[LE}– ‘Hala, Madrí’. El español y la letra ‘d’ final

26 OCT 2014

Álex Grijelmo

En España nos cuesta pronunciar la letra d como consonante final de palabra.

El Barcelona tiene su abreviación en vigor desde el primer cuarto del siglo XX: “Barça”.

Surgida probablemente en el lenguaje oral, esta palabra se data en la prensa en el año 1922, en la revista catalana Xut, según el estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona dirigido por Miquel de Moragas y coordinado por Ana Belén Moreno. 

Tal vez se use ya más esa abreviación entre los aficionados que el topónimo completo (Barcelona) y que el nombre oficial (Fútbol Club Barcelona).

El Real Madrid también cuenta con un nombre abreviado, aunque rara vez lo encontremos por escrito: “el Madrí”. No se podía reducir mucho más el original, pero al menos se le han aliviado una palabra (“Real”) y una letra y su fonema, lo cual facilita la ligazón con el término siguiente si éste comienza por vocal.

Ayer se oyó una vez más en el estadio Bernabéu —a través de esa insoportable megafonía que va convirtiendo a los hinchas cantarines en consumidores callados— el himno del club blanco interpretado por Plácido Domingo y compuesto por José María Cano en 2002 con motivo del centenario del club.

Uno de sus versos dice: “Sale el Madrí a luchar, sale el Madrí a ganar…”. Y no se percibe el fonema de la letra d por ninguna parte, pues la pronunciación que se derivaría del texto escrito (“sale el Madrid-a-luchar, sale el Madrid-a-ganar”) la suprime el tenor con mucha afinación y poca misericordia.

Tiene su razón, porque en ese caso añadiría una sílaba con la correspondiente nota, lo cual alteraría la composición melódica, mientras que la terminación abreviada permite diptongar la i final del nombre con la preposición que antecede al verbo: sale-el-madriaganaaar…

Esta supresión del último fonema se aprecia en otros muchos casos en que se cita el nombre del club blanco. Así, oímos en la radio: “Almería cero, Real Madrí uno”; y no “Real Madrid uno” (es decir, realmadriduno).

También le ocurre eso al “Valladolí”, pero en este caso no cuenta como abreviación acuñable porque los blanquivioleta ya disponen del cariñoso “Pucela”.

En las más de 90.000 palabras del idioma español (y si apartamos las interjecciones y onomatopeyas, los extranjerismos y los nombres propios), solamente 10 de las 21 consonantes del alfabeto tienen el privilegio de ocupar un sitio al final de una palabra: n, s, d, j, l, r, t, x, y, z.

Y algunas aportan escasísimos ejemplos. La jota, sólo 21; la te, 147; la equis, 67…; y casi siempre en palabras prestadas o poco usuales. Busque usted vocablos patrimoniales del español terminados en las restantes letras y dígrafos (b, c, ch, f, g, h, k, ll, m, ñ, p, q, v): le costará dar con alguno.

La letra d (y su correspondiente fonema) figura en la selección de consonantes finales, pero no es de las más productivas (1.224 vocablos; muy escasos si los comparamos con los 33.932 terminados en a, según el estudio del profesor Roberto Veciana publicado en 2004).

Incluso nos cuesta admitirla a la hora de la verdad; también en esta última palabra: “verdad”. ¿Cómo pronunciamos la expresión “verdad usted”? En el lenguaje coloquial, sin duda diremos “verdá usté”; y en uno más cuidado, “verdá usted”. Algún fonema d se perderá casi siempre por el camino.

Esa aversión a la d final se aprecia mucho en los verbos imperativos, sustituidos a menudo por infinitivos: “Hacer esto” en vez de “haced esto”; “ir a buscarme” (en vez de “id”). Y en el castellano de Cataluña, se transmuta en el sonido t.

La d ya fue desapareciendo de algunas voces en su camino desde el latín al castellano (aliquod se convierte en “algo”; ad se transforma en “a”…). Tan incómoda sigue resultando a nuestra prosodia, que a veces la transformamos en un sonido de zeta: “Madriz”, “hacez”, “tengo sez”.

Y un locutor cuenta por la radio que en el Lugo Club Deportivo juegan “cuatro Davices” (y no cuatro “Davides”).

Con todo ello, se entiende que vaya consagrándose tal pronunciación para el club madrileño. Y hasta merecería la pena reivindicarla: “¡Hala, Madrí!, ¡hala, Madrí!”.

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[LE}– ‘Cesar’ puede equivaler a ‘destituir’

24/10/2014

El verbo cesar ha añadido a sus significados el de ‘destituir o deponer a alguien del cargo que ejerce’, de acuerdo con la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.

Aunque tradicionalmente el verbo cesar era sólo intransitivo, y lo único adecuado era decir que alguien cesaba, bien porque lo despidieran, bien porque él mismo decidiera abandonar su puesto, la Academia recoge ahora también una cuarta acepción transitiva que valida frases en las que alguien cesa a otra persona, o alguien es cesado.

Así pues, actualmente se consideran válidas frases con los usos intransitivos acostumbrados: 

  • «Aida Bartolomé cesó en su cargo» o
  • «Selman cesó como médico personal del líder cubano»,

pero también otras con usos transitivos, como 

  • «El concejal que cesó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» o
  • «Guido Forcieri fue cesado del Banco Mundial».

Se recuerda, no obstante, que, con este significado, cesar puede alternar con destituir, deponer o despedir, por lo que en los últimos dos ejemplos también podría haberse escrito 

  • «El concejal que destituyó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» y
  • «Guido Forcieri fue despedido del Banco Mundial».

Por último, se recuerda que cesar también puede significar ‘dicho de una cosa: interrumpirse o acabarse’, como en

  • «Las lluvias cesaron y dieron paso a una mansa tregua»,

y ‘con las preposiciones de o en, dejar de realizar la actividad que se menciona’:

  • «Quino no cesó de saludar a niños y profesores».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Bicoca

16-09-14

Algo sumamente fácil, o de escaso valor.

Se relaciona con la batalla librada el 27 de abril de 1522 en la localidad de La Bicocca, población cercana a Monza, en el antiguo condado de Milán, donde el ejército francohelvético fue diezmado sin que hubiera casi ninguna baja entre los españoles.

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[Hum}– Oración cibernética

RÉCESE ANTES DE ENTRAR A INTERNET

Satélite nuestro que estás en el cielo,
acelerado sea tu link.
Venga a nosotros tu hipertexto.
Hágase tu conexión tanto en lo real como en lo virtual.
Danos hoy nuestro download de cada día.
Perdona el café sobre el teclado,
así como nosotros perdonamos a nuestros proveedores.
No nos dejes caer la conexión,
y líbranos de todo virus.
Amén.

[Hum}– Dios y las manzanas

Encima de la mesa de un merendero infantil una monja había dejado una fuente grande con manzanas de color rojo brillante, pulposas y jugosas. Al lado de la fuente puso la siguiente nota:

«Toma solamente una. Recuerda que Dios está mirando«.

En el otro extremo de la mesa había otra fuente llena de galletas de chocolate recién sacadas del horno. Al lado de la fuente, había, escrito por un niño pequeño, un papelito que decía:

«Toma todas las que quieras. Dios está mirando las manzanas«.