En una velada yo
leí cierta poesía,
y el público que la oía
entusiasmado aplaudió.
Enseguida preguntó
quién los versos hubo escrito,
y al saber, por alto grito,
que los hizo un labrador,
silencio para el autor:
¡no aplaudió más el maldito!
En una velada yo
leí cierta poesía,
y el público que la oía
entusiasmado aplaudió.
Enseguida preguntó
quién los versos hubo escrito,
y al saber, por alto grito,
que los hizo un labrador,
silencio para el autor:
¡no aplaudió más el maldito!
Un hombre de la tercera edad fue al médico y le dijo:
—Doctor, creo que estoy ya senil, pues últimamente me he olvidado varias veces de subir el cierre de mi bragueta.
—Eso no es senilidad— replicó el médico—. Senilidad es cuando usted se olvida de bajarlo.