En una velada yo
leí cierta poesía,
y el público que la oía
entusiasmado aplaudió.
Enseguida preguntó
quién los versos hubo escrito,
y al saber, por alto grito,
que los hizo un labrador,
silencio para el autor:
¡no aplaudió más el maldito!
En una velada yo
leí cierta poesía,
y el público que la oía
entusiasmado aplaudió.
Enseguida preguntó
quién los versos hubo escrito,
y al saber, por alto grito,
que los hizo un labrador,
silencio para el autor:
¡no aplaudió más el maldito!