[Hum}— De suegras y yernos

Él y ella, marido y mujer, hablando sobre la enfermedad de la madre de ella.

  • Ella: Tienes que ir a visitar a mi madre. Tiene tres meses en el hospital en estado muy grave y aún no has ido a visitarla.
  • Él: Es que realmente no quiero ni verla.
  • Ella: Aunque no sea más que por quedar bien, tienes que ir a saludarla e interesarte por su estado.
  • Él: Bueno, está bien, me acercaré a visitarla esta misma tarde.

De vuelta del hospital.

  • Ella: ¿Qué tal has encontrado a mi madre?
  • Él: En tres días la tenemos en casa otra vez.
  • Ella: ¿Qué te han dicho?
  • Él: ¡Que se temen lo peor!

[LE}— «a contracorriente» o «contra corriente», pero no «a contra corriente»

En la locución a contracorriente se escribe contracorriente junto; mientras que la expresión contra corriente, sin la a antepuesta, se escribe en dos palabras.

Uso inadecuado

• Muchos están actuando a contra corriente, ante una crisis que exige, más que nunca, fortaleza y capacidad de gestión.

• El inversor que a contra corriente jugó todo su dinero a que el mercado inmobiliario…

• El Ejecutivo nada contracorriente.

Uso adecuado

• Muchos están actuando a contracorriente, ante una crisis que exige, más que nunca, fortaleza y capacidad de gestión.

• El inversor que contra corriente jugó todo su dinero a que el mercado inmobiliario…

• El Ejecutivo nada a contracorriente.

Contracorriente, escrito en una palabra y sin preposición, es un sustantivo cuyo significado es ‘corriente que fluye en sentido contrario a otra’: «Fueron arrastrados por la contracorriente mar adentro».

Precedido de la preposición a (a contracorriente) funciona como locución adverbial y significa ‘en contra de la corriente’ o ‘en contra de la opinión o la costumbre general’; no es adecuado suprimir la preposición ni emplear en su lugar en.

Según el Diccionario panhispánico de dudas, con estos sentidos es también válida la grafía en dos palabras y sin a: contra corriente

Fuente

[Hum}— Radio de nueva tecnología

Una señora muy encopetada se compró el último grito en Mercedes Benz. Dos días después de haberlo comprado fue al concesionario a reclamarle que el radio no funcionaba.

El vendedor le explicó:

—Estimada señora, el sistema de audio de su nuevo Mercedes es totalmente electrónico. Todo lo que usted tiene que hacer es decirle lo que quiere oir, y de inmediato el equipo efectúa un reconocimiento digital de su espectro vocal y automáticamente le activa el radio y le selecciona lo que usted pidió.

La señora encendió el radio y dijo: «Iglesias»

De inmediato el radio preguntó:

—¿Julio o Enrique?

—Julio—, respondió maravillada la señora.

Y de inmediato se oyó la voz de Julio Iglesias en el radio. Al rato, la señora, ya fascinada, dijo:

—Gilberto Santa Rosa.

Y al instante salió Gilberto Santa Rosa cantando en el radio.

En ese momento, otro coche que se saltó la luz roja del semáforo chocó con el flamante Mercedes de la señora, y ésta gritó:

—¡Coño‘e tu madre! ¡Hijo de puta! ¡Malparido!

Y de inmediato el radio anunció:

—Y ahora, estimados oyentes, su programa «Aló, Presidente».

[LE}— «Resiliencia», con «i» tras la «l», no «resilencia»gía

La grafía resiliencia, con i después de la l, y no resilencia, es la adecuada para referirse a capacidad de la adaptación y recuperación frente a una situación adversa. 

Uso inadecuado

• El estado de emergencia declarado por las autoridades ante la COVID-19 ha venido a poner a prueba la resilencia de las empresas a nivel mundial.

• La resilencia es la clave que puede ayudar a las naciones a hacer frente a la crisis actual.

• Conviene explicar a los niños lo que está ocurriendo para que puedan desarrollar la virtud de la resilencia.

Uso adecuado

• El estado de emergencia declarado por las autoridades ante la COVID-19 ha venido a poner a prueba la resiliencia de las empresas a nivel mundial.

• La resiliencia es la clave que puede ayudar a las naciones a hacer frente a la crisis actual.

• Conviene explicar a los niños lo que está ocurriendo para que puedan desarrollar la virtud de la resiliencia.

El Diccionario de la lengua española recoge el sustantivo resiliencia, no resilencia, y lo define como ‘capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos’ o ‘capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido’.

Es precisamente la capacidad de adaptación y recuperación que aparece en las definiciones la que diferencia este sustantivo de la mera resistencia, cuya definición es ‘acción y efecto de resistir (tolerar, aguantar o sufrir).

La forma con i (resiliencia) se adapta mejor a la etimología del término, que nos ha llegado a través del inglés resilience, pero tiene su origen en el latín resiliens, -entis, participio del verbo resilīre, ‘saltar hacia atrás, rebotar’, ‘replegarse’, como señala el Diccionario. Por las mismas razones, el adjetivo correspondiente es resiliente y no resilente.

Fuente

[*Opino}— Algo para reflexionar sobre la pandemia del coronavirus

22-06-2020

Carlos M. Padrón

Lo que sigue me llegó por WhatsApp, y aunque ignoro quién es el autor, lo felicito.

Lo publico porque creo que es una valiosa reflexión que puede ayudarnos a mejor sobrellevar los daños e incomodidades de la pandemia que no sólo no termina de irse, sino que amenaza con atacar de nuevo.

Imagina que hubieras nacido el año 1900

  • Cuando tienes 14 años comienza la Primera Guerra Mundial, y termina cuando tienes 18, con un saldo de 22 millones de muertos.
  • Poco después aparece una pandemia mundial, la Gripe Española, que mata 50 millones de personas. Y tú estás vivo y con 20 años.
  • Cuando tienes 29 años sobrevives a la crisis económica mundial que comenzó con el derrumbe de la Bolsa de Nueva York, ocasionando inflación, desempleo y hambruna.
  • Cuando tienes 33 años los nazis llegan al poder.
  • Cuando tienes 39 años comienza la Segunda Guerra Mundial y termina cuando tienes 45 años con un saldo de 60 millones de muertos. En el Holocausto mueren 6 millones de judíos.
  • Cuando tienes 52 años comienza la guerra de Corea.
  • Cuando tienes 64 años comienza la guerra de Vietnam y termina cuando tienes 75 años.

Un niño que nació en 1985 piensa hoy que sus abuelos no tienen la menor idea de lo difícil que es la vida, aunque han sobrevivido a varias guerras y catástrofes.

Hoy nos encontramos con todas las comodidades en un mundo nuevo, en medio de una nueva pandemia.

La gente se queja porque por varias semanas deben quedarse confinados en sus casas, aunque con electricidad, celular, comida, agua caliente y un techo seguro sobre sus cabezas; nada de eso existía en otros tiempos, pero la Humanidad sobrevivió a esas circunstancias y nunca perdió su alegría de vivir.

Hoy nos quejamos porque tenemos que usar tapabocas para entrar a los supermercados, pero un pequeño cambio en nuestra perspectiva puede obrar milagros. Vamos a agradecer tú y yo que estamos vivos, y vamos a hacer todo lo necesario para protegernos y ayudarnos mutuamente.

Cortesía de Javier Simón

[Hum}— ¡Qué falta hace una madre!

Padre e hija viajaban en una flamante camioneta a través del desierto cuando unos bandidos los asaltaron y les robaron hasta la ropa. Cuando los bandidos se fueron, llevándose todo, la hija le dijo al padre:

—¿Pudiste salvar algo?

—Pero, hija, ¿¡cómo voy a salvar algo si nos dejaron en pelotas!?

Entonces la hija, sacándose de la la vagina un anillo de diamantes, miró a su padre con aire de triunfo y le dijo:

—Mira, ¡mamá me enseñó este truco! 

—¡Coño!— respondió el padre—, ¡de haber estado aquí tu madre habríamos salvado la camioneta!

[LE}— «Gastar millones en algo», mejor que «comprar millones en algo»

El verbo gastar introduce con la preposición en aquello en lo que se desembolsa el dinero (gastar 10 millones de euros en material sanitario), mientras que con el verbo comprar lo que se adquiere es el complemento directo y no va precedido de preposición: comprar material sanitario (por valor de 10 millones de euros si se quiere especificar el dinero entregado).

Uso inadecuado

• Venezuela ha comprado casi 11 000 millones de dólares en armas rusas durante el último lustro.

• El Gobierno compra 20 millones de euros en mascarillas.

• China se compromete a comprar 200 000 millones de dólares en productos de EE. UU.

Uso adecuado

• Venezuela ha gastado casi 11 000 millones de dólares en armas rusas durante el último lustro.

• El Gobierno gasta 20 millones de euros en mascarillas.

• China se compromete a comprar productos de EE. UU. por valor de 200 000 millones de dólares.

Según se aprecia en el Diccionario del estudiante, de la Academia, los verbos gastar y comprar no se construyen de la misma forma: con el verbo gastar, el complemento directo es el dinero, y aquello a lo que dicho dinero se destina es un complemento de régimen introducido por la preposición en: gastar millones en mascarillas; en cambio, el complemento directo de comprar es lo que se adquiere, al tiempo que el dinero empleado pasa a expresarse mediante un complemento circunstancial: comprar mascarillas por valor de varios millones de euros.

No es adecuado, en cambio, mezclar ambas estructuras, como ocurre en los ejemplos iniciales.

Fuente

[*Opino}— Padre > Papá > Papi… y la degradación de la educación en el hogar

22-06-2020

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo, cuyo autor desconozco, me llegó ayer, Día del Padre en América, varias veces por WhatsApp enviado por diferentes contactos, pero siempre teniendo al comienzo esta declaración: “A propósito del Día del Padre, me pasaron esto y me he reído mucho”.

A mí, en cambio, no me ha hecho ninguna gracia porque la evolución descrita en el artículo tiene que ver con la degradación a que ha llegado la educación a los hijos gracias a las teorías basadas en que nunca deben recurrir los padres a lo que por siglos resultó efectivo: la nalgada a tiempo.

Crecí y me eduqué en la época del papá, pero cuando aún imperaba la nalgada a tiempo, y de los entonces muchachos/as no he conocido ningún delincuente ni mal ciudadano

Pero ahora —y en gran medida gracias a la divulgación que han tenido las series de TV y las películas hechas en USA—, la imagen que de los hogares nos han vendido es una en que abundan los adolescentes insoportables por respondones, engreídos, sabiondos y convencidos de que son sus padres quienes les deben respeto, y no al revés. Adolescentes buenos para nada —a veces sí para la droga— que se creen con muchos derechos y cero deberes. Adolescentes convencidos de que sus padres son culpables de haberlos traído al mundo sin su permiso y que, por tanto, en pago deben cumplir las reglas y los caprichos que a ellos, los adolescentes, más convengan.

La impresión que esto causa es que los padres son esclavos de esos monstruitos que sólo dan problemas aunque, por graves que éstos sean, las madres siempre dicen “Mi hijo es un buen chico” (“He’s a good boy”). En una serie de TV que mostraba estos enredos, una madre, que sí era sensata y que por tales enredos estaba desesperada, dijo a su marido: “Recuérdame por qué quise tener hijos”. Una pregunta que, lamentablemente, se me antoja más válida cada día.

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Diferencias entre Padre, Papá y Papi

Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios. Imperaban normas estrictas de educación: nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes… por algo era el padre.

La madre fue siempre el eje sentimental de la casa; el padre, siempre la autoridad suprema.

Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Además, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre.

A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de tumbarle los dientes con una trompada, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes en los que se consumían bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: “Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde”.

El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la televisión, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa.

Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado.

Y entonces vino papi que es un invento reciente, de los últimos 20 ó 30 años, descendiente menguado y raquítico de padre y de papá. A papi ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada, simplemente se le notifica. “Papi, me llevo el coche”, “Dame para gasolina”, “Voy a salir”, “Vas por mi cuando yo te diga”, etc.

Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: “¡Papi, no me vuelvas a llamar chiquita delante de Jonathan!”, y tal vez al decir algo así te voltean la cara o ni te dirigen la mirada.

No sé qué seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo.

Yo estoy aterrado. Después de haber sido nieto de padre, hijo de papá, y papi de mis hijos, mis nietos y nietas han empezado a llamarme «pa».

Creo que quieren decir: «¿Pa qué sirves?”

Es la pura verdad, pues, por lo que veo, según este análisis los «padres» estamos a punto de extinguirnos.

Cortesía de Eva Matute

[*ElPaso}— La Hacienda del Pino, en El Paso, donde viven todas las variedades de almendros

La Hacienda del Pino, en El Paso, donde viven todas las variedades de almendros

Los trabajos silvícolas en la Finca Hacienda de El Pino, en el municipio de El Paso, se han retomado recientemente, con la finalidad de preparar este espacio para la siembra de una colección de almendros como acción demostrativa de la Estrategia de Custodia del Territorio en la Reserva Mundial de la Biosfera La Palma