[LE}– ‘Proactivo’, no ‘pro-activo’ ni ‘pro activo’

26/12/2014

El término proactivo se escribe en una sola palabra, es decir, sin añadir un espacio ni un guion intermedios.

Sin embargo, a menudo se escribe indebidamente, como en las siguientes noticias:

  • «La empresa destacó el ambiente de trabajo pro activo» o
  • «Se redoblaron los esfuerzos internos en pos de mantener un compromiso pro-activo de minimizar los riesgos ambientales».

Esta voz de nuevo cuño se registra en la 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, como propia de la psicología, para referirse a quien ‘toma activamente el control, y que decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos’ o a lo que ‘implica acción o intervención activa’.

Al igual que otras voces formadas con un prefijo, éste se une al término al que precede, sin guion ni espacio, de modo que en  los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «La empresa destacó el  ambiente de trabajo proactivo» y
  • «Se redoblaron los esfuerzos internos en pos de mantener un compromiso proactivo para minimizar los riesgos ambientales».

Por la misma razón, se escribe proactividad y no pro actividad ni pro-actividad.

Fuente

[Hum}– El semental gallego

Un zoológico español había comprado una gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar. Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había disponible ningún macho de esa especie.

Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Manolo, el empleado gallego encargado de limpiar las jaulas. Manolo tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podrían convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:

—Manolo, ¿aceptarías hacerlo con la gorila por 500 euros?

Manolo dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco. Al día siguiente, Manolo dijo que aceptaba, pero con tres condiciones:

—Primero, no quiero tener que besarla. Segundo, no quiero saber nada de hijos.

—De acuerdo—, dijo de inmediato el administrador. —Pero, ¿cuál es la tercera condición?”

—Bueno, ¡que me tienen que dar otra semana para juntar los 500 euros!