión, conlleva esa omisión.