[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Otra joya de 1960 – Curso de técnicos en Caracas, y detalles asociados

La única foto es cortesía de Roberto Alibardi y Leonardo Masina.

Fue tomada en julio de 1960 al terminar un curso iniciado por el instructor Ernesto Dusio en la escuela IBM que estaba en Los Ruices (Caracas), y la que aquí pongo se ve mal por falta de resolución, pero como no tuvieron éxito las gestiones que Leonardo Masina y yo hicimos para dar con quien tenga la foto original, aprovecho para pedir a los IBMistas que lean esto que nos ayuden a encontrarla.

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De izquierda a derecha (no hago diferencia de filas porque todas las caras están visibles): 1, Amadeo Vázquez †; 2, X. Ascanio; 3, Ramón López; 4, Leoncio Romero †; 5, Joaquín Clavería; 6, Ildefonso del Moral; 7, Ángel Gil; 8, César Illeras; 9, José Padrón; 10, Juan Ruiz; 11, Antonio Ramírez; 12, X. Sánchez; 13, Fernando Rodríguez; 14, Vicencio Díaz; 15, Efraín Aponte; 16, Luis Gil; 17, Eduardo Romero †.

Los nombres me fueron dados, o ratificados, por el compañero exIBMista José Padrón, quien, además de hacer gala de excelente memoria —y no es la primera vez—, también me dio estas valiosas explicaciones.

Carlos, aquí van más datos.

  • El mismo día en que terminó el curso, X. Sánchez salió de la compañía para estudiar ingeniería.
  • Eduardo Romero †, era uno de los instructores junto a Ramón López.
  • X. Ascanio era el secretario de la escuela
  • Luis Gil se fue muy pronto, Antonio Ramírez salió un poco después, y Efraín Aponte algo más tarde.
  • César Illeras, Amadeo Vázquez, y Leoncio Romero —ya fallecidos los dos últimos— eran de IBM-Maracaibo.
  • Juan Ruiz, Ildefonso del Moral, y yo, José Padrón, éramos de IBM-Valencia, aunque al final los tres terminamos en IBM-Caracas.
  • El curso en cuestión fue el básico de Unit Record acerca de las máquinas, hoy día de museo, 077, 082, 421, 513, 519, 024, 056, y la 602ª, que era «El coco», y comenzó con operación, o sea, con el armado de tableros con cables que definían las acciones que realizaría cada máquina. Se inició con 30 estudiantes, y lo terminamos sólo los 14 de la foto (17 alumnos menos los dos instructores y el secretario), siendo Juan Ruiz el Nº 1.
  • Ernesto Dusio comenzó este curso como instructor pero debió regresar a Uruguay por el término de su asignación, así que Ramón López, que estaba recién transferido a Caracas procedente de Quiriquire, ayudado por X. Romero siguió con el curso, como instructor, hasta el final.

Había una lista de mérito que salía en la cartelera (¡Imagínate!). Se hacían exámenes por cada tipo de máquina, y el promedio de notas debía ser superior a 75/100. Por debajo de eso, estabas en la cuerda floja, y si no te recuperabas eras despedido. Estuvimos así por NUEVE (9) meses.

Lo de secretario y no secretaria puede que suene raro, pero es que una secretaria entre tanto «zamuro» joven era realmente un peligro. Hay que recordar que se trataba de la IBM de los años ’50s en la que los divorcios de IBMistas eran no muchos, notorios y nada bien visto,… por no mencionar los amoríos.

Al tal secretario —muy competente, por cierto— lo había escogido el instructor Ernesto Dusio para el curso anterior a éste, que fue en el que participaron Noel Ramírez, Fernando Frías, y otros.

Lo de los exámenes era realmente un karma: poco tiempo, sin libros, todo de memoria, con todas las trampas imaginables, etc. Los finales fueron catastróficos: sin tiempo para terminar y usando todos los manuales disponibles. Creo recordar que el de multiplicación con la IBM-602a empezó a las 10:00 de la mañana, y yo, que fui tercero, salí pasadas las 07:00 de la noche. ¡Y mejor no hablar del de división!

El lugar de Los Ruices donde estaba la escuela era para la época una verdadera zona industrial, y para dar una idea de cómo era la Caracas de entonces, basta con que diga que Juan Ruiz y yo, que vivíamos en San Agustín del Norte, salíamos para Los Ruices a las 07:00 —o máximo a las 07:10— de la mañana y llegábamos a tiempo para desayunar antes de entrar a las clases, que tenían el horario de de 08:00 a 12 y de 02:00 a 05:30. Era realmente otro tiempo.

DOS ANÉCDOTAS

Ésta es cruel.

En la primera parte del curso, después del segundo examen salieron 4 alumnos. El último en salir fue Patrick Bertou, a quien después de muchos años encontré como ingeniero investigador en el IVIC. Te imaginarás.

Y ésta, folclórica.

En algún momento durante el largo curso, entre maracuchos y valencianos alquilamos una casa en La Florida y vivimos en comunidad casi 6 meses, hasta terminar el curso…

Un abrazo, Carlos. Lo de la memoria sigue funcionando bastante bien. Aún me resisto a usar las calculadoras.

José Padrón (El Técnico)

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COMENTARIOS

Milton Dusio
Gracias por la publicación de esas nuevas fotos. Aprovecho a saludar a todos los exalumnos de mi padre, con los estuve en contacto y con los que no, y a Carlos que siempre nos ayuda a conservar la memoria.

Saludos,
Milton Dusio

Vicencio Diaz
Si algo he de escribir entre estos baúles de recuerdos, siempre será en pasado, pues son cosas pasadas y las más de las veces será sobre personas que son las cosas que recuerdo.

De las máquinas, empresa, procedimientos y esas cosas, procuro no recordar nada, aunque muy a pesar mío me es imposible lograrlo; aún tengo pesadillas, y sueño que es un día laboral cualquiera de aquellos años en que la semana tenía 37.5 horas que debían de reportarse con error de 1 minuto, cosa que habitualmente hacía los domingos por la tarde o noche.

Viendo la foto me fijo en Ángel Gil, de quien recuerdo su don de buen compañero y leal amigo que siempre le identificó, a quien, después de separarse de IBM, le dio por instalarse como empresario de una empresa conocida como “Micro Macro Mundo” en el CCCT y que tuvo bastante éxito. Pasado el tiempo, se les unió Guillermo Padrón, ex técnico de IBM en el área de educación.

El caso es que, por alguna razón que nunca me interesó conocer, ya que ambos eran amigos míos, alguna dificultad tuvieron y Ángel le pidió a Guillermo que se retirara del cargo. Al día siguiente me llama a la IBM Ángel y me cuenta que el menor de los hijos de Guillermo está muy mal en La Clínica La Floresta, que vaya y que le acompañe y le supla, pues, después de lo que había ocurrido, él no se sentía animado, pero que no dejaba de tomar en cuenta la necesidad de quien seguía siendo su amigo.

De esa pasta estaba hecha aquella generación.

Jose Padron (El Tecnico)
En referencia al retiro de Sánchez es cierto lo señalado por Vicencio, Trabajó unos pocos días.

Lo del destornillador, es también rigurosamente cierto. Era muy común entre los miembros del grupo señalar: “¡Pásame el Sánchez!”.

José Padrón (El Técnico)
Lo de General Motors (GM) fue realmente anecdótico.

Al momento en que regresaba de la competencia a IBM y se instalaba una 158 en Antímano, tuve el honor de recibir una llamada del propio Salvador Covelo para decirme que era muy importante que GM amaneciera trabajando el lunes.

Como las Leyes de Murphy no fallan, resultó que la 3830 tenía una tarjeta mala, y de ésas no había en stock, pero era igual a las del ISC del Computing Center. Al llegar a la puerta para hacer la correspondiente substracción, Freddy Rodríguez y mi persona constatamos que no podíamos entrar porque la puerta estaba cerrada con llave y las tarjetas de acceso no funcionaban.

Lo salomónico: fuimos a la mezzanina, Freddy se introdujo en el ascensor de forma que bajara a la planta baja, sacó la tarjeta, me dio un grito y subí el ascensor. Resolvimos lo de General Motors, que arrancó perfecto.

Francisco Alcalde voló desde Puerto Ordaz con la tarjeta en la mano y el lunes a las 08:00 am estaba yo en el Computing Center, haciendo show, para esperar a Alcalde.

A las 10:00 am arrancó la máquina de IBM, pero no sé cómo el Sr. Covelo se enteró y, muy serio, me dijo: “Padrón, la integridad de los equipos propios es algo inviolable,… pero GM era realmente muy importante”. Y allí quedó todo.

Leonardo Masina
Reconozco que, en ciertas ocasiones, y debido a la falta de disponibilidad de motorizados, abusé de la confianza de algunos clientes para que fuesen a buscarme un repuesto, mientras yo iba desarmando una unidad y así se ahorraba tiempo.

Alguna vez era en realidad para ahorrarse tiempo, pero otras –muchas– para quitarme la presión de encima, pero siempre de buena fe.

Leonardo Masina
Alberto, con respecto a lo de “comprar una caja de bits o bytes” hay una vieja historia entre los técnicos de IBM.

Resulta que un par de técnicos estaban en un cliente con un problema de memoria, y era justamente uno de esos clientes FASTIDIOSOS que se te ponía encima preguntando a cada segundo qué pasaba y cómo iba, hasta que a uno de los técnicos se le ocurrió una idea, y le propuso lo siguiente:

—¿Nos podrías hacer el favor de ir al stock de IBM en la California Norte y pedirles de parte nuestra que te den un paquete de 1.000 bytes, que se nos ha perdido?

El cliente, muy contento de poder colaborar, salió mandado hacia La California mientras los técnicos pudieron tranquilamente terminar su labor, sin tener encima la presión del cliente.

Alberto Lema
Amigos, qué grato es leer estas historias de los pioneros. ¡Qué hermandad la de ustedes en aquellos tiempos¡

Yo, afortunadamente, los conocí a casi todos, y eso que entré en el ’77, cuando ya se podían comprar unas cajas de bits y bytes… de las de 80 columnas, y memorias de más de 250Kb con las IBM-360.

Vicencio Díaz
A Leoncio, ¡cómo que le gustaban las alturas! Recuerdo ratos en Maracaibo cuando me contaba de sus incursiones en la apicultura, allá por los montes de Perija,

Lo que más recuerdo de Leoncio es su matrimonio en Tía Juana, en la costa oriental del lago. Para ese entonces trabajaba yo en la refinería de Amuay y me parece que en esos días estaba Rogelio Edreira haciéndole las vacaciones a Gastone Baro. Lo cierto es que, recibida la invitación, me las arreglé para salir, después de avisar a los compañeros de Maracaibo que yo salía para allá. De Maracaibo salimos César Illeras y un servidor, en mi carro, y otros, como Amadeo Vásquez, por otros medios.

¿Por qué recuerdo tal evento? Aparte de las bondades de los anfitriones y de la abundancia de todo lo que podíamos desear, al regreso tuve la suerte de ser acompañado —en mi carro y manejando yo— por César Illeras quien, afortunadamente, se mantuvo despierto todo el tiempo, y cuando mi carro enfilaba, sin control, hacia el borde de la carretera, César le dio un golpe al volante y, gracias a él y a dios, me desperté y asumí la posición de conductor.

Me había quedado dormido después de tanto manejar; ¿O sería de tanto comer y beber? Dios lo sabe.

Vicencio Diaz
El abuelo del grupo era Joaquín Clavería, y, como se ve en la foto, el más alto. Por aquellos días tendría más de treinta años y, aparte de ello, ya tenía una familia establecida. Vivía por Catia y le era muy difícil estudiar, así que en algún momento tomó una decisión heroica y, poniéndose de acuerdo con Amadeo Vásquez, rentaron un alojamiento en las cercanías de La Estancia, que creo que así se llamaba el edificio.

Y es que Joaquín ya estaba entrenado en eso de la toma de decisiones, pues era un exvoluntario de la Legión Española que estaba en el Sáhara, era un exmarinero y era un ex- muchas cosas, pero lo que no podía aceptar era ser un ex-IBM prematuro, por lo que se puso de acuerdo con Doña Julia, con quien lo sigue haciendo, y la cambíó por IBM cinco días a la semana.

“Er Juaco” y su reina viven en Los Castores, y creo que se alegraría mucho si alguno de sus entrañables amigos que haya perdido su agenda le pudiese llamar; el teléfono 0212-371-0432.

CMP
En respuesta a Luis Salazar.

Gracias, Luis. Ya hice las correcciones.

Luis Salazar
Un saludo muy cordial Carlos.

En efecto, se trata de dos “Romero” en la foto. El de la izquierda es Leoncio, maracucho de la Suc. IBM-Maracaibo, y el de la extrema derecha es Eduardo, argentino, de IBM-Caracas, ambos fallecidos y exelentes personas.

CMP
En respuesta a Luis Salazar.

Gracias, Luis, por tu aclaratoria,… que me deja una duda.

¿Había en el curso dos personas de apellido Romero? Porque para un Romero que está en la foto, José Padrón me dio el nombre de Leoncio, y ahora tú me das el de Eduardo, que acabo de ponérselo al instructor fallecido, pero ignoro si el tal Leoncio es en realidad Eduardo.

Carlos Salas
Saludos a José Padrón. Eficiencia al 100 %. Si no lo creen, pregúntenselo a la General Motros cuando estaba en Antímano.

Historia antigua pero inolvidable.

Carlos Salas

Vicencio Diaz
Sánchez, quien aparece en la foto como participante de la ceremonia en el Hotel Ávila, no creo que se haya retirado el mismo día de cierre del curso, pues para el momento de la ceremonia ya teníamos algunos días de trabajo.

Esto lo recuerdo porque ese día fue uno de los más amargos de mi carrera con IBM, y hasta pensé en presentar la carta de renuncia el primer día de la semana. La razón: Todos contaban sus éxitos; uno que si la unidad de impresión de la 421, otro que había solucionado un problema de 602A, y un tercero una caja de velocidad… Yo, un fracasado, pues desde que había salido del curso fui asignado, con Américo Cristini, en EdC, y ahí me estaba esperando una 024 en la que estuve hasta el día de la ceremonia sin saber qué era lo que tenía.

No se por qué razón pidieron ayuda justamente a Romerito, asignado a ls Shell, para auxiliar a su discípulo. El resultado fue que Romerito pidió scrapping para aquella sencilla máquina, y creo que hasta ahí llegó mi intensión de renunciar.

Aquella noche de la ceremonia supe lo que es una furtiva lágrima.

También recuerdo que nuestra fiesta de fin de curso la hicimos justamente en casa de Sánchez, en Valle Abajo, donde la pasamos como nunca por las atenciones que recibimos de su familia. Particularmente recuerdo a la hermanita de Sánchez, un poco menor que él, y que, por supuesto, fue como nuestra hada madrina y nos hizo olvidar cualquier momento difícil que hubiésemos pasado.

Una última de Sánchez. Entre el maletín de herramientas que recibimos había uno gordito como de 2′ y paleta ancha; no sé por qué motivo cuando necesitábamos de uno similar, decíamos: “Pásame el Sánchez”, explicación que quizás se pueda encontrar mirando la foto de aquel recordado momento.

Horacio E. Malcervelli
Estimado Carlitos:

Varios conocidos, en particular o indicado como nro. 17 “X. Romero”. Creo que es Eduardo Romero, técnico argentino (no sabía yo que había fallecido). No puedo precisar a fecha de su ingreso en IBM.

Ramón López, simpático colega, vivía, de recién casado, en la Av. Beethoven frente al Edif. San Francisco (donde yo alquilaba un dpto.) en las colinas de Bello Monte. Oscar del Barco, con su notable memoria, me puede corregir si estoy errado.

Mis saludos a los que todavía están entre nosotros, y el eterno recuerdo a los que ya partieron.

Horacio “machete” Malcervelli.

Luis Salazar
X. Romero (qepd) era mi gran amigo Eduardo Romero, venido de Argentina.

¡Gratisimos recuerdos de Eduardo!

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1972 (1) – Desayuno en el hotel Tamanaco

El año 1972 me ha resultado prolífico en fotos, y de ahí el ‘(1)’, pues ésta es la primera de las dos entregas previstas hasta ahora.

Las fotos —tomadas durante un desayuno habido en el hotel Tamanaco (Caracas) para, por lo visto, entrega de premios ganados durante 1971— han sido cortesía de Roberto Alibardi o Leonardo Masina.

La resolución no es muy buena porque, excepto la última, fueron sacadas de una revista IBM de ese año cuya impresión tampoco es muy buena.

En todas las fotos, y como de costumbre, menciono los nombres de izquierda a derecha,… y ¡qué maravilla! ¡¡Esta vez no hay ‘?‘!! Sólo estaba la ‘X’ del nombre de quien creí de apellido Wong, pero ya José Padrón me dio el nombre completo y correcto: Wing Hung.

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Foto 1. Un grupo de premiados durante el desayuno. Luego va en tres partes y con los nombres.

19720200=Desay. Tamanaco - Gpo. Leo Eladio Covelo Borges Sorando Almeida

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Foto 1a.

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Leonardo Masina, y Eladio Oliva.

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Foto 1b.

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Salvador Covelo (qepd), y Enrique Borges.

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Foto 1c.

19720200=Manuel Sorando, Carlos Almeida-Desay. Tamanaco-Leo Manuel Sorando, y Carlos Almeida.

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Foto 2.

19720200=Andrés Armas, Sergio Gil -Leo

Andrés Armas, y Sergio Gil.

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Foto 3.

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Carlos Domínguez, y Jaime Trillas (qepd).

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Foto 4.

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Ernesto Villamor, Jaime Trillas (qepd) , y Rogelio Edreira.

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Foto 5.

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Guillermo Fuenmayor, y Jaime Trillas (qepd).

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Foto 6.

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José Monque, y Manuel Peña.

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Foto 7.

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Juan Pablo Díaz, Jaime Trillas (qepd), y Rogelio Edreira.

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Foto 8.

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Juan Pablo Díaz, y Rolando García.

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Foto 9.

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Julio César Viera (qepd), y Rafael Colina.

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Foto 10.

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Marilyn Calvache.

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Foto 11.

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Rafael Mora, y Carlos Ocando.

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Foto 12.

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Rafael Mora, y José A. Díaz.

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Foto 13.

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Renzo Ragazzoni.

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Foto 14.

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Roberto Alibardi, y Jaime Trillas (qepd).

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Foto 15.

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Rolando García, Jaime Trillas (qepd), y Rogelio Edreira.

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Foto 16.

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Salvador Covelo (qepd), y Rebeca Perli.

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Foto 17.

19720200(P)=Leo Masina, Wong, Régulo Pérez -Leo

Leonardo Masina, Wing Hung, y Régulo Pérez (qepd).

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COMENTARIOS

Wilfredo Pérez
Hola. Soy el hijo de Régulo Pérez. Me gustaría tener más fotos de él, si las tienen. Gracias

Vicencio Diaz
Interesante observación; veo que te acercas a la verdad. El hombre no es hardware, tampoco software, sino ambas cosas, las cuales se deben de relacionar equilibradamente para que la vitalidad del conjunto se mantenga. Es el alma y el cuerpo, es el odre y el vino, es el espíritu y la carne.

Erradamente el hombre ha llegado a pensar que un pellejo sin vino puede durar, y es mentira, pero es lo que el hombre ve. Cuando por esas maravillas del tiempo al hardware humano se le conectó un cable por donde comulgar con otro ambiente, el hombre descubrió que no estaba solo; como una CPU rodeada de I/Os cuyo único destino es desgastarse irremisiblemente a pesar de todo el PM que le hagan. Pero a una CPU sola, sin vestido de ninguna especie, nadie la ve, estando viva está muerta, es pura pérdida. Es como un varón sin una hembra, es como un Xristo sin su iglesia, es como un dios sin su creación y sin hijos.

Leonardo Masina
Hola. Vicencio. Ya no me parezco tanto a esas fotos, pues después de años la carrocería no sigue siendo la misma, aunque el espíritu sí es el mismo, y eso es lo más importante. Además, doy gracias a Dios porque me sigue conservando una excelente memoria, y al leer y ver a todos estos amigos que se asoman al blog de Carlos siento como que el tiempo no hubiese pasado.

Muchísimos recuerdos y anécdotas han vuelto a mi mente, y eso me hace sentir joven, que es lo que más importa; la carrocería es lo de menos, lo importante es el motor. Sigo siendo como la 1130: los I/O, una mierda, pero la CPU una maravilla.

Vicencio Diaz
Ese cuento pasó para mi desapercibido a pesar de que fui testigo. Quien se encargó de ponerlo de manifiesto fue el mismo Antonio, quien debió ser impactado de tal manera que cada vez que se hablaba de Wing, contaba la historia.

En cuanto al porqué creo que era chino, es por aquello de callado, astuto y paciente. Fue mi compañero y creo que fui el motivo de su salida de IBM; no lo sé, pero espero que, según los comentarios que he escuchado, haya sido para su bien.

Por cierto, hablando de Antonio, luego de su retiro se instaló en Mérida, donde estar bien frente a “Las Cinco Águilas Blancas”, del otro lado del Albarregas, y me contaron, aunque no sé si fue un chiste, que, dentro de los límites amurallados de su casa, se puso a armar el velero de sus sueños. Me pregunto si terminó el velero y, en caso de que lo haya terminado, cómo lo bajó al lago, ¿por el Chama?

Yo sé que los técnicos que trabajaron en Maracaibo, allá por la década de los cincuenta, hacían cosas como desarmar las máquinas de la Shell, colocarlas en un camión y traerlas para Caracas, en un trayecto que a velocidad de burro tomaba casi una. Pienso que Antonio ha podido usar esa experiencia para bajar el velero, lo que doy como un hecho, pues, que yo sepa, todo lo que a ese hombre se le metió en la cabeza, lo logró. Creo que si aquel era chino, éste era andaluz.

CMP
En respuesta a Vicencio Diaz.

Vicencio, ¡te la comiste con este cuento de Parravano, Wing y la cadena de impresión!

Pero hay algo que me intriga, ¿cómo se te ocurre creer que Wing es chino? Smile

Vicencio Diaz
Simpática la foto, y así recuerdo a Leonardo. Espero que te sientas así.

De Régulo tengo muchos recuerdos. Cuando el cambio de frecuencia para la interconexión de las subestaciones nacionales con la red de EDC, él era técnico de CaFreCa.

De Wing Hung recuerdo muchas cosas, en particular mi primera TV a color, de 2X pulgadas, que fui a buscar a su casa. Callado, astuto, paciente. Creo que era chino.

De un curso de 2821 y 1403 que tomamos con Antonio Parravano recuerdo una anécdota que habla de esa sabiduría oriental que no tenemos. Armaba Antonio la cadena de impresión, con todo conocimiento y arte, cuando Wing le interrumpe:
—Sr. Antonio,…
—Espere un momento—, le contestó Antonio.
—Sr. Antonio—, insistió el chinito, con voz firme pero baja.
—Espere un momento—, le repitió Antonio.

El chino, paciente al fin, no siguió insistiendo y esperó el tiempo que le dijeron.

Terminada la operación del armado de la cadena, Antonio notó que no funcionaba bien como debía, y fue entonces cuando Wing Hung le mostró a Antonio una pieza, parte del ensamblaje, que Antonio no había usado.

Leonardo Masina
¡Correcto, José! Buena menoria; mejor que la mía.

CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).

Gracias, José. Ya hice la corrección.

José Padrón (El Técnico)
Carlos, no es Wong, se trata de Wing Hung, quien ahora está en Margarita como comerciante.

Fue uno de los técnicos de la /360-50, y existen muuuchas anécdotas de su paso por IBM.

Lo vi hace un par de años; estuvimos conversando más de 4 horas y nos pareció un ratico.

CMP
En respuesta a Alexis González Viera.

Gracias, Alexis, por tan emotivo mensaje y tan buenos deseos hacia mí.

Hacer eso que alabas me resulta placentero precisamente por lo que dices: porque nos une, revive sentimientos por tiempo dormidos, y restablece relaciones que casi habíamos olvidado.

Lo que me motiva a hacerlo es lo que ya he escrito en el blog y que repito ahora aquí: «Hay hechos que, cuando hago retrospectiva, me producen una mezcla de desasosiego, amargura y frustración al caer en cuenta de que nunca más he sabido de las personas que en ellos pasaron fugazmente por mi existencia pero que, como si de objetos celestes lanzados a gran velocidad se tratara, me rozaron y desviaron mi trayectoria de forma drástica e irreversible. Me parece injusto el no contar con un medio que me permita volver a ver a esas personas, bien sea para darles las gracias o para hacerles saber cómo influyeron en el curso de mi vida».

Pues bien, éste del blog es el medio que he encontrado para hacer saber, agradecer y reunir.

Gracias de nuevo, y un abrazo.

Alexis González Viera
Realmente, Carlos, debo reconocer que esta labor que te has impuesto tú solo es de un gran significado para todos los que hemos formado parte de esta maravillosa familia de empleados de IBM de Venezuela.

Es posible que tú, a través de todo este mundo informático, seas el punto de unión de esa nuestra familia. Nos traes alegrías, tristezas, emociones,… en fin, todo lo que forma parte de nuestras vidas y, lo más importante, que mantiene vivos nuestros mejores momentos y nos hace saber que hay personas que hemos dejado de ver o frecuentar, y el ver sus fotos revive los sentimientos de cariño y amistad que están guardados en nuestros corazones.

Dios te dé siempre este espíritu de armonía y perseverancia y, sobre todo, mucha salud para mantener unida a esta gran familia.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Gracias, Loe. Ya lo corregí.

Me hubieras dicho “carajitos” y habríamos terminado antes. Smile

Leonardo Masina
Foto 13. El apellido correcto es Ragazzoni.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: La impresora IBM-632,… con elásticos / Sergio Stecca

23-10-10

Sergio Stecca

Antes de contar la anécdota que sigue se requiere de una breve descripción del equipo involucrado: una IBM-632 que, en su máxima configuración, estaba compuesta por estas tres unidades:

1) Lectora de tarjetas de 80 columnas

Aparentemente fue un cambio de ingeniería de la perforadora/verificadora de tarjetas de 80 columnas.

Esta máquina se programaba mediante una tarjeta perforada que se colocaba en un tambor y que circulaba en forma sincronizada con las tarjetas de datos que leía.

Entre otras cosas, el programa del tambor definía la ubicación de los campos a leer y el arranque o paso de control de la máquina de escribir o la perforadora de tarjetas.

2) Máquina de escribir IBM estándar

Contaba con un teclado auxiliar numérico, y se programaba mediante una cinta mylar, de plástico, que se desplazaba en orden inverso al carro de la máquina.

En tal cinta se hacían perforaciones que definían el comienzo de los campos, el tamaño y características de los mismos, los cálculos que se efectuaban entre las 8 memorias de 10 dígitos cada una, y que representaban la capacidad total de memoria de esta computadora. También había perforaciones que daban arranque a la lectora y a la perforadora.

3) Perforadora

(IBM-632)

Era una máquina de perforación o digitación de tarjetas de 80 columnas que, además, recibía instrucciones automáticas desde el programa de la impresora y la lectora, y también mediante una tarjeta perforada de programa que, al igual que la lectora, se colocaba en un tambor. Este programa definía el lugar de perforación de los datos, y las funciones de arranque de la lectora y de la máquina de escribir.

Vale la pena destacar que, aunque los programas de las tres máquinas estuvieran bien hechos, todas ellas podían trabarse si alguna no terminaba exitosamente alguna de sus funciones, o si alguno de los programas perdía la sincronización con otro. Obviamente, no existía compilador que permitiera averiguar la causa de la parada.

La anécdota

Fui a atender una llamada de un cliente que, si la memoria no me falla, se encontraba entre Maracay y Valencia, muy cerca de la autopista. Se trataba de una empresa que, entre otros subproductos, hacía papel toilette.

La llamada era porque hacía falta arreglar un programa que por algún motivo dejó de funcionar. Así que llegué con mi perforadora de cinta mylar, algunas cintas de repuesto, unos cuantos clips y una cajita de fósforos.

Estos dos últimos elementos tenían por objeto el reparar o tapar alguna perforación que erróneamente se le hubiera hecho a la cinta mylar. El procedimiento consistía en sacar desde la perforadora de cinta un pedacito de ella, resultado de perforaciones anteriores, ponerlo cuidadosamente en el huequito que se quería tapar, calentar el clip con un fósforo y, suavemente, derretir hasta fundir la cinta con el pedacito.

Este tipo de reparación estaba prohibida por el Departamento Técnico, y me costó algunas «conversaciones» con Csaba Barany, gerente técnico de AM (Accounting Machines) en ese tiempo.

Grande fue mi sorpresa al percatarme de que había un atado de ligas o elásticos que, por un lado, estaba amarrado al extremo derecho del carro de la impresora, y por el otro a un clavo que se encontraba en la pared más próxima.

Como ya expliqué, el sistema entero se trababa si alguna función no se completaba. En el caso que nos ocupa el carro era de 18 pulgadas; en su parte izquierda había una forma continua de facturas con varias copias, y en su parte derecha otro formulario continuo que era el diario de ventas. El programa debía escribir ambos formularios, a la maravillosa velocidad de 10 caracteres por segundo.

Hay que aclarar que en aquellas máquinas no se movía el cabezal de impresión sino el carro. El peso de los formularios continuos, colgando hasta su respetiva caja, impedía que el carro pudiera regresar adecuadamente cuando la máquina recibía la instrucción correspondiente, y lo que el atado de ligas hacía era colaborar con el espiral de acero flexible que la máquina tenía dentro para tal propósito y que, debido al peso de los formularios, ya tenía la máxima tensión posible.

El atado tendría unas 100 ligas de goma, y la tensión debía estar dentro de un cierto rango pues, de lo contrario, o el carro no regresaba al punto o, sencillamente, no avanzaba al escribir. Por tanto, la cinta mylar tampoco cumplía su función y, en consecuencia, las instrucciones de programa perdían la sincronización con las de las otras máquinas, y el sistema total se trancaba. Era como si en un trío musical dos de los músicos tocaran cumbia y al otro tocara joropo.

Como las ligas se iban estirando con el tiempo y, además, su tensión variaba con la temperatura, el operador tenía un atado de repuesto, pero como ajustarlo a diario le tomaba mucho tiempo, exigía una solución… inexistente.

Y aquí se me ocurrió la GRAN SOLUCIÓN: en lugar de agregar o eliminar ligas del atado, y hacer una gran cantidad de pruebas en las que se estropearían varias facturas, ¿por qué no colocar la Impresora más cerca o más lejos de la pared hasta lograr la tensión adecuada? Y así lo hice.

Aproximadamente un año después tuve que volver al mismo cliente para desarrollar un nuevo programa, y supe que el operador no había reclamado más por el problema técnico de la IBM-632 ya que éste había sido resuelto en forma exitosa y práctica.

Sergio Stecca Battistella

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Mi Entry Level Training (ELT) en 1968, y después / Juan Fermín Dorta

 06-09-10

Juan Fermín Dorta

Carlos M. Padrón, Juan Fermín Dorta, y Enrique Novella

Carlos, me han llegado algunos comentarios sobre el ELT —mucho cuidado, ¡eh!, siempre positivos—, sin importar quién y en qué época los dirigió, y me gustaría compartirlos con tus lectores.

Cuando entré en IBM me dieron el libro IBM. Sus creencias, el Manual de Ventas —dos libracos impresos en letra Pica 8—, unos folletos, un escritorio, una silla,… y en la nuca la mirada de mi profesor y amigo José Avendaño Araque.

En el aire estaba la promesa de asistir a un curso de dos meses en Cuernavaca (México), y así fue. Agustín Hernández, Luis Somoza, Ángel Fernández, Nelson Galante Gatto, y Juan Fermín Dorta fuimos enviados a México.

Antes de viajar nos había reunido Don José—otro personaje digno del Baúl de los Recuerdos que nos dijo: ¨Quiero que la presidencia del curso la gane un venezolano¨. Y así fue. Desplegué mis previos conocimientos de sistemas y procedimientos, de técnicas de presentaciones —eso por lo que a veces me dices que soy un encantador de serpientes — y, dale que te pego, me traje esa presidencia.

Hotel Reforma, en el D.F. de Ciudad de México, Casino de la Selva, en Cuernavaca, donde todas las tardes llenaban la piscina de flores,… y yo nadando espalda, estilo Esther Williams en “Escuela de Sirenas”, mientas tarareaba un vals. ¡Epa! Muy varoncito pero, como antiguo competidor de natación, malo con ganas, aunque nadador al fin, gozando aquellos momentos.

Luego la poderosa “chela” y a jugar bowling mientras llegaba la hora de la cena.

Esto sólo duró dos días porque luego nos internaron en la Villa IBM bajo un régimen monástico, ascético, recoleto, escaso de comida y de diversión, etc. Como dijo Messi hace unos días: “¡¡¡La concha de la Venus de Botticelli!!!».

Éste fue mi ELT.

Todos tenemos recuerdos en nuestras vidas —nuestra infancia, el colegio, las vacaciones de verano, el primer amor, etc.— pero este breve artículo da cuenta del principio de una emoción que duró más de una década.

Cuando en todos los cursos y talleres hablamos del sentido de pertenencia, de sudar la camiseta y otras expresiones similares, los amigos IBMistas estarán de acuerdo conmigo en que eso no es sino amor por una empresa que nos dio las mejores oportunidades, nos ayudó a crecer, reconoció nuestros logros y nos dio la segunda oportunidad cuando nuestro rumbo así la necesitó.

Gracias amigos, colegas IBMistas, un fuerte abrazo de Juan Fermín.

~~~

 Y sigo con los ELTs.

Cuando nos entrenaron en Endicott (NY) en el Centro de Educación IBM, recibimos varias enseñanzas.

Una de ellas era que nunca se faltara al respeto debido al individuo –un Principio IBM– y otra es que sin faltar a ese principio lo lleváramos a extremos tolerables pues “en el ELT habría una segunda oportunidad mientras que en el campo se podía perder una venta. Y así comienza nuestra historia.

Empieza uno de los cursos, y entre los alumnos está una delicada flor del jardín del rey Salomón. Blanca, estilizada, algo tímida parecía la niña. Como parte de la técnica era que todos participaran a través de dinámicas de grupo, pues que le llega el turno a la humilde florecilla.

Ante aquella Judith prepotente pidiendo la cabeza del Bautista, salió esta dulce criatura, mirada al suelo, como esclava presta al sacrificio. Los 5.752 años de persecuciones estaban representados en su actitud.

No puedo recordad qué tipo de call hicimos, cual fue el tema, qué situación dramatizamos, sólo sé que esa dulce niña aguantó la carga de la brigada ligera pero no pudo contener el llanto. Terminó este dramático call y todo quedó en anécdota.

Pasan los años —“que 20 años no es nada”, como dice el tango—  y un día,  entrando a IBM, la misma joven que me saluda y me dice:

—Profesor, no me va a creer, pero en la primera visita de mi primer cliente me salió la misma objeción que tratamos en el curso. Salí como una rosa. ¡Gracias, profe!

Y Alegría Levy me dio un tierno abrazo.

A los ELT de mi época asistían habitués: Carlos Padrón, por ejemplo, para aplicaciones financieras; Juan Llorens para Data Base, Symche Wacksol (El Dr. Robertson) para hablar de lo que fuera, que siempre quedaba bien, y así por el estilo.

Era gente profesional que iba a compartir sus conocimientos, pero a veces se hacían invitar algunos que, como no estaban a la altura ni en conocimientos ni en actitudes, no aportaban nada positivo. Bueno, ocurre en las mejores familias.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Del sistema MABS y peripecias asociadas / Leonardo Masina

IBM – MABS/7 (Maritime Application Bridge System)

Estamos en 2010. Comparado con un pequeño aparato llamado GPS —del tamaño de una cajetilla de cigarrillos, que cuesta menos de $100 y que está, por tanto, al posible alcance de una grandísima mayoría, y algunos vehículos y teléfonos celulares lo tienen instalado—, el que voy a mencionar parecerá cosa de nuestros abuelos (y lo digo yo, que ya soy cuadri-abuelo), por no decir que parecerá algo prehistórico, pero así son las cosas.

Como preámbulo a esta historia hay que explicar que IBM, además de las divisiones de computadoras comerciales que la mayoría conocemos, tenía una división llamada FDS (Federal System Division) que desarrollaba productos CONFIDENTIAL RESTRICTED, sobre todo para el sector militar (como radares inteligentes), para la NASA (para sus computadores de a bordo de las naves espaciales), y para otros entes federales (como los sistemas utilizados por los controladores aéreos).

Con el tiempo, muchos de esos proyectos pasaban a formar parte de la producción de máquinas y dispositivos para uso del sector comercial.

 

La parte que sigue la cuento como me la contaron

 

No lo he vivido ni lo he visto, pero parece ser que IBM, ya a finales de la década de los ’50s (y posiblemente antes) había desarrollado una máquina para la división FDS que luego se convirtió en la comercialmente llamada 1720 que pertenecía a la categoría de los Real Time System.

Aparentemente esa máquina y sus sucesoras —la 1800, el System/7 y el Series/1— tuvieron un uso militar muy amplio en la división FDS, mucho antes de que se usaran en lo civil.

Basado en programas anteriormente utilizados en el sector militar, a comienzos de los años ’70s, utilizando una 1800 montada en un barco, IBM empezó a desarrollar aplicaciones civiles para un sistema de navegación comercial que se denominaba MAS (Maritime Application System), y uno de sus logros fue llevar un barco, sin intervención humana, desde el puerto adriático de Trieste hasta Melbourne, en Australia, circunnavegando África.

 

Hay que aclarar además que en esas fechas los únicos sistemas “comerciales conocidos” como sistemas de posicionamiento por radionavegación —que, cada uno por su lado, cubría sólo parte de océanos y mares, aunque había ciertos solapes— eran:

  • Omega: Con 8 estaciones transmisoras alrededor del mundo.
  • Decca: Era utilizado en casi todas las costas del mundo, y se calcula que existían alrededor de 185 estaciones integrantes de 49 cadenas del sistema.
  • Loran-C: Ofrecía seguridad para la navegación oceánica, el acceso a la costa y la entrada al puerto, estaba más desarrollado en Estados Unidos y sus fuerzas navales tenían 13 cadenas, de las cuales 7 se localizaban en el Océano Atlántico y 6 en el Pacífico.

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(Mapa cobertura LORAN-C)

Estos sistemas eran capaces de medir la diferencia de distancias del receptor a dos balizas de posición conocida. Utilizando dos medidas de este tipo, se podía conocer la posición como el punto de corte entre dos hipérbolas.

Por medio de la instrumentación de a bordo —que eran las cartas náuticas y receptores de radio especiales que daban unas coordenadas basadas en las hipérbolas captadas— con cierta aproximación era posible —dependiendo del tiempo, del día o de la noche, ya que eran muchos los factores que podían alterar los datos— ubicar la posición geográfica del barco.

Lo que hizo IBM por algunos años, con barcos del tipo del que navegó de Trieste a Australia, fue obtener los datos de posicionamiento por radionavegación de los sistemas de navegación y compaginarlos con las cartas de navegación.

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(Ejemplo Hipérbolas)

Cuando en 1974 IBM anunció el producto comercial final, basado en un System/7, al que llamó MABS/7 (Maritime Application Bridge System/7), ya que el termino MAS resultaba ya registrado, había ya varios barcos navegando por el mundo a nivel experimental, e IBM vendió, además del hardware, el paquete de software con toda la cartografía correspondiente a los tres sistemas de radionavegación arriba mencionados

Terminado el cuento.

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En Julio de 1974 tuve que viajar a Bruselas para estudiar este nuevo sistema. Éramos seis técnicos especialistas en System/7, venidos de puntos geográficamente estratégicos y que tendríamos que dar soporte a los técnicos locales que cubrirían prácticamente la geografía de lo que definiríamos EMEA (Europe – Middle East – Africa) y América:

  • España tenía la responsabilidad de cubrir la península ibérica y la costa africana, hasta las Canarias y alrededores.
  • Dinamarca: los países escandinavos, Islandia y Groenlandia.
  • Alemania: parte del canal de la Mancha y del mar Báltico.
  • Reino Unido: Irlanda, parte de sus colonias, y el mar del Norte.
  • Sudáfrica tenía que encargarse desde el sur del continente africano hasta el golfo Pérsico.
  • Venezuela: todo el continente americano excepto Estados Unidos y Canadá, o sea, desde el Golfo de México hasta la Tierra del Fuego.

Resulta que la ESSO, o EXXON, —para ver fotos de petroleros de la flota Esso y sus características, clicar AQUÍ— había firmado un contrato muy importante con IBM para montar este sistema inicialmente en todos sus buques petroleros de gran tonelaje —ULCC y VLCC— cuyas labores y trayectos principales eran cargar en el Golfo Pérsico, bordear Sudáfrica, dirigirse hacia las Islas Canarias, y desde ahí tomar tres posibles rutas:

  • 1. Hacia el Norte para descargar en Europa;
  • 2. Rumbo oeste para entrar al Caribe por Trinidad y Barbados y luego dirigirse rumbo a Aruba (donde ESSO tenía una refinería) o rumbo al Golfo de México; y,
  • 3. Rumbo hacia el suroeste, para Brasil y Argentina. Por ejemplo, el viaje de Ras Tanura, una isla que se utilizaba como terminal de carga en el Golfo Pérsico, hasta Aruba eran como mínimo 45 días.

(Los marinos que conocí en los barcos me comentaban que hasta la llegada en proximidad a las Islas Canarias ellos no conocían el destino final del barco, ya que eso se determinaba por las necesidades, el precio del crudo, y qué país estaba dispuesto a pagar más. ¡Marketing puro y duro!).

El día antes del comienzo del curso estábamos cinco alumnos reunidos charlando en el parking del Hotel Holiday Inn de Diegem, cerca de la escuela (zona del aeropuerto de Bruselas), y esperando el autobús del hotel para ir al centro a cenar, cuando llegó un Mercedes de elevada categoría, con matrícula española, y de él se bajó un hombre acompañado de una mujer que nos dejó a todos deslumbrados. Se trataba del sexto alumno. Por supuesto, de las especulaciones sobre cómo vivían los técnicos de IBM de España ni les voy a contar.

Durante los primeros días del curso prácticamente tuvimos un entrenamiento como si fuésemos marineros, o sea, nomenclaturas, términos y modos de actuar para las intervenciones en los barcos que, por supuesto fue sólo una bonita teoría, ya que en la práctica resultó todo otra cosa.

Aprendimos términos como popa, proa, babor, y estribor, que los pisos se denominan ‘puentes’, y muchos otras cosas de las que ya ni me acuerdo.

Nos explicaron cómo estaban hechos los superpetroleros, y que lo que era el área “vivible” del barco estaba en popa, en la parte trasera, y podía abarcar desde el puente o nivel 0 hasta 10 niveles hacia arriba (hasta el puente de mando), y muchos más hacia abajo (hasta donde estaba la sala de máquinas).

El puente era muy peculiar ya que por el lado de popa y por el de proa se extendía en dos terrazas que permitían ver perfectamente los laterales del barco, algo imprescindible en las operaciones de aproximación.

Los niveles o puentes normalmente eran por escalafón, del más alto al más bajo, o sea, debajo del puente de mando estaba el despacho y la cabina del Capitán, el despacho y la cabina del Oficial Jefe de Máquinas (que en rango de mando en el barco era el segundo de a bordo) además del cuarto con la estación de radio, y la cabina correspondiente al radio-operador.

En el nivel inferior estaban los comedores para oficiales y no oficiales, salas de recreo y juego, biblioteca, salas de televisión, etc.

En los niveles más abajo se encontraban las cabinas de los oficiales —primero, segundo y tercero— tanto para los oficiales de puente como para los de máquina. Y más abajo las cabinas de los no oficiales (timoneles, cocineros y otros cargos).

Las veces que dormí en los barcos, el camarote de huéspedes estaba siempre por debajo del camarote del capitán, o sea, bastante alto, pues estaba a nivel del comedor y de las salas de esparcimiento.

En la Marina Mercante existe un rango jerárquico muy estricto, y eso fue lo que quisieron transmitirnos en el curso.

Al capitán no había que molestarlo a menos que fuera imprescindible. Si teníamos que hablar con alguien, siempre había que buscar a la persona de mayor rango que estuviera presente.

Para uno como yo, que venía de IBM de Venezuela y que, aunque nunca le falté al respeto a nadie (o al menos eso creo), lo de los niveles jerárquicos me traía sin cuidado, era bastante incómodo —y se me antojaba una estupidez— tener que ceñirme a esa disciplina casi militar en virtud de la cual cuando yo necesitaba que, por ejemplo, el timonel hiciera algo, tenía que decírselo al primer oficial, para que éste se lo comunicara al segundo, y éste, a su vez, al tercero, quien, ¡por fin!, le diría al timonel que girara el timón.

Por suerte, eso a veces funcionaba según la tripulación, pues dependiendo el país de origen las había más flexibles o más estrictas.

Hay que tener presente además que en un barco se trabaja por turnos las 24 horas del día, los 7 días de la semana y las 52 semanas del año. De ahí la duplicidad y triplicidad de ciertos cargos.

Otra cosa que en el curso nos enseñaron fue cómo montarse y bajarse de un helicóptero, que NO TENÍAMOS que utilizar las escaleras de cuerda para embarcar o desembarcar, y un montón de precauciones sobre lo que podíamos y lo que nunca debíamos hacer, etc. O sea, pura paja ya que la realidad, por lo menos en mi caso, era que ¡HAY QUE DAR SERVICIO!

En qué consistía el sistema MABS/7

 

Como conjunto, este equipo era básicamente un System/7 totalmente “reforzado”, atornillado al suelo y anclado a la estructura del barco, como se ve en las fotos, para evitar que pudiera moverse o desplazarse.

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Con dos discos, uno fijo y uno removible; un teletipo como consola del sistema; un adaptador para la consola 5090; dispositivos I/O de Digital Input – Digital Output y Análogo Input – Análogo Output; y una serie de otros dispositivos RPQs

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Parte frontal y trasera del adaptador e interface MABS

para adaptar la instrumentación del barco, junto a toda una serie de otros dispositivos de output cuyo origen se notaba que no era el estándar de IBM sino algo muchísimo más sofisticado.

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Al System/7 le llegaba información desde,

  • Girocompás. Una especie de brújula mucho más sofisticada.
  • Auto Pilot. Que dirigía el timón del barco.
  • Sistemas de Radionavegación. DECCA, OMEGA, y LORAN-C.
  • Speed Log. Indicaba la velocidad del barco con respecto al agua.
  • Radar. Sistema de radio de medición de distancias y obstáculos.
  • Sonar. Para medir la profundidad del fondo marino.
  • Satélite. Primeros intentos de GPS.

Todos estos dispositivos, junto a los siguientes programas y aplicaciones, formaban el paquete del MABS/7:

  • Collision Assessment. Para calcular la posibilidad y el tiempo de colisión con un obstáculo u otro barco que se aproximaba.
  • Position Fixing. Para ubicar en todo momento la posición del barco.
  • Adaptive Auto Pilot. Para que el sistema tomase control del timón del barco.
  • Route Planning. Para seguir una ruta ya conocida.
  • Route Tracking. Para grabar en el disco una nueva ruta.

No les voy a «deleitar» aquí explicando en qué consistía todo el proceso y cómo estaba hecha la máquina, pues eso sería “sadismo puro y duro” de mi parte. Sólo explicaré qué es lo que la máquina hacía.

El System/7 era “transparente” para el usuario, y la generalmente no estaba en el puente de mando sino más bien en un cuartucho apartado y a veces un poco lejos; por ejemplo, donde se guardaban todos los mapas de navegación, o donde estaban los receptores (no las consolas) de los sistemas de navegación.

Lo que se utilizaba y sí estaba en el puente de mando era la 5090, que tenía una pantalla “radar” y un monitor de TV que hacía las funciones de consola y del cual se podía encender/apagar/re-arrancar o dar IPL al System/7 en modo remoto.

Consola 5090 del puente de Mando

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Una vez analizada y procesada toda la información recibida por el System/7, se comparaba con las cartas náuticas que el sistema tenía almacenadas en su disco y por la pantalla del radar la enviaba a la consola 5090  cuya imagen era similar a la del radar del barco pero en la cual se podían visualizar además:

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  • – Círculos. Identificaban un objeto en proceso de identificación.
  • £ – Cuadrados. Identificaban un objeto estático.
  • r – Triángulos. Identificaban un objeto en movimiento.
  • ¨ – Vector, siempre junto a un triangulo. Identificaba la dirección de movimiento del objeto con referencia al barco y su longitud, siempre proporcional con relación a la velocidad del barco.

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Una peculiaridad del radar de la consola 5090 era que de él se podían obtener imágenes relativas del tipo:

  • North Up. Ell Norte estaba posicionado en la parte superior del radar con el barco en el centro de éste.
  • Head Up. La parte superior del radar era la ruta que estaba siguiendo el barco, siempre estando el barco en el centro del radar.
  • Offset. De podía desplazar la posición del barco del centro hacia un borde, para obtener más visibilidad hacia el frente de la ruta.

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Cada objeto o símbolo tenía asociado un número de referencia que se podía visualizar en el monitor donde se detallaba su posición (latitud y longitud):

  • #xx. Si se trataba de un objeto en el proceso de identificación solo aparecían sus coordenadas a la espera de poder ser identificado;
  • #xy. Si era un objeto estático o £, se diferenciaba si ya se trataba de un punto conocido (boya, etc.) o un objeto nuevo, en ese caso había la opción de guardarlo en la base de datos como nuevo punto de referencia.
  • #xz. Si se trataba de un objeto en movimiento “r” y, en ese caso, indicaba su posición, su velocidad, su velocidad relativa al barco, y si había posibilidad de colisión, en el caso de que los rumbos se cruzaran, y en cuanto tiempo, dando así la opción de reducir o acelerar la marcha para evitar colisiones o tener que hacer maniobras arriesgadas.

Además de esto, por el monitor, cambiando la aplicación por teclas de función, se podía visualizar muchísima más información relativa a los datos que la instrumentación de a bordo enviaba al System/7.

Ya explicado un poco de qué se trataba el sistema, como final de curso nos tocó un “crucero” que en realidad era hacer prácticas en un ferry llamado Prince Philippe que hacía la ruta de Ostende (Bélgica) a Dover (UK), cruzando el Canal de la Mancha, o sea, uno de los tramos marinos con más tráfico del mundo.

Una vez en Dover, me “fugué”, o sea, me salté la parte de las prácticas correspondientes al retorno a Ostende, porque desde Dover tomé un tren hasta Londres y de ahí en taxi a Heathrow donde, por apenas minutos, logré llegar hasta la puerta del avión de Viasa, que ya habían cerrado, y pude embarcar para regresar a Caracas.

Al cabo de poco más de un año aproximadamente, cuando todavía no había visto yo mi primer barco, me llamaron para que fuese a Boca Ratón para un seminario de actualización, y ahí coincidí con varios especialistas MABS/7 useños y canadienses.

Una de las actualizaciones más importantes era la implementación del satélite, o sea, lo que se podría llamar hoy en día el GPS pero que entonces tenía el inconveniente de que, al necesitar recibir como mínimo información de tres satélites, muchas veces estaba fuera de servicio, pero cuando se conectaba reajustaba la posición del barco con más exactitud.

Algunos técnicos con los cuales coincidí, aparte de contarme sus experiencias con el MABS/7 me comentaron que ese sistema de consola y radar ya era utilizado, hace muchos años, por los sistemas de Control Aéreo que IBM había suministrado al gobierno de los EE. UU. para dirigir el tráfico de la aviación comercial y civil, o sea, que no era nada nuevo, sino la adaptación de una tecnología que era ya antigua para la FSD de IBM.

Otro detalle más que otro técnico me contó era que un sistema muy similar, en base al System/7 estaba instalado en los aviones espía AWAKS de la Fuerzas Aéreas de EE.UU.

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Siguen algunas anécdotas entresacadas de muchas otras.

***

Donde manda capitán no manda marinero

Fue sólo al segundo año —o sea, en noviembre de 1976— cuando recibí una solicitud de intervención para el Esso Wilhelmshaven que iba a atracar en la refinería de San Nicols, en Aruba.

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(Esso Wilhelmshaven)

Fui con recelo porque a mi esposa le faltaba sólo un mes para dar a luz, pero quise ir porque en dos años no había yo dado golpe con el MABS/7. La EXXON se había encargado de mi pasaje y alojamiento.

Cuando llegué al hotel, más que un hotel me pareció un burdel, lo cual me dejó bastante sorprendido, pero más sorprendido quedó el técnico IBM residente en Aruba que me preguntó cómo había ido yo a instalarme en un lugar así. Le dije que había sido escogencia de la EXXON y que ya veríamos qué hacer.

El barco estaba por atracar, así que nos fuimos directamente al muelle y embarcamos.

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(Esta plancha que se apoya en el casco del barco está en el muelle.Tiene unos de 4 metros de largo por 1 de ancho,y por chorros de agua se evita su roce con el casco)

 

Se trataba de un petrolero de unas 250.000 toneladas. Su longitud, de unos 350 metros, era impresionante. La tripulación era italiana y nos mantuvieron despiertos a base de café napolitano.

Prácticamente trabajé toda la noche, y ya al amanecer, cuando el problema estaba resuelto, nos fuimos a la oficina de IBM en Oranjestad desde donde llamé a mi casa en Caracas para saber cómo se encontraba Nelly, mi mujer, pero no contestó nadie.

Llamé entonces a casa de mi madre, también en Caracas, y tampoco contestó nadie. Intenté luego con la casa de la madre de mi mujer, y lo mismo.

Entonces llamé a mi padre quien, a mi pregunta asustada de “¿Dónde está Nelly?” me contestó: “Está en la clínica”, y mi susto aumentó,… pero resultó que Nelly estaba en la clínica porque esa noche a su madre la habían tenido que ingresar de urgencia y operarla de apendicitis.

Pasado el susto, busqué la manera de volar de vuelta a casa, y ya por la tarde conseguí vuelo a Caracas.

A partir de esa primera intervención las llamadas empezaron a ser más frecuentes.

La siguiente ya no fue tan agradable por cuanto el barco al que debía yo ir estaba fondeado en las afueras de Aruba y tuve que montarme en un remolcador —que hacía de estafeta de suministro a los varios petroleros fondeados— llevando conmigo el maletín de herramientas, dos maletas con repuestos y un osciloscopio.

Si alguien no se ha montado nunca en un remolcador, se lo recomiendo. Imagínense que se trata de un barco sin quilla, o sea, que no tiene estabilidad ninguna, y que con un estornudo empieza a menearse.

Intoxicado con el olor del combustible y del humo, que no se aguanta ni dentro ni fuera, y con el estómago revuelto, llegamos al barco después de unas tres horas de viaje en el remolcador.

Por las diferencias de tamaño entre remolcador y barco, la operación necesaria para subir a éste era como estar montado en un camión y tener que saltar sobre una rueda de Caterpillar —la plancha ilustrada más arriba— y luego tener que agarrarme firmemente a una escalera de cuerda para trepar por una pared alta como la de un edificio de 10 pisos. ¡EXACTAMENTE LO QUE NOS HABÍAN DICHO QUE NO TENÍAMOS  QUE HACER NUNCA!

Por supuesto, me negué a subir. Por radio llamaron a la central de la Exxon, y de ahí se comunicaron con la oficina de IBM en Aruba la cual de dijo que yo TENÍA ORDEN de subir.

El del remolcador tenía una arrechera que ni les cuento porque yo le había hecho perder el tiempo, y al final, nunca mejor dicho, porque “donde manda capitán no manda marinero”, me trepé al barco.

La reparación no me llevó mucho, pero el remolcador que tenía que venir a buscarme se hizo esperar por horas. Por supuesto, la vuelta fue igual que la venida, pero en sentido contrario…

Una vez en Caracas me quejé porque ésas no eran las condiciones estipuladas, no había seguridad de ningún tipo y yo estaba poniendo en peligro mi vida, además de que la finalidad por la que me habían mandado al curso era para que yo diera soporte a los técnicos locales, pero aparentemente ningún país quería tomarse la responsabilidad de poner a un técnico a arriesgar su pellejo y, sobre todo, correr con los costos de los seguros pertinentes.

~~~

Una permanencia obligada

Otra intervención para recordar fue la de una vez que me mandaron a Barbados para encontrarme con el Esso Africa II, un barco de unas 257.000 toneladas que tenía que ir hasta el Golfo de México.

Como de costumbre, remolcador, unas 4 horas de viaje hasta encontrar el barco, y, luego de trepar por la escalerita de mis amores, identifiqué el problema en pocos minutos pero, al no haber repuestos disponibles, hablé con el capitán y éste accedió a desviarse y pasar cerca de Aruba. Ante esto, tenía yo dos soluciones:

  • 1. Regresar con el remolcador, buscar un vuelo de Barbados a Aruba, luego conseguir el remolcador que me llevara al barco, trepar la maldita escalerita de cuerda, reparar la máquina y volver al remolcador; o,
  • 2. Quedarme en el barco, acordar vía radio que un remolcador se acercara al barco cuando éste estuviera en proximidad de Aruba, recibir la pieza, reparar la máquina, y regresar a tierra con el remolcador.

Creo que no hay que pensar mucho para saber cuál fue mi decisión: me quedé embarcado y el remolcador se fue.

Con eso no ahorré nada de tiempo pero sí me evité una bajada y una subida de escalera de cuerda, y dos viajes en remolcador.

Aprovechando la forzada permanencia en el barco pude enterarme de cosas que uno, en tierra, no conoce.

Pregunté por qué si los barcos eran de la Esso, con bandera liberiana y registrados en Monrovia, las tripulaciones no eran useñas.

La respuesta fue que la legislación y condiciones laborales marítimas varían de país a país, y me explicaron algo que ellos llamaban 6/60 – 5/50 – 2/20, etc.

La ley laboral marítima que rige es la del país al que pertenece la tripulación. Por ejemplo, para algunos países el marinero tiene que navegar 6 meses como máximo y le corresponden 60 días de vacaciones. Para otras tripulaciones, como la italiana, eran 5 meses máximo por 50 días de vacaciones, y así hasta llegar a la de Estados Unidos que impone 2 meses de navegación con 20 días de vacaciones.

Además de regulaciones en cuanto a días, las hay en cuanto a máximo de horas de trabajo y de turnos.

Por ese motivo, una tripulación useña sería inviable en un trayecto de ida y vuelta de Aruba al Golfo Pérsico porque éste toma, como mínimo, 90 días de navegación sin contar los días que hay que esperar para cargar, que a veces son muchos.

Además, en el Golfo Pérsico, a menos que haya casos de emergencia, no se puede desembarcar, y por ello los cambios de tripulación se hacían normalmente en Aruba y, con alguna excepción, en las Islas Canarias.

Supe, además, que bajo cubierta tenían, en calidad de obreros, a marineros filipinos y de otros países “tercermundistas” porque los podían exprimir como querían, algo que no me pareció nada humano.

Tengo que reconocer que la estadía en los barcos me resultó sumamente educativa ya que aprendí, además de lo dicho hasta aquí, muchas más cosas sobre la vida de los marinos.

Al día siguiente, en efecto, el capitán se aproximó a Aruba, un remolcador trajo el repuesto y, una vez instalado éste y que el sistema arrancara bien, el remolcador, que de muy mala gana se había quedado a esperarme, me llevó a tierra.

Inmediatamente me fui al aeropuerto para ver si conseguía un vuelo.

Mucho me costó justificar ante las autoridades de dónde venía yo, ya que en mi pasaporte no había ningún sello de entrada a Aruba, y mi pasaje era de Caracas a Barbados.

Al final, intercediendo de nuevo IBM, pude tomar un vuelo para Caracas.

~~~

El humor nipón

Otra intervención memorable fue siempre en Aruba cuanto me tocó ir a dar servicio a un barco, el Al-Duriyah, igualmente de la Esso pero con tripulación japonesa.

Como de costumbre, el barco estaba fondeado y, ante mi negativa a ir en remolcador, la orden fue la acostumbrada.

Una vez en el barco, pasado el mal rato de la navegación y de la escalerita, me encontré con una panda de japoneses de los cuales ninguno decía palabra en inglés y, por supuesto, llegar al capitán era misión imposible. Lo único que se me ocurrió fue enseñarles el badge identificativo de IBM, y me llevaron donde estaba la máquina.

Allí no había un alma; parecía un barco fantasma; y como por fantasmas me sentía yo espiado.

Después de cierto tiempo las necesidades fisiológicas empezaron a apremiar, así que me fui deambulando por el barco en busca de un baño, pero todo estaba escrito en japonés y los pocos “fantasmas” que encontré y a los que pregunté, lo único que hicieron fue sonreírme y desaparecer.

Me quedaba la alternativa de buscar la estación radio, búsqueda en la que no podía yo fallar porque ahí estaba seguro de que hablarían inglés.

Una vez encontrada, pregunté por el baño. El operador se limitó a sonreír también, ante lo cual me bajé el cierre de los pantalones e hice gesto como de querer orinar en la radio. De golpe el operador recordó saber inglés y me indicó dónde estaba el baño.

Desafortunadamente el problema estaba tomándome más tiempo de lo previsto, y como tampoco me avisaron del paso del remolcador estafeta, tuve que quedarme a dormir en el barco.

En todo el día no me habían ofrecido ni un vaso de agua, y mucho menos comida. Esa noche, a la hora de la cena, el radio-operador me avisó para que fuese a cenar.

Parecía una escena de “La última cena”: una mesa larga en uno de cuyos lados estaban el capitán y todos los oficiales, y enfrente una mesita en la que me sentaron de espalda a ellos. Y así cené solo.

Lo que me pareció notar, aparte de que se reían como si se burlaran de mí, era que ellos tomaban como medio vaso de cerveza mezclada con otro tanto de whisky.

Para cuando me fui, ya sus cantos se parecían a ésos tristes y despechados que se escuchan de vez en cuando en boca de soldados japoneses en películas de la Segunda Guerra Mundial.

Sinceramente, reconozco que me acobardé y que les tenía miedo, por lo que me quedé toda la noche trabajando para terminar e irme.

Cuando en la mañana vino el remolcador estafeta, todavía no había yo terminado, así que seguí con mi trabajo, que para el momento lo hacía en el puente de mando, y desde allí escuchaba un ruido raro, con cierto ritmo, que no supe lo que era hasta que me di cuenta de que al capitán le habían traído su entretenimiento: una caja repleta de pelotas de golf, y lo único que él hacía era golpearlas tirándolas al mar.

A mediodía me llamaron a comer. La misma mesa tipo “Última cena”, pero esta vez me permitieron sentarme en ella frente a los demás. Así pude confirmar mi sospecha: lo que bebían eran unos lingotazos de cerveza con whiskey.

Me sirvieron un filete de ternera realmente exquisito y tierno, y el capitán, con mucha amabilidad, me ofreció una hoja verde-amarillenta, parecida a una hoja de gelatina, del tamaño de las hojas para imprimir, y me dijo que eso era su pan.

Hice como para partirlo y me dijo que no, que tenía que doblarlo muchas veces hasta reducirlo al tamaño de un bocado, cosa que hice, y siguiendo sus indicaciones me lo metí en la boca y me lo tragué.

Sabía a demonios, a pescado podrido, y no me bajaba; en realidad eran algas marinas, y de ahí el intenso olor que despedía y el sabor a pescado podrido.

Quise beber agua, pero el capitán me dijo que no y me sirvió un vaso de su brebaje indicándome que me lo tomara. La sensación o efecto fue como que la hoja empezara a hincharse en mi estómago, y realmente me sentí fatal.

El coro de carcajadas sólo hacía aumentar la arrechera que yo tenía. Me levanté de la mesa sin terminar de comer y volví a reparar la máquina, y tal vez por la arrechera terminé casi de inmediato.

Una vez comprobado todo y tapada la máquina, llamé al radio-operador, le dije que estaba listo y que avisara al remolcador para que viniera a buscarme. Me respondió que sólo el capitán podía autorizar eso, pero que nadie podía molestar al capitán.

A todas éstas ya el capitán había vuelto a su “posición de combate” con las pelotas de golf.

Cuando intenté salir fuera del puente, un japonesito me lo impidió. Le di un empujón que casi lo hizo volar por los aires, abrí la puerta, salí, y el capitán, en su idioma incomprensible y con cara de oficial japonés de pocos amigos, me indicó que me fuese.

Vista su negativa a prestarme atención, y no dispuesto yo a seguir escuchando sus insolencias, agarré la caja de las pelotas de golf, se las tiré al mar y le dije que de inmediato llamara para que vinieran a buscarme.

Casi una hora después llegó el remolcador. Hice el viaje, bajé a tierra y, una vez en Oranjestad, me fui a la oficina de IBM y llamé a Boca Ratón, al centro del MABS, y reporté lo sucedido.

Por supuesto, me dieron toda la razón y me dijeron además que con ese barco, y específicamente con ese capitán, ya habían tenido varios problemas.

~~~

Suceso misterioso

Y aquí les va otra que, aunque no haya sido la última, fue la que hizo rebosar el vaso.

Me pidieron que fuera a Aruba porque el Esso Japan iba a descargar y luego fondear unos días para que yo pudiera terminar la instalación del sistema MABS y que, una vez terminada, me traerían al muelle. También me dijeron que llevara mi maleta porque me quedaría a dormir en el barco.

En efecto, esta vez parecía que todo iba a ser más simple, pues el barco estaba atracando en el muelle de descarga, lo cual no requería que yo viajara en el bendito remolcador y «disfrutara» de la escalera de cuerdas, y pude subir a él sin problemas.

Al poco tiempo me dio la sensación de que el barco se estaba moviendo y, en efecto, para mi sorpresa me dijeron que, por no sé cuál orden o problema, tenían que ir a fondear sin antes descargar.

La tripulación era italiana y, de verdad, gente muy amable y colaboradora, siempre disponible a hacerme un café y darme lo que pudiera yo necesitar.

La instalación de ese tipo de máquina era bastante complicada ya que, como los barcos están hechos todos de hierro, pasar cables y lo que se necesita no es tan simple. Pero, entre sus técnicos, mecánicos, electricistas y radio-operador, formamos un excelente equipo y pudimos adelantar muchísimo el trabajo.

Tanto la comida como la cena fueron excelentes, y la cabina muy cómoda, con su baño y todos los servicios.

Antes de ir a acostarme pasé por la oficina de radio y el operador me conectó para que yo pudiese hablar con mi mujer, y luego me dijo que pasara por el puente donde vi que los oficiales estaban haciendo una competencia a ver quién reconocía más estrellas y constelaciones.

Ya al siguiente día prácticamente la máquina estaba montada y lista para arrancar. Oí un crujido muy fuerte y luego como una sacudida tipo impacto, pero no noté nada más, sólo hombres en la proa del barco trabajando como apurados.

Para la cena me pareció raro no ver a casi nadie, y los pocos que había comieron rápido y se fueron.

Una vez terminada la cena quise ir al puente, y cuando intenté salir las puertas estaban selladas. Eso ya me resultó sospechoso. Fui al despacho del capitán y éste, aunque con renuencia, al final me dijo lo que estaba ocurriendo.

Resulta que a mediados de la tarde habían recibido la orden de atracar. La refinería tenía varios muelles, y las operaciones de descarga eran continuas durante las 24 horas del día, o sea, que salía un barco y entraba otro.

Cuando fueron a levantar el ancla descubrieron que se había quedado enganchada y el barco había sufrido una inclinación por proa, por lo que no estaba en su línea de flotación normal sino que la popa estaba más levantada de lo normal.

Cuando intentaron bajar la otra ancla, para ver si la podían enganchar de manera de aliviar la fuerza que estaba haciendo la primera y lograr desenganchar ésta, el sistema quedó bloqueado. Eso había sido la causa del fuerte crujido, seguido de una sacudida del barco.

Pero ése no era el problema más grave. Los depósitos de los barcos petroleros son como varias piscinas, una junto a la otra, cuyas paredes, de por sí, no podrían resistir la presión de un depósito lleno si el de al lado estuviera vacío.

Por ese motivo el vaciado y el llenado de los tanques tiene que ser controlado con muchísima exactitud para evitar desniveles que pudieran ser fatales. Además, los depósitos hay que llenarlos a tope para evitar la formación de gases que son sumamente explosivos.

Al estar el barco en esa situación de estrés podrían formarse pequeñas grietas que dejarían escapar gases y, además, el metal, bajo tensión y frotamiento, podría crear chispas que, junto con el gas, harían del barco una bomba flotante de 400.000 toneladas, pues el Esso Japan era uno de los de mayor tonelaje de la flota Esso.

El capitán me dijo que mirara a nuestro alrededor a ver si notaba algo extraño.

En efecto, cuando los petroleros iban a fondear, a su alrededor siempre había una decena de barcos que a veces por la bruma del mar, de día no se identificaban bien, pero de noche todos estaban siempre muy alumbrados y se distinguían perfectamente. Pero ahora ¡no había ningún barco! Al no habernos podido mover, todos los demás petroleros se habían alejado prudentemente y nos dejaron solos.

Otro problema muy grave era que estaba totalmente prohibido utilizar la radio, por lo que todas las antenas habían quedado desconectadas y apagados hasta los walkie-talkies, pues las radios que el personal utilizaba dentro del barco tampoco podían usarse porque todo lo que pudiera generar electricidad estática era, en potencia, una mecha que podría ocasionar una explosión.

Por supuesto, esto complicó la solución del problema del ancla porque no se podía utilizar ni soplete, ni taladro ni ninguna otra herramienta eléctrica.

No es que un petrolero despidiera buen olor, pero se me dijo que, para que me diera cuenta, sacase mi cabeza por la escotilla y oliese a ver qué notaba. En efecto, el olor era muy parecido al de una bombona de gas cuando se abre.

En pocas palabras, habíamos quedado incomunicados tanto vía radio como por el remolcador que hacía de estafeta. Los víveres no es que abundaran, pues cuando atracaron descargaron todo lo viejo que tenían almacenado pero no les había dado tiempo de reabastecerse.

De tierra no tenían manera de ayudarnos, y tampoco podía acercarse un helicóptero. Ésa era nuestra situación: ¡TOTALMENTE INCOMUNICADOS DEL MUNDO!

Esa noche la pasé fatal, tanto por lo que acerca de nuestra situación sabía yo ahora, como por el “llanto del barco”, que era como los marineros llamaban a los crujidos estridentes que se oían a cada rato, debido a la inclinación forzada.

Yo seguía con mi rutina de trabajo, pues tenía cosas que hacer, pero de noche no lograba conciliar el sueño porque no podía relajarme, además de que no podía comunicarme con nadie, ni siquiera con mi familia.

Después de unos tres días, cuando ya había casi terminado la instalación de la máquina, el monitor de la consola 5090 no había manera de que funcionara.

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Como se puede ver en las fotos, en la consola falta justamente el monitor y, en la foto de la derecha, el radio-operador, que sabía de electrónica y le gustaba, también venía de vez en cuando a intentar ayudarme.

El problema era que en el kit de repuestos (las dos maletas que siempre me llevaba), no habían incluido ninguna pieza ni repuesto para reparar el monitor, y los componentes electrónicos que tenían en el barco no me servían de mucho.

La situación se hacía crítica y tensa, pues escaseaba la comida y se notaba estrés en el ambiente. Y al estar encerrados e incomunicados, sin saber si en tierra tenían planificada alguna solución, y teniendo uno en mente a su familia, les aseguro que TODOS la estábamos pasando muy mal.

En la mañana del cuarto día hubo una gratísima sorpresa. Dicen que cuando Dios cierra una puerta, deja siempre abierta una ventana, y esa ventana fue para nosotros un pesquero venezolano que venía de la península de Paraguaná.

A alguien del barco se le ocurrió hacerle señas al pesquero para que se acercara. Yo hice de intérprete entre italiano y español, y, a cambio de whiskey, cigarrillos y otros licores, los del pesquero nos dejaron gran parte de su pesca.

El capitán les preguntó si les podía dar una lista de compras y que él les pagaría en dólares. Aceptaron, les dio una cantidad como anticipo y se fueron.

Yo aproveché y les di una tarjeta con instrucciones para que llamaran a IBM y a mi esposa, y dijeran que me encontraba vivo pero atrapado en embarco.

Por una parte, todos contentos porque había comida fresca, pero, por otro lado, todos pensando que los del pesquero no volverían a aparecer.

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Ese día el cocinero nos preparó una comida que yo nunca había comido y, sinceramente, creo que nunca volveré a probar.

Entre lo que nos habían dado había pulpitos pequeños, no más grandes que una mano. No se cómo se llama la receta ni me importa, pero los prepararon como crudos y marinados o cocinados en jugo de limón. Durísimos y casi imposible de masticarlos. Todos se relamieron, ¡yo, sinceramente, no!

Grata sorpresa al día siguiente cuando el pesquero venezolano apareció con algunos de los víveres que el capitán había pedido.

El pueblo de donde provenía el pesquero estaba lejos de Punto Fijo, y en ese pueblo no había todo lo que se les había pedido. Además, como no había comunicación por teléfono, quedaron en que al día siguiente traerían más cosas porque habían encargado a alguien del pueblo que se acercase a Punto fijo, hiciera las compras encargadas y avisara luego.

Ante esto, el ánimo de los marinos mejoró muchísimo. Tal parece que el poder comer algo fresco y decente trae más alegría al cuerpo.

¡Quién sabe si eso era lo que le faltaba al Oficial de Máquinas para encenderle el bombillo! Pero, de repente, y una vez terminado su café, se levantó de la mesa y dijo: “Si esperamos a que nos vengan a sacar de aquí, lo tenemos crudo. Se me ha ocurrido una idea que podría dar resultado”.

Su iluminación como que fue colectiva y me contagió. Recordé que en la oficina del capitán había visto un televisor y le pregunté si era un monitor.

Como el capitán no lo sabía porque sólo lo utilizaba para ver vídeos, le pedí que me lo dejase ver y, en efecto, tenía una entrada con conector BNG (uno especial tipo bayoneta) igual al monitor que estaba estropeado. Lo tomé prestado y, aunque sus dimensiones no eran iguales, pude adaptarlo provisionalmente a la consola de la 5090 y con eso pude arrancar el sistema y pasarle todas las pruebas. Por mi parte había sido todo un éxito.

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(Así quedaba el puente de mando con la 5090 al fondo. El timón en primer plano y el radar en el medio)

Durante la cena, el Oficial de Máquinas no se notaba tan entusiasmado, pero tampoco abatido, y dijo que tendría que seguir trabajando en el tema.

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(Vista de la proa del barco desde el puente de mando)

A la mañana siguiente, y una vez en el puente de mando, finiquitando yo la única parte de instalación en la que podía trabajar —ya que muchos instrumentos no se podía conectar por los problemas de estática anteriormente descritos— al asomarme al ventanal frontal me di cuenta de que en proa había gente (realmente, parecían hormigas) y en la distancia reconocí al Oficial de Máquinas, a otros que nunca había visto, y a un par de otros oficiales haciendo guardia con algo que me pareció un rifle.

Como a media mañana llegó el barco de los pescadores con más víveres. No todo lo que se les había pedido pero sí chivo (cabra), algo de verduras, gallinas y, por supuesto, más pescado. Nuestra subsistencia seguía asegurada.

Referente a las llamadas telefónicas que les había encargado no supieron decirme nada al  porque le habían pasado el encargo a otra persona.

A mediodía, cuando nos reunimos para comer, se me escapó la pregunta del porqué esas armas, y el Oficial de Máquinas me dijo que él siempre llevaba una pistola. ¿Motivo? Los marineros que trabajaban en “el infierno”, como él lo definió, eran filipinos y poco recomendables, y como en otras ocasiones había habido incidentes con ellos, era mejor prevenir que lamentar.

Comentó que la idea que él había tenido parecía que podía resolver el problema pero que tardaría todavía tiempo.

Nuestro pesquero “nodriza” seguía trayéndonos suministros, y nosotros con la barriga llena pero ya desesperados.

Ya no recuerdo si fue al octavo o noveno día cuando, después de comer, un golpe estremeció al barco. Me asomé al ventanal y vi a toda la gente corriendo de proa hacia popa, hacia la torre donde estaban las cabinas.

Bajé donde el capitán y lo encontré también intrigado. Al rato llegó el Oficial de Máquinas, todo sudado, y dijo textualmente: “Si no saltamos por los aires en las próximas dos horas, el problema ya está resuelto”.

Me quedé más que intrigado pero, por la leve sonrisa en sus labios y en los del capitán, me tranquilicé.

En efecto, había riesgo de que la segunda sacudida hubiera abierto fisuras, y, con sólo una chispa, unas fugas de gas podrían haber causado una explosión, pero, gracias a Dios —y como podrán constatar porque lo estoy contando—, no pasó nada.

Al cabo de un par de horas, al comprobar que todo estaba normal, por walkie-talkies pudieron comunicarse con el puerto y recibieron orden inmediata de entrar y atracar.

Ya con más calma, el Oficial de Máquinas me explicó que lo que había hecho fue ir desplazando crudo desde los tanques de popa a los de proa —o sea, rellenar a tope los de proa para ir aligerando los de popa— de modo que la inclinación del barco fuese algo más natural, se aliviara la tensión del ancla y se lograra liberarla por su propio peso, pues el ancla de esos barcos es enorme.

Luego, una vez liberada, con sistemas hidráulicos lograron desengancharla.

Lo que no entendí nunca fue el motivo de la sacudida. Creo que más bien lo que hicieron fue soltarla y que se fuese, con cadena y todo, al fondo del mar.

¡Ellos sabrán! Lo importante es que pudimos librarnos.

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(El “menda” esperando llegar a puerto y respirando aire fresco)

Llegamos a puerto como a las 11 de la noche. Por supuesto, yo tenía mi maleta lista y salí pitando del barco para dirigirme al hotel.

Lo primero que hice fue llamar a casa y comunicarle a mi esposa que estaba en tierra, que me encontraba bien, y que había habido un problema con las comunicaciones del barco y por eso, estando en alta mar, nos habíamos quedado incomunicados; y que le había mandado mensajes para que la llamaran pero que, por lo visto, no la habían llamado.

Me dijo que como a la semana de estar yo fuera, Uwe Petersen discretamente la había llamado para preguntarle, visto que mi ausencia se estaba prolongando, si necesitaba algo de dinero o ayuda (teníamos dos hijas que aún no habían cumplido los 2 años) y que, si yo llamaba, que se lo comunicara. Mi mujer, entendió que algo andaba mal.

Esa misma noche, en el hotel, recibí un mensaje del vendedor IBM y del analista responsable de la instalación de la aplicación, que habían llegado hacía unos días desde New York y me pedían que les avisase apenas estuviera yo de vuelta.

Esa noche dormí como un lirón, ya que llevaba muchos días que, con el “llanto del barco” no había descansado mucho. Me desperté bastante tarde, me comuniqué con el analista y quedamos en ir a comer juntos.

Les puse al tanto de lo que había pasado —creo que estaban más asustados y pálidos ellos que yo— y se lo pensaron mucho antes de querer embarcar. De hecho, lo dejaron para la mañana siguiente. Querían esperar a que el barco estuviese descargado.

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Así se veía ya el barco por la mañana.

Al cargarse los programas de aplicación hubo que comprobar que todo estuviera funcionando correctamente: toda la instrumentación de a bordo, el timón, girocompás, los sistemas de radionavegación, y todo lo posible e imaginable. Sólo faltaba el monitor, pues en Aruba tampoco había repuestos, y menos en Caracas.

Por las fechas de las fotos que hice, desembarqué el 22 de agosto de 1978, y creo que la última de esas fotos, que es la que sigue, fue tomada el 27 de agosto.

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Creo que fue ese día cuando volví a Caracas. No recuerdo con exactitud, pero seguro que mi estadía llegó a superar las dos semanas.

El lío que armé cuando volví a IBM creo que “alguien” no lo olvidó jamás.

Por supuesto, en ningún momento quise echarle la culpa a mi gerente directo, porque hay cosas que se notan a leguas, y todas las veces que yo había llamado, inclusive en intervenciones anteriores, pude corroborar que ellos (digo ‘ellos’ porque en el periodo en que di servicio a estos barcos tuve dos gerentes diferentes), no sabían nada y nunca habrían dado ciertas “autorizaciones u órdenes” . Como ya dije, “Donde manda capitán, no manda marinero».

Y éste es el premio que recibí como “pendejo del año”:

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~~~

TODOS LOS NUDOS LLEGAN AL PEINE

Unos meses después me llamaron de Boca Ratón para participar en otro seminario sobre el MABS/7.

Esta vez fui yo el que acaparó la audiencia, pues empecé a discutir sobre lo que nos habían enseñado en el curso —o sea, lo que se puede y lo que no se puede hacer, lo que había y lo que no había que hacer, lo que estaba permitido y lo que no— detallándoles, caso por caso y punto por punto, mis incidencias y experiencias, apoyadas con muchas fotos, de las cuales las que he puesto aquí son más bien personales.

Por supuesto, TODOS quedaron asombrados ya que, según el tipo de intervención en el barco, la IBM del país en mi caso Venezuelatenía que protegerme con unos determinados seguros de riesgo.

Dijeron que sólo para montarse en un barco atracado en el muelle se necesitaba un seguro, que no es el normal de cualquier técnico, porque subir al barco era ya de por sí un factor de riesgo.

El montar en remolcador era un factor de riesgo superior al de montarse en helicóptero. El de subirse o bajarse por la escalerilla de cuerda, era un riesgo añadido.

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Y, por supuesto, el navegar requería más cobertura y, “dulcis in fundis” el hecho de encontrarme en la situación en que me encontré en el Esso Japan, o como en esta operación, de extremo riesgo, al que creo que llaman “tankers littering” —en la que, en medio del mar, desde un petrolero de grandes dimensiones se pasa crudo a uno de dimensiones reducidas— estaba prohibida con un técnico IBM a bordo y, en caso forzoso, se requería, aparte de la aceptación del técnico de permanecer a bordo, un seguro como para alguien que hubiese ido a reparar una máquina en una zona de guerra.

Los useños, que ya de por sí son muy formales, quedaron deslumbrados, pues ellos jamás habían ni recibido ni autorizado ninguna intervención a solicitud mía. Ante esto me pregunté, “Entonces, ¿quién la dio?”.

O sea, que si en cualquiera de mis intervenciones —desde la primera al Esso Wilhelmshaven, cuando me monté y bajé por la escalera normal en el muelle, y en todas las demás de mayor riesgo— me hubiese sucedido algo, mi familia nunca habría recibido ninguna compensación porque la causa habría sido calificada como una acción temeraria por mi parte.

Cuando volví a Venezuela me enfrenté con Personal y con mi alta gerencia.

Según Gerónimo Machado, la persona de Personal que me atendió —al cual le he creído y le sigo creyendo—, ellos habían contratado el seguro básico, porque así se les había indicado, ya que los otros eran desorbitadamente caros y tenían que ser contratados caso por caso.

Así que alguien “olvidó” avisar cada vez que yo tuve que dar asistencia a un barco.

A partir de esa fecha exigí que pusieran a otro técnico a prestar ese servicio, y accedí a darlo yo, y solamente en casos extremos, a barcos atracados en muelle, y así fue.

Dentro de las intervenciones que hice me encontré con tripulaciones españolas, inglesas, holandesas, alemanas, italianas y, “la mejor de todas”, japonesas.

De paso, y ya que por cursos tuve luego que salir del país por tiempos largos, y que a final de 1982 dejé IBM de Venezuela, esto del MABS/7 ha quedado para mí como una experiencia más para contar, pero una que me enseñó a estar siempre alerta en los casos en los que cada uno pueda preocuparse, ante todo, por su propio interés.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Tres fotos, de 1964 y de los ’70s

Las tres fotos que siguen son cortesía de Ramón López.

***

Foto 1. Entrega de premios en las oficina de IBM en la Esquina de Urapal (Caracas) en 1964, según estima Ramón.

19640000=Entrega de premios Urapal=RAL

De izq. a derecha: 1, Jorge Morales (qepd), a quien todos llamaban cariñosamente «El viejo Morales»;  2, Ramón López; 3, Régulo Pérez (qepd);  4, Rodrigo Herrera Mata (qepd);  5, Luis Augusto González;  6, Humberto Rivadeneira (qepd);  7, Ramón Lander (qepd).

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Creo que las dos que siguen son de los años ’70s porque las caras de los que conozco son las que tenían a comienzos de esa década.

Aquí, ésta completa, que divido en dos partes.

Muchos conocidos=RAL

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Foto 2. Parte izquierda de la foto general.

Muchos conocidos=RA1L

De izq. a derecha:

Fila trasera: 1, Eduardo Mireles;  2, Adolfo Fuenmayor;  3, X Cartaya;  4, Guillermo Fuenmayor ;  (5?);  (6?);  7, Iván Villalobos;  8, Luis Donís.

Fila delantera: 1, Tomás Ruiz;  2, Julián Mejías;  3, Alberto Rando;  4, Roberto Viso;  5, Margot Velazco ;  6, Hugolina Briceño).

Entre esas dos filas: 1, Ramón López (Es el que está solo en ese punto medio del grupo, al extremo derecho. Si no lo crees, amplía la foto).

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Foto 3. Parte derecha de la foto general.

Muchos conocidos=RAL2

Fila trasera:  1, Carlos Almeida;  2, José Avendaño;  3, William Gil;  4, Antonio Ramírez Arellano;  5, Baudilio González);  6, Raúl Reaño.

Fila delantera:   1, Alberto López (qepd);  2, Alex Kato;  3, Javier Umaran);  4, Fernando Rodríguez;  5 Hugo Smitter.

***

Foto 4. En Aruba durante un curso de gerencia.

Curso en Aruba-RAL

De izq. a derecha.

De pie: 1?;  2, Ramón López;  3, Reyna de Sánchez;  4, José Hernández;  5, José Rotundo;  (6?);   7, Margot Velazco;  8, Roberto Robles, de Dominicana;  (9?).

En cuclillas: 1, Hugo Smitter;  (2?);  3, Manuel Campina;  4, Carlos González.

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a EL Romero.

Conocí a un Ronald Rodríguez de IBM-Maracaibo, y me temo que no es el de esa foto ni tampoco es de esa época.

EL Romero
En la foto 4, el número 1 de la línea de pie es el Sr. Ronald Rodríguez, de IBM-Maracaibo

CMP
En respuesta a Roberto Robles.

Gracias, Roberto. Ya puse ese nombre.

Roberto Robles
El número 6 de la foto 4 es Juan Bosco Guerrero, de IBM de México, departamento de desarrollo de gerencia, quien dictaba el curso,… si mal no recuerdo.

José Padrón (El Técnico)
La observación de Carlos González es muy buena. Realmente no parece Vasconcelos, y sí se parece a Raúl Donís †, un analista de IBM-Valencia.

CMP
En respuesta a Carlos R. Gonzalez.

Gracias, tocayo; doy crédito a tu observación. Además, no tengo a quien preguntar, y como Vasconcelos trabajó contigo es comprensible que conozcas bien su cara.

Carlos R. Gonzalez
Carlos, la persona detrás de Hugolina no es el argentino Norberto Vasconcelos, quien me reportó por dos años y por eso conozco su cara, es Luis Donís, un técnico que duró poco tiempo en IBM y de quien me acuerdo porque su prima se graduó de economista junto conmigo en la universidad.

Donís y Vasconcelos se parecían mucho de lejos. Trata de confirmarlo con algún gerente técnico, pues tú sabes: el Alzheimer a veces traiciona.

Saludos,
Carlos

JFD

El mencionado CARTAYA es de nombre GONZALO.

CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).

Gracias, José. He puesto el nombre con toda “rotundidad” Smile

José Padrón (El Técnico)
El nombre de Rotundo es José, quien en su momento fue un mago con las máquinas de escribir ejecutivas de espacio proporcional. ¡¡¡Con cada anécdota!!!

CMP
En respuesta a Ceferino Henriquez Henriquez.

Gracias, CH2.

Ceferino Henriquez Henriquez
Cartaya. Seguro que su nombre es Enrique.
Best regards

CMP
En respuesta a Oscar Almeida.

Gracias, Oscar.

Ya puse los dos nombres. Después de leer tu explicación sí creo que tienes razón en lo de José Hernández. Si no fuera así, ya alguien lo dirá.

Oscar Almeida
Hola.

Si no estoy equivocado, creo que el que en la foto #4 está entre Reyna y Rotundo es José Hernández, del Departamento de Cobranzas.

Y en la foto #2, el 7 es Iván Villalobos, de Ventas OP.

CMP
En respuesta a Luis Fernando Guerra.

Gracias, Luis Fernando. En mi lista de IBMistas de 1985 tengo un Enrique Cartaya, que trabajaba en el piso 4 de Chuao. ¿Será ése?

CMP
En respuesta a Antonio Ramirez.

Gracias, Antonio, Ya lo añadí.

Luis Fernando Guerra
En la segunda foto, el que está entre Adolfo y Guillermo Fuenmayor, es un técnico OP de Apellido Cartaya, nombre?

Antonio Ramirez
El nombre de Vasconcelos es Norberto.

CMP
En respuesta a Omar Morean.

Gracias, Omar. Le pondré Manuel.

Omar Morean
El nombre de Campina creo que es Manuel.

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Fernando Lacoste, un personaje diferente / Juan Fermín Dorta

12-09-10

Juan Fermín Dorta

Su cara era inexpresiva,… cuando él quería. Sus ojos azules se tornaban vacíos y parecían estar viendo a través del interlocutor; te estaba atendiendo, pero por su mente debían estar pasando, simultáneamente, muchos recuerdos.

Esos ojos habían visto mucho como para concentrarse en solo una situación y en solo un interlocutor. Habían visto a su madre dando a luz a su hermana en medio de un bombardeo.

Los B-26 dale que dale, aquella mujer pujando, y el niño Fernando sin poder hacer nada.

Viene la invasión, y seguro que, como muchos italianos, fue guía improvisado y, de camino, aprendiendo inglés. Al igual que con el castellano, llegó a dominar el inglés, pero ¡cómo gozaba cuando algún visitante de USA le hablaba y él contestaba en perfecto inglés pero con una marcada entonación a lo Vittorio de Sica! Le faltaba el bigotito y el panamá. Y los gringos al borde el éxtasis.

Emigra a la Argentina y, ya muchachón, se emplea en un bar. Pocas veces le oímos reírse a carcajadas como cuando nos contaba que de un limón sacaba una docena de limonadas; por supuesto, “recargándolo” bajo el grifo de agua.

Y los que alguna vez fuimos a Argentina, y en frías noches de otoño salíamos de El Viejo Almacén cantando tangos pero con dólares en el bolsillo, pudimos darnos cuenta de cuán triste debía ser sobrevivir en ese país sin los suficientes medios de vida.

Por cierto, entre los tangueros estuvo Don Ramón Lander Santana (qepd).

Y así seguían sus anécdotas, hasta que un día nos contó que su mujer le leyó un anuncio en que IBM pedía gente, y le dijo “Prepárate, tú puedes”. No llegó al detalle de si fue con libros o en una academia, pero el tío pasó el examen (1) y se unió a aquel grupo de argentinos que aterrizaron en Venezuela, por supuesto previos cursos y más cursos.

Y aquí está nuestro personaje, en su segunda emigración, esta vez a un país sabroso, guapachoso, caliente, en el que, como dijo el propio Fernando, ”Éramos felices y no lo sabíamos”.

Y, cómo muchos medios días, almorzando en el Phelps se espepitaba a hablar en voz alta de “Este pobre país, bla, bla, bla”. Y no era raro que en la mesa de enfrente estuviera un grupo de japoneses mandándose ¾ lbs. de carne, medium rear, en pleno éxtasis por la calidad y el pre$io.

Fernando, siempre fuiste un pesimista de profesión —perdón, por hardware— pero con un software exquisito que hizo que los que te conocimos y tratamos te recordemos con amor y gran respeto.

Creo que, excepto Delia, nadie supo si Fernando lo quería, pero, de verdad, ¡a ti sí te queríamos y te queremos, viejo regañón!

Te imagino ahora en pleno Brickell, donde viven los ricos, rascándote los cataplines todo el día, huevas de esturión por medio, y quejándote,… ¿ahora de qué, querido?

Chao, viejo, hasta la próxima.

***

(1) NotaCMP

La historia de cómo Fernando Lacoste entró en IBM fue así:

Su esposa de entonces —quien, como dice JF, encontró el aviso puesto por IBM en el que se solicitaba personal— tuvo que obligarlo a ir a presentar el examen ya que él pensaba que no tenía el menor chance de aprobarlo porque trabajaba de ebanista.

Finalmente, compró un libro (usado) de electricidad elemental, en un fin de semana se lo caletreó, fue a IBM, presentó el examen,… y salió primero de entre 500 aspirantes.

Cosas de genio, … digo yo.

Por supuesto, IBM lo contrató.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: «Respigue» de fotos de los ’60s y de los ’70s (2)

En estas publicaciones de «El baúl de los recuerdos de IBM» trato de, en lo posible, mantener un orden cronológico —y así tengo ya clasificadas por años muchas más fotografías que publicaré cuando, siguiendo este orden, les toque el turno—, pero a veces me dan año exacto para algunas fotos que sólo tenían década, o algunos exIBMistas me dan la alegría de enviarme otras que corresponden a años cuya cosecha ya he publicado, etc., y por eso a veces, como en este caso, las publicaciones del baúl regresan en el tiempo,.. y espero que regresen en muchos casos más.

***oOo***

Curso DP, en Lima (Perú) en 1958. Foto, cortesía de Horacio Malcervelli, que divido en dos partes para que se vean mejor las caras.

19570100(P)=Curso Lima-Gral-Horacio

***

Parte 1 (Izquierda).

19570000(P)=Curso Lima Izq-Horacio

De izq. a derecha.

De pie:  1, Ramon Sitja;  2, Daniel Sejas;  3, Ernesto Dusio, instructor;  4, Luis Somoza;  5, X Oñate, de IBM Chile;  6, X Vásquez, de IBM Colombia;   7, Oscar del Barco.

En cuclillas;  1, Jorge Outeda;  2, X Meléndez, de IBM Colombia;  3, Técnico español;  4, J. Soler, instructor de IBM Colombia.

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Parte 2 (Derecha).

19570000(P)=Curso Lima Der-Horacio

De izq. a derecha.

De pie:  1, X Fuentes, de Chile;  2, Gerente para América Latina;  3, Fernando Lacoste;  4 (?);  5, Akos Puky;  6, De IBM Ecuador;  7, X Ruiz, de IBM Colombia (con chaleco);  8, X Gainza, instructor peruano.

En cuclillas; 1, Instructor; 2, Horacio Malcervelli; 3, X Beckich, de IBM-Argentina.

***

Tres más, también cortesía de Horacio Malcervelli.

197X(P)=HMalcervelli, Américo Cristini-Horacioi

Horacio Malvercelli, disfrazado de mujer, bailando con el también argentino Américo Cristini en la fiesta de cumpleaños de la esposa de Carlos Kasis.

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197X(P)=HMalcervelli, Fuentes-Horacio

Horacio Malcervelli (izq.) con el técnico chileno Fuentes, en las oficinas de IBM.

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197X(P)=HMalcervelli, Garrido-Horacio

Horacio Malcervelli (izq.) con el también argentino Juan Carlos Garrido, en la terraza de IBM-Venezuela cuando estaba en la Esquina de Urapal (Av. Urdaneta, Caracas).

***oOo***

Las fotos que siguen son cortesía de Mayca Larrea.

Foto tomada durante una reunión de HPC (Hundred Percent Club) celebrado en Panamá.

196X(P)=HPC Panamá-Gral

Sólo creo reconocer a dos personas. El del extremo derecho de la primera fila es Rodrigo Herrera Mata (qepd). El que está detrás de él es Ricardo Marí (qepd).  a la izq. de Marí está Agustín Mogollón (qepd).

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Ésta, que ubico a comienzos de los ’70s, la divido en cuatro partes, que enumero de 1 a 4 de izquierda a derecha, para que se vean mejor las caras.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)

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Parte 1.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-1

De izq. a derecha

De pie: 1, Julián Larrea (qepd);  2, Otto Jensen;  3 (?);  4, Luis Martínez, técnico DP;  5, José Luis Beltrán;  6,  Jiménez, puertorriqueño;  7, George Smith, instructor;  8, Alexander Kulik;  9, Dieter  Indorf (qepd).

En cuclillas:  1, Oscar Sáiz de Arce;  2, José Avendaño;  3, Juan Vicente Guerra, de OP.

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Parte 2.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-2

De izq. a derecha

De pie: 1?;  2, Alfredo Jané, argentino, Gerente de Ventas DP;  3, José Guillermo Aquino;  4, Ramón Lander (qepd).

En cuclillas:  1, Pedro López Rojas;  2, Simón Meléndez;  3, Ángel Puyuelo, Gerente de Ventas AM.

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Parte 3.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-3

De izq. a derecha.

De pie: 1, Harald Michel  ;  2, Alfonso Condés;  3, Marcos Martín;  4, Jaime Trillas (qepd);  5, Rafael Mora;  6, Rogelio Brito.

En cuclillas:  1, Jesús Acosta (qepd);  2, Manuel López Beades;  3, Giovanni Bertorelli.

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Parte 4.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-4

De izq. a derecha.

De Pie:  1, Mario Stella Amaya (qepd);  2, Carlos Azancot;  3, Roberto Viso;  4, Néstor Esnaola (qepd);  5, Manuel Dolande;  6, Humberto Rivadeneira (qepd).

En cuclillas: 1, Héctor Orbegoso, peruano;  2, Luis Alberto Matos;  3, George Simon;  4, Leopoldo Hiller.

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197X(P)=Whiskyx4-(Mayca)

De izq. a derecha: Agustín Hernández, Alex Kato, Julián Larrea (qepd), y Juan Calvo.

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Foto tomada durante un seminario en el Macuto Sheraton de Caraballeda. La divido en cuatro partes, que enumero de 1 a 4 de izquierda a derecha.

 

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)

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Parte 1.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-1

De izq. a derecha: 1, José Mendoza; 2, Pedro Maisonnave; 3, Julián Larrea (qepd); 4, Jorge Treviño; 5, Francisco Alpanseque; 6?.

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Parte 2.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-2

De izq. a derecha:  1?;  2, Héctor Ferrer;  3, Manuel Núñez;  4, Justiniano Hernández;  5, Jesús León.

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Parte 3.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-3

De izq. a derecha.

Fila trasera: 1, Frank Rivero; 2, Álvaro Martínez; 3?

Fila delantera: 1, Astolfo Ríos;  2, Delia Lacoste;  3, Jesús Marcano; 4, Yolanda Borjas de Mijares.

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Parte 4.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-4

De izq. a derecha:  1? ; 2, Enrique Novella;  3, Alberto Rando;  4, Raúl Márquez.

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Creo que, hasta ahora, éste es el artículo del «baúl» que más ‘?’ tiene. Espero que me ayuden a despejar esas incógnitas.

23/09/2010.- Antonio Ramírez, quien hasta ahora es en este “baúl” el pichichi absoluto en reconocimiento de personas, de un solo golpe ha despejado 26 de las muchas ‘?’ que ya he reemplazado con los nombres que Antonio me ha dado en un comentario. Gracias, Antonio.

Y Oscar del Barco despejó 9 ‘?’. Gracias, Oscar.

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: "Respigue" de fotos de los ’60s y de los ’70s (1)

NotaCMP.- Lo de ‘respigar’ se refiere a espigas, pero en El Paso cuando, por ejemplo, el dueño de una finca de almendros los vareaba (= les daba de palos para que las almendras cayeran al suelo), recogía después las almendras y daba por terminada esa faena, los muchachos podíamos ir a «respigar» en esa finca, o sea, a buscar y buscar hasta dar con las almendras que hubieran quedado olvidadas, medio ocultas entre piedras, hojarasca, etc.

Y eso he hecho con las fotos: pedir, aceptar todas las que quieran darme, y buscar entre las traspapeladas, reuniendo aquí las que corresponden a las décadas de los años ’60s y ’70s.

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De la década de los ’60s

Fotos tomadas el 28/02/1964 durante la cena de homenaje a los premiados con el HPC (Hundred Percent Club) de 1963.

19640228=HPC1963-LTippet

Lucius H. Tippett Jr., Gerente General

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19640228=HPC1963-AKulik

Alexander Kulik, Gerente de Servicios de Mercadeo

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19640228=HPC1963-JAvendaño

 José Avendaño, Gerente de Caracas DP

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19640228=HPC1963-JTrillas

 Jaime Trillas, Gerente de Caracas DP (qepd)

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19640228=HPC1963-JLBeltrán

José Luis Beltrán, Gerente de la Sucursal Caracas (qepd)

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19640228=HPC1963-RBrito

Rogelio Brito, Gerente de la Sucursal Valencia

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19640228=HPC1963-HMichel

Harald Michel, de DP

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19640228=HPC1963-MStella

Mario Stella, de DP (qepd)

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19640228=HPC1963-RMora

Rafael Mora Dorrego, de DP

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19640228=Carlos Kasis-DP

Carlos Kasis, de DP

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19640228=Dieter Indorf-DP

Dieter Indorf, de DP (qepd)

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19640228=Jesús Acosta-DP

Jesús Acosta, de DP (qepd)

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19640228=José G. Aquino-DP

José G. Aquino, de DP

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19640228=Julián Larrea-DP

Julián Larrea, de DP

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19640228=Meredith Leitch-DP

Meredith Leitch, de DP

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19640228=Pedro López Rojas-DP

Pedro López Rojas, de DP

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19640228=Rafael Dolande-ET

Rafael Dolande, de ET

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19640228=HPC1963-JVGuerra

 Juan V. Guerra, de ET

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19640228=HPC1963-DgoMartínez

Domingo Martínez, de ET

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19640228=Raúl Reaño-ET

Raúl Reaño, de ET

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19640228=M López Beades-ETyAM

M. López Beades, de ET/AM

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19640228=George Simon-AM

George Simon, de AM

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19640228=Giovanni Bertorelli-AM

Giovanni Bertorelli, de AM

Hasta aquí, fotos cortesía de Roberto Alibardi y Leonardo Masina.

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Anuncio de —creo— finales de 1969 o tal vez comienzos de 1970.

Covelo y Larrea no están ya entre nosotros (qepd).

clip_image024

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De la década de los ’70s (1)

Como para éstas no tengo el mes en que fueron tomadas, las agrupo en la década de los años ’70s.

197X=CMP Novella JF-Novella

Delante: Enrique Novella.
Detrás, de izq. a derecha: Carlos M. Padrón y Juan Fermín Dorta

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197X=Mac.Sheraton. Yo bigote

De atrás hacia delante.

  • Al fondo, o última fila: Alex Kato, y Larry Bernardos.
  • Antepenúltima fila: Carlos Mejías, Ricardo Castillo, Rafael Chamorro (mexicano), ?, Agustín Hernández, y Néstor Esnaola (qepd).
  • Penúltima fila: Carlos Salas, Félix González, Peter Dolanyi (qepd), Antonio Carracedo, Ramón Romero, Juan Fermín Dorta, y Luis Godoy.
  • Fila delantera: Tomás Ruiz, Carlos M. Padrón, Jesús Pérez Pina, Manuel Jarpa, Manuel Herrero.

Foto de mi colección.

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Foto, cortesía de Roberto Alibardi, que fue tomada según me ha dicho María Elena Veroneseen enero/1979 durante el kick-off.

197X=MEV Donís

María Elena Veronese, y Raúl Donís (qepd)

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Foto cortesía de Roberto Alibardi.

19700000=Enrique Poodts

Enrique Poodts, argentino, de cuando GBG estaba en el piso 7 del Edf. Mene Grande y Enrique era Gerente General de esa división.

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COMENTARIOS

  CMP
En respuesta a María Elena Veronese.

Gracias, Chikitita. Por favor, escanéalas a no menos de 300 dpi aunque tengas que mandármaelas como adjunto una a una.

Oscar del Barco E.
My dear petitero: No tengo dudas de que Eduardo Romero (q.e.p.d.) también fue nuestro vecino en el San Francisco.

Recuerdo un viaje a Higuerote donde yo andaba en un Fiat 1100 recién comprado en Di Mase —a la vuelta de IBM, en la esquina de Urapal— y Eduardo estaba comenzando a conducir un VW que recién había adquirido.

En Higuerote nos metimos a la playa con los coches (carros aquí) y mi flamante Fiat se atascó, empezó a subir la marea y casi se lo arrastra. Por fortuna llegó el auxilio a tiempo y lo salvaron. Lo llevé al pueblo, lo lavaron muy bien, y el lunes lo puse en venta y salí de él por miedo al óxido.

La esposa de Eduardo, a quien, si mal no recuerdo, le decían “Beba”, comentaba con frecuencia: “Voy abajo a prepararle a Eduardo unos fideos con manteca, que ya debe estar llegando del trabajo”. ¡¡Qué tiempos aquellos!!”.

María Elena Veronese
Carlos, voy a revisar. Creo tener algunas fotos de esa época y con mucho gusto te las enviaré.

Un beso.

Javier Palacios
La foto donde asoma Néstor Esnaola me hizo recordar cómo lo conocí.

Y sigue una anécdota, tal vez mi primera en IBM-Venezuela.

Mi primera asignación, y la razón para mi contratación, fue la conversión de los sistemas de tabuladoras 4611 a una /360-20 Card system.

Estando una tarde con Claudio Fisinessi en La Electricidad de Caracas (San Bernardino, Caracas) probando los nuevos programas, nos visitó un señor de traje oscuro, con chaleco y bastón, y nos preguntó cómo nos iba, si necesitábamos ayuda.

Cuando se fue le pregunté a Claudio: “¿Ése era Covelo?”. Pero no, no era.

Horacio E. Malcervelli
Ex gordo del Barco, me perdonas la omisión.

Estoy en duda con respecto a Eduardo Romero. ¿No vivía con su “jermu” en un apartamento en la Av. Urdaneta, a 2 ó 3 cuadras de IBM?

No es sólo privilegio de argentinos. Aquí en Brasil hay también grandes especialistas en meter la mano en la lata del dinero público.

CMP
En respuesta a Oscar del Barco E..

Gracias, Oscar. Hechas las correcciones.

Oscar del Barco E.
Otro tubazo, Carlos. ¡Qué buena tu iniciativa con el Baúl de los Recuerdos de IBM!

En la foto tomada en la escalera del lobby del Macuto Sheraton, donde estás tú entre Tomás Ruiz y Jesús Perez Pina, el Cesar Chamorro, instructor mexicano, realmente es Rafael Machorro; y entre Carracedo y Godoy, está un vendedor DP de la sucursal Maracaibo pero no recuerdo su nombre. Puedes agregar el lamentable (q.e.p.d) a los recordados y apreciados compañeros Dieter Indorf y Jesús Acosta.

Solicito el favor de que si algún visitante/lector tiene noticias de Rafael Mora Dorrego, le agradezco me las haga llegar.

Comento acerca de Raúl Reaño, excelente vendedor de la división ET, que cuando salió de IBM, alrededor de 1979 u 80, se fue a trabajar en MAI de Venezuela como vendedor, y por sus méritos y excelente trabajo se le consiguió su traslado a Puerto Rico donde se instaló con su familia. Hace muchos años que no tengo noticias de él pero sí supe que estaba feliz viviendo en Puertorro.

Al apreciado compañero y amigo Horacio Malcervelli, le refresco algunos daticos de su vivencia en Venezuela.

Fuimos vecinos en el Edificio San Francisco, ubicado en la Avenida Beethoven de Colinas de Bello Monte, y compartimos con Eduardo Romero, Carlos Kasis, este servidor y él. Acerca de que “en aquella época, argentino era sinónimo de malandrín” le advierto que en su país de origen hay muy altos personeros que están renovando la mala referencia.

Muchas gracias, Carlos, por tus variadas contribuciones a mantenernos actualizados y a recordar épocas tan hermosas de nuestras vidas.

CMP
En respuesta a Antonio Ramírez.

Gracias, Antonio. Hechas las correcciones.

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutiérrez V..

Gracias, Manny. Ya hice la corrección.

Antonio Ramírez
La persona que comparte la última fila con Kato es Larry Bernardos. En la primera fila a la derecha es Manuel Herrero.

Enrique Poodts reemplazó a Rolando García Lago como Gerente General GBG, por el año 1982 aproximadamente, efectivamente en Mene Grande, donde estaba el GBG HQ. Posteriormente hay mudanza a Chuao, en ocasión de la reintegración de IBM.

Poodts fue el último Gerente GBG antes de la integración. Antonio Gil fue el Presidente de IBM de Venezuela que asumió el proceso de integración.

Saludos a todos.

Manuel A. Gutiérrez V.
Carlos, al lado izquierdo de Alex Kato (extremo derecho superior de la foto, vista de frente) esta Larry Bernardo. Me refiero a la foto que sigue a ésa en la aparece mi querido amigo Juan Fermín Dorta, tú y Enrique Novella.

Maravillosas fotos. Gracias a todos los contribuyentes.

CMP
En respuesta a María Elena Veronese.

Gracias a ti, “Chikitita”, por el comentario y por darme la fecha de la foto.

¿Cuándo me vas a mandar otras que tengas y que sean apropiadas para este “baúl”?

María Elena Veronese
Carlos, gracias por colgar la foto de Raúl “El viejito Quaker” Donís (qepd). Fue tomada en enero de 1979. Guardo en mi poder la foto original.

Besos,
María Elena

Isabel Isea
¡Qué chévere saber de todos nuestros ex compañeros de IBM! Aunque, yo entré muy joven a IBM, recuerdo a muchas de estas personas que en algún momento fueron parte de mi vida.

Gracias a Carlos Padrón por transportarme a tan bella época como fue mi paso por IBM, y que siga deleitándonos con su “Baúl de los recuerdos”.

¡¡¡Un fuerte abrazo!!!!

José Manuel Ustoa
Hay un montón que recuerdo. Al que no había visto hasta ahora era a Rogelio Brito, y del que no me acuerdo es de Julián Larrea.

Tengo un recuerdo especial de Pedro López. Siempre tuve la impresión de que era una excelente persona, y cada vez que hablaba con él se confirmaba esa impresión.

Gracias por las fotos.

José Manuel

Horacio E. Malcervelli
Gran coletanea, Carlitos.

En la galería aparece Carlos Kasis, gran tipo y mejor compañero. Con Carlos alquilamos cuartos contiguos, en un departamento en una cortada detrás de IBM, en la Av. Urdaneta, recién llegados a Caracas y antes de llegar nuestras esposas. Y continuamos siendo vecinos, ya cada uno formalmente casado, en un edificio en las Colinas de Bello Monte.

Un pasaje común en nuestras vidas: decidimos comprar un aparato de sonido, en cómodas cuotas, para lo cual saldríamos uno como garantía del otro.

Pues bien, en aquella época argentino era sinónimo de malandrín y allá fuimos con Carlos a un comercio en la Calle Real de Sabana Grande, a comprar los sofisticados aparatos. Nos atendió un señor español que con un lenguaje muy castizo nos pidió nuestros datos. Cuando llegó la hora de mencionar la nacionalidad —argentino—, el vendedor levantó la cabeza y me miró por unos instantes, como reflexionando, pero el colmo del temor del vendedor fue cuando, en la garantía cruzada, fue informado de que el garante y deudor, también era argentino. En ese momento el hispánico largó la lapicera y exclamó: “¡Dios me coja confesado!”.

Por cierto que lo que hizo viable el crédito fue ¡que éramos empleados de IBM!

Aclaro que todo fue pagado religiosamente en día.

Lisset Riera
Yo entré en 1970, así que veo jovencitos a todos los que conocí.

Buenas fotos para el recuerdo.

Saludos,
Lisset