[*MiIT}– Cuidado con el monitor y las hibernaciones del Windows 7

09-04-13

Carlos M. Padrón

Varias veces dije que me mantendría fiel a Windows XP (XP) mientras éste hiciera bien lo que yo quería que hiciera.

Pero desde hace meses comenzó a ponerse lento, tanto en la apertura como en el cierre, en la PC que uso a diario, e igual pasa en las otras dos PCs que con XP tengo en casa, a pesar de que una se usa sólo unas dos o tres veces por semana, y la otra, que es una laptop, tal vez unas dos veces por mes.

Al consultar con amigos y conocidos que también son usuarios de XP, todos me dijeron que a ellos les pasa igual en cuanto a la velocidad. En mi caso tenía el añadido de que el programa Windows Live Writer, que es el que uso para publicar en el blog, tal vez porque también es de la familia Microsoft Windows, comenzó a darme problemas a diario.

En previsión de que el día en que fuera yo a comprar el Windows 7 (W7) no pudiera encontrarlo, compré hace meses un CD con tres licencias del Windows 7 Home Premium, en sus dos «sabores» de 32 y de 64 bits.

Con esta baza en mano, me asesoré con dos amigos que ya habían pasado del XP al W7, y decidí hacer como ellos, pues tengo la «mala» costumbre de escarmentar en cabeza ajena: instalar W7 en otra partición de mi PC, dejando el XP donde ya estaba, funcionando bien pero muy lento.

Para ese paso de XP (o Vista) a W7, Microsoft ofrece la herramienta Windows Easy Transfer que, en mi caso, permitiría imponerle al W7 los settings del XP y de los programas en él instalados, ahorrándome así mucho trabajo.

Estando el hardware de mi PC capacitado para 64 bits, el 24/02 intenté instalar el W7-64 pero la respuesta fue que no, que no podía hacer eso.

Opté entonces por el W7-32 y sí pude. Y resultó una grata sorpresa que, por obra y gracia del Windows Easy Transfer, los settings del Office 2007 del XP —y en particular de su componente Outlook, que es el programa que uso el 90% del tiempo que paso frente a mi PC— fueron transferidos al detalle al Office 2007 que instalé en el W7, y con tal detalle que ni siquiera a las cuentas del Outlook tuve que ponerles sus passwords (contraseñas).

Otra sorpresa, aunque no grata, fue descubrir que

  1. La interfaz del W7 en poco se parecía a la del XP.
  2. El W7 cambió a su antojo las letras que en el XP había yo asignado a las diferentes particiones que tengo en los tres discos físicos internos.
  3. El acceso —y a veces hasta el nombre— a las funciones que más uso, y cuya ubicación en XP me la sé de memoria desde hace años, fue cambiado de lugar en el W7 y, por ejemplo, el del System Restore no está donde mismo, ni se ve igual; el de Memoria Virtual, tampoco; los elementos del Control Panel los agruparon según el criterio de sabrá Dios quién, y aunque existe la opción de ponerlos en lista, como los tiene XP, para encontrar algo en ella hay que leérsela de cabo a rabo; las configuraciones de los navegadores Firefox, Opera y Chrome tampoco están donde las tiene XP; lo que en el XP estaba en Program Files, en el W7 está distribuido entre otras carpetas; el icono que, desde el Windows 98, que yo recuerde, se llamó ‘My PC’, ahora se llama ‘Computer’; los iconos de la Barra de Tareas son gigantescos; cambiaron el funcionamiento y el modo de crear la sección Quick Launch; etc.

Esto no me gustó nada porque, sinceramente, no le encuentro justificación, como no sea, según me explicó un amigo, que Microsoft lo hizo para dar de comer a sus distribuidores, que así podrán cobrar por horas de trabajo a los compungidos clientes que, luego de enfrentarse a esa cantidad de cambios en W7 y carecer de los conocimientos necesarios para alterarlos, vuelven con su PC al distribuidor y le pagan para que les haga esa tarea.

La mayor parte del resto del día 24 y de todo el 25 lo dediqué a poner el W7 tan parecido al XP como pude y, por supuesto, dejando bien documentada, por medio de una larga chuleta, la forma en que lo conseguí, cuando pude conseguirlo, pues nunca he podido memorizar bien la ruta, o path, para llegar a determinado destino dentro del sistema operativo; es algo que me resulta muy árido.

Luego de dedicar a esto tanto tiempo, el amigo Leo Masina me hizo llegar la herramienta llamada GodMode que contiene el modo de cambiar un sinfín de «caprichos» que tiene el W7, y que es prueba de que hay muchísimos usuarios de W7 que, como yo, no gustan de la forma en que éste se presenta por defecto.

Lo que sí no he podido cambiar, y no lo he visto en el GodMode, es ese fastidio de que cada vez que poso el cursor sobre algún botón de la Barra de Tareas, se despliega hacia arriba una ristra de accesos directos que, en mi caso, sólo sirven para impedirme ver lo que haya debajo de la tal lista, como muestra la imagen que sigue.

El contenido de la ventana que aparece encima de la Barra de Tareas está ya en los botones que existen en la tal barra, pero ese despliegue hacia arriba, que a mí no me sirve, tapa tres iconos que sí me sirven, y si quiero usar alguno de ellos tengo que maniobrar para que desaparezca el molesto despliegue.

Entiendo que no se le puede eliminar sino retrasar su aparición, pero eso requiere cambios en el registro, cambios que algún día, con tiempo, intentaré hacer.

Cuando ya había yo logrado bastante, y comprobado que tanto XP como W7 podían acceder sin problemas al resto de las particiones de mi PC, comencé a trabajar en serio con el W7,… y él a hacer cosas raras cada vez que le venía en gana, hasta que el día 26 a las 14:30 colapsó sin dar explicaciones.

Habida cuenta de que mi experiencia en computación personal me ha enseñado que lo mejor, si se puede, es arrancar de cero, así lo hice, y me alegré de lo ocurrido porque, antes de comenzar desde cero la reinstalación del W7, se me ocurrió intentarla con la versión de 64 bits y, ¡oh, sorpresa!, esta vez mi PC la aceptó sin rechistar.

El proceso de reinstalación tomó menos tiempo, y el de customización (personalización, o cambios a mi gusto) también, gracias a la chuleta que yo había creado antes. Y así arranqué otra vez con un W7 que iba muy bien, sobre todo por su gran velocidad de proceso.

Siguiendo mi costumbre de hacer durante el fin de semana las tareas de limpieza y respaldo, el sábado 29/03 hice —usando, al igual que desde hace años, el programa EaseUS Todo Back up— un respaldo de la imagen del W7, y la guardé, como todos los respaldos, en un disco externo.

Pero Murphy no duerme, no hay felicidad que dure, y a mí —como ya he dicho en otro post sobre este tema— los problemas me vienen de a dos. Así, a partir del 02/04, cuando yo encendía mi PC, el monitor permanecía «mudo», o sea, con su pantalla en negro; cero imagen.

Después de esperar varios minutos, apretaba el botón de reinicio, comprobaba que el sistema arrancaba, pero el monitor seguía en negro, hasta que, luego de 3 o 4 reinicios, mostraba por fin imágenes.

En las Power Options había yo fijado que el monitor se apagara a los 15 minutos de inactivad, y los discos a los 30. Y cuando regresaba a la PC pasados los 30 minutos, al oprimir el botón de arranque todo volvía a la vida, pero, también a partir del 02/04, no siempre el monitor volvía a la vida al primer intento sino después de un par de reinicios más.

En la tarde del jueves 04/04 tuve que ausentarme de urgencia y, aunque sí corté internet —cosa que hago cuando me ausento—, cometí el grave error de no cerrar el Outlook. Pasados los 15 minutos se apagó el monitor, y pasados los 30 se apagó la PC.

Cuando a mi regreso oprimí el botón de arranque, la PC arrancó, pero el monitor no. Oprimí el de reinicio, y nada. Repetí la acción del reinició como 4 veces más, pero el monitor seguía en negro.

Opté entonces por apagar la PC y encenderla de nuevo, y después de que hice eso varias veces, por fin el monitor mostró imagen, pero una que me asustó porque temí lo peor: mostró la imagen de la pantalla inicial de Outlook en la que los mensajes más recientes eran del día 24/02, o sea, el día en que yo había instalado el W7 por primera vez.

Eso significaba que no podría recuperar los mensajes de entrada y los enviados después del 24/02, pues el 29/03 había hecho yo limpieza y borrado de los servidores el material que ya había llegado a mi Outlook. Las carpetas creadas dentro de Outlook después del día 24/02 tampoco podría recuperarlas.

Para colmo de asombro y disgusto, el material más reciente del archivo ‘personal.pst’ —contentivo de todo lo de Outlook, y archivo que guardo en una carpeta llamada ‘OL-EnUso’ ubicada en la partición ‘O’ y dedicada sólo a Outlook— tenía también fecha del 24/02.

¿Cómo había sido posible ese cambio si desde el día 29/03 y hasta el 04/04 yo había recibido/enviado muchos mensajes, y antes de abandonar el 04/04 la PC había visto que  encabezando el contenido de la bandeja de entrada había muchos fechados 04/04?

Cerré el Outlook, y al abrirlo de nuevo recibí el aviso de que el archivo X.pst —uso ‘X’ porque el nombre real es mucho más largo— que estaba en uso antes del problema, tenía errores y debía ser reparado.

Lo reparé, y cuando después abrí Outlook vi lo que andaba yo buscando, el archivo bueno, el que llegaba hasta el 04/04. Cuando después de trabajar un rato cerré Outlook porque debí ausentarme, al regresar y reabrirlo mostró de nuevo el archivo hasta el 24/02.

Lo cerré, fui a revisar el resto del sistema y, al comprobar que andaba a trancas y barrancas, quise dar marcha atrás aplicando un System Restore, y consternado descubrí que no existía ninguno porque el 29/03 antes de correr el antivirus borré todos los System Restore, como indica la buena práctica, y, por causa de las diferencias entre XP y W7, olvidé rehabilitar la creación de éstos.

Sin embargo, cuando el 29/03 terminé de hacer limpieza, pedí un System Restore, y el W7 me informó de que había sido completado con éxito, cuando debió informarme de que no podía hacerlo porque la opción para ello estaba desactivada.

Sólo me quedaba la vía de, usando de nuevo el EaseUS Todo Backup, recuperar la imagen que del W7 había yo guardado el 29/03. Así lo hice, sólo para descubrir que, una vez recuperada, los más de los iconos del escritorio no funcionaban, y que, como uno de ellos era el de Computer, no había forma de que yo pudiera abrir nada.

¿Qué había pasado? Que por culpa del estrés, al crear esa imagen usé la opción incorrecta, y la creación incluyó el contenido de la partición ‘I’, contentiva de ‘Mis Documentos’, que estaba en el mismo disco que la partición del W7. Como no era ésa la opción a usar para el caso, al recuperar la imagen desapareció de ‘I’ el contenido de ‘Mis Documentos’, y los perdí.

Después de pasar horas gugleando en busca de la causa y posible solución al problema de la no operación de los iconos, por fin la encontré y la apliqué. El icono Computer volvió a funcionar, y luego, a mano, pude rehabilitar todos los otros.

En cuanto a ‘Mis Documentos’, los puse en una partición no vecina a la de W7 y copié en ella el respaldo hecho el 29/03. Por supuesto, perdí los cambios habidos entre el 29/03 y el 04/04.

Convencido de que el archivo ‘personal.pst’ actualizado al 04/04 existía aún, me di a la tarea de buscarlo usando varios medios, hasta que el buscador Copernic Desktop Search me dijo que había encontrado DOS (2) archivos ‘personal.pst’ (¿¡Dos!?). Al abrirlos, algo que ese buscador permite hacer, vi que uno era el del 04/04 ¡y que estaba en la partición del XP!

Incrédulo, entré en XP, abrí el disco ‘C’, y en su contenido encontré una carpeta llamada ‘OL-EnUso’ —igual nombre que el de la carpeta que en la partición ‘O’ contiene los archivos .pst— con varios archivos .pst, y uno de ellos era el del 04/04.

¿Cómo demonios llegó eso ahí? Yo no había creado tal carpeta, pues hace muchos años que mis archivos de Outlook están fuera del sistema operativo.

Al revisar vi que la fecha de creación de esa carpeta era el 24/02, o sea, que el día en que por primera vez instalé el W7,

  1. Un mecanismo extraño creó en XP, sin aviso ni protesto, una carpeta del mismo nombre que la abierta en ‘O’.
  2. Metió en ella, sin aviso ni protesto, todos los archivos .pst creados desde esa fecha y hasta el 04/04.
  3. Y, sin aviso ni protesto, decidió que, a partir de ese momento, el Outlook usaría uno de tales archivos y no el que, con el mismo nombre, estaba en la partición ‘O’ y que era el que yo, por vía de Data Files, le había dicho que usara.

Puse el caso en un foro de Microsoft a ver si alguien me explica por qué ocurrió algo así, pero hasta ahora no he obtenido esa explicación.

A mediodía del sábado 06/04 pude dedicarme a depurar el ‘personal.pst’ que contenía el archivo del 04/04, lo puse en ‘O’, lo vinculé al Outlook, moví al disco externo la carpeta ‘OL-EnUso’ que estaba dentro del XP y, según parece, volví a la normalidad después de dos días dedicados a corregir el producto de una tonta falla de monitor, al menos otra del W7, y un par de graves fallas mías.

Por si acaso, en las Power Options del W7 anulé la hibernación, o «la puesta a domir», de monitor y discos. En adelante, cuando vaya a dejar sola por tiempo la PC, cerraré antes todos los programas, en especial el Outlook, y la apagaré.

¿Por qué había fallado el monitor? Porque estaba malo. El 10/04 lo llevé al técnico, y el 12/04 lo recogí debidamente reparado, o al menos eso creo porque no ha fallado más hasta ahora.

Moraleja

A) Antes de alejarse por tiempo de la PC, lo mejor es apagar todo. Si al encender no reaccionara el monitor, hay que esperar a escuchar el sonido propio que precede a la petición de contraseña —asumo que, por simples motivos de seguridad, todos ponen contraseña al Windows—, y proceder a reiniciar ahí a ver si el monitor reacciona.

Si no lo hace después de 3 itentos de reinicio, lo prudente es conectar a la PC otro monitor para determinar si la falla es del sistema o es del monitor.

B) Usar como resolución del monitor una de las sugeridas por W7, algo que el XP no tiene. Por ejemplo, puedo ver que, para el monitor que uso, las sugeridas son las que se ven en esta figura:

En cada marca horizontal hay otra, pero aparecen en gris porque no están entre las sugeridas. Opté por la de 1600 x 900, con fonts al 150%, porque la recomendada. la de 1920 x 1080, me resulta difícil de usar.

 

C) ¡Y mucho cuidado con las mañas de W7!

P.D.– A quienes al leer esto piensen que parte de los problemas no me habrían ocurrido si en vez de usar Outlook usara yo directamente Gmail, por ejemplo, les recuerdo que en Gmail tengo 6 cuentas de correo —además de las varias que tengo en mi dominio—, porque manejo también las de familiares.

¿Se imaginan lo «cómodo y funcional» que sería tener que entrar a cada una de esas cuentas cada vez que se quiera usarla?

A esto hay que añadir que los señores de Google, así como los de Microsoft, cambian la interfaz de sus productos —en este caso, Gmail— cuando les da la gana, y el usuario tiene que dedicar tiempo a aprender cómo manejarse en la nueva interfaz, de igual forma que yo tuve que dedicar muchas horas a poner el W7 lo más parecido posible a cómo ya tenía, y tengo, el XP.

No, el lema «Permítanos pensar por usted», que una vez usó una conocida firma de publicidad, no va conmigo.

[LE}– Últimos desmadres del politiqués

2013-01-21

Amando de Miguel

Tengo ya una libretilla rebosante de nuevas adquisiciones del politiqués.

No se trata sólo de desmesuras léxicas. Simplemente los políticos gustan de introducir en sus discursos y declaraciones palabras rimbombantes, grandilocuentes, cultistas. De esa forma parecen muy leídos.

Adelanto algunos de esos vocablos para impresionar al personal: paradigma, pluridimensional, multipolar, espacio (en sentido figurado), enormemente, gestionar, intangible, reflexión, herramienta (en sentido figurado), entorno, proactivo, compartir, priorizar.

Lo fundamental no es dejar caer algunas de esas palabras sino repetirlas todo lo posible, vengan o no a cuento, hasta el hartazgo.

Jesús Laínz (nunca sabré si es Lainz o Laínz) se ha convertido en el principal trujimán de vocablos politiqueses. Ahora ha registrado en un restaurante este rótulo: «Menú sostenible». Es decir, el politiqués ha llegado al pueblo.

Desde luego, lo emplean a placer los economistas, según el montañés. La prueba es que ha oído decir a un economista prominente lo de «investimento» (= inversión).

Añado que puede haber un contagio entre el neologismo investir y el castizo embestir. Ambas acciones son decididas, violentas incluso. En la iconografía useña se maneja la imagen del toro para los inversores. No debe confundirse el toro con el buey (= toro castrado).

Blas de Lezo (un seudónimo) me envía un dolorido memorial en el que compara la sociedad española con «un buey al que se le puede conducir enganchado a un aro que le atraviesa la nariz». Supongo que sería mejor decir una argolla. La imagen es típicamente regeneracionista, como todas las organicistas. El origen está en el Leviatán de Hobbes o quizá en Santo Tomás, el Aquinate. Vaya usted a saber. Pero la sociedad no es un organismo.

Ignacio Frías me comunica que Aurelio Arteta tiene la misma afición que yo, coleccionar lo que él llama archisílabos y yo sesquipedalismos.

He elegido esa última voz precisamente por la ironía que supone ser una palabra más larga. Me congratulo de la afición de don Aurelio.

Mi siempre admirado Don Ignacio ha encontrado un sesquipedalismo en el ABC, de jugosa significación. En lugar de jurar un cargo público, los abecedarios ponen juramentar. Como es más largo, impresiona más. Pero juramentar es otra cosa, equivale a tomar el juramento a alguien, dice don Ignacio.

No estoy muy de acuerdo. Existe el verbo juramentarse (= comprometerse a algo mediante un juramento). Por tanto, los altos cargos juran su cargo y, en consecuencia, se juramentan a cumplir lo jurado. Bueno, en la realidad ni juran ni se juramentan. Ahora prometen, como dicen los niños.

Sobre los sesquipedalismos tengo algunas propuestas más. Ahí van: contextualización, interactuaccionar, transversalidad, sensibilizacionar. Por sílabas, que no quede.

El politiqués ama el cero

Lamento que a mí me guste mucho decir lo de «suma cero»; reconozco que es politiqués puro. Aunque tendría que decir «puro y duro». Lo mejor es «tolerancia cero», «coste cero», «crecimiento cero». Cero al cociente o cero patatero, vaya.

Eso que ahora está prohibido que los profesores pongan un cero a los alumnos ignaros. Podrían herir las sensibilidades de los pupilos y de sus progenitores.

Fuente: Libertad Digital

[*Otros}– Agustín de Betancourt y Molina, el ‘Leonardo Da Vinci’ Canario

Aunque muchos no conozcamos en profundidad a Agustín de Betancourt y Molina —su nombre completo era Agustín José Pedro del Carmen Domingo de Candelaria de Betancourt y Molina—, y nunca haya tenido él su merecido reconocimiento, fue como un «Leonardo da Vinci» Canario, nacido en el Puerto de la Cruz (Tenerife), en 1758.

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(Agustín de Betancourt y Molina)

Fue tan prolífico y genial como el italiano —cada uno a su tiempo, obviamente—, pues entre sus inventos se cuenta,

  • Una máquina epicilíndrica de hilar seda.
  • La máquina de vapor de doble efecto, parecida a la de Watt pero de superior rendimiento.
  • Un horno de destilación de hulla,
  • El trípode para romper cañones,
  • Un molino de subir agua,
  • Una máquina para cortar hierba
  • Los andamios de elevación de las columnas del Pórtico de San Isaac, en San Petersburgo.

Creó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales, fue director General de Correos, Consejero de Hacienda, etc.

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(Estatua de Agustín de Betancourt y Molina, en el Puerto de la Cruz, Tenerife)

Como quiso dibujar bien para sus diseños, se presentó en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla. Allí no fue aprobado, sino que ¡le hicieron Miembro de Honor de la Academia!

Fue gran matemático, ingeniero hidráulico, de minas, de caminos y canales, y dominaba la mecánica.

Unió Madrid con Aranjuez mediante telegrafía eléctrica el año 1797, es decir 47 años antes de que Samuel F. B. Morse lograra enviar sus puntos y rayas por un cable. Lo hizo cuando aún le faltaban 5 años a Alejandro Volta para descubrir la pila de corriente eléctrica, es decir, cuando aún no existía la electricidad que hoy conocemos.

Utilizó impulsos electrostáticos de la descarga de unas botellas de Leyden (antiguos condensadores eléctricos), cargadas con una máquina de Whimshurt, adelantándose casi 200 años a su época.

Los impulsos iban en codificación binaria en octetos, o conjuntos de 8 bits (cómo las computadoras) mediante 8 cables. Pero se adelantó tanto a su época que la electricidad que pudo usar (estática) no era fiable, por lo que se dedicó a perfeccionar la telegrafía óptica tipo Chappé.

Y así, el ingeniero Canario del que hablamos, llamado Don Agustín de Betancourt y Molina, tuvo una idea genial: Utilizó una «T» que giraba por su centro de gravedad con un timón similar al de un barco, con 36 brazos, con lo que podía representar 10 números y 26 letras. Los operadores no necesitaban saber los códigos, porque las letras estaban anotadas en el timón que posicionaba la gran «T» exterior.

El sistema era mucho más sencillo, efectivo y rápido que el de Chappé, funcionó entre Madrid y Cádiz, Madrid y Bayona, Madrid y los Reales Sitios de Aranjuez, El Escorial y Segovia, e incluso el propio Napoleón dijo que quería que en Francia se instalara un telégrafo «como el de Cádiz».

El mismísimo Chappé no lo permitió, porque su propio telégrafo iría al rincón de los olvidos y él era Director General de los Telégrafos franceses.

Godoy, Príncipe de la Paz y afrancesado, denunció a Betancourt por su herejía de decir que también podía enviar la palabra por medio de un cable electrizado, lo cual sonaba a brujería, y Betancourt tuvo que salir a toda prisa de España, pidiendo asilo en la embajada rusa.

A finales de 1807 viajó a San Petersburgo invitado por el Zar Alejandro I de Rusia y permaneció allí durante seis meses. Tras regresar a París para presentar con Lanz el Ensayo, regresó a Rusia donde permaneció hasta su muerte al servicio de Alejandro I.

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Medalla, emitida en Rusia, para conmemorar los 250 años del nacimiento de Agustín de Betancourt

Llegó a ser mariscal del ejército ruso, quedó adscrito al Consejo Asesor del Departamento de Vías de Comunicación. Posteriormente fue nombrado Inspector del Instituto del Cuerpo de Ingenieros y, en 1819, Director del Departamento de Vías de Comunicación.

A lo largo de los 16 años de su estancia en Rusia alternó la dirección académica del Instituto de Ingenieros con numerosas obras públicas, como

A partir de 1822 comenzó a tener problemas con el Zar y fue sustituido en la dirección del Instituto, quedando relegado hasta su muerte, ocurrida en 1824.

En 2008 se emitió en Rusia un sello (imagen de la derecha) conmemorativo celebrando los 250 años de su nacimiento,

A su muerte, en 1824, comenzó a utilizarse un telégrafo óptico con transmisión binaria de 10 bits que permitía 1.024 signos diferentes.

Fuente: Museo Elder

Rescatado para este blog por Manuel Alberto Gutiérrez

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COMENTARIOS

Roberto
Gracias a los dos, Carlos y Don Manuel A. Gutiérrez, por recordar a este ilustre e insigne canario que no ha recibido todavía el homenaje que se merece.

Aquí, junto a mi casa, en el Instituto Cabrera Pinto, de La Laguna (Tenerife) sí que le hemos honrado con un pequeño acto.

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutierrez V..

Sí, amigo Manny, me dijiste eso, pero ocurre que yo no recordaba la existencia de ese ilustre Canario, y menos recordaba haber distribuido algo acerca de su obra. Por tanto, lo tuyo fue para mí un rescate. Gracias d enuevo.

Manuel A. Gutierrez V.
Estimado Carlos, debo recordarte que el rescate mencionado está dentro de un archivo de respaldo titulado “Correos especiales (para mí) enviados por CMP” . Este tiene fecha 07/04/2003. O sea, acaba de cumplir diez años, y es, además de educativo, maravilloso.

Gracias otra vez.