[*Opino}– Siéntate aquí, chaval / Arturo Pérez-Reverte

12-08-12

Carlos M. Padrón

Aunque nunca fui aficionado a leer periódicos, tal vez porque la tinta de su papel me causaba un cierto tipo de alergia, sí puedo establecer la clara y abismal diferencia entre cómo se escribía antes y cómo se escribe ahora; entre el interés que antes se tenía por escribir bien, y la ausencia de interés que ahora hay por eso.

Durante los cuatro años que viví y trabajé en Santa Cruz de Tenerife, conocí gente que compraba a diario el periódico principalmente para leer una sección sobre lengua española (significado de palabras, uso de expresiones, formas correctas de redactar, denuncia de gazapos, etc.), y de ahí me viene mi aplicación por ese tema y el que yo tenga en este blog una sección dedicada sólo a él.

Sin embargo, el interés actual es tan poco que ésa es la sección menos visitada de este blog. Por eso, y aunque nunca fui periodista, entiendo muy bien la queja implícita, y la denuncia explícita, en este excelente artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Tal vez yo no llegue a verlo, pero, de seguir esto como va, se llegará al español escrito sin acentos y con una reducción en las letras del alfabeto y su forma de pronunciarlas:

  • La ‘s’ sustituirá a la ‘c’ suave, y desaparecerá la ‘z’
  • La ‘k’ se usará en lugar de ‘c’ fuerte y de ‘q’
  • La ‘b’ será válida también para ‘v’, que desaparecerá
  • La ‘g’ será siempre fuerte, y no hará falta la diéresis
  • La ‘j’ sustituirá a la ‘g’ suave
  • Etc.

cambios éstos que tal vez hasta sean útiles, pero también desaparecerán las normas sobre el uso de signos de puntuación, y muchos de ellos (como el punto, la coma, y el punto y coma) vendrán a resumirse, como se vislumbra ya en inglés y en muchos que dicen escribir en español, en los puntos suspensivos y el guión.

Me pregunto cómo se haría entonces en casos como los ejemplificados en este archivo que me llegó por cortesía del amigo Juan Antonio Pino Capote.

Para verlo en formato PPS, clicar en File (Archivo) —arriba, a la izquierda— y después en Download (Descargar), que está al final del menú resultante.

***

12 de agosto 2012

Arturo Pérez-Reverte

Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo

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Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo, y eras un redactor novato que pisaba por primera vez la redacción, había dos personajes a los que mirabas con un respeto singular, mayor que el que te inspiraban los redactores jefes en mangas de camisa con tirantes y una botella de whisky metida en un cajón de la mesa, o los grandes reporteros con firma en primera página, a cuyas leyendas soñabas con unir un día la tuya.

Los dos personajes a los que más podía respetar un joven periodista eran el corrector de estilo y el redactor veterano.

El primero solía ser un señor mayor con la mesa cubierta de libros y diccionarios, encargado de revisar todos los textos para detectar errores ortográficos o gramaticales antes de que se convirtieran en plomo de linotipia. A veces, a medio redactar un artículo, te levantabas e ibas a plantearle una duda.

Solían ser cultos, educados y pacientes. A uno del diario Pueblo —lamento no recordar ya su nombre— debo desde 1973 un truco para no equivocarme nunca, después, al manejar debe y debe de.

Cuando es obligación, me dijo, pon siempre debe; cuando es suposición, debe de. Tampoco he olvidado su aclaración sobre leísmo y loísmo: Lo violó a él, la violó a ella, les violó la correspondencia.

El otro personaje era el redactor veterano. El primer día de trabajo, cuando te internabas entre aquel incesante tableteo de máquinas de escribir y teletipos mirando en torno con aire de parvulito desamparado, siempre había un fulano de cierta edad, sonrisa fatigada y ojos vivos, que señalaba la mesa que tenía al lado y decía: «Siéntate aquí, chaval». Así lo hacías; y de él, en los siguientes días y meses, aprendías sobre tu oficio más que cuanto escuelas de periodismo y universidades podían enseñarte jamás.

Solía tratarse de periodistas curtidos en la redacción; hombres en su mayor parte, aunque no faltaban mujeres. Anónima infantería, toda ella, sin demasiado futuro. Veteranos maduros, desprovistos ya de ilusiones o esperanzas, seguros de que su carrera profesional no iría mucho más lejos de aquella mesa y de la desvencijada Olivetti que había encima. Conscientes, a esas alturas, de que nunca llegarían a redactores jefe, y tal vez ni siquiera a jefes de sección.

Ese periodista veterano solía ser poco gregario, vagamente cínico, con un punto de simpática misantropía. Respetado por todos, aunque a menudo se mantuviera algo aparte de los compañeros que aún tenían ambición y esperanza.

Y tú, intuyendo que era precisamente él quien poseía las claves del oficio, la experiencia y las certezas que te faltaban, te dejabas adoptar con aplicación y respeto, procurando hacerte digno de su estima. Aprendiendo a la vez de sus conocimientos, su cinismo y su ternura. Yéndote luego de madrugada, al cierre de la edición, a tomar con él una copa -—ese personaje solía beber hasta el amanecer— y formular las preguntas oportunas para hacerlo hablar, y contarte, para escuchar de su boca los secretos fundamentales del oficio y de la vida.

Y él lo hacía con gusto, cómplice, generoso como si tu futuro empezase exactamente allí donde terminaba el suyo. Contagiándote el amor por el oficio, la fiebre que en su juventud tuvo, y que al hablar le afloraba todavía, pese a los desengaños, en las palabras y la sonrisa.

Y el día que, al fin, firmabas en primera página, te miraba orgulloso como un padre miraría a un hijo, o un maestro a un alumno aventajado. Sabiendo que tu triunfo también era suyo.

Ya no hay gente así en las redacciones. Ni corrector de estilo, ni viejos maestros con la clave del gran periodismo en los ojos cansados. Ni siquiera quedan apenas redacciones. Los tiempos cambiaron mucho las cosas, los periódicos de papel mueren despacio, las ediciones digitales sustituyen a los grandes rotativos que antes se apilaban en los quioscos —edición especial: Franco ha muerto— y los propietarios de medios informativos, prensa, radio y televisión, hace tiempo jubilaron a esa clase de gente.

Nadie quiere correctores de un estilo que no importa un carajo, y que, además, se consigue gratis, aunque de manera torpe e imperfecta, con los correctores informáticos. Tampoco hacen falta, ni conviene tenerlos cerca, molestos veteranos que abran los ojos a la carne de cañón barata que ahora exigen las empresas: jóvenes becarios mal pagados, pendientes de una pantalla de computador, nutridos con notas de prensa y mediante Internet, que ni siquiera duran allí lo suficiente para enseñar al joven que los sustituirá en el periodismo superficial e irresponsable, al que nuestro tiempo nos condena.

Sin nadie que el primer día de trabajo, al señalar una mesa cercana y decir «siéntate aquí, chaval» le abra generoso, desinteresado, las puertas del que en otro tiempo fue el oficio más hermoso del mundo.

Fuente: Finanzas.com

Cortesía de Leonardo Masina

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Doloras (III)

Una señora burlona
cierto día se mofaba
de un joven que se acercaba
hacia su fatua persona;

sujeto que hacia el hogar
del extranjero venía,
con ensueños de alegría
para a su madre abrazar.

Llegaba triste, harapiento,
como un mísero mendigo,
por lo que no halló un amigo
que aliviara su tormento.

——————————

Vio el joven a la señora
y pretende hacia ella ir;
pero ésta trata de huir
porque es pobre y la desdora.

Pero aquel hijo decía
en tan triste situación:
«¡Oh, madre, la bendición,
la bendición, madre mía!».

[*ElPaso}– En memoria de Antonio Capote Pozuelo

09-08-12

Carlos M. Padrón

Ayer, día 08/08, y según me notificó el amigo Roberto González Rodríguez «[Antonio Capote Pozuelo] murió esta mañana y será llevado a El Paso donde será incinerado, probablemente el viernes«.

 

(Antonio Capote Pozuelo. Foto, cortesía de Juan Antonio Pino Capote, tomada a mediados de 2009 en una reunión para los preparativos de la carroza que, durante los festejos de la Bajada de la Virgen de El Pino de ese año, usaría él con algunos parientes y amigos)

Creo que a fue en 1950 cuando comencé mi amistad con  Antonio Capote Pozuelo, a quien todos llamábamos Antonito Pozuelo porque ya había en el pueblo varios Antonio Capote.

Como éramos casi de la misma edad, compartimos actividades varias veces, sobre todo las de corte artístico que él montaba, algo en lo que, como se cuenta en el artículo que copio abajo, era él muy bueno.

La foto que sigue fue tomada el 21/03/1957 y corresponde a un número, ideado y montado por él, y al que tituló «Danza moruna», que formó parte de una «velada» de las que entonces se hacían en el pueblo.

 

De izquierda a derecha,

De pie: 1, María Hernández;  2, Jesús Capote (Suso «el de La Corrala»);  3, Carlos M. Padrón;  4, Antonio Capote Pozuelo † (de esmoquin);  5, Fernando Pino †;  6, Pedro Capote Cámara;  5, María del Carmen González (Carmina) †

De rodillas:  1, Juana Brito;  2, Imelda Martín

Y esta otra foto, tomada el 01/09/1957 durante la fiesta de El Pino, fue la última que me tomé en mi pueblo antes de «abandonar el nido», o sea, antes de abandonar El Paso y mi casa natal —el nido en que yo vivía con mis padres y hermanas— para ir a buscarme la vida por mi cuenta.


1, Mario Rigoberto Rodríguez (Pancho);  2, Antonio Capote Pozuelo † ; 3, Carlos M. Padrón;  4, Eleuterio Sicilia 

Habida cuenta de los complicados padecimientos que, desde hace tiempo, afectaban a Antonio Pozuelo, la noticia de su muerte casi que me resultó un alivio, y sólo me queda desear que descanse en paz.

Sobre su paso por El Paso —y valga la redundancia— cuenta bien el artículo que sigue, que me he tomado la libertad de reformatear.

Artículo relacionado: Coral Ntra. Sra. de El Pino (El Paso) – Concurso de habaneras

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08 de agosto de 2012

Alfonso J. López Torres

En el fallecimiento de Antonio Capote Pozuelo

Conocí a Antonio Capote Pozuelo en la farmacia de mi padre, Federico López Casanova, al poco de instalarme yo en El Paso, La Palma, recién llegado de estudiar en Madrid, allá por 1997.

Antonio vino a presentarse y, sin conocerme de nada, se plantó allí, dijo que venía porque le habían contado las lenguas del pueblo que llegaba gente nueva a esa ciudad, y a él todo lo nuevo le interesaba conocerlo.

Habló y habló más de una hora, apoyado en el mostrador de la farmacia y, a continuación, me dijo que yo le caía simpático, y que me invitaba a cenar esa semana en su casa a una de las tantas veladas lúdico, lírico y literarias que gustaba de celebrar allí, y de las que se sentía tan orgulloso.

Así fue y así fui. Me encontré en el umbral de su casa, mezcla de museo y de iglesia, mezcla de oratorio y de bohemia, con toda la ornamentación que todos esos lugares requieren y precisan, y un olor que impregnaba el ambiente, que en mi ignorancia desconocía y que, cuando pasó el tiempo y me atreví a preguntarle, me reconoció que era el olor a Betún de Judea e incienso mezclados.

Orgulloso, Antonio enseñaba su casa. Fotos y más fotos, muebles y más muebles antiguos y modernos restaurados en antiguo, retablos originales o figurados, figuras religiosas y paganas, vestidas o desnudas, cuadros, óleos, acuarelas y todo lo inimaginable…

Verdaderas joyas que, alguien como yo, recién llegado a El Paso, nunca imaginó encontrar allí pero que allí, en semi penumbra, estaban. Recuerdo, por encima de todo, la veneración a su madre, doña Luisa Pozuelo, de la que Antonio heredó su amor y pasión por la música, hecha realidad en su piano del que gustaba tocar, en esmoquin, bata de raso con pañuelo al cuello, o jersey de cuello vuelto.

Antonio me honró con su sincero afecto y su cariñosa amistad. Comencé a frecuentar con asiduidad sus veladas, sus fiestas y todo aquello que la imaginación desbordante de Antonio generaba e inventaba de celebrar con la menor excusa.

Allí conocí a la flor y nata de la cultura palmera y canaria: Elsa López, Pepe Dámaso, Jerónimo Saavedra, María Orán, José Antonio García-Quijada, Tomás Cabrera, y muchos más  músicos, pintores, escritores y políticos que por allí se daban cita.

Esos cenáculos de la calle empinada donde Antonio vivía, acogían, escuchaban, oían y callaban, pero, sobre todo, iniciaban e ilustraban a neófitos como yo a los que Antonio gustaba de enseñar a aprender.

Antonio también fue mucho más que eso:

  • Su brillante licenciatura en Bellas Artes por la Universidad de Madrid,
  • Su plaza de restaurador en Madrid, obtenida por oposición que permutó por la de profesor de dibujo en el Instituto Eusebio Barreto de Los Llanos —para poder dedicarse a cuidar de su madre, hasta que doña Luisa falleció—, donde impartió la docencia hasta su jubilación, y donde, hasta no hace mucho tiempo, los alumnos se ponían en pie cuando él entraba en clase en señal de respeto y cariño a su persona
  • Fue parte activa en la creación de la Coral Nuestra Señora de El Pino, de la ciudad de El Paso, coral de la que, por su insistencia, formé parte —y aún recuerdo sus peculiares métodos de ensayo, gritos incluidos— y de la que fue director largo tiempo, con brillantes resultados en forma de reconocimientos y merecidos premios
  • La gestación de la Camerata Luisa Pozuelo;
  • Su amor por el Club de Leones de El Paso, en el cual insistió en involucrarnos a los jóvenes y nos cedió el testigo, las ideas, los bártulos, las obras sociales, la escasa financiación, y a mí hasta la presidencia desde hace más de diez años); y, por último,
  • Su labor como Concejal de Cultura del Ayuntamiento de El Paso donde quizás no pudo desarrollarse ni lograr realizar todo lo que proyectaba y deseaba para su ciudad porque la política no está destinada a los espíritus libres.

Le faltó quizás el reconocimiento público por parte de sus paisanos, quizás ese Premio Canarias…

Éste es el Antonio Capote Pozuelo que conocí, que me honró con su cariño y su amistad, que me enseñó y me hizo pensar, reír y llorar.

Me hizo un día prometer que me acordaría de él cuando falleciera, y lo prometido se ha de cumplir.

Descansa en paz, Antonio.

Alfonso J. López Torres
Presidente del Club de Leones de El Paso

Fuente: El Apurón

Cortesía de Juan Antonio Capote Pino

[*Opino}– Las pupilas delatan la orientación sexual

06-08-12

Carlos M. Padrón

Si es cierto lo que cuenta el artículo que copio más abajo —cuyo título es «Tus pupilas delatan tu excitación sexual»

Pero que creo que debería ser «Tus pupilas delatan tu orientación sexual»—, opino que a esta investigación le faltó hacer, para cada integrante de esos grupos —hetero, bisexual y gay—, un exhaustivo análisis hormonal y del medio familiar y educacional en que se crió hasta su edad adulta, pues lo que la investigación ha puesto de manifiesto es el efecto, no la causa.

Por tanto, sí parece cierto que los métodos usados tienen problemas sustanciales.

Y eso de que «A las mujeres heterosexuales se les ensancharon las pupilas ante ambos sexos», no me sorprende, pues varias veces he dicho en este blog que, en contra de lo que comúnmente se cree y en contra de lo que las mujeres puedan decir, ellas, cuando no están de caza o repesca, se arreglan y emperifollan para ellas y no para nosotros.

Por tanto, sienten atracción entre ellas, y sí, tienen un tipo de sexualidad muy diferente a la de los varones. Qué relación haya entre esa diferencia y la forma en que la Naturaleza manipula a las mujeres, está por verse.

***

06/08/2012

Tus pupilas delatan tu excitación sexual

Existe la creencia popular de que la orientación sexual puede ser revelada por la dilatación de la pupila ante la visión de una persona atractiva, pero hasta ahora no había una evidencia científica.

Según una investigación que aparece publicada en la revista científica PLoS ONE, por primera vez investigadores de la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York) han utilizado una lente de infrarrojos especializada para medir los cambios en las pupilas de unos voluntarios que veían vídeos eróticos.

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La mirada de los voluntarios fue muy elocuente: sus pupilas se ensancharon ante las personas que, en las imágenes, les parecían atractivas, revelando de esa forma si tenían gustos heterosexuales u homosexuales.

Una investigación anterior de la Universidad Northwestern en Chicago (EE.UU.) encontró evidencias de que, efectivamente, algunos hombres se sienten sexualmente atraídos tanto por mujeres como por varones, analizando sus reacciones fisiológicas, como la excitación genital, ante unos vídeos en los que aparecían distintas parejas en actitudes sexuales.

Unos sensores detectaban una posible erección. Sin embargo, los científicos de Cornell creen que estos métodos tienen problemas sustanciales.

«Queríamos  encontrar   una   medida   alternativa   que  fuera  una indicación automática de la orientación sexual, pero sin ser tan invasiva como las medidas anteriores. La respuesta de las pupilas es exactamente eso. Esta nueva tecnología nos permite explorar la orientación sexual de personas que nunca participarían en un estudio sobre la excitación genital, como, por ejemplo, gente de culturas tradicionales. Nos dará una comprensión mucho mejor de cómo la sexualidad se expresa en todo el planeta»,

dice Gerulf Rieger, autor principal de la investigación.

Como era de esperar, los hombres heterosexuales mostraron una fuerte respuesta ocular a los vídeos sexuales de las mujeres, y poca a los de los hombres. A las mujeres heterosexuales, sin embargo, se les ensancharon las pupilas ante ambos sexos. Este resultado confirma investigaciones anteriores que sugerían que las mujeres tienen un tipo muy diferente de sexualidad que los varones.

Por otra parte, el nuevo estudio se introduce en un largo debate sobre la bisexualidad masculina. Algunos investigadores han señalado que los hombres bisexuales no basan su identidad sexual en su despertar sexual fisiológico, sino en cuestiones románticas y de identidad.

Contrariamente a esta afirmación, los hombres bisexuales que participaron en el nuevo estudio mostraron dilataciones importantes tanto ante los hombres como ante las mujeres.

Rango de sexualidades

«Ahora podemos sostener que el deseo flexible no se limita únicamente a las mujeres, algunos hombres también lo tienen, y se refleja en sus pupilas. De hecho, ni siquiera una división hetero, bisexual y gay cuenta la historia completa. Los hombres cuya identidad es sobre todo hetero, realmente existen tanto en su identidad como en la respuesta de la pupila; se excitan más ante los hombres que los heterosexuales, pero mucho menos que los hombres bisexuales y homosexuales», afirma Ritch C. Savin-Williams, coautor y profesor en el Desarrollo Humano la Universidad de Cornell.

Los investigadores confían en que su nueva investigación ayudará a una mejor comprensión de estos grupos, y apuntan a un «rango de sexualidades» ignorado en otras investigaciones.

Fuente: ABC

[*Opino}– España y el problema ahora atribuido al gap generacional

o6-08-12

Carlos M. Padrón

Por mis experiencias al respecto, y después de leer la serie de artículos de César Vidal sobre Las razones de una diferencia —la que existe entre España y otros países—, me atrevo a preguntar por qué en países como Inglaterra o Alemania, por sólo mencionar dos, no se ha dado el fenómeno generacional descrito en el artículo que sigue; no al menos en la magnitud que sí se ha dado en España.

Deduzco que si en España resultó así, no fue por el afán de ahorro y de vida espartana de los españoles que ahora están en sus 70 años o más, sino porque éstos se vieron obligados a vivir de esa manera ya que España quedó en la ruina después de la Guerra Civil. De no haber sido así se habría impuesto lo de que el deporte nacional español es la envidia, y habría ocurrido lo que ésta provocó después, cuando llegaron los años de las —ahora sabemos que falsas— vacas gordas.

Tampoco he visto que en otros países europeos haya tantas víctimas de las hipotecas prime, subprime, sub-subprime y demás, concedidas no sólo para comprar vivienda sino también nevera, lavadora, secadora, microondas, automóviles y otros artículos que, si bien se mira, no son de primera necesidad, aunque sí muy útiles, si no imprescindibles, para aparentar.

También César Vidal toca el punto de la versión que en España se le tiene al trabajo, algo que también comprobé durante mi estancia en ese país, al igual que lo han comprobado otros excompañeros de IBM que viven allá.

Pero un buen ejemplo de esto —y que corrobora lo que, en relación a «mancharse las manos» menciono a continuación—es lo siguiente.

En una visita que en 1985 hice a Londres me llamó la atención el aspecto, el vestuario y el afán de trabajo que se notaba en cuatro obreros, aparentemente ingleses, que, en plena calle, trataban de arreglar una alcantarilla. Estaban sucios, con ropas raídas y rotas, y con sus manos llenas de sabañones, pero fajados sin descanso como si tuvieran una lucha contra el tiempo.

Cuando después de esta visita fui a Madrid no pude menos que reparar en seis obreros que, también en plena calle, estaban haciendo lo mismo: arreglar una alcantarilla.

Pero éstos, a diferencia de los de Londres, estaban casi de punto en blanco, con monos/overoles/bragas (el nombre depende del país) limpísimas, si se toma en cuenta con qué estaban trabajando, y, mientras tres movían los picos y palas casi a paso de tortuga, los otros tres, sentados en bancos de plástico que seguramente habían traído al efecto, y fumando, miraban a sus compañeros y hacían chistes con ellos.

Después de un rato —pues me quedé viéndolos sin dar crédito a mis ojos— los grupos se alternaron, pero todo siguió igual: mientras tres trabajaban con visible pereza y falta de entusiasmo, los otros tres, cómodamente sentados, fumaban y hablaban con los tres de los picos y las palas.

Lo que sigue —y que copio entre comilla latinas, o sea, « y »— es el extracto de un comentario que un visitante español, que se identifica como Ricardo Martínez, residente en Reino Unido, puso el 23/06/2012 en el artículo «La generación que construyó España», artículo que, como ya dicho, copio íntegro más abajo.

«Yo nací en el 61 y llevo fuera de España desde el 89. Esto me ha dado una posición privilegiada al poder observar desde fuera el progreso del país. Durante los primeros diez o quince años el progreso era notable, y era algo que me ponía orgulloso, aunque nunca he sido un gran nacionalista.

Desde que estoy fuera he vuelto a España cada año a visitar a mi familia y amigos, y cada año yo flipaba mas, pues caminando por las calles de Zaragoza —ciudad en la que nací—, yo veía que había más BMW, Audi, VolksWagen y Mercedes que aquí. Y me preguntaba de dónde salía toda esa riqueza, todo ese dinero.

Aunque algo tiene, no se puede decir que Zaragoza sea una ciudad que tenga una industria enorme o potente, o un turismo o una actividad de servicios notable y determinada que pueda justificar semejante despliego de ‘riqueza’. A ver [….] a lo largo de los años para mí estaba claro que la gente estaba viviendo muy por encima de sus posibilidades. Y si el vecino conduce un no-sé-qué, pues yo conduzco el-no-sé-qué-plus-x que tiene más prestaciones.

El ejemplo de esos ‘expertos enólogos’ me ha encantado pues es la pura realidad y, para mí, el colmo de la gilipollez.

En la TV de Reino Unido pasaron un programa en el que le echaran tinte alimentario a vino blanco sólo para darle color de tinto, y de los diez ‘expertos’ que lo probaron sólo uno notó que había algo raro con aquel. Los demás empezaron con las típicas tonterías de los frutos del bosque, la mantequilla y el roble, describiendo los distintos aromas y cualidades del vino.

O el tema de los inmigrantes. «Mira tú, se están llevando los mejores trabajos». ¿Ah, sí? Es posible que haya algunos que hayan venido a chupar de la teta, pero estoy seguro de que la mayoría lo único que querían era trabajar y ganarse el sueldo honestamente, y venían a hacer esos trabajos que los españolitos no hacían por eran muy finos para mancharse las manos. ¿O no?».

***

11/03/2012

Fernando Sánchez Salinero

La generación que construyó España

“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos.

Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres; y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que, hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años ’70s. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare”.

Este pensamiento me hizo reflexionar entonces, y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres, y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles.

Son una generación que compraba las cosas cuando podía, y del nivel que se podía permitir; que no pedía prestado sino por estricta necesidad; que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”; que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba; y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa, y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades, y seguir viviendo en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

  1. “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos de un plumazo la cultura del esfuerzo y del mérito, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.
  2. “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo cual mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, cuentas que daban la impresión de ser inagotables, y que los Bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarrehipotecas.

Y entonces eclosionó nuestra generación (yo soy del 67): la generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá, dame”.

Y todos nos volvimos ricos —en apariencia—, todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión.

El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euros, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

—¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

—Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, y BMW para los españoles. Irrumpió Europa en nuestras vidas, y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos!

Además, llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego, a los dos años, otra fortuna por arrancarlas; que llegaba un momento en que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo en que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta Constitución.

De la siguiente generación, mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Ésa es la generación que, según dice el aforismo, será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo; y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más.

Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que, sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres, y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

Fuente: Blog de Fernando Salinero

Cortesía de Ileana Leyba

[*MiIT}– Un buen recurso para rebajar los archivos de Office Outlook

04-08-12

Carlos M. Padrón

En el artículo Cómo rebajar el peso de los archivos de Outlook, sin perder información conté, por supuesto, cómo hacía yo eso, y cómo al recurrir a exportar se pierden los atributos de las carpetas y hay que trabajar luego para ponerlas como antes estaban.

También he contado que, por razones de seguridad, los archivos de mi Outlook 2007 (OL) no los dejo en el disco ‘C’ —el mismo del Windows, y en el que Office crea por default esos archivos—, sino que los ubico en una partición especial, o disco lógico, al que llamo ‘O’. Y esa partición, o disco lógico, no está donde está la ‘C’ sino en otro disco físico.

Al referirme a OL hablo de archivos, en plural, porque, como también he dicho en otros artículos, tengo dos:

  • El Active, que es el de uso diario, y
  • El Archive, que es el histórico, donde guardo los correos de más de 6 meses de antigüedad.

Buscando rebajar el espacio ocupado en disco, sobre todo del Active, hace tiempo que decidí usar la opción de compactar, a la que se llega así:

  1. Con OL abierto
  2. File (Archivo)
  3. Data File Management (¿Manejo de archivos de datos?)
  4. Resaltar el archivo —que tendrá extensión .pst— que se quiera compactar
  5.  Settings (Configuración)
  6. Compact now (Compactar Ahora),… y dejar quieta la PC hasta que la compactación termine.

Otro método, incluso mejor, es éste, que es el que uso:

1.    Cerrar OL
2.    Abrir el Control Panel (Panel de control)
3.    Mail (Correo)
4.    Data Files (Archivos de datos)
5.    Resaltar el archivo —que tendrá extensión .pst— que se quiera compactar
6.    Settings (Configuración)
7.    Compact now (Compactar Ahora),… y dejar quieta la PC hasta que la compactación termine.

El compactado toma bastante tiempo, pero, supuestamente, recupera los espacios vacíos que quedan después de que en la limpieza de fin de semana borro los Deleted items de más de 15 días de antigüedad, y muchos de los más recientes pero que han quedado en los servidores.

A finales de mayo, antes de mi viaje a San Francisco, y habida cuenta de que hacía un año que no exportaba los archivos de OL, decidí exportar el Active aunque luego tuviera yo que trabajar para recuperar los atributos de las carpetas, pero quería llevarme en Mierdaptop unos archivos de OL lo menos pesados posible.

En el cuadro que sigue pueden verse los resultados de las compactaciones hechas al Active desde el 01 de enero de este año, cuando creé y formateé la partición ‘O’, y vale indicar que cada compactación tomó 45 minutos, o algo menos, tiempo durante el cual no hago nada más con la PC porque el compactado consume casi todos los recursos de CPU.

Columnas, de izquierda a derecha: Año-Día-Mes / GB ocupados antes de compactar / GB ocupados después de compactar / GB recuperados / Observaciones

En el cuadro también puede verse que la rebaja de las compactaciones nunca llegó a 1 GB, pero sí llegó a 1.85 GB cuando, en vez de compactar, exporté el 25/05/2012, antes de irme a San Francisco.

De regreso del viaje, los archivos de OL, actualizados al día, los instalé de nuevo al alcance del OL de mi desktop y, para mi desagradable sorpresa, cuando el 15/07/12 los «pesé» vi que el Active había aumentado su ocupación de disco hasta alcanzar los 4.26 GB, y que el compactado no lograba rebajarla en casi nada.

Ante esto, hoy se me ocurrió pasar al Archive todo lo que en Active tuviera más de 6 meses —y Active bajó de 4.42 a 4.20 GB— y aplicarle luego al disco ‘O’ el programa Defraggler —de Piriform los que también hacen CCleaner—, pues éste mostró que la fragmentación en ‘O’ era del 73%.

A ese mismo programa le pedí que desfragmentara ‘O’, y, luego de hacer la limpieza de los Deleted items, procedí a compactar el archivo Active —que, como dije, ocupaba 4.42 GB—,… y comenzó una operación que llegó no sólo a los 45 minutos sino que superó una hora, y para cuando había pasado la hora y media, lo cual me pareció anormal, decidí abortarla para comprobar si había resultados.

Y, ¡vaya que sí los había!, pues al «pesar» entonces el Active descubrí que ocupaba 3.41 GB, lo cual me animó a someterlo de nuevo a otra compactación que, después de casi una hora, cuando la aborté, porque tenía yo otras cosas que hacer, lo dejó en 2.37 GB.

Antes esto, lo puse a compactar a partir de las 11 de la noche, y a las 6 de la mañana encontré que, ya terminado el proceso sin mediar aborto, Active estaba ¡en 1.09 GB! Una reducción mayor que la de la exportación y sin las trabajosas secuelas de ésta.

Probé luego a compactar Archive —que también está en el disco ‘O’ y, por tanto, fue afectado por la desfragmentación—, y el ahorro fue mínimo: de 4.43 a 4.41 GB. Se entiende que así fuera porque de Archive no borro nada sistemáticamente como sí lo hago del Active.

Tal vez este buen resultado no se deba al Defraggler sino que igual podría haberse obtenido con otro desfragmentador, pero por ahora seguiré usando el Defraggler porque, además de otras características interesantes,

  • A diferencia de algunos otros, ofrece las opciones de no sólo desfragmentar un disco sino también un archivo o una carpeta
  • Da un reporte bastante completo sobre cada disco, incluyendo estado general y temperatura
  • Viene, además de en inglés, en otros varios idiomas, incluido español
  • Puede dejarse trabajando en el background, y así se actualizará automáticamente
  • Puede usarse para buscar posibles errores en disco, y
  • Es gratis en su versión doméstica